Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
- Capítulo 11 - 11 Episodio 6 Un nuevo hermano
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Episodio 6: Un nuevo hermano 11: Episodio 6: Un nuevo hermano Rudeus Greyrat La frente del chico era lisa y blanca.
Nada fuera de lo común.
Bien.
Estaba todo bien.
No era de la peligrosa raza Superd.
—Ah…
gracias…
Me agradeció, y fue como si despertara de golpe de un trance.
Para desquitarme un poco, empecé a darle consejos con aires de superioridad.
—Oye, con tipos como esos tienes que devolverles el golpe.
Si no, se te suben encima.
—No puedo ganar…
—Lo importante es mostrar que vas a resistirte.
—Es que…
a veces hay chicos más grandes también…
no quiero que me duela…
‹Ya veo.
Entonces, si te resistes, llaman a sus amigos y te hacen trizas.
Esto es igual en cualquier mundo, al parecer.
Parece que gracias al esfuerzo de Roxy, los adultos han empezado a aceptar a los Demonios…
pero entre los niños, las cosas no son tan simples.
Los niños pueden ser crueles.› —Lo tuyo también es duro, ¿no?
Que te acosen solo porque tu pelo se parece al de los Superd.
—A-a ti…
¿no te molesta?
—Es que mi sensei era una demonio.
¿De qué raza eres tú?
‹Roxy me había dicho que los Migurd, como ella, eran parecidos a los Superd.
Quizás este chico también pertenecía a una raza parecida.
Le pregunté con esa idea, pero negó con la cabeza.› —No…
no lo sé.
…¿No lo sabe?
Bueno, a su edad, quizá sea normal no tener clara la ascendencia.
—¿Y tu padre?
¿De qué raza es?
—Mitad…
elfo.
Y la otra mitad es Humana…
eso dicen.
—¿Y tu madre?
—Es Humana, pero tiene un poco de sangre de bestia…
o algo así…
…¿Mitad elfo de orejas largas y un cuarto de raza bestia?
¿Y de ahí salió ese color de pelo…?
Mientras pensaba eso, noté que al chico se le llenaban los ojos de lágrimas.
—…Por eso papá dice que no soy un demonio.
Pero…
mi color de pelo no es como el de papá…
ni como el de mamá…
Empezó a sollozar, así que le acaricié la cabeza con cuidado, tratando de consolarlo.
—¿Lo único que es diferente es el pelo?
—…También mis orejas…
son más largas que las de papá…
— Daiki Greyrat Pasaron varios minutos, dijimos nuestros nombres y ahora solo quedaba calmarla.
Solo di un paso hacia adelante.
Sylph, en su curiosidad, levantó su vista hacia mí y, por un momento, nuestras miradas se cruzaron.
Ella tenía ojos rojos.
Como yo.
—Yo también nací siendo diferente a mi familia.
—¿Eh…?
—Quiero decir…
Mientras mi padre tenía cabello castaño y mi madre rubio —señalé mi cabello—, el mío es completamente negro.
—Ah…
Decidí continuar.
—Cuando yo nací, mi padre dudó…
Pensó que mi madre lo había traicionado, que yo no era realmente su hijo…
Porque ninguno de ellos tiene cabello así.
Es decir, ninguno tiene ojos como los míos.
Aún así, ella tenía ojos como los míos, así que no estaba tan solo en esto.
Para demostrar mi punto, señalé mis ojos y luego los suyos.
—Pero tú…
tú tienes los mismos ojos que yo.
Sylph se tocó su propio rostro, como si acabara de darse cuenta.
—Ojos rojos…
—susurró.
—Exacto.
Ni mi padre ni mi madre los tienen.
Mi hermano Rudy tampoco.
Rudeus observaba en silencio, dejándome continuar.
—Pero eso ya no importa…
¿Sabes por qué?
Porque al final no importó.
Porque cuando nació Rudy, tan parecido a padre, quedó claro que ambos éramos sus hijos.
Solo que yo…
bueno, salí diferente.
Ella movió sutilmente sus orejas, confusa.
—Pero…
¿cómo?
