Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 64
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64: Capítulo 63: Badigadi 64: Capítulo 63: Badigadi Año 423K Rudeus POV —¿¡Qué hicieron qué!?— les grité a Linia y a Pursena mientras ambas estaban sentadas en mi casa.
Al parecer, Linia se encontró con Ghislaine, quien resultó ser su tía.
Pursena la había seguido hasta el dojo, donde Linia le preguntó cómo se había vuelto tan fuerte.
La charla no se parecía en nada a una reunión familiar, lo cual, sinceramente, me dio un poco de gracia.
Pero lo verdaderamente problemático vino después.
Ghislaine les preguntó por qué nadie del clan bestia las estaba retando últimamente.
Y fue entonces cuando Linia, sin pensarlo demasiado, confesó que me había otorgado el título de jefe de su manada… o algo por el estilo.
Lo que explicaba perfectamente por qué, en las últimas semanas, tanta gente bestia me había estado retando a pelear.
Por obvias razones, me enojé.
—Lo lamento, jefecito… es que tú eres mucho más fuerte, miau —dijo rápidamente Linia, moviendo las orejas nerviosa.
Pursena, por su parte, solo agachó la cabeza.
—Lo lamento, jefecito… nuni nano…— Suspiré ante su clara falta de raciocinio y sentido común.
Estaba a punto de decidir su castigo cuando el sonido metálico de una espada cayendo al suelo nos hizo voltear a los tres hacia la entrada de la sala.
Eris estaba allí.
Con los ojos bien abiertos.
—R-Rude— Intentó pronunciar mi nombre, pero me moví con rapidez y le cubrí la boca antes de que lo dijera por completo.
—No uses ese nombre —le susurré en voz baja usando gestos para indicar que se callara.
—Y-yo… —balbuceó, respirando agitadamente, mientras miraba a Linia y Pursena, que seguían arrodilladas en el suelo con expresión de desconcierto ante el intercambio.
… —Ryo, ¿qué sucede?
—me preguntó Fitts mientras observaba cómo Eris le daba una paliza a un hombre adoldia que me había retado.
—Hola, Fitts.
Verás, Eris decidió que los que me reten para poder tener la mano de Linia o Pursena primero deben poder vencerla a ella —respondí mientras masticaba un trozo de carne que les quité a las susodichas por haberme metido en este lío.
Aunque, para ser sincero conmigo mismo, ya no era tan molesto.
Cuando Eris se enteró de por qué las estaba regañando, se ofreció a ayudarme.
Tiene la misma debilidad que cualquier Boreas cuando se trata del clan bestia.
En realidad, aceptó con la condición de que no les hiciera nada malo a las dos.
Desde entonces, incluso les pide que la visiten seguido.
Parece llevarse bastante bien con ellas, así que no le veo el problema.
Un fuerte estruendo interrumpió mis pensamientos cuando Eris estampó al pobre hombre contra una pared.
—¿No crees que es un poco dura?
—comentó Fitts, algo tenso.
—Le di permiso.
Es molesto que tanta gente venga a desafiarme.
Incluso siendo Sword God no parece ser una persuasión suficiente para apagar la calentura de estos tipos que me retan por la mano de Linia y Pursena—dije, agitando la mano con desinterés.
Eris volvió a lanzarse al ataque, y el adoldia apenas logró levantarse antes de recibir otro golpe que lo hizo rodar por el suelo.
—Bueno, ¿quieres ir a clase?
De todos modos, no pueden molestarte adentro —propuso Fitts.
—Buena idea.
Es divertido verlos caer… pero eso solo al inicio.
Ahora ya solo dan pena —respondí antes de seguirlo.
… Fitts y yo habíamos seguido avanzando con nuestro proyecto secreto, y cuando finalmente salimos de clases el cielo ya estaba teñido por los tonos anaranjados del atardecer.
El aire era más fresco y el campus comenzaba a vaciarse poco a poco.
—¡Maestro!
—gritó Zanoba a la distancia, corriendo hacia mí con su característica forma rígida de moverse, como si cada articulación estuviera perfectamente calculada.
Me detuve.
—¿Pasa algo?
—pregunté, notando la urgencia en su voz.
—¡Un hombre gigante lo está buscando!
Dice que es un rey demonio y quiere probar su fuerza.
¡La señorita Eris está con él ahora mismo y parecen a punto de pelear!
—explicó rápidamente, señalando hacia el patio principal.
Solté un largo suspiro.
—Algo asi tenía que pasar… —murmuré con resignación.
Mi suerte nunca me daba descanso.
Sin perder tiempo, seguimos a Zanoba.
