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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 58

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  4. Capítulo 58 - 58 Capítulo 57 El amor de Sara
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58: Capítulo 57: El amor de Sara 58: Capítulo 57: El amor de Sara Año 422 K Sara POV Acabábamos de salir del gremio junto a Elinalise.

Ella también estaba buscando a Rudeus con nosotras… aunque, además, reunía fondos para enviarlos y ayudar en el rescate de su madre.

Sí, la mujer seguía en contacto con su padre.

Actualmente él, junto a un grupo, estaba explorando Begaritt.

Mientras tanto, nosotras íbamos de ciudad en ciudad aceptando misiones, aunque había algo que estaba ignorando o eso hasta la partida de Rudeus.

Me había estancado.

Estaba a punto de alcanzar nivel avanzado de aventurera individualmente, y únicamente con el arco.

Elinalise notó mi frustración.

Una noche, sin decir mucho, me entregó un pergamino.

—¿Para qué es esto?

—pregunté.

—Ábrelo y mira.

Logré que un amigo lo consiguiera solo para ti— Después salió a cazar el almuerzo del dia para ahorrar dinero.

Cuando abrí el pergamino entendí por qué era para mí.

Técnicas de magia con arco.

Flechas perforadoras.

Flechas capaces de alcanzar distancias imposibles.

Flechas explosivas.

Flechas elementales.

Aunque muchas eran poco prácticas.

Las mejores… eran las de fuego.

Al impactar no solo quemaban al objetivo esparciendo el fuego rápidamente, sino que las llamas seguían ardiendo hasta que el maná se agotaba.

Las de viento eliminaban la resistencia del aire y las de agua lo mismo pero su elemento.

Las de tierra aumentaban el peso y la contundencia, especialmente útiles al combinarlas con las perforadoras.

Lo mejor de todo… Consumían mucho menos maná que los hechizos normales.

Y los cantos eran cortísimos.

Algunas solo requerían pronunciar ‘Flecha de’ junto al elemento.

Las más complejas no superan cinco palabras como ejemplo estaba ‘Flecha perforadora del Rey Arquero’ Por primera vez en mucho tiempo sentí que tenía un camino para avanzar.

… —¡No!

¡Ya te dije que es mío!

—le grité a Suzanne, arrebatándole el mechón de cabello blanco con verde antes de volver a olerlo.

—Sara… esto ya es muy raro —me dijo Suzanne, mirándome con preocupación.

—Déjala.

El primer amor nunca se olvida… a menos que alguien más lo reemplace —comentó la elfa con tranquilidad.

—¡Yo nunca reemplazaré a Rudeus!

¡Es el amor de mi vida!

—dije con firmeza.

Suzanne se agarró la sien.

Ya habían pasado casi cinco meses desde que Rudeus se marchó.

Cinco meses y para Suzanne eso ya era tiempo suficiente para seguir con mi vida.

“Nunca te olvidare Rudeus” Mi progreso con los cantos había sido notorio.

Ahora podía usar varias técnicas en batalla, combinándolas o lanzándolas en rápida sucesión.

El arco de trent que mi padre me regaló soportaba las flechas mágicas sin problemas.

Era, sin duda, el arma perfecta para mí.

No me di cuenta en qué momento llegamos a Rosenburgo, en el ducado de Neris.

Buscamos una posada y nos alojamos.

Todo iba relativamente bien… Hasta que apareció alguien que arruinó el momento.

—Vaya, vaya… miren con quiénes nos volvemos a encontrar —dijo Soldat.

—¿Qué quieres, Soldat?

—murmuré, molesta.

—Oh, vamos.

Solo bromeo.

En fin… ¿dónde está el mocoso de los cien trucos?— Sentí cómo una vena se marcaba en mi frente.

—No me digas que rompieron y se fue —añadió con burla.

No pude evitarlo, aun con los puños apretados una lágrima cayó antes de que pudiera contenerla.

Soldat la vio descender y su expresión cambió.

—Oh…— Desvió la mirada.

—Lo lamento— —Solo cállate —dije en voz baja.

Suzanne puso una mano sobre mi hombro, reconfortante.

En ese momento, Elinalise regresó con la misión que habíamos decidido tomar.