Si tus padres no tienen ese color…
—A veces puede pasar, ya sea por genes de abuelos, bisabuelos, gente que nunca conocimos…
O simplemente, algo nuevo.
Algo que podemos decir que es solo nuestro.
Sylph me miraba con los ojos muy abiertos.
—¿De verdad…
de verdad no te molesta ser diferente?
La miré de forma más atenta.
—Al principio ni siquiera lo sabía, era muy pequeño, pero ahora…
creo que está bien porque mi familia me acepta como soy y las personas que importan no se preocupan por algo tan mundano como el color de cabello.
Sylph agachó la cabeza.
—Las personas que importan…
—Tu padre te defiende, ¿verdad?
Dice que solo son genes del pasado.
Te protege.
—Sí…
—Entonces él es alguien que importa.
Y tu madre también…
Y ahora nosotros también.
Rudeus asintió.
—¡Exacto!
No nos importa que tengas cabello verde.
De hecho, creo que se ve genial.
—Y tus ojos —añadí, señalándolos de nuevo—.
Son iguales a los míos.
Así que en cierto sentido…
somos parecidos, ¿no?
Sylph tocó su propio cabello verde, luego miró el mío negro, luego nuestros ojos compartidos.
—Parecidos…
—Una pequeña sonrisa apareció en su rostro—.
Sí…
somos parecidos.
Algo en mi pecho se había movido.
No era precisamente el tipo de calidez que había leído en libros sobre romance.
Era algo que no podría describir, o mejor dicho, más…
protector.
Exactamente como cuando veía a mi hermano.
—Oye, Sylph…
Ya tengo un hermano menor —señalé a Rudeus—.
¿Qué te parece si también tengo una hermano menor?
—¿H-hermano…?
Rudeus captó inmediatamente lo que estaba haciendo.
—¡Sí!
¡Oficialmente te adoptamos como nuestro hermano menor!
Aunque…
Espera, ¿quién es mayor entre Sylph y yo?
—Eso no importa —interrumpí—.
Yo soy el mayor de los tres.
Sylph nos miraba entre uno y otro.
—¿D-de verdad…
puedo ser su hermano?
—Ya lo eres —dije—.
Desde ahora.
¿Está bien?
—¡S-sí!
¡Quiero!
¡Quiero ser su hermano!
Y entonces hizo algo que no esperaba.
Se lanzó hacia mí, envolviéndome en un fuerte abrazo.
Solo por un momento, me quedé congelado.
Era un contacto físico que no esperaba para nada.
Todo era…
‹Ya sé cuál es.› Cerré los brazos alrededor de Sylph, devolviéndole el abrazo con cuidado.
Como lo haría con Rudeus.
—Está bien —murmuré—.
Ya no estás solo.
Ahora tienes dos hermanos mayores.
—Técnicamente yo podría ser menor —bromeó Rudeus—.
No sabemos la edad exacta de Sylph.
—No importa.
—Sylph habló contra mi hombro—.
Ustedes dos son mayores.
Los mejores hermanos mayores.
Rudeus se unió al abrazo, envolviendo a ambos en sus brazos.
—Entonces está decidido.
Oficialmente somos tres hermanos ahora.
—Tres hermanos —confirmé.
Sylph sollozó entre nosotros, pero esta vez definitivamente eran lágrimas felices.
…
Rudeus Greyrat Caminamos hacia la torre de vigilancia.
Sylph caminaba entre nosotros dos, ocasionalmente mirando a Daiki de reojo, como si todavía no pudiera creer lo que había pasado.
—Oye, Daiki —dijo finalmente Sylph.
—¿Sí?
—¿Los hermanos mayores…
protegen a los menores?
—Así es.
—Entonces…
si esos niños vuelven…
—No se atreverán.
—La voz de Daiki salió más fría de lo usual—.
Porque ahora tendrían que pasar por encima de mí primero.
Y no lo permitiré.
Sylph lo miró con algo parecido a asombro.
—Daiki da miedo cuando se pone serio —comenté con una sonrisa—.
Pero solo con gente que lastima a su familia.
—¿Familia…?
—Sylph repitió la palabra como si fuera preciosa.
—Eso es lo que somos ahora.
Sylph tomó sus manos.
—Nunca tuve hermanos antes…
—Bueno, ahora tienes dos.
—Tomé su otra mano—.
Y somos un paquete completo.
No puedes deshacerte de nosotros aunque quisieras.
—No quiero.
—Sylph apretó ambas manos—.
Nunca querría.
El padre de Sylph era un hombre apuesto.
Tenía orejas puntiagudas, un cabello rubio resplandeciente, y aunque su complexión era delgada, no carecía de musculatura.
Era el claro ejemplo de lo mejor de ambos mundos: un mestizaje exitoso entre elfo y humano, digno del nombre de “medio elfo”.
Estaba apostado en una torre de vigilancia al borde del bosque, sosteniendo un arco mientras observaba los alrededores con atención.
—Papá, traje el almuerzo…
—Ah, gracias como siempre.
¿Hoy no te molestaron?
—Todo bien, me ayudaron.
Con la mirada, Sylph nos señaló.
Yo hice una leve reverencia.
Daiki simplemente inclinó la cabeza.
—Mucho gusto.
Soy Rudeus Greyrat.
—Daiki Greyrat.
Lawls nos observó con interés.
—¿Greyrat…?
¿Son los hijos de Paul?
—Así es.
Paul es mi padre —respondí.
—Vaya, había oído hablar de ustedes.
El brillante y el dedicado, ¿no es así?
Eres un chico educado, Rudeus.
Ah, disculpa, no me presenté.
Soy Lawls.
Usualmente trabajo como cazador en el bosque.
Por lo que nos contó, aquella torre servía para vigilar la aparición de monstruos desde el bosque.
Los hombres del pueblo se turnaban las 24 horas para hacer guardia.
Paul también tenía su turno asignado, y fue durante esas rondas que conoció a Lawls.
Al parecer, habían compartido consejos sobre cómo criar a sus respectivos hijos.
—Mi hijo se ve así, pero solo es un caso de atavismo.
Te agradecería que se llevaran bien.
—Por supuesto.
Incluso si Sylph fuera de la raza Superd, no cambiaría mi actitud.
Lo juro por el honor de mi padre.
Lawls soltó una exclamación de asombro.
—A tan corta edad, ¿ya hablas de honor…?
Paul debe estar orgulloso.
—Un niño brillante no siempre crece para ser un adulto brillante.
Podrías envidiarme cuando Sylph crezca, no antes.
Dije eso para darle algo de crédito a Sylph.
Daiki añadió: —Las apariencias no definen el carácter.
Solo las acciones.
Sylph ya nos demostró tener buen corazón.
Lawls nos miró con expresión entre sorprendida y complacida.
—Ya veo…
Justo como decía Paul.
Que al hablar con ustedes, como padre, uno pierde la confianza en sí mismo.
—Vaya…
entonces, tal vez debería empezar a portarme mal para que pueda regañarme más seguido —bromeé.
Mientras conversábamos, sentí que alguien me tiraba de la ropa.
Era Sylph, cabizbajo, sujetando mi manga.
—Lawls-san, ¿podemos ir a jugar un rato?
—Claro, pero no se acerquen al bosque.
Eso estaba más que entendido, pero…
—En el camino aquí, vimos una colina con un árbol grande.
Probablemente juguemos por ahí.
Me aseguraré de llevar de regreso a Sylph antes de que anochezca.
Si para entonces no estamos en casa y no nos ven en la colina, es probable que haya ocurrido algún incidente.
Por favor, organice una búsqueda si es así.
—Ah…
a-ajá.
Con Lawls todavía atónito, nos dirigimos de nuevo a la colina del árbol.
—Bien, ¿a qué jugamos?
—pregunté una vez allí.
—No sé…
nunca he jugado con un amigo antes…
Al decir “amigo”, Sylph dudó un poco.
—Yo también estuve encerrado en casa hasta hace poco, así que no tengo muchas ideas.
Daiki, quien había estado observando el paisaje, habló: —Podríamos entrenar.
—¿Entrenar?
—Sylph lo miró confundido.
—Mi hermano y yo practicamos magia y esgrima.
Podríamos enseñarte lo básico.
—¡Sí!
—Sylph se animó repentinamente—.
Enséñame eso de antes.
Lo del agua calentita que salió de tus manos y el viento cálido que sopló después.
—Es difícil, pero con práctica cualquiera puede hacerlo…
probablemente.
—¡Muy bien!
¡Entonces empezamos con el entrenamiento desde hoy!
Daiki asintió.
—Primero lo básico.
Sentir el maná.
Y así, los tres pasamos la tarde en la colina.
Yo explicando teoría mágica con entusiasmo.
Daiki demostrando control preciso.
Sylph absorbiendo todo con ojos brillantes.
En un momento, mientras descansábamos, Sylph miró a Daiki tímidamente.
—Oye, Daiki.
¿Alguna vez…
alguna vez la gente te molestó por tu cabello?
—No —respondió honestamente—.
Pero eso es porque salgo poco.
Y cuando salgo, normalmente estoy con mi familia o entrenando.
—Ah…
—Pero —añadió—, si alguien lo intentara…
no me importaría.
Porque sé quién soy.
Y sé que las personas que me conocen de verdad no me juzgan por eso.
—¿Cómo…
cómo puedes estar tan seguro?
—Porque mi hermano me lo recordó.
—Daiki me miró—.
Cuando tenía dudas sobre mí mismo, él me dijo que estaba bien ser quien soy.
Sylph me miró, luego de vuelta a Daiki.
—Son buenos hermanos…
—Lo intentamos.
—Daiki sonrió levemente—.
Y ahora tú eres nuestro hermano también.
Así que también te lo recordaremos cuando lo olvides.
—¿Recordarme qué?
—Que está bien ser tú mismo.
Cabello verde, orejas largas, todo.
Sylph tocó sus orejas puntiagudas, luego sonrió.
—Ojos rojos…
como tú.
—Como yo —confirmó Daiki.
Cuando el sol comenzó a descender, Daiki habló: —Es hora de regresar.
—¿Ya?
—Sylph parecía decepcionado.
—Prometimos volver antes del anochecer.
—Me puse de pie—.
Pero mañana podemos volver.
—¿En serio?
—Somos hermanos, ¿no?
—Sonreí—.
Los hermanos pasan tiempo juntos.
Sylph nos miró a ambos, y esa sonrisa tímida regresó.
—Sí…
hermanos.
Sylph prácticamente brillaba de felicidad mientras caminábamos de regreso.
—¡Rudeus!
¡Hermano Daiki!
Lo acompañamos hasta su casa.
Al regresar a casa, Paul estaba furioso.
Con los brazos en las caderas y plantado frente a la entrada, tenía todo el porte de quien claramente estaba molesto.
Intercambié una mirada con Daiki.
Mi hermano tenía esa expresión neutra característica, pero algo en sus ojos me decía que ya estaba evaluando la situación.
—Padre, ya estamos en casa —dijimos casi al unísono.
—¿Saben por qué estoy enojado?
—No tengo idea —respondí.
Daiki simplemente esperó en silencio, observando.
—Hace un rato vino la esposa de Eto.
Dijo que le pegaron a su hijo, Somal.
‹Eto, Somal…
¿quién demonios son?
Ah.
Los tres mocosos.
Uno de ellos debe ser Somal.› —No lo golpeé.
Solo le lancé barro —expliqué.
Daiki añadió: —Yo tampoco lo golpeé.
Esquivé sus proyectiles y bloqueé algunos con mi espada de práctica.
En ningún momento hice contacto físico con ninguno de ellos.
—¿Recuerdan lo que les dije el otro día?
—Paul nos miró a ambos—.
¿Que la fuerza de un hombre no es para presumirla?
—Exacto —asentí.
Paul se giró hacia mí primero.
—Rudeus, no sé exactamente qué mentira inventó ese niño, pero…
¡No!
¡Cuando haces algo malo, lo primero que debes decir es “perdón”!
Me interrumpió con fuerza.
Esto comenzaba a molestarme.
—La verdad es que, mientras caminábamos por el camino…
—¡No pongas excusas!
Sentí cómo la frustración crecía.
Ni siquiera quería oír mi versión.
—………
—¿Qué pasa?
¿Por qué no dices nada?
—Porque si hablo, solo me gritará que deje de dar excusas.
—¿¡Cómo!?
Los ojos de Paul se abrieron con furia.
—Gritarle a un niño antes de dejarlo hablar y obligarlo a pedir disculpas…
qué fácil es ser adulto.
De verdad los envidio.
—¡Rudy!
¡Paf!
…
Daiki Greyrat Cuando vi la mano de Paul moverse, mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensarlo.
Con un paso adelante, ya estaba entre el medio del conflicto.
—Padre.
Mi voz salió más fría de lo que pretendía.
Más parecida al Daiki de antes.
Al que solo analizaba sin sentir.
Pero ahora SÍ sentía.
Sentía mucho enojo.
Paul me miró, sorprendido por mi intervención súbita.
—Daiki, esto no es…
—Respetuosamente, padre, creo que debería escuchar nuestra versión antes de continuar.
No levanté la voz.
No necesitaba hacerlo.
—Los hechos son simples: Tres niños atacaban a uno.
Rudeus intervino verbalmente y con proyectiles no letales de igual nivel a los que ellos usaban.
Yo me aseguré de que ninguno de los agresores sufriera daño real mientras protegía a mi hermano.
—¿Agresores?
Somal tiene…
—Heridas, lo sé.
—Interrumpí, manteniendo mi tono calmado—.
Pero nosotros no las causamos.
Si Somal tiene lesiones, o se las hizo él mismo para incriminarnos, o las recibió de otra fuente.
Posiblemente de su propia torpeza al lanzar proyectiles.
Paul parpadeó, claramente desconcertado por mi análisis frío.
—Además…
golpear a Rudeus sin escucharlo primero contradice directamente las enseñanzas que usted mismo nos ha dado.
“La fuerza no es para presumir”.
Aplicar fuerza física contra alguien más débil que usted, especialmente su propio hijo, sin permitirle defenderse verbalmente primero…
Dejé la frase en el aire.
…
Rudeus Greyrat Miré a Daiki con sorpresa.
Mi hermano mayor, normalmente tan contenido, tan analítico, estaba DEFENDIÉNDOME con una intensidad que rara vez mostraba.
Y entonces, él continuó: —Padre.
Usted nos enseñó a proteger a los débiles.
Eso es exactamente lo que hicimos hoy.
Si eso está mal, entonces sus enseñanzas están mal.
Y si sus enseñanzas están bien, entonces su reprimenda está mal.
No pueden ser ambas correctas simultáneamente.
Lógica implacable.
Paul abrió la boca.
La cerró.
La volvió a abrir.
—Yo…
yo no…
Me toqué la mejilla donde me había golpeado.
Todavía ardía.
Pero ver a Daiki allí, protegiéndome con palabras en lugar de fuerza, con lógica en lugar de emoción…
Me hizo sentir menos solo.
—Hermano —dije suavemente en japonés—.
Está bien.
Déjame terminar esto.
Daiki me miró.
Por un momento, vi conflicto en sus ojos.
Finalmente asintió levemente y dio un paso atrás, aunque se mantuvo cerca.
Me giré de nuevo hacia Paul.
—Padre.
Hasta ahora, siempre he intentado ser un buen hijo.
Nunca he desobedecido sus instrucciones, y siempre he puesto todo mi empeño en lo que se me ha pedido.
—E-eso no tiene nada que ver…
Claramente, no había tenido intención de golpearme.
Su expresión era de pura confusión.
—Sí tiene que ver.
Todo lo que he hecho ha sido para ganarme su confianza y darle tranquilidad.
Pero ahora, sin siquiera oír mi versión, usted creyó ciegamente en las palabras de alguien que ni conozco, me gritó…
y encima me golpeó.
—Pero Somal sí tiene heridas…
‹¿Heridas?
Ni idea.
¿Se las habrá hecho él mismo?› —Aun si esas heridas fueran mi culpa, no tengo por qué disculparme.
No he desobedecido sus enseñanzas, y puedo decir con la frente en alto que hice lo correcto.
Paul hizo una mueca amarga.
—Tranquilo, padre.
La próxima vez, cuando vea que tres niños atacan a otro indefenso sin que este se defienda, simplemente los ignoraré.
Mejor aún: me uniré a ellos para que sean cuatro contra uno.
Así, podré ir diciendo por ahí que la tradición de los Greyrat es abusar de los más débiles.
Y cuando sea mayor, me iré de casa y nunca volveré a usar el apellido Greyrat.
Porque me daría vergüenza llamarme igual que una familia de miserables que ignora la violencia física y tolera la verbal.
Paul quedó sin palabras.
Se le puso la cara roja, luego pálida.
Se le notaba el conflicto interno.
—…Lo siento.
Me equivoqué.
Cuéntame lo que pasó.
Paul bajó la cabeza.
Yo también incliné la cabeza y le conté todo de la manera más objetiva posible.
Le dije que íbamos subiendo la colina cuando escuchamos voces.
Que tres niños desde un campo en barbecho le arrojaban barro a otro.
Que, tras lanzarles uno o dos proyectiles, los convencimos de detenerse y se fueron lanzando insultos.
Que luego lavé al niño con magia y jugamos con él.
—Entiendo…
—murmuró finalmente—.
Entonces, ¿el niño al que defendieron se llama Sylph?
—Hijo de Lawls, el cazador.
Cabello verde, orejas puntiagudas.
Atacado por su apariencia, que se asemeja a la raza Superd.
—Lawls…
—Paul frunció el ceño—.
Conozco a Lawls.
Es buen hombre.
Y si su hijo estaba siendo atacado por tres contra uno…
Se frotó el rostro con ambas manos.
—Maldición.
Realmente la cagué, ¿verdad?
—Sí —respondió Daiki sin suavizar—.
Pero reconocer el error es el primer paso para corregirlo.
Paul me miró con una expresión extraña.
—¿Cuándo te volviste tan maduro, Daiki?
—Siempre lo fui, padre.
Solo que ahora también soy más honesto al expresarlo.
Yo solté una risa sofocada.
Paul suspiró profundamente.
—Tienen razón.
Ambos.
Actué precipitadamente, sin escuchar, y encima…
encima te golpeé, Rudy.
—Como padre, como hombre, como Greyrat…
lo siento.
A ambos.
—No hay necesidad de disculparse —dije—.
Si en el futuro cree que estamos equivocados, por favor, no dude en reprendernos con severidad.
Solo que también agradecería que escuche nuestra versión.
—Y que evalúe la evidencia antes de aplicar castigo físico.
Especialmente considerando que somos niños de cinco años contra acusaciones de fuentes no verificadas —dijo Daiki.
—Sí, ese Lawls tenía razón.
Hablar con ustedes hace que uno pierda la confianza como padre.
—No pierda la confianza, padre.
—Daiki inclinó la cabeza levemente—.
Simplemente…
crezca junto con nosotros.
Todos estamos aprendiendo.
Paul nos miró a ambos, y algo en su expresión se suavizó.
—¿Saben?
A veces me pregunto quién es el verdadero adulto aquí.
—Bueno…
—Sonreí—.
Técnicamente usted todavía es más alto, más fuerte, y tiene más experiencia.
Eso cuenta como adulto, ¿no?
—Supongo.
—Paul se levantó, revolviéndonos el cabello a ambos—.
Entonces, sobre ese tal Sylph…
—¿Puedo traerlo a casa la próxima vez?
—pregunté.
—Nosotros —corrigió Daiki—.
Ambos queremos traerlo.
Lo adoptamos como nuestro hermano menor.
—¿Adoptaron…?
—Sí.
—Daiki asintió—.
Sylph necesitaba hermanos.
Nosotros tenemos espacio en nuestra familia.
Parecía lógico.
Paul nos miró a ambos, luego soltó una risa genuina.
—Por supuesto.
Cualquier amigo de ustedes es bienvenido.
Y si lo consideran su hermano…
entonces supongo que eso hace a Lawls algo así como familia extendida también.
—Exacto.
—Sonreí.
Entramos a la casa juntos.
Zenith nos esperaba, y cuando vio mi mejilla roja, su expresión cambió inmediatamente.
—¿Rudy?
¿Qué pasó en tu cara?
Paul se adelantó, claramente avergonzado.
—Eso…
fue mi culpa.
Cometí un error.
Ya me disculpé con ambos.
Zenith nos miró a Daiki y a mí.
Asentimos confirmando.
—Ya está resuelto, mamá —dije.
—Además —añadió Daiki—, tenemos algo que contarles.
Sobre un nuevo amigo.
Bueno, nuevo hermano, técnicamente.
—¿Hermano?
—Zenith parpadeó.
Y así, durante la cena, les contamos todo sobre Sylph.
Esa noche, después de que Zenith nos arropara, quedamos solos en nuestra habitación.
Había pasado un rato en silencio cuando escuché movimiento.
Daiki se había levantado de su cama.
—¿Hermano?
—Dame tu mano.
—¿Qué?
¿Por qué…?
Daiki simplemente extendió su propia mano, esperando.
Confundido, le di la mía.
La tomó con cuidado, guiándola hacia mi mejilla hinchada.
—Mantenla ahí.
Luego colocó su propia mano sobre la mía.
Una luz verde esmeralda comenzó a brillar suavemente entre nuestros dedos.
Cálida.
Reconfortante.
El dolor comenzó a desvanecerse como niebla bajo el sol de la mañana.
—Hermano…
—susurré, sorprendido—.
¿Estás usando magia de curación?
—Sí.
El brillo continuó por unos segundos más.
Cuando Daiki finalmente retiró su mano, la hinchazón había desaparecido completamente.
La piel estaba suave, sin rastro de enrojecimiento.
Como si nunca hubiera sido golpeado.
—¿Por qué…?
Mamá ya me revisó.
Dijo que estaba bien.
—Lo sé.
—Daiki regresó a su cama—.
Pero eso no significa que no doliera.
—Además…
—Daiki se acostó, mirando hacia el techo—.
No me gustó ver cómo te golpeó.
Sé que padre se arrepintió.
Sé que aprendió su lección.
Pero aun así…
Sentí algo cálido expandirse en mi pecho.
No era la magia curativa.
Era algo más.
—Gracias, hermano.
—No tienes que agradecer.
—Sí tengo que hacerlo.
—Me giré hacia la cama de Daiki—.
En mi vida anterior, nadie…
nadie nunca hizo algo así por mí.
Cuando mis hermanos me golpearon, cuando me echaron de casa…
nadie curó mis heridas.
Ni las físicas ni las otras.
Daiki no respondió de inmediato.
Cuando habló, su voz sonaba diferente.
Más…
humana.
—Yo tampoco tuve a nadie que me curara en mi vida anterior.
Así que ahora que puedo hacerlo…
voy a asegurarme de que tú nunca sientas ese vacío.
—Hermano…
—Duerme, Rudy.
Mañana Sylph probablemente nos espere.
…
Zenith Greyrat Paul estaba sentado al borde de la cama, con la cabeza entre las manos, en esa postura de derrota que adoptaba cada vez que sabía que había metido la pata hasta el fondo.
Me senté al frente, pasando el cepillo por mi cabello, pero mis ojos no se apartaban de su reflejo en el espejo.
—Paul.
—…
—Lo sé, Zenith.
Ya me disculpé.
Me disculpé con ellos, me disculpé contigo durante la cena…
Dejé el cepillo sobre la madera con un golpe seco.
—No se trata solo de disculparse, Paul.
—Me giré en el banco para mirarlo directamente—.
Se trata de confianza.
Paul levantó la vista.
—La señora Eto vino gritando.
Dijo que Somal estaba herido.
Mi instinto fue…
reaccionar.
Pensé que Rudeus estaba siguiendo mis pasos, siendo un matón arrogante.
Solo quería corregirlo antes de que fuera tarde.
—Rudeus no eres tú, Paul…
Y Daiki tampoco.
Me levanté y caminé hacia él.
Paul intentó tomar mi mano, pero me crucé de brazos.
Necesitaba que escuchara esto sin la distracción del contacto físico.
—Rudeus te admira.
Te mira como si fueras el héroe más grande del mundo.
Y Daiki…
Daiki te estudia, te respeta como su maestro.
—Hice una pausa, dejando que las palabras calaran—.
Y hoy, en un segundo, casi destruyes todo eso.
No porque los regañaras, sino porque no confiaste en ellos.
—Lo sé…
Cuando Daiki se paró frente a mí…
Zenith, tuve miedo.
—¿Miedo?
—Sus ojos.
No había miedo en ellos.
Había decepción.
—Paul se pasó una mano por la cara—.
Un niño de cinco años me miró con decepción y me dio una lección de moralidad usando mis propias palabras.
Me sentí…
pequeño.
Suspiré, sintiendo cómo mi enojo comenzaba a dar paso a la tristeza.
Me senté a su lado en la cama, pero mantuve una pequeña distancia.
—Tienes hijos extraordinarios, Paul.
Y no hablo de su magia o su espada.
Hablo de sus corazones.
Rudeus defendió a un niño discriminado.
Daiki defendió a su hermano de su propio padre.
—Lo miré a los ojos—.
¿Te das cuenta de lo que eso significa?
Daiki, nuestro hijo que apenas hablaba hace unos años, se interpuso físicamente para recibir un golpe destinado a su hermano.
Paul hizo una mueca de dolor al recordar el momento.
—Si no hubiera detenido el golpe…
si le hubiera pegado a Daiki también…
—Pero no lo hiciste.
Y eso es lo único que te salva esta noche.
—Le puse una mano en la rodilla—.
Escúchame bien, Paul Greyrat.
Eres un buen padre.
Los amas, lo sé.
Pero eres impulsivo.
Y tus hijos son demasiado inteligentes para ser tratados con impulsividad.
—Son demasiado listos para su propio bien…
—murmuró él con una sonrisa triste.
—No.
Son listos para tu propio bien.
Porque te obligan a ser mejor.
—Le apreté la rodilla—.
Si vuelves a levantarle la mano a alguno de ellos sin escuchar primero…
Si vuelves a dudar de su honor antes que de los chismes de una vecina…
No terminé la amenaza.
No hacía falta.
Mi expresión, la seriedad de una madre de Millis protegiendo a sus hijos, lo decía todo.
Paul asintió lentamente.
Tomó mi mano y la besó.
—Te lo juro, Zenith.
Aprenderé.
Daiki tenía razón…
tengo que crecer junto con ellos.
Suavicé mi expresión.
Me acerqué y apoyé mi cabeza en su hombro.
—Más te vale, querido.
Porque esos dos van a cambiar el mundo algún día.
Y nosotros tenemos que estar a la altura para guiarlos…
o al menos, para no estorbarles.
Paul me rodeó con su brazo, suspirando profundamente.
—Hicieron un nuevo amigo, ¿no?
Ese tal Sylph.
—Un nuevo hermano, dijeron.
—Corregí con una sonrisa suave—.
Tienen un corazón enorme.
—Sí…
sacaron eso de ti.
—Y la valentía para defenderlo la sacaron de ti, aunque te cueste admitirlo.
Paul rio por lo bajo.
—Gracias, Zenith.
Por…
enderezarme.
—Siempre, Paul.
Siempre.
—Le di un beso en la mejilla—.
Ahora apaga la vela.
Mañana tienes que entrenar a Daiki, y después de lo de hoy, sospecho que te exigirá el doble para asegurarse de que estés “a la altura”.
—Dios…
me va a matar ese niño.
—Te lo mereces un poco.
Paul soltó una risa resignada y apagó la vela.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com