Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capitulo 4 La novia de Rudy
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5: Capitulo 4: La novia de Rudy 5: Capitulo 4: La novia de Rudy Actualmente, Sylphiette y yo estábamos de camino a la torre de vigilancia del pueblo.
Ella iba a dejarle el almuerzo a su padre antes de que los cobardes de hace un rato comenzaran a intimidarla.
Al llegar a la torre, pude ver a un hombre de cabello rubio y orejas iguales a las de Sylphiette.
—¡Luffy, llegaste!
—dijo el hombre con una sonrisa, recibiendo la canasta en la que Sylphiette llevaba la comida.
El hombre me miró primero con cierta desconfianza, pero luego su expresión cambió a una de comprensión.
—Tú debes ser el hijo de Paul —dijo.
Me sorprendí antes de responder: —Sí, lo soy.
¿Hay algún problema con eso?
—Temía que la idiotez de mi padre le hubiera ganado algún resentimiento, pero el hombre simplemente escuchó.
—Claro que no, Paul es mi compañero de trabajo.
Veo que te hiciste amigo de mi hija Por favor, cuídala bien— Yo solo asentí antes de que Sylphiette abrazara a su padre y me siguiera para ir a jugar.
——————————————— Había algo en el simple acto de jugar que me intrigaba.
“¿Por qué lo estoy disfrutando tanto?” No lo entiendo.
No debería disfrutarlo tanto… y, sin embargo, lo hacía.
Realmente me gustaba jugar.
Sentía cómo algo dentro de mí se encendía, recordándome días felices, mi infancia anterior.
En aquel entonces, yo también era feliz, incluso tenía una amiga.
Nanahoshi Shizuka fue mi amiga hasta antes de la secundaria.
Jugábamos todos los días, pero luego empezamos a estudiar más y nos distanciamos.
Shizuka, comenzó a hablar con otras personas y poco a poco dejó de dirigirme la palabra.
Tal vez fue por sentirme insuficiente, o por el acoso constante de quienes más tarde se convertirían en mis torturadores.
Al final, Shizuka y yo terminamos siendo simples conocidos que rara vez se saludaban.
No pude seguir perdido en mis pensamientos cuando Sylphiette me habló.
—R-Rudeus, lo que usaste antes para pelear con esos chicos… ¿podrías enseñarmelo?
“¿Tan rápido el estudiante se vuelve maestro?
Vaya, soy todo un prodigio, jejeje” —¡Claro!
¡Yo, Ludeus Greyrat, te enseñaré todo lo que sé!
—respondí con una sonrisa confiada.
———————————————— Pasé toda la tarde con Sylphiette jugando y enseñándole a usar el maná.
Hoy principalmente le mostré los fundamentos, y al final acordamos volver a vernos mañana en el mismo lugar.
Y ahora estaba de camino a casa.
Vi a Paul a lo lejos, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
“¿Qué hace ahí ese idiota?
Dije que llegaría antes de que el sol dejara el cielo, y aún ni siquiera ha comenzado el atardecer.” Pero Paul respondió a mi duda rápidamente: —Rudeus, ¿qué te dije sobre usar la fuerza contra los débiles?
—dijo con un tono fuerte, cuestionándome.
“Con que eso pasó, ¿eh?” deduje que se quejaron los abusones.
—Padre, no es…
—No pude terminar.
Un fuerte golpe resonó; su puño alcanzó mi cara, y Paul continuó con más furia.
—No me mientas.
La madre de Somar me contó todo.
Incluso me mostró a su hijo.
Ese moretón en su cara solo podría hacerlo tú— “Con que ese gordo era Somar, ¿eh?
Recuerdo que el flacucho lo así llamado antes de irse…
parece que se quejó y retorció la historia.” —Padre, eso no fue así, lo que pasó es que…
—Otro golpe, aún más fuerte que el anterior, cayó sobre mi rostro mientras él me miraba con más ira.
No dije nada más.
Simplemente me di la vuelta y comencé a caminar hacia fuera del terreno de la casa.
—A ¿dónde vas?
—preguntó Paul con gravedad.
—No lo sé… pero regresaré mañana.
Tal vez entonces me escuches— Paul se sorprendió, ordeno alguna idea que tenía y luego bajó la mirada.
Me detuvo colocando una mano sobre mi hombro.
Me giré, mirándolo con tal intensidad que, si las miradas mataran, su alma ya estaría condenada.
