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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 Capítulo 61 Fitts y Julie
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62: Capítulo 61: Fitts y Julie 62: Capítulo 61: Fitts y Julie Sylphiette POV —No creo que Ryo sea una mala persona —respondí con firmeza.

Llevábamos casi una hora discutiendo lo mismo.

El hecho de que Isolte fuera hija de Reida era un punto válido para sospechar.

Pero aun así Ryo nos había tenido en la palma de su mano cuando nos conocimos.

Si hubiera querido matarnos, pudo hacerlo entonces.

Incluso ahora.

Ariel observaba nuestro intercambio en silencio, normalmente ella ya habría tomado una decisión.

Pero esta vez incluso ella parecía indecisa.

—¡Solo lo defiendes porque se parece a ese Rudeus del que hablabas!

—espetó Luke.

Sentí cómo mi rostro se calentaba de inmediato.

Aunque quisiera negarlo…el parecido era innegable.

No solo en personalidad, también en apariencia.

Incluso tenía esa pequeña peca tan característica debajo del ojo.

Sin embargo, el color de su cabello y algunos rasgos lo diferenciaban.

Y después de regresar de su viaje, esa diferencia se volvió todavía más evidente.

—¡N-no es por eso!

—protesté.

En ese momento, Ariel finalmente habló.

—Calmaos.

Sir Ryo es un aliado valioso para nuestros objetivos.

Debemos mantenerlo cerca y aprovechar la simpatía que siente por nosotros —dijo con serenidad.

—P-pero, princesa… —insistió Luke.

—Basta, Luke —lo interrumpió ella con suavidad, aunque sin dejar espacio a réplica— Sé que te preocupa Isolte.

Pero yo sé leer a las personas… y ella no estaba mintiendo.

El silencio que siguió fue pesado mientras Luke apretaba los dientes.

… La biblioteca estaba en silencio.

Yo y Ryo nos reuníamos ahí casi todos los días para estudiar el fenómeno detrás del Desastre de Maná.

Juntos habíamos podido crear y teorizar diferentes teorías de incontables temas.

Incluso planteamos una hipótesis sobre por qué ambos podíamos usar magia sin cantó con tanta facilidad.

La hipótesis más evidente era por que la aprendimos a una edad muy temprana.

Ahora intentábamos entender la naturaleza misma del desastre.

Me sorprendía que él quisiera estudiar eso conmigo, él no tenía ninguna afiliación con alguien de la región de Fitoa además de Eris, la chica noble a la que Rudeus enseñaba según me contaron mis padres.

Para mi la única razón para investigar era saber dónde pudieron haber caído Rudeus y su familia.

Mis padres habían muerto.

Pero la familia de Rudeus aún podía estar perdida.

Rudeus se había hecho un nombre en estos territorios, pero de la noche a la mañana desapareció sin dejar rastro.

Buscar a su familia era lo único que me quedaba.

Si el desastre no fue completamente aleatorio, sii los teletransportados fueron dispersados bajo algún patrón, entonces quizá podría estimar dónde cayeron.

Encontramos un libro acerca de un laberinto antiguo que explicaba cómo funcionaba la teletransportación a través de círculos mágicos.

Era fascinante.

Pero no aportaba demasiado por la diferencia entre ese mecanismo de los circulos y la naturaleza caótica del desastre.

—Oye, Fitts —habló Ryo sin apartar la vista del libro.

—¿Sí, Ryo?

—respondí.

—Quisiera pedirte un consejo— —¿Sobre qué?— Pasó la página con calma y siguió leyendo mientras hablaba.

—Un amigo mío quiere aprender magia sin canto para poder hacer figuras de arcilla.

Pero no puede.

Y cuando intenta hacerlas a mano… tampoco logra nada por su falta de delicadeza— —¿Esculturas usando magia sin canto?— —Sí, mira— Extendió la mano.

Con magia creó arcilla y comenzó a moldearla con precisión.

En cuestión de segundos, formó una figura humanoide sorprendentemente detallada.

Lo miré con atención antes de intentarlo yo misma.

El resultado fue terrible por decirlo menos, estaba torcido y desproporcionado.

—Parece que incluso para mí es complicado —admití.

—Supongo que se me hace fácil porque de niño practicaba mi magia haciendo cosas así —comentó con naturalidad.

—Eso hace aún más difícil que tu amigo lo logre…— Me quedé pensando unos segundos.

Entonces se me ocurrió algo.

—¿Y si alguien más lo hace por él?

Ryo levantó la mirada.

—¿A qué te refieres?— —Conocí a alguien en la capital de Asura que tenía un problema similar.

Compró un esclavo con talento manual, y esa persona hacía el trabajo que él quería.

Hubo un pequeño silencio.

—Un esclavo… —repitió pensativo.

—Bueno… suena razonable —dijo finalmente.

— Supongo que se lo diré a mi amigo.

