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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 65

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65: Capítulo 64: Otro mundo 65: Capítulo 64: Otro mundo Año 423 K Rudeus POV La magia divina era extraña, pero por fin estaba avanzando en ella.

La verdadera magia divina comenzaba en rango avanzado.

Todo lo anterior no era más que la magia de sanación y desintoxicación que ya conocía.

En cambio, al llegar al rango avanzado, el panorama cambiaba por completo, abriendo la puerta a las bendiciones, maldiciones, exorcismos, purificación y protección.

Protección contra espíritus… aunque, si era honesto, aún no comprendía del todo la naturaleza de esos seres.

¿Eran entidades independientes?

¿Residuos de mana con voluntad?

¿Interferencias dimensionales?

No sabía si confiar del todo en los textos ya que algunos se llegaban a contradecir.

Pero lo más destacable era otra cosa.

Maldiciones y bendiciones.

La capacidad de imponer alteraciones temporales sobre el cuerpo y, en casos más profundos, sobre el alma misma.

Una bendición que pudiera otorgarse a alguien más era extremadamente útil.

Usarla sobre uno mismo producía un efecto muy similar al touki, fortalecimiento físico, ligera mejora en reflejos y resistencia.

Sin embargo, combinar ambas no generaba una sinergia significativa ya que en realidad el touki era más eficiente y centrar todas tus fuerzas para hacer touki tu mana que gastarlo en usar magia divina.

Eso significaba algo claro su mayor valor no estaba en potenciar a mí… sino en proteger a otros que no pudieran usar tanto touki como yo.

Con esa idea en mente, decidí investigar su funcionamiento práctico.

Encontré una pequeña rata en el bosque cercano al campus.

Estaba visiblemente debilitada por el hambre, sus costillas marcadas bajo la piel sucia.

Apenas reaccionó cuando la tomé.

Si la bendición funcionaba como teoría indicaba, debería actuar como si estuviera sana.

Y así fue.

Tras aplicar la fórmula, el cambio fue inmediato.

Sus movimientos se volvieron ágiles.

La debilidad desapareció como si nunca hubiera existido.

Incluso sus ojos recuperaron brillo.

Luego probé con otra rata, esta en estado normal.

El incremento fue evidente.

Su fuerza aumentó lo suficiente como para roer la madera de trent que había usado para fabricar su caja y esta no era una madera común, el trent tenía una resistencia notable.

Cuando el efecto terminó, ambas regresaron a su estado original.

No había cambios permanentes, ni había daño residual.

Ya comprobando eso era obvio que las maldiciones funcionaban de manera similar.

Con los libros ahora sabía que tenían una duración limitada… a menos que el maná logra alcanzar el alma.

Sólo entonces podían volverse persistentes.

Eso implicaba una exposición extremadamente intensa a una fuente poderosa o a una débil pero prolongada.

En condiciones normales, las maldiciones no eran tan aterradoras como las leyendas sugerían.

Al alcanzar por fin el nivel avanzado y poner en práctica todo lo que tenía para darme esta rama, me sentí completamente competente.

Era una sensación agradable el tener dominio, comprensión y control.

Terminé de registrar mis observaciones y, tras concluir el experimento, le di a las pequeñas ratas un final limpio con un corte preciso.

No había necesidad de prolongar su sufrimiento.

Guardé mis notas y quemé todo lo demás para tirarlo en un basurero al terminar salí del laboratorio que estaba utilizando en ese momento.

Recorriendo la universidad llegué a la biblioteca donde vi la figura desanimada de un ahora amigo cercano.

Fitts estaba sentado en una de las sillas, con la mirada baja, los hombros ligeramente encorvados.

No parecía estar concentrado en ningún libro.

Algo no estaba bien con él, así que me acerqué.

Tal vez él tuviera algo más que enseñarme sobre esta rama de la magia y si le levantaba el animo seguro y me ayudaba.

… Sylphiette POV Había pasado un día desde que la princesa me aconsejó sobre cómo tratar con Ryo, pero aún me encontraba indecisa.

“No puedo sentir esto… ¿qué pasará con Rudy?” suspiré y apoyé mi cabeza sobre la mesa de la biblioteca, dejando que el peso de mis pensamientos me aplastara un poco más.

