Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Episodio 5 Despedida y exploración
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10: Episodio 5: Despedida y exploración 10: Episodio 5: Despedida y exploración Daiki Greyrat Había pasado exactamente un día desde la graduación de mi hermano, y Roxy ya estaba en la entrada, lista con su atuendo de viaje.
Mi hermano y yo estábamos parados lado a lado, observándola sin decir una sola palabra.
Siendo honesto, no podía formular ninguna.
Esta era una sensación que nunca tuve en mi vida anterior y que ahora, gracias a este nuevo mundo, tengo la oportunidad de sentir.
Fuera de eso, había pegado un estirón; mi estatura superaba ligeramente a la de mi hermano, aunque la diferencia era realmente mínima.
—Roxy-chan, no tienes por qué irte todavía…
—dijo Zenith en tono suplicante—.
Todavía tengo muchas recetas que no te enseñé…
—Exacto —se sumó Paul—.
Aunque tu trabajo como tutora haya terminado, el año pasado nos ayudaste mucho durante la sequía.
Estoy seguro de que los del pueblo te recibirían con gusto y te apoyarían.
—Lo agradezco mucho, pero…
—Roxy hizo una pausa y, por un momento, sus ojos se posaron en nosotros—.
Después de lo que pasó, me di cuenta de lo poco que valgo en comparación.
Voy a viajar un tiempo para seguir perfeccionando mi magia y mis habilidades.
Apreté los puños a mis costados…
Sabía exactamente a qué se refería con eso.
Tanto Rudeus como yo habíamos logrado cosas increíbles con la magia.
Rudeus alcanzó el rango Santo, y yo dominé la curación sin conjuros en una sola noche y el refuerzo corporal consciente en semanas.
Éramos «monstruos» disfrazados de alumnos.
—Ya veo…
bueno, perdón entonces —dijo Paul con torpeza—.
Parece que nuestros hijos te hicieron perder la confianza en ti misma.
—Paul…
—murmuró Zenith.
—No, al contrario —Roxy respondió con una leve y forzada sonrisa—.
Soy yo quien debería agradecerles por ayudarme a dejar de creerme más de lo que soy.
—Vamos, no digas eso —insistió Paul—.
Llegar a nivel Santo en Magia de Agua no es cosa de todos los días, es un logro extraordinario.
Roxy se adelantó, primero hacia Rudeus.
Extendió la mano y la posó suavemente sobre su cabeza.
—Rudy.
Hice todo lo que estuvo a mi alcance para enseñarte, pero no fui lo bastante capaz para ser tu instructora ideal, para llevarte más allá.
—No diga eso, Sensei —respondió Rudeus—.
Me enseñó un montón de cosas, conocimiento invaluable que no habría obtenido de otra forma.
—Me alivia oír eso…
Roxy hurgó dentro de su túnica y sacó un colgante atado con una correa de cuero.
Estaba hecho de un metal de tono verdoso y tenía la forma de tres lanzas entrecruzadas.
—Es un regalo de graduación.
No tuve tiempo de prepararlo bien, así que espero que esto sirva como un buen recuerdo.
—¿Esto es…?
—Un amuleto de la tribu Migurd.
Si te topas con algún demonio de carácter difícil o problemático, muéstraselo y menciona mi nombre.
Tal vez te tengan un poco más de consideración.
—Lo cuidaré con todo mi corazón.
Noté cómo las manos de Rudeus temblaban al sostener el amuleto.
—Dije «tal vez», Rudy.
No te confíes demasiado, ¿sí?
—Roxy sonrió—.
Es solo una pequeña ayuda.
Luego, se volvió hacia mí.
Por un momento, solo nos miramos.
Maestra y estudiante.
La pequeña maga Migurd y yo, un niño de inquietantes ojos rojos.
—Daiki…
—Su voz sonó diferente al hablarme.
Más suave, tal vez.
O quizás más cautelosa—.
Fuiste…
un estudiante muy inusual.
No respondí; no confiaba en mi voz en ese momento.
—Cuando llegué, esperaba enseñar a niños normales.
Tal vez algo talentosos, considerando que tu madre insistió tanto…
—Una pequeña risa escapó de sus labios—.
Pero tú…
ustedes no eran normales en absoluto.
—Lo sé —finalmente pude articular palabra, aunque mi voz sonó rara—.
Soy consciente de que fui…
complicado.
—No —negó con la cabeza—.
No complicado.
Extraordinario.
—Hizo una pausa—.
