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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 46

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46: Capítulo 45: Lo siento 46: Capítulo 45: Lo siento Rudeus POV Desde que recuperé todo mi poder por fin uni los puntos.

Era fácil deducir lo del cardenal.

No era Milis quien le habló… era Hitogami.

Hitogami hizo matar a mis amigos.

Y no era todo, el enmascarado me contó que Darius era fijo un apóstol en cada bucle.

Eso explicaba por qué me mandó a matar cuando era niño.

Eso explicaba por qué Reyda Reya fue enviada a asesinarme.

Y por qué me dio ese pésimo consejo sobre Ruijerd.

Él sabía que Ruijerd odiaba a Laplace.

Jugó conmigo como con un creyente crédulo.

Y ahora había perdido a dos amigos una vez más.

—Patrice fue una guía, un hombre bueno y capaz— empecé.

—Siempre sabía cómo aligerar el ambiente y, aun cuando todo estaba mal, nos sacaba una sonrisa.

—Extrañaré su sentido del humor, sus consejos y su guía en mi camino— terminé.

Una pequeña ceremonia se realizó durante el entierro oficial.

Sara también subió para contar una breve anécdota de cuando lo conoció.

Al final dimos un discurso para Timothy.

Para Sara y para mí, casi una figura paterna.

Un gran líder que, siempre sereno, tomaba las mejores decisiones.

Fueron enterrados junto a Mimir, que, a falta de buenos ahorros, no tuvo una ceremonia digna, si no mal recuerdo.

Era duro e injusto pero asi era este mundo.

Después del entierro, cada quien siguió su camino.

Sara tomó mi mano y yo dejé que lo hiciera pero sin devolverle la calidez que me daba.

El tiempo pasó volando.

Un mes se fue en un abrir y cerrar de ojos.

Me negue al inicio, queria seguir con ella pero, la verdad me carcomia.

Cada cita, cada salida, cada contacto me recordaba que entre mas amaba mas perdia y podia ahorrar el dolo a ambos si lo cortaba.

Durante ese tiempo me fui distanciando de Sara, preparándome para hacer lo que debía… para protegerla.

Ese día lloré amargamente.

Había pasado exactamente un mes desde el entierro de mis amigos aventureros y estábamos visitando sus lápidas.

—Rudeus…— me miró con tristeza, creyendo que mi pena era solo por ellos.

Pero esa no era la razón principal.

La razón era ella.

Tenía que dejarla.

Unas lágrimas rodaron por mis mejillas y Sara las limpió con cuidado.

Tras unos momentos, aparté su mano de mi rostro.

—Sara, creo que será mejor que dejemos de ser una pareja— dije.

—Jaja-ja…— soltó una risa incómoda antws de que esta se remplazara por un tono de miedo— espera… ¿lo dices en serio?— Pensaba que era una broma, pero al no cambiar mi expresión, su rostro se tensó.

—Sí— respondí.

Su expresión pasó de la sorpresa a la negación, y luego al terror.

—N-no… nos amamos— dijo, aferrándose a mi mano.

Me aparté con suavidad.

—Pasamos tanto juntos… por favor dime que es una broma— suplicó antes de romper en llanto—Dime que es solo tu retorcido sentido del humor, ¡Tu eres lo unico que me queda!— grito al final, lo cual solo hizo más amargo el final de la relación.

La miré en silencio, reprimiendo el impulso de decirle que era una broma cruel, que aún la amaba, que quería formar una vida con ella.

Ella aún tenía mucho por vivir.

Podía rehacer su vida.

Conmigo solo le esperaba la desgracia, tal y como paso con cada persona con la que me relacione.

Ante mi silencio, me dio una bofetada.

—Eres un idiota… un maldito imbécil— Salió corriendo, con las lágrimas marcando su camino.

Llevé la mano a mi mejilla y con mi mano recorrí el lugar donde me había golpeado.

Camine con paso firme pero con el pesar de mis acciones, su rostro de dolor es algo que odiaba ver.

Mantuve el semblante duro hasta llegar a la posada, donde finalmente me derrumbé por el peso de la decisión.

Ahora estaba solo.

Una vez más.

“Esto será lo mejor” me dije antes d tomar mi dinero, viendo la habitación aun con las cosas de Sara.

Yo estaba seguro de que ya no volvería, o por lo menos no hoy, cuando tenía problemas ella acudía a Suzanne y se quedaba a dormir con ella, era una cosa tierna e infantil y que a la vez dolía recordar.

Llegué al bar de la ciudad y pedí una cerveza con calma.

Con la mirada perdida, me observé reflejado en el líquido antes de beberla de un solo trago.

La ausencia de Stepped Leader era notoria.

Antes solían llenar el lugar con gritos y risas.

Ahora, tras partir a explorar un laberinto recién descubierto, el bar estaba en silencio.

Una figura se sentó a mi lado y pidió dos cervezas.

—Te tomaste tu tiempo, bueno si decir que de un dia a un mes es solo un tiempo—hizo una pausa.

—Pero sabía que al final tomarías la decisión correcta.

Después de que partamos, mi contacto se reunirá con ella y las protegerá— dijo el enmascarado.

—¿Nos iremos?— pregunté con desgana.

—Sí.

Una serie de acontecimientos hace que te necesite junto a un posible aliado.

Mañana partiremos y conocerás a los otros dos Rudeus de mi equipo— Cuando llegaron las cervezas, bebí ambas de un trago.

Tal como él había previsto.

Después de ingerir una cantidad indecente de alcohol, tuvo que llevarme de regreso a la posada cargandome en su espalda.

