Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 72
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Capítulo 72: Capítulo 71: Kalman IV
Año 423K
Eris POV
Al terminar la batalla, Nina, Isolte y yo regresamos a las ruinas que antes eran el lujoso complejo que Rudeus construyó para él y para nosotras.
Al llegar subí las escaleras y escuché la voz de Rudeus junto con otras personas en su habitación.
—¡Oigan, Rudeus ya está aquí!— grité antes de entrar para hablar con él.
Pero no esperaba lo que encontré.
Quedé atónita cuando vi a una persona tirada en la cama. Mirando bien me di cuenta de que era Rudeus.
A su lado había dos niñas. Una de ellas utilizaba magia de curación junto a un hombre.
Cerca, con una espada ensangrentada, había otro más apoyado en el marco de la puerta.
—¡¿Qué le hiciste a Rudeus?!— dije sacando mi espada de su funda.
Isolte y Nina llegaron detrás de mí y ambas también se prepararon para luchar.
—Cálmate, solo estamos ayudando. Él tuvo una pelea muy dura— dijo el hombre mientras sanaba las heridas más visibles.
Nina e Isolte bajaron sus espadas.
Pero yo seguía apuntando hacia adelante.
—Ustedes conocen al hermano mayor Rudeus, ¿verdad?— preguntó la pequeña pelirroja.
—¿Hermano?… ¿Tú eres Aisha?— pregunté.
Rudeus había mencionado antes, cuando me enseñaba, que tenía dos hermanas menores: una pelirroja y otra rubia.
—S-sí…— dijo haciendo una reverencia.
Con eso finalmente bajé mi espada.
Después de eso, el hombre que sanaba a Rudeus nos mandó a buscar hierbas medicinales.
Nada realmente importante para la recuperación, pero Isolte dijo que al menos así haríamos algo útil.
Mi magia curativa era deficiente y no ayudaría mucho, así que también las acompañé.
Cuando terminamos de recolectarlas, Aisha las recibió y nos quedamos a hablar con las niñas.
Isolte se llevó muy bien con Norn, y Aisha con Nina. Por mi parte, me quedé observando cómo Rudeus dormía.
Ya habían dejado de usar magia sobre él y estaba completamente vendado, a la espera de despertar.
Tomé su mano entre las mías y sentí su tacto.
Una vez más… era peligrosamente delicado.
Tras ser pateado en la pelea le habían quitado el guante con la prótesis que usaba en lugar de su mano derecha.
Miré el muñón con dolor.
Él lo había perdido porque nosotras no fuimos lo suficientemente fuertes para protegerlo.
Pero al mirarlo algo me detuvo.
En el centro del muñón algo indistinguible parecía querer salir… como el brote de una flor creciendo.
—Pero qué…— me acerqué para mirar más de cerca.
Entonces una voz habló a mis espaldas.
—Veo que te diste cuenta. Y si no lo hiciste aún… eres muy tonta— dijo el hombre enmascarado que había ayudado a curar a Rudeus.
—¡Claro que me di cuenta! Y para saber que tú te diste cuenta… ¡dime de qué me di cuenta!—
El enmascarado sonrió antes de reír por lo bajo.
—Sigues siendo la misma niña tonta— dijo entre risas.
—¡Oye! ¿A quién le dices niña tonta?—
—Ya, ya… no es nada. Es solo que Rudeus tenía un secreto desde antes de volver a conocerte— explicó.
—¿Un secreto?— pregunté.
—Sí. Uno que no sabe nadie además de él, su exnovia, su familia… y probablemente las dos mujeres que acompañan a Sara… que raro que no te lo dijera a ti— dijo haciendo énfasis con las manos.
—¿Y por qué no me lo dijo?— pregunté.
—No lo sé. Pregúntale cuando despierte— respondió.
Luego tomó una nueva prótesis y comenzó a encajarla en el muñón.
—Mientras tanto… asegúrate de evitar tocar esto— dijo mientras terminaba de ajustarla.
…
La duda carcomía a Eris por dentro.
Aquella extraña visión en el muñón de Rudeus no salía de su cabeza, y las palabras del enmascarado solo habían empeorado las cosas.
Por eso, durante la reunión semanal que solía tener con Nina e Isolte, decidió sacar el tema.
Sin embargo, como ni siquiera ella estaba segura de lo que había visto, evitó mencionar ese detalle.
Se limitó a contar el diálogo que había tenido con el enmascarado… omitiendo, por supuesto, la parte en la que él la había llamado tonta.
—Entonces Rudeus tiene un secreto… ¿eso es por lo que nos reuniste aquí?— preguntó Nina.
—Sí, pero si es algo para que él se lo guarde debe ser muy importante. ¡Rudeus nos lo diría si no fuera así!— respondí.
—Creo que le estás dando demasiada importancia a las palabras de ese hombre. A mí me parece que le falta más de un tornillo. Por ejemplo… ¿quién usa una túnica y una máscara dentro de una casa? O en realidad, dentro de cualquier casa— dijo Isolte.
Luego cruzó los brazos, claramente desconfiada.
—Ni siquiera sabemos quién es, ni por qué conoce a Rudeus. Tal vez incluso intenta ponernos en su contra— añadió.
—Isolte tiene razón, primero que todo hay preguntar de qué específicamente se trata ese secreto— dijo Nina con calma
—Aunque tampoco está de más preguntarle a Rudeus cuando despierte directamente— añadió.
…
Rudeus POV
Sentí mi mente recomponerse poco a poco cuando abrí los ojos, como si cada pensamiento volviera a encajar en su lugar.
—¡Hermano!
—¡Hermano mayor!—
Dos voces gritaron al mismo tiempo.
Antes de que pudiera reaccionar, sentí a ambas niñas abrazarme con fuerza.
—¿Norn? ¿Aisha? ¿Qué hacen aquí?— pregunté, completamente exaltado.
—Yo las traje— dijo Aleksander, apoyado contra una pared calmadamente.
—¿¡Por qué mierda hiciste eso!? ¿Sabes en el problema en el que estoy?— grité.
Despertar en mi cama era claro indicio de que de alguna manera me había salvado, pero eso no quitaba de que seguía siendo peligroso todo lo que tenía que ver conmigo mismo.
El crujir constante de la madera desgastada y el tenue olor a quemado flotando en el aire me inquietaron.
Lentamente me di cuenta que la casa parecía haber pasado por una remodelación de último momento, con muebles importantes de otras partes medio quemados y acumulados en el cuarto.
—Ya no puedes esconderte— dijo el enmascarado.
No lo había sentido acercarse.
Su presencia simplemente… apareció.
—Norn, Aisha, dejenme un momento con su hermano— habló en tono serio.
Ambas niñas obedecieron saliendo de la habitación, dejándonos solos.
El dejo de mirarlas cuando finalmente salieron del campo auditivo y sin perder tiempo hablo.
—Él ya puso todos sus esfuerzos. No hay forma de proteger a los tuyos excepto volviéndote más fuerte y más listo que aquel que ve el futuro—
Una pausa dramática acompañó su emoción de pesar cuando hablo.
—Además… ahora estamos solos en esto—
Antes de que yo hablara él me pasó una taza con té.
Antes de que pudiera siquiera preguntar algo, prácticamente me obligó a beberlo.
—¿De qué hablas?— pregunté frunciendo el ceño, tosiendo un poco por haber tomado la bebida tan rapidamente.
—Ya no quieren involucrarse— dijo con voz apagada.
—Hitogami ahora conoce nuestro secreto. Sabe que no somos quienes decíamos ser… y ahora, en cada bucle, nos tendrá en cuenta. Ya no hay forma de sorprenderlo—
No sabía exactamente qué había pasado mientras estaba inconsciente, pero aún así pregunté.
—Entonces… ¿por qué sigues aquí?
El enmascarado me miró en silencio por un momento.
—Te lo dije— respondió con calma.
—No dejaré que sufras como yo sufrí. Estaré contigo… en las buenas y en las malas, es lo minimo que puedo hacer despues de todo el dolor que causamos—
El ambiente quedó en silencio, esa última declaración dijo más de él y su pasado más que cualquier interacción pasada.
Un silencio pesado se cernió hasta que de repente un estruendo resonó cuando la puerta se abrió.
—¡¿Ya despertó?!— gritó una voz familiar al entrar de golpe en la habitación.
Eris apareció en la puerta, detrás de ella estaban Isolte y Nina.
No pude evitar sonreír.
—Es bueno verlas—
…
Después de la gran catástrofe hubo varios asuntos que arreglar.
Entre ellos estaba el hecho de que, aunque nadie sabía exactamente qué había pasado, sí sabían que yo había estado involucrado.
Al parecer Zanoba contó que cuando despertó yo ya no estaba. Y eso, sumado a que la zona donde él aseguraba que yo dormía había quedado completamente destruida, hizo que muchos pensaran que yo sabía algo sobre cómo empezó el ataque… o por qué habían aparecido tantos monstruos.
Eso terminó en una solicitud formal en forma de una carta.
Cuando me recuperara, debía presentarme ante Jenius para dar detalles de lo ocurrido aquella noche.
Claro está… el hecho de que el ‘Sword God’ no interviniera de forma visible me dio un bajón considerable en mi reputación.
Para mi buena suerte, las chicas dijeron que yo había peleado contra el causante del desastre… y que al final lo había vencido.
La última parte no era cierta, pero gracias a según se dice, ellas disiparon gran parte de el ataque fue fácil creerles para los habitantes.
También se hizo público que yo estaba postrado en cama, lo que en realidad hubiera sido de mucha mayor preocupación si no hubieran dicho que yo había ganado.
Para mi buena suerte la tabla de potencias mundiales no mostró el cambio, tal vez el hecho de que Badigadi estuviera también en la pelea, no hizo contar como una derrota.
Sumado a todo esto, la universidad tuvo que cerrar brevemente.
La mayoría de los dormitorios quedaron intactos, pero una falla cercana al dormitorio femenino debía ser rellenada con cuidado, lo que obligó a una parte de las estudiantes a alojarse fuera del campus.
La propia Ariel, aunque su residencia no fue afectada, cedió su área para algunas estudiantes y se ofreció a vivir temporalmente fuera del lugar junto con su guardia.
Un movimiento para congraciarse bastante evidente.
El gremio de aventureros, por su parte, reconoció a quienes se quedaron a luchar durante el desastre y organizó una reunión para celebrar a las principales aventureras que defendieron el lugar.
Además de las chicas y Ghislaine había tres más pero no indagué más, pues no era relevante para mi.
Y después de tanto por procesar me quedé dormido.
En la mañana una discusión me hizo despertar temprano.
Aisha me extendió una taza del mismo té amargo que me había dado el enmascarado mientras yo aun somnoliento me recomponía.
Hablando de él… como aparentemente no tenía nada mejor que hacer que cuidarme, decidió quedarse en mi mansión.
Era un inquilino extrañamente invisible.
Despertaba antes que todos, volvía muy tarde y dormía en uno de los sillones de la sala, igual que Aleksander.
Ni siquiera se molestó en intentar ocupar una habitación, tal vez por que estas ya habían sido tomadas.
Ghislaine dormía sola en una habitación de invitados.
Nina e Isolte dormían en donde antes “dormía” Eris.
Y yo dormía en mi habitación.
Junto a mí en mi cama Eris, que simplemente aprovechó la oportunidad para encontrar una excusa razonable y dormir conmigo.
Aisha y Norn también dormían en la misma habitación, en una cama que rescatamos de una de las casas destruidas.
Ahora, regresando a por que fui despertado…
—Entonces… ¿por qué duermen juntos?— preguntó Norn.
—No hay más camas para dormir— respondió Eris con total naturalidad.
—Entonces ¿por qué Aisha o yo no dormimos con él? Compartir cama es solo para familia. Y si no eres su esposa no deberías hacerlo. Eso es pecado y Milis podría enfadarse— dijo con tono de reproche.
—Déjala, Norn. A mí no me molesta y yo no sigo ningún credo, no creo en Milis— dije mientras me frotaba los ojos y daba otro sorbo al té.
Después de todo… acababa de despertar por esa discusión.
…
Norn POV
Eris pareció complacida cuando Rudeus le dio la razón.
Me molestó aún más cuando me dedicó esa pequeña sonrisa antes de volver a acostarse, abrazando a Rudeus como si nada.
Y lo peor era que él no hacía absolutamente nada para impedirlo.
Era obvio que ella se aprovechaba de él.
Salí de la habitación molesta.
Para mi mala suerte, choqué con Isolte en el pasillo. Yo me caí mientras Isolte solo se sorprendió y se agachaba a mi altura.
—¿Qué pasó, pequeña Norn? Estás distraída— dijo mientras me ayudaba a levantarme.
—Es solo Eris… ella no respeta en lo más mínimo a Milis— respondí, todavía irritada.
—Debes intentar entenderla. Ella no sigue nuestro credo, pero eso no significa que sea una mala persona— dijo Isolte con un tono suave.
Bajé la cabeza, aun si era cierto su obvios intentos por estar cerca de Rudeus me molestaban.
Pero no podía negar algo.
Isolte también era creyente de Milis. Para ser sincera, una de las razones por las que me llevé tan bien con ella era precisamente porque seguía los valores de Milis al pie de la letra.
Respetar a los demás sin importar quiénes fueran era uno de esos valores.
Aunque era algo ambiguo, ya que la mayoría de creyentes sabían que Milis era el único y verdadero Dios y era considerado de paganos alabar a otras deidades, el respeto hacia las personas como individuos seguía siendo un principio importante.
Isolte respetaba a cualquiera, sin importar su raza o religión.
…
Ese mismo día por la tarde, Aleksander retó a Rudeus a una pelea.
El reto hizo que todos salieran a ver.
—¿Un duelo?— preguntó mi hermano.
—Sí, un duelo— respondió Aleksander con energía.
—Para que sea justo no usaré a Kajakut, y solo utilizaremos el estilo del Dios del Norte— añadió con calma.
—¿La magia entra?— preguntó Rudeus.
—No. Solo espada… y trucos con armas— respondió.
—Yo no tengo nada además de mi espada. ¿Eso te parece justo?— preguntó de vuelta.
—Tú eres la Quinta y yo la Séptima. No te hagas el ingenuo. Sé que tú eres el Dios de la Ira— dijo Aleksander.
“¿Dios de la Ira?”
Ese era el nombre que había aparecido en la tabla de Potencias Mundiales hacía apenas un año.
Miré a los demás.
Pero, aparte de mí y Aisha… nadie parecía darle importancia.
—Está bien. Será como tú digas— aceptó Rudeus.
Apenas terminó de hablar, Aleksander salió disparado hacia adelante.
La espada corta en su mano derecha, la cadena enrollada en la muñeca de la misma.
Aleksander la balanceó con todo y el rango extendido que le daba la cadena.
Con una rapidez que ni siquiera pude ver esta corto el aire siendo interceptada por la propia espada de mi hermano, antes de retroceder.
“¿Este es el poder de las Potencias Mundiales…?”
Yo ya sabía que Aleksander era una. Él mismo lo había mencionado durante el viaje hasta aquí.
Pero saber que mi hermano también lo era fue impactante.
No entendía qué estaba pasando.
En un momento Aleksander y Rudeus estaban peleando en el centro, intercambiando y desviando cortes con maestría.
Al siguiente, una cortina de polvo se levantaba, ni siquiera pude saber quién la levantó cuando cubrió todo el campo de batalla.
En menos tiempo deo que esperaba la espada de mi hermano salió volando por el aire.
“¿Perdió?” pensé por un segundo.
Pero entonces Aleksander salió del humo.
La cadena que sostenía la espada que antes usaba estaba rota, ahora la sostenía en su mano con firmeza.
Sacando otra espada corta de claramente menor calidad se adelantó, con una patada seguida de un tajo doble desde los lados.
Rudeus salió del polvo casi al mismo tiempo para chocar.
Saltó hacia adelante, esquivando la patada y lanzó una propia que impactó de lleno en el torso de Aleksander, usando su larga espada bloqueó los cortes, uno con el mango y el otro con el filo, mostrando su habilidad usando la espada de forma poco convencional.
En el choque la espada de Rudeus cayó hacia adelante por el golpe de las otras dos hojas.
Alek rodó por el suelo por la patada y Rudeus no perdió tiempo.
Recuperó su espada mientras avanzaba y, cuando llegó frente a él, lo desarmó con un movimiento limpio, antes de colocar la hoja en su cuello.
Aleksander a pesar de su derrota sonrió, satisfecho.
—Tú ganas, Rudeus— dijo con satisfacción.
Mi hermano le ofreció una mano para ayudarlo a levantarse.
Ambos se dieron un apretón de manos de puro respeto mutuo.
“¿Este es el poder que manejan los más fuertes…?”
Mientras peleaban eran prácticamente indistinguibles.
Solo porque ya había visto antes a Aleksander pelear pude entender lo que había pasado durante ese choque.
—¡Bien hecho, Rudeus!— dijo Nina.
—¡Así se hace, Rudeus!— gritó Isolte.
—¡Rudeus es increíble!— exclamó Eris.
Al escucharlas noté el cariño con el que las tres lo apoyaban.
Cuando volví a mirar el campo de batalla, Aleksander ya había tomado nuevamente a Kajakut.
—Es bueno saber que mi estilo ahora tiene a alguien más que podría llamarse… Kalman— dijo mientras se arrodillaba y extendía la espada hacia Rudeus.
—¿Qué crees que haces?— preguntó mi hermano.
—Quiero que seas Kalman IV. El nuevo Dios del Norte— dijo con total tranquilidad.
—Sí… paso. Ni siquiera necesito la espada. Pero supongo que eso significa que soy nivel Dios en el estilo del Norte, ¿no?— preguntó al final.
—Si no quieres la espada, está bien. Yo aún puedo usarla. Y sí… ahora eres la cuarta persona en alcanzar este nivel en el estilo—
…
Año 4xxK
Narrador POV
Al ritmo suave de un violín y el compás improvisado de unos pequeños aplausos, cuatro figuras giraban lentamente en el centro de la sala, intercambiándose de pareja con naturalidad.
Rudeus, Isolte, Nanahoshi y Sara bailaban.
No era un baile perfecto ni elegante como los de la nobleza, pero sí uno lleno de calidez y del afecto que se tenían como miembros de una familia.
Frente a ellos, dos niños aplaudían con entusiasmo.
Hakutai, un pequeño de tres años, tenía el cabello rubio de su madre y unos ojos verdosos que había heredado de su padre.
A su lado estaba Rikka, con el cabello del color original de su padre y los ojos azules de su madre.
Ambos niños crecieron en el amoroso ambiente de un padre y sus tres madres.
Lucy, la hija mayor de Rudeus, observaba la escena desde un lado de la habitación.
Había una melancolía silenciosa en su mirada, Rudeus, su padre, se veía feliz.
Ya no era aquel hombre que solo la visitaba, ledaba dinero a Tristina y se marchaba con un botella del alcohol en su cinturon.
Ahora era nuevamente el padre amoroso que Tristina siempre le dijo que alguna vez fue.
Algo que durante mucho tiempo había sido raro… poco a poco volvía a ser normal.
Su padre estaba bien cuidado, su barba, bien recortada y su cabello largo caía sobre sus hombros, adornado con uno de los accesorios que había pertenecido a una de sus difuntas esposas.
Algo que él miraba con dolor e ira ahora solo lo miraba con melancolía, recordando a una de las mujeres que amo.
La escena ocurría en lo que alguna vez fue un pueblo devastado por la guerra, Buena Village.
Ahora, años después, el lugar volvía a rebosar de vida.
Cuando la pequeña celebración de Año Nuevo terminó, todos se retiraron a dormir.
Pero en la madrugada…
Sara se dio cuenta de que Rudeus no estaba en medio de el abrazo incesante de las tres como debería.
Despertó a las otras dos y estas salieron a buscarlo.
La expresión de la rubia cambió de alerta a tristeza.
—Sabes que no fue tu culpa— dijo Isolte con suavidad.
—Eris tomó su decisión ese día. Nadie pudo prever lo que pasaría después… ni lo que ellos harían cuando tu estabas Milis—
—Lo se… pero aun así duele…— respondió Rudeus en voz baja.
Las tres mujeres se acercaron y lo rodearon en un abrazo cálido.
Por un momento Rudeus casi se quebró, pero se contuvo.
Tenía que ser fuerte…fuerte por ellas… y por sus hijos.
Frente a él se alineaban varias lápidas.
Las de sus esposas, trasladadas a ese lugar para poder visitarlas con mayor frecuencia.
Y junto a ellas…
Había otras más.
“Lara”
“Rina”
Los hermanos de Lucy, los hijos que Rudeus había perdido.
Al final junto a la de una Peliroja, una lapida especialmente mas pequeña.
“Ars”
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N/A: Este capítulo estaba prácticamente hecho desde el viernes, pero recién hoy pude terminar de corregirlo porque por fin tuve tiempo de revisar todas las faltas ortográficas en fast.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com