Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 42
- Inicio
- Todas las novelas
- Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare.
- Capítulo 42 - 42 Capítulo 41 No bajes la guardia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
42: Capítulo 41: No bajes la guardia 42: Capítulo 41: No bajes la guardia Rudeus POV *Golpe* Otra vez.
Otra maldita vez por bajar la guardia apenas un segundo.
El impacto me lanzó de espaldas contra la nieve, haciéndome perder el aire mientras mi cuerpo se deslizaba varios metros antes de detenerse.
El frío se filtró por mi ropa, pero era lo de menos comparado con el ardor que recorría mis costillas.
—¿Es a ti a quien nos mandaron a matar?
—se burló el hombre, caminando hacia mí con absoluta tranquilidad—.
¡Ja!
Qué buen chiste… eres patético, mocoso— Escupí sangre al suelo y me incorporé con dificultad.
—No te distraigas —intervino mi ‘aliado’, colocándose en guardia contra su propio oponente—La chica ya se fue.
Estará a salvo mientras esos dos sigan ocupados con nosotros— Asentí sin mirarlo.
No podía permitirme pensar en Sara ahora.
No podía permitirme pensar en nadie.
Solo en sobrevivir.
Me obligué a enfocar mi atención por completo en el monstruo frente a mí.
Era grande.
No solo físicamente, sino en presencia.
Su aura era opresiva, como si cada paso que daba hundiera el aire a su alrededor.
La clase de fuerza que no se obtenía solo con entrenamiento… sino con algo más profundo, más oscuro.
—Tú te lo buscaste —dije en voz baja.
Aseguré mi lanza en el broche de mi espalda baja.
Esta vez no iba a usarla para matar.
Quería golpearlo.
Quería sentir cómo se rompía algo bajo mis puños, aunque supiera que no era la mejor decisión táctica.
Me lancé.
Cinco golpes en ráfaga.
Los esquivó todos con movimientos mínimos, casi perezosos.
En el sexto y séptimo atrapó mis brazos.
Su agarre fue como quedar atrapado en una prensa de hierro.
Me jaló hacia él y levantó dos dedos, apuntando directamente a mi ojo cubierto por el parche.
Giré la cabeza lo justo.
Sus dedos arrancaron el parche en el impulso.
—Así que sí tienes los dos ojos… —sonrió con burla—Ese bastardo no mintió cuando me habló de ti— No me dio tiempo a reaccionar.
De un salto ya estaba frente a mí.
Su puño chocó contra mi rostro.
Todo dio vueltas.
Rodé varias veces por la nieve antes de detenerme, con la visión borrosa y un pitido constante en los oídos.
Llevé la mano a la mandíbula que estaba dislocada.
La acomodé de nuevo con un movimiento seco justo cuando sentí el cambio en el aire.
Venía otro ataque.
Siempre venía otro, una buena costumbre era no dejar a tu oponente recomponerse y en este mundo se aplicaba mucho.
Apareció frente a mí en un instante, levantando el brazo para un gancho ascendente.
Activé magia de gravedad.
Nos empujé a ambos en direcciones opuestas, apenas ganando espacio para respirar.
—¿Eso es todo lo que tienes?
—se burló—.
Vamos, muéstrame tu habilidad especial… Ah, cierto… ya no tienes una.
¡Jajaja!— Ese hombre… el sabia….
Sabía del factor Laplace.
La rabia me recorrió como fuego, quien mas sino el cardenal tenía esa información y podía enviar un asesino tan hábil.
Cuando cargó otra vez, activé mi nuevo escudo.
El kanji de barrera brilló con fuerza cuando lo forcé más allá de su forma original, expandiéndolo en un empujón ascendente que destrozó su postura defensiva.
Antes incluso de que su cuerpo reaccionara, ya había cargado una bala de piedra.
No una simple proyectil.
Un taladro, la bala perforó piel, músculo, hueso… mientras yo seguía inyectando mana, haciéndola girar con una violencia brutal.
