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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 Capítulo 68 Verdadera Catástrofe
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69: Capítulo 68: Verdadera Catástrofe 69: Capítulo 68: Verdadera Catástrofe Año 423K Rudeus POV En sueños, un recuerdo irrumpió en mi mente.

—¡Padre!

¡Basta de esta locura!

¡Recupera el control de tu cuerpo!— Lo estaba viendo a través de los ojos de Ruijerd Superdia.

Mi visión era roja.

La lanza en mis manos pedía sangre, era casi completamente negra, con apenas unos detalles blancos en el mango.

La punta, de un metal desconocido y aparentemente irrompible, emanaba un aura densa y maligna.

Volví a la escena.

Detrás de un joven guerrero de cabello verde, una mujer se desangraba en el suelo.

Junto a ella, un chico de unos dieciséis años intentaba detener la hemorragia.

Parecían ser Migurd por sus cabellos azules.

El crepitar del fuego y los gritos de terror llenaban el aire, era el ataque a una aldea.

Sentí la voluntad de la lanza.

Ordenaba matar, a la mujer, al chico y a todos en el lugar, sin importarle que ese chico fuera el hijo de Ruijerd.

“¿Por qué estoy viendo esto?” me pregunté.

Vi cómo Ruijerd luchaba contra la orden.

Cómo, incluso dominado, evitaba herir a su hijo.

En un movimiento despacho a su hijo para clavar la lanza en el muchacho que cuidaba de su madre.

Creia que asi podria matar y a la vez proteger a su hijo de la lanza, un ganar para todos pero no supuso que su hijo se interpusiera.

Ruijerd quedó paralizado.

La lanza atravesó carne con facilidad y el chico sostuvo las manos de su padre.

—Po… por favor, padre… detén esta locura— La luz abandonó sus ojos con lentitud, tornándose grises y junto al brillo el rojo de los ojos de Ruijerd también.

La lanza seguía ordenando terminar el trabajo.

—No… ¿Qué he hecho?— susurro horrorizado por su actuar.

Retiró el arma del cuerpo de su hijo y esta cayó al suelo.

Ruijerd sostuvo el cadáver, mientras su grito gutural desgarraba el aire, lágrimas cayendo como la sangre de la herida.

El llanto empapó el pecho del joven.

Rudeus nunca había visto un recuerdo con tanta claridad.

Antes solo eran sombras, hechos que sabía que pasaron pero esto era dolor real, todo lo que un recuerdo de uno mismo tenía.

Sentí su corazón comprimirse y también cómo Ruijerd recordaba haber criado a su hijo.

Y luego sentí cómo su corazón se rompía.

En ese momento la mujer de hace unos momentos también murió.

El chico superviviente tomó la lanza del suelo y cargó contra Ruijerd con odio.

Él se defendió agarrando la lanza de la tribu que entre todos los guerreros solo su hijo no había cambiado por las negras y malignas.

Pero el arma… comenzó a deformarse.

Ya no era una lanza, era mi espada, girando en círculos y protegiéndome.

Abrí los ojos.

El puño de una armadura fue detenido por mi hoja giratoria.

Estaba en el cuarto de Zanoba.

Un hombre se hallaba justo fuera del límite visible de una barrera mágica, perceptible gracias a mi Tercer Ojo, activado por instinto.

—Impresionante…— susurró alguien mas, viendo el intercambio con calma.

¿Otro Rudeus?

No tuve tiempo de pensar cuando un triple puñetazo reemplazó el golpe anterior.

Mi espada intentó bloquear mas no lo logró.

La hoja fue empujada contra mi pecho.

El impacto fue devastador y salí disparado, atravesando la pared, arrastrando escombros y ladrillos.

En la caída revisé a Zanoba y a Julie con el tercer ojo.

Para mi suerte ambos dormían.

“Estan bien” casi suspiro de alivio.

Mi ojo derecho confirmó que no había vibraciones más allá de la barrera.

