Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 54
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54: Capítulo 53: Te odio 54: Capítulo 53: Te odio Año 422K Gino POV A mitad de este año, un chico llegó al Santuario de la Espada.
La palabra para describirlo la primera vez que lo vi fue simple.
Intimidante.
Era más alto que Ghislaine y era super fuerte.
Me venció a mí de una sola vez, y luego a Eris, Nina e Isolte, todas juntas atacando una tras otra.
Ganó el respeto de mi padre y de Gal, algo que incluso yo todavía no conseguía por completo.
Pero no me molestó eso.
Lo que me molestó fue lo que descubrí después.
Yo tenía cierta rutina secreta, consistía en escuchar a escondidas a Nina hablar con sus amigas, se que es un poco enfermiso pero cualquier información del tipo de chico que le gustara podría ser importante.
Mi oído era agudo y me enorgullecía de ello, pues podía guiarme por vibraciones y no solo por sonidos.
Y lo que escuché fue algo.
—Ese Ryo, ¿pueden creer que sea menor que nosotras?
—dijo Nina, molesta.
Eso llamó mi atención.
¿Era menor que ellas?
—¿En serio?
¿Cuántos años tiene?
Parecía tener unos 18 cuando entró —habló Isolte.
—Por lo que habló con Gal, al parecer tiene 14, y cumplirá 15 a finales de este año —respondió Nina.
—Realmente es un prodigio.
Alcanzar tal nivel con 14 años es abismal.
Pensé que Gino ya era el más talentoso— le respondió Isolte.
Eris solo miraba el intercambio sin añadir nada.
Todas ellas tenían 16.
Ryo tenía 14.
Y yo tenía 13.
Pero ser menor no reconfortó mi corazón, solo me dijo que él tenía mucho más poder a pesar de ser solo un año mayor.
Volví a entrenar con más diligencia y me preparé.
Cada día salía a entrenar y copiaba los entrenamientos de Nina y de otros Reyes de la Espada.
Pero algo empezó a molestarme aún más.
Ryo se acercaba a Nina.
Ella lo buscaba, pues él era reconocido como uno de los mejores de todo el dojo, y nunca se negaba a ayudar.
Se llevaba mejor con Nina que yo mismo y eso me hacía arder de rabia.
Es mi prima, pero yo la amaba, y sabía que nadie podría amarla como yo.
Me enfoqué.
Iba a volverme tan fuerte que derrotaría a Ryo.
Entonces Nina me pediría consejo a mí.
Cada mañana salía a entrenar, y aunque me crujieran los huesos, seguía adelante.
No podía quedarme atrás.
Él entrenaba con el mismísimo Gal Farion, el Sword God.
Para alcanzar eso, tenía que exigirme hasta que mis límites solo fueran un vago recuerdo.
… Casi dos meses desde que Ryo llegó.
Me sentía preparado para retar a un Rey y ganarle.
Decidí buscar a un rey para comprobar mi fuerza y, de paso, por fin estar en el mismo escalón que Nina.
Y él estaba en la sala que escogí para buscar.
Se estaba afeitando con la espada que mi propio tío le confió.
En el estanque que alguna vez limpié cuando empecé.
Esto era denigrante.
Trataba el dojo como si fuera su jodida casa.
—Usar el agua del estanque y la espada que te regaló el Sword God para una tarea tan asquerosa me parece una falta de respeto —le dije.
Se volteó para verme y sonrió.
Dejó caer el agua cristalina una vez más al estanque, pero ahora yo sabía que estaba sucia.
—Solo la usé para no dejar los vellos en el jardín.
Además, no creo que sea tan importante si uso la espada para eso una que otra vez —dijo con una sonrisa que me resultó odiosa.
Luego se fue, dejándome solo.
Apreté los puños.
Cada vez más, ese hombre se estaba ganando mi rencor.
Tomé aire para calmarme.
“Calma, Gino.
Lo alcanzaré… y Nina nunca más se fijará en él”, me dije.
Mi padre ya había notado mi rencor hacia Ryo.
Me dijo que simplemente lo retara, que el rencor, y más uno infantil, se resolvía con una buena pelea y de paso podría ganarme un buen amigo.
Pero… ¿Qué significaría perder?
