Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
  4. Capítulo 16 - 16 Episodio 9 Viaje hacia Roa
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Episodio 9: Viaje hacia Roa 16: Episodio 9: Viaje hacia Roa Buenas, soy Paul Greyrat, un hombre que está a punto de ser derrotado por su hijo de siete años.

Y no estoy hablando de forma metafórica.

Ni siquiera es una advertencia.

Lo digo en este preciso instante, con el sudor cayendo por mi frente, que mi hijo está por derrotarme mientras me mira con esa calma que siempre ha tenido.

Fui un padre idiota, lo admito.

Y como esposo, fallé en lo más básico, la confianza…

Durante el parto, acusé a Zenith justo después de que ella hubiera usado hasta la última gota de su fuerza para traer a nuestro hijo al mundo.

¿Por qué?

Porque soy un hombre idiota, indeciso e inseguro.

Dejé que mis miedos y mis propias acciones pasadas tomaran el control.

Intenté ver en Zenith el reflejo de mi propia inmundicia, pero lo único que recibí de vuelta fue una mirada de decepción.

Una que todavía recuerdo a día de hoy.

Sin embargo, cuando este niño empuñó una espada y demostró su potencial, supe de inmediato que era mi hijo.

En el fondo lo sabía desde que era un bebé, despues de todo, compartimos la misma marca de nacimiento…

pero verlo pelear lo confirmó.

Aunque debo admitir que él ve la espada de otra forma.

No tiene mi estilo desenfrenado; él es serio, técnico, letal.

Como siempre.

—¡Otra vez, padre!

¡No es suficiente!

No lo dijo como una petición.

Se lanzó hacia mí con una ferocidad intacta, como si acabáramos de empezar el entrenamiento.

Por puro reflejo, desvié su ataque y me hice a un lado, bajando deliberadamente la espada para obligarlo a entender que habíamos terminado.

Ya había sido derrotado.

Esta era la vigésima vez que perdía esta mañana.

Llevaba veinte derrotas consecutivas.

Pero lograba percibir que cada victoria mía se sentía más…

¿hueca?

Difícil, sin duda.

Ganarle se estaba volviendo tan complicado como intentar sostener arena sobre el filo de mi espada.

—Hijo…

Por favor, tu madre va a matarme, descansa un poco…

—dije, secándome el sudor de la frente con el dorso de la mano.

—Puedo continuar.

—Pero yo necesito descansar.

—Pero…

—¡Hazle caso a tu padre, cariño!

—gritó Zenith desde la ventana.

El grito hizo que mi hijo diera un salto y soltara la espada de inmediato.

—¿A ella sí le haces caso, eh?

—resoplé,—.

Hmpf, me rompes el corazón.

Zenith salió y me lanzó esa mirada que decía claramente: “Gané, querido”.

Se acercó a Daiki con un trapo y comenzó a secarle la frente y el cabello empapado en sudor.

—…Hijo, ¿qué hablamos sobre el entrenamiento excesivo?

—…Lo siento, mamá…

Solté una pequeña risa.

Ver a alguien tan serio y reflexivo como él siendo tratado como el niño de siete años que realmente era, mientras luchaba por mantener su fachada de madurez…

Tenía que admitirlo, era tierno y bastante gracioso.

—Míralo, todo un hijito de mamá…

—bromeé.

Pero Zenith me fulminó con la mirada al instante.

—¿Acaso quieres dormir en el cobertizo con las herramientas de cultivo, querido?

Me quedé callado.

No tenía el valor para replicar…

Cuando ella dictaba sentencia, mi única opción era quedarme quieto.

—Eso pensé…

—dijo satisfecha.

Luego, volvió su atención a nuestro hijo y lo estrechó con fuerza contra su pecho.

Pequeño bribón, pensé, viendo cómo se dejaba mimar, aprovechándose de la situación…

—Hijo, te dejé la comida servida.

Ve a comer algo, lo necesitas para crecer fuerte.

Él asintió y entró a la casa de inmediato.

Había intentado disimularlo durante el entrenamiento, pero su estómago estaba rugiendo con la ferocidad de una Bestia de Rango A…

Claro que, si vamos a comparar niveles de peligro, Zenith cuando se enoja es una amenaza de Rango SS.

Esperé a que la puerta se cerrara antes de cambiar el tono.

—Zenith.

—¿Sí, querido?

—¿Cuándo llega la respuesta?

—¿De la carta?

—Se detuvo un momento—.

Debería llegar hoy o mañana.

Miré a Zenith y luego desvié la vista hacia la espada de práctica que Daiki había dejado en el suelo.

—Ese niño…

Si se queda aquí, se estancará.

Ya casi no puedo enseñarle nada nuevo.

Por eso necesitamos a Ghislaine.

—Y Rudy necesita ese trabajo para poder pagar la matrícula de Sylphiette en la universidad…

—Zenith suspiró, con una media sonrisa—.

Estaba tan entusiasmado con la idea que no tuve corazón para negarme.

– Pasaron unas horas…

tres, tal vez cuatro.

No estoy seguro.

A veces, cuidar de dos bebés al mismo tiempo hace que pierdas totalmente la noción del tiempo.

Con Rudy y Daiki lo tuve demasiado fácil.

Fue un paseo; nunca lloraban, nunca se quejaban.

Me malacostumbraron.

Pero estas pequeñas…

Ellas lloran por casi todo.

Ahora que por fin hay silencio, ambas sostienen mis dedos con fuerza.

—¿Padre?

¿Me mandaste a llamar?

Se acercó a la cuna compartida y posó sus manos suavemente sobre sus frentes.

Inmediatamente aplicó magia de curación y desintoxicación; siempre se aseguraba de que estuvieran bien, especialmente hoy que hacía un calor insoportable.

Ellas soltaron una risita al ver las partículas.

Reaccionaron con alegría, tal como hacen siempre que él está cerca.

—Es sobre tu futuro, hijo.

—¿Mi futuro?

—Por eso quería hablarlo contigo antes…

Sé que lo vas a entender, ¿verdad?

Él pareció considerarlo por un momento.

—Vas a ir a la ciudad de Roa en unos días…

—…¿Qué?

—Allí tendrás una maestra especial.

Alguien mucho mejor que yo, capaz de impulsarte de verdad en el camino de la espada.

—Me tragué mi orgullo entero—.

Yo ya no puedo enseñarte nada más, hijo.

He tocado mi techo contigo.

Lo que sigue depende de ti.

Además…

tendrás que enseñarle a leer y escribir.

Digamos que es parte del pago, porque sus lecciones cuestan muy caro.

Norn y Aisha finalmente se quedaron dormidas.

Con un suspiro, me dejé caer en la silla frente a él.

—Y sobre Rudy…

Él también irá a Roa, pero con un propósito distinto…

Su trabajo será enseñar magia, aritmética y otras materias teóricas que sinceramente no recuerdo a la ojo-sama.

Pero escucha, esto es lo importante: voy a tener que noquear.

Hice una pausa, mirándolo a los ojos para que entendiera que no era una broma.

—Lo haré durante un entrenamiento.

Tú lo conoces tan bien como yo; sabes que jamás aceptaría irse por las buenas y dejar a Sylphy atrás.

—Está bien, padre.

Lo entiendo.

Lo dijo sin más.

Luego levantó la mirada, mostrando una pequeña grieta en su armadura.

—¿Al menos me permitirás despedirme de madre, de Lilia y de mis hermanas?

—Claro que sí…

—Aliviado de que no opusiera resistencia, a este niño no podria simplemente “dormirlo” sin tener que dañarlo de más—.

Solo no le digas nada a tu hermano.

Ya sabes cómo es…

…

Daiki Greyrat – Dias Despues Bajé hacia la cocina.

—¿Daiki?

—Mamá…

Necesito decirte algo.

Las palabras apenas lograban salir…

Aún me costaba asimilarlo.

—¿Qué pasa, cielo?

—Ya sabes…

Hoy es el día.

Debo irme a Roa con Rudy.

Serán cinco años…

—Hice una pausa—.

Tiene que ser una sorpresa.

Rudy no sabe que lo noquearán para llevarlo…

pero yo…

yo quería al menos poder despedirme de ti apropiadamente.

Ella soltó el cucharón y llevó sus manos hacia su boca, mientras sollozaba, se acercó a mi y acarició mi cabello.

—Hijo…

—No…

por favor, no llores…

aún…

—supliqué.

Sentí cómo mi propia voz se quebraba.

Había imaginado este momento mil veces en mi cabeza, ensayando mi estoicismo, pero jamás pensé que la realidad sería tan desgarradora.

Fue inútil.

En el momento en que mi madre me envolvió en sus brazos, mi “armadura” se hizo pedazos.

No pude evitar llorar —Mi bebé…

Mi precioso bebé.

—Mamá…

—Me aferré a ella, enterrando mi cara en su ropa—.

Voy a…

voy a extrañarte tanto.

—Cinco años es mucho tiempo…

No te veré crecer…

—susurró ella entre llanto.

—Volveré, madre…

Y cuando lo haga, seré mucho más fuerte.

Me convertiré en alguien de quien puedas estar verdaderamente orgullosa.

Ella se apartó levemente para limpiarse las lágrimas con los dedos.

—Siempre he estado orgullosa de ti, Daiki.

Desde que eras un bebé e intentabas alcanzar a tu hermano con tus bracitos torpes…

—Mamá…

Luego apareció Lilia con Aisha en brazos.

—Daiki-sama…

¿Es cierto?

—Sí, Lilia-san.

Se acercó, cambiando a Aisha a un brazo para poder tocar mi hombro.

—Fue un honor cuidarlo.

Por favor, cuide de sí mismo.

Y del joven amo Rudeus.

—Prometo hacerlo, lo juro.

Luego me acerqué hacia la cuna de Norn.

Ella solo me miraba, sin entenderlo del todo.

—Cuídate, Norn…

Cuando regrese, ya serás una niña grande, y podré decirte que estoy orgulloso y agradecido de tenerte.

Aisha, desde los brazos de Lilia, balbuceó algo que no se entendia, pero podria jurar que tenía intención, luego alcanzó mi cabello con sus manitas.

—Y tú también, Aisha…

Prometo ser un buen hermano mayor y protegerlas.

Zenith se arrodilló junto a mí, abrazándome desde atrás.

—¿Tienes que irte hoy?

¿No podemos…?

—Padre tiene razón.

Si esperamos, Rudy encontrará formas de retrasarlo.

Y yo también podría empezar a dudar….

—Eres tan fuerte….

Más fuerte de lo que un niño de siete años debería ser.

—Tuve que serlo…

La abracé una vez más.

—Te amo, mamá.

—Yo también te amo, mi bebé.

…

Rudeus Greyrat Ocurrió en medio del entrenamiento de esgrima.

—Oye, Rudy.

—Sí, ¿qué sucede, padre?

Me esforcé en poner la expresión más firme posible y escuché con atención las palabras de Paul.

Después de todo, este sería mi primer trabajo, incluso contando mi vida pasada.

Voy a dar lo mejor de mí.

—Dime…

si alguien te ordenara separarte de Sylphy, ¿qué pensarías?

—¿Ah?

¡Por supuesto que no me gustaría!

—Lo sabía.

—¿De qué hablas?

—No, nada.

Al final, aunque lo intentara, terminarías dándole la vuelta con tus palabras.

En el momento en que dijo eso, Paul cambió por completo.

Incluso yo, un simple aficionado, pude sentir cómo liberaba una sed de sangre intensa.

—¡¿Eh?!

Con una presión silenciosa, Paul se lanzó hacia mí.

Muerte.

Esa palabra cruzó por mi mente.

Instintivamente, desaté todo mi maná y me preparé para enfrentar a Paul.

Usé magia de Viento y Fuego al mismo tiempo, creando una explosión entre nosotros.

Salté hacia atrás, empujado por el calor y la onda expansiva, alejándome lo más posible.

Ya lo había simulado muchas veces.

Contra Paul, no tendría oportunidad si no conseguía primero tomar distancia.

La explosión también me dañaba a mí, pero si lograba hacerlo vacilar, podría ganar algo de espacio.

Pero Paul se abalanzó hacia adelante, como si la explosión no hubiera existido.

¡Sabía que no tendría efecto!

Aunque ya lo había previsto, no pude evitar sentirme ansioso.

¡Tenía que esquivar!

Hacia atrás no sirve, su pisada es más rápida.

Reflexivamente, pensé eso y creé una onda de choque a un costado, como si me golpeara a mí mismo.

El impacto me lanzó con violencia hacia un lado.

Un sonido cortante, helado, rozó mis oídos.

Pude ver cómo la espada de Paul pasaba justo por donde estaba mi cuello.

Bien.

Había evitado el primer golpe.

Eso era un logro enorme.

Aunque seguía estando cerca, ya había creado distancia.

Podía ver la posibilidad de ganar.

Entonces hundí el suelo bajo el pie de Paul.

Este cayó en un agujero…

o al menos eso pensé.

En un instante, transfirió su peso al otro pie y avanzó casi sin demora.

¿¡Tengo que detenerle las dos piernas a la vez!?

Creé un lodazal debajo de mí.

Pero antes de hundirme, impulsé un chorro de agua desde la planta de mi pie, retrocediendo como si me deslizara.

¡Maldición, demasiado lento…!

Cuando me di cuenta, ya era tarde.

Paul, desde el borde del lodazal, dio un paso que hundió el suelo.

Solo con esa pisada, acortó la distancia y se me echó encima.

—¡U-uaaahhh!

Desesperado, lo enfrenté con mi espada.

Fue un golpe torpe, sin forma alguna.

Al blandirla con fuerza bruta, una sensación desagradable recorrió mi mano.

Me desvió con una técnica del estilo Dios del Agua…

Eso lo entendí al instante.

Si me había desviado con el estilo Dios del Agua, significaba que vendría un contraataque.

Lo sabía, pero no podía reaccionar.

Como en cámara lenta, la espada de Paul se dirigió directo a mi cuello.

Ah…

menos mal que era una espada de madera…

Sentí el impacto en mi cuello, y mi conciencia se hundió en la oscuridad.

…

Cuando abrí los ojos, me encontré dentro de una pequeña caja.

Por el fuerte traqueteo que sentía, comprendí que estaba en el interior de algún medio de transporte.

Quise incorporarme, pero no logré mover ni un solo dedo.

Al mirar hacia abajo, descubrí que estaba completamente atado con cuerdas.

Me habían enrollado como en un suma-maki, atado a una estera.

…¿Qué demonios está pasando…?

Giré el cuello y vi que una mujer estaba sentada frente a mí.

Tenía la piel de un tono chocolate, vestía ropa de cuero muy reveladora, su cuerpo estaba musculoso y lleno de cicatrices, y llevaba un parche en el ojo.

Su rostro transmitía una presencia firme y autoritaria, del tipo anego, la jefa.

Era, literalmente, la imagen de una guerrera de fantasía.

Además, tenía orejas animales y cola parecida a la de un tigre, con bastante pelaje.

…¿Será de la raza de las bestias…?

Al parecer notó que la estaba observando, porque nuestras miradas se cruzaron.

—Mucho gusto, me llamo Rudeus Greyrat.

Disculpe por recibirla en este estado tan vergonzoso.

Decidí presentarme primero.

La base de toda conversación es tomar la iniciativa.

Si tomo la delantera, controlo la situación.

—Para ser hijo de Paul, eres sorprendentemente educado.

—También soy hijo de mi madre.

—Ya veo, eras hijo de Zenith.

Parecía conocer a mis padres.

Eso me tranquilizó un poco.

—Soy Ghislaine.

A partir de mañana, cuento contigo.

‹¿A partir de mañana?

