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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 45

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45: Capítulo 44: Por ella 45: Capítulo 44: Por ella POV Rudeus Enmascarado La vida suele ser una hija de puta.

Y cuando Hitogami decide que eres su enemigo, se convierte en una condena.

Confiar en una deidad es casi instintivo para un mortal.

Una necesidad.

Pero Hitogami nunca fue benevolente, por más que se vendiera como tal.

Tras una vida entera de errores, pérdidas y agonía provocadas por creer en él, tomé una decisión sencilla.

No moriría hasta hacerlo pagar.

Para mi suerte, no fui el único.

En algún punto de una matanza apareció un hombre viejo.

Uno que dominó demasiado tarde los secretos de la inmortalidad en su mundo y que usó ese conocimiento para viajar entre líneas temporales atrapadas en una maldición de origen desconocido.

El era yo, otro yo, o almenos un Rudeus con otra alma.

Ambos queríamos lo mismo, matar a nuestro hostigador.

En el proceso conocimos a muchos otros Rudeus.

Variantes nacidas de decisiones distintas, errores distintos y dolores distintos.

Pero no podíamos revelarnos sin estar seguros.

Si uno solo hablaba con Hitogami, todo habría sido en vano.

“¿De qué sirve prepararse durante incontables bucles si esa cosa lo sabe todo?” Así que actuamos como Laplace, e incluso Hitogami asocio que los Rudeus del futuro tomasen ese nombre.

No eran los Rudeus de la misma linea temporal, eramos nosotros intentando ayudar a nuestros homologos.

En cada mundo tomábamos su nombre.

En cada mundo causábamos estragos calculados.

En cada mundo buscábamos aliados.

Fallamos una y otra vez.

El más mínimo error bastaba para que alguien sospechara.

Cuando eso pasaba, no quedaba otra opción, matarlo antes de que Hitogami se enterara y huir al siguiente bucle.

Hasta que encontramos a una variante peculiar.

Controlaba la vegetación.

Sonaba inofensivo, hasta que entendías cuán versátil y aterrador podía ser ese poder.

Lo priorizamos.

Tenía que estar de nuestro lado.

Pero Hitogami fue más rápido.

Aunque nos presentamos como versiones futuras de él, desconfió.

Hizo preguntas que no pudimos responder y nos obligó a huir.

Presentarnos como el fue un error.

Por suerte, el no revelo a hitogami quien eramos, eso fue inesperado pero bienvenido y seguimos presentandonos como Laplace.

Aunque su teruqedad en aquel encuentro tuvo consecuencias.

Ese día perdimos a dos aliados.

Una variante que dominaba la tierra como nadie.

Y un hombre capaz de crear un campo antimaná absoluto, solo fuerza bruta, sin Touki.

Quien diria que ahora estabamos enfrnte de ese mismo enemigo.

—Hola, de nuevo… amigo— dijo enfatizando lo ultimo.

Raíces emergían del suelo, rodeando el cadáver de la variante que controlaba la electricidad.

—¿Realmente te uniste a Hitogami, eh?— —Ustedes me mintieron— respondió con calma —y él me prometió compensar lo que me hicieron.

Hasta ahora ha cumplido— —¿Se supone que este es el momento en el que me matas y usas mi cadáver como tu retorcido titere?— —No— negó —te perdonaré.

Por lo que hiciste antes de traicionar mi confianza.

Así estaremos a mano— Solté una risa seca.

“Es cierto… cuando aún era débil lo ayudé a conquistar el Continente Demonio” Sin decir nada más, ambos nos dimos la vuelta.

—¿Oye, qué mierda fue todo eso?— preguntó Sara.

—Un viejo amigo, supongo— Refunfuñó, pero siguió arrastrando el trineo improvisado de corteza donde yacía inconsciente el Rudeus de esta línea.

En mi espalda, el saco con las partes de Aleksander se movía con el viento.

—¿De verdad vendrán?

¿No les dijiste nada?— —Suzanne siempre me ayuda— respondío—nos ayudará, incluso si no se lo pido— Y no se equivoco.

Suzanne llegó acompañada del grupo Stepped Leader.

Con ellos, transportar a Rudeus fue más sencillo.

Algunos se quedaron observando las consecuencias del combate mientras Sara narraba lo ocurrido.

‘La venganza de Rudeus’ lo llamo.

Suzanne se estremeció al escuchar la razón de los mechones verdes en su cabello.

“Así que ella sí sabe quién es Dead End” … POV Rudeus Abrí los ojos lentamente.

El techo de mi habitación apareció ante mí y, antes de poder preguntarme cómo había llegado allí, unos brazos me rodearon.

—¡Rudeus, estás bien!— —Sí… estoy bien— respondí mientras la abrazaba devuelta.

En una esquina estaba el enmascarado.

—Sara, ¿podrías darnos un momento?— Ella dudó, pero terminó saliendo.

El hombre sacó algo de entre su ropa y me lo puso casi en la cara.