Donde me desplome en la cama durante un tiempo mientras acariciaba la almohada que Sara usaba.

Al cabo de unas horas me senté en la cama, mirando al vacío, hasta que sentí que me sujetaban la cabeza y comenzaban a cortarme el cabello.

—¡Oye!

¿Qué mierda crees que haces?— grité.

—Necesitas un nuevo nombre, una nueva apariencia— dijo, recortando sin cuidado mi melena.

Me resigne y deje que lo hiciera.

Poco a poco solo quedó una cola de caballo larga, que ató con una liga, dándome un aspecto similar al Rudeus que asesine hacía un mes de la forma mas cruel posible.

Luego sacó un pequeño frasco de tinte amarillo, idéntico al del color de cabello de mi madre.

Aunque molesto, acepté el cambio.

—Elige un nombre— Pensé unos segundos, aunque un breve recuerdo de unas películas de mi adolescencia me hicieron decir lo primero que pensé.

—¿Ryo… Kase?— —Es raro, pero servirá.

No uses el apellido, eso delata linaje o poder, la mayoria en este mundo solo tiene su nombre y ya— Lo mire mientras aún frotaba el tinte en mi cabello.

—Nunca pude preguntarte todo lo que quise desde la primera vez que nos vimos— —Adelante.

Seré tu enciclopedia hasta que conozcas a mis compañeros— —Tu poder de Laplace… ¿es distinto al mío?— pregunte recordando breves menciones a eso mismo que se hacían en nuestra pelea contra los otros dos.

—Sí.

El mío me permite generar cualquier tipo de célula en cualquier lugar.

— Asentí.

—¿Y tus compañeros?— —Son peculiares.

Uno es inmortal y no envejece.

El otro lee mentes y crea ilusiones, además, fabrica artefactos y tiene una variedad gigantesca de talentos, es como un diccionario y es el mas viejo de lejos— Recordando algo el agrego —No preguntes por sus vidas y pasados… sobre todo al viejo.

Está disgustado contigo y es lo ultimo que quiere hacer— Alcé una ceja y el leyendo mi siguiente pregunta la respondio.

—Cree que al no sufrir como nosotros no estas dispuesto a lo que nosotros estamos para matar a Hitogami— —Supongo que debería agradecerte por evitarme eso, si bien me gustaria estar en su lado bueno no me gusta ese precio— El solo rio— Como dije, no es nada, no le deseo a nadie lo que pasamos— Luego de su palma un hueso con forma de cincel salió, y con un ágil movimiento de muñeca lo partió.

—Siéntate recto.

Te haré una nueva nariz— —¿Tu poder también altera a otros?— —No.

Te la romperé y reacomodare el cartílago— Reí, creyendo que bromeaba.

No lo hacía.

El golpe me partió la nariz.

—¡¿Qué mierda te pasa?!— —Te advertí.

Aguantaste una paliza peor hace un mes, no seas niña— —Eso era de vida o muerte— —Esto también— respondi girando los ojos como si fuera algo obvio.

Aplicó magia curativa tras cada ajuste hasta cambiarla por completo.

… —Al menos no me dejaste deforme— —Tengo talento.

Vi una rinoplastia una vez en mi vida pasada y mirame ya puedo hacer una solo con un cincel— Suspiré.

—Empaca.

Nos recogerán mañana en la mañana— Y suspire otra vez.

Tomé una mochila, una muda de ropa y, debajo de la cama, una caja, las piezas de la lanza, la pulsera que Sylphiette me regaló en mi décimo cumpleaños, el collar de Roxy… y un cuchillo que nunca llegué a darle a Sara.

Recuerdo comprarlo y se lo iba a regalar en nuestro primer mes juntos, quién diría que esa relación que tanto quise y aprecie terminó tan rápido y de la peor forma posible.

Guardé todo y me dormí por el agotamiento.

— El sol me pego directo a la cara despertandome.

En la puerta de la posada un carruaje me esperaba.

Baje y me subi a el y dentro estaban los tres Rudeus.

—Ahórratelo— dijo el más alto cuando intenté saludar.

“Maleducado” pense.

El me fulmino aun mas , recordandome que podia ver mis pensamientos como un libro habierto.

Llegamos a un pueblo apartado que ni lo veia en el mapa, y apesar de ello este tenia un gremio.

—Bájate— dijo el mismo hombre de mal humor.

Baje mirando el paisaje nevado identico al anterior.

El enmascarado se bajó y me dio una máscara metálica que cubría la parte superior de mi cara.

—Úsala que nadie sepa que eres Rudeus Greyrat— Luego una tarjeta de aventurero.

—Falsificada, pero funcional.

No la pierdas, si intentas registrar la como pérdida marcará como falsa y si te registras tu mismo mostrará tu nombre real— Asentí a la orden, pero aun no me habia dicho que hacer.

—¿Qué debo hacer?— El mas bajito de los tres me respondio sentado en al entrada al carruaje.

—Atacaron a la princesa de Asura.

Quédate aquí.

Cuando aparezca un trabajo de escolta a la Universidad de Ranoa, tómalo— dijo con desgana.

—¿Por qué ustedes no hacen esto?— —Porque mataste a Pax.

Sin él no sabemos dónde nacerá Laplace.

Debemos forzar el siguiente destino conocido, y eso también es una de las razones por la cual el viejo es aun mas come mierda que lo que debería ser— Los miré una última vez, se subieron al carruaje y lentamente se desvaneció en el horizonte, sin nada mas que hacer me interné en el pueblo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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