Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 61
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- Capítulo 61 - 61 Capítulo 60 Disculpas falsas
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61: Capítulo 60: Disculpas falsas 61: Capítulo 60: Disculpas falsas Paul POV Rudeus había dejado de mandar mensajes desde hacía un tiempo.
Después me enteré de que Elinalise estaba en los mismos lugares donde él había estado antes.
Para mi buena suerte, ella dijo que ya se estaba encargando del asunto.
No sé cómo se dio cuenta antes que yo de que las cartas habían dejado de llegar.
Pero Elinalise siempre ha tenido métodos extraños para obtener información y encontrar gente.
Incluso mencionó que estaba con la supuesta novia de mi hijo, buscándolo por todos lados.
Intenté no darle demasiada importancia y esperé y esperé, pero nada llegó.
Y empecé a preocuparme.
Ahora, en Begarit, ni siquiera podía dormir.
Estábamos buscando a Zenith gracias a la información que Roxy nos había dado.
Para mi buena o mala suerte, habíamos explorado incontables laberintos sin encontrarla.
A veces desearía que Geese estuviera aquí.
Su absurda buena suerte casi siempre nos sacaba de estos líos.
Aún angustiado el insomnio siempre terminaba cuando tu cuerpo exigía descanso y justo cuando por fin estaba quedándome dormido un leve golpe en la ventana me despertó.
—Hola de nuevo —dijo una voz.
—¡¿Qué mierda?!
—grité del susto, cayendo de la cama.
Apoyado despreocupadamente en la ventana estaba un hombre.
El mismo que me avisó cuando Rudeus fue atacado en Milis.
—¿Le pasó algo a Rudeus?
¡Dime dónde está!
—pregunté rápidamente.
—A lo primero… es obvio que siempre le pasa algo— río.
—Y a lo segundo… creo que tengo algo que puede ayudarte a saberlo —respondió con calma.
—¿Qué quieres decir?
Extendió una carta hacia mí con una carta.
Cuando la tuve en mis manos, estuve a punto de abrirla de inmediato.
Pero una mano se posó sobre la mía.
—Tranquilo.
Déjame decir algo primero y luego me iré.
Tengo asuntos que atender— Respiré hondo obligandome a calmarme.
—En Rapan hay un laberinto de teletransportacion.
Busca allí a tu esposa— Se dio media vuelta para marcharse.
—¡Espera!
—lo detuve.
Se giró lentamente.
—Si Rudeus está bien ¿Puedo enviar a mis hijas con él?— El hombre ladeó la cabeza.
—Esa es una muy buena pregunta.
¿Tienes a alguien que pueda traerlas desde Milis?— Bajé la mirada.
Las había dejado con los Latreia, había tenido que confiárselas para poder salir a buscar a Zenith y dudaba que dejaran ir a Norn tan fácilmente.
Había pensado enviarlas con Rudeus apenas él se estableciera diciéndoles que los Latreia serían algo temporal y ellas accedieron ante la oportunidad de ver a Rudeus.
Pero el terminó desapareciendo.
El enmascarado miró el techo un momento antes de hablar.
—Tengo a alguien que podría llevarlas.
Pero eso lo discutiremos en otra ocasión, él esta ocupado con algo en Milis y tiene que terminar su labor antes de hacer cualquier cosa— El pareció acordarse de algo cuando dijo.
—Casi lo olvido— Sacó algo de su capa.
—Toma esto.
Dale uno a Roxy— Dos pulseras cayeron en mis manos.
—Úsalas.
Es una orden— Se preparó para saltar por la ventana antes de decir.
—Estaremos en contacto— … Rudeus POV Ahora que el dojo estaba completamente terminado, necesitaba ocupar mi tiempo en algo más.
Y sabía exactamente en qué enfocarse, y eso era escribir una novela.
Una que relataba la historia de los Superd… desde el punto de vista de Ruijerd, esto buscando limpiar el nombre de su raza.
Me tomó tiempo recopilar suficientes recuerdos suyos.
No sabía si era normal.
Hasta ahora no había manifestado recuerdos de la raza bestia ni de Aleksander.