—¿Qué mierda haces con eso?— murmure antes de poner cara de asco al darem cuenta de lo que era.

—Vamos, no pongas esa cara, no me digas que no es gracioso— Agitó mi brazo cercenado.

—Es asqueroso— dije —no lo trajiste solo por una broma— —En parte si y no, es curioso lo que lograste con el báculo que te regalaron— respondió —Nunca vi algo así— Sacó el brazal con la piedra incrustada y me lo ofreció, antes de meter mi brazo en sus ropas.

—¿Te lo vas a quedar?— —Claro— sonrió —imagina hablar con alguien y sacar una mano para hacer mímica, es hilarante— Suspiré.

Mis ojos se posaron en mi mesa de trabajo, en ella las dos partes de la lanza rota.

—Esto era de él— murmuré —y fue mi culpa que su legado se perdiera— —Ahora tú eres su legado— Lo voltee a ver pero era verdad.

Tenía razón.

—¿Qué propones que haga?— —Devuélvele el honor a su raza, como el queria— Recordé los cuentos de terror sobre los superd.

Una raza que no nació como monstruos.

Su lealtad les costo caro.

Laplace les dio un propósito cuando el mundo no les ofrecía nada.

Y ellos, guerreros hasta la médula, lo siguieron sin cuestionar y bajo su maldicion perdieron toda razon en su sed de sangre.

Ese fue el error que los condenó.

Mientras Laplace vivió, su nombre fue temido.

Cuando cayó, ese miedo no desapareció.

Cambió de objetivo.

El mundo necesitaba culpables.

Y los superd fueron perfectos.

No importaba quiénes eran como individuos.

No importaba su honor, ni sus reglas, ni sus sacrificios.

El mundo ahora los conocia como los sanguinarios que mataban tanto a amigos como a enemigos.

El nombre bastaba.

Superd.

Una palabra convertida en amenaza.

Un cuento para asustar niños.

Una excusa para justificar exterminios.

“Duerme o el superd vendrá por ti.” “Portate bien o el superd te comerá.” Así nació la mentira colectiva.

Y aun así, algunos recordaban.

Recordaban quiénes fueron antes de Laplace.

Recordaban que no eran bestias, sino guerreros.

Y al final solo quedo uno, y ahora todo su legado se perdio.

Si ese legado moría conmigo, entonces la historia quedaría en manos de quienes siempre mintieron.

—Tienes razón— … Al día siguiente bajé a desayunar con Sara.

—De verdad las recuperaste, ¿eh?— dijo Suzanne refiriendose a mis piernas.

Yo acostumbraba a andar desclazo pues ni tenia pies reales para que fuera incomodo y no tenia zapatos.

—¿Puedo sentarme?—Pregunto y sin esperar respuesta se sentó a mi lado.

—Ni siquiera sabemos quién eres— dijo Sara con molestia.

—Se lo diré a Rudeus— respondió —después de comer tenemos mucho de qué hablar— termino mientras masticaba metiendose un palito de carne en el orificio de la mascar que correspondia su ojo derecho.

Suspire ante la extrañesa del hombre.

Seguimos comiendo pero Suzanne habrio el tema que nadie queria tocar.

Suzanne bajó la mirada.

—Enterraremos a Patrice y a Timothy en unos días— dijo —quisiera que dijeran algo para ellos— Asentimos con pesar.

Más tarde el enmascarado me detuvo.

—Aún tenemos asuntos pendientes— Y apesar de que Sara estaba reacia le indique ir a mi posada a esperarme.

Lo seguí.

La habitación de la posada era pequeña y silenciosa.

Una mesa con una lámpara de aceite iluminaba apenas el lugar, proyectando sombras largas sobre las paredes de madera.

El olor a ungüentos, sangre seca y tela quemada impregnaba el aire.

Frente a mí, Aleksander yacía inconsciente sobre la cama.

Su pecho, antes destrozado, ahora estaba cubierto por vendas manchadas de rojo.

A su lado, descansaba su espada Kajakut, apoyada con cuidado contra la pared.

—Va a despertar pronto— dijo el enmascarado.

Sacó dos sillas y se sentó en una, dejándome la otra frente a él.

Me senté sin decir nada.

—Se que tienes preguntas—continuó— y yo tengo respuestas, así que para que nos llevemos bien lo mejor será empezar a hablar— —¿Quién eres?— pregunté.

El hombre se acomodó en la silla y juntó las manos.

—Creo que tu amigo, el rey helado, ya te respondió eso antes— dijo— y eso aplica para la mayoría de personas que te querrán matar de ahora en adelante— Fruncí el ceño.

—Entonces dime tu historia— insistí— y más importante, cómo llegaste aquí— El enmascarado soltó una leve risa.

—¿Mi historia?— repitió— Es muy parecida a la tuya— —Nací como Rudeus, serví a los Boreas y sobreviví al incidente de maná— Hizo una pausa.

