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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Capitulo 42 De vuelta al juego
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43: Capitulo 42: De vuelta al juego 43: Capitulo 42: De vuelta al juego Narrador POV Una espada se clavó en el hombro del Rudeus afín al hielo, y la cadena unida a ella se tensó al instante, arrancándolo de la posición en la que se encontraba junto al Rudeus original.

Aquello terminaría siendo un error.

Aleksander no conocía del todo las habilidades de su rival, y aun después de su combate anterior, lo más sensato habría sido evitar cualquier contacto directo.

Pero sus prioridades estaban claras.

Salvar a Rudeus estaba por encima de todo.

Concentrando maná de Laplace en su mano, el orgullos Greyrat lanzó un golpe directo al pecho del Ryback.

El impacto congeló su armadura, su ropa y una gran parte de su torso, dejándolo retorciéndose en el suelo por el dolor.

—Pensé que ya te habían matado… —se burló—.

Supongo que ese es el problema de confiar en fanfarrones con mi misma cara— Y sin darle oportunidad a reaccionar, descargó otro golpe que destrozó el pecho de Aleksander, enviándolo a la inconsciencia.

… Rudeus esquivó por un pelo una espada entrante mientras aún trataba de recomponerse de la paliza recibida por su anterior rival.

Los rayos crepitaron en el aire y la figura del segundo atacante se reveló, blandiendo su arma con una sonrisa peligrosa.

El aliado de Rudeus llegó a su lado en ese instante.

—Escuchame con atencion, ese puede transportarse en forma de rayo hacia su espada, o moverse de manera aleatoria —dijo rápido— Usa técnicas basadas en electricidad— —El otro usa hielo —explico a su compañero—No dejes que te toque.

Congela todo al instante.

No lo he visto atacar a distancia, pero no descartes que pueda— —Bueno… —dijo el más bajo con tono burlón—.

Una vez más juntos.

¿Qué tal si hacemos un cambio, amigo?— —Como tú quieras —respondió el segundo con frialdad.

Esta vez, Rudeus estaba preparado.

Cuando la espada fue lanzada, se alejó de inmediato, y en el instante en que su oponente se materializó, disparó una bala de tierra sin perder tiempo.

Con reflejos dignos de un hijo del relámpago, la bala fue bloqueada por la espada.

Rudeus no desperdició la oportunidad.

Avanzó cargando otra bala de tierra, moldeándola como un taladro, y la usó tanto para atacar como para bloquear el corte descendente de la espada.

Su rival abrió los ojos, sorprendido por la destreza… pero entonces mostró su verdadero truco.

En un estallido violento, liberó una onda de relámpagos a todas direcciones a su alrededor lanzando a Rudeus contra los árboles.

Durante la caída, Rudeus sacó la varilla que había preparado con antelación.

Mientras chocaba contra los troncos, partiéndolos uno a uno, cambió la espada de su mano protésica por la varilla.

Cuando por fin dejó de rodar, empuñó su espada con la misma mano que le quedaba y antes de saltar para evitar la hoja que caía sobre él.

El se materializó, tomando el arma la giró con fuerza, cortando árboles y rocas antes de ser detenido por la espada de Rudeus, reforzada con tōki.

Las chispas saltaron entre ambos.

Rudeus se apartó al notar que su rival no pensaba ceder hasta partirlo en dos y a su vez que la espada que empuñaba sedia ante la brutal fuerza.

Fue justo a tiempo.

La espada de su enemigo se quebró, partiéndose en dos y quedando inútil.

—Tu suerte ha llegado a su fin —hablo por primera vez.

Y cuando la hoja cayó al suelo, su cuerpo se convirtió en rayo, rodeó la espada clavada en el suelo y apareció frente a esta tomandola por el mango y dando un corte descendente.

La apertura parecía inútil.

Sin arma, solo podía esquivar.

Pero Rudeus aún tenía la varilla.

Dejó caer su mano y enterró la varilla en el estómago de su enemigo mientras evitaba el ataque.

Tal como lo había planeado, el golpe solo cortó la parte protésica de su brazo, dejando la varilla suelta.

Ahora cargada con suficiente maná de Laplace, aprovecho su agilidad y la saco del estomago de su contrincante con la boca.

Sin manos, usó un ágil movimiento de lengua para acomodarla… y con su cuello clavó a sí mismo en el pecho.

Pero en ese instante, por un descuido de su compañero de batalla, el otro oponente logró acercarse.

*Golpe.* Rudeus salió volando, soltando la varilla en su trayectoria.

—¡Imbécil!

¿Creíste que no sabía cuál era tu plan?

—rugió el enemigo mientras se colocaba encima de él y comenzaba a patearle el rostro una y otra vez—.

¡Vas a morir hoy!

¡Tu suerte llegó hasta aquí!— Tomó la varilla y la congeló al instante, haciéndola estallar en copos de nieve dispersando el mana recolectado.

—Tú sigues —dijo, agarrando a Rudeus del cuello mientras con la otra mano inyectaba hielo en su pecho donde el simbolo del sello daba muestra que casi lograba librarse de su limitante.

Los ojos de Rudeus comenzaron a perder color.

El espiral de su ojo clarividente se ralentizaba, cada vez más débil.

El aliado del joven Greyrat corrió a socorrerlo, pero el más alto se interpuso de inmediato para enfrentarlo otra vez.

Pero alguien mas llego para darle tiempo.

El hombre dejó caer a Rudeus… …y atrapó una flecha que volaba directa hacia su cabeza.

—¿Qué no dije que sería inútil?

—habló mientras se volteaba lentamente para mirar a Sara.

Sus ojos, fríos y carentes de cualquier rastro de humanidad, se posaron primero en ella… y luego regresaron a Rudeus, tendido en el suelo.

—Aún sigues vivo, ¿verdad?

—dijo, ahora mirando directamente al joven Greyrat.

El ojo del hombre brilló entonces con un tono azul etéreo.

Era un Ojo Demoníaco.

La pupila cambió de forma, el color se tornó más profundo, más antinatural, y por un instante pareció que observaba algo que iba más allá de la carne.

No miraba el cuerpo.

Miraba el alma.

Con ese poder confirmó lo que buscaba.

El alma de Rudeus… aún no había abandonado su cuerpo.

Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.

—Veamos si puedes gritar de desesperación… —dijo en voz baja— …si mato a la mocosa— Y antes de que nadie y menos Sara pudiera reaccionar, su figura se desdibujó.

En un instante estaba junto a Rudeus.

Al siguiente… Apareció frente a Sara.

El aire se volvió pesado, el frío descendió como una sentencia, y la escarcha comenzó a extenderse bajo sus pies.

Tal como hacía un segundo la levanto con una mano y con la otra se preparó para convertirla en nieve.

Rudeus miraba todo aquello con lágrimas en los ojos.

No quería perderla a ella.

Ya había perdido demasiado.

Su familia.

Su hogar.

Sus amigos.

Sus estudiantes.

Era un hombre roto… y lo sabía.

Poco a poco había intentado reconstruirse con lo poco que le quedaba, remendar su existencia con recuerdos, con promesas, con nuevas razones para seguir adelante.

Pero si la perdía a ella… Eso no lo soportaría.

Su visión comenzó a desdibujarse.

… Rudeus miró a su alrededor.

Estaba ahí.

Su yo pequeño.

Un mocoso de once años que acababa de jugar con su amiga de la infancia.

—***** ven aquí, ya empezó el descanso —lo llamo Nanahoshi Shisuka.

—Cl-claro —obedeció él, siguiéndola.

Frente a sus ojos desfilaron recuerdos.

Él y ella jugando… riendo… compartiendo tardes que en su momento parecían eternas.

Hasta que llegó ese niño.

Akito.

Un chico que apareció de la nada y, sin darse cuenta, le robó todo.

Le robó su amistad.

Le robó a la chica que amaba.

Le robó incluso las ganas de esforzarse.

Se decía a sí mismo que era normal.

Que no lo odiaba.

