Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
  4. Capítulo 12 - 12 Episodio 7 El Secreto Bajo la Lluvia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: Episodio 7: El Secreto Bajo la Lluvia 12: Episodio 7: El Secreto Bajo la Lluvia Rudeus Greyrat Mi vida no cambió mucho a pesar de haber cumplido seis años.

Por las mañanas practico magia y, por las tardes, si tengo tiempo libre, realizo trabajos de campo y entreno bajo el árbol de la colina.

¿Y qué hay de Daiki?

Bueno, él hace todo lo contrario.

Entrena espada por la mañana con Paul y, por las tardes, practica magia, aunque dice que no es su estilo, por lo que lo hace con menos frecuencia que yo.

A veces quería tener sus ganas de portar una espada, pero nunca fui capaz de emplear eso que él llama «refuerzo de maná», así que simplemente me rendí.

Por suerte, Paul nunca vio nada malo en eso y solo se enfocó en mi hermano mayor.

Por eso, últimamente he tenido que probar diversas formas de apoyar mis movimientos con magia durante situaciones de combate.

Por ejemplo, expulsar viento para aumentar la velocidad de un movimiento, generar una onda de choque para cambiar de dirección bruscamente, o crear un pantano bajo los pies del enemigo para inmovilizarlo.

Algunos podrían pensar que ando distraído con trucos baratos y que por eso no mejoro en fundamentos puros, pero yo no lo veo así.

En los juegos de pelea hay dos formas principales de volverse fuerte.

O buscas la manera de ganar con un personaje más débil,o entrenas hasta eliminar tus propias debilidades de base.

Estoy enfocado sobre todo en la primera opción.

Mi objetivo hipotético sería vencer a Paul algún día, aunque sé que Daiki lo logrará primero.

Paul es fuerte.Como padre aún le falta mucho, pero como espadachín es de primera clase.

Daiki está siguiendo el camino más tradicional, la segunda opción: entrenar el cuerpo con total honestidad hasta eventualmente superarlo.

Y lo hará.

Estoy seguro.

Tengo seis años.

Dentro de diez tendré dieciséis, y Paul tendrá treinta y cinco.

Para entonces, probablemente Daiki ya lo habrá superado.

Mi hermano tiene ese tipo de determinación fría y calculada que garantiza resultados.

Yo, por otro lado, planeo ganar de otra forma.

Si pudiera combinar magia y táctica para vencer a Paul en un combate real, aunque no fuera esgrima pura, también tendría su mérito.

Con eso en mente, hoy también entreno bajo el árbol.

….

Daiki Greyrat Estaba entrando cuando mi padre decidió ponerse serio.

Él, en su afán de que mejore, se lanzó hacia mí con su espada de madera.

Bloqueé uno de sus ataques e hice un contraataque que rozó su cabello, lo suficientemente cerca para que silbada.

—Vaaaya, hijo.

Eso estuvo bueno.

—Falta fluidez.

Debería hacerlo más rápido, más fuerte…

—Calla y entra, que tu madre se va a enojar si ve que te sigo entrenando.

—Se giró— Ah, y come algo, por favor.

Di un suspiro y entré sin renegar más.

Entré arrastrando los pies mientras analizaba el refuerzo de maná.

Lo había entendido mejor que antes, pero lo único que terminaba haciendo era dividir el proceso: Paso 1: Ejecutar la técnica.

Paso 2: Canalizar maná.

Paso 3: Impactar.

Cuando debería ser todo uno solo.

—Trabajaré sobre el refuerzo…

—Si, pero…

—Paul bajó la voz—.

Solo que no se entere tu madre, ya sabes…

—¡Paul!

—Un grito desde detras de el—.

¿Que andas haciendo, cariño?

Paul levantó ambas manos hacia ella.

—¡Estamos comiendo, es todo!

—Ujum, más te vale.

Y luego me miró.

—Hijo, ¿por qué no vas con tu hermano y su amiga?

—Está bien, mamá…

Me levanté de la silla y me acerqué a la puerta.

—¿Cuando se dará cuenta que es una chica?

Hasta quisiera gritarselo.

—Zenith miraba hacia la ventana.

—Nuestro hijo es muy denso, a quien me recuerda…

—¡Hey, no soy taan denso!

No pude evitarlo, me reí un poco y ambos me miraron.

—Hijo.

—Zenith me miró y se acercó, secandome la cara con una toalla—.

¡Arriba las manos!

—Pero, mamá…

—Pero nada, hazlo.

Es una orden.

Sin poder rechazarla, levanté los brazos y ella me secó las axilas.

—¿Que pasa, hijo?

¿Te da verguenza que tu madre te cuide?

—Podria jurar que Paul se estaba riendo, atragantandose con su bebida.

Ella me abrazó contra su pecho.

—En realidad, se siente bien.

—¡Kyaah!

¡Te amo, hijo mio!

…

Al final decidí ir hacia el arbol.

Ahí mismo estaban sentados.

—Daiki-niisan.

—Sylph me vio primero, saludándome con una sonrisa que iluminaba su rostro.

Esos ojos rojos, tan parecidos a los míos, brillaban con genuina felicidad.

—Sylph.

Rudeus.

—Asentí a ambos.

—¿Terminaste ya el entrenamiento con padre?

—preguntó Rudeus.

—Por hoy sí.

Dijo que me exigí demasiado y me mandó a descansar.

—Eso suena exactamente como algo que harías.

—Rudeus sonrió—.

¿Quieres unirte a nosotros?

Estaba enseñándole a Sylph sobre magia combinada.

—Está bien.

—Me senté bajo la sombra del árbol—.

Continúen.

Solo observaré.

Pero Sylph se acercó, sentándose junto a mí.

—Hermano Daiki, ¿tú también sabes magia combinada?

—Lo básico.

Aunque no soy tan bueno como Rudeus en teoría mágica.

—Pero eres bueno con la espada.

—Sylph tocó la espada de práctica que llevaba al cinto—.

¿Me enseñarías algún día?

—¿Quieres aprender espada?

—Sí.

Rudeus me enseña magia.

Tú podrías enseñarme espada.

Así sería como…

como ustedes.

Ambas cosas.

Miré a Rudeus, quien sonreía con aprobación.

—Si quieres aprender, puedo enseñarte lo básico.

—dije finalmente—.

Pero la espada requiere disciplina.

Práctica diaria.

No es como la magia donde puedes ver resultados rápidos.

—¡No me importa!

Quiero aprender de ti.

Algo cálido se movió en mi pecho.

—Está bien.

Empezaremos con la postura básica mañana.

Sylph prácticamente brillaba de felicidad.

—Así que yo seré su maestro de magia, y tú su maestro de espada.

Como buenos hermanos mayores.

—Exacto.

Estamos complementándonos apropiadamente.

—Daiki-niisan.

—Sylph me miró con curiosidad—.

¿Es cierto que puedes partir rocas con tu espada?

—Exactamente.

Con “refuerzo de maná”, un uso de mana interno para potenciar el aspecto fisico tanto nuestro como del objeto que tengamos en la mano.

—¡Eso es increíble!

—Sylph me tomó de la mano—.

¿Me enseñarás eso también?

—Eventualmente.

Primero debes dominar los fundamentos.

—¡Sí!

Pasamos la tarde así.

Rudeus enseñando teoría mágica.

Yo ocasionalmente añadiendo perspectiva práctica desde el punto de vista de combate.

Sylph absorbiendo todo como una esponja.

Era…

agradable.

Tener hermanos.

Enseñar.

Compartir conocimiento.

En mi vida anterior, nunca tuve esto.

…

Rudeus Greyrat Más importante que esos mocosos abusones que lo molestaron, ahora lo era Sylph.

A él le daba entrenamiento mágico disfrazado de juegos.

Si aprendía magia, podría defenderse por su cuenta.

Al principio, Sylph se quedaba sin aliento después de usar cinco o seis veces un hechizo de nivel básico.

Pero en este último año, su cantidad total de maná había aumentado bastante.

Ahora podía practicar magia durante medio día seguido sin problema.

“La cantidad total de maná tiene un límite”.

Esta afirmación no me parecía muy confiable, la verdad.

Yo era prueba viviente de que el maná podía aumentarse con práctica constante.

Aunque mi hermano no aumentó su cantidad de maná, parece que fue dirigida a su uso del mana interior, no estoy tan seguro.

Aunque en cuanto a técnica todavía le faltaba.

En especial, se le daba mal el fuego.

Sylph manejaba muy bien el viento y el agua, pero con el fuego no lograba buenos resultados.

—Sylph, ¿te da miedo el fuego?

Negó con la cabeza, pero me mostró la palma de su mano.

Tenía una fea cicatriz de quemadura.

Me contó que cuando tenía unos tres años, en un descuido de sus padres, había agarrado una varilla de hierro al rojo vivo del hogar.

—Pero ya no me da miedo Aun así, seguramente seguía reaccionando con temor a nivel instintivo.

Fue entonces cuando Daiki habló: —Sabes, llegué a pensar como tú, pero luego entendí que las experiencias traumáticas afectan la afinidad mágica.

Presumido como siempre, hermano mayor.

—El miedo subconsciente crea resistencia mental.

Esa resistencia se manifiesta como dificultad para canalizar maná hacia ese elemento específico.

—¿Tú también tienes alguna debilidad elemental, Daiki?

—preguntó Sylph de repente.

Daiki hizo una pausa larga.

Tan larga que pensé que no respondería.

—Fuego.

Al principio….

Si.

Sylph y yo lo miramos con sorpresa.

—Pero lo superé.

—continuó mientras hacia una pequeña llama en la palma de su mano—.

Comprendiendo que el fuego no tiene malicia.

Es solo energía.

El problema no era el fuego.

Era el causante de usarlo.

—¿Cómo lo superaste?

—Simplemente…

sucedió.

Ahora, lo importante: tú puedes hacer lo mismo.

El fuego que te quemó no tenía intención de lastimarte.

Solo eras demasiado joven para entender el peligro.

Sylph miró su mano, procesando aquellas palabras.

—Daiki tiene razón —añadí—.

Y además, no necesitas dominar todos los elementos.

Especializarte en viento y agua también es válido.

—Pero quiero poder hacerlo.

—Sylph apretó el puño—.

Quiero ser fuerte como ustedes.

Ambos pueden usar todos los elementos.

Daiki y yo intercambiamos miradas.

—Entonces practicaremos juntos —dijo Daiki—.

Yo te ayudaré a superar el miedo al fuego.

Rudeus te enseñará la teoría.

Entre los tres, lo lograremos.

Sylph sonrió con determinación.

—¡Sí!

Pasaron varios días después de esto.

Días en los cuales me dediqué a enseñarle magia con la misma pasión con la que Roxy lo hizo conmigo.

En cuanto a Daiki, aún no le había enseñado mucho sobre la espada.

Primero le dijo que debía fortalecer su cuerpo y buscar en ella esa energía, el maná interior, para poder potenciar sus ataques.

Sylph, a pesar de las dificultades, practicaba sin quejarse.

Quizás porque fue él quien nos pidió aprender.

Con mi varita (la que me dio Roxy) y el libro de magia (que traje de casa) en mano, practicaba con gesto serio y recitaba encantamientos.

Era una imagen hermosa.

Incluso yo, siendo hombre, podía reconocerlo.

Con ese cabello verde brillando al sol, esos ojos rojos concentrados, esa determinación en cada movimiento…

Seguro que será muy popular en el futuro.

—Oye, Rudy, ¿cómo se lee esto?

Mientras divagaba mentalmente, Sylph me mostró una página del libro de magia y me miró con ojos suplicantes desde abajo.

Esa mirada también era peligrosa.

Me daban ganas de abrazarlo y protegerlo de todo el mundo.

—Eso se lee ‘nadare’, significa ‘avalancha’.

—¿Qué es eso?

—Es cuando se acumula muchísima nieve en la montaña y colapsa por su propio peso, cayendo toda junta.

Como cuando en invierno se acumula nieve en el techo y de pronto cae de golpe.

Eso, pero a lo grande.

—Ah…

¡Qué increíble!

¿La has visto alguna vez?

—¿Una avalancha?

Claro que sí…

bueno, no, la verdad.

Enseñarle a Sylph a leer el libro de magia también servía como lección de lectura.

Entre los dos, Sylph estaba recibiendo una educación bastante completa.

—¡Lo logré!

Sylph gritó con alegría.

Al mirar, vi que había ejecutado con éxito la magia de agua de nivel intermedio Ice Pillar (Pilar de Hielo).

—Has mejorado bastante.

—comenté con genuino orgullo.

Daiki, quien había estado practicando sus formas de espada a unos metros de distancia, se detuvo y se acercó.

—Impresionante, Sylph.

Tu control ha mejorado significativamente.

Sylph prácticamente brillaba ante los elogios de ambos hermanos mayores.

—¡Sí!

Pero, Rudy, el hechizo que tú usaste no aparece en este libro, ¿verdad?

Sylph ladeó la cabeza, intrigado.

—¿Eh?

Al decir “el que tú usaste”, me di cuenta de que se refería al agua caliente.

Abrí el libro de magia, hojeé unas páginas y le mostré dos entradas.

—Aquí está.

Waterfall (Cascada) y Heat Hand (Mano Caliente).

—¿…?

—Se usan al mismo tiempo.

—¿…¿¿Eh??…

Volvió a ladear la cabeza, aún más confundido.

—¿Cómo haces para recitarlas las dos al mismo tiempo?

Ups.

Me dejé llevar por mi propia lógica.

—Es magia combinada.

—explicó Daiki, salvándome—.

Usas un hechizo, luego otro.

O ejecutas uno sin recitar y añades el segundo.

No son simultáneos exactamente.

—Exacto.

—asentí agradecido—.

Hay que hacer que salga Waterfall sin recitar el conjuro, y luego calentarla con Heat Hand.

Aunque también está bien conjurar uno de los dos.

Se puede llenar un balde con agua y calentarla después.

Hice una demostración ejecutándolos sin conjuro y al mismo tiempo.

Sylph me observaba con los ojos muy abiertos.

—Enséñame eso.

—¿Eso?

—Lo de no decirlo en voz alta.

Parece que Sylph no quería conformarse con alternativas.

—Mmm…

A ver…

Entonces, intentá eso que sentís cuando estás recitando: esa sensación de que el maná se va acumulando desde todo tu cuerpo hasta la punta de los dedos.

Intentá hacer eso, pero sin decir nada.

Cuando sientas que el maná ya está reunido, imaginá el hechizo que querías lanzar y expulsalo desde la mano.

Empezá con algo simple, como Water Ball.

Sylph cerró los ojos, concentrándose intensamente.

Y entonces…

—¡Lo logré!

¡Lo logré, Rudy!

Sylph gritó emocionado y empezó a lanzar ráfagas de Water Ball sin conjuro.

—Impresionante.

—Daiki se acercó.

—¡Es porque Rudy y hermano Daiki son buenos maestros!

Ambos sonreímos ante eso.

—Muy bien.

Ahora prueba usar sin conjuro todos los hechizos que aprendiste hasta ahora.

—¡Sí!

De cualquier forma, si podía hacerlo sin conjuro, se me hacía más fácil enseñarle.

Solo tenía que explicarle lo que yo mismo hacía.

—¿Eh?

Justo en ese momento, empezó a caer una llovizna.

Miré al cielo, y en algún momento sin darme cuenta, el firmamento se había cubierto por completo de nubes negras.

Tras un breve lapso, la lluvia empezó a golpear con fuerza.

—Maldición.

—murmuré—.

Me distraje demasiado.

Normalmente ajustaba el clima para que no lloviera hasta que regresáramos, pero me había descuidado completamente enseñándole a Sylph.

—Vaya, qué lluvia más fuerte.

—comentó Sylph, cubriéndose la cabeza con las manos.

—Rudy, si podés hacer que llueva, ¿no podés hacer que se detenga?

—Puedo, pero ya estamos empapados, y sin lluvia no crecen los cultivos.

Así que, mientras nadie se queje de que el clima les está causando problemas, prefiero no intervenir.

Daiki ya se había puesto de pie, evaluando la situación.

—La casa de Sylph está lejos.

Nuestra casa está más cerca.

Deberíamos ir allá.

—Tienes razón.

—Miré a Sylph—.

¿Está bien?

Después le avisamos a tu padre.

—¡Sí!

Vamos.

Mientras hablábamos, los tres salimos corriendo rumbo a la casa de los Greyrat.

…

Al entrar a la casa, Lilia, la criada, estaba de pie sosteniendo varios paños grandes, como si hubiera estado esperándonos.

—Bienvenidos, jóvenes amos…

y su amigo.

—Su mirada se posó en Sylph por un momento, con una expresión que no pude descifrar del todo—.

El agua caliente ya está lista.

Por favor, suban al segundo piso y límpiense el cuerpo antes de que pesquen un resfriado.

El señor y la señora regresarán pronto, así que estaré ocupada con los preparativos.

¿Pueden arreglárselas solos?

—Sí, no hay problema.

—respondí, tomando uno de los paños.

Al parecer, Lilia, al ver la tormenta afuera, había anticipado que volveríamos empapados.

No es de muchas palabras ni suele entablar conversación, pero es una criada muy competente.

Sin necesidad de explicaciones, al ver la cara de Sylph volvió rápidamente al interior de la casa y trajo otro paño grande.

Nos quitamos los zapatos, quedándonos descalzos.

Nos secamos la cabeza y los pies con los paños que nos dio Lilia.

El agua seguía escurriéndose de nuestra ropa, formando pequeños charcos sobre el suelo de madera.

—Suban con cuidado.

El suelo está resbaladizo.

—advirtió Lilia antes de desaparecer hacia la cocina.

Subimos al segundo piso.

Al entrar en la habitación que comparto con Daiki, había un balde grande lleno de agua caliente en el centro.

El vapor se elevaba lentamente, invitante.

En este mundo no existen las duchas, ni siquiera la costumbre de llenar una bañera completa, así que esto es lo que usamos para lavarnos.

Según Roxy, parece que hay aguas termales en algunas regiones, pero para alguien como yo, que nunca fue muy fan de los baños prolongados, esto estaba bien.

—Bueno, vamos a limpiarnos antes de que pesquemos un resfriado.

—dije, empezando a quitarme la camisa mojada.

Fue entonces cuando lo noté.

Sylph se había quedado completamente inmóvil junto a la puerta.

No se movía.

Ni siquiera parecía respirar.

Solo miraba el balde de agua con una expresión que me recordó a…

—¿Sylph?

¿Qué pasa?

—Rudy, antes de que la invites a entrar quiero que sepas una cosa.

Dadas las circunstancias, y considerando que ella no sabe lo que está pasando, debo contarte algo.

—¿Hermano?

—lo miré confundido—.

¿Qué…?

¿Acaba de decir “ella”?

Pero no me respondió.

En lugar de eso, se giró hacia Sylph.

—¿Por qué no se lo contaste cuando era importante, Sylph?

—Yo…

yo…

solo estaba nerviosa.

Todo sucedió tan rápido que…

Espera, ¿por qué lo dices?

Mi hermano se acercó a su oído y le susurró algo que no pude escuchar.

—Oh…

—¿Me pueden decir qué está pasando ustedes dos?

Y me miraron directamente.

El corazón se me aceleró.

¿Un secreto?

¿Qué tipo de secreto requería este nivel de seriedad?

—Rudy, si te lo digo, ¿seguimos siendo amigos?

—Por supuesto que sí.

Nada puede cambiar eso.

Absolutamente nada.

—Es que…

soy una chica, Rudy.

Creí que lo sabías, que solo era un apodo, un…

—¡¿QUÉEEEE?!

—miré a mi hermano directamente—.

¿Y no me dijiste absolutamente nada mientras me veía confiado de que era un hombre?

—Creí que eventualmente te darías cuenta, pero decidí usarlo a tu favor.

—¿Mi favor?

—Sí, dime, si hubieras sabido que era una mujer desde el principio, ¿la habrías tratado de la misma forma?

Abrí la boca.

Por supuesto que iba a poder…

Las palabras murieron en mi garganta.

Y no pude decir nada.

Porque honestamente…

no podía decir eso con certeza.

—Exacto.

Necesitabas esto.

Tenía razón.

Por supuesto que tenía razón.

Mi hermano mayor, quien luchaba constantemente con su propia capacidad de conectar emocionalmente, había entendido algo sobre las relaciones humanas que yo, con toda mi experiencia, bueno, mi experiencia como hikikomori de mi vida anterior, había pasado por alto completamente.

—Pero, Sylph, yo…

—Sylphiette.

Así me llamo.

—Sylphiette.

—usé su nombre completo por primera vez.

Se sentía más…

real, de alguna forma.

—¿Qué me ibas a decir, Rudy?

—Eres muy bella.

Maldición, ya se me escapó…

Ya nada.

Ella se sonrojó y se giró hacia la puerta.

Pero luego se dio la vuelta y me sonrió.

Lanzándose hacia mí.

—¡Gracias!

¡Gracias, Rudy!

¡Gracias, gracias, gracias!

La abracé de vuelta, sintiendo sus pequeños hombros temblar.

Sobre su cabeza verde, miré a Daiki.

Mi hermano mayor observaba la escena con una expresión que no podía leer completamente.

Pero había algo en sus ojos.

Algo cálido.

Satisfacción, quizás.

O alivio.

“Gracias”, articulé en silencio.

…

Esa noche, después de cenar.

Zenith la acompañó a su casa para explicarles a sus padres lo ocurrido.

Ahora, acostado en mi cama con Daiki en la suya paralela, observaba el techo de madera mientras procesaba todo.

—Hermano.

—Hablé en japonés—.

¿Estás despierto?

—Sí.

—Tengo una amiga.

Por primera vez en dos vidas, tengo una amiga de verdad.

—Sí.

—Una que confió en mí.

El solo asintió.

—Y tú…

—Me giré hacia su cama—.

Tú te aseguraste de que esa amistad creciera naturalmente.

Sin prejuicios.

Sin las inseguridades que habría traído de mi vida anterior.

—Solo hice lo correcto.

—No.

—Negué con la cabeza—.

Hiciste algo increíble.

Entendiste algo sobre conexión humana que yo no entendí.

Y protegiste a Sylphiette de mi propia densidad emocional.

Escuché a Daiki soltar algo que sonó casi como una risa suave.

—Tu densidad emocional es legendaria, hermano menor.

—Gracias por el cumplido.

—De nada.

Sonreí en la oscuridad.

—Realmente tengo el mejor hermano mayor del mundo.

Silencio por un momento.

—Y yo tengo al mejor hermano menor —respondió Daiki, al fin—.

Y ahora…

también a la mejor hermana menor.

—Familia —dije simplemente.

Un silencio cálido se acomodó entre los tres, como una manta ligera.

—Daiki…

—¿Sí, Rudy?

—Noté que Sylphy me llama Rudy, pero a ti te dice Daiki-niisan.

¿Qué crees que significa?

—No sabría decirte…

Ahora, a dormir, ¿sí?

Y con ese pensamiento tibio, dejé que el sueño me llevara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo