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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 Capitulo 43 Un rival digno
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44: Capitulo 43: Un rival digno 44: Capitulo 43: Un rival digno Rudeus POV El hombre frente a mi mostró una sonrisa burlona.

El vapor helado salía de sus heridas, como si su cuerpo fuera tan frío que en sus venas corriera nitrógeno líquido.

—Y bien, ¿me mostrarás el verdadero alcance de tu poder?— dijo con una sonrisa confiada.

Por mi parte, silenciosamente decidí que debía matar a este hombre lo más rápido posible.

Arranqué en velocidad, ajusté mi paso con gravedad y quité la resistencia natural del aire en tan solo unos momentos para alcanzar mi límite de impulso.

El hombre, visiblemente emocionado, recibió el golpe, y este junto al aumento abrupto de gravedad hacia adelante le dio de lleno.

A último segundo puso sus brazos en cruz y tan solo retrocedió unos pasos, dejando un camino de hielo sólido por donde fueron arrastrados sus pies.

—Pero qué fuerza…— habló mirándome con expectación.

Por su lado, Sara decidió cargar una flecha, pero una mano la detuvo.

—Esta lucha ya no está a tu alcance, sirves más viva que muerta…— le explicó el enmascarado.

—Pero yo puedo ayudar…— respondió.

—No, esto no es una pelea en la que tu habilidad de rango avanzado de aventurera pueda ser de utilidad— terminó antes de correr a ayudar.

Sara, frustrada, se escondió entre los árboles para ver el desarrollo de la lucha y, en cuyo caso, una vez más intentar intervenir.

… Del suelo surgieron manos y atraparon a mi homólogo, una clara ayuda de mi acompañante.

Estas, al contacto con su cuerpo, se congelaron.

Pero no importaba, pues seguían sujetándolo.

Con un impulso pude golpearlo de nuevo, esta vez di en la cara al hombre.

Este dio vuelta tras vuelta mientras giraba en el aire a grandes velocidades, haciendome creer por un instante que no era tan fuerte como aparentaba, antes de aterrizar con suma maestría en la nieve.

—Vas a tener que hacerlo mejor si quieres vivir— me dijo confiado.

—Muchas palabras para un hombre muerto— le respondí con furia contenida.

—Eso te quedaría mejor a ti— dijo antes de cargar con un gancho directo a mi cara.

Usé la cola Súperd para parar el golpe, usando de paso mis dos manos para evitar que mi cola cediera.

Su fuerza era brutal, aun con todo eso, me hizo retroceder, haciendo ceder el terreno levantando nieve y tierra.

El iba a cargar una vez más, pero las manos de antes junto a hilos hechos de carne lo jalaron hacia atrás antes de congelarse.

Un fuerte estruendo sonó cuando el crepitar de un hechizo de fuego se apresuró hacia el hombre que se estaba liberando.

Todo pasó tan rápido que escapó a duras penas y se posicionó para vernos a los dos directamente.

—Bueno, tal vez si son un buen equipo realmente me podrían dar una pelea digna de recordar— Sus heridas tardaron más de lo habitual en regenerarse, botando humo con mucha más intensidad.

“Es susceptible a las quemadiras” anote.

Nosotros no desaprovechamos y cargamos.

Mi acompañante lanzó hilos de carne alrededor de la figura en recuperación y yo, con gran instinto de equilibrio, me subí en ellos y cargué más impulso.

Cuando llegué, extendí mi mano, las garras del clan bestia se clavaron en su cara y, con el giro de mi brazo, su cuerpo giró pegado a mi mano.

El hielo empezó a correr por mi brazo y, ante ello, lo aparté de mí usando magia de fuego que salió desde mi boca.

El fuego lo quemó un poco, pero el mayor daño se lo llevó mi mano a medio congelar.

Miré mi mano, una mitad quemada y la otra congelada.

La congelada se resquebrajó después de unos segundos y mi regeneración acelerada, recién adquirida, comenzó a reponerla pero ahora con un poco de dificultad.

“Aún me pregunto de dónde salió”pensé, refiriéndome a la regeneración.

El hombre se detuvo a ver el cielo unos segundos antes de sonreír y empezar a hablar.

—Sabes, no somos tan diferentes.

En mi mundo también me apodaron Dead End…— El contraataque del enmascarado siguió al mío mientras el hombre hablaba, esquivando con maestría al vocalizar.

—Y bueno, yo decidí darle honor a ese nombre… yo convertí el continente demonio de páramo árido a páramo helado— decía sonriendo ante el recuerdo.

—Maté a cientos… miles, pero ninguno fue un desafío— habló mientras esquivaba mi golpe descendente.

—Ahora te doy la oportunidad de ser aquel que logre vencerme… pero eres muy débil— terminó haciéndose a un costado, evitando una serie de proyectiles de piedra y hueso, cortesía mía y del enmascarado.

