Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Episodio 8 Familia expandida
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14: Episodio 8: Familia expandida 14: Episodio 8: Familia expandida Rudeus Greyrat Zenith quedó embarazada.
Al parecer, voy a tener un hermano o una hermana.
Zenith llevaba ya algunos años preocupada por este tema.
Le angustiaba no haber podido concebir otro hijo después de nosotros.
Varias veces la escuché suspirar, preguntándose si acaso ya no era capaz de tener hijos.
Pero hace como un mes, empezó a presentar algunos síntomas: cambios en el sentido del gusto, náuseas, vómitos y fatiga constante.
Lo que se suele conocer como síntomas de embarazo.
Como ya conocía esa sensación, decidió consultar con un médico.
El diagnóstico fue claro: al parecer no había duda alguna.
La familia Greyrat estalló de alegría con la noticia.
—¿Y si es varón?
¿Qué nombre le pondremos?
—¿Y si es niña?
¿Cuál quedaría bien?
—Todavía tenemos habitaciones disponibles, ¿verdad?
—Podemos reutilizar la ropa que usaron Rudy y Daiki cuando eran bebés.
La conversación no tenía fin.
Ese día fue alegre de principio a fin, y no faltaron las risas en ningún momento.
Yo también me alegré de forma honesta.
Daiki, por su parte, solo asintió con aprobación cuando le hicieron la pregunta.
Pero yo noté algo más en sus ojos.
Un brillo cálido…
algo que casi nunca dejaba ver tan abiertamente.
Los hermanos tienden a destruir todo lo que aprecio…
Y entonces…
El problema llegó un mes después de aquella celebración.
La noticia del embarazo de Lilia sacudió toda la casa.
—Disculpen…
Estoy embarazada.
—anunció Lilia con absoluta serenidad, justo cuando toda la familia estaba reunida.
En ese preciso instante, el hogar de los Greyrat quedó completamente helado ¿Quién es el padre…?
Nadie se atrevió a formular esa pregunta.
El ambiente no lo permitía.
Pero todos lo presentían.
Lilia era una sirvienta muy dedicada.
Casi la totalidad de su salario lo enviaba a su familia en la capital.
A diferencia de Paul, que con frecuencia salía del pueblo para resolver algún problema local, o de Zenith, que asistía regularmente al dispensario, Lilia apenas abandonaba la casa salvo por motivos estrictamente laborales.
Tampoco se le conocían amistades cercanas, mucho menos alguien con quien tuviera una relación íntima.
¿Acaso fue algo pasajero con algún desconocido…?
Yo, sin embargo, lo sabía.
Sabía que Paul, desde que Zenith quedó embarazada, había tenido que adoptar un régimen de abstinencia.
Sabía que, incapaz de contener sus impulsos, había ido sigilosamente a la habitación de Lilia en medio de la noche.
Y no estaban jugando a las cartas precisamente.
—L-Lo siento…
P-Probablemente es mío —confesó Paul, sin resistencia alguna.
No, en realidad es de reconocer.
Quizá debería alabar su honestidad.
Aunque, pensándolo bien, tal vez no fue por virtud sino por vergüenza: no podía mentir después de todos los sermones que solía darme delante de toda la familia…
Que sea honesto.
Que actúe como un hombre.
Que proteja a las chicas.
Que nunca actúe con falsedad…
Sí, seguramente por eso fue incapaz de ocultarlo.
Y está bien así.
No te odio por eso, Paul.
Ese lado tuyo…
no me desagrada.
Claro que la situación es un desastre absoluto…
Lo pensé al ver a Zenith levantarse de golpe con el rostro endurecido como una estatua y levantar la mano con furia.
Y así fue como, con Lilia sentada a la mesa, comenzó una reunión familiar de emergencia.
—Entonces, ¿qué piensas hacer?
Desde mi punto de vista, Zenith se mostraba extremadamente serena.
No montó una escena histérica ante su esposo infiel; simplemente le dio una bofetada.
En la mejilla de Paul quedó marcada una hoja de arce roja —Después de ayudar con el parto de la señora, pensaba tomarme la libertad de abandonar esta casa.
respondió Lilia.
—¿Y el niño?
—Después de dar a luz en la región de Fittoa, tenía la intención de criarlo en mi tierra natal.
—Tu tierra natal quedaba hacia el sur, ¿verdad?
—Sí.
