Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 55

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare.
  4. Capítulo 55 - 55 Capítulo 54 No confío en ti
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

55: Capítulo 54: No confío en ti 55: Capítulo 54: No confío en ti Año 422K Rudeus POV Mis puños sangraban.

No era por el entrenamiento, eso lo habría curado apenas lo notara.

No… Era por el odio.

El odio que sentía hacia la persona que ahora mismo hablaba con Isolte.

Una mujer anciana e inconfundible.

No era otra que Reida Reía, la mujer que asesinó a Bachiro y a Gablin hace ya tres años.

Solo verla me hacía arder en rabia.

Isolte, sin embargo, sonreía frente a ella.

Claro, era su nieta.

La anciana había venido a ver sus avances.

Entrenaron juntas en el dogo durante un rato.

Reida corrigió su postura, desvió su espada un par de veces, la derribó con facilidad… y luego, como si nada, le dejó un pergamino.

Técnicas del estilo Dios del Agua, un regalo de abuela, un gesto cálido, de la misma mujer que asesino a sangre fría a mis amigos.

Mi estómago se revolvió, ella cuidaba tan bien de Isolte y la preparaba para que ella heredara su camino, esa misma mujer que que quito todo.

Mi sed de venganza palpitó con fuerza en mi pecho, quería seguirla, seguirla en silencio.

Esperar el momento perfecto y darle un final lento y doloroso, que suplicara clemencia, que llorara.

Que entendiera, aunque fuera por un instante, el terror que ellos sintieron.

Que muriera de la forma más agónica posible.

Que sus gritos resonaran y me reconfortaran.

Mis uñas se clavaron en mis palmas.

La sangre goteó al suelo, no confiaba en ella, nunca lo haría.

Y jamás olvidaría lo que hizo, tarde o temprano lo haria pagar.

… Isolte llegó saludándome con la mano desde lejos antes de detenerse frente a mí.

—Ryo, quiero practicar contigo.

Nina y Eris están entrenando juntas y me hace falta un compañero —dijo con entusiasmo.

No respondí.

Seguí practicando, ignorándola.

—Oye, no seas grosero —hizo un puchero—¿Me vas a ayudar o no?— Me giré por fin.

—No— —¿Por qué?

—preguntó, visiblemente dolida.

—No quiero —dije secamente antes de voltearme y seguir.

Parpadeó, confundida.

—Vamos… somos amigos— suplico.

La miré a los ojos.

—No lo somos.

Y nunca lo seremos— Guardé mis cosas sin añadir nada más y me fui del lugar, dejando atrás su silencio.

… Eris POV —¿En serio te dijo eso?

—preguntó Nina.

—Sí… y lo dijo muy serio.

No creo que sea una broma… waaa… —dijo Isolte, con lágrimas estilo anime corriendo por su cara.

Isolte normalmente se comportaba recta y formal, pero eso era por su educación.

En realidad era una chica expresiva y muy cariñosa, y lo demostraba mucho con la gente cercana.

—Sniff… sniff… ¿Crees que hice algo para enojarlo?

—preguntó.

Me puse a pensar rápidamente.

Y, sorprendentemente, llegué a una conclusión.

—Tal vez es porque odia a tu abuela —dije.

Ambas se voltearon a verme, sorprendidas.

—Eris… ¿tú… usaste tu cerebro?

—dijo Nina, atónita.

—¡¿Qué quieres decir con eso?!

—grité.

—Bueno… es que, en realidad, es una buena suposición.

Ryo parecía molesto y amargado todo el tiempo que Reida estuvo en el dojo.

Solo se calmó cuando se fue— respondio.

—Sabes que también puedo pensar, ¿verdad?

—dije molesta.

—No te lo tomes a mal, Eris.

No sueles hablar mucho y cuando lo haces no usas demasiado la cabeza —dijo Isolte, limpiándose las lágrimas.

—¡Oigan!— —Eso me recuerda —continuó Nina con una sonrisa burlona—Ya no mencionas a Rudeus.

¿Por fin olvidaste a ese novio imaginario tuyo y ahora cambiaste de objetivo a Ryo?— —¡¿De qué estás hablando?!

—grité, sonrojada.

La verdad era que… Ryo me había enamorado.

No sabía qué podría pasar si Rudeus regresaba, no sabía a cuál elegiría.

Pero había algo que sí sabía.

—Incluso si me gustara… él se irá cuando aprenda todo de Gal —murmuré.

En vez de aliviar el ambiente, mis amigas se miraron entre ellas… y luego gritaron al mismo tiempo: —¡TE GUSTA!— Me señalaron con el dedo.

Mi cara ardía.

—Hmmm… —fue lo único que pude decir.

—¡Ni siquiera lo negó!

—se sorprendió Isolte.

Suspiré.

Este día iba a ser largo.

… Luego de seguir fastidiando por un buen rato, ambas se calmaron y continuaron con sus propios entrenamientos.

Pero yo me separé.

Algo que me gustaba hacer de vez en cuando era ver a Ryo entrenar en el bosque.

Él solía quitarse la camisa y golpear un tronco con fuerza.

No sabía por qué lo hacía, eso era algo fácil y muy poco productivo.

Pero lo importante, y la razón por la que venía, era cómo la luz del sol bañaba su figura.

No podía evitar mirarlo y, cuando lo hacía, sentía el impulso de apretar mis piernas con fuerza y frotar mis muslos entre sí para contener una sensación que me llenaba de calor.

Sabía lo que era… y eso me hacía pensar en qué diría Rudeus si me viera así.

Extrañamente, ya casi no me importaba, aun cuando no sabía si elegiría a él o a Ryo.

Una mano se posó en mi hombro y salté del susto.

—¡Wha!

—dije exaltada.

Al voltearme, una sonrisa extraña acompañada del rostro de Isolte me recibió.

—Eso no es muy propio de una señorita —me dijo.

—C-cállate —susurré, por miedo a que Ryo supiera que estábamos espiándolo—¿Qué haces aquí?— —Vine a ver si podía, de alguna manera, ganarme el perdón que claramente ni debería pedirle a Ryo, pero me encontré con una chica que claramente estaba complaciendo sus deseos carnales —habló en tono dramatico.

Gruñí antes de ponerme firme como pude y salir del lugar.

Esto fue lo más vergonzoso que me había pasado.

… *Clanck* *Clanck* *Clanck* El sonido del metal llenó la sala que de por sí ya estaba repleta de espectadores.

Este era el quinto mes desde que Ryo llegó y se enfrentó a Gal Farion.

Los últimos días sus entrenamientos se tornaron más caóticos.

Ellos dos estaban al mismo nivel y, al final, Gal decidió llamar a este día el último entrenamiento, y todo aquel de rango rey o superior llegó a esta sala para presenciar el choque.

Ryo golpeó con ferocidad avanzando, su técnica impecable, usando Espadas Largas de la Luz cada que podía.

Este era el momento cúspide de la batalla.

Ryo ganó terreno y todos nos inclinamos para ver, aunque sea por centímetros, un poco más de cerca el final.

Con paso firme siguió avanzando, una estocada rompió la guardia de Gal y este quedó expuesto a un ataque que hasta un Rey de alto nivel pudo haber explotado.

Pero Ryo no se movió.

Gal retrocedió recomponiéndose en el aire y aterrizando.

Ryo, por su parte, envainó su espada antes de hablar.

—Me rindo— El dojo quedó en silencio.

Todos miramos impactados este acontecimiento, claro, excepto Gal.

—Ja.

Bueno, chico, ya no tengo nada más que enseñarte —dijo antes de envainar su espada también.

El ambiente se llenó de susurros, o eso hasta que un rey bastante idiota habló.

—Ryo se rindió, Gal aún es Sword God— Algunos aplaudieron elogiando a Gal, pero la mayoría, conocedores, solo miraban con consternación la escena.

Gal levantó su mano, parando en seco todo ruido antes de chasquear los dedos.

Un santo salió de una esquina, cargando una caja de madera antes de pararse frente a Ryo y abrirla.

—Ryo, has logrado un dominio en este arte que nadie logrará.

Por favor, acepta este abrigo confeccionado para ti —habló Gal.

En la caja, a vista de todos, estaba un abrigo largo, doblado, parecido al de aventuras que usaba el propio Gal.

Ryo miró la caja, dudando antes de tomarlo e inclinarse ante Gal.

—Maestro, no podría haber llegado tan lejos sin su guía.

Atesoraré este regalo —dijo.

Gal posó su mano en su hombro antes de sonreír.

—Enorgullece al estilo del dios de la espada de ahora en adelante, Ryo —habló, evitando mencionar deliberadamente el rango de este.

La otra mitad que no aplaudió antes ahora sí lo hizo, alzando vítores por la ahora partida de Ryo.

Él se iba, yo sabía que lo haría.

Él lo dejó claro en las conversaciones que teníamos.

Suspiré.

Pero Nina… Nina no aceptó esto.

Rendirse cuando ya estabas ganando era claramente evitar la responsabilidad y, a la vez, humillar a Gal.

Claro que Gal no lo vio así, pero Nina sí lo hizo.

Ryo se marchó a recoger sus cosas y Nina lo siguió.

Isolte me miró y le asentí.

Teníamos que evitar que Nina hiciera algo estúpido.

Bajando por las escaleras, en un claro, llegamos a donde Nina y Ryo estaban.

—Acepta tu responsabilidad, Sword God —habló Nina.

—No puedo hacer tal cosa, tengo asuntos que atender —se defendió.

—Nina, cálmate, él ya había dejado claro que esto podría pasar —intervino Isolte.

—No, me niego a que un cobarde que no acepte su responsabilidad haya vencido a mi padre —dijo.

—Por favor, Nina, tú sabías que me tendría que ir —dijo Ryo.

—¡No!

Tú sabías en qué te metiste, debiste rechazar el reto —habló.

Ella iba a continuar, pero Ryo la silenció poniendo su dedo en su boca en señal de silencio.

Ella se veía molesta e iba a gritar, pero Isolte habló.

—¿No sienten que el ambiente se está poniendo frío?

O sea… más frío de lo que siempre fue —dijo temblando mientras se abrazaba en busca de calor.

Ryo dejó caer su mochila y la lanzó con fuerza moderada un poco lejos.

Volteando en una dirección, todas seguimos su ejemplo, y no decepcionó cuando encontramos con la mirada una nueva presencia.

En la rama de un árbol, una figura empezó a aplaudir.

Era de la altura de casi mi misma estatura y tenia una baraba descuidada de color cafe como el resto de su cabello.

No llevaba camisa y por ello los tatuajes en su torso fueron visibles.

—Con que Sword God, ¿eh?

Veo que me escuchaste y te has estado fortaleciendo, Rudeus— Desenvainando su espada Ryo no respondió.

La declaración cayó como un balde de agua fría, me volteé a verlo y por fin encajó.

No solo se parecía.

El pelo, seguramente era un tinte.

La nariz tal vez cambió por golpes frecuentes, Ghislaine me dijo una vez que conocio a alguien así.

Y eso apuntaba a que la persona de la que me había enamorado… era, una vez más, Rudeus Greyrat.

————— Año 420K Roxy POV Hacía un tiempo, después de que el incidente de maná había comenzado, me dirigí a Roa y encontré el epicentro de la catástrofe.

Familias rotas, gente herida y refugiados sin un hogar al cual volver se reunían en un deprimente campamento improvisado.

El aire olía a humo, barro y desesperanza.

En el centro había una tablilla con los nombres.

Algunos estaban tachados.

Otros no.

Los tachados… muertos.

Los restantes… desaparecidos.

Busqué y busqué entre la lista, recorriendo cada fila con los dedos temblorosos.

Pero alguien terminó encontrándolos por mí.

… Resultó que Paul fue un aventurero de rango S e hizo un llamado a su antiguo grupo para que lo ayudaran a buscar a su familia.

Talhand acudió.

Dijo que apreciaba al chico… o al menos eso afirmó con su habitual gruñido.

Nos dirigimos él y yo juntos al Continente Demoníaco, donde pasamos por más de una situación extraña.

Criaturas hostiles, pueblos desconfiados y rumores inquietantes en cada taberna.

Uno de esos rumores nos lo dio un hombre bestia con rasgos de caballo, un viejo compañero de aventuras, mi amigo Nokopara.

—Dead End es un niño maníaco, de pelo blanco y mechones verdes.

Puede matarte con un solo hechizo.

Evita enfrentarte a él —dijo con seriedad.

Talhand frunció el ceño.

—¿El chico era de raza humana?

—preguntó.

—Imposible.

Yo vi con mis propios ojos la cola de los superd jovenes… además llevaba otra.

Y al llamarse Dead End, estoy seguro de que mató al original y tomó su nombre —respondió con miedo.

—Ya veo… —suspiré antes de seguir mi camino.

… Yo quería poder hablar como los demás aquí, pero no podía.

Cuando paseé por la aldea incluso sentí celos de los niños que jugaban, comunicándose entre ellos con total naturalidad por telepatía mientras reían.

—Ya llegué —dije al entrar a mi casa para visitar a mis padres.

—¡Roxy!

—dijo mi papá, emocionado.

Yo no expresé nada más y él se quedó callado por un segundo, incómodo.

Eso era lo que pasaba cuando uno no tenía las habilidades de esta tribu.

Sentirse fuera de lugar venía de forma natural.

Mi madre habló antes de que el silencio se volviera demasiado tenso.

—Oye, tu estudiante llegó hace uno año ¿El chico Rudeus se llamaba, no?

—dijo, mirando a mi padre.

—Ah, sí… Rudeus —murmuró.

—¿Rudeus estuvo aquí?

¿Por qué?

¿Cómo está?

—pregunté exaltada.

¿Cómo llegó aquí…?

—Calma, está bien.

La última vez que lo vi —se pausó antes de continuar—Llegó al continente por esa extraña luz que cubrió el cielo.

Se quedó unos días y luego se fue a buscar al resto de su familia— Suspiré aliviada.

—Te preocupas mucho por él, ¿eh?

—dijo mi madre con una sonrisa suave.

—Es mi estudiante más talentoso… y se ganó mi cariño a lo largo de los años —respondí—Bueno, tengo que irme.

Estoy buscando al resto de su familia— Mi padre se entristeció visiblemente.

Pero mi madre… mi madre se quebró.

Soltó un llanto desgarrador.

—P-perdón… Sniff… me prometí no llorar, pero… Sniff… me alegra tanto que estés bien…— Yo había sido una mala hija, lo sabía.

Un ejemplo de hijo excelente… ese era Rudeus.

—Perdónenme, sé que fui una mala hija.

Prometo escribir cartas —dije antes de acercarme a los dos y abrazarlos con fuerza.

… Me quedé en la casa de mis padres por unos días y luego nos fuimos.

Le preguntaron a Talhand si él era mi novio al segundo día, pero respondió con total sequedad: ‘Me gustan los hombres’ dijo.

El cambio en la cara de mi padre, pasando de expectativa a pura incomodidad, fue invaluablemente gracioso.

Después de eso volvimos a pasar por Rikarisu y llegamos una vez más a Wind Port.

Allí, Talhand encontró un tesoro invaluable gracias a su amabilidad.

Kishirika, la Emperatriz Demonio, se había reencarnado en una niña pequeña y escuálida.

Por nuestra generosidad, nos ofreció concedernos un favor, uno de sus ojos demoníacos o, si queríamos, usar sus ojos para buscar algo.

Rechazamos amablemente la primera propuesta y le pedimos que encontrara a la familia de Paul.

Por primera vez en mucho tiempo estábamos logrando un avance.

Ya habían pasado dos años buscando en este continente.

Cuando entramos era el año 418K… y ahora estábamos saliendo en el 420K.

—Oh, sí, ya los encontré —dijo Kishirika con despreocupación.

—Describe los lugares —pidió Talhand con prisa.

—La pelirroja y su hija están atrapadas en una ciudad con muchos príncipes y una pésima distribución de edificios— Shirone.

Era inconfundible.

—La rubia está lejos… creo que en el continente Begarit.

No puedo verla bien, probablemente esté atrapada en un laberinto— —Begarit…¿Laberinto?

—murmuró Talhand, nervioso.

—El hombre y la niña pequeña están en una ciudad bonita, con muchos lagos e iglesias— Eso sería Milis, probablemente.

—Y el chico, o… —se detuvo.

Su expresión cambió.

—¿Qué pasa?

—pregunté.

—Bueno… él está… está mal, ¿saben?

Tan mal como se puede estar.

Está siendo empalado y atravesado por varias armas…— Mis ojos se abrieron de golpe.

—Y lo están enterrando vivo.

Pobre diablo… sí que debió enojar a ese señor con túnicas blancas —añadió, casi con curiosidad.

Caí de rodillas.

Rudeus… estaba siendo asesinado.

—¿D-dónde…?

—pregunté a duras penas.

—Parece estar cerca de la ciudad donde están el hombre y la niña —respondió.

Un sollozo escapó de mi garganta antes de salir corriendo hacia la posada, no podía hacer nada y eso dolia más incluso del hecho de saber lo que le pasaba —Oye… ¿no podrías buscar a alguien más por mí?

—preguntó Talhand mientras me alejaba.

… Salimos del lugar y fuimos rumbo a Milis para contarle a Paul e ir después a Begarit y Shirone por Zenith.

Tardamos más de lo esperado.

Las temporadas de lluvia nos frenaron varias veces y solo llegamos tras casi un año y medio lleno de complicaciones.

Cuando entramos al gremio, allí estaban.

Paul… y un nuevo grupo.

Bebiendo.

Riendo.

Mi sangre hirvió.

¿Cómo podía estar tan feliz después de lo que le pasó a Rudeus?

Me acerqué y aparté su jarra antes de que diera otro trago.

—Oye, imbécil, ¿qué estás haciendo?

—¿Roxy?

—se giró sorprendido.

Luego vio a Talhand—.

Talhand… ustedes… —Mis condolencias por lo de tu primogénito, Paul —dijo Talhand con voz grave.

—Oh… con que saben eso… —murmuró, bajando un poco la mirada.

Eso fue todo, nada más.

Ni rabia.

Ni dolor.

Ni desesperación, solo… aceptación.

—Sí que lo sabemos —apreté los puños—.

¿Cómo puedes estar tan tranquilo con lo que le pasó?

Paul suspiró.

—Tranquila… lo superará.

Es fuerte— Sentí que algo dentro de mí se rompía.

—¿De qué mierda hablas?

—mi voz tembló—.

¿Cómo puede superar la muerte?— Las lágrimas empezaron a caer antes de que pudiera detenerlas.

Paul se detuvo y me miró sorprendido antes de parecer entender lo que dije, pero no pare.

Era la primera vez que reaccionaba así.

Yo, que siempre hablaba con calma.

Yo, que siempre era racional.

Ahora estaba gritando.

Mi tono seco y cortante se mezcló con una rabia que nunca antes había mostrado.

—¡Está muerto, Paul!

¡Lo estaban enterrando vivo!

¡¿Y tú estás aquí bebiendo como si nada?!— … Paul nos contó que Rudeus lo logró.

Apenas… pero lo logró.

Incluso después de quedar lisiado, siguió adelante por su cuenta y consiguió traer a Aisha y Lilia a salvo, con quienes nos encontramos más tarde en la posada.

—Zenith está en Begarit, en un laberinto probablemente —terminó el relato Talhand tras explicar lo que Kishirika nos había dicho.

—Ya veo… —murmuró Paul, pensativo—.

Entonces enviaré a Elinalise a buscar a Rudy ya que estamos.

Ella hace de intermediaria con las cartas cuando pasa por Asura.

—¿Elinalise está bien?

—preguntó Talhand.

—Sí.

Tuvo un contratiempo con unos hombres, pero al final dijo que ellos la ayudaban y ella los ayudaría a ellos.

Incluso comentó que le curaron… ya sabes qué.

Talhand parpadeó un segundo.

—¿En serio?

¡Ja!

Me alegro por ella.

El ambiente, que antes estaba tenso, se alivianó un poco.

Las risas regresaron.

Pero yo no pude reír, apreté mi bastón con fuerza.

Porque, aunque Rudeus hubiera sobrevivido… Ese ‘apenas’ seguía pesando demasiado en mi pecho.

Aun con todo eso, nos preparamos, partiriamos a Begarit.

… Paul río en su silla.

—Pasa algo— pregunte.

—O, es que mira nada mas, me llego esta última carta de Rudy, no escribió más y aunque es preocupante mirale el lado bueno— —Como podría ser bueno eso— fruncí el ceño.

—Bueno, es que Rudy consiguio novia— —¡¿Que?!—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo