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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 51

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51: Capítulo 50: La nueva quinta potencia mundial 51: Capítulo 50: La nueva quinta potencia mundial Año 422K Rudeus POV Me propuse subir sin maná, sin touki, sin maná de Laplace.

Mala idea.

Estaba tirado en uno de los tramos, tomando aire.

“¿En serio soy tan débil sin usar ningún truco?”, pensé.

Eso tenía que cambiar.

Tenía que entrenar mi físico.

Ya no era suficiente la resistencia que tenía normalmente.

Saqué una espada en la funda que llevaba en mi cintura y la usé como bastón.

Sin nada de touki era un humano normal, pero mi orgullo no me dejaría rendirme aun con tanta humillación.

… Frente al dogo, mi mano sobresalió y me apoyó de ella, terminando así el último tramo.

*Jadeo* *Jadeo* Usando magia curativa reactivé mi respiración y los músculos adoloridos.

“Misión cumplida”, me dije.

El lugar estaba sin custodias así que entre.

Entré al santuario sin ceremonias.

Los practicantes me miraron con asombro y, por supuesto, los murmullos no se hicieron esperar.

Miré a mi alrededor.

Los practicantes más bajos estaban en este lugar, en el palco superior parecían ser los santos y, por la chaqueta de cuero típica, un rey de la espada que me miró antes de que dos de los santos le cerraran, el los calmó y salió de mi vista periférica.

Era fácil intuir que los de abajo eran desde principiantes hasta gente de nivel avanzado.

Llegué a la puerta que llevaba al patio principal donde el sonido del combate me decía que ahí practicaba gente de rango avanzado a superior.

El rey de la espada de antes se detuvo en mi camino cuando estaba a punto de abrir el recinto interior.

—Disculpe, ¿se puede saber qué asuntos tiene para interrumpir a los ocupados emperadores y a Sword God-sama?

—dijo.

—Vengo a aprender de la mano del mismísimo Dios de la Espada —dije con naturalidad.

Él me miró dos veces antes de hablar.

—No creo que tengas el talento como para exigir eso— —Tú lo tienes —dije en burla.

—Tú…— se molesto.

Se abalanzó con un tajo.

Lo dejé pasar antes de patear la parte anterior de su rodilla.

El se desplomo agarrando por el dolor.

No tenía tiempo que perder asi que entré en el interior del santuario.

En él, cuatro figuras entrenaban y tres más supervisaban.

Las examine con mi ojo derecho con rapidiz, y una me llamó la atención.

Eris.

Su peinado corto y atuendo blanco de entrenamiento no me engañaban.

Le dirigiría la palabra, pero yo era Ryo, no Rudeus.

Tenía que mantener esa identidad.

Mi mirada paso de los practicantes a los grandes poderes del lugar.

Al frente, una figura familiar se sentaba al lado izquierdo del Dios de la Espada.

Ghislaine Dedoldia.

¿Mi maestra de antaño ahora ocupaba el puesto de emperador?

Bien por ella.

Un practicante adicional al grupo de tres personas en el cual Eris estaba, se sentó hablando con el segundo emperador, el de la mano derecha del líder y por supuesto este era parecido, probablemente su hermano.

Por fin el eco de mi entrada se asimilo en sus cabezas.

Cuando me notaron, él chico se separó y el Dios de la Espada se alzó.

—Si lograste entrar a este lugar a pesar de los que entrenan afuera, significa que has derrotado por lo menos a un santo de la espada… y sin hacer alboroto— —Un rey —dije.

—Ja… ¿qué se te ofrece, chico?

—habló mientras se tocaba la barba de chivo en su mentón.

—Quiero fortalecerme y obtener el poder para vencer a monstruos como la segunda potencia mundial —dije, ya que no podía referirme a mis otras versiones.

Se paralizó un segundo antes de voltear.

—¿Conoces a Erisia?

—Ella casi me mata en mi camino a las tierras del norte, así que sí— Sonrió.

—Está bien, pero primero muéstrame tu habilidad —chasqueó los dedos—¡Gino!— —¿Sí, Sword God-sama?

—respondió el chico.

—Derrota a ese muchacho —ordenó.

—¡Sí!

—dijo antes de ponerse en guardia y sacar la espada de práctica.

Ghislaine se paró, tomó una y me la lanzó.

Una espada simple, sin filo, perfecta para no cortar cabezas, pero sí provocar daños que te hagan más precavido.

El chico cargó y yo también.

Después de todo, el estilo requería agresividad, y aquí podía usar la que tenía guardada.

El choque inicial fue duro, pero no me detuve, retrocedí y usé Espada Larga de la Luz.

Y el se desmoronó.

El chico recibió el ataque con la espada y retrocedió antes de caer y darse un golpe directo en la cabeza contra la pared.

—¿¡Espada Larga de la Luz!?

—hablo Ghislaine sorprendida.

Gal puso una mano frente a ella y habló.

—Chico, ¿quién te enseñó eso?— —Tuve un maestro de rango rey, pero solo me ayudó hasta el nivel avanzado.

Luego imité su movimiento y lo logré cuando tenía trece años— Gal ensanchó los ojos.

—Ya veo… supongo que para ver tu habilidad tocará retarte a un nivel adecuado— —Eris, Nina, Isolte, vengan —dijo con un chasquido.

—¡Sí, Sword God-sama!

—dijeron las tres al unísono.

Eris habló con su característico tono de voz vibrante y las otras dos con tonos respetuosos.

—Derroten al chico.

Quiero que usen todas sus fuerzas y ataquen juntas— —P-pero padre…— hablo la peli azul.

—Es una orden— habló sin dar oportunidad a reproche.

Las tres se dedicaron miradas antes de girarse hacia mí y con rapidez atacaron.

Eris fue la primera, saltando para caer con todo su peso.

Usando touki en mis brazos pude despacharla, tirándola hacia mi izquierda con la pura fuerza del choque entre nuestras espadas.

Nina le siguió con un tajo desde la derecha.

Era la Espada Larga del Sonido.

Bloqueé como pude, pues el ataque fue muy veloz, y con un golpe en su costado con el lado plano de la espada, cayó, el crujir fue indicador de que ella se rompió una costilla.

Isolte, la última, aprovechó todo el intercambio para rodearme y dar una estocada al cuello.

Esquivando con dificultad me posicioné frente a ella y nuestras espadas chocaron cuando lanzó otro ataque.

Saqué mi mano izquierda del agarre antes de golpear una en el lado plano de la hoja, el retumbar la desequilibró, dándome oportunidad para patearla lejos de mí.

Para mi mala suerte en la patada pateé también mi espada y quedé desarmado.

Eris, que se había recuperado, cargó hacia mí y, ahora sin espada, tuve que esquivar tajo tras tajo.

Uno a la izquierda, otro a la derecha.

Cuando avanzó una vez más en una carga, logré asestar un golpe en el estómago que la dejó sin aire.

“Perdóname, Eris”, me dije cuando cayó al suelo agarrándose el estómago.

Todo el primer intercambio pasó en menos de diez segundos.

El segundo ataque de Eris, en cuatro, para ser exactos.

Así era la velocidad de este mundo.

Monstruosa.

Unas palmadas al aire no se hicieron esperar.

—Qué gran dominio del estilo, me sorprendes —dijo Gal con una sonrisa.

Posó su mano en mi hombro.

—Serás un digno sucesor para mi estilo— Asentí y él me sonrió.

Mientras caminábamos hacia afuera, el monumento de potencias mundiales, al que hasta ahora no le había prestado atención, me dejó atónito.

1 (Símbolo de un ángel de seis alas) Dios de la Técnica 2 (Símbolo de un dragón) Diosa Dragón 3 (Símbolo de un casco) Dios de la Lucha 4 (Símbolo de un ojo extraño) Dios Demonio 5 … 6 (Símbolo indescriptible) Dios de la Muerte 7 (Símbolo de una espada) Dios de la Espada En el puesto cinco.

5 (Símbolo de un copo de nieve) Dios de la Magia Era él… el Rudeus que derrotó a Aleksander con un solo movimiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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