—Hijo… perdóname.
Por favor, cuéntame qué pasó— Me sorprendí.
Fue un acto impulsivo… Si esto hubiera pasado en mi vida anterior, sin duda me habría ganado un castigo físico.
Y, sin embargo, este hombre se estaba disculpando y pidiéndome mi versión de los hechos, esto era sin duda un padre moderno y mucho más que uno de mi era.
Por supuesto, reconocí que al menos sabía cuándo detenerse, así que le conté lo ocurrido.
—————————————————— La cena fue incómoda.
Zenith nos llama a comer, y sin tiempo para curarme me senté con los moretones aún frescos.
No tardó en preguntar.
— ¿Qué te pasó?
¿Quién te hizo esto?
—su expresión era molesta, mientras Paul comenzaba a sudar, esperando su castigo inminente.
A pesar de su impulsividad, ese hombre era un buen padre.
Diría incluso mejor que la mayoría en la era en la que nació en mi vida pasada.
Por eso decidí perdonarlo esta vez… y dejar que disfrutara de los beneficios de su esposo que tiene cuando Zenith no está molestando con él.
—No es nada, madre.
Un idiota me golpeo pero el me pidió disculpas —respondí con calma.
Zenith frunció el ceño, suspir y dijo.
—Entiendo… pero no digas groserías.
Paul, ¿ves lo que causaste?
Ya adoptó tu vocabulario: “Qué pena”, pensé.
“Parece que, a pesar de mis esfuerzos, este hombre no podrá disfrutar de su noche” me dije pues Paul ahora fue reprendido por Zenith lo que siempre llevaba a una noche silenciosa.
—————————————————— Era un nuevo día y me levanté en el mejor momento.
Con prisa me despedí de mis padres y salí a jugar una vez más.
¿Quién diría que estaría tan ansioso por ver a Sylphiette?
Paul notó mi nuevo entusiasmo por salir, así que hizo una nota mental, pasaría por donde yo jugaba para saber el motivo de mi emoción, aunque ya tenía una idea bastante acertada.
———————————————— —¡Sylphiette, ya llegué!
—grité.
La chica se volteó, sonrojada.
—R-Rudy, llegaste —dijo, visiblemente aliviada.
Tal vez pensé que aquello sería un juego de una sola vez y que mis padres me prohibirían volver a jugar con ella.
Mi presencia ahora le demuestra que no sería así.
Ella me abrazó, tomó mis manos y me sorprendió.
Fue mi turno de sonrojarme, esta chica a veces era muy tímida y otras veces muy atrevida.
Sonreí tímidamente, sin saber que esa escena había sido observada por el curioso Paul antes de que este siguiera su camino al puesto de trabajo junto a Laus, el padre de Sylphiette.
Yo inconsciente de que me descubrió seguí enseñándole a Sylphiette cómo lanzar hechizos, y sorprendente mente lo consiguió en su primer intento.
Demostrando un talento asombroso.
—¡Sylphiette, eres increíble!
¡Lo lograste en el primer intento!
—la felicidades.
—M-muchas gracias, Rudy.
Es gracias a ti —me respondió tímida.
La miré.
Sin duda, tenía talento.
———————————————— Entré a mi casa con calma, pero eso no duraría.
Paul habló delante de Zenith y Lilia, aún presentes: —Llegó el pequeño galán.
Vaya que traías loca a esa niña—dijo en tono burlón, habiendo tirado una bomba a mi tranquilidad del día.
Mi madre sonrojó exageradamente y exclamó.—¡Mi Rudy crece tan rápido, ya consiguió una noviaaa!
Kyaaaa— Lilia por su parte solo sonreía divertida.
—¡Y-yo-yo no!
¡Ella no es mi novia!
—balbuceé.
—Míralo, ya empezó a negar a su novia.
¿Qué pensará Sylphiette?
—dijo Pablo.
Y Zenith se ilumina al escuchar el nombre—¿Sylphiette?
¿Como la hija de Laus?— Maldecí por lo bajo.
Lo mejor era quedarme callado y responder con calma, pero no me lo pondrían fácil, mi madre y mi padre eran un dolor de cabeza.
Si hubiera sido cualquier otra burla no me habría afectado, pero no sé por qué me puse tan nervioso tan rápido.
Suspire e hice una nota mental, vengarme de Paul de alguna manera.