No había sonido así que para ellos no pasaba nada, así que podía matar a estos infelices sin ponerlos en peligro.

Amortigüe el descenso con magia de gravedad y llamé mi espada para frenar aún más al tocar tierra.

La gigantesca armadura de seis brazos descendió desde la torre hacia el terreno exterior de la Universidad.

—Lo lamento, chico.

Nada personal.

Pero tengo que matarte— dijo una voz densa, resonando dentro del casco.

—¿Badigadi?— pregunté.

—Sí.

Lamento que termine así.

Tengo una deuda… y no quiero estar del lado malo de mi benefactor— —¡¿Eras un apóstol de Hitogami todo este tiempo?!— supe al instante que hablaba de él, no creía que fuera alguien mas.

No respondió y solo avanzó, confirmando que lo era.

La figura que había visto antes saltó y se posó sobre su hombro, sentado tranquilamente.

Piercings recorrían su rostro, todos fluyendo con maná.

—Hoy mueres, chico.

Ya cabreaste a Hitogami lo suficiente como para traer a los pesos pesados— dijo.

Mis párpados se abrieron al máximo al darme cuenta.

Esa Armadura dorada era la del Dios de la Lucha.

Exactamente el mismo casco que simbolizaba la tercera potencia en el ranking mágico.

Varas negras estaban incrustadas en su cuerpo, especialmente en la espalda y piernas.

Mi Tercer Ojo vio el maná acumularse en ellas y estallar como un huracán justo cuando se movió.

Y lo hizo demasiado rápido para su tamaño.

Comparablemente a Gal Farion.

Más lento que yo… pero esa armadura era de la tercera en las Potencias del Mundo por una razón, si su fuerte no era en velocidad seguro y lo era en ataque y defensa.

Esquivé y clavé mi espada en su hombro.

Sonreí burlonamente cuando casi veo a través del casco una leve mueca de Badigadi.

La figura del otro hombro no reaccionó y con eso mi sonrisa se borró.

No podía sacar la espada.

—¡JAJAJA!

Eres fuerte, lo admito.

¡Pero esa no fue tu mejor jugada!— La armadura envolvió la hoja, reteniéndola, casi como si esta fuera un líquido consciente.

No, era como si tuviera voluntad.

Badigadi, individualmente, no era tan fuerte.

Pero con esa cosa parecía ser otra historia.

Esquivé otro puñetazo y retrocedí.

—Esto ya se está volviendo aburrido— dijo el hombre del hombro antes de conjurar fuego en su palma.

Para mi suerte no era maná de Laplace, sino magia normal.

Interrumpí el conjuro y pensé rápidamente en un plan.

Transformarse allí era arriesgado, asi que corrí en dirección al bosque.

—¿A dónde crees que vas, mocoso?— rugió Badigadi.

Salté hacia una rama y me interné entre los árboles.

En pleno salto, mi transformación cola de tres puntas, garras, colmillos, orejas bestiales y finalmente dos cuernos, emergieron.

La figura en el hombro se detuvo.

—Realmente eres tú…—susurró el hombre.

—¿Qué quieres, maldita copia barata?— grité con molestia.

—La copia serías tú.

Yo viví antes.

Pero si necesitas un nombre puedes llamarme Kaito.

Así me llamaba antes de llegar a este mundo— Sonrió.

Y comenzó a conjurar un encantamiento.

Intenté interrumpirlo, pero el hechizo estaba compuesto con maná de Laplace.

No podía cancelarlo sin malgastar ese mismo mana.

Un fino hilo de fuego salió disparado desde dos de sus dedos.

Era delgado y preciso, más parecido a una aguja ardiente que no tenía fin.

—Yo también produzco maná de Laplace, ¿sabes?

No tengo habilidades especiales ni nada por el estilo, pero sé cómo usarlo en encantamientos comunes— Corrí a máxima velocidad en cuatro patas mientras él movía su mano, guiando la llama detrás de mí.