A medida que nos acercábamos al área principal, el ruido de los murmullos se hacía más evidente.
Cuando llegamos, la escena era clara.
un montón de razas bestia estaban vencidas en el suelo, algunos inconscientes, otros apenas incorporándose con dolor.
En el centro del claro estaba Eris, espada en mano, de pie frente a una figura gigantesca.
Un hombre… o algo parecido a uno.
Su piel era de un tono morado intenso.
Medía unos tres metros de altura, con un torso ancho como un muro y seis brazos gruesos como troncos de árbol.
Incluso desde donde estaba, su presencia imponía.
Yo medía 1.82… si no mal recuerdo.
Pero frente a él, la diferencia era abismal.
La pelea estaba a punto de comenzar, pero en cuanto crucé el límite de la pequeña multitud, su mirada cambió de Eris hacia mí.
—¡Tú!
¡A ti te estaba buscando!
—dijo con una risa tosca y profunda que vibró en el aire.
—¡Oye, tu pelea es conmigo!
—protestó Eris, colocándose frente a mí de inmediato, con la espada levantada y los ojos encendidos.
Di un paso al frente.
—Eris, cálmate.
Yo me encargaré de esto— Ella apretó los dientes.
No le gustaba retroceder.
Pero tras unos segundos de tensión, bajó ligeramente la espada y dio un paso atrás, aunque no sin mirarlo con evidente hostilidad.
Miré al gigante directamente a los ojos.
—¿Se podría saber por qué me busca?
El hombre soltó otra carcajada.
—¡Escucha, mocoso!
¿Ryo, verdad?
Mi prometida, Kishirika, hace unos años te conoció y habló muy bien de ti.
¡Mi nombre es Badigadi, Rey Demonio Inmortal, y te reto a un duelo!— Fruncí el ceño.
—En ese tiempo usé otro nombre —respondí con desconfianza, estudiando cada uno de sus movimientos.
—¡Jajaja!
Eso no importa.
Ella no recordaba tu nombre, pero me dio un ojo demoníaco para rastrearte y los rumores de quien eras me dieron tu verdadero nombre—dijo señalando su ojo izquierdo.
Lo observé con atención.
Era rojo intenso, con anillos concéntricos que recordaban a la mira de un rifle de mi antiguo mundo.
No parecía un simple adorno.
—Ya veo… —susurré.
La variedad de ojos demoníacos que poseía Kishirika era ridículamente amplia.
No era imposible.
Suspiré internamente.
No quería problemas políticos por negarme a un supuesto rey demonio.
—Aceptaré su reto, su alteza.
Pero permítame prepararme —dije inclinando ligeramente la cabeza.
La multitud comenzó a aglomerarse aún más alrededor, formando un amplio círculo.
Fitts me observaba con evidente preocupación, alternando su mirada entre Badigadi y yo.
—Está bien.
Por mí, tómate el tiempo que quieras —respondió tranquilamente antes de sentarse en el suelo como si estuviera a punto de presenciar un espectáculo.
Con su permiso concedido, me quité la parte superior del uniforme.
Sería molesto tener que repararlo en medio de la semana sin un día de descanso cercano.
Él me miró atentamente antes de volver a hablar.
—Ryo, usa tu hechizo más poderoso al iniciar.
¡Quiero ver tu máximo poder con la magia!
—exigió de pronto.
Era una petición extraña… pero no tenía motivo para negarme.
—Está bien, señor Badigadi— —Solo dime Badi— Parpadeé.
—Está bien… ¿Badi?
—repetí con tono dubitativo.
Me parecía un apodo demasiado cercano.
Sacudí la cabeza y chasqueé los dedos.
—¡Linia, Pursena!— les grite.
Entre la multitud, ambas intentaban esconderse para ver la pelea.
Corrieron hacia mí de inmediato.
—¿Pasa algo, jefecito?— —¿Pasa algo, jefe miau?— —Cuiden esto —dije, entregándole mi ropa a Linia.
Ella asintió con seriedad inusual y volvió a internarse en la multitud, ahora cargando mis prendas como si fueran un tesoro.
Badigadi se levantó lentamente, su sombra cubriéndome.
Me acerqué lo suficiente para verlo a los ojos, manteniendo una distancia prudente.
—Empieza —ordenó el.
Así que comencé.
Extendí ambas manos frente a mí.
Mi prótesis de mi brazo derecho estaba tapada por el guante de Eris.
Aún no regentaba mi brazo para disimular mi habilidad ante Isolte, para mi mala suerte esta concentraba menos que mi mano real, pero no era un impedimento serio.
