Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 68
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- Capítulo 68 - 68 Capítulo 67 Este si es Badigadi
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68: Capítulo 67: Este si es Badigadi 68: Capítulo 67: Este si es Badigadi Año 423K Rudeus POV —¡Oye!
Al fin te encuentro.
Esperaría que fueras más fácil de localizar, pero no sueles almorzar a la hora normal— dijo Badigadi.
Se sentó junto a mí, Zanoba y Julie como si nada.
De alguna forma se había convertido en mi “amigo”… con muchas comillas.
Un día pidió pelear.
Al siguiente empezó a frecuentarme, preguntarme por los demás estudiantes y aparecer sin previo aviso.
Parecía que, en realidad, solo buscaba divertirse y pasar el rato.
Hoy cargaba seis jarras de lo que parecía cerveza artesanal de alta calidad.
Solo por el olor podía notar que era cara.
A Julie se le hizo agua la boca.
A Zanoba también.
—Maestro… eso se ve delicioso— murmuró Julie, mirando fijamente la bebida espumosa.
—¡JAJAJA!
¡Los enanos sí que tienen buen ojo para la bebida!
Tan pequeña y ya puede reconocer una cerveza de calidad— exclamó Badigadi.
—Disculpe, Su Alteza… ¿no sería mucha molestia pedirle un trago?— preguntó Zanoba con formalidad exagerada.
—¡Claro que no, cuatro ojos!
Beber sin compañía es aburrido.
¡Por favor, no te contengas y bebe hasta quedar hecho trizas!
¡JAJAJA!— respondió mientras daba otro largo trago y dejaba una jarra sobre la mesa.
Zanoba sirvió en varios tarros, incluso uno para Julie.
Ella estaba a punto de darle un sorbo cuando rápidamente se lo quité de las manos.
—Julie, para beber mínimo tienes que poder hablar bien— dije antes de tomar ambos tarros y vaciarlos sin dudar.
Julie hizo un puchero por haberle quitado la bebida.
—¡JAJAJA!
Y yo que pensaba que serías un estirado con respecto al alcohol— rio Badigadi al verme beber sin reservas.
… Por más similares que fueran, no podía fundamentar mi teoría de que la invocación y la teletransportación eran lo mismo.
Según el libro del Laberinto Mágico de Rapan, la teletransportación funciona bajo el parámetro de intercambio, lo que está dentro del rango de un círculo A se intercambia con lo que está dentro del rango del círculo B.
Es decir, si en un círculo hay una persona y aire, y en el otro solo hay aire ambos espacios se intercambian.
En esencia, solo la persona ‘se mueve’, ya que el aire no presenta diferencias perceptibles tras el intercambio aunque claro podrías terminar intercambiando a dos personas de usar ambas el círculo al ser activado.
En cambio, la invocación requiere dos partes claras, el invocado y el invocador.
A través del maná, se establece una conexión remota alineando sus naturalezas magicas.
Luego, se ‘jala’ al objetivo, persona o animal, como si fuera una teletransportación pero sin necesidad de un círculo A físico.
Solo existe el destino, el círculo B.
Aun así, no podía entrelazar ambos conceptos sin hacer demasiadas suposiciones.
Eso era todo lo que había logrado aprender gracias a la práctica y a los libros proporcionados por Nanahoshi.
El material de la universidad era incluso más vago.
Solo tenían investigaciones dispersas, apuntes de clases, círculos documentados y estudios incompletos.
—Por eso incluso para mí es tan difícil aprender, y necesito tu ayuda— dijo Nanahoshi a mi lado.
Me había engañado.
Todo lo que tenían sobre invocación no era lo suficientemente amplio para comprenderla a fondo.
Solo poseían círculos prácticos.
El más destacable era el de compatibilidad, que buscaba sincronía entre el invocador y una criatura mágica por pura afinidad.
También existían círculos de ligamento para poder invocar algo o alguien específico, pero primero era necesario crear un ancla de maná.
Por ejemplo, un contrato de consentimiento mutuo, donde se extrae y registra el patrón mágico específico de la persona o criatura que será invocada.
—Me engañaste.
No tenías tanto conocimiento como del que alardeabas.
Y estoy seguro de que tampoco pudiste sacarle todo a la Diosa Dragón— dije, molesto.
—Eso no importa.
Con mi investigación impulsada por tus cantidades indigentes de maná podremos explorar los secretos de esta rama mágica y cumplir nuestras metas— respondió Nanahoshi con un tono motivador, como el discurso de un político de nuestro antiguo mundo.
—Eso no quita que me engañaste— —Pero aún no te has ido.