—¡JAJAJA!

¡Parece un animal huyendo de un depredador!— río Badigadi.

Incluso en esta situación podía divertirse con su extraño humor.

—No podrá hacerlo por mucho tiempo— añadió Kaito mientras concentraba más calor.

El fuego pasó de rojo a un morado intenso, volviéndose tan concentrado que dejó de parecer una llama y se transformó en un láser.

Giró la muñeca y lanzó el corte de forma ascendente.

El hechizo atravesó el suelo dejando una línea perfecta, y a lo lejos una montaña fue partida en dos como si fuera mantequilla.

Kaito descendió del hombro de Badigadi para apuntarme mejor.

El rayo volvió a perseguirme, barriendo el bosque y árboles, tierra y roca con una facilidad absurda.

La deforestación era instantánea.

Con cada paso sentí la tierra vibrar bajo mis pies, como si protestará por el ataque de láser.

Este mundo tenía huracanes, maremotos y desastres naturales, había visto movimientos tectónicos antes, pero nunca algo que afectara siquiera a las estructuras más débiles.

Y el contraste entre ellos con la vibración que empezó a tronar fue devastadora.

Esto era diferente.

Incluso comparado con las catástrofes que azotaron Japón en mi niñez, esto resultaba aterrador.

Una falla creada por el rayo que se abrió con el temblor era perfectamente recta, simétrica, mostrando capas de tierra y roca carbonizada.

A lo lejos vi la barrera que protegía la universidad, y ahora que me fijaba también parte del pueblo, colapsó, seguramente los círculos que la componían fueron rotos.

—Genial, lo que faltaba— murmuró Kaito con fastidio—Da igual.

Los otros dos seguro ya se encargaron de Ariel y de las zorras de las Espadas— No pude responder.

Badigadi avanzó de repente con un triple golpe a una velocidad brutal.

Esquivé por poco y esta vez lo vi con claridad, cada vez que golpeaba, las varillas negras incrustadas en su cuerpo se llenaban de maná, no solo acumulándolo sino moviéndose para impulsar el brazo, jalando el puño y dándole una potencia antinatural.

Esquivé nuevamente y el impacto destrozó el suelo detrás de mí.

Entonces sus palabras por fin me llegaron y me golpearon con más fuerza que cualquier puñetazo.

—¡¿Van a matar a las chicas y a la princesa?!— … Sylphiette POV Acababa de despertarme.

Un presentimiento extraño me oprimía el pecho y una pesadilla me arrancó del sueño de golpe.

Grité, pero Ariel no despertó.

Mi instinto me empujó a moverme.

Jalé a Ariel conmigo justo cuando una espada se hundió en el lugar donde ella había estado acostada.

—¿¡Pero qué!?— intenté gritar, pero mi voz no salió.

O, si salió, no produjo sonido alguno.

Por el brusco movimiento, Ariel finalmente abrió los ojos antes de que tubiera que volver a sacudirla.

Medio dormida, trató de entender lo que ocurría.

Intentó hablar pero tampoco salió sonido de su boca.

Le agarre la mano, guiandola en la oscuridad mientras salíamos corriendo.

A nuestras espaldas, un hombre cubierto por la oscuridad de la noche avanzaba hacia nosotras por el pasillo.

La varita que siempre llevaba resguardada entre mi ropa interior al dormir no me sirvió de nada.

Intenté conjurar, pero el maná simplemente no respondió.

Era como si se hubiera desvanecido de mi cuerpo.

En plena persecución, un temblor repentino sacudió el edificio.

La universidad se inclinó violentamente hacia un lado y el hombre fue golpeado por una estantería que se desprendió en medio del pasillo.

—¿Qué pasó, Sylphiette?— logró decir Ariel al fin, cuando su voz regresó.

—Tranquila, princesa.

La protegeré— El hombre se incorporó tambaleándose.

