Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 71
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Capítulo 71: Capítulo 70: A la deriva
Kaito POV
Bajo la lluvia sostenía un cuerpo entre mis brazos.
—Tenías razón… debí escucharte… perdóname, por favor… perdona a tu siervo que perdió el camino, Hombre-Dios…—
Yo mismo había cavado mi propia desgracia.
Siempre fui alguien desconfiado. Cada vez que el Hombre-Dios me decía que hiciera algo… yo le llevaba la contraria.
¿Y cómo terminó eso?
Término conmigo perdiendo a mis esposas, a mis hijos y todo lo que alguna vez fue mío.
A mis cincuenta años ya había perdido todo lo que se podía perder.
Sentí el peso de mis decisiones aplastándome, y entonces el mundo de los sueños me llamó.
Sabiendo que de otra manera solo alargaría mi tormento me quita la pulsera en mi brazo derecho antes de acostarme y dormir.
…
—Hola, hijo mío. Veo que por fin has entendido por qué nunca debes llevarme la contraria— dijo la voz.
Yo seguía sollozando. El dolor de la pérdida aún estaba fresco.
Lo último que me quedaba, mi Lara… mi segunda hija… había muerto.
—Yo…— intenté hablar.
—¿Tú qué? ¿Pensaste que yo era el malo porque una mujer que apareció en tu vida de la nada y te dijo que lo era?— preguntó.
Bajé la cabeza, avergonzado.
Desde que ella llegó… todo empezó a ir mal.
Ella dijo que era un plan de Hitogami. Que él quería muertas a mis hijas.
Pero el Hombre-Dios me había aconsejado en sueños… y todo lo que dijo habría salvado a mi familia.
Si hubiera ido a Rikarisu en vez de a Milis, Roxy se habría salvado.
El té habría ralentizado el síndrome de petrificación, dándome el tiempo necesario para buscar la cura.
También debí haberle hecho caso cuando dijo que nunca debía acercarme a Cliff Grimoire. Después de todo, que él me mencionara en las cartas que envió a su abuelo hizo que el cardenal se enterara de mi existencia.
Eso ayudó a que interfirieran en mi regreso a casa en esa misma misión.
Perdí a Roxy por no escuchar.
Luego intenté evitar que Sylphiette fuera a ayudar a Ariel… pero escapó. Cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde.
Debí escuchar cuando me dijo que en vez de intentar protegerla… debía ayudarla.
Después de todo eso apareció Erisia… y me dijo que Hitogami era el enemigo.
Ahora que lo pienso… fui un idiota por creerle.
¿Quién ayudaría tanto a alguien a quien desea destruir?
Hitogami no era eso.
Erisia me envenenó con odio hacia él… pero al final todo terminó igual.
Perdí lo único que me quedaba.
Primero fue Lucy, a Roxy, a Sylphiette, a mis hermanas, mi hogar y todo rastro de familia que tenía.
Y finalmente fue el turno de Lara, mi última alegría, mi única forma de estar cuerdo.
¿Dónde estaba Erisia ahora?
Persiguiendo a un escurridizo mono… como ella lo llamaba.
“Ja… así termina todo.”
—No pienses que ella se salió con la suya— dijo el Hombre-Dios, colocando sus manos sobre mis hombros.
—Yo me aseguraré de que no lo haga—
Sus manos se cerraron alrededor de mi cuello.
Sentí sus dedos apretando mi garganta.
Pero no opuse resistencia.
Cuando mi alma finalmente abandonó el mundo vacío… también sentí que dejaba atrás mi cuerpo.
“Finalmente me reuniré con ustedes…”
———––—
—No lo harás— sentí un jalón brusco.
No sé cuánto tiempo había pasado, pero sabía que había sido mucho desde mi último pensamiento.
Miré a Hitogami. Nuevamente estaba frente a mí.
—Necesito que ahora me ayudes tú a mí, en vez de yo a ti—
—¿Cómo podría ayudarte un muerto?—
—Oh, no lo estás definitivamente como la mayoría. Tu alma es inmortal, como ninguna la de alguien de la raza inmortal y eso es exactamente lo que busco. Necesito que me ayudes— dijo con una actitud alegre.
—¿Cuánto tiempo ha pasado?— pregunté.
—Casi dos milenios— respondió.
—Mi cuerpo seguramente está descompuesto. ¿Cómo se supone que te ayude?—
—Ya tengo el cuerpo. Pero esta vez tienes que escucharme— su tono se volvió serio al final.
—Dime cómo te ayudo— dije resignado a escucharlo.
—Necesito que te mates a ti mismo— dijo, como si fuera lo más normal del mundo.
Levanté la cabeza y lo miré, esperando una risa acompañada de un ‘es una broma’.
Pero su expresión no cambió.
—¿Cómo mierda hago eso? ¿Quieres que me suicide como castigo por no hacerte caso?—
—¿Castigar? No, no, no. Es un premio. Asesina a un chico. Él es como tú, un alma reencarnada en este mundo. Está en el mismo cuerpo… pero en otro tiempo— se tomó unos segundos para volver a hablar.
—Es una persona terrible. Y seguro y el padre amoroso que aun eres encontrará consuelo al volver y cuidar a aquellos a los que el daño—
—¿Cómo puedo creerte?—
—Él asesinó a Pax Shirone… el hermano de tu querido amigo Zanoba.
Lo miré durante unos segundos, evaluando la veracidad de sus palabras. Antes ya había intentado confiar en mis instintos… y siempre terminaba mal.
—¿Cómo sería eso un premio? Imbécil— añadí finalmente.
—Puedes quedarte con su vida. Puedes volver a ver a tus esposas… volver a estar con ellas—
Miré hacia arriba.
Hitogami me extendía la mano.
Una invitación, una forma de decirme, escúchame y te daré lo que buscas.
—————
…
Salvar a Badigadi de su armadura fue molesto… y aún más que me siguiera a todos lados durante este año.
Pero revivir… revivir fue todavía peor.
Lo único bueno era que parecía ser más fuerte y tener mayores reservas de maná.
Esta copia de cuerpo parecía tener touki.
Me preguntaba cómo era posible que él tuviera algo así, pero al final Hitogami me explicó cómo funcionaba el factor de Laplace en algunos individuos.
Este en particular absorbía mana, lo fusiona en copias momentáneas en el código genético para su uso y lo que sí se podía cambiar, sin alterar gravemente el propio cuerpo, era añadido de forma innata, como el propio Touki.
—Entonces, ¿qué carajos hago?— dijo Badigadi mientras comía un ciervo entero. Su tamaño hacía parecer que solo sostenía una comida grande… y no un animal completo.
—Ve a la Universidad Mágica de Ranoa. Llevaré la armadura conmigo hasta entonces. Busca a Rudeus, o mejor dicho con su nuevo nombre, Ryo, si no mal recuerdo, y vigilalo, eso dijo el imbécil de Hitogami—
—¡Sí, eso dijo! ¡JAJAJA!— habló Badigadi con la boca llena.
—Hasta entonces hazte su amigo y averigua más de él. Avísame con esta varilla si lo encuentras—le dije arrojando la susodicha.
Al agarrarla me preguntó.
—¿Cómo te llamo?—
—Solo agárrala con toda tu fuerza… lo notaré—
…
Corté las varillas atoradas en el cuerpo del chico.
Dejé solo la parte que aún estaba dentro de él y lo levanté sobre mi hombro.
—¿Qué haremos con él ahora?— preguntó Badigadi que me seguía de cerca.
—Le quitaré la pulsera. Luego, cuando Hitogami le destroce el alma, usaré su cuerpo. Aunque tú ya pagaste tu deuda… así que puedes irte—
Giré ligeramente.
Un puñetazo impactó de lleno en Badigadi, mandándolo lejos, junto con la armadura compactada que sostenía.
—Nos volvemos a ver— dije.
No me refería al chico que había enviado a Badigadi volando.
Sino a la persona detrás de él.
—Sí… y esta será la última vez que verás la luz del día— respondió.
—Lo dudo… por más de una razón—
Observé al más pequeño.
Tendría unos trece años… claramente más bajo que la figura que llevaba en mis brazos.
—¿No eres muy joven para ser un Rudeus del futuro?— dije con una ceja levantada.
“¿Habrá devorado la sangre de los Migurd?”
—¿Y a ti qué te importa?— dijo levantándose.
Corrió hacia mí.
En una clara muestra de estupidez cuando no mostró guardia alguna.
Simplemente alcé una varilla y ésta atravesó su cuello cuando él caía.
Su garganta fue perforada por el metal.
Pero no reaccionó en lo absoluto.
Mi forma favorita de acabar con alguien era atravesar la garganta. Sabía muy bien cómo reaccionaban, el shock, el pánico, el corte repentino de la respiración.
Todo junto los paraliza.
Pero él no pareció inmutarse.
De un golpe me hizo retroceder y soltar el cuerpo de Rudeus, dejandolo en el suelo.
El más alto corrió antes de agarrarlo y amarrarlo en su espalda con agilidad.
Aun con la varilla atravesándole el cuello el más pequeño siguió cargando.
Esquivé un golpe. Luego una patada.
Presté atención al otro hombre que estaba con él, quitarle el cuerpo en su espalda era una prioridad.
De forma inesperada, el segundo desapareció… y una copia, o quizá el original, apareció desde mi lado derecho, asestando un golpe en la cara.
Para mi suerte, su puño se incrustó en parte de otra varilla que tenía clavada en el maxilar.
El metal se hundió… y quedó atrapado en su mano.
Ambos retrocedieron e intentaron liberarse de estas, jalandolas con fuerza.
Pero hice fuerza en ellas, para que se aferraran a sus cuerpos y ala vez levantaba mi mano.
Con mana concentrado en mi palma un resplandor surgió, iluminando nuevamente el bosque.
El fuego concentrado salió en un tira prácticamente de plasma.
Los dos se apartaron… y se dividieron en varios, sus imágenes se multiplicaron y la luz se refracta en ellos.
Eso no estaba bien.
Observé el maná Laplace del hombre más mayor.
Descendía junto con cómo se multiplicaban las copias… no… no eran copias, eran ilusiones.
Esto se confirmó cuando el rayo atravesó una de ellas.
No explotó en sangre, simplemente continuó moviéndose… como si fuese intangible.
Gracias a las varillas podía sentir el flujo de maná de todo lo que tocaban.
En su caso… de ambos.
Sonreí para mis adentros.
—No son Rudeus del futuro—
No respondieron, pero se tensaron.
—Jajaja… es cierto. Sentí cómo se tensaron—
Ambos se detuvieron, reconociendo que ya no había forma de negarlo.
Claramente estaban planeando cómo matarme.
—Es inútil. Si me matan, Hitogami conseguirá otro cuerpo… y de todos modos podré decirle lo que sé aún y si no lo hace—
Reí secamente sabiendo que había ganado, que seguir al imbécil de Hitogami realmente me llevó a la victoria y que en este mundo tarde o temprano recuperaría lo que es mio.
—Entonces ¿qué mierda esperas? Suicídate si ese es el caso— dijo el más pequeño.
—Preferiría ahorrarme el dolor… pero de todos modos ustedes planean ‘salvarme’ y mantenerme con vida hasta saber qué hacer, ¿verdad?—
Reí nuevamente.
La forma en la que se movían cuando leía sus cabezas los delataba y el intento de intrusión a mi mente por parte del hombre viejo solo me divirtió más.
—No esperaban encontrarse con alguien tan listo como yo, ¿eh? Supongo que ahora los hago parecer estúpidos, y puedes parar de una vez, mi cabeza es un espacio seguro, no entraras de ninguna forma—
Una sonrisa torcida cruzó mi rostro.
En ese momento aparecieron otra vez a mis espaldas.
Curiosamente… donde antes tenían las varillas ya no estaban.
“Parece que lograron liberarse… y las dejaron cerca del lugar donde estaban antes”
“Les doy crédito por colocar el maná exactamente como se sentía antes”
Esquivé de nuevo.
Usé las varillas para interceptar golpes y evitar golpes claramente dirigidos a sacarme una contusión cerebral.
En ese momento el retumbar metálico volvió a escucharse.
La armadura del Dios de la Lucha estaba aquí de regreso.
—Badigadi… es bueno que estés de vuelta. Veo que realmente quieres evitar cabrear a Hitogami—
—Hitogami se enojaría si no hiciera nada. Y estoy seguro de que ambos podremos con esos dos— dijo con un tono más solemne de lo habitual.
—Sí… sobre eso…— dije guardando silencio un momento.
Observé nuevamente a los dos frente a mí y luego levanté la mirada hacia el cielo.
—Espero que sobrevivas. Tengo que llevarle esta información a Hitogami—
Hice flotar dos varillas en el aire y subí sobre ellas.
—Nos veremos pronto, fue un placer hacer equipo Badigadi—
Y entonces me elevé, en busca de un lugar donde dormir y contarle esta información a Hitogami.
…
Enmascarado POV
—Nunca debí confiar en ti— dijo mi homólogo más viejo, mientras me daba un puñetazo en la cara descubierta.
El más joven solo observaba mientras el otro me golpeaba.
Y, siendo honesto… yo habría hecho lo mismo.
—¡Basta, lo lastimas!— gritó Norn, colocándose frente a mí.
El golpe se detuvo y finalmente me soltó.
Había apartado mi máscara antes de la paliza. Sabía que la merecía y la recibí como debía.
Cuando finalmente se calmó, volvió a colocarme la máscara mientras murmuraba.
—Lo lamento… sé que no tuve las mejores ideas y yo…—
—¡Cállate!—grito mientras respiraba agitado.
Durante unos segundos nadie habló.
El silencio era pesado.
—Ya no hay nada que hacer…— dijo finalmente. —Haz lo que te dé la gana. Nuestros caminos se separan aquí y ahora—
Se dio la vuelta.
El otro compañero que estaba con él lo siguió sin decir nada.
Los vi alejarse y él antes de irse soltó el cuerpo de Rudeus.
Corrí y sostuve con mis brazos el desastre sangriento que ahora era Rudeus.
Cuando Norn y Aisha lo vieron comenzaron a llorar, pero les aseguré que viviría.
Caminamos hacia su mansión, al llegar lo dejamos sobre su cama, Norn empezó a usar magia de sanación y le seguí el ejemplo, después de todo aunque ayudará poco seguía ayudando.
Norn tomó su mano entre las suyas, entrelazando los dedos con cuidado.
—Realmente son reales…— susurró.
Durante el viaje hablamos un poco.
Ella y Aisha sabían que a Rudeus le habían faltado las piernas y un brazo… o mejor dicho, que antes le habían faltado.
Al parecer Norn le había contado eso a Aisha, quien no lo sabía antes de estar con los Latreia.
Aisha habló de cómo lo cuidaría.
De ayudarlo a bañarse, a cambiarse, como una buena criada.
Pero Aleksander se molestó.
Le dijo que no debía pensar así de sí misma, que ella valía más que solo una criada.
Y que, de todos modos… él ya había recuperado esas partes.
Eso sorprendió a ambas y empezaron a hacer muchas preguntas.
Yo respondí a todas con un simple.
—Todo a su tiempo—
Ahora Aisha también sostenía su mano.
Luego la colocó sobre su cabeza agitándose el pelo con la mano que se dejaba manipular a falta de voluntad.
Finalmente ella dejó de moverla y sus ojos se abrieron ligeramente.
—Sí… se siente diferente…—
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