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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 47

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47: Capítulo 46: La princesa 47: Capítulo 46: La princesa Rudeus POV Me instalé y tomé una habitación por un día en la posada incluida en el gremio.

Pasé ese día sentado en una esquina, observando a cada persona que entraba.

No fue productivo.

Tal vez tardarían más en llegar, así que decidí tomar una misión sencilla.

O bueno… sencilla para mí.

Un myrm rojo había sido avistado rondando en las afueras de una montaña.

Aunque me daba mala espina por mi ultima experiencia con ese tipo de mision en especifico, sabía que era imposible que alguien supiera quién era yo o qué hacía aquí.

Aprovecharía esta cacería para usar mis ojos de demonio en simultáneo con el tercer ojo del Súperd.

Nunca pude acostumbrarme a usar los tres juntos simultaneamente y explotarlos.

Era como ver en alta definición tres mundos al mismo tiempo: el presente, el futuro inmediato y el mundo de maná.

Este ultimo era especialmente extraño, todo tenia mana, las personas, las plantas, los animales e incluso el aire.

Claro todo esto en distintas cantidades.

El ojo superd además tenía visión de 360 grados y un alcance inhumano.

Asi que era como mirar atravez de la cuarta dimencion con el.

Mi visión normal ya se había ampliado hasta trecientos grados, esto fue gradual, de no ser haci lo habria notado antes, pero midiendo su alcanze para recordar cual era el nterior descubri eso mismo.

Recordaba que abarcaba entrelos docientos sin llegar a los trecientos Ahora solo deja un punto ciego mínimo, que aun así el ojo Súperd cubría sin problemas.

—Buenas, señor aventurero.

¿Me permite revisar qué tarea ha elegido?— dijo la mujer del mostrador con una sonrisa cortés.

Saqué la misión en silencio.

Su expresión cambió al instante.

—Disculpe… esa cacería es muy peligrosa.

Ya perdimos un grupo que lo intentó.

¿Realmente desea tomarla?— —La tomo— respondí en un tono apagado antes de hacer una petecion—Por favor, si aparece una misión de escolta hacia Ranoa, considéreme— —¿Eh?

Claro, señor… Ryo— dijo leyendo mi nombre en la targeta de aventurero en el mostrador.

—Pero usted es rango S— añadió dandole ptra mirada a la targeta—No creo que alguien solicite una escolta de rango A— Eso me sorprendió.

Recordé que, efectivamente, era así, el rango S solo podia tomar tareas de rango A o S.

Aun así decidí confiar en el criterio del enmascarado.

—Solo resérvela si se puede.

Necesito el transporte gratis— mentí.

Ya era raro que un aventurero rango S anduviera solo, estos suelen estar en grupos para realizar las tareas del tal nivel Agregale a ello que buscara una tarea tan basica y de bajo nivel.

Asi que decir que era una forma de transportarme gratis seria lo mas creible.

“Esto no estaba siendo tan discreto como debía” Confirmé la misión, salí del gremio y compré ropa nueva.

Pantalones café claro.

Una camisa simple de cuello en V, como en mis días en el Continente Demonio.

Por último, una ruana negra para ocultar un cinturón lleno de dagas en el pecho.

Sin lanza, ya no tenía un arma ideal.

Había comprado una espada el mes pasado, cuando aún salía con Sara, pero mi estilo principal era el Dios del Norte, así que las dagas eran necesarias.

Me coloqué dos brazales.

El derecho tenia el escudo.

El izquierd era solo por simetría.

Desde que recuperé mis extremidades desarrollé una manía compulsiva por la simetría, incluso cuando me daban algo de comer tenia el impulso de ordenar todo para que quedara simetrico.

Recuperar mi brazo derecjo tambien cambio como tenia que dirigirlo y por ello mi mano dominante ahora era la izquierda.

Pasar tanto tiempo con una prótesis me pasó factura, la derecha aún se sentía ajena casi como algo que no deberia tener.

Guardé lo innecesario y partí a cazar al dragón.

… —¡Ahhhh!— Salté desde lo alto y clavé mi espada en el hocico del dragón, atravesando su mandíbula.

El myrm se agitó con violencia, intentando lanzarme, pero me sostuve y tomando impulso hundí dos dagas en cada uno de sus ojos.

El grito fue desgarrador.

Salté de su cabeza y aterricé frente a él.

Guiado por el sonido de mi caida, lanzó un zarpazo que esquivé antes de cortar desde la empuñadura sobresaliente de mi espada hasta su pecho.