Podríamos ir al mercado de esclavos el próximo día libre— Asentí.

—Espero que encuentren a alguien adecuado— Me levanté, recogiendo mis cosas.

—Oye, Fitts —me llamó otra vez.

Me giré hacia él.

—¿Necesitas algo más?— —¿No podrías acompañarnos?

Tu opinión podría ayudarnos a elegir bien— Lo observé unos segundos, ir al mercado de esclavos… No era un lugar agradable, pero supongo que podía ayudar.

—Bueno… supongo que puedo— … —Es un gusto conocerlo, me llamo Fitts —me presenté con una leve inclinación.

El joven dio un paso al frente con porte orgulloso.

—¡Soy el tercer príncipe del Reino de Shirone!

¡Mi nombre es Zanoba Shi—!

¡Ugh…!— Antes de terminar su grandilocuente presentación, cayó de rodillas con un golpe seco en la pantorrilla.

—Zanoba, ten más respeto.

Fitts está usando su día libre para ayudarnos —lo reprendió Ryo con tranquilidad, aunque su tono no dejaba espacio para quejas.

—Tiene razón, maestro… —respondió el príncipe, bajando la cabeza.

Luego volvió a mirarme, esta vez con expresión solemne.

—Es un honor conocerlo.

Mi nombre es Zanoba, tercer príncipe de Shirone.

Me pongo a su servicio— Colocó una mano sobre su pecho.

Se sintió… extraño.

Que un príncipe me ofreciera su servicio, cuando yo solo era la guardaespaldas de una princesa.

—P-por favor, Su Alteza, no es necesario que diga eso.

Usted pertenece a la realeza… así que no se preocupe por mí —respondí con nerviosismo.

—Bueno, ya que terminamos con las presentaciones, supongo que podemos avanzar —intervino Ryo antes de que la situación se volviera más incómoda.

Sin más, comenzó a caminar en dirección al mercado de esclavos.

Zanoba lo siguió con entusiasmo.

Yo respiré hondo… y avancé tras ellos.

Pasamos por la ciudad antes de llegar al mercado donde los esclavos eran exhibidos sin ropa.

Intenté no mirar directamente.

Era incómodo y aun así imposible de ignorar.

El bullicio, las miradas de los compradores, las voces de los comerciantes anunciando “mercancía” como si se tratara de objetos.

—Maestro, no vinimos aquí por un guerrero —dijo Zanoba con seriedad inusual —Vinimos a encontrar un esclavo que tenga habilidad con la magia y destreza en las manos— —Tienes razón, Zanoba —respondió Ryo con calma—Si no mal recuerdo, los enanos son conocidos por su talento en la artesanía— Asentí.

—Y si quiere que aprenda magia, deberíamos buscar a alguien de temprana edad.

Será más fácil enseñarle— Ryo asintió nuevamente y se acercó a uno de los comerciantes.

… Entramos a una habitación lúgubre.

El comerciante solo tenía un esclavo tal y como lo buscábamos, pero estaba desnutrido y no sabía hablar humano.

Aun así, era nuestra mejor opción.

Ryo se miró molesto al ver a los esclavos en las celdas.

Cuando llegamos al final del pasillo vimos a una pequeña chica.

Sus huesos eran visibles a través de la piel.

Su cabello caía descuidado y sucio.

—Ahí estás —dijo el comerciante antes de abrir la jaula—Ven aquí— Jalándola de un tirón, vi cómo la cadena que llegaba hasta el grillete alrededor de su cuello se ajustó.

La niña apenas pudo mantenerse de pie.

Ryo frunció el ceño, pero no dijo nada todavía.

Zanoba observaba fijamente sus manos.

Yo sentí un nudo en el estómago… ella era demasiado pequeña.

… Rudeus POV Agarré la mano del comerciante, no con fuerza, sino lo suficiente para que dejara de jalar a la pobre chica.

El hombre retrocedió y yo me incliné para usar magia de sanación en ella.

—Siendo sincero, no creo que le convenga como esclava —dijo el viejo comerciante.

Me acerqué a ella y hablé en la lengua de la raza demonio, tal y como el hombre dijo que ella hacía.

—Hola, pequeña.

Me llamo Ryo.

Quiero encargarte una cosa —dije, esperando a que hablara.

El esclavista, viendo que no respondía, levantó su látigo, pero hice una seña para que se detuviera.

La mirada de la niña no cambió.

Ella estaba rota… completamente rota.

—Oye, maestro, ¿qué pasa?

—preguntó Zanoba.

—Ella está en un limbo.

No quiere vivir, pero no se quita la vida porque incluso así le tiene miedo a la muerte— Yo sabía lo que era eso.

Dejar de querer vivir, pero temer el final.

Por eso, aunque fuera humillante, aunque fuera asqueroso y aunque doliera, yo me aferré.

Como de la basura, viví en las calles y mendigue para aunque sea una vez a la semana comer algo normal.

Ese recuerdo me cayó pesadamente al ver a la chica frente a mi.

Ya habían pasado 15 largos años desde esos dias.

Cuando morí por primera vez pensé que no era tan malo.

Pero incluso entonces, todas esas veces que casi muero en este mundo me seguían trayendo temor.

Ruijerd casi me mata.

El cardenal también.

Los Rudeus de otras líneas temporales… y también estaba ella.

Era algo que no me gustaba recordar, pero fue el momento en el que más impotente me sentí.

Aun con todo el poder que tenía, la Diosa Dragón en ese momento de mi vida me había demostrado que había una brecha enorme entre nosotros.

No sabía si aquella diferencia aún estaba o si ya la había alcanzado.

Pero prefería no encontrarme de vuelta con ella.

—Maestro, ¿usted alguna vez había visto a una persona así?

—dijo Zanoba.

—Sí.

Fue hace ya mucho tiempo —respondí, recordándome a mí mismo antes de llegar a este mundo.

Miré de nuevo a la pobre chica y llevé mi mano a la espada en mi cinturón.

—¿Quieres morir?

¿Quieres que acabe con tu dolor?

—le pregunté.

No iba a obligarla a vivir si ya no quería.

Pero le ofrecería una salida.

—Dime algo —repetí en lengua demonio.

Ella miró hacia otro lado sin decir nada.

Espere unos segundos por si el temor le hacía decir algo pero aun así ella seguía callada.

*Suspiro* Con eso me preparé para matarla, rápido y sin dolor.

Pero habló antes de que lo hiciera.

—No quiero morir… —respondió a duras penas, con lágrimas en los ojos.

No necesitaba escuchar un ‘quiero vivir’.

Con un ‘no quiero morir’ era más que suficiente.

Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Nos la llevamos —le dije al comerciante, antes de poner mi abrigo sobre los hombros de la pequeña.

… La pequeña niña comía desesperadamente del plato que tenía frente a ella.

—Ryo, ¿puedes preguntarle su nombre?

—me pidió Fitts.

Asentí y me volteé hacia la pequeña antes de preguntarle.

—¿Cómo te llamas?

—pregunté.

—¿Cómo me llamo?

—dijo suavemente.

—Sí, ¿cómo te llamas?

—repetí.

—Me dicen hija de Basal Hierro Sacro y Lilitella Bellas Crestas Nevadas —respondió.

—Dice que es hija de Basal Hierro Sacro y Lilitella Bellas Crestas Nevadas —le expliqué a Fitts.

—Ah, lo olvidaba.

A los enanos no les ponen un nombre hasta los siete años —dijo Fitts.

—En ese caso será mejor que le demos un nombre —comenté antes de mirar a Zanoba—Zanoba, es tu esclava.

Decide tú— —Ella se llamará Julius —dijo casi sin dejar lugar a discusión.

—Zanoba… ella es una niña —dije, agarrándome la cabeza.

—Ese es el nombre del hermano al que asesiné por no saber controlar mi fuerza —respondió.

Hubo un breve silencio.

—Bueno… quedémonos con la esencia del nombre entonces.

¿Qué les parece Juliet?— —De acuerdo.

No tengo objeción —dijo Zanoba.

—Jaja, es un nombre lindo —añadió Fitts.

Ya con el nombre decidido, me dirigí nuevamente a la niña.

—A partir de hoy, tu nombre será Juliet —le dije.

La pequeña levantó la vista apenas.

—¿Julie?

—murmuró.

—Juliet —corregí con suavidad.

—Julie… —repitió, aferrándose a esa versión más corta.

… Zanoba se quedó con Julie.

Originalmente yo había propuesto llevarla a mi casa para evitar problemas con la universidad, pero Fitts me dijo que la universidad era bastante permisiva en la mayoría de esos casos.

Ante mi duda, ella reveló que incluso dormía en la misma habitación que la princesa, como su guardaespaldas.

—¿No genera problemas?

—pregunté.

—No.

La universidad permite este tipo de cosas— —¿Tienes una relación más profunda con la princesa?

¿O por qué no duerme con las otras dos que están en el consejo?

—No, no.

Yo soy un mago hábil, ellas no podrían protegerla.

Y tampoco tengo ninguna relación con la señorita Ariel —dijo, un poco rojo.

—¿Eres homosexual?

—pregunté sin rodeos.

—¿Q-qué?!

—casi gritó.

—Es que es muy raro que duermas con ella y no haya pasado nada.

Además, eres muy femenino.

¿Seguro que no eres mujer?— —¡No!

—gritó ya bastante molesto.

—Oye, no te enojes.

Mi duda es totalmente válida… pero está bien, te creo —dije, levantando las manos en señal de rendición.

Él suspiró profundamente antes de continuar hablando, retomando nuestra conversación con evidente esfuerzo por mantener la compostura.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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