Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Interludio Estadisticas y frustraciones
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13: Interludio: Estadisticas y frustraciones 13: Interludio: Estadisticas y frustraciones Rudeus Greyrat Actualmente, si expreso mis habilidades con los estándares de este mundo, quedarían de la siguiente manera: Habilidades de Rudeus Greyrat (6 años): • Esgrima Estilo Dios de la Espada: Nivel Principiante Estilo Dios del Agua: Nivel Principiante • Magia ofensiva Elemento Fuego: Rango Avanzado Elemento Agua: Rango Santo Elemento Viento: Rango Avanzado Elemento Tierra: Rango Avanzado • Magia curativa Tipo curación: Rango Avanzado Tipo desintoxicación: Rango Intermedio La magia curativa también se divide, como era de esperarse, en siete rangos.
Se compone de cuatro ramas: curación, barreras, desintoxicación y shin-geki.
A diferencia de la magia ofensiva, no tiene nombres llamativos como “Santo del Fuego” o “Santa del Agua”.
En su lugar, se usa una nomenclatura más directa: “hechicero de curación de rango Santo”, “hechicero de desintoxicación de rango Santo”, y así sucesivamente.
• La curación, como su nombre indica, es magia para sanar heridas.
Al principio, apenas permite cerrar cortes menores, pero se dice que, al alcanzar el rango Imperial, uno puede incluso regenerar un brazo perdido.
Sin embargo, incluso al llegar al rango Divino, no se puede resucitar a un ser vivo que ya haya muerto.
• La desintoxicación, como también lo sugiere el nombre, es magia que elimina venenos y enfermedades.
A medida que se sube de nivel, incluso es posible crear venenos o fabricar antídotos.
Los hechizos para eliminar alteraciones de estado solo están disponibles a partir del rango Santo y se consideran bastante difíciles.
• Las barreras sirven para incrementar la defensa o generar muros protectores.
Hablando en términos simples, son magia de apoyo.
No sé muy bien los detalles, pero supongo que funcionan estimulando el metabolismo para acelerar la recuperación de heridas leves, o generando sustancias químicas en el cerebro para bloquear el dolor.
Roxy no podía usarlas.
• La rama shin-geki (“ataque divino”) es magia especializada en infligir daño efectivo contra monstruos espectrales o razas demoníacas malignas.
Sin embargo, es un tipo de magia secreta, mantenida bajo resguardo por los sacerdotes guerreros del pueblo humano, y ni siquiera se enseña en la Universidad de Magia.
Roxy tampoco la conocía.
Nunca he visto un fantasma, pero se dice que sí existen en este mundo.
El problema es que si no comprendo el principio detrás del hechizo, no puedo lanzarlo sin conjuro, lo cual es bastante limitante.
En primer lugar, el único motivo por el que la magia ofensiva permite el uso sin conjuro es porque sus principios recuerdan a los de la física.
Pero no sé si las demás ramas de la magia tengan principios similares.
Sé que el maná es algo parecido a un elemento universal, pero no entiendo qué tipo de transformación específica permite lograr tal o cual efecto.
Por ejemplo, lo que en mi mundo se llamaría psicokinesis: levantar objetos a distancia o atraerlos hacia uno.
Parece algo que podría reproducirse con magia, pero como yo no era un psíquico, no tengo la menor idea de cómo recrear ese fenómeno.
Dicho sea de paso, apenas recuerdo de forma borrosa cómo es el proceso por el cual una herida sana.
Supongo que por eso no puedo usar magia curativa sin conjuro.
Si tuviera conocimientos médicos, quizá sí podría usarla de ese modo.
Y ahí está el problema.
Daiki SÍ puede.
Mi hermano mayor, quien de alguna forma incomprensible para mí, logró descifrar el principio detrás de la magia de curación y ahora puede usarla sin conjuro.
Completamente.
Como si fuera lo más natural del mundo.
Sin palabras.
Sin conjuro.
Solo intención pura y conocimiento.
Me quedé mirando, boquiabierto como un idiota.
—¿Cómo…?
—Apenas pude articular.
Daiki me miró con esa expresión neutral característica.
—Visualización del estado previo a la herida.
Orden al maná para replicar ese estado.
Similar a magia elemental, solo que el “elemento” es tejido vivo.
Dijo eso como si fuera obvio.
Como si cualquiera pudiera hacerlo.
Pero yo no podía.
Y eso…
eso me frustraba de una manera que no esperaba.
No era envidia exactamente.
Estaba orgulloso de mi hermano.
Genuinamente impresionado por su capacidad.
Pero también…
También me hacía sentir inadecuado.
Porque si Daiki podía descifrar los principios de la magia curativa con puro análisis lógico, ¿por qué yo no?
Yo tenía conocimiento de vida anterior también.
Treinta y cuatro años de experiencia acumulada.
Pero aparentemente no el tipo de conocimiento correcto.
Lo mismo debe aplicar a muchas otras cosas: si uno tiene experiencia previa, probablemente podría reproducirlas mediante magia.
Y si hubiese practicado deportes, puede que también hubiera progresado más con la esgrima.
Pensándolo así…
Qué vida tan desperdiciada llevé antes de morir.
No, esperá…
no fue un desperdicio.
Es cierto que no trabajé ni fui a la escuela.
Pero tampoco estuve en hibernación.
Me sumergí en todo tipo de juegos y pasatiempos.
Mientras los demás se ocupaban de sus estudios o sus trabajos, yo me dedicaba completamente a eso.
Y ese conocimiento, esas experiencias, esa forma de pensar adquirida a través de los juegos, también pueden ser útiles en este mundo.
¡O al menos, deberían…!
Bueno, ahora mismo no me están sirviendo de mucho, la verdad.
Especialmente comparado con el enfoque metódico y analítico de Daiki, que aparentemente puede descifrar cualquier sistema mágico si le das suficiente tiempo para observarlo.
Cuando me hallaba entrenando esgrima con Paul, se me escapó un suspiro involuntario.
Pensé que me iba a regañar por suspirar tan descaradamente, pero Paul solo me miró con expresión curiosa.
—¿Qué pasa, Rudy?
Te ves frustrado.
—No es nada…
—¿Es por Daiki otra vez?
Me detuve en seco.
¿Tan obvio era?
—No estoy celoso de él.
—Dije rápidamente, tal vez demasiado rápido—.
Solo…
frustrado conmigo mismo.
Paul clavó su espada de madera en el suelo y se sentó, palmeando el suelo junto a él en invitación.
—Siéntate.
Hablemos.
Obedecí, dejándome caer junto a él.
—Tu hermano es excepcional.
—Paul comenzó—.
No voy a mentirte sobre eso.
A su edad, yo no era ni la mitad de competente con la espada.
Y su capacidad para combinar magia y esgrima es…
bueno, es algo que solo he visto en maestros de nivel Divino.
—Lo sé.
—Murmuré—.
Por eso me frustra.
—Pero Rudy.
—Paul me puso una mano en el hombro—.
Tú también eres excepcional.
De formas completamente diferentes.
—No se siente así.
—Porque te estás comparando en las áreas donde él es más fuerte.
—Paul señaló—.
Daiki es un prodigio con la espada.
Tú eres un prodigio con la magia.
Él puede usar magia curativa sin conjuro.
Tú alcanzaste nivel Santo en agua a los cinco años.
Algo que la mayoría de magos nunca logran en toda su vida.
—Pero…
—Nada de peros.
—Paul me interrumpió—.
Escúchame bien.
Ser hermanos no significa ser idénticos.
Significa complementarse.
Daiki tiene sus fortalezas.
Tú tienes las tuyas.
Juntos, son más fuertes que separados.
Procesé sus palabras en silencio.
—Además.
—Paul sonrió—.
Daiki entrena como obsesionado.
Le he dicho mil veces que se excede.
Si tú entrenaras con esa intensidad, probablemente te desmayarías del agotamiento.
Eso arrancó una pequeña risa de mí.
—Es verdad.
Mi hermano es…
intenso.
—Intenso es quedarse corto.
—Paul rio—.
El otro día lo encontré entrenando a medianoche.
¡Medianoche!
Tuve que arrastrarlo literalmente de vuelta a la cama.
—¿En serio?
—En serio.
Tu hermano tiene un problema.
—Paul negó con la cabeza—.
Un problema que yo entiendo, porque yo también lo tuve a su edad.
Pero aun así, es preocupante.
Me quedé pensando en eso.
Daiki entrenaba obsesivamente porque…
porque tenía algo que probar.
A sí mismo más que a nadie.
Yo no tenía ese impulso.
Mi motivación era diferente.
Más…
relajada, supongo.
—Padre.
—Hablé finalmente—.
¿Está bien que Daiki y yo seamos tan diferentes?
—¿Está bien?
—Paul me miró con sorpresa genuina—.
Rudy, es perfecto que sean diferentes.
Imagina si ambos fueran espadachines obsesivos.
O ambos magos reclusos.
Sería…
desequilibrado.
—¿Desequilibrado?
—Como equipo, digo.
Porque eso son, ¿no?
Un equipo.
Tú, Daiki, Sylphiette.
Tres hermanos con habilidades complementarias.
Un equipo.
No lo había pensado exactamente en esos términos, pero…
tenía sentido.
—Gracias, padre.
—De nada.
Ahora levántate.
Esa tarde, fui al árbol como siempre.
Sylphiette ya estaba ahí, practicando magia sin conjuro.
Pequeñas brisas de viento se arremolinaban alrededor de sus manos.
—¡Rudy!
—Me saludó con esa sonrisa brillante que me hacía sentir cálido por dentro—.
Mira, estoy mejorando.
—Puedo ver.
Tu control es mucho más fino.
—¡Es gracias a ti!
Tus enseñanzas son las mejores.
Me sonrojé ante el cumplido.
Actúa normal, Rudeus.
Normal.
Como siempre.
—B-bueno, es solo cuestión de práctica…
En ese momento, Daiki apareció.
Como siempre, con su espada de práctica al cinto y esa expresión serena que hacía imposible saber qué estaba pensando.
—Sylphiette.
Rudeus.
—Nos saludó con un asentimiento.
—¡Hermano Daiki!
—Sylphiette corrió hacia él—.
¿Ya terminaste de entrenar con tu padre?
—Por hoy, sí.
—¿Puedes mostrarme ese refuerzo de maná otra vez?
El de la última vez.
—Si quieres.
Daiki se posicionó frente a un árbol joven cercano.
Respiró hondo.
Por un momento, todo estuvo quieto.
Luego se movió.
El corte fue limpio.
Preciso.
Y cuando la espada de madera impactó el tronco, hubo un sonido como de trueno distante.
El árbol se partió limpiamente, cayendo a un lado.
Luego Daiki lo curó usando magia curativa.
Sylphiette aplaudió emocionada.
—¡Increíble!
¡Algún día quiero poder hacer eso!
—Con práctica, podrás.
—Daiki respondió con esa confianza tranquila característica.
Yo observaba en silencio.
No con envidia esta vez.
Sino con…
apreciación, supongo.
Padre tenía razón.
Daiki era excepcional en esto.
Y yo era excepcional en otras cosas.
Juntos, nos complementábamos.
—Hermano.
—Llamé su atención.
—¿Sí?
—¿Alguna vez te comparas conmigo?
Con mi magia, digo.
Daiki me miró con expresión curiosa.
—No.
¿Por qué lo haría?
—Porque yo…
—Hice una pausa—.
Porque yo me comparo contigo.
Con tu espada.
Con tu magia curativa sin conjuro.
Y me frustra no poder igualarla.
Daiki se acercó y se sentó bajo el árbol, invitándome con un gesto a hacer lo mismo.
—Rudeus.
—Comenzó una vez que estuvimos sentados—.
Cuando te miro practicar magia, veo algo que nunca podré replicar.
—¿Qué?
—Creatividad.
Innovación.
Magia combinada que inventas sobre la marcha.
Tácticas que nunca se me ocurrirían porque mi mente es demasiado…
estructurada.
—Pero tú puedes usar magia curativa sin conjuro…
—Sí.
Porque la descifré como sistema lógico.
La desmembré pieza por pieza hasta entender el mecanismo.
—Hizo una pausa—.
Pero tú alcanzaste nivel Santo en agua puramente por talento e intuición.
Sin necesidad de análisis exhaustivo.
Eso es…
eso es algo que yo no tengo.
—Hermano…
—Nos complementamos.
—Continuó—.
Tú piensas de formas que yo no puedo.
Yo pienso de formas que tú no puedes.
Juntos, cubrimos más terreno que separados.
Sylphiette, quien había estado escuchando en silencio, se sentó junto a nosotros.
—¿Y yo?
¿Cómo los complemento?
Daiki y yo intercambiamos miradas.
—Tú.
—Comencé—.
Tienes afinidad natural con el viento que ninguno de nosotros tiene.
Y aprendes increíblemente rápido.
Finalmente, Sylphiette rompió el silencio.
—Entonces…
¿somos un equipo?
¿Oficialmente?
—Siempre lo hemos sido.
—Respondí—.
Desde el día que nos conocimos.
—Tres hermanos.
—Daiki confirmó—.
Tres especialidades diferentes.
Un equipo balanceado.
Sylphiette sonrió.
—Me gusta eso.
Equipo Greyrat.
—¿Equipo Greyrat?
—Repetí—.
Eso suena…
bastante bien, en realidad.
—Es funcional.
—Añadió Daiki, que era su forma de decir que le gustaba.
Y así, bajo ese árbol que se había convertido en nuestro territorio, los tres hermanos sellamos tácitamente un pacto.
No con palabras formales.
No con rituales elaborados.
Solo con entendimiento compartido.
Éramos diferentes.
Complementarios.
Y juntos, más fuertes que separados.
…
Daiki Greyrat Esa noche, mientras revisaba mi cuaderno de entrenamiento, añadí una nueva sección.
• Esgrima Estilo Dios de la Espada: Nivel Avanzado Estilo Dios del Agua: Nivel Avanzado • Magia ofensiva Elemento Fuego: Rango Avanzado Elemento Agua: Rango intermedio Elemento Viento: Rango Intermedio Elemento Tierra: Rango Intermedio • Magia curativa Tipo curación: Rango Avanzado (sin conjuro – dominado) Tipo desintoxicación: Rango Avanzado (sin conjuro – dominado) Tipo barreras: Rango Principiante • Habilidades especiales Combate híbrido (Magia + Esgrima): Funcional Análisis táctico: Innato Control corporal avanzado: Superior para la edad Revisé los números con satisfacción clínica.
Pero lo que había dicho esta tarde a Rudeus también era cierto.
Él tenía fortalezas que yo nunca tendría.
Creatividad.
Pensamiento lateral.
La capacidad de ver conexiones que mi mente analítica pasaba por alto.
[ANÁLISIS: RECONOCIMIENTO DE LIMITACIONES PROPIAS] [EVALUACIÓN: SALUDABLE] …Lo sé, Análisis.
[RUDEUS MUESTRA SIGNOS DE INSEGURIDAD COMPARATIVA] …También lo sé.
Por eso le dije lo que le dije.
[TU MANEJO DE LA SITUACIÓN FUE…
APROPIADO] [EMOTIVO PERO HONESTO] …Gracias.
Cerré el cuaderno y miré hacia la cama de Rudeus.
Mi hermano ya dormía.
En la cama paralela a la mía, su rostro estaba relajado.
Pacífico.
Sin la tensión que había estado cargando últimamente.
Él no necesitaba ser como yo.
Yo no necesitaba ser como él.
Solo necesitábamos ser nosotros mismos.
Y estar ahí el uno para el otro.
Eso era suficiente.
[FAMILIA GREYRAT] [EQUIPO BALANCEADO] [COMPLEMENTARIOS] …Sí.
Exactamente.
Me acomodé en mi propia cama, dejando que el cansancio del entrenamiento me alcanzara.
Mañana entrenaria dos horas con Paul.
Luego una hora de magia.
Exactamente como me gustaba.
—Buenas noches, hermano menor.
—Susurré hacia la cama de Rudeus, aunque sabía que no me escucharía.
Y con ese pensamiento, me dejé llevar por el sueño.
…
Paul Greyrat El desayuno estaba demasiado silencioso….
Normalmente, la mesa es un caos controlado.
Rudeus hablando de plantas, Daiki masticando metódicamente mientras analiza algo en su cabeza, Zenith sirviendo más comida de la que humanamente podemos comer….
Pero hoy no.
Hoy, Zenith estaba sentada con la espalda recta.
Daiki comía con la cabeza baja, evitando mi mirada.
Me aclaré la garganta.
—Entonces…
el clima está bueno para entrenar, ¿no?
—No habrá entrenamiento hoy —dijo Zenith.
Su voz no sonó enojada.
—¿Eh?
Pero Zenith, cariño, Daiki está en una racha increíble, ayer casi domina el…
—Ayer encontré a nuestro hijo desmayado en el patio a medianoche —me interrumpió, levantando la vista—.
Temblando de agotamiento.
Incapaz de caminar hasta su cama.
Me atraganté con el pan.
Miré a Daiki.
—¿Te desmayaste?
Daiki no levantó la vista de su plato.
—Técnicamente fue un colapso muscular temporal inducido por agotamiento de maná y fatiga física extrema.
Recuperé la consciencia en menos de cinco minutos….
—¡Daiki!
—exclamó Zenith.
—…Lo siento, mamá.
Me pasé una mano por la cara.
Mierda.
Sabía que el chico era intenso, pero…
¿Colapso?
—Hijo…
te dije que descansaras.
Te dije específicamente “terminamos por hoy”.
—Sentí que podía perfeccionar el flujo si lo intentaba unas veces más —murmuró Daiki—.
Perdí la noción del tiempo….
—Paul…
—Lo sé, lo sé.
—Levanté las manos en señal de rendición—.
Es mi culpa.
Debí asegurarme de que entrara a la casa.
Debí…
no sé, quitarle la espada.
—No se trata solo de anoche —continuó Zenith—.
Se trata de la intensidad.
Tiene seis años, Paul.
Seis.
Y lo estás entrenando como si fuera a la guerra mañana.
—¡Porque tiene el potencial!
—argumenté, aunque sabía que estaba perdiendo—.
Zenith, no tienes idea.
Lo que hace…
es irreal.
Si no lo nutrimos ahora…
—Si lo rompemos ahora, no habrá nada que nutrir.
Miré a Daiki.
Se veía pequeño en su silla.
A pesar de su fuerza…
Y Zenith tenía razón.
Lo estábamos empujando al límite.
Suspiré, derrotado.
—Tienes razón.
Me dejé llevar.
Me giré hacia Daiki.
—Escúchame bien, Daiki.
A partir de hoy, hay reglas nuevas.
Daiki levantó la vista, con esa expresión de pánico contenido que pone cuando le cambian la rutina.
—¿Reglas?
—Uno: El entrenamiento termina cuando se pone el sol.
Sin excepciones.
Si te veo con una espada después del atardecer, te la confisco por una semana.
…
—Dos: Días de descanso obligatorios.
Uno a la semana.
Sin espada.
Sin magia.
Solo…
jugar.
Leer.
Estar con Sylph y Rudy.
Lo que sea, menos entrenar.
—Pero padre, el progreso se estanca si…
—Tres —interrumpió Zenith—: Si Lilia o yo decimos que te ves mal, paras.
Inmediatamente.
Sin “técnicamente estoy bien”.
Paras.
Daiki nos miró a ambos.
Pensando como siempre.
Probablemente buscando una laguna legal en las reglas….
Finalmente, suspiró.
—Entendido.
Condiciones aceptadas.
Zenith sonrió.
—Bien.
Entonces come tu desayuno, cariño.
Necesitas recuperar energía.
Daiki volvió a su comida.
Zenith me guiñó un ojo discretamente.
Te salvaste por poco, Paul, decía esa mirada.
Le devolví una sonrisa torpe.
—Por cierto —dijo Daiki de repente—.
Si no puedo entrenar físicamente en los días de descanso…
¿puedo hacer meditación de control de maná?
Técnicamente no es ejercicio físico.
Zenith y yo intercambiamos una mirada.
—Hablamos de eso luego —dijimos al unísono.
Rudeus soltó una risita desde el otro lado de la mesa.
—Buena suerte con eso, hermano.
—Sí.
Mucha suerte….
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