Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 57
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57: Capítulo 56: De caceria 57: Capítulo 56: De caceria Año 422 K Rudeus POV Agarré la mochila, que por suerte sobrevivió a la pelea, y tomé la gabardina que Gal me había regalado poniéndomela.
Después de curar el brazo de Ghislaine, subimos al dogo destruido a paso lento.
O más bien, yo subí y las demás me siguieron.
Saqué un pergamino de sellado y guardé todo el conocimiento que pude de la habitación de Gal.
Libros, notas, técnicas y también su riqueza.
No era mucha, pero sí suficiente para lo que tenía en mente.
“Supongo que puedo hacerle este favor”, me dije.
Me detuve y observé la tabla de clasificación de Potencias Mundiales.
Tras la batalla, el tablón había quedado intacto… pero los caracteres habían cambiado.
1 (Símbolo angelical) Dios de la Técnica 2 (Símbolo de dragón) Diosa Dragón 3 (Símbolo de casco) Dios de la Lucha 4 (Símbolo de ojo) Dios Demonio 5 (Símbolo de espada) Dios de la Ira 6 (Símbolo de nieve) Dios de la Magia 7 (Símbolo extraño) Dios de la Muerte —Dios de la Ira… ¿eh, Ryo?
—dijo Ghislaine mirándome.
Sin responder, me di la vuelta y seguí caminando.
Atravesamos el centro poblado de la Tierra de la Espada y tomamos rumbo a Ranoa.
Mi brazo seguía sin descongelarse, y eso empezaba a preocuparme.
Nos detuvimos cuando cayó la noche, sin mirar, lancé mi espada.
Atravesó el cráneo de un ciervo que comía tranquilo a lo lejos y me dirigí hacia él antes de iniciar una fogata junto al cuerpo que había cazado y, sentado en el suelo, arranqué una pierna para asarla.
Las demás siguieron mi ejemplo, tomando cada una una extremidad.
Cuando no quedó nada, Nina se quedó quieta, sin saber qué hacer.
Suspiré, coloqué el torso sobre dos piedras que cree con magia a modo de soporte y lo puse al fuego.
Luego le tendí a Nina la pierna a medio cocinar y ella aceptó el gesto.
—¿Vas a tomar el manto de mi padre?
—preguntó.
—¿Me dejarías seguir mi vida si no lo hiciera?— Eso respondió su duda.
Yo la protegería.
Tal como Gal me lo pidió con su último aliento, es lo que le debía al hombre, lo mínimo que debería hacer.
—Rudeus… —murmuró Eris.
—No me llamen así— —Ninguna use ese nombre.
Nos traerá problemas.
Ya vieron lo que pasó— Ghislaine pareció confundida, pero asintió.
No preguntó nada y eso lo agradecí.
Pasando un rato comimos en un silencio cómodo, hasta que Ghislaine habló.
—Eris, como el Santuario de la Espada fue arrasado, no tenemos forma de contactar a los Boreas.
Debemos ir a Neris con Alphonse para avisar y coordinar encuentros— El silencio volvió a caer.
—Iré con ustedes —dije.
—¿¡En serio!?
—Eris sonrió emocionada.
—Alguien tiene que cuidarlas.
Además, Neris está cerca de mi destino.
Es solo un pequeño desvío— Nina miró al suelo antes de hablar.
—¿A dónde vamos a ir?— —Ranoa.
Tengo que ayudar a alguien… y estudiar magia de paso— —¿Y qué va a pasar con el estilo Sword God?— —Abriré un dojo allá.
Pero necesitaré que me ayudes a dirigirlo.
Después de todo, eras su hija.
Seguro sabes más que yo sobre dirigir uno— Su mirada se suavizó antes de asentir.
Seguimos comiendo y naturalmente volví a mirar mi brazo derecho.
Seguía congelado, eso no era normal y enserio era hora de deshacerse del molesto dolor de un frío tan frío que quema.
Lo lleve cerca del fuego para que este lo congelara, ya que la magia ya no fluía por él, así que no podía usar mi propia mano para descongelarlo.
El hielo se formaba otra vez, como si repeliera el calor, y despues de un rato de espera ya no pude mas.
Reflexione y tome una decisión.
Me quité la camisa y la mordí para aguantar el dolor.
—¿Rudeus?
—preguntó Isolte al notar la rara actitud.
Palpé el brazo con mis dedos.
El hielo cubría hasta la mitad del antebrazo, en ese lugar tenía que cortar, desenvainé mi espada y la baje en un tajo limpio.
Isolte gritó, las demás se giraron horrorizadas.
La sangre brotó al instante, pero presioné la herida con la camisa, conteniendo la hemorragia y usando magia de sanación.
—¡Rudeus!
¡Te has vuelto loco!
—gritó Eris mientras corría a aplicar sanación junto a mi.