Cuando estuve seguro que lo atravesaba de lado a lado la deje seguir su camino a través de él.
Cuando finalmente la expulsé, dejó un agujero perfecto donde antes latía su corazón.
El cuerpo cayó de rodillas.
Luego al suelo.
Sin gritos.
Sin súplicas.
Me quedé de pie, respirando con dificultad.
Vacío.
Quería escuchar algo.
Un alarido.
Un último lamento que calmara la furia que llevaba dentro por Timothy y Patrice.
No llegó.
Giré para huir, no ayudaría a mi benefactor, me importaba un comino si vivía o moría, Sara era mi prioridad, nada aseguraba que solo fueran dos.
Entonces… Un golpe brutal en la espalda me lanzó contra el suelo.
Sin perder tiempo, el hombre antes tumbado se sento sobre mi estómago y comenzó a golpearme el rostro una y otra vez.
Intenté activar el escudo pero el fue mas astuto.
Atrapó mi brazo izquierdo.
Apretó —No uses eso, me estoy divirtiendo— El frío me atravesó.
La carne se endureció, la sangre se congeló… y en un segundo mi brazo se volvió una escultura de hielo.
—Aaaah… —mi garganta dejó escapar el sonido antes de que yo pudiera evitarlo.
—¿Te gusta?
—rió—Esto es lo mío… congelar al tacto— Apretó más.
El hielo crujió.
Mi brazo se hizo añicos.
El dolor llegó después.
Ese frío que quema.
Ese frío que no solo mata el cuerpo, sino también la voluntad.
—¿Ya te cansaste de jugar?
—me golpeó otra vez.
Apenas podía emitir sonido.
—¿Por qué…?
—murmuré—.
¿Quién… el cardenal?— dije entre jadeos.
—Hitogami —respondió sin dudar—Él te quiere muerto— Ante la mirada del extraño mi mirada paso por la sorpresa, el dolor, el odio y la aceptacion.
Todo encajó.
Ruijerd.
Reyda.
Erisia.
El cardenal.
El nunca me aviso o en su defecto hizo que ellos me atacaran.
Siempre fue él.
Las lágrimas brotaron solas.
El dios que me guió… siempre me quiso muerto.
—¿Algo más que quieras preguntar?
—se inclinó sobre mí.
—¿Quién eres…?— —Ya que vas a morir… no estaría mal decirtelo —sonrió— Mi nombre es Rudeus Greyrat— —I-imposible… —susurré—.
Ese soy yo…— —Lo eres… y yo también.
Y hay más…muchos mas— —¿Tienes… el factor Laplace?— —Sí.
La mayoría lo tenemos, el mío cómo pudiste ver, me dota de una gran afinidad al agua y consecuentemente al hielo— No preste atención a lo último, eso fue lo que necesitaba.
Esperanza.
Con la poca fuerza que me quedaba, llevé la mano a mi espalda y saqué la lanza.
La clavé en su estómago.
Activé el sello de extracción.
El maná comenzó a fluir, espeso y violento, recorriendo la hoja como una corriente venenosa con velozidad.
—¡Hijo de puta!
—rugió, golpeándome contra la pared del risco y apartándose.
Caí de rodillas, pero no solté la lanza.
Rápidamente, con mi unica mano temblorosa, abrí el compartimento de mi muslo izquierdo y en el porta armas, la varilla escondida recogió el mana de Laplace que pude absorber.
Mi verdadera carta bajo la manga.
No era suficiente para romper el sello aún… pero cada gota contaba.
Cada fragmento de mana Laplace que almacenaba en esa varilla me acercaba a mi libertad.
A romper el sello.
A dejar de ser una pieza más en el tablero de Hitogami.
—¡Basta de juegos!
—gritó cargando otra vez.
Bloqueé con la lanza.
Su puño descendió.
El hielo trepó por la grieta hecha ante mi mirada y la lanza se congeló antes de ceder.
El golpe siguió.
Mi pecho se entumeció.
