Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 Capítulo 51 Eris devuelta al juego
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52: Capítulo 51: Eris devuelta al juego 52: Capítulo 51: Eris devuelta al juego Año 422K Rudeus POV *¡Quebrar!* El sonido de la madera astillándose resonó en el primer choque entre Gal y yo.
Las espadas no pudieron soportar la fuerza detrás de ambos golpes; se quebraron y sus astillas se entrelazaron entre sí.
—Ja, sabía que podría pasar eso.
A pesar de que esa madera es de la especie de trent más resistente del continente —dijo Gal.
—¿Entonces entrenaremos con espadas reales?— —Sí —respondió, y de su cinturón sacó dos espadas antes de lanzarme una—.
Espero que sean de tu agrado.
La que llevas es muy débil a comparación de esta —añadió, refiriéndose a la espada que llevaba en mi cinturón.
Agarré la espada y pasé mi mano por el filo.
Al tocarla, me cortó.
Mi dedo sangró al instante.
—Me gusta —dije, poniéndome en guardia.
—Iniciemos de nuevo entonces —dijo antes de ejecutar la Espada Larga de la Luz.
La técnica emblemática de este estilo consistía en desenvainar la hoja, dar un paso al frente y cortar.
No tenía ciencia, pero la velocidad definía si era la del sonido o la de la luz.
La de la luz cortaba el aire tan rápido que ni siquiera producía el boom sónico que la del sonido sí hacía y a su vez era tan rapida que no se podia ver.
También se podía aplicar en medio del combate, simplemente saltándote el paso de desenvainar el arma.
Como pude, bloqueé el golpe antes de lanzar el mío propio.
Gal, con una velocidad increíble, esquivó y retrocedió.
Nos observamos unos momentos.
Y entonces, el combate inició.
… Yo estaba tirado en el piso, mi cuerpo adolorido.
Me aseguré de usar el touki justo y necesario para igualar a Gal en fuerza, pero no en técnica ni velocidad.
Además, deliberadamente limité el envío de maná a mis ojos para poder perfeccionar el estilo como una persona normal, solo fajandome en la contraccion de sus musculos para imitarlo.
*Jadeo* *Jadeo* *Jadeo* —Uf, chico, sí que tienes fuerza a pesar de esos brazitos —me habló.
Mis brazos, aunque tonificados, estaban lejos de verse grandes y magros como los de Gal.
Seguí jadeando audiblemente.
Y el hombre habló.
—Recupérate y nos vemos mañana— dijo antes de ackararse la garganta y llamar.
—¡Eris!— La chica en cuestión salió de entre los arbustos.
—¿Sí, Sword God?
—dijo rápidamente.
—Por favor, lleva a nuestro nuevo amigo a una habitación y, de paso, muéstrale el lugar— —¿Una?— —Sí, es nivel emperador este muchacho.
Merece un trato acorde —dijo Gal.
Eris se molestó visiblemente, pero de igual manera me guió.
Yo tomé mi mochila, que había dejado para iniciar mi entrenamiento, antes de seguirla.
La jerarquía era muy obvia.
De principiantes a santos, dormitorios comunes separados por géneros.
Aunque los santos, al parecer, tenían un lugar apartado en el dormitorio común en el cual contaban con más espacio para ellos solos.
Los dormitorios de los de rango rey estaban apartados, individuales para cada uno, con lujos básicos y un baño común por género, más de la mitad estaban llenos.
Eris hizo una parada en su habitación, que era la de una reina de la espada.
—Con que eres de nivel rey… no parecías muy fuerte antes— Ella refunfuñó.
—Nos ascendieron hace unos días a las tres —dijo antes de hacer su característico ‘ujum’ y girarse para continuar.
Y llegué a los dormitorios de los rangos emperador.
Estos eran más lujosos, con baños personales, y solo había capacidad para seis.
Solo dos estaban ocupados.
—Al fondo, la segunda de la derecha es tuya.
La más apartada es el recinto individual de Sword God —habló una vez más Eris.
Asentí.
La miré y me di cuenta de que aún se sostenía el estómago con dolor.
Llevé mi mano a su hombro.
Ella se estremecio y casi me golpea, pero yo ya estaba usando magia de curación.
—¿Magia sin canto?
—dijo, asombrada.
—Sí, soy un mago muy capaz —le dije.
Ella se estremeció con mi toque antes de apartarse e irse a paso rápido, justo después de que terminé de curarla.
Negué con la cabeza ante la actuación habitual de la chica.
Después de todo, no podía esperar que cambiara tanto.
Entré a mi cuarto, me quité la ropa sudada, dejé mi equipaje en mi cama y me di un baño.
El agua helada no me molestó.
Había terminado de entrenar hacía unos minutos y, la verdad, casi no importaba si, cuando quisiera, podía usar magia para hacerla caliente.
Saqué las cosas importantes de mi mochila y puse las muñequeras encima de la mesita al lado de mi cama.
… De camino hacia mi entrenamiento vi a la chica peli azul mientras entrenaba.
Su dolor en su pierna era obvio, pues no podía ponerse bien en posición.
Me acerqué a ella y hablé.
—Disculpe…— —Nina, Nina Farion —habló con molestia.
—Me quería disculpar por mi rudeza en el entrenamiento anterior.
Por favor, déjeme ayudarla— —Ja, a menos que conozcas a un sanador decente, no creo que puedas— —O lo conozco… y usted lo conoció ayer —hablé.
Ella me miró sorprendida antes de seguir.
—No toques más de lo debido —dijo, aceptando.
—Claro que no lo haría a la estimada hija de Sword God —dije.
Ella se sonrojó antes de sentarse en el suelo, invitándome a usar mi magia.
Me acerqué a ella.
Una pierna rota era una herida a la cual sí tenía que hacer contacto en la zona afectada.
Tocando su muslo, pasé magia brillando en color verde.
Me levanté antes de continuar hacia mi destino.
—Magia sin canto… —susurró.
… El mes pasó volando.
Antes de la práctica diaria con Gal Farion, empecé a hacer entrenamiento físico todas las mañanas.
Una semana antes también me ordenó que ahora entrenaríamos dos veces al día.
Mi magia curativa estimulaba mi recuperación y él lo notó, pues almorzábamos a la misma hora.
Privilegios de ser de alto rango, almuerzos antes o después de la hora designada, baño privado y, por supuesto, el acceso al dojo principal, donde ahora me encontraba mientras me sentaba al lado de Ghislaine.
Ella me retó a un combate hacía un tiempo y le gané, así quedándome en el puesto a mano izquierda del Dios de la Espada.
Esto último solo me consolidó como el públicamente reconocido rango emperador que era.
Antes todos me miraban como si fuera alguien que llegó de la nada y que no merecía lo que tenía.
Con el entrenamiento matutino poco a poco logré acercarme más a Gal y también reduje el touki que usaba para pelear con él para mejorar de verdad mi estilo de combate y no tener una ventaja de fuerza contra él.
—He notado que te quedas viendo el puesto número 5 de la clasificación de vez en cuando.
¿Acaso lo conoces?
—habló Gal a mi derecha.
—Sí —dije.
—¿Y cómo es?
—Un maníaco por la batalla.
Dijo que tenía potencial después de casi matarme —respondí.
—Eso suena como lo que escuché.
Se dice que Dead End lo enfrentó y que tras su combate dejaron esos míticos pilares de hielo en la entrada a los territorios del norte— —Supongo que sí —dije, con una gota de puro nerviosismo que me caía.
“¿Hasta el Dios de la Espada conoce eso?” Los pilares no se habían derretido.
Siguieron en el lugar.
Estos, de manera literal, se unieron a las nubes como árboles y ojas, creando una zona de fuertes nevadas.
Suspiré para mis adentros ante el recuerdo del cabrón que me obligó a alejarme.
Sin duda tenía un espacio especial en mi corazón como un hijo de puta.
Ahora, con mi fuerza demostrada, todos me miraban con otros ojos.
—Disculpe, ¿me podría ayudar a perfeccionar mi estilo?
—habló Nina.
Gal alzó una ceja, consternado.
Volteé a verlo y él suspiró antes de asentir.
—Está bien— Ya había terminado mis combates del día, así que no me afectaba en nada ayudarla.
Pero noté algo, la atenta mirada de, si no mal recuerdo, Gino, el sobrino del rey de la espada.
Y este claramente tenía un enamoramiento por Nina.
Suspire antes de ayudarla en su psotura.
El día terminó y llegué a mi cuarto.
Me bañé y me eché en mi cama antes de reflexionar sobre mi estancia.
Todo fue muy bien.
Lo único “malo” era que Eris había desarrollado un raro odio hacia mí.
Incluso Isolte y Nina se abrieron a mí, pero ella no me hablaba y evitaba mirarme.
Mis pensamientos rápidamente me llevaron al mundo de los sueños.
Pero me había olvidado de algo.
Al bañarme me quité la pulsera.
Esto no sería un problema si estuviera despierto, pero dormido, aun con la visión de Hitogami tapada, él podía jalarme a su mundo.
————— Desperté en el espacio blanco y, antes de que pudiera reaccionar y darme cuenta de mi error, unas manos llegaron a mi cuello.
—¡Muere!
—gritó mientras me ahorcaba.
—Sucio niño, jalaré tu alma aquí para que te pudras conmigo —gritó.
—¡Ahora que tengo tanto dominio de este espacio, nada me detendrá de matarte desde aquí!— ————— Eris POV Yo amaba a Rudeus, pero… Él llegó y no sabía cómo sentirme.
Los primeros días fueron normales.
Yo me lastimaba mucho y él me ayudaba.
Esto me permitía seguir entrenando sin un descanso para recuperarme.
Pero él… Su estúpida cara me era tan familiar.
No era él.
El cabello y la nariz lo delataban, pero en definitiva era una calca de Rudeus.
Su actitud en privado, su sonrisa, cómo me trataba como si fuera una niña pequeña… Sabía lo que era.
Me estaba enamorando nuevamente, pero yo no quería.
Yo era solo para Rudeus.
Él me salvó, nadie más.
Y empecé a distanciarme.
Evitaba mirarlo.
Eso me hacía sentir mariposas en el estómago y eso me enfermaba.
¿Cómo podía sentir esto con Rudeus ahí afuera?
Me levanté de mi cama y fui a tomar agua debido a lo que casi hice.
Mi mano se acercó peligrosamente a mi entrepierna mientras pensaba en él, cuando se quitó su camisa en medio de la nieve, porque aun con todo el frío, el entrenamiento que llevaba era muy fuerte.
De camino a uno de los baños pude escuchar sonidos muy reconocibles para mi en su cuarto.
Sabía lo que era.
Yo había tenido pesadillas antes.
No sabía qué podía ser, pero sabía que no era bonito.
Dudé un segundo, pero fui a ayudarlo.
—Ryo, despierta —dije mientras lo movía.
Él llevó sus manos a su cuello, claramente estaba sufriendo.
Un trauma por estrangulamiento quiza.
Lo moví más fuerte y más y más.
*Jadeo fuerte* Él despertó con un audible jadeo.
Tomó aire y me miró.
—E-Eris… —habló.
Yo no respondí.
Me giré y me dirigí a mi habitación, pero él me tomó del brazo.
—Yo… gracias —dijo antes de soltarme.
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