Nina no me respetaría jamás así.
Tenía que asegurarme de ser más fuerte antes de retarlo.
Ese mismo día encontré a un Rey del Norte.
Más específicamente, el mismo que dejó entrar a Ryo a la sala principal, si los rumores eran ciertos.
Lo derroté con facilidad y le pedí su opinión.
—Eres muy fuerte.
Solo me habían derrotado así tres veces antes… y una fue el señor Ryo —dijo.
Eso me hizo saber que no estaba tan lejos.
Seguí y seguí, pero él también siguió entrenando, mejorando.
Y también hablaba con Nina, él la hacía reír, se llevaban bien y eso me hartó.
Tenía que buscar un maestro.
¿Y quién mejor que mi propio padre, el segundo más fuerte del dogo, para serlo?
—¿Quieres que te entrene?
—me preguntó despues de que se lo pidiera.
—Padre, ya vencí a Roku hace un mes y me dieron el rango de Rey.
Es hora de alcanzar el nivel Emperador— Él sonrió antes de hablar.
—Bien.
Veo que estás decidido.
Cualquiera que sea esa motivación, haz que fermente… y úsala como combustible.
Como el alcohol en una fiesta, hijo mío— Asentí respetuosamente con una sonrisa de confianza y anhelo en mi rostro.
… El sonido de mis golpes no acertados era como el de una brisa fuerte cortando el aire.
Mi padre me estaba entrenando para pelear incluso desarmado.
Esquivaba cada golpe, y mis descuidos eran recompensados con puñetazos directos a las costillas.
La rabia me hacía seguir, aunque fuera solo para lograr conectarle uno.
Cargué con fuerza hacia adelante.
Él esquivó una vez más y me dio un rodillazo en el estómago.
El aire se escapó de mis pulmones.
Respiré con dificultad y me levantó jalándome del brazo como si no pesara nada.
—Esa ira, úsala como combustible, pero no dejes que te domine.
Puede ser tu mayor arma… como también tu mayor debilidad— No respondí.
En cambio, intenté golpearlo otra vez con el claro descuido que era agarrarme.
Me sujetó con firmeza antes de que pudiera moverme.
—Muéstrame autocontrol si quieres que te enseñe— —El objetivo que buscas no lo obtendrás en un día, y mucho menos si no te esfuerzas en corregir estos errores— Lo miré dos veces… antes de bajar la mirada.
Yo solo quería vencer a Ryo.
Nada más.
Pero tenía razón.
Con eso en mente entrené más duro, corregí cada error que señalaba, por más minúsculo que fuera.
Y, por fin… empecé a avanzar de nuevo.
… Los pequeños choques nunca pararon, el era irritantemente confiado y despreocupado, además él siempre me despacha con facilidad, que si no era para tanto o que estaba exagerando, el siempre me menospreciaba.
Incluso cuando mi padre dijo que me acercaba al nivel de emperador… él lo hacía ver irrelevante.
Así que lo reté.
Ya habían pasado cuatro meses desde que llegó, y era hora de que mi progreso por fin reluciera frente a Nina.
Pero él… Él me usó como un ejemplo para Eris.
Me usó para demostrarle cómo cuidar de alguien más débil que tú sin hacerle demasiado daño.
Eso fue una humillación.
Golpeé el suelo con fuerza antes de levantarme.
La risita que escapó de la boca de Nina me confirmó que mi imprudencia me había llevado a esto.
Yo mismo quemé el poco respeto que pude haber ganado, mi esfuerzo se fue al tacho y solo pude molestarme con Ryo, sin posibilidad de vengarme.
Ahora si que lo odiaba de verdad.
—————— Rudeus POV Cuarto mes desde que llegué.
Había estado alargando y alargando todo esto.
Pero sabía que ya podía vencer a Gal.
Solo necesitaba usar el mismo nivel de touki que él.
En otras palabras, ya lo había alcanzado… pero estuve retrasando porque no quería irme.
Eris, Isolte, Nina y Gal… todos ellos se habían vuelto importantes para mí.
El trío femenino era una gran compañía y, más importante aún, me recordaban que aun podía disfrutar de la vida.
Que podía tener charlas normales sin fingir.
Y Gal… más que un maestro, se convirtió en una guía.
Siempre sabía cómo animarme y cómo ayudarme a mejorar.
Al inicio dejó claro que quería que yo venciera a la Diosa Dragón.
Incluso me llevó a la habitación privada del Dios de la Espada solo para mostrarme su propio relato de cómo Erisia casi lo mata.
De cómo ese encuentro fermentó su odio hacia la mujer que le demostró que no estaba en la cima del mundo.
Pero ya tres meses después de eso no volvió a mencionarlo.
Solo me aconsejaba.
Solo me guiaba.
Y sentí que ya no esperaba nada a cambio.
Mi dominio del estilo era motivo de orgullo para él.
Presumía de la joya que había llegado a la puerta de su casa casi por arte de magia.
Pero aun con todo eso… sabía que ya se acercaba el momento.
Como mis copias no me habían dicho nada, decidí que podía quedarme hasta que llegara el momento de iniciar el año en Ranoa o por lo menos unos meses más.
Salí de mi habitación después de tender mi cama.
Fui al bosque adyacente, cerca de uno de los últimos tramos de las escaleras del santuario, y me di un baño en el lago cristalino.
Era agradable bañarse fuera de la tina de madera de mi baño.
Después de asearme por completo, me vestí y regresé al santuario.
Al entrar, me encontré con una Eris destrozando a un adversario de nivel Santo que tuvo la brillante idea de retarla por su mano en matrimonio.
Nina observaba la escena con una mezcla de pena y diversión.
Isolte parecía incapaz de decidir si apoyar o no a su amiga.
Así que, con esas dos que no hacian nada, era mi turno de ser la voz de la razón.
—Eris, no puedes hacer eso —dije, interponiéndome para proteger al pobre hombre.
Ahora que lo notaba, era de raza bestia.
Un recién llegado.
—¡Él empezó!
—gritó con típica actitud Eris.
—Lo sé, pero evita dañarlo tanto— Tenía la pierna rota… y cuando digo rota, me refiero a que estaba doblada en un ángulo de noventa grados hacia el lado contrario.
Estaba desmayado.
Suerte para él.
Me acerqué y lo curé con magia sin canto.
De todos modos, las tres ya lo sabían.
Nunca lo oculté realmente.
Mientras caminábamos juntos hacia la sala principal del dojo, una voz habló a mi espalda.
—Ryo, ten un duelo conmigo— hablo Gino.
No hablaba mucho.
Era reservado… y claramente le molestaba que pasara más tiempo con Nina que él.
No era mi culpa que ella me buscara para entrenar y no iba a rechazarla solo porque un niño celoso rondara por ahí.
—¿Quieres pelear conmigo?
—pregunté.
—Sí.
Un duelo —dijo con solemnidad.
—Está bien— Avanzó, y lo seguí.
Las demás nos acompañaron, les gustaba ver mis peleas, ya fuera con Ghislaine o colarse a ver mis entrenamientos con Sword God.
Entramos al dojo principal, frente a Gal Farion.
Él alzó una ceja mientras ambos nos colocamos frente a frente antes de darse cuenta y reír por lo bajo.
Gino tomó una espada de madera y adoptó su guardia.
—Ponte en guardia y agarra tu arma —ordenó.
—No es necesario —dije, rodando los ojos.
Su rostro se tensó de ira y se abalanzó hacia mí.
Esquivé cada tajo con facilidad, para mi aun era lento, en uno de ellos tomé su muñeca y la aprete con fuerza, el se torció el gesto de dolor.
Con uncodazo a la cara cayó.
Solté su brazo.
Eris había visto todo, así que aproveché.
—Eris, así es como debes actuar contra alguien más débil.
No necesitas lastimarlo tanto.
Solo contrólalo— Ella hizo su típico ‘Ujum’ dd molestia y se fue a entrenar.
Gino, que ya se había recuperado, se levanto e intentó golpearme por la espalda.
Me volteé y barrí sus piernas rapidamente, en su impulso el cayó de cara contra el suelo.
Nina e Isolte se rieron de la escena en una de las esquinas de la habitación.
Se levantó sin decir nada y se fue, furioso.
Y, bueno… debo admitirlo.
Fue un poco gracioso cómo se cayó.
… Después de la humillación que le hice, alguien pareció haberse molestado.