Aunque probablemente fuera porque él aún estaba vivo.
Una hipótesis razonable sería que, al morir, el alma cargada de maná conserva memorias.
Y que esas memorias solo pueden extraerse cuando el alma aún permanece parcialmente en el cadáver… es decir, poco después de la muerte.
Pero eso se contradecía con Aleksander, pues al estar vivo debía transmitir aún más recuerdos.
*Suspiré.* También retomé otro pasatiempo durante la pausa antes del nuevo año en la Universidad Mágica de Ranoa.
Esculturas hechas con magia de piedra.
Incluso las moldeaba en medio de la clase especial mientras leía libros avanzados sobre magia de barrera.
Por cierto, fue ahí donde descubrí que los círculos mágicos de insonorización también pertenecían a esa rama de la magia.
—¿Q-qué es eso?
—preguntó una voz sorprendida desde mi lado.
Me giré.
Era el príncipe alto y delgado de Shirone.
Miré su rostro confundido y luego mis manos.
—¿Esto?
—levanté ligeramente la escultura para que la viera mejor.
—¡Sí!— —Es solo una escultura hecha con magia de tierra.
—¡Pero se mueve!— Tenía razón, algunas las hacía articuladas.
A esta, una figura detallada de Ruijerd, le había añadido pequeños mecanismos de muñecas que le permitían mover brazos, cuello y piernas.
—Es una técnica para permitir distintas poses —respondí con calma.
Sus ojos brillaron.
De repente, dio un paso atrás y se inclinó profundamente.
—¡Maestro, enséñeme!— Aunque fue penosamente vergonzoso aquel momento, decidí aceptar.
Después de todo, ¿qué tan difícil podía ser?
Subestimé mis propias capacidades otra vez.
No existían hechizos formales para moldear figuras con ese nivel de detalle y libertad.
Era algo que solo podía lograrse mediante magia sin canto, moldeando el maná directamente con la imaginación.
Eso significaba que Zanoba tendría que aprender magia sin canto.
Y sorpresa, ni siquiera los mejores magos pueden hacerlo.
Fitts y yo éramos anomalías, probablemente Sylphiette también.
Incluso Jenius, el otro mago silencioso reconocido, no dominaba por completo esa técnica.
Zanoba no mostraba progreso.
Por más talento que tuviera para apreciar el arte no podía replicarlo.
Suspiré mientras caminaba por el pasillo, mirando el techo mientras me dirigía a mi destino.
Tenía algo que discutir con Ariel.
Ya habían pasado varios días desde mi pelea con Luke.
Quería asegurarme de que no quedara rencor.
La verdad habian razones para ello.
Fitts había estado ayudándome bastante, incluso encontró un libro con hechizos de magia divina de principiantes para mi.
También empezamos a estudiar juntos en la biblioteca sobre el Desastre de Maná, buscando libros sobre teletransportación.
No sabía si mis otras ‘variantes’ conocían realmente el trasfondo completo del evento.
Nunca me lo había preguntado ni tampoco a ellos.
Pero un día la vi investigando el tema y la curiosidad me arrastró.
Terminé queriendo aprender más y ahora había algo que me inquietaba.
Si no calmaba las cosas con Luke tal vez Fitts se distanciaría por lealtad.
Y, siendo honesto quería seguir estudiando con él.
Además, si pretendía ganarme la confianza de Ariel, no podía permitirme tensiones innecesarias dentro de su círculo cercano.
Ajusté mi uniforme.
Ya estaba frente a la sala del consejo estudiantil.
“Tal vez una disculpa baste” … Luke POV En sueños… Hitogami, el Dios Humano, me contactó.
—Hola, Luke —dijo una voz alegre.
Abrí los ojos.
Un espacio blanco infinito.
—¿Quién dijo eso?— pregunte a la aparente nada.
—Estoy aquí— Forcé la vista.
Una figura humanoide, casi fundida con el entorno, comenzó a definirse ante mí.
—¿Quién eres?— —Mi nombre es Hitogami.
El Dios Humano— Lo observé en silencio unos segundos… antes de asentir.
Extrañamente, su presencia inspiraba confianza.
—¿Para qué me has traído aquí?— —Verás… hay ciertas personas que llevan pulseras plateadas.
A simple vista no parecen importantes.
Pero esas pulseras evitan que yo pueda verlos— No dije nada.
Una pulsera plateada, algo en mi memoria se agitó.
—Esas personas intentan escapar de mi visión para alterar el curso de la historia —continuó— Tu princesa Ariel está destinada a convertirse en Reina.
Pero alguien está bloqueando mi vista… y no puedo supervisar que todo ocurra como debe— Entonces lo recordé.
—Ryo— dije casi en un susurro.
La figura se inclinó ligeramente.
—¿Quién?— —Un aventurero rango S.
Se fue de viaje hace unos días— —Perfecto.
Ya sabemos quién es.
Ahora necesito que lo vigiles— Asentí, de todos modos ya le habia echado un ojo.
—Se lo diré a Ariel.
Conseguiremos protección— —Alto ahí —su tono cambió, firme pero suave— No le digas nada a Ariel.
Ella no lo entenderá.
Pero tú… tú sí lo haces.
Desde el inicio desconfiabas de él, ¿verdad?— Guardé silencio, pero asentí.
—¿Ves?
Debes proteger a Ariel a toda costa— Su voz se volvió solemne.
—Nos veremos en otra ocasión, Luke— Sentí un tirón y desperté.
Los días continuaron con normalidad o eso hasta que Ryo regresó.
Trajo consigo a Isolte Cruel, nieta de Reida Reia, una figura políticamente vinculada a Darius.
Pero Ariel siguió confiando en él, yo no.
Eso a su misma vez me dio motivos para saber que hitogami y instinto estaban en lo correcto.
Lo único bueno que trajo ese hombre fue ella.
Eris, hija de una rama de los Boreas Greyrat.
Su belleza era incomparable y decidí que sería mi esposa.
Intenté invitarla, pero no funcionó.
Entendí que solo una demostración de fuerza podría cambiar su opinión.
Así que reté a Ryo.
Fue estúpido, lo se.
Él era el Sword God.
Pero Eris no se negó cuando dije que el duelo decidiría con quién se quedaba.
Y eso me dio esperanza, asi que lo di todo, pero no fue suficiente.
Me derrotó con una facilidad humillante y Eris incluso se burló de mí.
Perdí la oportunidad de demostrar mi valía.
Aun sintiendo verguenza por tal humillacion me quede dormido, y en mis sueños Hitogami volvió.
—Hitogami… —murmuré al encontrarme otra vez en el espacio blanco.
—Sí, hijo mío.
Tengo buenas noticias— —¿Cuáles?— pregunte con espectacion.
—He conseguido hombres que vendrán aquí y acabarán con ese tal Ryo.
Tardarán un poco, primero deben reunirse y viajar, pero lo harán— Mi corazón se aceleró.
—¿En serio?
…Es el nuevo Sword God, ¿lo sabes?— Dudé.
El era un imbécil, pero… ¿era realmente alguien malo?
—Escúchame —dijo Hitogami, sonriendo—.
No dudes.
Ni por pena ni por desconfianza.
Los que traeré no son personas comunes y Ryo se merece tal final por su intervencion— Se inclinó hacia mí.
—Y cuando él muera… Eris terminará contigo.
Créeme— La idea fue tentadora.
Y, siendo sincero, tenía razones para desconfiar de Ryo… incluso sin la palabra de un dios.
—Mientras tanto —continuó— Mantén a Ariel alerta.
Cada vez que él haga algo sospechoso, usa tu carisma.
Siembra dudas.
No dejes que confíe plenamente en él— El espacio comenzó a desvanecerse.
—Confío en ti, Luke— Y desperté.
… Luke POV Había pasado un tiempo desde aquella conversación con Hitogami.
Y justo ese día, él entró a la sala del consejo.
—Disculpen, ¿puedo pasar?
—preguntó desde la puerta.
Ariel asintió con la cabeza y con eso Fitts abrió.
—¿A qué se debe su visita, Sir Ryo?
—preguntó Ariel con su elegancia habitual.
—Bueno… quisiera ofrecer una disculpa a Luke— Sus palabras no me transmitieron verdadero arrepentimiento.
Sonaban medidas y vacias.
—¿Te refieres a la pequeña pelea que tuvieron el primer día?
—preguntó Ariel con naturalidad.
Fitts se sorprendió ligeramente ante la mención.
Ella no hablaba mucho y yo preferí guardar silencio y callar cualquier rumor para que esa derrota no se esparciera tanto.
Me resultaba vergonzoso que el tema volviera a salir.
Ariel seguramente obtuvo la información por otros medios.
Pero Fitts nunca supo nada de ello.
—Sí.
Por ese incidente —respondió él con serenidad.
Quise contestar, pero Ariel habló antes que yo.
—No te preocupes, Sir Ryo.
Luke molestó a tu acompañante y tú reaccionaste como consideraste adecuado.
A veces, Luke puede ser imprudente— Sentí la punzada de esas palabras.
Imprudente.
Quizás lo fui y quizás aun lo soy.
Quise replicar, sin embargo me contuve.
Después de todo el ya era hombre muerto.
Aunque fuera el Sword God, aunque pareciera invencible ante los demas si Hitogami decía que quienes vendrían podrían matarlo, entonces así sería.
Solo era cuestión de tiempo.
——————— Rudeus POV Año 4xx K Sentí un dolor agudo atravesarme el estómago cuando la pelea terminó.
Estaba magullado.
Exhausto.
Había drenado por completo el maná de Laplace.
Y sin hechizos de sanación de alto rango, mis heridas no respondían al maná normal.
Frente a mí, en condiciones igual de deplorables, estaban dos de los tres Rudeus que se habían aliado conmigo años atrás.
El enmascarado no se unió a ninguno de los bandos cuando la pelea estalló.
El me compadecia, pero tampoco me apoyaba.
Intenté ponerme de pie y me tambaleé.
—¿Están felices ahora?
—escupí con rabia contenida—Ya he sufrido tanto como ustedes.
Lo perdí todo por ese maldito Hombre-Dios— —Díganme…¿qué más quieren de mí para dejar de tratarme como si no entendiese su odio?— Los años habían pasado desde la muerte de mis esposas.
Solo Lucy, mi hija, sobrevivió.
Mi pequeña Lucy.
La dejé al cuidado de Tristina, para que creciera junto a su hija, lejos del infierno que era el camino que eleji.
Trabajé con ellos incansablemente durante cuatro años desde que lo perdí todo.
Cuatro años persiguiendo eventos impotantes, cuatro años planeando venganza.
Y aun así… No me contaban todo, ni me dejaban participar en decisiones clave.
Más de una vez perdimos aliados valiosos y según ellos fue por mi incapacidad de ver el panorama completo.
—Tú nunca comprenderás nuestro dolor —dijo el más viejo, incorporándose con dificultad.
Su voz temblaba.
—¡Yo lo perdí todo!
¡A todos!
¡Y no fue una sola vez!
¡Los perdí una y otra y otra vez!— Su grito resonó en el vacío del refugio.
Sentí que algo dentro de mí se rompía, ¿Acaso mi dolor era irrelevante solo por que el suyo fuera mas grande?
La idea me hacia queres matarlo.
Las lágrimas comenzaron a caer antes de que pudiera detenerlas.
Me arranqué el abrigo oscuro que todos usábamos para movernos con discreción y lo lancé al suelo.
Hice lo mismo con el anillo que creamos para contactarnos de forma remota.
—¡Váyanse a la mierda tú y tus estúpidos planes!
—grité con impotencia— ¡Si no sirvo, entonces me largo!— *Silencio* Nadie intentó detenerme, y nadie dijo nada.
Eso dolió más que cualquier herida.
Salí de allí tambaleándome.
No podía hacer nada sin su ayuda, pero tampoco me dejaban ayudar.
Y así que jamás podría vengarme de Hitogami.
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