Entre mis palmas comenzó a formarse una bala de piedra.
—¿Una simple bala de tierra?
—murmuró un mago entre la multitud.
—¿Quiere vencer a un rey demonio con un hechizo de rango intermedio?— —Qué espadachín más arrogante…o débil— Ignoré los murmullos.
Hice girar la bala.
Aumenté la rotación progresivamente.
La moldeé para que su punta se afilara como un tornillo perforador.
Seleccioné los minerales más duros disponibles bajo mis pies que ascendieron como granitos de arena para unirse a el hechizo.
Compacté la estructura hasta el límite.
El aire a su alrededor comenzó a distorsionarse por la presión mágica.
Los murmullos se apagaron.
Fitts tuvo que llevarse una mano a la frente para evitar que el viento generado le cubriera el rostro con el cabello.
Badigadi observaba con genuina expectación.
Finalmente, moví mis brazos en direcciones opuestas, como si ese gesto liberara la tensión acumulada.
La bala salió disparada.
El impacto fue instantáneo.
El torso superior de Badigadi desapareció en una explosión de sangre y polvo.
Solo sus piernas quedaron en pie por una fracción de segundo antes de salir despedidas hacia atrás, arrastrándose por el suelo, dejando un surco profundo en la tierra y el césped arrancado, hasta chocar violentamente contra la columna de uno de los edificios.
El silencio fue absoluto.
“¿Realmente era inmortal?” me pregunté mientras miraba a los alrededores, escaneando las reacciones de la gente.
Entonces… —¡Jajaja!
¡Estoy de vuelta!
—gritó una voz mucho más aguda.
Miré hacia adelante.
Fragmentos de carne morada y dos de sus brazos comenzaron a arrastrarse por voluntad propia hacia una figura pequeña, de apenas un metro de altura.
Se unieron al pequeño Badigadi, fusionándose.
En cuestión de segundos, volvió a crecer hasta recuperar su forma original.
Me acerqué lentamente.
—¿Está bien, su alteza?— —¡Claro que sí!
¡Y ahora es mi turno!
—gritó antes de lanzar un golpe con sus tres brazos hacia mí.
Bloqueé con mi brazo izquierdo mientras desenvainaba la espada con la derecha.
El suelo cedió varios centímetros bajo mis pies por la presión.
Badigadi levantó sus puños lentamente antes de que lo cortara.
—Tú ganas, Ryo.
¡Puedes llamarte Héroe si es lo que deseas!— —Pero no lo he derrotado aún —respondí, confundido.
—No hace falta.
Tu hechizo, aunque tardado, demostró una habilidad mágica enorme.
Y mi golpe, aunque no fue con todo mi poder, no te hizo nada.
Es suficiente con esto— Tomó mi mano y la levantó en el aire.
—Si no vas a ser un héroe, entonces al menos grita tu victoria— No entendía del todo la costumbre… pero tampoco quería ofender a un rey demonio inmortal.
Tomé aire.
—¡Yo gané!— … —Sabía que nuestro jefe podría, miau— —Ya no hay nadie que nos quiera retar, miau— —Nuni nano, hasta el Rey Demonio te ha retado.
Se nota que nuestros encantos son irresistibles— —Como agradecimiento puedes tocar los pechos de Linia— —¡Oye, deja de ofrecerme a mí!— Suspiré ante la actitud de estas dos.
Ya me habían metido en un gran lío y no es que me entusiasmara tanto por un par de tetas.
Pero no pude empezar mi regaño hacia ellas cuando un estruendo sonó y, seguido de este, la figura de Badigadi entró riendo.
—¡Jajaja!
¡El Inmortal Rey Demonio Badigadi ya llegó!— Ahora vestía el uniforme de Ranoa muy paretado y el simple hecho de pertenecer a la realeza y ser inmortal probablemente lo hizo entrar a esta clase.
“¡Me lleva la verga!” … Sylphiette POV —Oye, Fitts, creo que no dejas de mirar a Ryo cada vez que se aparece— empezó Ariel.
—D-de qué habla, princesa— dije.
—Descuida, no está mal si te enamoraste.
Inclusive podría ser de ayuda para nuestra causa tu acercamiento a él— —Princesa, no diga eso.
Ese hombre no es de fiar.
Nunca dejaré que se acerque a Sylphiette y le haga daño— dijo Luke, molesto.
—Luke, tu preocupación es adorable, pero creo que Ryo ya demostró que su fuerza no tiene comparación— dijo Ariel.
—No, Luke tiene razón.
Además, Ryo no para de mirarme raro cada que hago algo femenino.