—Después de dar a luz, con tu cuerpo debilitado, no resistirás un viaje tan largo.
—..Puede ser, pero no tengo a quién más recurrir.
La región de Fittoa está al noreste del Reino de Asura.
Según mis conocimientos, un viaje desde allí hacia el “sur” del reino tomaría casi un mes, incluso usando carruajes compartidos.
Aun así, el Reino de Asura es un lugar seguro, con buen clima.
No sería un trayecto extremadamente duro…
en condiciones normales.
Pero Lilia no tiene dinero.
No puede costearse un carruaje y tendría que ir a pie Fue entonces cuando intervine.
—Madre…
si ahora tengo dos nuevos hermanos, ¿por qué el ambiente es tan pesado?
Intenté sonar lo más infantil posible.
—Porque tu padre hizo algo que no debía.
—Entiendo…
pero, ¿realmente Lilia podía oponerse a padre?
Bien.
Perdón, Paul, pero esta vez cargarás con todo.
Te lo mereces.
Y así comencé mi elaborada mentira sobre Paul chantajeando a Lilia.
Una mentira estratégica.
Necesaria.
* Daiki Greyrat Mi hermano estaba diciendo mentiras para cambiar la narrativa.
Es decir, cada palabra que decía, cada acusación, estaba pensada para cargar toda la culpa sobre Paul, quien, objetivamente, tenía la mayor responsabilidad, y con eso exonerar a Lilia.
Aun así, sabía que esta situación no iba a ser tan fácil…
o, al menos, que esas mentiras tal vez no funcionarían.
Considerando que Paul había dudado de mi madre cuando yo nací, era posible que, en este caso, ya no la perdonara.
—Madre.
Rudy tiene razón.
Todos se giraron hacia mí.
—Lilia-san tiene culpa.
Y expulsarla sería…
—hice una pausa— …sentenciarla a muerte.
Zenith parpadeó.
—¿Muerte?
Daiki, eso es…
—Un mes caminando hacia el sur —la interrumpí—.
Con un recién nacido.
En pleno invierno.
Sin dinero para posadas decentes.
Sin un médico…
sin nadie.
Fui levantando un dedo por cada idea.
—Durante el camino habrá bandidos.
Demasiados.
En este contexto, una mujer sola cargando con un bebé es un blanco fácil.
El frío es capaz de matar en una sola noche.
Y si se enferma después del parto…
sin nadie que la ayude…
eso ya es, de hecho, una sentencia.
Tragué saliva.
—Siendo realistas…
hay un setenta u ochenta por ciento de probabilidades de que uno de los dos no llegue con vida al final del viaje.
—bajé la mano—.
Y existe una probabilidad muy seria de que mueran ambos.
Zenith se llevó ambas manos a la boca, tal vez sorprendida por mi análisis frío, algo que un niño de mi edad no debería estar diciendo.
Rudeus había actuado con inocencia para exonerar a Lilia, pero yo sabía que eso no sería suficiente.
—Daiki…
—murmuró Paul desde su rincón.
Volví a mirar a mi madre, ignorando por completo lo que decía mi padre.
—Incluso si lograran llegar con vida…
lo harían sin dinero, sin provisiones y dependiendo por completo de la buena voluntad de una familia que, con toda probabilidad, ya está al límite.
Miré hacia Lilia, que permanecía de pie al fondo, con ambas manos entrelazadas, a punto de llorar.
—Ella envía casi todo su salario a casa.
Eso solo puede significar que allí no sobra nada.
Que apenas se sostienen.
Y si están así ahora…
añadir una hija que vuelve sin ingresos y un bebé que necesita comida, ropa y cuidados…
Bajé la mirada.
—Es pedirles que se hundan con ella.
Rudeus me observaba con algo parecido al asombro.
—Pero…
pero ella y Paul…
traicionaron mi confianza…
—dijo Zenith, cabizbaja.
—Sí.
Padre traicionó tu confianza.
Y eso es…
imperdonable.
Paul bajó la cabeza.
—Pero castigar a Lilia con la expulsión…
—la miré directamente— no es justicia.
Es exceso.
Y arrastra al bebé con ella.
Me acerqué y tomé la mano de mi madre con cuidado.
—Madre.
Tú me enseñaste que la familia protege a los débiles.
Que cuidamos a quienes no pueden cuidarse solos.
Hice una pausa.
—Expulsarla sería…
contradecir todo lo que nos dijiste.
