Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 63
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- Capítulo 63 - 63 Capítulo 62 Linia y Pursena
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63: Capítulo 62: Linia y Pursena 63: Capítulo 62: Linia y Pursena Año 423K Rudeus POV Había llegado el momento de mi reunión mensual con el enmascarado.
Miré hacia el bosque profundo y de él su silueta se hizo nítida.
—Hola de nuevo, querido amigo —dijo, y esta vez traía esa “cosa”… Su humor era claramente retorcido como para traer mi propia mano en esta ocasión y no es que fuera la primera vez.
—¿Sigues conservando eso?
—pregunté un poco asqueado.
—Oye, es gracioso —respondió riendo mientras la agitaba.
—Solo dime para qué viniste —dije con fastidio.
—Bueno, tu padre quiere que traiga a tus hermanas contigo, ya que te has asentado —explicó con calma.
Suspiré antes de negar con la cabeza.
—Dile que no puedo —respondí mientras preparaba la carta dirigida a Paul.
—Le dije que te diera tiempo.
Primero tienes que aprender a usar las cartas que tienes a tu favor.
Si las usas en conjunto, podrías alcanzar una fuerza incluso mayor que la del viejo cascarrabias —añadió tranquilamente.
—Lo sé —hice una pausa antes de entregarle otra carta para Paul— Solo llévasela y no me molestes —dije, suspirando audiblemente.
—No podrás esconderte siempre.
Y ya la has cagado bastante hasta ahora, así que será mejor que te fortalezcas para valerte por ti mismo —dijo antes de marcharse.
… —Me escuchaste bien.
Pelea —dijo Linia.
No sé por qué, pero ese día ambas habían decidido que querían enfrentarse conmigo.
—No me molesten.
No tengo asuntos con ustedes —respondí, negando con la cabeza y haciendo un gesto para que salieran de mi vista.
—¿¡Serás!?
—gruñó Linia en voz baja.
—Nuni nano, no te dejes provocar, Linia —dijo Pursena.
—Ambas ya tienen problemas entre ustedes.
Será mejor que los resuelvan —añadí con calma mientras me daba media vuelta para irme.
Aun así, por la periferia de mi ojo derecho, y gracias a su rango ampliado de visión, pude notar cómo a mis espaldas ambas cargaban hacia mí por los costados.
Suspiré.
Me giré y lancé una bala de piedra a cada una, no necesitaba montar un espectáculo, solo necesitaba que dejaran de molestar.
Las balas impactaron en sus frentes y ellas cayeron como muñecos de trapo, arrastrando tierra y lodo al desplomarse.
—Supongo que no eran para tanto —murmuré.
Recordando la actitud de Ghislaine, retándome una y otra vez, decidí que tenía que resolver esto de raíz.
Las tomé a ambas por el cuello de sus uniformes y las arrastré hacia el cuarto de Zanoba.
Era momento de darles un castigo adecuado.
… —Y díganme, ¿este era todo su plan?
—pregunté calmadamente, apoyando mi rostro sobre una mano.
Ambas miraron hacia abajo, estaban claramente avergonzadas.
—Les preguntaré con simpleza una vez más… ¿por qué me atacaron?
—insistí.
Ninguna quiso hablar.
Se limitaron a mover las orejas con nerviosismo y yo suspiré.
No se me ocurrió nada mejor que dejarlas ahí un rato para que reflexionaran.
—Zanoba, ¿se te ocurre alguna manera de castigarlas?
—le pregunté a mi discípulo, que estaba admirando una de mis últimas obras.
—Lo lamento, maestro.
No se me ocurre nada —respondió sin apartar la vista de la figura que sostenía, describiéndole cada detalle a Julie con entusiasmo.
Me quedé pensando.
—En ese caso, cuida de ellas.
Voy a buscar el consejo de alguien más.
Hice una pausa, pensando en una forma sencilla para que Zanoba pudiera contenerlas si intentaban algo.
—Échales un balde de agua fría si se portan mal— Ambas, al escuchar eso, se inquietaron visiblemente y casi pude ver como sus colas se erizaron al instante.
… —Y eso es lo que pasó.
¿Se te ocurre alguna manera de darles un castigo que no sea lo suficientemente humillante como para que me odien, ni tan indulgente como para que vuelvan a intentarlo?
—le pregunté a Fitts mientras caminábamos por el pasillo.
Ella se quedó en silencio unos segundos, acomodándose el cabello detrás de la oreja.
—Es una pregunta complicada… —murmuró pensativo.
Me recargué contra la pared, cruzándome de brazos.
Fitts bajó la mirada, reflexionando antes de que sus orejas se levantaan como si se le hubiera prendido el foco.
—Tengo una idea— … Fitts se miró incómodo ante la escena frente a él.
Las dos mujeres bestia estaban amarradas cada una a una silla, visiblemente hambrientas y todavía algo húmedas.
—Se portaron mal, ¿eh?
—pregunté mientras me tapaba la nariz.
—Haz lo que quieras conmigo, miau… pero aunque me miau-tengas aquí, quítame las esposas.
No huiré, por favor, miau —decía Linia.
—Seré buena… pero aunque sea dame un poquito de comer.
No ladraré en la noche, no morderé… pero quiero carne.
Tengo hambre —dijo Pursena.
Fitts las miró con algo de pena.
Al final decidí compadecerme y, con ayuda de Fitts, secamos sus ropas usando magia.
Evité mirarlas demasiado pues no quería tener una erección justo ahora.
—Haré lo que digas, pero nada que me deje embarazada.
Para eso tendríamos que tener varias citas y casarnos, miau —dijo Linia mientras se acomodaba la falda.
—Exacto.
Pero te dejaré tocar a Linia de vez en cuando —añadió Pursena.
—Si, miau.
Puedes…¡¿Oye, por qué a mí?!
—protestó Linia.
—Las mías son caras.
Puede tocar si me da buena carne —dijo Pursena como si fuera lo más normal del mundo.
—¡Las mías también son caras!
—afirmó Linia.
Las miré a ambas.
No parecían odiarme ni tener ganas de otra pelea, aunque todavía dudaba si aplicar el castigo adicional que propuso Fitts.
—¿Podemos irnos ya, jefecito?
—preguntó Pursena con tono tierno— Tengo hambre y quiero comer carne seca en mi cuarto— “¿Jefecito?” —No hemos miau-bebido ni miau-comido nada desde que nos encerraste en la mañana —añadió Linia.
—No parecen realmente arrepentidas —habló Fitts a mi espalda.
—Fitts, esto no es cosa tuya.
No te metas —dijo Linia.
—Eso, nuni nano —apoyó Pursena.
Las orejas de Fitts cayeron con desánimo al ser tratada así.
Eso me recordó que ellas eran prácticamente matonas, y yo odiaba a los matones.
Sin querer, los recuerdos comenzaron a aflorar.
Recuerdo las palizas, las burlas y todo aquel abuso disfrazado de accidente en la secundaria.
Recuerdo que mi hermano intervenía cuando podía.
Se plantaba frente a ellos y me daba un respiro.
En ese entonces pensé que siempre sería así.
Pero en mi último año de vida… incluso eso cambió y él me abandonó de la peor forma posible.
La protección desapareció.
Y lo que quedó fue una soledad amarga que todavía me carcome cuando la recuerdo.
Por eso, cada vez que veo a alguien burlarse de otro, minimizarlo o tratarlo como si no valiera nada hacía que algo dentro de mí se tensara.
Porque sé exactamente cómo se siente estar en ese lugar.
—¡Sentadas!
—exclamé con firmeza— Se han portado mal y requieren un escarmiento.
Fitts, haz lo tuyo— Era hora de la “idea” de Fitts.
Con un pincel, comenzó a dibujarles cosas graciosas en el rostro.
Una uniceja a Pursena, un círculo alrededor de la boca y cejas pobladas a Linia.
Solté algunas risas al verlas.
Yo mismo terminé dibujándole un bigote de villano a Pursena y tal vez exagere al hacer que se enrollara como un huracán.
También escribimos frases graciosas en sus mejillas.
—Esta es pintura de una tribu demonio usada para tatuajes.
Con un encantamiento puede volverse permanente —dijo Fitts con seriedad.
—Fitts… serás… —murmuró Linia.
—Nuni nano… —añadió Pursena.
—Si desobedecen a Ryo, lo activaré y se quedarán con eso… para siempre —remató Fitts, enfatizando el ‘para siempre’.
Ambas asintieron vigorosamente.
—Permanezcan con eso todo el siguiente día y se las quitaré —concluyó.
Ambas simplemente aceptaron el castigo y se prepararon para irse saliendo por la ventana, pero Linia se volteó antes de saltar.
—¿Cómo eres tan fuerte?
—preguntó.
—Saben que soy Sword God.
No obtuve el título porque estuviera libre, lo gané derrotando al asesino del anterior Sword God— —Pero no usaste espada ni técnica de combate.
¿Cómo nos venciste sin ellas?
—insistió.
“Se dio cuenta…” —Magia sin canto.
También soy un prodigio con la magia —respondí con sinceridad.
Ambas se miraron y asintieron.
—¡Adiós, jefecito!
—dijeron al unísono antes de marcharse de un salto.
… Pasaron las semanas y luego unos meses, y la época de lluvias llegó.
Me senté en la oficina de Jenius para discutir un asunto importante.
—Y por eso quería pedirle que nos uniéramos y que usted formara parte de nuestra institución.
Así, de paso, tendrá un ingreso por todo aquel que llegue principalmente a estudiar en la universidad, pero que aun así asista a su dojo —terminó su discurso de persuasión.
Así es.
Mi dojo ya había abierto oficialmente hacía unos meses.
Ghislaine estaba a la cabeza, con Nina, Eris e Isolte enseñando como auxiliares.
En realidad, Nina era quien lo dirigía en la práctica, pero por decisión propia, al ser Ghislaine la más fuerte, era ella quien se sentaba en mi asiento cuando yo no estaba.
—Me parece un gran trato.
Así podré dejar de preocuparme por quedarme sin capital —respondí.
Y era verdad.
Últimamente me estaba quedando sin dinero.
Todo lo que ahorré como aventurero, y lo que me llevé de la habitación de Gal, ya casi se había agotado.
La mayor parte se fue en construir y comprar terrenos.
También se fue yendo con lo que le pagaba a Jenius para que Nina, Eris e Isolte pudieran practicar en la universidad antes de que iniciaran formalmente las clases y antes de que el dojo estuviera terminado.
Y no voy a mentir.
Me aproveché un poco del entusiasmo de Eris por hacer cosas de aventurera para enviarla al mini gremio del lugar a tomar misiones, cuando el dinero empezaba a escasear.
Ahora que Eris ganaba dinero, ya no sería mentira decirle ‘Te lo guardo para que no lo malgastes’.
—Genial.
Se le dará una comisión por cada estudiante que asista a su dojo, y el espacio designado a la esgrima dentro de la universidad se reducirá en favor de ampliar el área de investigación mágica— Con eso arreglado, salí de la universidad.
Sin darme cuenta, poco a poco el dojo, que antes tenía poca gente, comenzó a llenarse.
Y cuando llegaron las temporadas de lluvia, el dojo y sus alrededores se convirtieron en uno de los lugares principales para los duelos matrimoniales del clan bestia.
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