…
Los días después de que conocí a Sylphiette pasaron rápido.
Dicen que cuando disfrutas los días, estos pasan volando, y vaya que es verdad.
Esos niños siguieron viniendo a molestar a Sylphiette, pero claro, yo nunca los dejaba hacerlo.
Poco a poco me di cuenta de algo, la madre de Somar, el niño gordo, solo venía a quejarse con Paul por una razón.
Ella no estaba molesta porque golpearan a su hijo, sino que aprovechaba la oportunidad para ver a mi padre.
“Supongo que Paul realmente es muy bien parecido” Eso era bueno para mí.
En mi vida anterior mis padres no eran muy agraciados y, la verdad, tener la esperanza de que esta vez sí lo fuera alimentaba una vez más mi ego.
Ahora estaba debajo de un árbol esperando a Sylphiette.
Esta se había vuelto una rutina, jugaba con ella en la mañana y, por la tarde, volvía a casa para entrenar esgrima con Paul.
Quién diría que eso estaría a la altura de la magia.
En una lección intentó enseñarme a cortar una roca con algún tipo de energía que ni él sabía nombrar, pero sí sabía que no era maná, no lo logre pero intuyo que es cuestión de practica.
Definitivamente, Paul era un completo imbécil.
—Hola, Rudy.
¿Te hice esperar mucho?
—me preguntó la pequeña Sylphiette, cubriendo mi vista del cielo mientras yo estaba echado en la espera de que ella viniera.
—Claro que no, llegué hace poco —le respondí.
Generalmente pasábamos la mitad del tiempo entrenando su magia, y yo, a su vez, perfeccionaba la mía de tierra, haciendo figuritas cada vez más detalladas de las personas que conocía, osea mi familia y Roxy.
Entrenar con Sylphiette y ver cómo pasaba de solo poder lanzar cierta cantidad de hechizos a aumentar ese número cada día me hizo descartar la hipótesis de que yo era el único capaz de aumentar sus reservas de maná según una conversación con mi maestra, recordaba que había mencionado que uno nace con una reserva determinada y que esta no aumentaba lo que me habia llevado a esa creencia.
“Tal vez hay un límite de edad para hacerla crecer” reflexioné.
—Rudy, ¿me puedes enseñar a hacer agua caliente?
La mía siempre sale fría —me dijo Sylphiette mientras yo hacía una escultura de ella.
—Mh, claro —respondí.
Me puse frente a ella e hice una bola de agua con una pequeña llama debajo.
—¿Ves?
Tienes que conjurar fuego y agua al mismo tiempo— —Rudy, no usaste canto.
¿Por qué funciona tu hechizo?
—preguntó.
Era cierto.
La magia sin canto era poco común.
Tal vez podría enseñárselo ahora.
—Bueno, para conjurar sin cantar tienes que usar el maná igual que cuando cantas.
¿Recuerdas que sentías un hormigueo al lanzar hechizos con las manos?
—dije, recordando que la primera vez que lanzó un hechizo describió esa sensación hasta la punta de los dedos.
—Sí —respondió.
—Tienes que hacer que el maná haga exactamente eso —concluí.
Lo intentó de inmediato, pero parecía que le iba a reventar una vena del esfuerzo.
—Primero intenta cortar el canto a la mitad.
En la segunda mitad guía el hormigueo por donde debería ir —le expliqué.
Me escuchó y lo hizo de una sola vez.
—¡¿Viste?!
¡Lo logré, Rudy!
—exclamó.
—Bien hecho, Sylphiette.
Ahora inténtalo completo —le dije.
Asintió y lo logró al primer intento celebrando aun mas e incluso abrazándome de la emoción.
“¿Eso era normal?”, me pregunté.
Se suponía que la magia sin canto era especial.
Se suponía que muy pocos podían lograr esa hazaña… ¿y Sylphiette lo hacía tan fácil?
¿Acaso yo no era tan especial?
Empecé a molestarme, no con Sylphiette, sino conmigo mismo.
Tal vez aquello que creía que me hacía especial no lo era tanto.
En medio de mis pensamientos, Sylphiette me lanzó un hechizo de agua directo a la cara.
—¡Oye!
—protesté.
La vi riéndose antes de salir corriendo, lanzándome más bolas de agua.
Debo admitir que era divertido, pensé para mis adentros mientras corría tras ella y esquivar sus ataques, persiguiéndola por los amplios campos de la aldea.
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