Pero nunca complicado.
Extendió su mano, pero en lugar de ponerla sobre su cabeza como con Rudeus, la colocó sobre mi hombro.
—Caminas un sendero que pocos han recorrido.
Magia y espada, combinadas conscientemente…
Es un camino solitario, Daiki.
—Lo sé, Sensei.
—Pero si alguien puede hacerlo…
—apretó mi hombro— creo que serás tú.
Hurgó en su túnica nuevamente y sacó otro objeto.
No era un amuleto como el de Rudeus.
Era un pequeño libro, delgado, con cubiertas de cuero desgastado.
—Esto es un diario personal que llevé durante mis años en la Universidad Mágica —explicó—.
Tiene notas sobre magia de batalla, sobre cómo los magos de combate coordinaban con guerreros en escenarios reales.
Técnicas, tácticas, errores comunes.
Pensé que…
podría serte útil.
Tomé el libro con ambas manos, como si estuviera recibiendo algo sagrado.
—Sensei, esto es…
esto es demasiado valioso.
—Tú también me diste algo valioso.
—Roxy sonrió, pero había tristeza en sus ojos—.
Me mostraste que todavía hay mucho que aprender.
Que la magia puede evolucionar de formas que nunca imaginé.
Tu forma de entender la curación…
todo eso es conocimiento nuevo.
Hizo una pausa.
—Daiki, ¿puedo preguntarte algo personal?
—Por supuesto, Sensei.
—Cuando te conocí…
había algo en tus ojos.
Algo…
vacío.
Como si estuvieras mirando el mundo desde muy lejos.
Pero ahora, cuando te miro, veo a alguien presente.
Alguien vivo.
¿Qué cambió?
Me quedé en silencio por un largo momento.
A mi lado, sentí la mirada de Rudeus sobre mí.
—La familia.
No elaboré más.
No necesitaba hacerlo.
—Entonces cuídala.
Protégela con esa espada que tanto amas y con esa magia que dominas tan bien.
—Hizo una pausa—.
Y Daiki…
gracias.
—¿Por qué me agradece, Sensei?
—Por recordarme por qué me convertí en maestra.
No es solo para enseñar hechizos o técnicas; es para ver a los estudiantes crecer, transformarse, encontrar sus propios caminos únicos.
Tú encontraste el tuyo.
Y fue un privilegio observarlo.
Sentí cómo algo se rompía en mi pecho.
Algo que había estado conteniendo durante años, protegido solo por muros analíticos y distancia emocional.
Nunca me trató como a un fenómeno.
Ni siquiera como a un monstruo…
Nunca fui para ella algo aterrador que debía mantenerse a distancia.
Me trató como a un estudiante, como a un amigo; simplemente eso.
Uno con un camino único, pero un estudiante al fin.
Y eso…
eso significaba más de lo que podía expresar con palabras.
—Sensei.
Usted también…
me enseñó algo importante.
—¿Sí?
—Me enseñó que está bien ser diferente.
Que puedo caminar mi propio sendero sin disculparme por ello.
Que ser extraordinario no significa ser monstruoso.
—Daiki…
—susurró.
Vi cómo ella casi lloraba también.
—Bueno.
—Su voz sonó falsamente alegre—.
Ya es hora de que me vaya.
Nos miró por última vez.
—Rudy.
Daiki.
Fueron los mejores estudiantes que pude haber pedido.
Cuídense mutuamente, ¿sí?
Y si alguna vez nos encontramos de nuevo…
muéstrenme cuán lejos han llegado.
—Sí, Sensei —respondimos al mismo tiempo.
Y con esa última sonrisa, Roxy partió en su viaje, alejándose por el camino.
Rudeus estaba llorando.
—Rudy…
—Ella me sacó afuera.
Me liberó de mi prisión…
Curó un trauma.
Solo por cruzar la aldea conmigo, me devolvió algo que creí haber perdido para siempre…
Lo entendí.
Para él, Roxy había sido su salvación.
La prueba de que podía ser diferente, mejor, más valiente que en su vida anterior.
—Y para mí…
me recordó que puedo ser humano.
Que está bien sentir.
Que no tengo que ser una máquina perfecta todo el tiempo…
Sentí humedad en mis propias mejillas.
Levanté una mano, tocando las lágrimas con sorpresa.
Estaba llorando.
Realmente llorando.
No eran lágrimas de dolor o trauma, sino de…
algo más.
Algo que no tenía nombre exacto.