Y bueno… era entendible.
No dio el motivo del reto, pero para todos estaba claro que solo quería ponerme en mi lugar.
El hermano de Gal Farion, Gar Farion.
Me retó personalmente.
El dojo entero se quedó en silencio cuando lo hizo., después de todo no era un simple Rey ni un Santo.
Era alguien que había estado a la sombra del Sword God durante cómodamente, pero esto parece haberle dolido, su hijo humillado era algo que no parece tolerar.
Era un monstruo veterano, su fuerza fue acorde y la pelea fue dura.
Mucho más que contra Gino.
Gar no tenía la brutalidad directa de Gal, pero su estilo era más puro más calculador.
Cada golpe iba dirigido a puntos ciegos, cada finta buscaba arrastrarme a un error.
Era el tipo de espadachín que ganaba por experiencia.
Por poco, durante los primeros intercambios apenas pude tocarlo pero al final me adapte a su estilo.
Mi espada de madera chocaba contra la suya una y otra vez, el sonido seco retumbando por todo el dojo.
Usé el tuoki habitual que usaba para entrenar con Gal y este fue suficiente oara derrotar a Gar.
Terminé imponiéndome.
Cuando su espada salió volando de sus manos y la mía quedó apuntando a su cuello, el silencio fue absoluto.
Había ganado.
Eso prácticamente me convirtió en el segundo más fuerte de todo el dojo.
—Eso fue increíble, Ryo —dijo Isolte cuando salí a cambiarme.
Nina la siguió.
—No creas que puedes vencer a mi padre tan fácil.
Él es mucho más fuerte de lo que demuestra en entrenamientos —dijo con seriedad.
La verdad… lo sospechaba, y me alegraba, aún tendría algo por que quedarme.
—Supongo que tendré que entrenar más para vencer a Gal —respondí con sinceridad.
Nina asintió, satisfecha, antes de marcharse.
—¡Felicidades por tu victoria, Ryo!
—dijo Eris con su tono retumbante característico.
—Gracias, Eris— Ella se sonrojó, Isolte y Nina rieron y ella se avergonzó aún más.
Ella se dio media vuelta y casi huyó hacia su habitación.
Sonreí sin poder evitarlo, me recordaba a la actitud que ella tenía en los últimos días antes de mi cumpleaños.
El día había terminado.
El dojo entró en reposo, como siempre antes de la hora de dormir.
Entré a mi habitación y me di un baño.
Desde que Hitogami casi me mata en su dominio… no me quitaba la pulsera por ningún motivo.
Ni para bañarse ni para entrenar, mucho menos al dormir.
Ya no pensaba bajar la guardia nunca más, sus manos en mi cuello era algo que quería olvidar.
… A la mañana del siguiente día me levanté y salí a entrenar.
En el bosque encontré un árbol lo bastante duro como para golpearlo a puño limpio y así endurecer mis nudillos.
También hice distintos ejercicios con peso, planchas, sentadillas, abdominales.
Normalmente eso no me exigirán tanto, pero había algo extra que lo cambió de un ejercicio que hacía poco o nada a un ejercicio que me hacía arder.
Magia de gravedad.
Aumenté mi peso corporal poco a poco, hasta que cada movimiento hacía crujir mis huesos y mis músculos gritaban de dolor.
Entonces reducía un poco la carga… solo lo suficiente para no romperme.
Bajo esta rutina, durante los últimos meses, mi cuerpo pasó de flaco pero tonificado… a magro y compacto.
Nada voluminoso.
Solo denso.
Como acero comprimido.
—Veo que la pasaste bien últimamente— La voz inconfundible del enmascarado llegó desde detrás de mí.
Me giré.
Entre los árboles aparecieron él… y la variante canosa pero no vieja de rostro.
El abrigo largo del más alto se balanceaba con el viento.
—¿A qué han venido?
¿Tengo que partir a Ranoa?
¿Pasó algo?
—pregunté.
—Oye, calma.
No pasó nada.
Solo venimos a ayudarte.
Te trajimos… algo… —respondió el enmascarado.
—¿En serio?
¿Qué trajeron?— El más alto extendió la mano.
Un pedazo de carne, grande, flotaba suspendido sobre su palma.
Fruncí el ceño.
—¿Qué es eso…?— El enmascarado iba a hablar, pero el otro se adelantó.
—Carne de elfo.
Elfo de orejas largas.
Cultivado por nosotros.
Mejorará tus habilidades mágicas y afinidad a esta— Sentí un escalofrío.
—¿Quieres que me la coma?— —Sí ¿No es obvio?— —De ningún modo— Hice una cruz con los brazos.
—No te hagas el payaso.
Ya comiste este tipo de cosas antes— —Eso fue diferente —gruñí.
—Rudeus, vamos… Antes el te dio la carne del clan bestia.
Con eso pudiste hacerle frente a Reida, ¿no?
—suplicó el enmascarado.
Pero ya no lo estaba escuchando.
Mis ojos se clavaron en el hombre alto.
Un recuerdo me golpeó como un martillo.
La cola, la emboscada, mis amigos, sus cadáveres.
—Tú fuiste el que me encerró… —murmuré.
Cuando estuve en territorio del clan bestia, un hombre con cola superd apareció de la nada.
Me derrotó.
Me arrastró lejos.
Por su culpa llegué tarde.
Por su culpa murieron.
El hombre chasqueó la lengua y miró molesto al enmascarado.
No quería que yo lo supiera.
—Te di el poder para enfrentarte a quien te mataría —dijo con frialdad.
Pero yo ya me había movido.
Golpe tras golpe.
Desesperado, pero ninguno conectaba, elsquivaba todo con facilidad.
Mi ojo izquierdo no veía futuro alguno donde lo alcanzará, no había, él leía mi mente y actuaba de acuerdo a ello, si veía un futuro y actuaba en base a este, él vería mi intención y cambiaría.
Entonces un dolor ardiente me llego Miré hacia abajo donde una cola atravesaba mi estómago.
La misma cola que yo podía crear.
Eso terminl de confirmar todo.
Sospeche que alguno de ellos fuera ese mismo hombre que me obligó a comer a esos dos hombres del clan bestia, pero lo descarté cuando el enmascarado me contó que tenían habilidades diferentes a la mía.
Intenté invocar la mía… pero algo bloqueaba mi maná desde dentro de la herida.
—Que murieran fue tu culpa —dijo con voz helada—Dudaste.
Vacilaste.
Si hubieras hecho lo que te pedí antes… habrías llegado a tiempo— Retiró la cola.
La sangre cayó caliente y mis piernas temblaron mientras las lágrimas salieron solas.
Lo miré con odio puro y el no reaccionó.
Solo agarró la carne y me tapó la boca obligandome a someterme a su voluntad.
Intenté apartarlo pero mis brazos no parecían reaccionar con fuerza y mi intento fue inútil.
Era absurdamente fuerte y me obligó a tragarla entera.
El sabor era metálico y podrido, totalmente repugnante.
Intenté vomitar mientras aún tapaba mi boca.
Me sostuvo la mandíbula cerrada hasta que tuve que tragar otra vez.
Caí de rodillas, tosiendo, con arcadas, lágrimas y saliva mezclados con la tierra bajo mis pies.
—Usa lo que te estoy dando con sabiduría.
Traeremos carne de más razas.
Mejoraremos tus capacidades al máximo— Se dio la vuelta.
Como si nada.
El enmascarado se quedó.
—Lo siento… pero no lo culpes solo a él.
Yo fui el enmascarado del que te habló tu padre… ¿recuerdas?— Asentí con dificultad.
—Pude haber llegado antes… pude salvar al chico demonio… pero no llegué.
Solo pude avisarle a tu padre— Su voz temblaba con culpa.
La conocía demasiado bien.
Apreté los puños, quería golpearlo, pero sería inútil.
Y en el fondo… sabía que no era el mejor y el que más me ayudaba.
Era el más débil, el más humano.
No hice nada y él se fue, siguiendo al más experimentado.
Me quedé solo, de rodillas llorando como no lloraba desde hacía años.
Las lágrimas caían sobre mis puños apretados.
Todo era mi culpa, lo sabia.
El tenían razón.
Nunca fui lo suficientemente fuerte, siempre fui confiado y arrogante en ese tiempo, no me fortalecía seriamente, para mi era todo un juego.
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