Intenté recomponerme.

Pero en el fondo sabia que eso me habia herido mas que cualquier arma.

Cinco meses no habían sido suficientes.

Ni para olvidarlo, ni para dejar de esperarlo.

… Suzanne, Elinalise y yo saltamos desde la punta del risco.

Una llamarada atravesó el aire justo cuando ya no estábamos a la altura para recibirla.

Apenas en caída libre, saqué una flecha atada a una cuerda, la disparé hacia un árbol firme… y tiré con fuerza.

La cuerda se tensó.

Suzanne y Elinalise se sujetaron a mí.

Nos balanceamos en el aire y aterrizamos con fuerza sobre el suelo seguro.

—Bien hecho, Sara.

Estás a mitad de camino de convertirte en una arquera nivel Santo —dijo la elfa.

—Gracias, Lise —respondí, usando el apodo que le teníamos.

Suzanne miró el brazo de Elinalise, cubierto de quemaduras graves.

—¿Va a estar bien?— —Sí, dale tiempo.

Sanará… aunque será difícil pelear sin mi brazo dominante —dijo restándole importancia.

Regresamos al gremio.

Entregamos los colmillos de los lobos que habíamos matado y reportamos que había un dragón suelto en la zona.

Sin saberlo, la noticia llegó a oídos de un noble y en menos de dos semanas, apareció en el tablón oficial de misiones: ****** Rango S: Eliminar o capturar con el menor daño posible al Wyrm Rojo rezagado.

Recompensa: 120 monedas de oro.

(16 participantes como mínimo) ******** La recompensa era absurda.

Muchos se quedaron babeando frente al anuncio.

—Hay que tomarla —dijo Elinalise.

—No podemos.

Pide un mínimo de dieciséis personas —respondió Suzanne.

—Ejem…— Nos giramos y miramos a Soldat.

—Mi grupo de seis no puede enfrentarlo solo —admitió—Así que reunimos gente de otras fiestas de aventureros.

Ahora somos diez.

Nos faltan seis— Era una invitación clara.

—Aceptamos —dijo Elinalise antes de que cualquiera pudiera pensarlo demasiado.

Soldat sonrió antes de dirigirse hacia su grupo.

—¿Qué haces?

—le susurré.

—Sara, esa recompensa nos ayudará muchísimo.

Y podremos viajar sin detenernos a recaudar fondos en cada ciudad y haci podremos seguir buscando a tu novio sin parar— Refunfuñe.

Tenía razón.

No me hacía gracia colaborar con Soldat, pero era lo más lógico.

A la mañana siguiente, uno de sus hombres vino a avisarnos.

Habían conseguido a los faltantes y podíamos iniciar la cacería ese mismo día.

Aunque uno de los miembros originales quedó fuera por heridas o eso dijo el chico nerviosamente, el número final era exactamente dieciséis según nos dijo.

Nos equipamos y fuimos a la entrada.

Reconocí a todo Stepped Leader, dos magos más y un espadachín de otras parties.

—¿El Santo fue el que quedó fuera?

—preguntó Suzanne.

—Sí, pero encontramos a alguien mucho mejor —respondió Soldat, señalando a un hombre acompañado de tres chicas.

El hombre me miró unos segundos y sentí algo extraño.

Él apartó la mirada y comenzamos la búsqueda.

Nos dirigimos a la cueva donde habíamos visto al dragón por última vez, seguramente su guarida.

Mientras avanzábamos, escuché conversaciones detrás.

—¿De verdad eres el Sword God?

—preguntó uno.

El hombre no respondió.

Otro aventurero intervino.

—Te dije lo que vi.

Despachó a Rakoru como si fuera un niño.

Tuviste mala suerte de estar guardando el botín y no ver caer a ese imbécil— La charla giraba en torno a él.

—¿Sword God?

Qué raro que alguien así ande de aventurero —comentó Elinalise.

—Debe ser hijo de Gal o algo así.

Es una pena lo que pasó… ese terremoto brutal y los asesinos que atacaron el dojo —añadió Suzanne.

La versión oficial ya se había difundido.

Un terremoto devastador.