¿Qué demonios está diciendo?› —Eh…

bueno, igualmente, un placer conocerla.

Por lo pronto, usé magia de Fuego para quemar las cuerdas y liberarme.

El cuerpo me dolía, tal vez porque había dormido en una posición extraña.

Me estiré con fuerza.

Qué alivio.

Estoy acostumbrado a mover solo los dedos en espacios reducidos, pero estar atado frente a una onee-san con aires de dominatrix…

pues, me hacía sentir raro.

Observé el entorno: estábamos en una especie de pequeña caja.

Había asientos enfrentados adelante y atrás, y yo estaba sentado frente a Ghislaine.

A los lados había ventanas por las que se podía ver el exterior: un campo desconocido.

Como había supuesto, era un vehículo.

El traqueteo era fuerte.

Desde la dirección delantera se escuchaba un “paka-paka”.

Probablemente caballos.

Por alguna razón, me encontraba en un carruaje junto con una mujer musculosa.

—Rudy.

Esa voz.

Giré mi cabeza hacia el lado.

Daiki estaba sentado junto a mí, mirándome con esa expresión neutral característica.

—¿¡Hermano!?

¿Tú también fuiste…?

Pero me detuve al ver su pequeña maleta a su lado.

Y la forma en que estaba sentado.

Relajado.

No atado.

No sorprendido.

—Viniste voluntariamente.

—No fue una pregunta.

—Sí.

—Ya veo.

No dije nada más por el momento.

Necesitaba procesar esto.

‹Cálmate.

Respira.

Piensa con frialdad.› —¿Cómo llegué a esto?

—Murmuré, más para mí mismo que para los demás.

Primero, Paul me atacó de repente y me dejó inconsciente.

Luego, cuando desperté, estaba atado y dentro de este carruaje.

Lo más probable es que me haya dejado inconsciente por alguna razón y me arrojara aquí.

Dentro del carruaje estaba esta mujer musculosa que me dijo eso de “a partir de mañana, cuento contigo”.

Y mi hermano, quien claramente sabía lo que pasaría.

Hablando de Paul…

recuerdo que, antes de atacarme, me dijo unas cosas extrañas.

Algo como: “Sepárate de Sylphy”…

…¡Ese maldito…!

¿¡Acaso pretende ponerle las manos encima a mi Sylphy!?

No, espera.

Cálmate.

Paul no es tan bajo.

Probablemente.

Bueno, lo mejor será preguntarlo directamente.

—Ah, eh…

—Ghislaine está bien.

—Ah, entonces, puede llamarme Rudy-chan.

—Entendido.

Rudy-chan.

…Parece ser del tipo que no entiende las bromas.

—Ghislaine-san, ¿no ha oído nada de mi padre?

—Ghislaine está bien.

El “san” no es necesario.

Mientras decía eso, Ghislaine sacó un papel de su pecho y me lo entregó.

Lo tomé, pero en la superficie no había nada escrito.

—Es una carta de Paul.

Léela en voz alta, no sé leer.

—Sí.

Abrí el papel, que estaba doblado descuidadamente, y comencé a leer: —”A mi amado hijo, Rudeus.

Si estás leyendo esta carta, probablemente yo ya no me encuentre en este mundo──” —¡¿Qué?!

Ghislaine soltó un grito de sorpresa y se puso de pie de golpe.

El techo del carruaje resultó ser más alto de lo que parecía.

—Por favor, siéntese, Ghislaine.

Aún continúa.

—Mu, ya veo.

Obedeció y se volvió a sentar tranquilamente.

Escuché lo que podría haber sido una risa ahogada de Daiki a mi lado.

Continué leyendo.

—”──Es lo que siempre quise escribir una vez.

Es solo una broma.

La realidad es que, después de que te molí a golpes, quedaste arrastrándote de manera patética, luego fuiste atado como una damisela en apuros y arrojado a un carruaje.

Seguramente no entiendes qué pasa, así que lo mejor sería que se lo preguntaras a ese “músculo con patas” de ahí.

Aunque bueno, su cerebro también es puro músculo, así que no esperes una explicación decente.” —¡¿Qué has dicho?!

Se levantó otra vez, con un rugido de furia.

—Siéntese, Ghislaine.

En la siguiente parte la elogia.

—Mu, ya veo.

Se volvió a sentar.

—Esto es entretenido.

—Murmuró Daiki a mi lado.

—Cállate.

Continué leyendo.

—”Ella es una Ken-Ou (Reina de la Espada).

Si quieres aprender esgrima, no hallarás mejor instructora salvo que viajes hasta el Santuario de la Espada.

Su habilidad está garantizada por mí.

Nunca le he ganado ni una sola vez…

salvo en la cama.” …Deja de escribir estupideces, viejo imbécil.

Aunque…

Ghislaine parecía estar bastante complacida con esa línea.

De verdad que eres popular, viejo.

Y fuerte también, Ghislaine.

—”Bien, en cuanto a tu trabajo: serás tutor de la hija de una casa noble en la ciudad de Roa, la más grande del territorio de Fittoa.

Enseñarás aritmética, lectura, escritura y algo de magia básica.

Es una joven extremadamente caprichosa, hasta el punto de que la escuela nos pidió que no la enviáramos más.

Ha hecho huir a muchos tutores anteriores, pero confío en que tú podrás manejarla.” …¿Eso es confianza o solo me está tirando todo el problema encima…?

—”En cuanto a Daiki, también irá contigo.

Él enseñará otras materias según sea necesario, y más importante, entrenará esgrima durante su estadía.

Ghislaine aceptó tomarlo como estudiante.

Considéralo un beneficio adicional de este trabajo.” Miré a Daiki.

—Así que por eso viniste.

—Paul ya no puede enseñarme más.

—Respondió simplemente—.

Ghislaine puede llevarme más allá de su nivel.

—Ya veo.

Tenía sentido.

Después de que Daiki lo venciera ayer…

o ¿fue hace dos días?

No estoy seguro cuánto tiempo estuve inconsciente.

Seguí leyendo.

—”El músculo con patas que tienes ahí trabaja como guardia y maestra de esgrima en la casa de la ojō-sama.

Parece que, a cambio de enseñarle esgrima a Daiki, ella también quiere aprender aritmética y lectura.

Daiki puede ayudar con eso.

No te rías de ella aunque su cerebro también sea puro músculo.

Seguramente lo dice en serio (risas).” —¡¿Qué dijiste…?!

Una vena azul apareció en su frente.

—Esta carta parecía estar diseñada específicamente para provocarla.

—Comentó Daiki.

—Sin duda.

¿Qué clase de relación tenían esos dos?

—”Probablemente no tenga buena memoria, pero piensen que al menos se ahorran pagar un instructor” —Ghislaine, ¿cuánto suele costar aprender esgrima con usted?

—Dos monedas de oro de Asura al mes.

‹¡¿Dos monedas de oro?!

Cuando Roxy me enseñaba, cobraba cinco monedas de plata de Asura al mes.

Eso es casi cuatro veces más.› —Es cara.

—Murmuré.

—Es nivel Rey.

—Respondió Daiki—.

El precio es apropiado para su nivel.

Tenía un punto.

Eso hizo sonreir a Ghislaine, finalmente alguien la reconocia.

—”Ambos vivirán en la mansión de la ojō-sama por cinco años, enseñándole durante ese tiempo.

Cinco años.

Durante ese período, les prohíbo volver a casa o intercambiar cartas.

Si sigues junto a Sylphy, Rudeus, ella nunca podrá independizarse.

Y además, siento que ambos están empezando a depender demasiado el uno del otro, así que decidí separarlos por la fuerza.” Mi corazón se detuvo.

—¡¿Qué…

qué?!

‹Espera…

¿Eso significa que no podré ver a Sylphy en cinco años?

¿Ni siquiera cartas?› —Qué, ¿Rudy-chan dejó atrás a su novia?

Ghislaine me preguntó divertida al ver mi cara desesperada.

—No, fui derrotado de forma miserable por un padre inmaduro.

…Ni siquiera tuve tiempo de despedirme.

Te la jugaste bien, Paul…

—No te deprimas, Rudy-chan.

—Oiga…

—¿Qué?

—Mejor dígame Rudeus.

—Aa, entendido.

Miré a Daiki.

—¿Tú pudiste despedirte?

—De nuestra madre y de nuestras hermanas, sí.

Paul me lo permitió esta mañana antes de que despertaras.

—Ya veo.

No había resentimiento en mi voz.

Solo…

resignación.

Tenía sentido.

Si me hubieran dado la oportunidad de despedirme, habría intentado escapar.

Habría rogado.

Habría usado cada truco retórico que conocía para retrasar, negociar, evitar.

Paul me conocía demasiado bien.

Y honestamente…

—Aunque, pensándolo bien, Paul tiene un punto.

—Admití en voz alta.

Daiki me miró con ligera sorpresa.

—Si Sylphy creciera de esta manera, podría terminar convertida en una “amiga de la infancia” dependiente.

En la realidad, al ir a la escuela y hacer amistades, esa dependencia se desvanece…

pero Sylphy, por su cabello, no logra hacer amigos.

Después de cinco años, aún podría estar pegada a mí.

—A ti no te molestaría.

—Observó Daiki.

—No.

Pero no sería saludable para ella.

Los adultos tienen razón en eso.

Continué leyendo la carta.

—”En cuanto al pago de Rudeus: recibirás dos monedas de plata de Asura al mes.

Es menos de lo que cobra un tutor, pero mucho para el bolsillo de un niño.

Daiki recibirá una moneda de plata al mes por sus contribuciones adicionales como instructor.

Aprovechen para aprender a usar el dinero en la ciudad.

El dinero, si no se practica con él, no sabrás manejarlo cuando lo necesites.

Aunque siendo mis hijos, seguro sabrán hacerlo bien…

Ah, y ni se les ocurra gastar en mujeres.” …Viejo entrometido.

—Esa última parte es específicamente para ti.

—Comentó Daiki.

—Cállate.

—”Si cumplen los cinco años enseñándole a la ojō-sama sin abandonar, como recompensa especial recibirán una suma equivalente a la matrícula de dos personas en la Universidad de Magia.” Mis ojos se abrieron.

—¿Dos personas?

—Para ti y para Sylphiette.

—Daiki confirmó—.

Padre ya lo había prometido antes.

—Ya veo.

Si hago bien mi trabajo, después tendré libertad.

Y podré llevar a Sylphy conmigo a la Universidad.

—”Claro que dentro de cinco años, Sylphy podría no seguirte, o quizá tu pasión se haya enfriado.

Pero de ella me encargaré yo.” …Ese “me encargaré yo” suena terrible, viejo…

—”Cuídense mutuamente.

Daiki, ya no puedo enseñarte más, pero confío en Ghislaine para llevarte donde yo no pude.

Rudeus, aprende a ser independiente, pero también aprende a apoyarte en tu hermano cuando lo necesites.

Rezo porque en estos cinco años, en un lugar nuevo, aprendan mucho y logren crecer aún más.

Con cariño, su intelectualmente brillante padre, Paul.” —¿Intelectualmente brillante?

—Repetí con incredulidad—.

¡Si lo resolvió todo a golpes!

—Técnicamente, su estrategia fue efectiva.

—Señaló Daiki—.

Logró su objetivo sin darte oportunidad de resistir.

—Eso no lo hace intelectualmente brillante.

Lo hace manipulador.

—También.

A pesar de todo, no pude evitar soltar una pequeña risa.

—Paul realmente nos ama.

—Sí.

—Daiki asintió—.

A su manera torpe e impulsiva.

Nos quedamos en silencio por un momento.

—Hermano.

—Hablé finalmente.

—¿Sí?

—¿Sabías que me noquearia?

—Sí.

Me lo dijo anoche.

—¿Y no me avisaste?

—Si te hubiera avisado, habrías escapado.

—Tienes razón.

Habría huido al bosque con Sylphy y nos habríamos escondido durante semanas.

—Lo sé.

Por eso no te dije.

Suspiré.

—No estoy enojado.

Daiki me miró con sorpresa genuina.

—¿No?

—Bueno, estoy molesto.

—Aclaré—.

Pero no contigo.

Con la situación.

Con Paul.

Con…

con todo.

Pero entiendo por qué lo hiciste.

Por qué él lo hizo.

—¿De verdad?

—Sí.

Porque tienes razón.

Sylphy y yo estábamos volviéndonos demasiado dependientes.

Y tú…

tú necesitas un maestro mejor.

Alguien que pueda llevarte más allá de donde Paul pudo.

Miré por la ventana, viendo el paisaje desconocido pasar.

—Cinco años.

—Murmuré—.

Cinco malditos años.

—Sí.

—¿Al menos estarás conmigo?

—Siempre estaré.

—Bien.

Porque si tengo que lidiar con una “ojō-sama extremadamente caprichosa” por cinco años, necesitaré a alguien que me mantenga cuerdo.

—Esa es mi responsabilidad como hermano mayor.

—Paul realmente te ama.

—Comentó Ghislaine, quien había estado escuchando en silencio.

Me reí con amargura.

—Antes solía ser mucho más distante.

Pero desde que notó que nos parecemos, empezó a acercarse.

Miré a Daiki.

—Y contigo también.

Desde que te volviste tan fuerte.

—Es su forma de mostrar afecto.

—Daiki observó—.

Torpe.

Impulsiva.

Pero genuina.

—Aunque, Ghislaine, a usted también…

—¿Hm?

¿Qué pasa conmigo?

Leí la última línea de la carta.

—”P.D.

Puedes acercarte a la ojō-sama si es con su consentimiento, pero no toques al músculo con patas: ella es mi mujer.” —Eso dice.

—Ya veo.

Esa carta envíasela a Zenith.

—Entendido.

Y así nos dirigíamos a la ciudad fortificada de Roa, la más grande del territorio de Fittoa.

Tenía muchos sentimientos encontrados, pero lo acepté.

—Oigan.

—Dijo Ghislaine—.

Ya que estarán conmigo cinco años, déjenme dejar algo claro….

Soy mala enseñando con palabras.

Soy mejor mostrando.

Así que Daiki, espera entrenamiento duro.

Muy duro.

—Eso es lo que más espero.

—Y Rudeus, vivirás en la mansión Boreas.

Eso significa que seguirás las reglas de la familia.

Y la joven señorita…

ella es difícil.

—¿Qué tan difícil?

—Muerde.

—¿Disculpe?

—Muerde.

Araña.

Golpea.

Grita.

Ha hecho llorar a tutores adultos.

Me quedé mirándola.

—¿Y usted espera que un niño de siete años la maneje?

—Paul confía en ti.

Yo confío en Paul.

Así que confío en ti.

—Esa es una cadena de lógica muy débil.

—Funciona.

Daiki soltó lo que definitivamente fue una risa.

—¿Qué es tan gracioso?

—Nada.

Solo…

esto será interesante.

—Para ti tal vez.

Tú solo tienes que entrenar.

Yo tengo que lidiar con una niña salvaje.

—Te ayudaré cuando pueda.

—Más te vale.

Así, el silenció llegó a la carreta y esta misma comenzó su trayecto hacia Roa.

Sinceramente, no sabía qué era lo que me esperaba, pero al menos tenía el consuelo de no estar solo…

Porque mi hermano estaba aquí.

Eso deberia de doler…

Pero como el siempre suele hacer, nunca lo monstraba.

Excepto que…

¿era idea mía o sus ojos estaban un poco más brillantes que de costumbre?

Mejor no digo nada.

Si él necesita procesarlo en silencio, dejaré que lo haga.

Es lo que debo hacer.

Después de todo…

él está aquí por mí también.

Cuidándome.

Gracias, hermano.

Y con ese pensamiento, me acomodé para el largo viaje.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo