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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 70

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Capítulo 70: Capítulo 69: Trabajo en equipo

Año 423K

Narrador POV

Erisia estaba confundida.

Hace unos días se había enfrentado a una de las variantes de Rudeus, proveniente de muchísimos bucles atrás.

Fue precavida, no quería que la atraparan en una trampa de círculos mágicos, esa fue la única vez que hitogami le ganó en ingenio y la intervención de ese pequeño hombrecito que la salvó fue totalmente oportuna y fuera de su control.

Durante el combate intentó preguntarle cómo había llegado allí, pero el hombre nunca respondió. Aun así, era obvio que Hitogami tenía algo que ver con todo aquello.

La parte buena era que ya se había recuperado por completo y pudo dar la cara a la amenaza.

En su última pelea no utilizó ni una pizca de maná, pues este había sido sellado, y simplemente tuvo que curarse después del enfrentamiento.

Lo preocupante era lo que ese acontecimiento implicaba.

Si habían traído a esa versión…

¿Significaba que podían traer más?

Ese solo pensamiento abría la puerta a innumerables posibilidades, y ninguna de ellas parecía favorable.

Después de todo el único capaz de vencerla de manera individual entes fueron Rudeus.

…

A lo lejos, en un claro del bosque, tres mujeres terminaban de comer el cadáver de un conejo. Algo sencillo, perfecto para una cena ligera.

Se dirigían a Sharia para estudiar en la Universidad Mágica de Ranoa, y habían decidido tomarse el trayecto con calma antes de llegar a su destino final.

Pero esa calma no duró.

Desde la distancia pudieron ver el caos desatándose en la ciudad hacia la que se dirigían.

Rayos brillantes surcaban el cielo y destrozaban el paisaje, explosiones de fuego iluminaban la noche y lo que claramente eran ataques de monstruos sacudían el centro poblado.

—¿¡Qué mierda está pasando allí!?— exclamó Suzanne, atónita, justo cuando un temblor repentino estremeció el suelo bajo sus pies.

—No lo sé, pero tenemos que ir a ayudar— respondió Elinalise mientras guardaba su equipo con rapidez antes de lanzarse a correr hacia el desastre.

Sara se levantó y la siguió sin dudar, los recuerdos del pasado seguian atormentándola. Esta vez tenía poder.

Esta vez no podía quedarse de brazos cruzados en una situacion asi.

Suzanne negó con la cabeza, resignada, cargando el equipaje de ambas antes de apresurarse tras ellas.

Un ataque repentino de monstruos no era algo común en Asura. Pero Sara ya había vivido algo similar antes. Y sabía que aunque raro no era insólito.

Cuando descendieron por completo hacia la zona afectada, comenzaron a eliminar a cada monstruo que encontraban a su paso como jabalíes gigantes, lobos mágicos y no muertos, una de las criaturas más raras de ver.

Del bosque cercano, emergió una gran cantidad de Treants.

Junto a ellos, los no muertos cargaban enormes libros, probablemente grimorios, entre sus brazos huesudos.

—Nunca había visto tal cantidad de Treants— murmuró Suzanne, sorprendida.

—Los Treants pueden crearse a partir de árboles comunes si obtienen un núcleo mágico. Esos árboles fueron talados con demasiada precisión… parece que fueron creados en masa para este ataque. Esto no es un simple brote de monstruos. Es un asalto planeado— explicó Elinalise mientras partía en dos a un lobo que se abalanzaba sobre ella.

—¿Entonces hay algún cabrón que busca provocar todo esto?— preguntó Sara con rabia, indignada ante la idea de que alguien estuviera detrás de semejante atrocidad.

“Tal vez… si ocurre un ataque así… él tenga que venir.”

Ese pensamiento cruzó por su mente, aferrándose a una esperanza que no terminaba de morir.

…

Las llamas crepitaban en el conjunto privado del Sword God.

Cuatro figuras se defendían de las llamaradas mientras las casas ardían y parte del dojo recién inaugurado se desmoronaba bajo el calor.

Los practicantes que dormían allí despertaron sobresaltados y, tras una orden rápida de Nina, partieron a ayudar a la ciudad, que incluso a esa distancia seguía iluminada por explosiones y destellos de batalla.

El dragón respiraba con dificultad. Incluso él tenía reservas de maná limitadas, y parecía estar llegando a su límite.

—Me temo que ya no podré seguir jugando con ustedes— anunció el hombre que lo montaba—Debo dedicar el resto del poder de este dragón a destruir Sharia por completo—

El dragón batió las alas y se elevó, dirigiéndose hacia el centro poblado.

—Tenemos que detener a ese demente— gruñó Eris, furiosa.

—Eris, cálmate. Hay que pensar bien cómo actuar— respondió Ghislaine con firmeza.

—Primero debemos ayudar a las personas en la ciudad. Somos las únicas aquí con el nivel suficiente para frenar un ataque así— dijo Nina.

—Nina tiene razón. Además, Rudeus debe estar peleando con alguien fuerte para no haber intervenido aún. Es seguro que se encargará del resto cuando gane— añadió Isolte.

En un entendimiento partieron a ayudar.

Al llegar a la ciudad, vieron a los aventureros defendiendo las calles mientras los civiles huían de los monstruos.

Las cuatro cargaron al combate, moviéndose con precisión para evitar bajas y salvar a aventureros y civiles por igual.

Sus habilidades de rangos superiores les permitían asesinar monstruos con facilidad, pero seguían apareciendo más y eso conllevaba a que hubieran bajas.

Los Treants y los no muertos parecían multiplicarse sin fin.

Ghislaine se separó para internarse más en la ciudad, donde el dragón causaba estragos y así salvar a los civiles enterrados en escombros.

—Algunos de los no muertos tienen estructuras parecidas a lo que tenía el dragón en la cabeza y justo esos parecen cargar grimorios— advirtió Nina mientras partía un Treant de un tajo limpio.

—Entonces hay que matar primero a esos. Parece que están reanimando a los que caen en el acto— dijo una voz desconocida.

Las tres giraron al unísono. La mujer elfo frente a ellas se encogió ligeramente ante la intensidad de sus miradas.

—¿Tengo algo en la cara?— preguntó con duda, hasta que comprendió— Oh, mis disculpas. Soy Elinalise Dragonroad—

Hizo una leve reverencia.

—¡Eres la mujer elfo que estaba con la ex de Rude…!— comenzó Eris, pero Nina le tapó la boca de inmediato.

—Lo lamentamos. Nuestra amiga está delirando un poco, ha bebido demasiado esta noche— dijo Nina con una sonrisa tensa.

—¡Puajajaja!— rio Elinalise— Tranquilas, Sara no está cerca. Mi deber es cuidarla. Un amigo de ‘Ryo’ me pidió que lo hiciera, ya se todo el asunto, solo guarden el secreto con más cuidado—

—Oh… Espera, si debes protegerla, ¿dónde está?— preguntó Isolte.

—Está derribando a los monstruos voladores. Su magia con arco es la única capaz de abatirlos en el aire— respondió con naturalidad.

Un rugido atronador hizo temblar el suelo. Todas levantaron la vista y vieron al dragón elevarse, caer en picada y, antes de tocar tierra, abrir su hocico.

para lanzar una llamarada en línea recta que arrasó la calle en la que estaban.

Las ahora cuatro se apartaron del camino justo a tiempo, antes de volver a luchar contra los monstruos que se aglomeraban.

…

En los techos inclinados de la Universidad Mágica de Ranoa, dos figuras cubiertas con cobijas avanzaban apresuradas hacia la habitación de Kleene.

La batalla abajo era feroz. No hacía mucho, el asesino enviado a matar a Ariel había cayó por una ventana, y Goliade saltó tras él sin dudar.

Los estudiantes estaban alborotados, el estruendo los había reunido.

Al ver que Goliade peleaba contra alguien que claramente no pertenecía a la institución, todos se pusieron de su lado.