Un asesino que mató al antiguo Sword God y que luego fue eliminado por el que ahora tomaba su lugar.

—Supongo que perder su dojo lo obligó a buscar dinero —murmuré.

No pensé más en ello.

Poco después llegamos al área de la cueva, y esta estaba vacía.

Pero el rastro era claro.

El supuesto Sword God se agachó, examinó las huellas… y nos guió sin dudar.

El rastro terminó en medio del bosque pero no había nada a la vista, aun así el se dio una vuelta hacia una dirección, los demás dudaron pero lo siguieron hasta llegar a un claro.

Allí estaba el dragón wyrm rojo.

Comiendo el cadáver de algún animal que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino.

—Tenemos que evitar que levante vuelo —dijo Soldat.

—Yo me encargo —respondí, cargando una flecha.

Uno de los hombres estuvo a punto de protestar, pero Soldat lo detuvo.

—Si ella dice que puede, es porque tiene algo bajo la manga.

La conozco.

No es imprudente— Sus palabras me sorprendieron.

—Rodeenlo mientras se prepara —ordenó.

Por un momento vi a Soldat bajo otra luz, eso duró hasta que añadió.

—Además, Sword God nos salvará si ella la arruina— Con irritación, volví a cargar.

Combiné Flecha de Explosión con Flecha de Viento.

—Flecha de viento— —Flecha del demoledor menor— Los cantos fluyeron rápidos entre mis labios.

La flecha brilló y salió disparada a una velocidad imposible.

El dragón, que estaba a punto de alzar vuelo y eso le hizo recibir la explosión controlada directamente en una de sus alas.

*¡¡Rugido!!* Los wyrm tenían dos patas y dos alas que también funcionaban como brazos.

Aunque ya no podía volar, aún podía atacar con sus garras.

—¡Ahora!

—gritó Soldat—¡Recuerden no dañarlo demasiado si quieren la recompensa completa!— Todos cargaban con confianza en sus numeros o eso hasta las últimas palabras.

Los magos dudaron, aunque eso fue estupido pues ninguno tenía el nivel para dañarlo.

Los espadachines también.

Si lo herían demasiado, el valor del cuerpo bajaría.

Pero alguien no se detuvo, el nuevo Sword God avanzó.

El wyrm lanzó una llamarada masiva, un muro de tierra se levantó frente al hombre, sin canto.

“¿Magia sin canto?

Imposible… a menos que sea él.” Esa habilidad era extremadamente rara, solo conocía a una persona capaz de hacerlo.

“Rudeus” Cuando el fuego cesó, el hombre atravesó el muro con el hombro y cargó de frente.

Golpeó al dragón con tal fuerza que lo hizo retroceder varios metros.

—¡Eris, Nina, Isolte!

—gritó.

Las tres mujeres se lanzaron al combate.

Eran espadachinas… pero no usaron sus armas, probablemente para conservar en buenas condiciones al dragon.

Golpes y patadas le cayeron.

Impactos precisos en las partes blandas.

El dragón rugió de dolor y yo cargué otra flecha.

La apunté a la cabeza, viento y taladro, mi mejor hechizo para acabar con bestias.

Pero dudé, si perforaba el cráneo perderia mucho valor.

La sangre se perdería, su uso para pociones.

El cráneo ya no serviría como decoración.

Las escamas usadas en la textilería noble podrían dañarse.

El cerebro, arruinado para platos exóticos.

Los ojos, inservibles para decorar una sala con su imponencia.

Todo eso por una sola flecha.

El dragón lanzó otra llamarada, obligando a las tres a retroceder y entonces sus ojos se clavaron en mí.

Había entendido inquietantemente algo para una bestia sin razón que debería ser, yo era quien había destrozado su ala.

Cargó.

Su garra cruzó la distancia antes de que pudiera reaccionar.

“¿Este es mi final?” “No encontré a Rudeus… y moriré buscándolo.” “Supongo que así tenía que ser.” Cerré los ojos en espera de que no doliera mucho.

Esperé, pero el golpe nunca llegó y abrí los ojos.

El hombre estaba frente a mí, conteniendo la garra con su propio cuerpo y un agarre fuerte que incluso el piso cedía antes que él.