Todo lo que dices que somos como familia.
Zenith me miraba con los ojos amenazando con llenarse de lágrimas, aunque todavía se contenía.
—Ese bebé…
es mi hermano.
El de Rudy.
Compartimos padre.
No podemos…
no puedo permitir que mi hermano menor muera antes siquiera de nacer.
Entonces dije las palabras que sabía que cambiarían todo.
—Y si aun así decides expulsarla…
entonces iré con ella.
—¿¡QUÉ!?
—dijeron todos al unísono.
Paul se levantó de golpe; la silla casi cayó hacia atrás.
—¡Hijo, tú no…!
—Silencio, padre.
Esto es todo tu culpa.
Iré con ella.
No me importa cuánto tiempo pase.
La protegeré de los bandidos.
Yo mismo cazaré para proveerle comida.
Usaré magia de curación si enferma o tiene complicaciones…
y, sobre todo, cargaré a mi hermano menor cuando ella esté cansada.
Miré a mi madre.
—Porque ese bebé es mi hermana o hermano.
Comparte mi sangre.
Y no voy a permitir que mi hermano menor muera en la nieve antes de tener la oportunidad de vivir.
—Daiki, eso es…
¡tienes seis años!
—casi gritó Zenith—.
¡No puedes…!
—Sí puedo…
Soy más competente que la mayoría de los aventureros adultos de nivel medio.
Sabes que tengo nivel avanzado en el Estilo Dios de la Espada.
Nivel avanzado en el Estilo Dios del Agua.
Nivel intermedio en el Dios del Norte.
También tengo magia de curación de nivel avanzado, sin cántico.
Alcé la mano.
Una luz verde brotó de mi palma.
—Puedo cazar.
Puedo pelear.
Puedo curar.
Puedo proteger…
y usaré cada una de esas habilidades para asegurar que Lilia y mi hermano menor lleguen sanos y salvos a su destino.
Paul me miraba con una expresión de absoluto horror.
—Daiki…
no puedes hablar en serio…
—Completamente en serio —lo miré directamente—.
Tú creaste esta situación…
Yo no permitiré que las consecuencias de tus acciones maten a dos personas inocentes.
Zenith intentó abrir la boca, pero al no saber qué decir, volvió a cerrarla.
—Tú…
tú irías…
¿de verdad irías?
—Lo siento, madre…
pero es mi deber como hermano mayor proteger a mis hermanos menores.
Incluyendo al que aún no ha nacido.
Sin vacilar.
—Es mi deber como hermano mayor proteger a mis hermanos menores.
A todos ellos.
Incluyendo al que aún no ha nacido.
Rudeus se puso a mi lado.
—Yo también iría.
Esta vez, el sorprendido fui yo.
—Hermano, tú no…
—Sí iría.
Si mi hermano mayor va, yo voy.
Somos un equipo, ¿recuerdas?
Y ese bebé también es mi hermano menor.
Así que si Daiki va a protegerlos, yo también lo haré.
—Rudeus…
—sollozó Zenith.
—Lo siento, madre.
Paul se había quedado completamente sin palabras, mirando a sus dos hijos con una expresión de devastación absoluta.
Éramos dos niños de seis años, dispuestos a arriesgarlo todo para proteger a un hermano que ni siquiera había nacido aún.
—Ustedes…
ustedes dos…
Miró entonces a Lilia, que ahora lloraba inconsolablemente.
Finalmente, Zenith se cubrió el rostro con ambas manos y rompió en llanto.
—Lilia…
quédate.
Quédate con nosotros.
¡Ya eres parte de la familia!
¡No permitiré que te vayas así como así!
Hizo una pausa y me miró directamente, a través de las lágrimas.
—Y definitivamente no voy a perder a mis dos hijos solo porque estoy enojada con mi esposo.
Se acercó y nos abrazó con fuerza.
—Ustedes dos…
¿cómo criamos niños tan increíbles?
¿Tan nobles?
No respondimos.
Solo le devolvimos el abrazo.
Por encima del hombro de Zenith, vi a Lilia mirándome con una expresión que jamás olvidaría.
Un niño de seis años acababa de declarar que abandonaría todo para protegerla a ella y a su bebé.
Y si estaba dispuesto a hacerlo.
…
Lilia Seré clara: el embarazo es culpa mía.
Fui yo quien sedujo a Paul.
Cuando llegué a esta casa, no tenía esa intención.
Pero noche tras noche, escuchando los gemidos de ambos y limpiando una habitación impregnada del olor entre un hombre y una mujer, yo también soy mujer, y la tensión sexual se acumuló.
Aquel tiempo, cuando ambos éramos mucho más jóvenes y dormíamos en el dojo de kendo.
El hombre fue Paul, y fue una noche de acercamiento forzado.
No me desagradó, pero tampoco estábamos enamorados.
No podría decir que fue romántico, y al principio incluso lloré.
Pero el siguiente que intentó cortejarme fue un ministro seboso.
Comparado con eso, lo de Paul no me parecía tan malo y dejé de darle importancia.
Cuando supe que Paul estaba buscando una sirvienta, pensé que podría usar aquel episodio como moneda de negociación.
Así que sí, fue culpa mía.
Pensé que el embarazo era un castigo.
Un castigo por ceder a mis deseos y traicionar a Zenith.
Pero…
fui perdonada.
Daiki-sama me perdonó.
Ese niño tan inteligente comprendió perfectamente lo que había pasado, guio la conversación con precisión quirúrgica y logró que todo terminara de la forma más limpia posible.
Con una calma que parecía la de alguien que ya había vivido algo parecido en el pasado.
Esa calma terrible.
Esa comprensión sin una pizca de emoción.
Inquietante…
no, no debo llamarlo así nunca más.
Lo he evitado todo este tiempo por considerarlo inquietante.
Ese niño frío.
Preciso.
Casi inhumano en su lógica calculada.
Él debió notar que lo evitaba.
Y aun así, cuando todo se derrumbaba, cuando mi vida se despedazaba, cuando mi bebé corría peligro de muerte en la nieve…
él se ofreció sin vacilar.
No me salvó con mentiras estratégicas como Rudeus-sama.
No buscó una solución elegante que me dejara en paz.
Daiki-sama entró en esa habitación y presentó la realidad brutal: mi expulsión significaría muerte.
Pura y simple.
Y cuando eso no fue suficiente, cuando vio que aún no era bastante, se ofreció a sí mismo como sacrificio.
“Si ella va, yo voy.” Ese niño al que he despreciado.
Ese niño inquietante.
Ese niño inhumano.
Es mi salvador.
Me avergüenza haberlo menospreciado durante años.
Es un hombre digno de respeto absoluto.
Un hombre al que debo servir con la mayor lealtad, hasta el día de mi muerte.
No…
lo he ignorado y despreciado tanto, que mi gratitud sola no bastará para compensarlo.
Nunca bastará.
Sí…
si este niño en mi vientre nace sano y crece…
Lo haré servir a Daiki-sama.
Con todo mi ser.
Con cada fibra de mi existencia.
Porque le debo todo.
…
Zenith Greyrat Esa noche, después de que mis hijos se durmieran, me encontraba sola en mi habitación.
La cama era grande y, aun así, ahora mismo me sentía muy pequeña.
Ya lo había asumido hacía tiempo.
Con las manos sobre mi vientre en crecimiento, me dejé arrastrar por el peso de todo lo que había ocurrido.
Cuando estaba a punto de perderme en mis pensamientos, la puerta se abrió lentamente.
Paul apareció del otro lado, entrando con cautela, como si esperara que le lanzara algo.
Tal vez debería haberlo hecho.
Se acercó solo un poco.
—Zenith…
—Cierra la puerta.
Obedeció.
La cerró con la misma suavidad con la que había entrado y se quedó allí, rígido, como un niño esperando un castigo.
Señalé la silla junto a la ventana.
—Siéntate.
Paul lo hizo sin decir nada.
Y aunque hubiera intentado hablar, no se lo habría permitido.
Lo que venía ahora era demasiado importante.
—¿Recuerdas el día que nació Daiki?
—Por supuesto que recuerdo…
—¿Recuerdas lo primero que hiciste cuando lo viste?
Paul hizo una mueca de dolor.
—Zenith, por favor, yo ya me disculpé por eso…
—Dudaste de mí —Lo ignoré—.
Viste a nuestro hijo con cabello negro y ojos rojos, rasgos que ninguno de nosotros tiene, y tu primera reacción fue acusarme de infidelidad.
—Lo sé.
Lo sé, y me arrepiento cada día de— —Me enfrentaste.
Delante de Lilia.
Delante de nuestro hijo recién nacido.
Me preguntaste cómo era posible que ese niño fuera tuyo.