—¿Realmente tú eres aquel por el que me trajeron aquí?

¿Realmente ameritaste traerme?

No eres nada ni nadie— Me limité a mirarlo una vez más.

Mis ojos mágicos me dijeron algo que no vi desde aquel día.

Un sinfín de posibles futuros entraron en mi vista.

Él se movía en todas direcciones y yo no sabía cuál realmente tomaría.

Rió con desgana.

—Sí… es el mismo truco que ella uso conmigo— habló mientras me miraba antes de aparecer una vez más frente a mí con un golpe.

No fue fuerte.

Estaba jugando.

Jugó desde el inicio y lo seguía haciendo.

Despues de recomponerme corrí una vez más.

Usé el touki para convertir mi palma en una hoja afilada e intenté cortarlo.

Lo esquivó, mostrando que para él esto era un juego de niños.

Su confianza le costó caro cuando, en un giro imposible para mi columna, le corté ambas manos limpiamente.

Caí al suelo y me incorporé lentamente, regenerando el hueso partido en dos por el movimiento fuera del rango natural.

Esperando un contrataque que nunca llego.

El miró los muñones y, esta vez, antes de regenerarse, decidió hablar.

—Eso fue bueno, pero aún no estás a mi nivel… el nivel de un verdadero dios— Enterró sus muñones en el suelo.

Mi compañero y yo le lanzamos hechizos para aprovechar el tiempo que tardaria en el la preparacion de el ataque, pero entre él y nosotros un pilar de hielo se alzó, llegando hasta el cielo, y seguido de este otros cuatro emergieron rodeando su figura.

Luego los pilares se tornaron rojos, llenándose con la sangre del hombre.

—Presencia cómo tiño este lugar con sangre— El cielo encapotado respondió como si esperara esa declaración.

Las nubes se abrieron y vomitaron una tormenta antinatural de nieve rojiza, densa y violenta, que devoró el paisaje en segundos.

“Sara…” El pensamiento me atravesó apenas sentí cómo el frío empezaba a morderme la piel, colándose entre mis defensas como un veneno lento.

No debería afectarme así.

Y aun así lo hacía, si me lograba afectar lo haria peor al delicado cuerpo de Sara Como si hubiera escuchado mi mente, el enmascarado habló sin girarse.

—Ocúpalo un rato.

Yo iré a resguardar a la mocosa mientras tú peleas— Asentí sin dudar.

No podía permitirme dividir la atención y estba cobfiado en ser mas fuerte que el hombre que hace unos segundo estaba a mi lado.

El hombre frente a mí sacó sus manos, ahora regeneradas del suelo, cubiertas de escarcha viva, y sonrió con un entusiasmo casi infantil.

—Muéstrame lo que puedes hacer— Su velocidad se disparó.

El impacto me aplastó contra el suelo antes de que pudiera reaccionar del todo.

La roca cedió bajo mi espalda y, antes de recuperar el aliento, el segundo golpe ya descendía.

*Golpe* *Golpe *Golpe* Cada impacto me hundía más en la piedra, como si intentara enterrarme vivo.

El mundo se redujo a vibraciones, ruido seco y presión insoportable.

Intenté defenderme.

Apenas.

Cuando dejé de hacerlo, cuando mi cuerpo simplemente aceptó los golpes, él se detuvo.

—Aún no entiendo cómo tú puedes darle miedo a ese hombre— dijo con genuina curiosidad riendose de mi figura ensangrentada.

Mi rostro estaba irreconocible, sangre, moretones, huesos mal alineados.

La regeneración avanzaba… lenta.

Demasiado lenta.

… Sara temblaba.

El descenso de temperatura fue abrupto, brutal, como si el mundo hubiera decidido morir congelado.

Antes de que pudiera reaccionar, gruesos muros de tierra surgieron a su alrededor, sellándola en un refugio improvisado.

Y una voz hablo para tranquilizarla.

—Quédate aquí.

Cuando lo acabemos, el hechizo terminará— dijo el enmascarado mientras encendía una fogata con un gesto preciso.

—¿Quién eres… y por qué nos ayudas?— preguntó ella, con la voz quebrada por el miedo.

Hacia tiempo que perdio de vista la batalla pues cada vez eran mas rapidos y tenia miedo que algo le pasara a su novio.

—Solo tenemos intereses en común— respondió.

La tierra se abrió apenas lo suficiente para que saliera y volvió a cerrarse tras él, dejando a Sara a salvo… y sola.

… El enemigo se movió.

Saltó a un lado y, sobre mí, descendió una mano gigante.

El golpe fue demoledor, amplificado por la magia del enmascarado.

—Ja… qué idiotas— se burló.

Antes de que pudiera hundirme más, el enmascarado apareció a mi lado.