Desvió el zarpazo con pura fuerza a su derecha, lejos de mí y saltó conectando un gancho directo en la mandíbula del dragón.

Mientras caía, se aferró a uno de sus cuernos.

El dragón lanzó una llamarada desesperada que por el agarre firme solo se dirigió hacia el cielo.

Vi cómo la tierra se acumulaba alrededor de las piernas del hombre, dándole soporte.

Y con un rugido propio de una bestia al unísono con el dragon tiró del cuerno.

Un crack seco resonó en el claro.

El cuello del dragón se partió y el enorme cuerpo cayó secamente, levantando tierra y nieve por igual.

Un último suspiro caliente escapó de sus fauces antes de quedar inmóvil.

El hombre se giró hacia mí, su imponente y musculosa figura diferente pero familiar.

Luego arrastró el cadáver unos metros antes de con un tirón hacerlo girar y hacerlo caer de espaldas en medio del claro.

Cuando el silencio se confirmó, los demás salieron de entre los árboles.

Los vítores estallaron.

—¡Sabía que era pan comido para usted!

—gritó Soldat eufórico.

Yo no podía apartar la mirada del hombre.

Magia sin canto.

Fuerza absurda.

Mi corazón latía demasiado fuerte.

Si no era Rudeus entonces el mundo era más grande de lo que creía.

… Rudeus POV Me arriesgué demasiado al proteger a Sara de forma tan evidente.

Pero el objetivo inicial de todo esto era protegerla.

Así que no importaba.

Cuando las celebraciones terminaron, me reuní con Eris, Nina e Isolte aparte.

—No digan mi verdadero nombre.

Si preguntan, digan que yo ya estaba en el Santuario años antes de que ustedes llegaran —dije en general, antes de mirar a Nina— Y tú di que me conoces desde pequeños— Ninguna preguntó por qué.

Sara llegó antes de que la conversación continuara.

—¿Quién eres?

—preguntó, sonrojada, señalándome con el dedo.

—Mi nombre es Ryo.

Actualmente soy el Sword God y un mago talentoso segun el director de la Universidad en Ranoa— —N-no… tu nombre es Rudeus Greyrat.

Lo sé —dijo con reproche.

Mi corazón dio un vuelco.

—Disculpa, pero creo que me confundes.

He pasado casi toda mi vida en la Tierra de la Espada.

Solo salí hace unos años para convertirme en aventurero— dije en tono monotono.

—I-imposible.

¿Cómo sabes magia sin canto?

—exigió.

Esta vez Nina intervino.

—Ryo creció conmigo.

Siempre fue talentoso con la magia— Sara bajó lentamente la mano.

Sus ojos temblaron un instante antes de girarse y volver junto a Suzanne y la elfa.

Sentí un retorcijón en el pecho al verla alejarse.

Ella estaba conteniendo las lágrimas, lo noté.

—¿Por qué no ocultaste que puedes usar magia sin canto si conocías a esa mujer?

—preguntó Isolte.

—Porque cuando lleguemos a Ranoa, ese hecho se difundirá de todos modos.

Es mejor establecer la versión ahora— —¿De dónde la conocías?

—preguntó Eris.

—Era mi novia— dije planamemte aunque solo yo sabia que el dolor en mi corazon me estaba matando.

—¡¿Qué?!

—estalló Eris.

Nina frunció el ceño.

—¿Y por qué le ocultas quién eres?— —Porque tengo que protegerla— —Entonces, ¿por qué no hiciste lo mismo con nosotras?

—insistió Nina.

Suspiré.

—Descubrieron quién era por circunstancias fortuitas.

Además, ni tú ni Eris tienen realmente a dónde ir aparte de conmigo.

Y si Isolte sigue aquí… significa que Reida no está disponible— La pista era clara.

Si pudiera, no le habrían dejado solo un pergamino para entrenar en vez dd quedarse a enseñarle.

Las tres asintieron.

Pero Eris seguía molesta.

No le di importancia.

Ya sabía exactamente por qué lo estaba.

Y ese era otro problema que aún no estaba listo para enfrentar.

… Rudeus POV El gremio recompensó nuestro trabajo cuando una caravana enorme se llevó el cuerpo del dragón y firmo la mision como completada.