Hice énfasis en cada palabra.
—No tienes idea de cómo se sintió eso.
Acababa de dar a luz a nuestro hijo.
Estaba exhausta, adolorida y completamente vulnerable.
Tenía el cuerpo destrozado y mi mente apenas podía procesar que había sido madre…
y el hombre que amaba, en quien decidí confiar, al que me entregué, me miraba como si fuera una ramera mentirosa.
Solo porque Daiki era diferente.
—Suspiré—.
Solo decidiste confiar cuando nació Rudy.
Solo entonces, cuando viste que tu segundo hijo se parecía a ti, dejaste de dudar de mí.
Necesitaba liberar energías, así que me levanté y miré hacia otro lado.
Despues de unos minutos, dejando que mis palabras cayeran con todo su peso en Paul, fue entonces cuando decidí mirarlo.
—Te terminé perdonando…
porque te amaba.
Sabía de tus dudas; aunque fueron hirientes, venían de la inseguridad y no de la maldad.
Vi tu arrepentimiento, uno genuino.
Paul, eras el hombre al que le había entregado mi corazón.
Estuve a punto de quebrarme, pero mantuve la compostura.
—Y…
y ahora…
ahora resulta que fuiste tú quien me fue infiel.
¿Cuánto tiempo planeabas ocultarlo?
¿Cómo podías hablarles de honor a tus hijos cuando antes estabas acostandote con otra mujer que no era tu esposa?
Paul se dejó caer en la silla, completamente derrotado, por el peso de la verdad.
—La ironía es casi cómica —Miré hacia el techo—.
Si no fuera tan dolorosa.
Antes de continuar, me quedé pensnado un momento, hasta que decidí hablar.
—¿…Sabes que?
No estoy sorprendida.
Para nada.
—Suspiré—.
Fue Elinalise quien me advirtió.
¿Sabes lo que dijo?
“Zenith, Paul es debil con las mujeres.
Si te casas con el, eso va a pasar eventualmente.
Prepárate para ello o no lo hagas” —Zenith….
—Yo elegí casarme contigo aún sabiendo eso…
Porque te amaba.
Porque vi al hombre que podías ser cuando realmente te esforzabas.
Porque creí, de manera ingenua, que mi amor sería suficiente.
Caminé de vuelta hacia la cama, mirándolo desde arriba.
—Pero en el fondo, siempre lo supe.
Siempre supe que tarde o temprano tu debilidad ganaría.
Solo esperaba…
esperaba que tardara más.
Que me dieras más años de paz.
Más recuerdos felices antes de romperme el corazón….
Y todavía te amo…
Maldita sea, todavía te amo.
Y eso me hace sentir estúpida, débil y patética Estas palabras me dolía mucho.
Nunca creí decirlas, aunque estuviera preparada, no esperaba que me doliera tanto.
Le expliqué que Lilia se quedará, no por el, sino porqué nuestros hijos…
nuestros hermosos hijos eran capaces de dejar la casa por el error de su padre.
Paul se levantó, caminando hacia la puerta como un hombre derrotado, arrastrando los pies.
Cuando llegó al umbral, se detuvo sin girarse.
—Zenith…
nunca fue que no te amara lo suficiente.
Siempre fuiste…
siempre has sido todo para mí.
Yo solo…
soy débil.
Patéticamente débil.
—Sí.
Lo eres.
Y eso es lo que más duele.
—Seré mejor….
Te lo juro.
Seré el hombre que mereces.
—Eso espero.
Porque…
esta es tu ultima oportunidad.
No habrá una segunda.
Esas tonterias de “la próxima vez entenderé”, no entran.
Eso fue todo.
Espero sepas aprovecharlo bien.
Asintió, salió y cerró la puerta tras él.
Volví a posar las manos sobre mi vientre.
—Hijo…
—susurré—.
Hija…
—Vas a nacer en una familia complicada.
Con un padre que cometió errores terribles.
Con una madre que los perdonó, sí….
Con hermanos mayores que comprenden cosas que ningún niño debería comprender.
Pero también vas a nacer en una familia llena de amor.
Con hermanos que darían todo por protegerte.
Con padres que, a pesar de sus fallas devastadoras, harán lo mejor que puedan.
Respiré hondo.
—Eso tendrá que ser suficiente.
Así, aferrada a la decisión de que mis hijos se quedaran, me permití llorar todo de una vez.
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