Creo que piensa que soy un hombre gay…— dije un poco decaída.
—¿Te molesta?— preguntó Ariel.
—B-bueno, sí… él, bueno, tú sabes… es un poco humillante— dije entrecortadamente.
—¿O es porque te gusta?— dijo Ariel.
—N-no, claro que no… él es muy amable y todo, pero yo solo amo a Rudeus— dije.
—¿Estás segura de ello?— —Él y yo… juramos que nos casaríamos cuando tuviéramos 15 años— dije.
No era mentira.
Cuando teníamos 6 años recuerdo que, en un día lluvioso, él me llevó a su casa.
———— “Flashback” Una tormenta llegó a Buena Village.
Rudeus dijo que podía detenerla, pero que eso podría afectar los cultivos de la zona.
Con eso decidimos ir a su casa, que era la más cercana.
—Bienvenido a casa, joven amo… y también a su acompañante— dijo Lilia al entrar.
Vi a Rudy sonrojarse.
—El agua ya está caliente— dijo entregándonos toallas.
—Sígueme, Sylphiette— dijo Rudy.
Caminamos escaleras arriba y él se quitó la parte superior de la ropa antes de detenerse.
—Sylphiette, entra tú primero— dijo él mientras se dirigía a afuera de la habitación.
Eso me sorprendió.
Él se enfermaría, y esa agua era para él.
—P-pero te lo prepararon para ti— dije.
—No te preocupes.
De ser necesario la calentaré de nuevo, tú ve primero— dijo con una sonrisa que hizo a mi corazón dar un vuelco.
—B-bañémonos juntos— dije.
—¿Estás segura?
Tú eres una niña y yo un niño— dijo.
—No te preocupes, sino te resfriaras— dije tranquilamente, decidida a compartir con Rudy el agua.
… Rudy conservó su ropa interior y me dijo que hiciera lo mismo y que me cubriera con las manos, pero tarde o temprano, mientras nos enjuagábamos, terminamos tirándonos agua y olvidando eso.
Reímos ambos y terminamos de bañarnos para salir.
Ya afuera, él me ofreció una toalla para que me cubriera mientras secaba nuestras ropas, las cuales él mismo enjuagó con agua antes de hacerlo.
Cuando terminó, nos cambiamos y nos echamos en su cama.
—Rudy, ¿me prometes que siempre estaremos juntos?— pregunté repentinamente.
Vi cómo él se giraba para verme.
Ya se veía cansado, pero aun así habló.
—Claro, yo nunca te dejaré sola— dijo.
Le sonreí antes de volver a preguntar.
—Entonces… ¿te casarías conmigo cuando cumplamos 15?— pregunté.
—C-claro, Sylphiette…— dijo, dando un bostezo al inicio y cerrando sus ojos al final.
Yo, un poco nerviosa, lo miré antes de besarlo en sus labios entrecerrados.
Finalmente bostecé y me dormí abrazándolo.
“Fin Flashback” ———— —Incluso lo besé… aunque ya estaba casi dormido, no sé si lo recordará— dije.
Sentí como mis orejas cayeron por mi tristeza.
—Vaya, esa sí que es una historia de amor— dijo Elemore entrando con una pila de papeles.
—Elemore tiene razón, es conmovedor.
El primer amor a menudo no se olvida aun cuando vuelves a enamorarte— dijo Ariel.
—Yo nunca olvidaré a Rudeus— dije.
—Pero eso no significa que él vaya a hacer lo mismo.
Tal vez ya siguió adelante, ya formó su propia familia y es feliz… o tal vez no lo es, pero eso no significa que debas aferrarte a él— dijo Ariel, por primera vez dándome un consejo femenino.
—P-pero yo…— intenté decir.
—Si ahora también amas a Ryo, no tienes que escoger.
Tal vez incluso uno te escoja.
Tal vez Rudeus vuelva y decida que te ama, o tal vez nunca regrese y Ryo sea quien te complete— hizo una pausa poniendo su mano en mi hombro.
—O tal vez ninguno lo sea, pero tú tienes que dejarte llevar por tu corazón— dijo Ariel.
****** Nota del autor: Hace tiempo que ya quería hacer este capítulo.
Lo tenía en mente, pero no sabía cómo seguir la historia en hace unos capitulos.
Ya tengo casi todos los sucesos importantes en mi cabeza, sé cómo van a suceder, pero conectarlos es el trabajo de los demás capítulos.
Me encanta esta historia, y aunque a veces me estanque, haré todo lo posible por seguir incluso cuando no tenga ganas, porque sé que cada vez que llegue un capítulo como este, esas ganas volverán.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com