—¿Pasa algo, Fitts?

Te ves decaído— habló alguien a mis espaldas.

Su voz me tomó por sorpresa.

Rápidamente me recompuse, enderezando la espalda.

—¡No es nada!— dije exaltada, quizás demasiado rápido.

—Oye, no te pongas así.

Además, quisiera saber si sabes dónde puedo conseguir más material sobre la magia divina.

Ya he terminado con todo lo que me diste— dijo con naturalidad.

“¿Ya… lo terminó?” —La verdad es que yo ya no podría ayudarte en eso.

No tengo más material— admití con honestidad.

—Aunque se me ocurre que Cliff tenga más de eso— —¿No puede ser otra persona?— dijo, rascándose la parte posterior de la cabeza con cierta incomodidad.

—No creo que haya alguien con mayor acceso.

Después de todo, es el nieto del Papa— expliqué.

Su expresión se torció levemente.

—Mierda…— susurró casi para sí.

—Bueno, da igual.

Prácticamente ya he dominado todas las ramas de la magia— añadió con ligereza.

—¿¡Todas!?— repetí sin poder ocultar mi sorpresa.

Eso me sorprendió incluso a mí.

—Sí.

Magia elemental, sanación, desintoxicación, divina y círculos mágicos— enumeró, asintiendo para sí mismo como si estuviera repasando una lista mental.

Lo miré un momento.

—¿Y la de invocación?— pregunté.

De repente dejó de asentir en seco.

—Me olvidé que eso existía— dijo soltando una risa despreocupada.

No pude evitar reír también.

Ryo era un genio increíble.

Solo podía compararlo con Rudy… y ahora que lo conocía mejor, encontraba cada vez más similitudes entre ellos.

Incluida esa forma de olvidar cosas tan característicamente suya.

—Bueno, entonces… ¿me ayudarías a aprender de esta rama?— preguntó mirándome con interés genuino.

—Yo no sé mucho, la verdad— admití.

—Aunque se me ocurre alguien— —¿Quién?— preguntó de inmediato.

—Creo que ya has oído hablar de ella.

Prácticamente remodeló este lugar— No necesitaba decir nada más, él sabía a quién me refería y sabía que su pensamiento sería el mismo.

“Silent Seven Star” … Rudeus POV No hizo falta decir su nombre.

Ella era la alumna más misteriosa.

Se decía que tenía un cabello negro hermoso, nunca antes visto en estas tierras.

Además, fue quien propuso los pizarrones, los uniformes y varias mejoras en el menú de la universidad.

Sus hazañas eran totalmente las de alguien que había caído en este mundo desde el mío.

Yo no quería involucrarme con ella.

En parte por miedo a que alguien descubriera de dónde vengo… y en parte porque no tenía ningún apego a mi mundo anterior.

No había nada allí que quisiera recuperar.

Pero mi sed de conocimiento me empujaba hacia ella.

La magia de invocación… tal vez fuera completamente inútil para alguien tan fuerte como yo.

O tal vez fuera la magia más útil de todas si lograba revelarme secretos de este mundo a través de los espíritus que podían invocarse segun recuerdo mencionan algunos libros.

Si, había pasado por alto la invocacion a pesar de que se mencionan en los libros.

Una retroalimentación que debo hacerme a mí mismo es ‘presta atención a lo que lees y escuchas’ Recuerdo que hace un tiempo le pregunté una vez a mi otro yo todo lo que sabía de este mundo.

Él mismo dijo que no le interesaba tanto descubrir su ‘lore’.

Su único objetivo era vengarse de Hitogami.

No desvelaron nada más allá de eso y sobre el Factor Laplace y la teletransportación.

Que esta ultima la usaban para transportarse tan rapido de un lugar a otro.

Me consternó lo fácil que era que la usaran así que le pregunté sobre el desastre de Mana.

Su respuesta fue menos que decepcionante.

—Ni idea, casi siempre aparece en los bucles y creo que tiene que ver algo con la corrección del destino— Conocían eventos importantísimos y qué pasaba con cada pequeño cambio en la historia y esto también me reveló que los eventos solían pasar siguiendo un destino que aunque variable siempre buscaba repetir caminos anteriores.

Pero ninguno estudió más allá de eso, pues su objetivo no era adquirir conocimiento… era matar a alguien, sin importar el costo.

Divagué sobre todo esto por un tiempo hasta llegar a las escaleras circulares que llevaban al laboratorio privado de la seguramente reencarnada mujer.

Subí lento y con calma, cuando llegué a la puerta toqué dos veces y espere a que habrieran.

Pasaron unos minutos sin respuesta así que decidí entrar de todos modos.

Miré los pizarrones llenos de fórmulas y esquemas, las estanterías llenas de libros y las piedras mágicas tiradas en el piso, pero algo llamó mi atención de inmediato fue un instrumento.

Un violín descansaba en una mesa, claramente tallado a mano.

Lo reconocí al instante no solo por el intento de asemejar la forma, sino por su arco que lo acompañaba a su lado.

Recuerdo que en mi antigua vida me había inscrito en clases gratuitas con uno de los alumnos mayores de mi escuela daba como club no oficial.

Esto porque quería impresionar a mis estrictos padres.

Me agaché y pasé la mano por el instrumento antes de levantarlo junto con su arco.

Apoyé el violín en mi brazo, llevándolo hasta mi cuello.

Primero deslicé el arco una sola vez para recordar la sensación y escuchar como sonaba.

Estaba ligeramente desafinado, un poco más flojo de lo normal, pero en realidad eso era perfecto para lo que quería transmitir.

Lentamente pasé el arco de nuevo y coloqué los dedos sobre las cuerdas.

Toqué una melodía lenta y melancólica, como estaba menos tenso de lo que debería las notas salieron graves y profundas.

No recordaba ninguna canción en particular.

Era más bien una expresión de lo que alguna vez representó ese instrumento para mí.

Un suave desliz entre las cuerdas mientras cambiaba en un juego de muñeca me permitía transmitir la melancolía y tristeza que sentía por lo que me pasó injustamente.

Lo toqué durante unos veinte segundos antes de terminar y dejarlo a un lado.

—Hermoso…— escuché a mis espaldas.

Rápidamente desenvainé el arma y la llevé al cuello de la mujer.

Había entrado en mi guardia.

Aun con mi visión mejorada, entró en mi punto ciego.

Aun con todos mis sentidos alerta, logró acercarse.

Incluso con la leve detección que el tercer ojo Superd podía darse sin activarlo por completo no sentí en absoluto su presencia ni su mana.

Ella no tenía presencia alguna.

Ante mi espada en su cuello, retrocedió y cayó de espaldas al suelo, claramente asustada.

“Esa máscara” Un escalofrío me recorrió la columna como un cubo de hielo bajando en ella.

Rápidamente la agarré y la puse contra mi pecho mientras llevaba mi espada a su cuello nuevamente, esta vez en posición de rehén.

Era la misma mujer que acompañaba a la Diosa Dragón cuando casi me mata.

“¿Acaso volvió para acabar lo que empezó?”, pensé.

—Sal de donde sea que estés, Diosa Dragón— dijo con una voz ligeramente temblorosa.

Activé el Ojo Superd y escaneé el área.

Recordar cómo me licuaban por dentro y cómo fui despedido como una basurita al vacío fue algo desagradable.

—¡Cálmate, ella no está aquí!— dijo.

Aflojé ligeramente el agarre cuando me di cuenta de que la aterradora presencia de la Diosa Dragón no estaba.

Luego de unos segundos terminé de soltarla, y ella se apartó rápidamente.

—Sé que ella da miedo, pero no es para que te pongas así— dijo, intentando recomponerse.

—Tú…— la miré con rencor mientras dejaba que mi espada raspase el suelo de roca, sacando chispas por el roce antes de lavantarla y apuntarle con la punta.

—¿Ahora qué hice?— dijo retrocediendo un paso.

—Tu amiga esa casi me mata— dije, recuperándome mentalmente.

—Bueno… tal vez si actuaste como debías—respondió mirando a otro lado.

Luego recogío los restos del violín, que se había roto cuando lo dejé caer para desenvainar mi espada.

