Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 56
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56: Capítulo 55: Segundo encuentro 56: Capítulo 55: Segundo encuentro Año 422K Narrador POV El paisaje prístino, lleno de vegetación, fue cubriéndose lentamente de escarcha.
Bajo la pura aura que emanaba el Rudeus alternativo, el paisaje lleno de vida descendió de temperatura con rapidez, como si el invierno hubiese llegado en un instante.
Sin decir una sola palabra más, ambos hombres, polos opuestos entre sí, corrieron el uno hacia el otro.
Las manos del más experimentado se congelaron, tomando un tono celeste helado, mientras su contrincante sacaba la espada de la funda y ajustaba el escudo en su muñeca.
Cuando el choque llegó, no hubo sonido de metal golpeando metal, sino de nieve siendo raspada.
La espada no pudo cortar el brazo reforzado con hielo y, con la otra mano, el mayor dirigió un golpe directo al torso del más joven.
Rudeus activó el escudo de su mano derecha, bloqueando el impacto, pero la fuerza lo empujó hacia atrás.
Recomponiendose una vez más, ambos tomaron carrera, aunque esta vez evitaron chocar de frente deliberadamente.
Rudeus lanzó la Espada Larga de la Luz en forma de estocada, combinando su estilo del Dios del Norte con la técnica estrella del Dios de la Espada.
Evitando el corte por puro instinto, el contrario aprovechó que el ataque era una carga hacia adelante para asestar un golpe en sus costillas.
Rudeus retrocedió, sintiendo el frío del hielo extenderse por la zona golpeada.
Incluso los contactos más breves transmitían una enorme energía.
Su oponente no pudo seguir castigándolo, pues las tres mujeres que salieron de su estupor se lanzaron contra él en un ataque coordinado.
Aunque aquella táctica no funcionó antes contra Rudeus, ellas habían analizado sus fallas de esa ocasión y esta vez no cometerían el mismo error.
Eris fue al frente, cortando en diagonal desde la derecha.
El hombre esquivó y bloqueó con el antebrazo la estocada de Nina por la izquierda, antes de retroceder ante el corte descendente de Isolte.
Rudeus se unió al ataque y los cuatro cargaron al mismo tiempo.
Esperando a que se acercaran, el hombre liberó una onda de choque en todas direcciones.
Una fina capa de hielo cubrió a cada uno.
No les causó daño, su función principal era alejarlos.
A pesar de la fuerza, Rudeus se mantuvo en pie, mientras las otras tres fueron enviadas por los aires.
Si el touki era mana comprimido usado para reforzar el cuerpo, entonces también podía manipularse como mana normal.
Rudeus cubrió sus manos de touki y luego las encendió en llamas.
El fuego quemó su piel, pero al mismo tiempo evitó el congelamiento cuando lanzó un puñetazo.
Las llamas también recubrieron la espada, volviéndola perfecta para cortar.
Sintiendo el peligro real, el otro retrocedió ante el tajo y lanzó un chorro de agua a presión desde la mano.
El agua disipó las llamas por un instante y envió la espada lejos.
Los dos chocaron las palmas con fuerza.
Rudeus trataba de soltarse para golpear, pero el otro lo mantenía firme, empujando sin ceder.
El hielo y el fuego no surgían; ambos manas se neutralizaban antes de tomar forma.
El terreno retumbó por el choque.
Rudeus se tambaleó, perdiendo el control del agarre.
Sacudiéndolo hacia la derecha, el hombre se soltó y asestó un golpe descendente directo a su cabeza.
Rudeus se estrelló contra el suelo, pero se recompuso con rapidez y bloqueó el siguiente ataque con el escudo.
—Será mejor que te prepares, ahora si esto va en serio— dijo emocionado el hombre.
Sintiendo cómo su rival cargaba más touki en los puños, Rudeus habló para evitar que imprudentemente las demás atacaran.
—Déjenmelo.
Esta lucha es mía— Esa simple declaración detuvo a las tres de cargar.
Ayudar en una pelea después de oír esas palabras sería considerado una falta de respeto grave, y las tres habían crecido bajo esa norma.
—Buena elección.
Esta pelea no es apta para mujeres tan débiles— Saltando el hombre deio un golpe de martillo el cual fue bloqueado.