Creo que tienes asuntos pendientes.
Si no quieres volver a nuestro mundo, significa que te pasó algo— dijo con calma.
—Tienes razón.
Y tal vez encuentre consuelo haciéndoles la vida miserable a quienes lo hicieron para mi antes si esto funciona— respondí.
El plan de Nanahoshi era compatible.
Volver exactamente al punto en el tiempo en que ella fue teletransportada era más que posible.
Yo renací diez años antes de que ella llegara.
Y fui el último en ser enviado a este mundo, porque cuando yo morí ¿cuánto había pasado?
¿Seis horas?
Nanahoshi fue invocada de inmediato, el orden temporal claramente no era algo rígido.
Volver para vengarme podría ser una opción viable gracias a esto.
Y, en cualquier caso, yo salía ganando al obtener beneficios de conocimiento al profundizar en esta rama mágica con nuestra investigación.
Y lo mejor era que estaba dando frutos.
Frente a mí, invoqué una pluma.
—¿Es un éxito?— pregunté.
—No.
El círculo debía invocar otra cosa— respondió Nanahoshi.
Aun así… el avance era evidente.
… Llegada la noche tuve una reunión inesperada.
—Por eso quiero que también me ayudes— dijo Cliff después de hacer un discurso de cómo se sentía estancado.
Eso sí que fue una sorpresa.
Prácticamente no había hablado con él desde que inició el año, y que de repente me pidiera ayuda para comprender la magia sin canto era por lo menos inesperado.
—Fitts también sabe hacerlo.
¿No puedes acudir a él?— pregunté con curiosidad genuina.
—Fitts es inaccesible.
Me sorprende que hayas logrado estrechar una relación con él y en tan poco tiempo— respondió con cierta frustración.
—En ese caso… supongo que puedo intentarlo— dije tras pensarlo un momento.
El rostro de Cliff se iluminó.
—Muchas gracias.
Si necesitas algo en el futuro, como que bendiga tu casa, una boda o cualquier ceremonia en nombre de Milis, yo lo haré— —Si conoces hechizos de magia divina de alto grado, yo sería el que estaría en deuda contigo— respondí.
Cliff sonrió calidamente por primera vez.
—Es un trato— A Cliff no le gustaba deber nada.
Era evidente por la manera en que reaccionaba cada vez que alguien lo ayudaba.
Ese mismo día intenté enseñarle magia sin canto, pero me encontré nuevamente con el mismo problema, era mucho más difícil cuando ya eras mayor.
La mente se volvía rígida, acostumbrada a depender de la recitación y aun para un ‘prodigio’ como Cliff, era evidente que sería un largo camino.
Me quedé hasta tarde ayudándolo y, sin darme cuenta, se hizo de noche.
“No es la primera vez que llego tarde… iré en la mañana”, me dije mientras caminaba hacia la habitación de Zanoba.
Al llegar toque la puerta con fuerza para despertar al hombre de sueño pesado.
—¿Maestro?— preguntó Zanoba con una vela en la mano al escuchar mi llamado.
—¿Puedo quedarme a dormir aquí?— pregunté directamente.
—Con gusto— respondió, haciéndose a un lado con una reverencia.
—Disculpe el desorden— —No importa.
Solo tengo sueño— dije con sinceridad.
La fatiga me estaba pasando factura.
Entrenar y enseñarle a Julie por la mañana.
Asistir a clases.
Investigar con Nanahoshi por la tarde.
Enseñarle a Cliff hasta casi la noche.
Todo eso terminó por agotarme.
Zanoba sacó una manta de debajo de su cama, preparándose para dormir en el suelo.
Se la arrebaté antes de que pudiera extenderla para hacerlo yo mismo y me acosté encima de ella.
—¿Maestro?— —Es tu cuarto.
Además, solo es una noche.
Duerme bien, Zanoba— dije, acomodandome.
Zanoba dudó un instante, pero finalmente volvió a su cama, donde Julie ya dormía profundamente.
Cerré los ojos.
El sueño me reclamó casi al instante.
… Narrador POV Badigadi no llegó a Ranoa con las manos vacías.
La Armadura del Dios de la Lucha lo acompañaba.
Casi lo perdió todo después de su pelea con Erisia.
Tras aquel combate no pudo quitarse la armadura, y durante un año entero vivió en aislamiento, luchando por contener su voluntad.
Logró reprimirla… pero no desprenderse de ella.
Hasta que alguien llegó.
Rudeus Greyrat, pero no el Rudeus de este mundo, sino otro.
Había sido enviado por Hitogami para ayudarme.
—¡JAJAJA!