Las demás empezaron a preguntar el por que y simplemente les dije que no se estaba recuperando para nada.
Dándole una mirada a Isolte decidí no regenerar mi brazo.
La razón era obvia.
Aún no sabía cómo sentirme respecto a que ella fuera nieta de la mujer que mató a mis amigos.
No podía permitirme bajar la guardia.
Si algún día contaba mi verdadero nombre… si llegaba a filtrar información… prefería no darle nada que pudiera usar.
De todas formas, era un inconveniente menor.
Podía resolverlo, ya había tenido que reemplazar una extremidad antes.
En el camino hice bocetos, buena suerte que esta vez no me cortara mi nueva mano dominante, sino hubiera tenido que acostumbrarse a usarla otra vez antes de escribir un plano coherente.
Al llegar al pueblo alquilé cuatro habitaciones.
Eris insistió todo el trayecto en que dormiría conmigo.
Rechacé la idea treinta y siete veces.
Y si, las conté.
A la treinta y ocho cedí, ya empezaba a cabrearme y sabía que no pararía a este paso.
—Camas separadas —le susurré al recepcionista.
Una gota de sudor le resbaló por la sien mientras asentía con una sonrisa incómoda.
Entré al baño y volví a teñirme el cabello con el tinte que me había dejado el Enmascarado pasándome los dedos por cada folículo hasta que volvió a ser amarillo.
—¡Noo!
¡Tu hermoso cabello blanco!— Isolte gritó con lágrimas de anime al verme cuando salí, ella, Nina y Eris conversaban en mi cama como si fuera suya.
Esa noche la cama de Eris estaba vacía, cuando me intenté mover a la de ella y dormir Eris me siguió antes de echarse abrazándome.
Suspire con molestia ante la insistencia de Eris y cedí durmiendome.
Al día siguiente reemplazé con una almohada mi propio cuerpo para no despertar a Eris antes de salir y buscar a el herrero más cercano.
Le pagué dos monedas de oro solo por fabricar las piezas metálicas que necesitaba en ese mismo momento.
Aunque era una suma absurda para lo que le pedi, las necesitaba lo antes posible.
Regresé a la posada, ensamblé todo y repuse mi miembro amputado, aunque esta vez la calidad de detalle fue mayor.
El mecanismo encajó con un clic seco antes de que lo hiciera funcionar.
—¡Wow, Rudeus!
¡Eres increíble!
—gritó Eris.
—Eris… deja de usar ese nombre.
Llámame Ryo.
Acostúmbrate— Me llevé la mano a la frente.
Ella asintió, avergonzada.
Esa noche ignoró su cama.
Se acurrucó conmigo y me abrazó con fuerza mientras dormía.
Esperé a que respirara profundo.
Luego usando la estrategia del día anterior salí a tomar aire.
—Hola de nuevo —dijo una voz.
El Enmascarado.
—Solo habla —respondí.
—Tuviste una pelea dura, no pudiste proteger el Santuario de la Espada, y ahora te convertiste en el líder del estilo.
Solo quería confirmarlo— —Yo gané.
Lo maté así que no fue una perdida total ¿No viste el cuerpo decapitado?— Pregunte, cuando termine mi batalle con mi tercer ojo sentí su mana a lo lejos así que pensé que se encargaría de lo demas.
Me miró sorprendido.
Luego negó, molesto.
—¿No guardaste el cuerpo?— —¿Para qué?
Le aplasté la cabeza.
No hay forma de que vuelva, y estaba cerca ¿Acaso no lo recuperaste?— Se llevó la mano al rostro.
—¿Recuerdas al Hombre Planta del que te hablé?
Por algo te dije que siempre trajeras sellos, si el se lo llevo no es una victoria en ningún aspecto— —Oh…— —¡”Oh”, imbécil!
¡Ahora me van a matar a mí por tu descuido!— se molesto.
Suspiré.
—Solo prometeme que lo guardas lo antes posible la próxima que derrotes a uno— —Lo prometo— dije antes de voltearme y volver a ver el paisaje nocturno.
El suspiro.
—Y otra cosa.
No estoy en desacuerdo con tu decisión respecto a esas mujeres… pero cuídate de la nieta de Reida.
Es confiable por si sola, pero Reida está afiliada con el bando contrario a Ariel— Dijo antes de desaparecer en la oscuridad.
… Ghislaine se separó para reunirse con el mayordomo fiel a los Boreas.
Fue sola argumentando que no quería llamar la atención.
A petición de Eris, los demás fuimos directo al gremio de aventureros.
—Mira, Ru… —hizo una pausa— Ryo.
Es una misión para matar un dragón.
—Sí, lo veo— —Hay que hacerla ¡Siempre quise ir a una aventura así!— dijo con emocion.
Nina río ante la típica actitud Eris.
Isolte observó el anuncio con más detenimiento.