Gruñendo, Rudeus deshizo el escudo y esquivó al mismo tiempo el descenso del golpe.
El puño siguió su camino y se enterró en el suelo, haciendo temblar el terreno montañoso.
Los constantes castigos a la tierra sagrada serían detectados tarde o temprano.
Y más temprano que tarde, Gal Farion abrió los ojos mientras permanecía sentado, reflexionando sobre la partida de su último alumno.
Gino y su padre entrenaban frente a él.
—¿Pasa algo, hermano?
—preguntó el hombre ante el cambio de expresión repentino de Gal.
—Sí…— Otro retumbar, más fuerte, hizo que Gino tropezara.
—¿Qué mierda…?— Gal salió del dojo, decidido a ver qué estaba perturbando el ambiente sagrado del estilo Dios de la Espada.
*Retumbar* Ese fue el atronador sonido cuando una roca en lo alto de la montaña cayó, producto de las vibraciones de la batalla entre los dos Rudeus.
—Eso es… muéstrame la fuerza que ganaste— Un puño golpeó su rostro.
Con magia de gravedad, Rudeus atrajo su espada, enterrada a varios metros.
La tomó al vuelo y, mientras el otro retrocedía por el golpe, la hundió en su estómago.
Respondiendo a la puñalada, el hombre pateó hacia adelante.
Ambos retrocedieron, uno evitando el golpe, el otro ganando distancia.
La distancia que tomaron fue exactamente lo que necesitaban para lo que venía.
Como una sombra cayendo desde el cielo, Gal Farion apareció con la Espada de Luz perfecta.
El corte atravesó el costado del hombre, enterrándose entre sus costillas más bajas.
—¡Lárgate de mi territorio!
—rugió Gal.
El herido sonrió.
—Hitogami me dijo que, si no iba a matar a Rudeus, al menos te matara a ti— dijo mientras Gal seguía enterrando la hoja.
—Supongo que puedo hacerle ese favor— Gal se tensó al oír ese nombre.
No esperó a que el otro desenterrara la espada y lo apuñalara con la misma y lo alejara.
Cayendo de espalda, con su cabeza apoyada en una roca miró hacia abajo.
El mango de su propia espada estaba sujeto por el enemigo y, en un instante, carne y metal se fusionaron por el hielo y la escarcha que cubrieron la herida.
—Con eso… es suficiente— Lo pateó lejos, rompiendo parte del mango e imposibilitando extraer la hoja.
—¡Nooo!
—gritó Nina.
Eris e Isolte miraron con estupor lo sucedido.
El intercambio apenas había durado unos segundos.
Rudeus se abalanzó con furia contra el hombre que había apuñalado a su maestro, mientras Eris corría a asistir a Gal.
Desesperado por derrotarlo, Rudeus atacó incansablemente, pero entre su lluvia de golpes llegó uno del contrario que sí conectó.
Lo jaló del brazo y ambos se desplazaron hacia el desnivel que llevaba al santuario.
—Parece que la muerte de tus amigos te motiva a hacerte más fuerte.
Tal vez la de este hombre te ayude aún más —dijo, refiriéndose a Gal.
El hielo cubrió finalmente el cuerpo de Rudeus, bloqueando todo uso de mana, incluido el touki.
Eris corrió hacia él para curarlo sin pensar, una decisión imprudente.
—¿A dónde crees que vas?— La sujetó por el cuello.
—Dos es mejor que uno, ¿eh?
Bueno… esta niñita se lo tiene merecido de todos modos— La rabia de Rudeus explotó.
Se concentró en el mana de Laplace que inundaba su ser y lo activó de golpe.
La regeneración venía con algo mas.
Siempre lo supo.
Antes no podía usarlo… pero ahora sentia que latía por salir.
El poder lo invadió.
El hielo a su alrededor se derritió cuando una llamarada lo reemplazó.
Sus heridas sanaron a gran velocidad.
Dos cuernos brotaron de su frente.
Su cabello se decoloró con el calor y el vapor que emanaba su cuerpo.
El amarillo brillante fue reemplazado primero por blanco con mechones verdes y luego por un blanco puro.
Sus venas se marcaron con el tono morado característico del clan inmortal de sangre pura.
Con un doble martillazo sobre el brazo que sostenía a Eris, grito.
—¡No la toques!
— Eris cayó al suelo, tosiendo, antes de correr de nuevo hacia Gal.
Un golpe en el estómago elevó levemente al enemigo.
Este cruzó los brazos en forma de “X” para bloquear el siguiente impacto y, a la vez, empujó hacia adelante para abrir una brecha.
Pero el segundo golpe estaba cargado con un touki denso y brutal.
El doble impulso lo lanzó hacia el cielo a gran velocidad, y Rudeus saltó tras él.
Mientras uno ardía en llamas y el otro se cubría de hielo, alcanzaron una gran altitud.
Rudeus pateó hacia abajo, enviándolo en picada.
Impulsándose en el aire con magia de viento y atrayendo su espada con gravedad, se preparó para el golpe decisivo.
La espada llegó a su mano.
Al alcanzarlo le chocó sobre él con su hombro antes de apuñalarlo con la espada llameante.
… (Cambio de perspectiva) Gino POV —Padre, el Sword God se está tardando demasiado… ¿crees que esté teniendo problemas?— pregunte.
—Es una posibilidad —respondió.
Los temblores no habían parado desde que se fue, aunque ya no eran tan constantes.
De pronto, el sonido de algo cayendo llegó a mis oídos.
Ryo… junto con otro hombre… cayeron dentro del dojo.
Atravesaron el techo y el piso de madera, abriendo un hueco bajo la sala.
Al construir, el terreno no había sido completamente llano, así que quedó un pequeño espacio vacío debajo donde ahora se estaban golpeando.
Odiaba a Ryo… pero ya no era ciego ante la verdad.
Salté con mi espada.
Con un simple revés, me devolvió volando junto a mi padre.
—Sal de aquí, mocoso de mierda —escupió, antes de volver a intercambiar golpes con Rudeus.
Me preparé para atacar de nuevo, pero mi padre me agarró de la muñeca y me sacó del dojo.
—¿¡Qué haces!?— —Esos dos pelean con demasiada fuerza.
El dojo no va a aguantar.
En ese momento volvi al mundo real y senti que cada golpe hacía vibrar el lugar.
Ghislaine, que estaba a nuestro lado, también salió.
—Alertaré a los de rango Rey para que guíen la evacuación.
Saca a tu hijo de aquí —le dijo a mi padre antes de irse.
Mientras corríamos mi padre gritaba que abandonaran el dogo y la orden fue acatada con presura.
Los principiantes e intermedios bajaron por las escaleras, los demás, para no generar caos, descendimos a saltos por la ladera.
Ghislaine nos volvió a alcanzar.
—Ya están todos fuera.
Si Gal no ha detenido esto… es probable que tengas que tomar el manto de Sword God, Gar— Mi padre asintió.
Entonces, un crujido llenó el aire.
Una gran parte de la montaña comenzó a desprenderse.
Encima venía medio templo, incluido la entrada.
La caída fue tan repentina que varios nos quedamos paralizados.
Mi padre, Ghislaine y varios de rango Rey lograron detener parte del derrumbe para que no nos aplastara.
Aun así, algunas rocas cayeron sobre otros, llenando de gritos el lugar.
Corrí a ayudar a sostenerla una junto a ellos.
—Gino, Ghislaine, todos… salgan de aquí.
Yo la aguantaré —dijo mi padre.
—¡Pero, padre…!— —Hazte más fuerte y conviértete en Sword God.
Toma mi espada, reconstruye este lugar… y mata a quien sea que provocó todo esto— dijo mientras sus venas se abultaban por que los reyes más cobardes dejaron de ayudar apenas dio la orden.
Ghislaine volteo a ver a mi padre antes de asentie e intentar agarrarme, pero no me deje.
Yo me quedé.
Entonces me pateó.
—Gino… te amo— dijo mientras todo el peso caia sobre el y una que otra vena parecía querer reventar.
Mientras me levantaba a volver y ayudarlo, vi casi en cámara lenta cómo los dos hombres que peleaban arriba caían uno después del otro.
El impacto hizo temblar la roca.
Frente a mí, vi cómo las piernas de mi padre cedían hacia atrás, quebrándose y dejando el hueso al aire todavía firmes en su posición.
Su cuello se dobló intentando resistir el peso.
Y luego… Su cuerpo entero fue comprimido.
Su cinturón explotó y mandó su espada en mi dirección, salvándose de ser aplastada.
Mi padre fue convertido en una pasta de sangre que me salpicó.
Y todo ocurrió en menos de dos segundos.
“…” Las lágrimas nublaron mis ojos.
Miré con odio las figuras que seguían peleando sobre el pedazo de piedra que había matado a mi padre.
Agarre mi espada y pensé en ir a matar a ambos, pero una mano me agarró el brazo.
—Señor Gino, usted es el futuro.
Debemos irnos.
Hay que buscar refugio —dijo Roku, el Rey de la Espada al que alguna vez derroté.
Miré a mi alrededor.
Ghislaine ya estaba regresando al combate.
Seguramente moriría.
Resignado, seguí a Roku, era hora de perfeccionar mi habilidad y vengarme.
Ryo… no pudo llevar su lucha a otro lado.
No pudo morir solo, tuvo que traer la muerte a mi padre.
Él me quito todo, uno por uno.
Y yo le haría pagar.
… Narrador POV Cuando aterrizaron en el dojo, cayeron dentro de una cavidad subterránea y Rudeus saco su espada para seguir usandola.
Gino saltó para ayudar a derrotar a la variante de Rudeus, pero con un simple revés con el dorso de la mano fue despachado de un solo golpe.
Rudeus perforó hacia adelante con la espada.
La hoja, cubierta en fuego, logró penetrar el hielo endurecido y abrió varias heridas.
—¡Eso es!
¡Muéstrame todo tu poder!
—gritaba el hombre, eufórico.
Con un hechizo de chorro de nieve, mando lejos la espada Dejando de bloquear, ambos comenzaron a intercambiar puñetazos sin cuidado.
Rudeus golpeaba su rostro con furia, mientras el otro castigaba su estómago.
Con un puñetazo especialmente fuerte, Rudeus lo estrelló contra una de las paredes rocosas que los rodeaban.
Lo empujó contra la piedra y siguió destrozándole la cara hasta que la pared comenzó a agrietarse.
Un estruendo retumbó.
El hombre, aún sonriendo con euforia, sujetó a Rudeus por los hombros y volteó la situación.
Rudeus logró defenderse de la mayoría de los golpes, pero aun así recibió golpes y heridas.
Ambos se regeneraban casi al instante, por más pequeñas que fueran.
Eso hacía que, pese a toda la fuerza empleada, ninguno cayera.
La pared finalmente cedió, arrastrando consigo parte del dojo bajo el que estaban.
Rudeus golpeó desde abajo el estómago de su oponente y luego lo pateó, apartándolo.
Cargó balas de piedra y atrajo su espada de nuevo antes de lanzarse al ataque.
Un muro de hielo se interpuso.
Las balas de tierra no lo atravesaron, pero la espada envuelta en fuego sí.
El corte impactó y se enterró entre el hombro y el cuello.
El hombre sujetó la muñeca que empuñaba la espada y contraatacó, soltando sólo cuando el golpe conectó, enviando a Rudeus rodando.
En menos de dos giros, salió del improvisado ring y cayó hacia abajo por donde la grieta dejo caer parte de la montaña.
El hombre lo siguió con un impulso.
Con un golpe de martillo lo estrelló contra el suelo, y a pesar del intento de Rudeus de amortiguar con gravedad el impacto fue fuerte.
La gran parte que había caído de la montaña se terminó de hundir, y los gritos de los practicantes del dojo llenaron el aire.
Aterrizó sobre Rudeus, que intentaba recomponerse, continuó golpeándolo sin piedad.
La regeneración de Rudeus comenzó a fallar.
Los rasgos demoníacos que había obtenido se desvanecieron, dejando solo el tercer ojo en su frente.
—¿Qué?
¿Ya se te acabó la energía?
—gritó molesto.
Entonces Ghislaine apareció, cortando el aire con un salto desde lo alto.
El hombre se apartó.
El tajo terminó clavándose en el hombro de Rudeus.
—¡Agg…!
—gruñó él.
—Lo lamento, pero tenemos que vencerlo a toda costa —dijo ella, solemne.
El hombre la miró con desprecio.
—¿La puta de Paul?— grito con un carcajada seca.
—No soy de nadie más que de la familia Boreas —respondió con firmeza.
—Ja.
Eso suena a que Sauros te folla ese culo duro tuyo—se burló.
Ghislaine gruñó h Rudeus volvió a ponerse en pie.
En un entendimiento tácito, ambos corrieron hacia él.
Rudeus llegó primero y lanzó un tajo con su espada.
El hombre lo esquivó, le dio un golpe seco en las costillas y luego recibió el corte de Ghislaine con el antebrazo.
Aun así, alcanzó a sujetarle el brazo, lo quebró de un tirón y la arrojó lejos.
—¿Eso es todo?
¿En serio solo viniste a aprender unos truquitos con espadas?— Rudeus volvió a cargar, pero esta vez él no esperó.
Un chorro de nieve a presión salió disparado de la mano del hombre cortandole el paso antes de correr hacia él y lanzó un puñetazo.
Rudeus saltó hacia atrás, esquivando el gancho, pero desde el suelo, justo donde el hombre había pisado, surgió una estalagmita de hielo que le atravesó el estómago.
—¡Ghk…!— Rudeus se retorció, quebró el hielo con fuerza bruta y se arrancó la punta congelada mientras su regeneración intentaba recomponer el daño.
Mientras el hombre reía por lo bajo tres figuras más salieron de entre los escombros.
Saltaron al mismo tiempo.
Eris descendió desde arriba, apuñalando hacia abajo, olvidando el estilo del Dios de la Espada.
Desde la derecha, Isolte cortó con fluidez usando el estilo del Dios del Agua.
Desde la izquierda, Nina ejecutó la Espada Larga de la Luz.
Las tres a la vez.
El hombre esquivó el primero y pateó a Eris en pleno aire, dejando que los ataques de Isolte y Nina chocaran entre sí.
“Buen plan.
Mala ejecución”, pensó.
Sin darse cuenta de que alguien más venía por detrás.
Un golpe le estrelló el rostro y lo hizo caer de rodillas.
Atrapó el segundo puñetazo con la mano y apretó, congelando la extremidad en su agarre helado.
Pero Rudeus ya estaba llamando su espada con magia de gravedad.
Aprovechando el instante de concentración del hombre, condensó todo su touki.
Llamas moradas envolvieron la hoja y con un tajo horizontal, limpio e instantáneo, la cabeza salió volando.
Un chorro de sangre brotó mientras el cuerpo caía ahora si en ambas rodillas, encorvarse hacia adelante.
La cabeza cayó rodando y Nina se acercó sin dudar a ella.
Clavó su espada justo en el centro de la frente de la cabeza cercenada.
Lágrimas corrieron por sus mejillas, no dijo nada.
Solo caminó hacia el destrozado dojo solo voteando cuando Rudeus se acercó.
Pisó la cabeza.
La aplastó, esparciendo sangre y hueso por el suelo.
Ghislaine, a un lado, sujetándose el brazo roto que la había dejado fuera de combate, habló: —Tus botas…— dijo no con preocupación, sino con asco enmascarado de neutralidad.
—No importa —respondió él.
Se las quitó y comenzó a subir la tierra destruida que alguna vez fue el santuario del estilo Dios de la Espada.
Las mujeres lo siguieron.
En donde la lucha había iniciado estaba Gal.
La espada seguía enterrada en su costado, el hielo aún rodeaba la herida.
Rudeus se arrodilló y apoyó la mano en su pecho.
Intentó curarlo.
—No va a servir… Eris ya lo intentó —murmuró Gal.
—¡Padre!
—gritó Nina.
—Deja de hablar, te vas a morir si no te curo —dijo Rudeus con desesperación contenida en una seria expresión.
Gal sonrió débilmente.
—Dead End… lo sospechaba… pero ese cabello… lo confirma…— —¡Cállate!— le dijo para que dejara de hablar.
—El hielo… no se derrite… mi corazón… solo late porque lo estoy forzando…— dijo y escupió sangre.
Rudeus detuvo la curación.
Nina se cubrió el rostro, llorando.
Sabía por qué se había detenido.
No había nada que hacer, moriría sin importar que, Rudeus no tenía el nivel para curar a alguien mas de eso.
Gal miró a su hija una última vez.
Luego a Rudeus.
—Cuida… a mi hija… Sword God…— Sus ojos se blanquearon.
Y dejaron de moverse.
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