—Me sorprende tu fuerza.

Pudiste destruir mi defensa sin dificultad— dijo mirándome a través de la máscara.

—Dime, ¿cómo te hiciste tan fuerte sin maná ni touki?— preguntó con curiosidad.

—¿De qué diablos hablas?— pregunté.

—Tú eres como yo.

De ese mundo.

¿O cómo sabías tocar el violín?— dijo ella.

Era obvio que me había descubierto.

Me ganó la nostalgia por tocar ese estúpido instrumento.

—¿De dónde…?— volvió a hablar.

—¿Europa?

Tus rasgos son europeos— —Japón…— respondí.

Ella se emocionó visiblemente.

—¿En serio?

¿De dónde?— habló esta vez en japonés.

—Tokio— dije.

Su expresión cambió a una emoción aún más intensa.

—Yo también— dijo mientras escribía apresuradamente algo en un papel.

—¿Conoces a estos chicos?— “Akito Shinohara, Seiji Kuroki”, decía en el papel.

Mis ojos se agrandaron y por fin me di cuenta de quién era.

Esa voz… ese cuerpo.

No había envejecido ni un poco… “Nanahoshi Shizuka” vino a mi mente.

Ella pareció notar mi reconocimiento y habló.

—¿Conoces a alguno de ellos?— preguntó.

—No— respondí secamente.

Me miró con desconfianza antes de asentir lentamente y quitarse la máscara.

Esta vez disimulé lo mejor que pude, ya sabía perfectamente quién era ella, lo acababa de deducir y no quería tener nada que ver con esto otra vez.

Me di media vuelta y comencé a caminar hacia el pasillo.

—¡¿A dónde vas?!— gritó.

—¡Me acabo de quitar la máscara sólo para convencerte!— Ya me había sacrificado por ella una vez.

Desafortunada o afortunadamente para ella, ahora estaba aquí.

Yo no tenía ninguna deuda pendiente.

Era hora de irme.

—Oye, te estoy hablando.

¿Acaso no quieres volver a casa?— —¿Casa?— pregunté, deteniéndose.

—¡Sí!

Exacto.

Podemos volver a casa.

¡Ya estoy trabajando en ello!— dijo con urgencia.

—No hay ninguna casa a la que yo pueda regresar— respondí, sintiendo cómo mi voz se quebraba ligeramente, aunque hice lo posible por disimularlo.

—Vamos, si tenías problemas se pueden arreglar.

Aunque sea dime tu nombre— insistió con tono persuasivo.

—Mi nombre…— susurré.

¿Quién era yo?

El primer nombre que obtuve era un recordatorio doloroso.

El que tenía en este mundo ahora era un secreto.

—¡Sí, tu nombre!— —Ryo— dije.

Ella soltó una pequeña risa.

—Jaja, no te pregunté por el alias que usas aquí.

Vamos, dime el de verdad.

Sé que puedes estar nervioso por lo que pasó con Erisia… pero ella no te hará daño si no la provocas.

Puedes confiar en mí— dijo mientras se colocaba frente a mí y tomaba mi mano entre las suyas.

Ese gesto me era conocido, muy conocido.

El mismo gesto que usaba para convencerme en mi antigua vida cada vez que quería algo.

—Tenemos que trabajar juntos y así poder volver a nuestro mundo, con nuestras familias— dijo.

—Yo no quiero volver.

Odio ese mundo— respondí, apartando mi mano.

Ella frunció el ceño.

—A mí no me interesa lo que le pase a este mundo.

No voy a ayudarlo a crecer como si esto fuera un fanfic estúpido o un isekai cliché.

Haré lo que sea para volver, ayudame a volver, debes tener aunque sea un arrepentimiento— dijo mientras se colocaba de nuevo la máscara.

La miré fijamente.

—Yo renací aquí.

Para mí este es mi estúpido isekai.

Tengo familia y amigos— dije.

—Entonces eres un reencarnado…— murmuró, comprendiendo.

—Yo fui teletransportada— —Eso es desafortunado.

Pero ya que nuestros caminos y ambiciones no son los mismos… será mejor que no volvamos a hablar— dije antes de salir.

Esta vez ella no me detuvo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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