Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 74
- Inicio
- Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare.
- Capítulo 74 - Capítulo 74: Capítulo 73: El inicio y fin de Kalman III #2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 74: Capítulo 73: El inicio y fin de Kalman III #2
Año 423K
Sylphiette POV
Frente a mí… estaba él, era inconfundible.
El lunar en su mejilla, su cabello… igual al de su padre.
—¿R-rudy?— pregunté con la voz temblorosa.
—¿Sy-Sylphi?— respondió, también dudando.
—S-sí… soy yo…— intenté decir.
Pero no pude terminar la oración, su mano ya se movía.
Una daga apareció, deslizándose entre sus dedos y fue directo hacia mi garganta, a la yugular.
Cuando el filo me rozó mi cuello sentí un tirón repentino.
La realidad se rompió como un espejo roto, todo a mi alrededor se quebró y la oscuridad me rodeo por solo un segundo antes de parpadear.
—¡Ahhh!—
Desperté sobresaltada, había sido solo un sueño mas.
Me llevé la mano al pecho mientras las lágrimas escapaban sin control.
A mi lado, la princesa se removió.
Rudeus estaba vivo, pero él ya no era el niño amoroso y tierno que alguna vez cuido y enseño.
Sus ojos ahora estaban llenos de odio puro.
Decidí salir para evitar despertar a Ariel, pero antes de que pudiera reaccionar, ya estaba despierta.
—¿Otra pesadilla, Sylphiette?— preguntó, frotándose los ojos.
—L-lo siento… es solo que…— apreté con más fuerza mi pecho, intentando calmarme.
—Realmente era él… yo…—
No pude continuar, mi corazón dolía solo con el pensamiento de que mi mejor amigo había intentado matarme a mi.
Ya habíamos hablado, Rudeus hizo una elección, eligió servir al otro lado y el hecho de que aunque le ofrecieramos salida y un lugar con nosotros no cedió.
Baje la mirada al pensar que le habría tenido que pasar para cambiar de esa manera.
Sentí una mano posarse sobre mi hombro.
Ariel… no, mi amiga… me miraba fijamente, ahora completamente despierta.
—Sylphiette… el Rudeus que conociste ya no está— dijo con suavidad —No sé si sobrevivió a eso… pero si estuvo dispuesto a matarte… entonces ya no te merece—
Intenté mirar hacia otro lado, aun sabiendo que él estaba dispuesto a matarme no quería que terminara así.
Su mano subió hasta mi mejilla, limpiando una lágrima de hace unos segundos.
—Pero yo…— intenté decir.
—Lo amas, lo sé— respondió de inmediato —Pero… ¿qué hay de Ryo?¿No te gusta también?—
Bajé la mirada, avergonzada.
—Él ya tiene a Eris… Isolte… Nina…— murmuré—Todas son mejores que yo… no tengo oportunidad…—
Ariel tomó mi mentón y me obligó a mirarla.
—Nunca digas nunca, Sylphiette— dijo con una sonrisa tranquila.
—El nisiquiera sabe que soy mujer, le he estado negando que lo soy…—
—Lo resolveremos, además de mi guardaespaldas recuerda que eres mi amiga—
…
Rudeus POV
—Auch— me quejé mientras Norn y Aisha desinfectaban mis heridas.
No fue por el alcohol… ni siquiera después de que Norn empezara a usar magia de curación por primera vez para practicar.
No.
Mi quejido fue por el golpe.
—No te quejes. ¿Cómo se te ocurre aceptar una pelea cuando apenas te estás recuperando?— dijo Nina, frunciendo levemente el ceño.
—Lo sé, lo sé… no fue mi mejor idea— respondí, sobándome la cabeza justo donde había recibido el impacto.
No había pensado bien las cosas.
No usar mana Laplace hizo la pelea pareja, el intercambio aun así fue rápido y cortar la caden que usaba Aleksander en un impulso me dejo ganar.
Pero el hecho fue que al ser tan reñida termine con
más heridas, ni siquiera estaba seguro de ser realmente inmortal y hacer esto muy seguido podria ser contraproducente.
