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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 73

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Capítulo 73: Capítulo 72: El inicio y el fin de Kalman III #1

Año 389K

Narrador POV

Un hombre golpeaba la mesa con el índice de su mano derecha, marcando el ritmo de la música alegre que tocaba una banda de trovadores.

Escuchaba con atención los relatos antiguos sobre el Héroe Kalman I… su abuelo, el primer Dios del Norte.

Había escapado y robado la espada legendaria Kajakut.

Y ahora, en busca de hacerse un nombre propio, como lo hizo su padre y su abuelo antes que su padre, se dirigía hacia el continente de Asura.

Se encontraba en una ciudad portuaria, el último punto antes de zarpar.

Y la dura verdad era que solo seguía con vida gracias a la intervención divina de su nuevo benefactor.

Al salir de la taberna, jugaba distraídamente con una moneda entre sus dedos.

Su padre, Kalman II, había dejado una marca en el mundo.

Y él… no pensaba vivir bajo esa sombra sabiendo que su padre no lo hizo.

Quería un nombre propio, uno que hiciera temblar al mundo.

Convertirse en aventurero era la opción más viable, y siguiendo aquel susurro divino su primer destino lo llevaría hacia Milis.

…

Al llegar a Milis, su apariencia humana le permitió entrar sin interferencias por parte de la gente que odiaba a los demonios.

Era algo común ver en las puertas a los guardias humillando y rechazando a cualquiera con rasgos demoníacos o bestiales.

En ese lugar, los no humanos prácticamente no tenían derechos, así que, por primera vez, no parecerse a su abuela, cuya apariencia alguna vez quiso heredar, resultó ser una ventaja.

No pasó mucho tiempo antes de que encontrara una oportunidad.

Un grupo de aventureros estaba buscando reemplazo para un integrante que se había ido hacía poco. Y, como ya era costumbre, fue el consejo de su deidad lo que lo empujó a acercarse.

—Hola, es un gusto conocerlos. Escuché que buscan a un integrante en su grupo… ¿podría unirme?— preguntó con educación, algo inusual en él.

—Pff, lárgate de aquí, mocoso. Esa espada no te hace un hombre— dijo uno de los miembros, un sujeto corpulento, mirándolo con desdén.

—¡Marcus!— lo reprendió una joven de cabello castaño—Disculpa, no era nuestra intención ofenderte. Pero si pudieras contarnos más sobre ti y darnos una demostración de tus habilidades, estaríamos más que felices de considerarlo— añadió con rapidez, intentando evitar conflictos.

—No te preocupes, entiendo el escepticismo— respondió Aleksander con calma.

El problema era evidente, él parecía un niño a pesar de que en ese momento ya era un Rey del Norte.

—Si dices eso es porque te crees fuerte— dijo Marcus mientras se levantaba, mostrando su imponente figura.

Aleksander lo miró sin inmutarse.

—No lo creo… lo soy—

No hizo falta decir más, el desafío silencioso ya estaba aceptado.

…

*Clank*

El sonido metálico resonó cuando la espada de Marcus salió volando por los aires.

—Parece que tú eras el débil entre los dos— dijo Aleksander con una sonrisa satisfecha.

Para sorpresa de todos, incluso de la mujer que observaba desde un lado, Marcus sonrió de vuelta antes de incorporarse.

—Lo admito… te subestimé— dijo con calma.

—¡Eso fue impresionante, Aleksander!— exclamó Helena con entusiasmo, mostrando una sonrisa en la que destacaban unos caninos ligeramente afilados.

Aleksander se fijó en ello.

Helena, al darse cuenta, se cubrió la boca de inmediato.

Aunque a veces actuara como un idiota… no era tonto.

Se acercó con calma y habló en voz baja.

—Yo tampoco soy de sangre pura— dijo, colocando una mano sobre su hombro.

La mujer bajó la cabeza y soltó una pequeña risa.

—Gracias…— susurró.

…

Aleksander se tomó la misión con calma.

Debían explorar una caverna de la que, según los reportes, salía una gran cantidad de monstruos.

No necesitaban derrotarlos.

Solo adentrarse lo suficiente como para descubrir su origen exacto.

Era una misión de rango B, y dependiendo de la gravedad del problema, el gremio liberaría una misión para acabar con el origen o tratar con él de alguna manera de rango A o incluso S.

El grupo no era grande.

Además de Marcus y Helena, había un mago llamado Kael y un asesino llamado Ulric.

Helena era sanadora y también maga, aunque de bajo nivel.

Marcus era un espadachín corpulento de primera línea, avanzado en el estilo Dios de la Espada.

Mientras los cinco discutían la estrategia, si avanzar de frente y retirarse usando el sigilo de Ulric, o abrirse paso evitando ser rodeados, algo salió de entre una grieta en la pared.

Un no-muerto, empuñando un hacha.

Aleksander reaccionó al instante.

Bloqueó el corte descendente que iba directo hacia Ulric, quien estaba distraído hablando con Kael.

—Concéntrense. Estamos rodeados— dijo al notar que más y más no-muertos comenzaban a emerger de las grietas a su alrededor.

“Mierda… es hora” pensó.

Mientras se encargaba de los que venían de frente, uno de los enemigos, claramente más hábil que los demás, logró atravesar la defensa del grupo.

Una espada silbó en el aire, girando con velocidad.

Al final de su recorrido se incrustó entre las cejas de Kael.

—¡Kael!— gritó Marcus con dolor, apartando a su oponente para correr hacia él.

El joven aún respiraba… apenas.

—E-esto no se ve bien…— murmuró, tambaleándose antes de caer en los brazos de su compañero que llego justo para atraparlo.

Marcus no tuvo tiempo de despedirse o apartarlo para que su ahora cadáver no recibiera daños.

Se vio obligado a soltarlo para bloquear otro golpe de hacha.

Aleksander continuó peleando, con fuerza y técnica.

Pero sin darlo todo, pues aunque le doliera ver aquello…

Esto era exactamente lo que el Hombre Dios le había dicho que ocurriría.

…

Helena, Marcus y Aleksander lograron salir a duras penas.

Kael había muerto y Ulric se quedó atrás para cubrir su retirada.

Marcus recibió un profundo corte en la pantorrilla y, sólo cuando estaba fuera, lejos de la caverna, ahora casi confirmada como un laberinto, se dejó caer sobre el pasto.

—Mierda…— susurró, recostándose con dificultad.

Helena no decía nada.

Solo sollozaba en silencio, tapándose los ojos.

Aleksander le ofreció su hombro en silencio, permitiéndole desahogarse.

“Lo lamento…” pensó el inmortal.

Pero no hizo nada más.

Después de todo… él solo seguía las palabras de Hitogami.

Las mismas que ya lo habían salvado en más de una ocasión.

…

—No hay nada más que hacer… ni que decir, Helena— dijo Marcus, abrazándola con fuerza.

—Te extrañaré, Marcus… cuida de tu hermano— respondió ella, devolviendo el abrazo por última vez.

Cuando se separaron, no hubo más palabras.

Helena siguió a Aleksander, ambos partiendo hacia Asura.

Él, con el objetivo claro de hacerse un nombre en el continente principal y ella en busca de una vida mejor.

Durante el viaje compartieron historias…vivencias.

Y, finalmente… la verdad sobre quiénes eran.

Helena fue la primera en hablar.

Era hija bastarda de un hombre humano que se había acostado con una mujer del clan bestia.

La tribu la crió durante un tiempo, pero su naturaleza, más humana que bestial, terminó por apartarla de ellos.

Luego fue el turno de Aleksander.

—Entonces… eres el hijo de Kalman II y el nieto del Dios del Norte original— dijo Helena, sorprendida.

—Eso resume bastante bien lo que acabo de decir— respondió él con una sonrisa ligera.

…

En un bar, ambos bebían con euforia, celebrando una misión cumplida por su pequeño grupo de dos.

Al terminar casi al mismo tiempo sus bebidas, hombre y mujer se voltearon a mirarse.

El ruido del lugar se desvaneció por un instante.

Poco a poco, casi sin darse cuenta, acortaron la distancia entre ellos… hasta que sus labios se encontraron.

Fue un beso breve.

Al separarse, ninguno dijo nada. Ambos desviaron la mirada, como si intentara recuperar la compostura mientras el calor del alcohol se disipaba lentamente.

Al llegar a su posada el ambiente se tornó ligeramente incómodo.

La mujer divago, sin hacer nada mientras Aleksander limpiaba su espada para esconder su vergüenza.

—Yo… uh… lo lamento— murmuró Helena, mirando al suelo mientras deshacía la trenza de su cabello.

Aleksander se tensó, pero negó suavemente.

—No te disculpes… además… me gustó— dijo en voz baja.

Esa simple confesión la dejó inmóvil.

Durante unos segundos, el silencio volvió a instalarse entre ellos.

Entonces, sin decir una palabra, Helena se acercó nuevamente.

Aleksander levantó la vista para entender por qué se acercaba a él y en ese momento ella lo besó otra vez.

Esta vez, él no dudó.

Correspondió el gesto, rodeándola con sus brazos, atrayéndola con firmeza.

Dio un paso al frente, tomando la iniciativa.

Helena, para no perder el equilibrio, se aferró a él, acercándose aún más y de un brinco se aferró con sus piernas a él.

El momento se volvió más intenso, más cercano… más real.

Aleksander cambió de enfoque y su boca ahora empezó a besar el cuello de Helena.

…

En el Reino de Shirone, dentro de una posada modesta, la noche terminó envolviéndolos por completo.

La habitación, en silencio, guardaba las huellas de lo ocurrido.

El olor a sexo era fuerte ante las naturalezas no completamente humanas de ambos.

La ropa esparcida, el aire cálido, todo hablaba de un momento que había nacido de la cercanía, la confianza y algo más profundo.

Ahora, con la calma de la madrugada, Aleksander ya estaba despierto.

Con cuidado, apartó un mechón de cabello del rostro de Helena.

Ella descansaba sobre él, tranquila.

Sus respiraciones acompañadas llenaban el silencio.

Sin necesidad de palabras, ambos sabían que aquello había sido más que un simple impulso.

Había sido algo real que se formó lentamente en el último año juntos.

…

Año 394K

“Perdóname… no fui lo suficientemente específico.”

Esa fue la frase que Hitogami le dejó… cuando Helena estuvo a punto de morir por heridas de una batalla que pudo evitarse.

Por capricho del joven de 19 años, el buscar una forma y cuando la encontró no dudo, la cristalizó.

Utilizó el principio mágico de los cristales magicos malditos, sobrecargandolos hasta formar una capa sólida que envolvió por completo el cuerpo de su esposa, preservándola en un estado suspendido.

“Sé que ya no quieres confiar en mí… pero hay un hombre que puede darles una mejor vida.”

Aleksander siguió caminando pesadamente, paso tras paso, sin detenerse.

Detrás de él, tres pequeños lo seguían en silencio.

Los trillizos que había tenido con Helena.

“Philemon Notos Greyrat tiene los recursos… y la influencia.”

Su corazón se apretó mientras los tres entraban en una caravana de esclavos.

Cuando finalmente los entregó… y recibió el “pago”, ya no pudo avanzar mucho más.

Se apoyó en su espada para no caer.

Pero aun así cayó de rodillas.

Las lágrimas cayeron junto a todo el peso de su decisión, una tras otra, golpeando el suelo con fuerza.

—Rack… Mack… Jack… adiós, mis niños…— susurró, con la voz quebrada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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