Un corte profundo tiro sangre en una salpicadura similar a un aspersor.

Me alejé mientras el dragón, ciego, se desangraba en un espectáculo grotesco.

Y despues de unos alaridos de dolor fnalmente cayó.

Me acerqué, retiré la espada y con ella serruché su cuello para llevar la cabeza como prueba.

Durante la pelea apenas usé maná de Laplace para activar el tercer ojo Súperd.

Este combate era pura práctica.

Con el ojo clarividente esquivé cada ataque.

Con el ojo de maná detecté puntos débiles para no dañar mi espada.

En medio del hocico en la interseccion de dos de sus escamas habia un punto debil que me permitio enterrar la hoja de no muy buena calidad.

En el cuello carne suave y gran cantidad de venas, un punto debil explotado al máximo.

Con una soga amarré los cuernos y arrastré la cabeza hasta el gremio.

Donde una carroza estacionada esperaba.

Al verla supe que probablemente era de la princesa de Asura y al entrar la charla en el interior confirmo mis sospechas.

—…y solo un rango S podría tomarla, pero habría que registrarla como rango A— decía la recepcionista antes de verme.

Arrastré la cabeza al interior.

—Una pequeña prueba de que el trabajo está hecho— le dije.

Ella me miró incrédula antes de negar con la cabeza.

—Bien… hay un trabajo de escolta a Ranoa.

Estos comerciantes llevan una caravana al pueblo bajo la Universidad de Ranoa— Ante mí estaban un joven que se parecía a Paul, pero más joven y de cabello castaño, y una elfa de cabello blanco que me resultaba familiar.

—Les falta dinero para completar el rango A— añadió—Como usted es rango S, no puede tomar algo inferior— —Está bien.

Tomaré el transporte como parte del pago— La mujer se vio visiblemente aliviada pues el hombre se puso terco e insistio en la importancia de una escolta barata pero de nivel.

La ‘caravana’ afuera parecía más bien un carruaje real.

—Será mejor que cumplas bien tu trabajo— dijo el chico con desconfianza.

Le revolví el cabello con una sonrisa burlona.

El me recordaba al comportamiento tsundere de Sara.

—Cálmate.

Soy rango S— Gruñó y se apartó.

—Disculpa a Luke— dijo la elfa—.

Hace tiempo tuvo una pesadilla con un hombre de cabello blanco— Decidí relajarme, y actuar como un rango S confiado tal y como eran generalmente.

—No te preocupes, he tratado con patanes antes— Tomé su mano y besé el dorso.

—¿Y cómo se llama mi lady?— —¡S-soy un hombre!— Reí por dentro.

O era un hombre muy afeminado o estaba mintiendo.

—Entonces, ¿tu nombre?— —Fitts— respondio con un sonrojo que trataba de hacer pasar como de enojo.

—Nos vemos luego, Fitts— … Despues de alistar todas mis pertenecias sali a ver a las personas a las que escoltaria.

Ambos ‘comerciantes’ estaban parados lado a lado de la puerta de el carruaje.

Luke me dio una mirada de desconfianza antes de de jarme entrar al vehiculo.

En el carruaje estaba sentada una joven rubia de mirada cortes y una sonrisita indiferente.

—Supongo que no son comerciantes— dieje en tono de broma.

—Tiene razón— dijo—Soy la princesa Ariel Anemoi Asura— —Hemos sido atacados por asesinos enviados por mi hermano para asegurarse el trono.

Le imploro que nos proteja hasta nuestro destino— Decidí arriesgarme para tantear el terreno y de paso ganarme su confianza jugando al que podia hacer lo que quisiera pero decidio ayudar.

—¿Y si decido matarla y cobrar una recompensa del príncipe?— Luke desenvainó con mirada de odio puro, pero Ariel lo detuvo posando una mano en su avanze.

—Dígame qué quiere como recompensa y se la dare, puede que no tenga los mismos recursos monetarios que mi hermano en este momento pero puedo ayudarle de otra manera— —Costéeme la entrada a la Universidad Mágica— —Imposible— dijo Luke antes de que una mano volviera a frenar su impulso.

La esena casi parecia a un perro siendo regañado por su dueño.

—Veré qué puedo hacer— respondió Ariel.

Y haci le dieron la indicacion al chofer de avanzar.

El viaje continuó tranquilo, primero hablamos de mi y por que queria ir a Ranoa.

Primero me presento como Ryo, un aventurero que fue talentoso en la magia de nacimiento.

Pero que nunca pudo obtener una buena educacion en la magia por limitantes economicos.

