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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capitulo 7 El miedo de un mago
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8: Capitulo 7: El miedo de un mago 8: Capitulo 7: El miedo de un mago Ghislaine estaba preocupada.

Le dijeron que Eris y Rudeus habían salido, pero al ver la bola de fuego explotar en el cielo con colores, se alarmó y fue directo al lugar del despliegue.

Destapó su ojo de demonio y puso atención, pero cuando llegó, todo ya había terminado.

—Por no dejarme…

—Eris terminó esas palabras mientras abrazaba a Rudeus, su nuevo tutor.

Ella vio los dos cuerpos y al hombre inconsciente que quedaba, así que preguntó: —¿Qué pasó aquí?— —¡Ghislaine!

—Eris gritó, claramente feliz de verla, y corrió a abrazarla.

Rudeus, por su parte, estaba aliviado.

Ghislaine era de fiar, no solo era la guardiana personal de Eris, sino también la hija de Paul.

Si ella también era una enemiga, entonces todos en la casa Boreas lo eran.

— —¡Eris!— Phillip, al ver el estado malherido de su hija, perdió la compostura y preguntó: —¿Por qué llegaron tan tarde?

¿Qué sucedió?— Luego me miró con furia visible, y yo, un poco nervioso, respondí: —El hombre detrás de Ghislaine puede decírselo, mi señor.— Entonces, Ghislaine arrojó al hombre al suelo frente a nosotros.

—¡Señor Phillip, no es lo que parece, es un malentendido!— El ceño fruncido de Phillip pareció encontrar nuevas formas de contorsionarse, y dijo, con una calma mal disimulada: —Con que un malentendido…— Pero enseguida gritó: —¡¡Llévenselo!!— —¡No, señor Phillip, por favor perdóneme!

¡Señor Phillip!

¡Señor Phillip!— gritaba el hombre mientras se lo llevaban a Dios sabe dónde.

—¿Estás bien, mi niña?— Eris apartó su mano de su hombro y se volteó para mirarme.

—¡Te doy un permiso especial para llamarme Eris!

¡Es un permiso especial!— anunció.

—¿Eso significa…

que me aceptas como tu tutor?— —¡Hum!— respondió Eris, en señal de aceptación.

—Se lo agradezco mucho, mi señorita Eris.— —Solo llámame Eris, ¡te otorgué un permiso especial!— Yo sonreí y caminé para alcanzarla e ir juntos a la mansión.

——————————————— —Una vez más, pido disculpas por lo sucedido, señor Phillip.— Él solo sonrió.

Había terminado de contar todo, incluido cómo engañé a los secuestradores para matarlos desprevenidos.

—No te preocupes, Rudeus.

No fue tu culpa.

Si ellos tenían como objetivo a Eris, tarde o temprano actuarían.

Es mejor deshacernos de ellos—dijo calmadamente, pero algo me preocupó.

—Ellos también me llevaron.

Lo normal habría sido matarme y llevarse solo a Eris, o simplemente dejarme.— —Tienes una muy buena cabeza sobre tus hombros.

Si también te querían, una persona de sangre noble, aun diluida, es muy valiosa, tanto por motivos físicos como políticos.

Ademas en realidad, aunque no lo sepas, tu padre es el legítimo heredero de los Notos, una de las cuatro ramas nobles de los Greyrat.

Y tú, al ser su primogénito, podrías ser un peón fácil de reclutar para ponerte en el poder y usarte.

Aunque, en realidad, por lo que dijo el mayordomo…

les pagaron para matarte.— Tragué audiblemente.

—¿Por qué me querían muerto?— Phillip siguió —Al parecer les pagaron específicamente para que te mataran, pero ellos, al enterarse de que eras alguien de una familia noble, quisieron ver cuánto podrían pagar por ti distintos grupos del bajo mundo y del mundo político.— Yo solo quedé helado, pero Phillip no se detuvo.

—Pero lo peor de todo es que quien te quería muerto es alguien de alto estatus: el primer ministro, Darius Silva Ganius.

Y él, sin duda, no tenía razones políticas para hacerlo.

Ya tiene bajo su control a la rama Notos, pues apoyó al actual líder.

Prácticamente, gracias a su influencia, está en la cima.— —¿Por qué no lo denuncian?— —Eso se debe a que no podemos hacer una acusación tan grave sin pruebas.

Mi padre es el actual patriarca de los Boreas, pero no el líder, ya que ese puesto lo ocupa mi hermano mayor.

Y sin ser parte del círculo noble principal, hacer caer a ese hombre es imposible.— Era claro que Darius era el hombre solo debajo del rey por todo lo que decía.

—Además, te agradecería que no dijeras que fuiste tú quien detuvo el secuestro.

Atribúyeselo a Ghislaine.

Esto evitará ponerte aún más en la mira y respaldará a Ghislaine como la reina de la espada poderosa que es, manteniéndonos como nobles con buen poder militar—terminó.

—Hola, mi amor.— Dijo una mujer hermosa, de cabello rojo intenso igual al de Eris.

—Hilda, ¿cómo estás?

Mira, él es el nuevo tutor de Eris: Rudeus.—dijo Phillip.

—Es un placer conocerla, soy Rudeus Greyrat.—dije, y la mujer me examinó de pies a cabeza antes de mirar al frente y seguir su camino.

—Me enteré de que salvaste a mi Eris.— Una voz atronadora llegó a mi espalda.

Al parecer, cuando Hilda pasó por el mismo pasillo, también estaba Sauros, pero por seguir a Hilda con la mirada no lo vi, y por supuesto fue directo al grano.

—No, no fui yo, fue Ghislaine.— —¿Qué dijiste?

¿Intentas mentirme, mocoso?— —¡Claro que no!

Fue una orden decir eso—dije apresuradamente, sin saber que con eso le gané un buen golpe a Phillip.

—¡Phillip!— —Sí, padre.—dijo arrodillándose para recibir el golpe que llegó en un segundo.

—¿Esa es la forma de tratar al salvador de tu hija?

¡Ingrato!— —Padre, Rudeus tiene sangre Greyrat, y más que darle un agradecimiento puramente cordial, pienso darle el trato propio de alguien de la familia.— —Espero que así sea, y que tengas una buena manera de agradecerle.— —Muchas gracias, padre.— —Rudeus.— Rápidamente seguí el ejemplo de Phillip, aunque un poco temeroso de ser golpeado igual.

—¿Sí, señor?— —Quiero que le enseñes magia a mi nieta.

¡Ella dijo que no puede dejar de pensar en los hechizos que usaste para salvarla!— —¡Por supuesto!— “Este hombre es igual a Eris… tal vez ella sacó la actitud de él.” —Aunque pienso que la señorita Eris debería pedírmelo por sí misma.— —¿Qué dijiste?— —Es solo que… ¿qué pasaría si crece y no sabe cómo pedir las cosas como se debe, señor?—dije apresuradamente.

—Bien dicho.

Ejem…

¡¡¡ERIIIISSS!!!— Gritó con fuerza.

Su voz fue tan alta que movió los candelabros del techo.

—¡¡¡VOOOY!!!—gritó desde arriba.

Sus pasos se escucharon hasta que bajó.—Abuelo, ¿ya hablaste con él?

¿Verdad?— —Eris, si quieres algo, tendrás que pedirlo tú misma.— —¡Pero abuelo, tú dijiste que lo harías por mí!— —¡¡¡EEERIISS!!!— Ella se resignó y caminó hasta quedar cerca mío, diciendo: —Oye, Rudeus, ense…— —¡¿Acaso te enseñé a pedir de esa forma?!— Eris se sonrojó antes de agarrarse el cabello, formando dos colas, y adoptó una postura “tierna”.

—Por favor, enséñale magia a Eris, nyaaa~— —Oh, pero qué linda gatita.

Por supuesto que lo harás, ¿no, Rudeus?— Yo solo pude asentir.

“¿En esta familia es ilegal ser normal?” —Esa es una imitación de la raza bestia de la tribu de las mujeres gato de orejas caídas.

Es un gusto de los amos.—explicó el mayordomo principal a mi lado.

——————————————— —Usa más las piernas.

Muévete para esquivar, no solo bloquees.—dijo Ghislaine mientras Eris y yo terminábamos el entrenamiento.

Suspiré, pero no pude descansar mucho: era hora de mi clase y no podía perder tiempo.

Los días eran muy largos, aprender espada con Ghislaine, enseñar matemáticas, escritura, magia, preparar mis lecciones del día siguiente y hacer esculturas en la noche para agotar mi maná.

Aunque estaba casi todo el tiempo ocupado, ¿qué me deparará el destino?

——————————————— —¡Esto es muy aburrido!— Dijo Eris mientras le enseñaba a ella y a Ghislaine.

Mientras se quejaba, le guiñé un ojo a Ghislaine.

Ella entendió, y como lo planeamos, contó la historia del estiércol.

Era una historia de después de la disolución de los Colmillos del Lobo Negro, el grupo en el que estaban mi padre y mi madre.

Ghislaine, por no saber administrar bien su dinero, lo gastó todo, y sin saber leer, terminó en medio de un desierto camino a una ciudad, lo que la orilló a comer estiércol de monstruo para sobrevivir.

“Solo escucharlo me da asco.” —¡¿Qué esperas Rudeus?!

¡Sigue con la clase!—gritó Eris.

Aunque impresionada por la parte de la lucha con el monstruo, no pudo evitar mostrar asco por lo demás.

——————————————— La práctica de espada era la peor parte del día.

Eris me atacaba con ganas, y Ghislaine señalaba mis defectos.

Poco a poco fui perdiendo la ventaja hasta que, después de seis meses en la mansión, Eris era la única que ganaba.

—Paren.—dijo Ghislaine.—Rudeus, eres muy inseguro en tus pasos.

Nunca mejorarás si no corriges eso.— —Bueno, soy un mago.

Es normal para mí.— —¿Ah?

Oye, si dices eso, nadie te respetará.—dijo Eris antes de golpearme en la cabeza.

—Eris, él tiene razón.

Pero Rudeus, que seas mayormente un mago no significa que no puedas ser bueno con la espada.— Ghislaine pidió otro combate.

Se quitó el parche del ojo y me miró, algo triste.

—Rudeus, lamento informarte que no posees aura de batalla.

Esta ayuda con la seguridad al pelear, llenándote de impulso.— —¿Entonces nunca mejoraré?— Eris estaba sorprendida.

Después de todo, yo era un prodigio, y saber que no podía avanzar en algo la llenaba de un amargo orgullo.

—Hey, no digas eso.

Tú puedes.— —Eris tiene razón.

Aún puedes llegar hasta rango avanzado en este estilo.

Solo necesitas quitar tu inseguridad al moverte, algo que no es necesario en el estilo del Dios del Agua, pero aquí lo es todo— Asentí.

Si podía mejorar aunque fuera un poco, lo haría.

De una forma u otra, lograría dominar la espada.

Pero si no avanzaba ahora, sería difícil después, así que decidí hacer algo.

—Empecemos de nuevo.— Dije ansioso.

Mi plan iba a doler, pero me ayudaría con este defecto.

—¡Prepárate!—dijo Eris, dando el golpe inicial.

Esperaba que yo bloqueara, como siempre, pero hice algo más.

Intenté esquivarlo.

Aunque me golpeó un poco en el hombro, seguí.

Bloqueaba lo menos posible y esquivaba casi siempre, aunque eso terminaba con varios golpes más.

Pero no me rendí.

¿No era este mi segundo dedo dorado?

Recibí golpes en la cara directamente, pero no inportaba, dejé de bloquear.

Ya después me concentraría en cuándo debía hacerlo.

Por ahora, debía usar más mi velocidad.

Y así, por primera vez en dos semanas, recuperé la ventaja.

Ghislaine entendió lo que hacía, se dio cuenta desde el inicio, de otro modo, habría detenido la pelea en el primer minuto, cuando Eris me acertó un golpe directo en la cara.

Yo dejé de tenerle miedo a los golpes.

Sabía que, entre más recibiera ahora, menos recibiría después.

Y así y solo asi yo me convertiria en mi mejor versión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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