Pensé que Hitogami se enfadaría por haberlo defraudado— río Badigadi, aunque su risa no era tan despreocupada como antes.
—Oh, está molesto.
Y esta es tu única oportunidad de saldar ese error— respondió el otro Rudeus con burla.
Badigadi tragó saliva.
Hitogami había dejado de ser solo el consejero que aparecía en sueños para guiarte.
Ahora podía atormentar y dañar el alma misma.
Eso cambiaba las reglas, Badigadi ya no era el inmortal intocable ante la muerte.
Ahora existía alguien capaz de alcanzarlo.
Y enfadarlo… era un error.
—Entiendo.
Haré lo que él pida— El otro Rudeus sonrió levemente, de entre sus ropas sacó un Ojo Demoníaco y se lo entregó.
—Póntelo— … Badigadi ahora caminaba pesadamente con la armadura puesta.
Los pasillos, cada vez más estrechos, lo obligaron a agacharse.
El metal rozaba las paredes de piedra, pero el ruido no era un problema.
A su espalda, ese Rudeus sostenía un talismán que insonoriza cada paso, cada vibración, cada crujido.
Avanzaron hasta detenerse frente a la habitación donde sabían que Rudeus se había quedado, presa del agotamiento.
Era el momento perfecto para atacar.
Badigadi rompió la puerta de una patada y entró primero.
Se dirigió directamente hacia Zanoba.
Levantaría el puño hacia su cara, lo aplastaría de un golpe.
Rápido.
Sin dolor, el chico le caía bien.
Pero una mano lo jaló hacia atrás.
—Él no— dijo el otro Rudeus con frialdad.
—Pero Hitogami dijo…— —Me importa un carajo.
Él vive.
Tú eres quien tiene que enmendar con Hitogami, no yo.
Por mí que muera ese Rudeus… pero Zanoba Shirone vivirá— Badigadi suspiró, resignado.
La Armadura del Dios de la Lucha vibró levemente, como si protestará.
Desvió el puño que estaba conteniendo antes de prepararse para el siguiente.
Mientras lo alzaba de nuevo, el otro Rudeus extendió el talismán y expandió el silencio.
No solo alrededor de ellos.
Selló el sonido del bloque entero de la universidad.
La habitación de Zanoba estaba apartada por su estatus real.
Bastó con aislar ese sector… y luego encapsular todo menos el pequeño pedazo del cuarto donde dormía Rudeus.
Las pisadas ahora eran audibles, para todos menos los que estaban tras la barrera que contenía toda la Universidad.
Y con eso listo el ataque comenzó.
——— Narrador POV Año 4xxK En una pequeña cueva yacía un grupo de personas, atendiendo sus heridas después de la batalla.
El aire olía a sangre seca y humo.
—¿Por qué me ayudas?
Yo maté a Reida.
Lo hice frente a ti— preguntó Rudeus mientras Isolte vendaba su brazo herido con movimientos firmes pero delicados.
Isolte no levantó la mirada al responder.
—Mi abuelita tomó su decisión.
Tú ya habías dicho que nunca la ibas a perdonar… y ella esperó a que tú la asesinaras para expiar su culpa.
Yo ya me había preparado para esto— Rudeus la observó en silencio.
—Yo no te habría perdonado si hubieras hecho lo que yo hice— dijo finalmente, mirándola a los ojos.
Isolte sostuvo su mirada.
—Pero no soy tú, tontito.
Además, hoy me demostraste que eres más que el psicópata enfermo que destruyó Asura por pura ira descontrolada— Aquellas palabras hicieron que el corazón de Rudeus diera un vuelco.
La razón de que dijera eso era simple.
Él las había salvado.
A pesar de asegurar que las asesinaría si no se quitaban del camino… se arriesgó.
Peleó conteniéndose, desviando ataques, asegurándose de que las tres no murieran cuando una de sus variantes desató un choque devastador.
—No creas que te dejaremos morir tan fácil.
Aún nos debes explicaciones.
Sobre todo a mí— dijo Sara al entrar en la cueva, arrastrando un ciervo atado con una cuerda mágica similar a la que usaba en su arco.
Rudeus las había evitado a las tres, que seguían su rastro incansablemente.
En una esquina, Nanahoshi yacía sentada junto a la fogata, calentando algún tipo de té en una pequeña olla.
Un ataque de tos la sacudió de repente.
Sara soltó la presa al instante y corrió a ayudarla, sirviendo y sosteniendo la taza mientras el vapor subía lentamente en la tenue luz del fuego.
Nanahoshi trago la bebida, hizo una mueca al tragar el extracto amargo y la aparente debilidad desapareció como si no hubiera existido.
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