Luego pasamos a hablar del panorama de la mision.

Hablaron de un hombre con tres espadas.

Un asesino.

Me contaron que se separaron del resto de la escolta y que una gran parte murió a manos de un hombre que llevaba tres espadas.

Una corta y ancha en su mano izquierda, una normal en su mano derecha y una katana en la boca.

De milagro sobrevivieron cuatro, contando al chofer, y en Ranoa los esperaban otros dos de confianza que no estaban enterados de todo esto por la indisponibilidad de enviar cartas.

“Cartas… ¡mierda!” La última carta que envié a Paul fue hace ya bastante tiempo, y lo último que le conté fue que había empezado a salir con Sara.

Eso fue hace un mes, y habíamos acordado enviarnos cartas cada quince días.

Mensajes pequeños, pero suficientes para decir que seguíamos con vida.

Ahora no podía ni recibir ni enviar.

Supongo que tendré que pedirle ayuda al enmascarado para poder contactarme con él, y rezar para que Paul no haga algo estúpido para encontrarme en lo que pasa eso.

Suspiré y me concentré de nuevo.

Esto era importante, y tenía que prestar la máxima atención en proteger a Ariel.

… Un ligero escalofria corrio como una gota de agua helada por mi espalda.

Me estremeci ante el instinto del clan bestia que siempre tenia activado con una minima pizca de mana Laplace.

El carruaje se sacudió violentamente cuando una bola de fuego cayó a un lado del camino.

El impacto levantó nieve, tierra y fragmentos de hielo.

El conductor reaccionó de inmediato, tirando con fuerza de las riendas para desviar el carruaje antes de que el hechizo lo alcanzara de lleno, pero el precio fue su vida.

Una segunda bola de fuego descendió desde mas arriba.

—¡Agáchense!— grité.

Extendí la mano derecha por reflejo y levanté un escudo mágico frente a nosotros justo cuando el hechizo impactó.

Protegi efectivamente a los tres bajo este y el techo del carruaje se detrozo en cenizas.

El cuerpo del conductor cayó sin vida, el segundo ataque lo termino de carbonizar.

Cuando el polvo se asentó, el silencio fue inquietante.

Demasiado limpio.

Me incorporé lentamente, con los sentidos alerta.

No veía a nadie a simple vista.

Activé el tercer ojo del Superd bajo la máscara y el mundo cambió.

Salte de lo que quedaba del carruaje.

A lo lejos, sobre la nieve, distinguí un trineo tirado por lobos.

Dos figuras viajaban sobre él.

Una emanaba una intención asesina tan densa que casi podía tocarla, la otra reunía maná para lanzar otro hechizo.

El primero llevaba tres espadas.

Una corta y ancha en la mano izquierda.

Una espada normal en la derecha.

Y una katana sostenida con los dientes.

“Así que es él” Con mi mano toque el suelo y levanté un pico de roca justo frente al trineo.

El espadachín reaccionó al instante, saltando con una agilidad inhumana.

El mago no tuvo tanta suerte.

La estaca de piedra lo atravesó sin darle oportunidad de reaccionar.

Su cuerpo quedo empalado junto en su craneo.

—Magia sin canto…— susurró Fitts, atónito.

Ariel también me miraba con los ojos abiertos, conteniendo la respiración pues la habilidad era tan rara que solo habian dos usuarios vivos conocidos.

No había tiempo para explicaciones.

El espadachín aterrizó con ligereza sobre una rama, observándome desde las alturas.

—Realmente eres tú…— dijo, con una sonrisa torcida.

Desenvainé mi espada y di un paso al frente.

Era joven, pero su presencia era pesada.

En su cinturón colgaban las vainas de dos espadas, y la tercera descansaba a su espalda.

Vestía ropas oscuras, reforzadas con piezas metálicas en muñecas, rodillas y hombros.

Llevaba un casco incompleto, más parecido a una diadema con protectores laterales, cubría parte de su rostro.

Sus ojos me recorrieron de arriba abajo.

Su nariz se movia y olfateó el aire.

—Cuando sentí ese olor familiar pensé que el mundo me estaba jugando una broma— tomó aire lentamente —pero parece que me dieron una oportunidad de vengarlos— No pregunté cómo sabía quién era.

Tampoco podía permitir que pronunciara mi nombre.

—¿Piensas seguir hablando o vas a bajar de una vez?— lo provoqué.

Su expresión se tenso.

Y la comprencion me golpeo.

Ya no había dudas.

Era Rack.

El último de los trillizos que quedaba con vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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