Pensé que la magia de silencio y restricción había terminado e intenté lanzar un hechizo otra vez… pero mi cuerpo seguía sin responder.

No había rastro de maná.

—¿Ese maldito imbécil no puede tener cuidado?— murmuro antes de volver a cargar hacia nosotras, pero una figura salió de una habitación e interceptó el ataque.

—¿Qué crees que haces?— rugió Goliade, la mujer gorila que se autoproclama defensora de la dignidad femenina, mientras estampaba su puño en el rostro del intruso.

—¡Mujer gorila de mierda!— gritó él al recomponerse, tambaleándose por la inestabilidad del edificio.

—Gracias, Goliade— dije aliviada.

Goliade era de las pocas que sabía que yo era mujer.

Al inicio de mi primer año aquí me miraba con desprecio por poder entrar en los dormitorios femeninos por ser guardaespaldas de Ariel.

Pero un día, cuando entro para hablar con Ariel sobre un asunto personal, me sorprendió en ropa interior.

Ella pareció enojarse aún más, gritandome pervertido pero Ariel y yo le explicamos la situación, y terminó entendiéndolo… o eso parecia.

Creo que en realidad pensó que escondía mi género para ganarme un nombre y luego demostrar que las mujeres podíamos lograr lo mismo que los hombres o algo así entendi por su discurso de poder femeino.

Incluso me felicitó por “romper los estándares” de las mujeres.

—No te preocupes.

Es mi deber protegerlas.

Ahora entren en mi habitación.

Es una suerte que estés cerca cuando esto pasó, cualquier otra persona habría deducido quién eres al verte así— Asentí agradecida y jalé a Ariel hacia la habitación de Goliade mientras los gritos comenzaban a resonar por todo el edificio.

Al mirar por la ventana, vi destellos brillantes en el bosque a lo lejos… y, además, monstruos emergiendo desde todas partes.

Empuñe mi varita, preparada para luchar contra el atacante si vence a Goliade.

… Nina POV —Y no sé qué hacer ¿sabes?

Ni siquiera se si me gusta o solo me siento atraída por el ..

Además Eris llegó primero y ella si lo ama en todo sentido— le dije a Isolte mientras me observaba con comprensión.

Esta me había estado fastidiando con él y esta noche, después de comer juntas al no haber regresado Rudeus, terminamos hablando y ella tocó el tema con especial insistencia al haber bebido alcohol.

—Si te gusta, debes decírselo.

Milis sabrá cómo proceder.

Si están destinados a estar juntos, así será.

Y si no… tal vez encuentres a alguien más— respondió mi confiable y amable amiga.

Isolte estaba a punto de añadir algo más, pero de repente se detuvo.

Su expresión cambió a una de concentración antes de tomarme del brazo y me jaló a un lado mientras agarraba su espada que estaba al lado de la cama con la otra mano.

La levantó frente a nosotras justo cuando una llamarada atravesó la casa.

La espada de Isolte la partió en dos.

—Absolute Interception— susurró mientras el fuego se dividía limpiamente antes de disiparse.

No hubo tiempo para más palabras.

Salimos al exterior y nos reunimos con Eris, que terminaba de ajustarse el cinturón de su traje de combate mientras abandonaba la mansión de Rudeus con paso firme.

Ghislaine cayó junto a nosotras desde un salto, aterrizando en guardia, con la espada ya desenvainada.

Frente a nosotras se alzaba un Wyrm rojo, como el de aquella cacería en el pasado.

Pero este estaba claramente desnutrido, sus costillas marcadas bajo las escamas.

Donde debería estar su cráneo, una estructura grotesca parecida a un hongo palpitante lo reemplazaba.

—¿Les gusta?— dijo una voz burlona arriba de la bestia— Me sorprendió que vendieran un Wyrm completo en Asura.

Lo compré a muy buen precio… matando al comerciante que lo traía.

Una ganga— La criatura rugió, y el hongo en su cabeza pulsó soltando un humo verde asqueroso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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