Y la charla que tuve con Aleksander solo empeoró mis dudas.
Me explicó que sus capacidades regenerativas estaban diluidas.
Su abuela y Badigadi eran la cúspide de esa habilidad. Luego estaba su padre, que aunque inferior a ellos, seguía siendo superior al propio Aleksander.
Y después estaba yo.
Mi regeneración era aún más lenta.
Si la primera vez recuperé mis piernas y mi brazo derecho con tanta rapidez, fue únicamente por una explosión repentina de maná de Laplace que se había acumulado, desbordando mis reservas de alguna manera.
Pero aún solo usando el maná de mi reserva con tanta rapidez tendría consecuencias ahora.
Mi mana de Laplace se regenera de manera lenta y desgasta mi cuerpo al usarse tan rapido.
Si abusaba de ello, me quedaría sin energía para transformarse y con incapacidad de curarme fácilmente.
En otras palabras, si no quería que Hitogami me asesinara tenía que ser inteligente.
A un lado, Isolte dejó escapar una risa suave, cubriéndose la boca con torpeza después de ver el intercambio entre Nina y mi persona.
Suspiré, sin decirle nada.
A ella siempre le divertían este tipo de escenas.
Supongo que, visto desde fuera, era gracioso ver a alguien como yo, que parecía una enciclopedia viviente de magia, esgrima y conocimientos de todo tipo… cometiendo estupideces y siendo reprendido por ello.
Cuando terminaron de tratar mis heridas, me dirigí de inmediato a mi siguiente destino.
Eris caminaba a mi lado, recibiendo elogios y saludos de los pobladores, agradecidos por su ayuda durante la batalla de días atrás.
—Parece que ahora la gente realmente te respeta, Eris— comenté con calma.
Ella no respondió.
Pero su ligera sonrisa y el rubor en su rostro lo decían todo.
Al llegar a la universidad, noté que apenas había gente aunque era de esperarse.
Sin clases, y con parte de las instalaciones dañadas, el lugar estaba casi vacío.
Lo bueno fue que justo eso nos permitió avanzar sin problemas hasta la oficina de Jenius.
Parte del edificio había sido derrumbado, pero ya se habían hecho arreglos temporales y Jenius cambió de su oficina de antes a un más grande pero más vacía.
Al entrar el profesor estaba inclinado sobre su escritorio, sujetándose la cabeza con evidente estrés, rodeado de papeles.
Al escuchar la puerta abrirse, se acomodó.
Y al verme, su expresión cambió.
—Oh, Ryo… me alegra ver que estás bien— dijo, señalando las sillas frente a él —Siéntense, por favor—
Corrí una de las sillas para Eris antes de tomar la otra.
—Profesor Jenius, tengo entendido que desea información sobre lo ocurrido hace unos días— dije con seriedad.
—Así es. Me gustaría que me dieras detalles sobre lo sucedido… especialmente considerando que, según tus…— miró a Eris— ¿Compañeras?… estabas enfrentando al responsable del ataque de mountruos—
—Lamento decir que no sé realmente quién era ese hombre— mentí sin titubear.
—Lo único que recuerdo es haber despertado por instinto para defenderme. Él… y el señor Badigadi… estaban juntos. Y por lo que pude ver, llevaba la armadura que creo y pertenece a la tercera potencia mundial—
Era importante decir eso.
El enmascarado me había indicado exactamente qué revelar.
Esa parte… ya era un rumor bastante fuerte.
También me explicó que Badigadi era una especie de arma secreta de Hitogami.
Alguien capaz de portar la Armadura del Dios de la Lucha.
Según él… Laplace la había creado por su falta de touki.
Y Badigadi la había robado, siguiendo el consejo de Hitogami para enfrentarlo.
Esa ayuda hizo a Badigadi deberle un favor y por eso no era tan frecuente verlo.
Lo que explicaba por qué solo se acordó de mencionarlo cuando casi me mata.
Debo admitir que parte de la culpa fue mía por no decirle que el jodido Rey Demonio Badigadi estaba actuando como mi compañero.
Aleksander también comentó que esperaba que su Badigadi, que al parecer era su tío, estuviera muerto o algo parecido. Según él, Hitogami no toleraría un fracaso como el de su última misión.
—Ya veo… es una pena que todo haya terminado así— dijo Jenius, acomodándose—Los avistamientos cercanos confirman tu relato. Por lo tanto, Badigadi será vetado permanentemente de la universidad por traición y por poner en peligro a la ciudad. Notificare al gremio y a las autoridades, así se le buscará como fugitivo y será clasificado como criminal—
—Es lo mejor— respondí sin más.
Eris se mantuvo en silencio.
Había venido conmigo para “vigilarme”. Aunque no lo admitiera, estaba tensa desde lo ocurrido… especialmente después de verme en el estado en el que regresé, según la propia Aisha ella se quedaba a verme dormir frecuentemente cuando aún no despertaba.
Hablé un poco más con Jenius, describiendo por encima las habilidades de aquel hombre.
No me preocupaba que descubriera la verdad.
Los impostores eran algo común en este mundo. Si dos personas reclamaban la misma identidad, todo terminaba en una pelea… y mientras el vencedor fuera inocente, no había consecuencias además de para el perdedor.
Además, yo ya no era Rudeus Greyrat.
Ahora era “Ryo”.
Y, por último, incluso si alguien sospechaba, el objetivo de todo esto parecía ser otro, convertirme en un símbolo de mala suerte y desgracia.
No buscaban hacerme alguien con múltiples versiones de sí mismo provenientes de otras realidades, eso era un concepto que ni siquiera existe en este mundo.
Con todo eso… no había nada de qué preocuparse.
O al menos eso quería creer.
Esa confianza, en gran parte, venía de la única persona en la que ahora podía confiar del todo.
…
Al regresar a mi casa, que aún estaba en reparaciones, entré en la sala y me encontré con una despedida en curso.
Aisha abrazo a Aleksander y este se apartó antes de fijarse en mí y hablar.
—Rudeus, eres el único que falta para despedirme— dijo Aleksander, acercándose para abrazarme.
—¿Ya te vas?— pregunté mientras correspondía el gesto.
—Sí. Es una pena… extrañaré a todos. También a ti, Eris— añadió con una risa ligera.
La respuesta de la pelirroja fue simple.
—Hmm—
—Además… tengo que buscar a alguien— continuó, señalando la pulsera en su muñeca
—Y ahora que la tengo debo concentrarme y hacerlo de una vez—
Eso despertó mi curiosidad.
—¿Buscar a quién?
—A mis hijos… ya deben tener unos treinta años. Quiero saber qué fue de ellos—
Sus palabras cayeron como un balde de agua fría para todos.
Sabía que era mayor de lo que aparentaba pero que sus hijos tuvieran treinta era inesperado.
—¿T-tienes hijos?!— soltó Norn, completamente impactada.
Aleksander soltó una carcajada.
—Sí, lo sé, no lo parezco… pero tengo casi cincuenta años. Asi que podria ser fácilmente tu abuelo— bromeó.
Nadie respondió y el ambiente se volvió extraño.
Finalmente, notando la incomodidad, tomó su espada y caminó hacia la salida.
Todos lo seguimos para verlo partir, pero antes de salir del recinto se dio la vuelta.
Y caminó directo hacia mí.
—Rudeus… ahora eres el legítimo heredero del estilo Dios del Norte— dijo, extendiéndome su espada una vez más.
—Si pierdo la pulsera y Hitogami… bueno, si me elimina de esa manera que solo el puede… quiero que tú la uses. Tal como haces con el estilo Dios de la Espada… hazlo también con el del Norte—
Suspiré.
—Sabes bien lo que voy a decir no— respondí, dándole una palmada en la espalda.
— Además, deberías confiar en que vas a sobrevivir—
Lo miré con seriedad.
—Sé que Hitogami puede hacer cosas capaces de matarnos incluso a nosotros… pero eres fuerte. Y sé que lo lograrás—
Le sonreí y seguido a mi la cara solemne de mi amigo cambió a una de alegría y me devolvió la sonrisa.
—En ese caso… incluso si sobrevivo, quiero que sepas que esta espada es tuya— dijo.
—Y que si la quieres… solo tienes que pedírmela—
…
Año 4xxK
Narrador POV
—Después de todo… ¡esta es mi espada!— gritó un hombre descuidado, con lágrimas cayendo por su rostro mientras alzaba y bajaba una y otra vez la legendaria Kajakut.
Bajo la noche árida del continente demoníaco, dos figuras luchaban, o más se podría decir que una acababa con el otro.
Debajo de él primero, una figura escupía sangre, intentando liberarse sin éxito.
Sus ojos completamente negros dejaban claro que estaba usando hasta la última gota de su fuerza y aun así no era suficiente.
Mientras forcejeaban, Aleksander escupió, y el líquido impactó en los ojos de su oponente.
—¡Agh!— gritó este, sorprendido.
La saliva era ligeramente ácida. Ese instante de distracción fue suficiente.
Aleksander logró liberarse de un empujón, mas su plan no duró mucho.
Una larga cola se enrollo en su cintura, deteniéndolo en seco.
—R-Rudeus… por favor… nunca quise que pasara lo que pasó…— gimió, ahogándose en su propia sangre.
—Estoy harto de ti… y de toda tu estúpida familia…— respondió con furia. Luego, con un tono más bajo, casi burlón, añadió—Pero al menos… les encontraré un uso adecuado—
Rudeus era irreconocible.
Su barba, descuidada, tenía una trenza que comenzaba a la mitad, vieja y olvidada, hecha hace mucho.
Su cabello blanco y verde caía en mechones sucios y enredados. Era evidente que no había tocado el agua en meses… quizá más.
Muy lejos quedó aquel hombre que dejó de matar todo lo que se interponía en su camino, y aun más lejos aquel que logró ser feliz una vez mas.
—Lo… lo lamento… perdona a mis hijos… solo siguieron un mal camino…— murmuró Aleksander, con voz quebrada y asfixiada por la falta de oxigeno.
—No…— respondió Rudeus, frío. —Ellos fueron los que trajeron mi desgracia desde el principio… y una vez más, fue tu familia la que arruinó todo—
Su mirada se volvió completamente vacía antes de que un matiz rojo, de odio puro cruzara en ellos.
—Así que ahora… eliminaré todo tu árbol genealógico desde la raíz. Ningún inmortal quedará con vida—
Sin dudarlo, clavó una varilla morada en su cuerpo.
En ese instante, su tercer ojo se abrió.
Esta vez no observaba el exterior sino lo más profundo, su maná interno.
Aquello que ni siquiera el touki podía consumir para sobrevivir, en esencia el alma mortal de este mundo.
Vio cómo el mana era drenado lentamente… arrancado de su carne.
Pero también vio algo más.
Una pequeña parte… algo que no era mana… permanecía.
“Eso es lo que nos hace inmortales”
Los ojos de Aleksander comenzaron a apagarse.
Sus pupilas rojas desaparecieron, dejando solo un blanco vacío.
Lo que alguna vez fue Aleksander dejó de existir… por primera vez un inmortal habia sido erradicado, sin posibilidad de volver.
—Hasta nunca… Kalman III— dijo Rudeus con frialdad.
La varilla vibró y el mundo explotó.
Rudeus esquivó el impacto por poco, sorprendido por el estallido.
Cuando levantó la vista todo había desaparecido en un radio de cincuenta metros, no quedaba nada del paisaje anterior.
Ni árboles. Ni tierra. Ni vida.
Mucho menos el cuerpo de su otrora amigo.
—Aún es muy inestable… incluso mas que el anterior— murmuró, molesto.
Esa explosión… no debía haber ocurrido, debia haberse deshecho solo a si misma, pero no importaba.
Sus ojos brillaron con una determinación enfermiza.
—Aún queda Atofe… Rack… Alex…—
—Aún puedo perfeccionarlo—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com