El pago fue desorbitado.

Monedas de oro y plata cubrieron por completo la mesa más grande del gremio antes de ser divididas en dieciséis partes iguales.

—Repartan mi parte.

No me interesa el dinero —dije, dándome la vuelta antes de que insistieran.

Eris tampoco tomó lo suyo.

Isolte y Nina terminaron repartiéndose la de Eris ya que ella no dijo nada de repartirla con los demas.

—¡Un brindis por el Sword God!

—gritó un hombre claramente borracho desde el fondo del gremio.

Salí del lugar sin mirar atrás.

Las tres me siguieron.

Al llegar a la posada, Ghislaine ya nos esperaba.

—Veo que se divirtieron— dijo con su sonrisa calmada habitual.

—¡Claro que sí, Ghislaine!

¡Debiste ver cómo Rudeus le partía el cuello al dragón!

¡Fue increíble!

—exclamó Eris.

Me froté el puente de la nariz.

Por suerte, Eris solo usaba mi nombre en privado… pero con el volumen que tenía, no estaba tan seguro de que siguiera siendo ‘privado’.

—Me alegra saber que uno de tus sueños se cumplió —continuó Ghislaine con calma—Además, me encontré con Lord Philip.

Dice que podemos seguir a Rudeus.

Confía en él— Eris se quedó congelada un segundo.

—¿En serio?

—preguntó con una emoción que no intentó ocultar.

Ghislaine rió y asintió.

Suspiré.

Los problemas comenzaban a acumularse.

Ya en mi habitación, revisé mi mochila.

Saqué el cuchillo que había comprado para Sara… antes de todo y lo acaricié con el pulgar.

“Supongo que aún no es el momento.” Esa misma noche partimos hacia Ranoa.

… Elinalise POV El grito atronador de la muchacha resonó en mi habitación.

Sin saberlo, ese grupo se hospedaba un piso arriba del nuestro.

Por suerte, tanto para Rudeus como para mí, Sara no estaba allí en ese momento.

Ella y Suzanne habían salido a cazar algo para el almuerzo.

Suspiré.

Saqué una libreta de mi bolso de aventurera y comencé a hojearla hasta encontrar lo que buscaba.

Un círculo anti-sonorización.

Con tinta invisible dibujé el esquema en la madera del techo.

Cuando el último trazo se cerró, los ruidos cesaron por completo.

—Qué idiota… —murmuré.

Cuando Sara y Suzanne regresaron, algo era evidente.

Sara estaba destrozada.

Me acerqué sin rodeos.

—Hey… ¿por qué tan triste?— dije centandome con ella en su cama.

Ella apretó los labios antes de responder.

—Pensé que era él… pensé que era mi Rudy…— Las lágrimas comenzaron a caerle sin que pudiera contenerlas.

Sentí un pinchazo en el pecho.

“Está bien.

Aunque el enmascarado me condene… no puedo dejar que esta niña sufra así” Me arrodillé frente a ella.

—Una vez me dijiste que, en una conversación, él mencionó la Universidad de Magia de Ranoa.

Sara levantó la cabeza.

Sus ojos aún brillaban.

—Buscaremos en cada reino de este lugar si es necesario.

Y si no lo encontramos… iremos a la Universidad Ranoa.

Estoy segura de que podrás ingresar.

Y si no está en ningún otro lado, ese es el lugar más probable donde podría estar— —¿Tú… lo crees?

—preguntó con voz temblorosa.

Sonreí con seguridad.

—Estoy cien por ciento segura— Sara soltó una pequeña risa entre lágrimas antes de ponerse de pie.

—¡Sí!

¡Lo encontraremos, cueste lo que cueste!— La vi recuperar el brillo en los ojos.

Y entonces pensé.

“Este es el máximo tiempo que te doy, chico.” “Si no te haces lo suficientemente fuerte para enfrentarte a lo que sea que tiene tan nervioso al enmascarado…” “Te mataré yo misma por romperle el corazón a Sara.” ********************** Hoy hay capítulo doble.

Ayer no tuve tiempo (ni ganas) de editar, pero compensé trabajando en ambos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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