[LLANTO CATÁRTICO] [ESTÁS SIENDO HUMANO, DAIKI] El análisis en mi cabeza me estaba recordando la situación, empeorando todo.
—¿Estoy…?
¿Llorando?
—Lo sé —respondió Rudeus, con sus propias lágrimas cayendo—.
Yo también.
Rudeus me miró a los ojos.
—Las mejores lágrimas son las que duelen bien.
Asentí.
Porque tenía razón.
Paul y Zenith se acercaron, curiosos por nuestros murmullos, y pusieron sus manos en nuestros hombros.
—Ella era especial, ¿verdad?
—dijo Zenith suavemente.
—Sí —respondimos ambos al unísono.
—Entonces honren lo que les enseñó.
Vivan de formas que la hagan sentir orgullosa.
Miré el libro en mis manos.
Luego a mi hermano sosteniendo el amuleto.
Y, finalmente, al camino vacío por donde Roxy había desaparecido.
—Lo haremos —prometí—.
Lo haremos, padre.
En mi interior, me grabé una promesa aún más profunda: «Sensei, le mostraré.
Le mostraré que su fe no fue mal puesta.
Caminaré este sendero único hasta donde me lleve.
Y cuando nos encontremos de nuevo, usted verá cuán lejos llegué.
Gracias.
Por todo».
* * * * POV: Rudeus Greyrat Decidí salir al exterior.
Después de todo, fue gracias a Roxy que ahora podía hacerlo.
No iba a desperdiciar el esfuerzo y la valentía que ella me había infundido.
—Padre, ¿puedo salir a jugar afuera?
—pregunté un día, sosteniendo el diccionario de botánica en la mano.
A esta edad, los niños tienden a desaparecer en cuanto uno se descuida.
Aunque solo fuera por el vecindario, salir sin avisar probablemente preocuparía a mis padres.
—¿Afuera?
¿A jugar?
¿No en el jardín?
—preguntó Paul.
—Sí.
—O-oh.
Por supuesto.
Me dio permiso sin mucha resistencia, lo cual me sorprendió.
—Ahora que lo pienso, nunca te dimos tiempo libre de verdad.
Por nuestra conveniencia, te hicimos aprender magia y esgrima al mismo tiempo…
pero un niño también necesita jugar, explorar.
—Estoy agradecido por haber tenido la suerte de encontrar tan buena maestra como Roxy.
Pensaba que era un padre estricto en cuanto a la educación, pero parece que tiene una mentalidad más flexible de lo que creía.
Había considerado incluso la posibilidad de que me obligara a entrenar esgrima todo el día, pero fue más fácil de lo esperado.
Aunque mi hermano ayudó con eso.
—Aun así, pensar que tú quieras salir…
Siempre creí que eras un niño débil.
El tiempo pasa volando.
—¿Pensabas que era débil?
Eso no lo había oído antes.
Nunca me he enfermado ni una sola vez desde que llegué aquí…
—Es que nunca lloraste.
Cómo tú hermano, pero el demostró mucha fuerza desde joven.
—¿Ah, sí?
Bueno, mientras ahora esté bien, no importa, ¿no?
Estoy creciendo sano y encantador.
Mira, ¡biiirón~!
Estiré mis mejillas haciendo una mueca graciosa, y Paul soltó una sonrisa amarga, entre divertido y preocupado.
—Justamente eso, esa falta de niñez, es lo que me preocupa.
—¿Y qué hay de malo en que sea maduro?
—No, no tengo ninguna queja…
es solo…
—Con esa cara llena de quejas, podrías decirme que debo convertirme en alguien más digno de ser heredero de la casa Greyrat, ¿sabes?
—No es por presumir, pero a tu edad, yo estaba obsesionado con levantarles la falda a las niñas.
Era un verdadero granuja.
—¿Levantar faldas, eh?
«¿Eso también existe en este mundo?
Pero bueno, lo dijo él mismo: fue un niño problemático».
—Si quieres ser digno de la familia Greyrat, al menos tráete una novia.
«¿Eh?
¿Somos de ese tipo de linaje?
¿No se suponía que éramos solo caballeros que protegían los alrededores, una familia noble de bajo rango?».
—Entendido.
Entonces, iré al pueblo a buscar faldas que levantar.
—Ah, trata bien a las chicas, ¿sí?
Y no te aproveches de que eres más fuerte o de que puedes usar magia.
La fuerza de un hombre no es para presumir, Rudy.
«Oh, eso fue bueno.