—No sabes cuándo parar… —me agarró del cuello— Fuiste un buen entretenimiento pero estoy seguro de que encontraré un nuevo placer en tu muerte— Su mano se cerró con más fuerza.
El mundo comenzó a oscurecerse en los bordes de mi visión.
Mis pies ya no tocaban el suelo.
…… Aleksander POV Pasó un tiempo desde que casi muero en combate contra lo que parecía una calca de Rudeus.
Sus poderes eran extraordinarios, y durante toda la pelea se mostró confiado, en retrospectiva, creo que solo estaba jugando conmigo.
Ese descuido… fue su perdición.
Ahora me encontraba en los territorios del norte, buscando a Rudeus.
Iba de camino a la ciudad más cercana con gremio para obtener información cuando vi a una mujer corriendo desesperada, cargando a una niña que pataleaba sobre su hombro.
De pronto, su mirada se posó en mi, la mujer dejó caer a la pequeña y desenvainó su arma, alerta.
—Tranquilas, soy un aventurero.
No busco problemas —dije levantando una las manos en señal de rendición.
—¿A-aventurero…?
—preguntó la niña con voz temblorosa.
—Sí, eso dije —respondí.
—¡Entonces ayúdanos!
Rudeus está peleando con unos hombres.
¡Tienes que ayudarlo o lo matarán!
—exclamó desesperada.
—¿Rudeus… como Rudeus Greyrat?
—pregunté de inmediato.
—¡Sí, ese mismo!
—respondió.
—¿Dónde?
—dije sin ocultar la urgencia.
Si él moría… yo estaría solo.
—¡Sígueme!
—ordenó.
A pesar de la extenuación de su compañera, nos internamos en el bosque.
Corrimos sin detenernos, y tan pronto como divisé a lo lejos indicios de una batalla, aceleré aún más el paso dejando atrás a la niña.
… Rudeus Enmascarado POV Hitogami había hecho muchas cosas para matarme en mi mundo… y ahora también recurría a esto en este.
Sin duda, debía proteger a toda costa al Rudeus actual.
Su potencial era tan grande que incluso el aspirante a deidad le temía.
—¿Y bien?
¿Ya terminaste de molestar?
—dijo el imponente hombre frente a mí.
Rudeus estaba lejos.
Tenía que acabar con él cuanto antes para poder ayudarlo, pero este Rudeus era poderoso.
Podía convocar rayos, electricidad, y además transportarse con ellos.
Aunque pronto quedó claro que no podía controlar bien a dónde se dirigía en esa forma, a menos que fuera hacia su espada… lo que implicaba lanzarla primero.
—Deja al mocoso.
Aliarte con ese maldito dios solo te traerá dolor… ¡mírame!
Esto es lo que hace a quienes confían en él—dije en tono grandilocuente refiriéndome a mi forma desfigurada—Nos traiciona y nos da destinos horrendos— —Ya tengo lo que quería —respondió sin dejar espacio a réplica— Solo cumpliré mi parte del trato— —Que sepas que aliarte con él fue tu peor error— Con esas palabras, cargué una extensión de mi brazo cubierta de colmillos y ojos.
Él lanzó su espada al aire y, convertido en un rayo, se transportó hasta tomar el mango para ejecutar un corte descendente.
De inmediato saqué de mi mano un látigo hecho de hueso de mi propia columna vertebral y bloqueé el ataque.
Aprovechando la cercanía, escupí un chorro de mi jugo gástrico, pero lo evitó transformándose otra vez en rayo, crepitando sobre la nieve.
Seguí su estela, azotando el aire con el látigo con la esperanza de que volviera a su forma física… pero solo lo hizo cuando salió de mi rango de ataque.
De repente se detuvo.
Creí que había bajado la guardia y me preparé para atacar, pero volvió a su forma de rayo y reapareció a mis espaldas, pateándome con fuerza y enviándome lejos.
Sin mirarme siquiera, lanzó su espada en dirección a la batalla del Rudeus de esta línea temporal… y desapareció en rayos una vez más.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com