Que no tenía derecho a sentirse así.

Pero en el fondo… Lo detestaba.

Lo culpaba de todo.

De que ella dejara de jugar con él.

De que subiera de peso.

De que bajaran sus notas.

De que empezara a sentirse invisible.

Sabia en el fondo que estaba siendo injusto con el niño pero aun asi un día lo confrontó.

Desde entonces, Nanahoshi dejó de hablarle como antes.

Le partió la cara al maldito mocoso… pero a cambio perdió la amistad que más quería.

Hizo las paces con el y todo pero desde entonces ya no eran amigos.

Solo ‘conocidos’.

Y eso… Eso le dolió más que cualquier golpe.

… Pero no tuvo tiempo de lamentarse mucho más.

Otro recuerdo lo invadió.

—¡Y seremos los aventureros más fuertes!

¿Verdad, Rudeus?

—dijo Kurt, acompañado de sus dos amigos.

Rudeus se acercó lentamente, arrodillándose frente a la pequeña figura de su amigo, acariciándole el cabello mientras las lágrimas caían sin control.

—¿Qué pasa, hermano mayor?

—preguntó Gablin.

Eso solo le dolió aún más.

Ellos lo querían tanto… Y aun así murieron así.

Tan fácil.

Tan injusto.

Y él… Él solo había llorado de verdad la muerte de Kurt.

La culpa lo carcomía.

Porque no había sentido el mismo dolor por los demás solo a aquel con el que se habrio de verdad.

Porque su corazón había elegido a uno… y había dejado atrás a los otros incluso en la amistad.

—Oye, cálmate… prométeme que si yo no lo logro, tú serás el más fuerte por mí —dijo su amigo, con una sonrisa inocente en el rostro.

Rudeus solo pudo asentir entre lagrimas.

… Todo eso fue soló un destello.

El presente regresó como un golpe.

Rudeus dirigió su mana hacia el mismo grabado que había quedado en su pecho tras la destrucción de la varilla.

El mana que sentía ahora… Era hielo.

Era mana de Laplace.

Lo reconocía.

Lo sentía quemar desde dentro.

Era su única esperanza.

Sus canales de mana protestaron ante la invasión de ese poder extraño, antinatural, pero él no se detuvo.

Absorbió hasta la última gota.

Hasta que su cuerpo gritó.

Hasta que su alma tembló.

Lo dirigió lentamente hacia el sello.

Cada pulso era una tortura.

Cada latido una amenaza de colapso.

Pero cuando el grabado finalmente se dilató… Cuando el sello reaccionó… Rudeus terminó el trabajo.

Los canales de mana de Rudeus se inundaron una vez más con la naturaleza de Laplace.

Un torrente antinatural recorrió su cuerpo.

Sin darse cuenta, sin siquiera pensarlo, dirigió ese poder hacia sus brazos… y estos comenzaron a regenerarse con una velocidad imposible.

Hueso, músculo y piel se reconstruyeron como si el tiempo retrocediera.

Pero incluso mientras su cuerpo sanaba… Su mente no dejaba de repetir una sola pregunta.

¿Por qué levantarse una vez más?

… Desde el suelo, una cola surgió.

Tenía la misma apariencia que su antigua lanza superd.

La cola de Rudeus cortó de un solo movimiento el brazo que sostenía a Sara.

Ella cayó de espaldas, llevándose las manos a la garganta mientras tosía, intentando recomponerse entre jadeos desesperados.

El hombre reaccionó al instante.

Giró con violencia y lanzó un golpe directo hacia la figura que se movía frente a él.

Pero la misma cola que se había retraído desde el suelo bloqueó su ataque.

Y al mismo tiempo… Rudeus contraatacó.

Su puño descendió justo cuando su brazo terminó de regenerarse por completo.

El impacto fue devastador.

El golpe no solo le arrancó varios dientes, también le dislocó la mandíbula, enviándolo a rodar por el suelo.

Su rostro raspó la nieve y la piedra como un cuchillo sin filo contra una piedra de afilar.

Carne abierta.

Sangre dispersa.

Gritos ahogados.

Mientras eso ocurría, el segundo atacante aprovechó.

Preparó un corte descendente a espaldas de Rudeus esperando tomarlo por sorpresa.

Pero él no necesitó girarse.

Gracias a su tercer ojo, percibió el ataque.

Desde su espalda, la cola se lanzó como un arpón.

Se enterró en el pecho del hombre y apretó su corazón con brutal precisión, cortando de golpe el bombeo vital.

El cuerpo se desplomó de rodillas y dejo caer su espada.

Cuando Rudeus se volvió, el moribundo, en su último acto de resistencia, se aferró a sus piernas con lo poco de fuerza que le quedaba.

Rudeus lo miró.

Y en su mente no hubo piedad.

Solo pensamientos sobre cuánto dolor merecía ese individuo.

Tomó sus manos con las suyas.

Apoyó un pie sobre su pecho.

Y tiró.

—¡Ahhhhhh!— gritó el hombre entre lágrimas mientras sus brazos eran arrancados de su cuerpo.

Pero Rudeus no había terminado.

—Parece que tu intangibilidad tiene un defecto —dijo con una sonrisa torcida—Si estás en contacto con mana ajeno… no puedes escapar— Con las garras, herencia del clan bestia, abrió su pecho.

Luego, usando la cola, dejó el corazón a la vista.

Aún unido al cuerpo por hebras de carne que se desgarraban lentamente mientras lo extraía.

Rudeus contempló con deleite los últimos instantes del verdugo de Patrice.

Finalmente, el cuerpo dejó de moverse.

El corazón cayó sobre el cadáver con un sonido húmedo.

Sara lo había visto todo.

En su rostro se mezclaban el alivio y el horror.

Una cosa era ver un cadáver.

Otra muy distinta… Era presenciar el proceso.

Se sentía asqueada.

Pero al mismo tiempo, una parte de ella se sentía en paz.

Su amigo había sido vengado.

Mientras tanto, el más pequeño de los enemigos se incorporó.

El lado derecho de su rostro estaba completamente desprovisto de piel, arrancada por la trayectoria brutal que había seguido su cara contra el suelo.

Por otro lado al lado de Rudeus cayó su compañero de batalla.

La parte inferior de su máscara estaba cortada, dejando entrever por un instante el posible aspecto grotesco de su rostro.

—Perdóname… en un descuido me decapitó —dijo con naturalidad— Suerte que no sabía que puedo recolocar mi cabeza.

—Sí… suerte —respondió Rudeus sin prestar mucha atencion algo que Sara si hizo mirando al hombre con asombro e incredulidad.

Por otro lado Rudeus se consentro por solo un instante.

Sus piernas protésicas fueron expulsadas de golpe cuando unas nuevas comenzaron a regenerarse a una velocidad aterradora.

Los presentes quedaron atónitos ante la escena.

—Rudy…— Sara susurro.

—Con esto… una vez más estoy completo —dijo Rudeus, mirando al rival recompuesto frente a él.

Pero el hombre solo sonrió.

—Jaja… jajajaj… jajajajajajajaja —se carcajeó mientras alzaba la vista al cielo—.

Oh, por dios… qué despiadado.

Me recuerdas a mí, mocoso— —Ríndete —ordenó el enmascarado.

—¿Por qué lo haría?

—respondió el otro, con los ojos brillando de expectación—Sin duda, esta será la mejor pelea que tendré en décadas— —Ya vimos tu fuerza —dijo Rudeus—.

Con la que tengo ahora… no estás a mi nivel— —¡JAJAJA!

—rugió—.

Sin duda esas palabras no te quedan tan grandes… a menos que me las dirijas a mí, y dejame decirte que no viste nada de lo que puedo hacer— Ante sus ojos, la piel desgarrada, el agujero en el pecho y el brazo cercenado comenzaron a regenerarse.

Carne cerrándose.

Huesos soldándose.

Sangre reabsorbiéndose.

—Esto… ahora sí será divertido, una batalla de verdaderos mounstruos—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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