—Aunque yo no tuve que cometer ese acto sanguinario y caníbal que tú sí— añadió— el superd me ayudó a salir del continente demonio, y por cierto, mi acompañante fue Eris— —Después todo siguió igual— continuó— encontré a la diosa dragón, que por suerte me ignoró— —Me casé con Eris— —Y luego… la engañé con Sara— Eso me molestó, no por la infidelidad, sino por el nombre que pronunció.

—Calma— dijo— yo ya perdí a las mías, ellas no eran iguales, ellas eran para mi, ya no lo son— Suspiró antes de seguir.

—También me casé con ella— —Pero Hitogami, que hasta ese momento me había guiado, me las quitó— La luz de la lámpara tembló cuando apretó los puños.

—Luego me engañó para tomar represalias contra la diosa dragón— —Excedí mi poder de Laplace— —Y mi cuerpo se deformó sin posibilidad de recuperar su forma original— Lentamente se quitó la máscara.

Su rostro era desagradable.

Tres ojos deformaban su cara, dos cerca de donde deberían estar y uno incrustado en la barbilla.

Su boca se abría en tres puntos, como los vértices de un triángulo.

Volvió a cubrirse el rostro casi de inmediato.

—Tome eso como mi devilidad y me aisle pero entonses la conoci, el amor de mi vida, no me case con ella por obligación—dijo—Con ella fue verdadero desde el inicio, ella me amo apesar de lo grotesco de mi apariencia pero también me la quito…— término en tono melancólico y dolido.

—Cuando entendí que todo lo que hice fue por culpa de ese maldito…

juré venganza— Hizo una pausa para recomponerse.

—La ayuda llegó en forma de mí mismo— continuó— un hombre más viejo, con barba descuidada— —Dijo ser yo, o almenos un Rudeus con otra alma— —Y me ofreció unirme a él para viajar a través de los bucles— —¿Viajar entre bucles?— pregunté.

—Sí— asintió— bucles de naturaleza y origen desconocidos, con intervalos de 200 años en su tiempo— —Con eso tarde o temprano mataríamos a Hitogami— Apretó los dientes.

—Ahora te ayudo a ti— dijo— porque ellos quieren esperar a que pierdas todo lo que amas para venir a pedirte que te unas, cuando ya estes roto como nosotros te ofrecerán ayuda— Me miró fijamente.

—El mal que nos hizo… no se lo deseo a nadie— Yo solo lo mire con una mezcla de gratitud y lastima.

Aleksander se movió inquieto en la cama, murmurando algo.

Agarre la espada legendaria y le apunte con el filo a su cara.

—¿Estás con Hitogami?— pregunte rapidamente por instinto.

El levanto sus manos hacia arriba antes de hablar.

—Ya no— respondió —ahora me quiere muerto— Bajé la espada, era de esperarse pues el tambien me ayudo antes de una muerte segura.

—Entonces, ¿qué sigue?— pregunte.

—Esperar— dijo mi homólogo —Laplace aún no renace, y para matar al hombre dios lo nesesitamos— —¿Matar a Hitogami?

¿Estas loco?

El ve todo lo que hacemos y tambien ve el futuro— —Calma tengo planes para todo— respondio.

—Aleksander— dijo el enmascarado con tono serio —tú irás al continente de Milis— Aleksander frunció el ceño, incorporándose un poco más en la cama.

—¿Milis?

¿Para qué?— —Investigarás al cardenal— continuó —sus conexiones, movimientos, aliados.

Todo.

Hitogami siempre deja hilos ahí— —¿Estás loco?— respondió Aleksander con tensión —si me muevo solo, él me seguirá.

Me matará tarde o temprano— —No, si tienes esto— El enmascarado sacó de entre su ropa una pulsera con un talismán incrustado y se la lanzó.

—Tengo varias— explicó —son únicas por mundo y siempre me la llevo en cada bucle.

Nublan la visión de Hitogami— Aleksander la tomó con cautela, mirándola como si fuera una serpiente dormida.

—¿Y tú qué harás?— pregunté.

—Yo volveré con mi equipo— respondió sin dudar —les diré que ahora te tenemos de nuestro lado— —¿Me das uno para Sara?—pregunte.

—Sobre eso…quiero que rompas con Sara— Sentí como si me hubieran golpeado directo en el estómago.

—¿Qué?

Espera… dijiste que no intentarías nada— —Y no lo haré— respondió con calma —pero contigo está en peligro.

Tengo un contacto, alguien más que puede cuidarla por ti y darle la pulsera— —Yo no puedo hacer eso— dije apretando los puños —la amo… es todo lo que me queda— —Si quieres que eso que te queda no muera, será mejor que lo hagas— No añadió nada más.

Se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando un silencio pesado detrás de él.

Aleksander me miró un par de segundos, con una expresión que mezclaba lástima y resignación, antes de seguirlo para recibir la información.

“Esto es una mierda.” Esa noche no pude dormir.

Ni la siguiente.

Ni la que vino después.

“¿De verdad voy a perderla así?” Me pregunte a mi mismo mirando al techo con Sara acurrucada a mi costado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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