Un pergamino de curación de nivel rey ardió en su mano y se deshizo habriendolo sobre mi espalda antes de encenderse en partículas de luz.

Mi rostro volvió a su forma.

Los huesos crujieron al recolocarse.

Pensé que la regeneración bastaría, pero entendí la verdad demasiado tarde abusar de ella agotaba mi cuerpo… y el maná de Laplace no era infinito, tarde o temprano se agotaba y a la vez sus habilidades se debilitaban.

El hombre dejó de reír de golpe y me miró fijamente.

—¡Muéstrame por qué me trajeron a matarte!— Columnas de hielo brotaron del suelo como lanzas, estrellándose contra el enmascarado.

Al mismo tiempo, una mano se cerró en mi cuello.

El mundo se convirtió en una sucesión de impactos.

Rocas, árboles, tierra… todo explotaba al paso de nuestra carrera forzada.

Apreté su muñeca con mi cola para evitar que me estrangulara.

No cedió.

Ni siquiera cuando el enmascarado atacó con todo.

Extremidades alargadas, hechizos de alto nivel, huesos convertidos en armas… nada funcionaba.

Todo era esquivado.

Todo era neutralizado.

Finalmente nuestro enemigo se cansó.

Clavó su mano libre en el suelo y congeló el terreno.

El enmascarado cayó de lleno pues sus pies en el suelo se anclaron a el, y sus manos que amortiguaron su caida quedaron atrapadas en el hielo.

Se hacerco un momento a el y poso su mano en su pecho dejando escarcha que se expandio en tido su cuerpo dejando su habilidad inutil por un momento.

—Quédate ahí— le ordenó antes de volver a mí.

Me estampó contra una roca y cerró la mano en mi garganta.

—No importa qué tan buena sea tu regeneración— dijo con voz tranquila —si quedas inconsciente, te puedo eliminar luego— El hielo comenzó a trepar por mi cuello.

Lento.

Cruel.

Forcejeé.

Apenas respiraba.

Intenté lanzar fuego.

Me apretó más.

El fuego explotó dentro de mi garganta pero no salio, su agarre le impidio la salida y el hielo que corria en mi cuello lo hacia mas doloroso.

—Jajaja— rió.

Imbuí mis manos de fuego, quemandolas dolorosamente y a su vez las coloque en su cara intentando apartarlo.

Clave mis pulgares en sus cuencas.

Sus ojos no cedieron.

Duros.

Antinaturales, inbuidos en touki estos eran duros como la roca y flexibles como el caucho.

Y lentamente tome un color morado ante la falta de aire y la salida del fuego en mis pulmones.

Pero por el echo de que el fuego no saliese no significaba que no estara.

El hielo de mi gargante se derritió.

El fuego brotó tras ganar la batalla.

Se apartó… mirandome con sorpresa.

Y ahí aparecio el el enmascarado, por sorpresa lo agarro cerrando una llave estranguladora desde atrás, ignorando cómo el frío devoraba su cuerpo por el contacto corporal directo.

Yo me levanté y cargue para golpearlo.

Una.

Dos.

Tres veces.

Hasta que su rostro quedó negro, carbonizado ante la fuerza y calor de mis nudillos en llamas.

Con un cabezaso hacia adelante, rompió el agarre.

El hielo estalló en fragmentos y me dio en la cara de lleno.

—Eso… es lo que buscaba— dijo, respirando agitado, antes de sonrier.

—Puta madre…

¡Al fin!— Por primera vez… no sonreía solo por burla.

—Un rival digno de matarme…— susurró.

Y desapareció en una ventisca helada.

Mire a todas direcciones, todos mis sentidos y habilidades oculares al maximo.

Mi tercer ojo confirmó lo imposible, no dejó rastro alguno.

Caí de rodillas.

El enmascarado apoyó una mano en mi hombro.

—Volverá— —Lo sé— La tormenta comenzó a ceder.

La nieve teñida de rojo cubría el campo de batalla.

Los pilares volviendose una huella indeleble marco la region.

Y el enmascarado se dispuso a buscar algo.

Entre la nieve, yacía el cuerpo destrozado de Aleksander.

Sin torso.

Fragmentado.

Parecía un juguete roto al que le faltaba la piesa del centro.

“Un paso en falso y mueres”, pensé.

En este mundo, incluso los fuertes caen.

Y cuando la diferencia de poder es real… no es bonito.

—Hay que traerlo.

¿Tienes un saco o algo así para recoger todo?— preguntó el enmascarado.

—¿Para qué?

Está muerto— —No.

Solo inconsciente— —Eso es imposible, nadie sobreviviria a eso— —Este mundo rompe la lógica todo el tiempo— respondió —y tú eres prueba de ello— No tuve fuerzas para responder.

El cansancio me aplastó.

Y todo se volvió negro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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