Los magos intentaron conjurar, pero ningún hechizo se formaba. Los espadachines se sentían débiles, como si jamás hubieran entrenado.

Incluso Luke intentó intervenir, pero la fuerza del hombre rivalizaba con la de un gorila bendecido por la naturaleza… como la propia Goliade.

Finalmente, las dos figuras llegaron a su destino, bajaron con cuidado y entraron en la habitación vacía de Kleene, quien seguramente había salido a buscarlas.

Sin decir palabra, Ariel sacó uniformes para ella y su amiga de cabello blanco.

Kleene, al igual que Elemore o incluso Luke, tenía conjuntos de emergencia de ambos géneros para situaciones así.

Tras vestirse, salieron y en su huida se toparon con alguien inesperado.

—¡Silent!— exclamó el ahora caracterizado Fitts.

—Fitts, qué alegría verte. Síganme, tengo una idea para acabar con ese loco de abajo— dijo en tono apresurado.

Fitts miró a Ariel un segundo, ella entendió sin necesidad de palabras y asintió en aceptación.

Siguieron a la pelinegra hasta una torre-laboratorio, las piedras mágicas que iluminaban el lugar soltaban luz con más fuerza a medida que subían, al llegar a la cima Silent abrió una ventana.

—Desde aquí ya no hay efecto. Intenta lanzarle un hechizo fuerte, que pueda asesinar a alguien desde este lugar— indicó, señalando la batalla.

—Pero mi maná está bloqueado— respondió Fitts.

—Tu maná no. Todo el maná está bloqueado en un radio de setenta metros alrededor de ese hombre, es fácil darse cuenta cuando estás experimentando y tus hechizos solo funcionan entre más lejos estés de ese hombre— replicó Nanahoshi.

Fitts lo intentó, dudosa, pero para su sorpresa, sintió cómo su maná respondía nuevamente. Una bala de tierra se formó en su mano.

Acumulando mana, como vio alguna vez a Ryo hacer para derrotar a Badigadi, lanzó el proyectil.

El hechizo impactó en el hombro del hombre en pleno choque de fuerza contra la mujer gorila.

La bala atravesó su carne justo cuando ambos forcejeaban en una lucha de empuje.

—¡Ah!— gimió él, perdiendo el equilibrio, lo que permitió que Goliade le asestara un gancho directo a la mandíbula.

Fitts no perdió tiempo pese a su shock y descendió junto a Ariel y Nanahoshi.

Goliade logró inmovilizarlo con una llave, aprisionando sus brazos y piernas, dejando solo su cabeza libre.

—Ríndete. Has atentado contra la vida de la señorita Ariel y serás juzgado en consecuencia— declaró Fitts, apuntándole con la varita.

Aunque ahora sintió que nuevamente su mana se sentía bloqueado.

—¿Quién te envió? ¡Habla!— exigió Luke, incorporándose a un lado, levantando su espada.

La luz de la mañana finalmente iluminó los terrenos irregulares del lugar. El rayo de sol reveló el rostro del hombre.

Fitts se cubrió la boca y sus ojos se abrieron a mas no poder.

El lunar en su mejilla. El cabello oscilaba entre rubio y castaño. Los rasgos inconfundibles para la chica que pasó todo su tiempo sola pensando en aquel hombre.

—¿R-Rudy?— susurró.

El hombre la miró, y al reconocerla, pareció adaptarse al papel.

—¿S-Sylphi?— respondió.

El nombre era lo bastante andrógino en ese mundo como para no levantar sospechas inmediatas y las personas que rodenban solo pregjntaraon por que lo llamaba haci.

—S-sí… soy yo. ¿Por qué atacaste a la princesa?— preguntó Fitts, acercándose con lágrimas acumulándose en sus ojos.

—Y-yo… solo seguía órdenes…— murmuró él, bajando la cabeza.

—Ya no es necesario. Te protegeremos… si nos dices quién fue acabaremos con él— insistió Fitts, desbordándose en llanto silencioso por el reencuentro.

Luke frunció el ceño. No se creía nada de esta mierda.

—F-fue…— estuvo a punto de decir un nombre, pero de pronto se liberó con un tirón brutal del agarre de Goliade, cuyo esfuerzo había disminuido ante la confusión.

En el mismo movimiento, tomó la espada que había quedado clavada en el suelo y se lanzó hacia Fitts, que aún protegía a Ariel tras de sí.

Luke se interpuso y bloqueó el corte con firmeza.

El impacto fue devastador. Aun herido en el hombro, el hombre era claramente más fuerte. El agarre de Luke comenzó a flaquear.

Justo cuando estaba a punto de desmoronarse, otra figura intervino.

Un golpe seco en la cabeza lanzó al atacante contra un muro.

Zanoba Shirone había llegado.

Su fuerza, otorgada por su bendición de Miko, superó sin dificultad la del agresor aun sin touki.

Fitts quedó horrorizada al ver cómo su amigo de la infancia casi la asesinaba a ella y a Ariel.

El hombre intentó levantarse. Su cráneo tenía una abertura evidente, un líquido rojizo con matices verdosos corría sin control.

Llevó su mano a la herida, tocando materia gris con un desagradable sonido húmedo.

Parecía incapaz de continuar… hasta que se puso de pie.

Y dándose la vuelta subió el muro con sus propias manos desnudas, escalando con habilidad.

Los magos intentaron lanzar hechizos, pero los cantos seguían sin surtir efecto. Los practicantes del estilo Dios del Norte arrojaron sus armas, que se incrustaron en su espalda.

Él no les prestó atención, aún sosteniendo su cabeza mientras saltaba y desaparecía de la vista de todos al traspasar el muro.

Un silencio pesado cayó sobre el lugar y Fitts miró la espada tirada en el suelo, que cayó cuando Zanoba golpeó al hombre.

—¡Eso te mereces, pervertido!— gritó Goliade, convencida aún de que el hombre había venido a hacerle algo a Ariel.

…

—Vaya… ese lugar está en caos— dijo el enmascarado, observando la ciudad en llamas a lo lejos.

No se acercaban. No pelearían. Ellos protegerían.

—¿Crees que Rudeus estará bien?— preguntó Aleksander, con la mirada fija en el resplandor anaranjado que teñía el cielo con la salida del sol y el fuego que consumía la ciudad.

—Sobrevivirá. Eso es seguro— respondió el enmascarado con calma absoluta.

—¿Hermanito es tan fuerte?— preguntó una niña rubia, abrazando sus rodillas cerca de la fogata.

—Calma, pequeña Norn. Estamos por llegar, veras de lo que es capaz— respondió Aleksander, acomodando la capa sobre sus hombros.

—Sí, Norn. Onii-chan es muy poderoso— añadió la pelirroja con una sonrisa tranquilizadora, ambas llegaron a llevarse bien a pesar de las dificultades en Milishion.

Los cuatro acampaban a una distancia prudente del desastre, comiendo en silencio y refugiándose en el calor de la fogata mientras la ciudad ardía a lo lejos.

Para mala suerte de Rudeus, Aleksander se había enterado por boca del enmascarado de que Norn y Aisha estaban bajo el cuidado de los Latreia… y que el trato hacia la menor no era precisamente amable.

Aleksander tenía un corazón blando cuando se trataba de niños maltratados.

Algo que recordó extrañamente al fallecido Ruijerd.

Terminó llevándoselas consigo, prácticamente en un secuestro, aunque esté fue respaldado por una carta de Paul dirigida a Claire, esposa del cabeza de la familia Latreia y madre de Zenith.

Si alguien cuestionaba sus acciones, tenía cómo justificarlas.

Pero, en el fondo, no necesitaba excusas.

“No dejen que lo maten…” pensó el enmascarado, dirigiendo su plegaria a sus dos compañeros más habilidosos que él en el combate.

…

El amanecer llegó cuando el ataque en Sharia por fin comenzó a disiparse. La ciudad, azotada durante horas por la horda de monstruos, veía al fin un respiro.

Soldat, que había llegado el día anterior, fue rodeado por varias criaturas hasta que Eris irrumpió cortándolas en cuestión de segundos.

—¡Eso es! ¡Las mujeres del Sword God son increíbles!— exclamó, aún sentado en el suelo, recuperándose de su experiencia cercana a la muerte.

El comentario hizo que Eris se sonrojara apenas, pero no le dio importancia y siguió avanzando.

Suzanne, Isolte, Eris, Nina, Elinalise y Ghislaine terminaron reuniéndose en el centro de la ciudad.

—Es bueno verte, Lis— dijo la mujer gato con una sonrisa ladeada.

—Lo mismo digo, Ghilen— respondió Ghislaine con un leve asentimiento.

El dragón era prácticamente la última amenaza en pie.

Las mujeres no prestaron atención a que la elfa y la feral se conocían, dando toda su atención al terminar el problema.

—¿Qué vamos a hacer? Si no desciende, no hay forma de alcanzarlo. No hay magos lo suficientemente hábiles como para derribar algo así— comentó Isolte con preocupación.

—No te preocupes. Nuestra mejor luchadora ya terminó con los demás. No tendrá distracciones ahora— respondió Suzanne con confianza.

En ese momento, desde uno de los tejados más altos, Sara saltó con una flecha cargada de maná de viento, reforzada con hechizos de perforación y explosión. En el punto más alto de su salto, tensó el arco y disparó.

La flecha zumbó en su trayecto y Elinalise atrapó a la chica en descenso con facilidad.

El proyectil impactó en el ala del dragón.

Aquella ala, que parecía haber sido reparada con materiales sintéticos tras el daño anterior, fue destruida nuevamente y esta vez de forma definitiva.

El dragón, aún con la otra ala extendida, fue arrastrado por el desequilibrio y comenzó a girar sin control antes de precipitarse en picada hacia la ciudad.

Cayó en la avenida principal y cuando finalmente dejó de moverse los que se escondían salieron y vitorearon el final de la batalla.

—Con eso son todos— declaró Sara al incorporarse, con una sonrisa triunfante.

En lo alto de un edificio, fuera de la vista de todos, el hombre que hacía unos segundos montaba a la criatura frunció el ceño.

Su última carta había sido eliminada.

Primero los no-muertos que trajo para mantener números y ahora el dragón.

Pero aun así fue un éxito.

Hitogami ya no buscaba una guerra total. Ahora la batalla era psicológica.

El primer incidente con el anterior Sword God fue considerado una tragedia monumental.

Pero si dos desastres de esa magnitud ocurrían alrededor de la misma o mismas personas en este caso, la superstición popular comenzaría a susurrar.

Que ellos era el presagio de la desgracia.

Una creencia común en ese mundo.

Atacar ahora sería arriesgado, aun estaba debil por su última pelea y era momento de retirarse.

No hacía mucho había tenido un enfrentamiento con la Diosa Dragón, otro movimiento de Hitogami para asegurarse de que ella no pudiera intervenir en este ataque.

A su vez descubrió que ahora ella desconfiaba incluso del más mínimo contacto, se había vuelto precavida, y eso entorpecía sus planes.

Aun así, dudaba que su hongo parásito pudiera transmutar lo suficientemente rápido antes de ser erradicado por la desintoxicación de Erisia.

Como Diosa Dragón, dominaba innumerables hechizos. La desintoxicación y purificación a nivel Emperador era, seguramente, lo mínimo que podía utilizar en esa situación, sino también podría llegar a haber alcanzado el nivel divino.

Suspiró para sus adentros, una última ave monstruosa esperaba junto a él y cuando los vítores empezaron el salió de la escena.

…

Rudeus POV

Golpeé a Badigadi directo en el pecho de su armadura.

Con un tirón mientras él se alejaba recuperaba el arma que hacía unos segundo seguía incrustada en él.

El metal se hundió con un crujido sordo… pero casi al instante volvió a su forma original, como si nada hubiera pasado.

Mientras retrocedía, otro láser atravesó el campo de batalla. Cruzó el cuerpo de Badigadi, partiéndolo en dos.

Claro que eso no lo detuvo.

Sus brazos sostuvieron su mitad superior mientras la carne y el metal comenzaba a regenerarse, mientras él se recompone yo corría esquivando el ataque de ‘Kaito’.

Deshacerme de uno de los dos era imperativo. Siempre estaban lo suficientemente cerca para cubrirse mutuamente.

Corrí hacia ellos y solté un rugido cargado de maná para usar el aturdimiento del clan bestia.

Badigadi se paralizó un instante.

La armadura, torpe, siguió moviéndose por la voluntad de lucha que parecía tener por sí misma.

Aun con eso fue suficiente y me lancé hacia Kaito mientras la armadura atacaba torpemente y clavé mis garras en su garganta.

Para mi suerte el hombre no espero mi repentino cambio de dirección.

—*Puaj*— gorgoteó, llevándose las manos al cuello mientras la sangre brotaba entre sus dedos.

—Uno menos— murmuré, girándome hacia Badigadi.

En ese momento el sol asomó por el horizonte.

Por fin iba a terminar esta pelea.

Badigadi estaba aturdido, la armadura actuaba por su cuenta y Kaito se desangraba en el suelo.

Esta batalla era mía.

O eso creí.

Primero vi una figura translúcida brotar de mi pecho antes de darme cuenta que era mi ojo izquierdo advirtiendo del futuro el ataque ya había sido llevado a cabo.

Sentí algo atravesarme el pecho.

Desde atrás, una de esas barillas—como las que tenía incrustadas Badigadi— se alojó en mi torso.

El dolor fue seco y repentino.

Mi sangre comenzó a brotar mientras el hombre que hacía segundos se desangraba se levantaba.

Me giré para mirarlo.

—Nunca confíes en que un Rudeus muera tan fácil. Somos cucarachas muy resistentes, ¿sabes?— dijo con una sonrisa torcida antes de lanzarse hacia mí.

Había bajado la guardia cuando cayó.

Un error grave y que parecía que condenaba a cualquiera en este mundo, sin discriminar en poder o astucia.

Saltó, manipulando las barras que salieron de su cuerpo y ahora flotaban a su alrededor.

Con mi espada y cola bloqueé lo que pude, pero tarde o temprano alguna encontraba un lugar donde alojarse.

Una se clavó en mi costado, otra en el muslo, otra en el hombro.

—Lo lamento, chico. Eso pasa cuando te metes con Hitogami. Es una lástima lo que te va a pasar— dijo Badigadi, saliendo finalmente de la armadura.

Intenté liberarme pero más barras me rodearon y se incrustaron en mis brazos, en mis piernas y en mi abdomen.

Si pudieran verme tal vez bromearia a mi mismo por convertirme en un alfiletero

“Esto me es familiar…” pensé, recordando cuando el cardenal me enterró bajo una lluvia de armas.

Kaito corrió hacia mí.

Inmovilizado, ni siquiera podía apuntar correctamente mis hechizos.

Intenté lanzar fuego por la boca y fue inutil cuando él respondió con magia de agua.

El vapor explotó entre nosotros y entonces sentí otra perforación, una barra se alojó en mi cuello, justo en la garganta.

—*Puaj*— escupí sangre, ironicamnete parecido a lo que le hize antes a aquel hombre.

Ahogándome mientras el aire dejaba de entrar intente respirar o moverse pero ahora ya había sido inmovilizado por completo.

“¿Yo era inmortal… verdad?” pensé, intentando sentirme más confiado, sentir que podía salir de esta.

Tenía sangre de Aleksander… si no me equivocaba…

Pero incluso él le tenía miedo a Hitogami…

“…mierda.”

Mi mente comenzó a nublarse, incluso con todas las habilidades que poseía ninguna me salvaba de que mi cerebro aún necesitaba oxígeno

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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