Aunque Eris sabía leer, su comprensión no era tan buena como la de ella.
—Dice que se necesitan muchos más aventureros de los que somos para aceptarla— Una voz tambaleante interrumpió.
—Oigan… si quieren pueden unirse a nuestro grupo.
Ya tenemos varias parties listas para embarcar en esa— Me voltee para ver al tambalenate hombre y lo reconocí de inmediato.
Soldat, de Stepped Leader.
Estaba borracho.
—¡Ryo, hay que hacer una party!
—gritó Eris entusiasmada.
Soldat en su estado solo se rio por la actitud energica, mientras sus compañeros negaban con la cabeza ante la actitud idiota de su líder.
Me acerqué al mostrador.
La recepcionista, una mujer que parecía favorecer la teoría de que para ser una tenías que ser atractiva nos dio la bienvenida.
Saqué mi tarjeta de aventurero rango S.
—Quiero registrar un equipo— dije.
Eris, Isolte, Nina y yo.
Sería temporal.
Las tres se veían emocionadas, así que las añadí sin dudar.
—¿Cómo se van a llamar?
—preguntó la recepcionista.
Pensé en algo discreto, pero Eris se me adelantó, lanzándose sobre el mostrador.
—¡Sword God!— La mujer no vio el problema y lo anotó antes de hacer el procedimiento de registro con ellas.
La taberna estalló en carcajadas cuando las palabras terminaron.
—Chica, eso es muy audaz —dijo uno entre risas.
—No es audaz.
Ryo es el actual Sword God —respondió Eris con total naturalidad.
La noticia de la destrucción del Santuario de la Espada ya se había difundido como pólvora.
Y por nuestro paso lento y sin prisa, habíamos llegado después de que el rumor explotara.
—¿Ese chico es el Dios de la Espada?
—se burló uno—No me hagas reír, mocosa.
Su mano vendada demuestra que no puede ni aguantar el entrenamiento básico— Vende mi mano para cubrir la prótesis que una vez más tenia.
Otro aventurero, más confiado, dio un paso al frente.
—Sí… ese chico parece un debilucho.
Les recomiendo, bellas damas, que busquen mejor compañía— dijo arrogantemente, claramente refiriéndose a él mismo.
Se acercó a Eris, Isolte y Nina con una sonrisa arrogante.
—Soy rango Santo en el estilo dios de la espada.
Seguro que puedo convertirme en el verdadero Dios de la Espada con su ayuda, señoritas— Las palabras se clavaron en mi mente, quería ignorarlo para no llamar la atención.
Pero ya me había cabreado, y aun mas cuando las risas llenaron el lugar.
Eris, Isolte y Nina tensaron el cuerpo miramdp al hombre con molestia.
Iban a moverse.
Pero yo fui primero.
Me paré frente al hombre.
Medíamos casi lo mismo.
Yo apenas más alto.
—Muévete, debilucho.
Estoy a punto de hacer mías a esas tres —me dijo.
El mango de mi espada se hundió en su estómago.
Ni siquiera desenfundé completamente.
Solo un movimiento.
Eso fue suficiente cuando él se arrodilló porque el aire abandonó sus pulmones.
—Parece que lo único santo en ti… es tu inmaculada estupidez— —Bastardo… —susurró, intentando llevar la mano a su espada.
No lo dejé.
El mango volvió a moverse.
Esta vez contra su frente, dejando una marca circular roja en ella, el cayó inconsciente.
El silencio fue inmediato.
Por la reacción de los demás… parecía que era alguien respetado.
Me quedé de pie, mirándolos, desafiando a que alguien más me hablara o retara.
Nadie lo hizo.
… Al final sí nos unimos a la cacería.
Cuando Soldat volvió completamente a sus cabales y entendió quién era yo, gritó de euforia.
El nuevo Dios de la Espada trabajando junto a él.
Según sus propias palabras, la misión ya estaba garantizada.
La taberna se llenó de preguntas.
—¿Cómo lo derrotaste?— —¿Qué técnica usaste?— Tuve que improvisar una historia conmovedora de superación, sacrificio y entrenamiento infernal solo para poder salir de allí sin revelar nada importante.
Exageré lo justo.
Mentí lo necesario.
Aunque claro Isolte y Nina se rieron de la historia.
Quedamos en encontrarnos al amanecer, en las puertas de la ciudad, para partir todos juntos hacia la cacería.
Varias parties, mucvisima gente solo con un objetivo, cazar un dragón adulto, una mision que por la madures del ejemplar dejaria varios materiales de calidad, y por lo tanto mucho dinero.
Lo que nunca esperé… Fue encontrarme con esa party en particular.
Entre los aventureros que aguardaban en la entrada, reconocí rostros que creí enterrados en el pasado.
Una mujer de cabello en rastas hablaba con una chica Rubia, a su lado una elfa las acompañaba en un pequeño grupo.
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