Muy buena frase, una enseñanza valiosa».
—Lo sé, padre.
La fuerza es para lucirse delante de las chicas, ¿verdad?
—…No, no es eso exactamente…
«¿Eh?
¿No era esa la dirección de la conversación?
Fallo mío, fallo mío».
—Era una broma.
La fuerza es para proteger a los débiles, ¿no es así?
—¡Exacto, así es!
—exclamó Paul, aliviado.
Fue entonces cuando escuché pasos desde las escaleras.
—Yo también voy.
Daiki apareció, ya con su espada de práctica al cinto.
—Alguien tiene que asegurarse de que no hagas ninguna tontería.
—¡Oye!
—protesté—.
¡No voy a hacer tonterías!
—Dijiste que ibas a buscar faldas que levantar.
—¡Era una broma!
—Ajá.
Paul observaba el intercambio con una sonrisa divertida.
—Bien pensado, Daiki.
Cuida de tu hermano menor.
Era cierto.
Daiki había estado saliendo regularmente durante los últimos años, conociendo mejor el exterior.
Tras esa charla, con el diccionario de botánica bajo el brazo y el bastón que me dio Roxy colgado a la cintura, nos dispusimos a salir.
Sin embargo, justo antes de cruzar el umbral, Daiki se detuvo y se giró.
—Ah, cierto, padre.
Probablemente de ahora en adelante salgamos con frecuencia, pero siempre avisaremos a alguien de la casa cuando lo hagamos.
Tampoco dejaremos de practicar esgrima y magia a diario, puedes estar tranquilo.
Volveremos antes de que anochezca y, por supuesto, no nos acercaremos a lugares peligrosos.
—A-ah…
—Paul parpadeó, incapaz de procesar tanta responsabilidad de golpe.
«En serio…
eso era algo que tú deberías habernos dicho a nosotros, ¿sabes?».
—Entonces, nos vamos —dije.
—…Que les vaya bien.
Y así, di el primer paso y salí de casa, con mi hermano mayor a mi lado.
Pasaron varios días.
El exterior no daba miedo.
Todo marchaba bien.
Incluso ya podía intercambiar saludos alegres con las personas que pasaban a nuestro lado.
La gente nos conocía como los hijos de Paul y Zenith, y como los discípulos de Roxy.
A quienes conocía por primera vez, los saludaba y me presentaba.
A los que veía por segunda vez, simplemente les decía “hola”.
Todos me devolvían el saludo con una sonrisa en el rostro.
Hacía mucho que no me sentía tan animado.
Daiki ya conocía a la mayoría, así que me iba presentando a las personas cuando era necesario.
—Buenos días.
—saludaba Daiki con una leve inclinación.
—¡Oh, buenos días niños!
—respondía ella con calidez.
Yo imitaba torpemente el saludo de mi hermano.
—B-buenos días.
Más de la mitad de eso se debía a la fama de Paul y Roxy.
Y el resto, absolutamente todo, era gracias a Roxy.
Bien.
El objetivo principal de salir afuera era recorrer el terreno con mis propios pies y memorizar la geografía del lugar.
Conocer bien el terreno me aseguraría que, incluso si un día me echaran de casa de repente, no me perdería.
Al mismo tiempo, deseaba realizar una pequeña investigación sobre las plantas del entorno.
Teniendo un diccionario botánico a mano, consideré útil aprender a distinguir entre lo comestible y lo no comestible, lo medicinal y lo venenoso.
Daiki resultó ser un compañero útil para esto.
Mientras yo identificaba plantas con el diccionario, él añadía información que había aprendido de madre sobre hierbas medicinales.
—Esa de ahí es venenosa.
—señaló una planta de apariencia inofensiva—.
Se parece a la hierba medicinal Sana, pero las hojas tienen un patrón diferente.
—Tienes razón.
—Busqué en el diccionario—.
Hierba Falsa-Sana.
Causa parálisis temporal si se ingiere.
Al parecer, en esta aldea cultivaban trigo, vegetales y materias primas para perfumes.
Entre ellas destacaba la flor de Batyrus, una planta muy parecida a la lavanda, de un suave color lavanda, y que, según se decía, incluso se podía comer.
Con eso en mente, comencé a identificar una a una las plantas que me llamaban la atención, comparándolas meticulosamente con las ilustraciones del diccionario.
Dicho esto, la aldea no era muy extensa y no ofrecía una gran variedad de flora interesante.
En cuestión de pocos días, nuestro radio de exploración se amplió, y pronto nuestros pasos nos llevaron, de forma natural, hacia el bosque, pues allí había mucha más variedad de plantas.
—Espera.
—Daiki me detuvo antes de cruzar hacia donde los árboles se volvían más densos—.
Más allá de este punto, la aparición de monstruos es más probable.
—Lo sé.
Roxy me lo explicó.
Los bosques tienden a acumular maná, lo que los hace peligrosos.
Los entornos propensos a formar cúmulos de maná, por su naturaleza, tienen una alta tasa de aparición de monstruos.
De todos modos, en esta región la aparición de monstruos era poco común y, además, se realizaban cazas periódicas, lo que la hacía relativamente segura.
La caza de monstruos se realizaba una vez al mes, cuando todos los hombres del lugar -caballeros, cazadores y miembros de la patrulla vecinal- se adentraban en el bosque para exterminar a las criaturas.
Aun así, se decía que, de vez en cuando, podía aparecer de repente un monstruo particularmente peligroso en lo profundo del bosque.
Mientras pensaba en todo eso, subíamos una pequeña colina.
En la cima se erguía un árbol enorme, el más grande de toda la zona, destacando en el paisaje.
—Buen punto de observación.
—Comentó Daiki, evaluando el terreno.
—Quiero identificar ese árbol también.
—Añadí yo.
Fue entonces cuando, de repente…
—¡Los demonios no son bienvenidos en el pueblooo!
Aquella voz, arrastrada por el viento, llegó hasta nosotros.
Ese tono hizo que reviviera recuerdos desagradables.
Mi vida en la preparatoria, origen de mi encierro.
La época en que me apodaban “Hōkē”.
Ese tono burlón se parecía mucho al que usaban para llamarme por mi apodo.
—¡Lárgate de aquí, demoniooo!
—¡Toma estoo!
Dirigimos nuestra mirada hacia donde provenía la voz.
Había un campo de cultivo que, tras la lluvia reciente, se había convertido en un lodazal.
Tres niños le lanzaban bolas de lodo a otro que caminaba por el sendero, indefenso.
—¡Diez puntos si le das en la cabeza!
El niño acosado avanzaba despacio, protegiendo algo en sus brazos.
Una canasta que cuidaba de los proyectiles.
—¡Lleva algo encima!
—¡Seguro que es un tesoro de los demonios!— Corrí hacia el chico.
Mientras corría, formé rápidamente una bola de lodo con magia.
Daiki se movió a mi lado, más lento pero deliberado, su mano cerca de la espada de madera aunque sabía que no la necesitaría.
En cuanto entré en el rango adecuado, lancé mi proyectil con todas mis fuerzas, apuntando con precisión.
—¡Wah!
¿Qué fue eso?
La bola de lodo impactó directamente en la cara del más grande del grupo, quien parecía ser el líder.
Salpicó con fuerza, y pude ver claramente cómo parte del barro entró directo en su ojo.
—¡Auch!
Me entró en el ojo…
—¡¿Quién eres tú?!
—¡No te metas si no es asunto tuyo!
—¡¿Estás del lado del demonio o qué?!
En un instante, el blanco de su hostilidad se dirigió completamente hacia nosotros.
—No estoy del lado de los demonios.
Estoy del lado de los débiles.
Lo dije con una expresión orgullosa.
Daiki simplemente se colocó medio paso adelante.
Los niños nos miraron con caras que decían “nosotros somos los buenos”.
—¡No te las des de héroe!
—¡Son los hijos del caballero, ¿no?!
—¡Mírenlo, los niñitos ricos!
—¡Está bien, ¿eh?
¡Vamos a decir que los hijos del caballero defienden a los demonios!
—¡Vamos a buscar a nuestros hermanos!
—¡Oye, hermanooo!
¡Aquí hay unos raritos!
Los chicos comenzaron a llamar a sus refuerzos.
Aunque…
nadie vino a su auxilio.
Aun así, mis piernas temblaron ligeramente por el miedo.
—¡C-cállense!
¡Tres contra uno y atacándolo a la vez, son lo peor!
Pusieron una cara de asombro.
—¡Mira quién habla, gritando como idiota, ¡idiotaaa!
Me enfadé y les lancé otra bola de lodo.
Fallé el tiro.
—¡Tú…!
—¡¿De dónde saca ese barro?!
—¡Da igual, devuélvanle el ataque!
¡A los dos!
Me respondieron con el triple de proyectiles, lanzando una andanada hacia mí y hacia Daiki.
Yo usé el juego de pies que me enseñó Paul y mi magia para esquivar.
Daiki, por su parte, se movió con una fluidez que desconcertó visiblemente a los niños.
No era espectacular ni llamativo, simplemente se deslizaba entre los proyectiles como si supiera exactamente dónde caerían.
Un paso lateral aquí, una inclinación mínima allá.
Las bolas de lodo pasaban a centímetros de él, pero ninguna lo tocaba.
—¡No le doy!
—¡Ese otro tampoco se mueve mucho pero no le damos!
—¡¿Cómo hace eso?!
Los tres siguieron lanzando durante un rato, cada vez más frustrados al ver que ninguno de sus proyectiles nos alcanzaba.
Finalmente se detuvieron, jadeando y claramente aburridos de su juego fallido.
—¡Aaah, qué aburrido!
—¡Ya vámonos!
—¡Vamos a decirle a todo el mundo que los hijos del caballero se llevan bien con los demonios!
Con ese tono arrogante, los tres mocosos se alejaron hacia el otro lado del campo, desapareciendo de nuestra vista.
El líder seguía frotándose el ojo donde le había dado con el lodo.
‹¡Lo logré!
¡Por primera vez en mi vida vencí a unos abusadores!› —Buen tiro.
— comentó Daiki—.
Directo al ojo.
Al darme la vuelta hacia el chico que estaba recibiendo los barrotazos de barro…
Whoa…
Allí estaba un niño hermoso que no parecía de mi misma edad.
Pestañas largas, nariz recta, labios finos, mandíbula definida, piel como porcelana blanca.
Todo eso, sumado a una expresión asustada, como la de un conejo a punto de echarse a correr, creaba una belleza imposible de describir con palabras.
—S-sí…
e-estoy bien…
El chico nos miró con una expresión asustada.
Tenía un aire de animalito indefenso que despertaba un fuerte instinto protector.
Aunque ahora mismo esa belleza estaba arruinada por todo el barro que llevaba encima.
Su ropa estaba hecha un desastre.
No hay de otra…
—Pon tu carga allí y arrodíllate frente al canal de riego.” —¿Eh…?
¿Ehh…?
El chico abrió los ojos en sorpresa, pero aun así obedeció sin rechistar.
Se puso en posición de cuatro patas, asomándose al canal.
—Cierra los ojos.
Ajusté la temperatura del agua con magia de fuego, al azar.
No demasiado caliente ni demasiado fría, aproximadamente unos 40 grados.
Le arrojé el agua tibia directamente a la cabeza.
—¡Wah!
Al intentar escapar, lo sujeté por la nuca y empecé a quitarle el barro con cuidado.
Daiki, mientras tanto, se mantuvo vigilante, mirando ocasionalmente hacia donde se habían ido los abusones, asegurándose de que no regresaran.
Al principio el chico se resistió, pero al acostumbrarse a la temperatura del agua, volvió a quedarse quieto.
—Listo, así está bien.
Con todo el barro fuera, regulé el viento con magia de fuego y lo usé como si fuera un secador, mientras le limpiaba cuidadosamente la cara con un pañuelo.
Fue entonces cuando se revelaron unas orejas puntiagudas como de elfo, y un cabello verde esmeralda que brillaba al sol.
Al ver ese color, recordé las palabras de Roxy: «No te acerques a la raza que tiene cabello verde esmeralda y una joya roja en la frente.» – POV: Daiki Greyrat Observé cómo Rudeus terminaba de limpiar al niño.
Mi hermano siempre había sido así: demasiado amable, pero de una manera genuina que yo respetaba.
Mientras el agua caía sobre el cabello del chico, mis ojos se enfocaron automáticamente.
Era un hábito a estas alturas.
Y lo noté.
Por su estructura ósea, por su patrón respiratorio.
Era una niña haciéndose pasar por niño.
En un pueblo donde acababan de atacarla por ser un «demonio», tenía sentido.
Era perfectamente lógico, de hecho.
Rudeus no lo había notado.
Estaba demasiado concentrado en ayudar, revisando que no quedara barro, probablemente ya pensando en qué planta identificar después.
Era típico de él.
Pero yo no diría nada.
[DECISIÓN: NO REVELAR INFORMACIÓN] Si ella había elegido presentarse como varón, tendría sus razones.
Buenas razones, seguramente relacionadas con su propia seguridad.
No era asunto mío arruinar eso.
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