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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Episodio 10 La Violencia de la Joven Ama
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17: Episodio 10: La Violencia de la Joven Ama 17: Episodio 10: La Violencia de la Joven Ama Para cuando llegamos a la Ciudad de Roa, era de noche.

La distancia que recorre de la Aldea Buena y la Ciudad de Roa están a una distancia de viaje en carruaje de seis a siete horas.

—Mira esas murallas, hermano —mencionó Rudeus.

Haciéndole caso, miré hacia la ventana.

Murallas de siete a ocho metros de alto se extendían alrededor de la ciudad.

Carruajes eran tirados por caballos, entraban y salían de la enorme entrada, mientras nuestro carruaje la atravesaba, vimos líneas de puestos de comerciantes.

—Ghislaine, ¿sabes qué es eso?

—le preguntó Rudeus a la persona junto a él, Ghislaine.

Ella era una espadachina alta.

Había siete rangos en el Estilo del Dios de la Espada y Ghislaine Dedoldia estaba en el tercero desde la cima, conocida como la Reina de la Espada.

Ella sería la que me iba a enseñar más allá de mi padre.

—Tú…

—Ghislaine se dio la vuelta hacia Rudeus de forma irritada—.

¿Estás tratando de burlarte de mí?

—ella lo regañó.

Rudeus dio un salto por eso.

—No, yo solo estaba…

Me preguntaba qué era eso.

No lo sé, así que esperaba que pudieras decírmelo.

—Ah…

lo siento —ella se apresuró a explicarlo—.

Esa es el área de espera para los carruajes.

Es lo que las personas normalmente usan para viajar entre las ciudades.

La otra opción es pagarle un viaje a un comerciante ambulante.

Mientras el carruaje avanzaba, Ghislaine siguió apuntando hacia cada lugar y nos los explicó.

—Esa es la tienda de armas, esa es la taberna, esa es una sucursal del Gremio de Aventureros, y ese lugar es mejor no visitarlo —Ghislaine tenía un rostro serio, pero era amable.

Un edificio gigante estaba ubicado en medio de la ciudad.

—Esa es la mansión del señor feudal —dijo Ghislaine.

—Se ve más como un castillo que como una mansión —dijo Rudeus.

—Bueno, después de todo, esta es una ciudad fortificada —respondió Ghislaine.

Hace cuatrocientos años, este lugar sirvió como el último bastión de defensa durante la guerra contra la raza demoníaca.

Esa es la razón por la cual un castillo preside el centro de la ciudad.

No obstante, a pesar de su imponente origen histórico, la nobleza de la capital imperial actual considera a Roa como un asentamiento vulgar y remoto, poblado mayoritariamente por aventureros.

—Estructura defensiva —dije de repente, analizando la ciudad—.

Calles principales protegibles, civiles evacuados al centro en caso de ataque.

Cuanto más nos adentrábamos, más lujosos parecían los carruajes y tiendas.

Y justo en el centro, el edificio más grande de todos.

—El hecho de venir aquí debe significar que la joven ama a la que estaré educando es de una posición social alta —dijo Rudeus.

Ghislaine sacudió su cabeza.

—No exactamente.

—¿Eh?

—Entonces, ella debe ser la hija del señor feudal.

—No.

—¿No lo es?

—No exactamente.

Suspiré un poco.

El carruaje se detuvo.

— Cuando entramos a lo que era la estructura más grande de la ciudad, un mayordomo nos llevó hacia una sala de recepción de invitados.

—Por favor, tomen asiento ahí —señaló hacia dos sillones alineados.

Ghislaine se apartó silenciosamente e hizo guardia en la esquina de la habitación.

[PARECE QUE ELIGIÓ ESE LUGAR PARA VIGILAR TODA LA HABITACIÓN.] “Por favor, cállate análisis, no es el momento para que hables”.

El mayordomo nos sirvió un líquido parecido a té rojo en una taza claramente lujosa.

El té estaba delicioso, pero debo admitir que extraño el de Zenith.

—¿¡Dónde está!?

Una voz resonó desde fuera de la habitación, acompañada por pasos enojados y estruendosos.

—¿¡Aquí!?

Las puertas se abrieron de golpe y un hombre musculoso entró en la habitación.

A pesar del salpicado de blanco en su cabello castaño oscuro, él parecía estar muy bien cuidado.

Rudeus bajó la taza, se puso de pie e hizo una reverencia.

—Es un placer conocerlo.

Mi nombre es Rudeus Greyrat.

—¡Hmph, ni siquiera sabes cómo presentarte!

—resopló el señor.

El mayordomo se adelantó.

—Amo, Rudeus-sama nunca ha estado fuera de la Aldea Buena.

Él aún es joven, por lo que estoy seguro de que todavía no ha tenido la oportunidad de aprender modales apropiados.

De seguro usted puede dejar pasar algo de su…

—¡Silencio!

El mayordomo se quedó en silencio de inmediato.

Este sería el empleador de mi hermano Rudeus, pero quizá también el mío, ya que Paul no especificó exactamente lo que debería hacer o por qué me trataban como a un segundo empleado, dado que vine para entrenar con Ghislaine y enseñarle a leer, escribir y aritmética.

Parece que la reverencia que Rudeus dio no fue de su agrado y, para ser honesto, estaba bastante errado en el protocolo para nobles.

—¡Hmph!

¡Entonces supongo que Paul ni siquiera ve adecuado enseñarle modales a su propio hijo!

—Me han dicho que mi padre detesta las formalidades, lo cual es la razón de que dejara la casa de su padre.

Sospecho que esa también es la razón de que no me haya enseñado nada al respecto —mencionó Rudeus, tratando de solucionar la situación.

—¡Ya estás dando excusas!

¡Eres igual que él!

—¿De verdad mi padre daba tantas excusas?

—preguntó Rudeus.

—¡Sí!

Una excusa cada vez que abría la boca.

¡Si mojaba la cama, una excusa!

¡Si se metía en una pelea, una excusa!

¡Si se saltaba los deberes, una excusa!

¡Incluso tú!

¡Si querías aprender modales, pudiste haberlo hecho!

¡La única razón por la que no lo hiciste es porque no quisiste esforzarte en ello!

—Tiene razón.

Es mi culpa carecer de los modales apropiados.

Me disculpo por eso —Rudeus aceptó su error.

—¡Sin embargo, reconoceré que hiciste un esfuerzo valiente en vez de estar a la defensiva sobre tu falta de educación en los modales!

¡Permitiré que te quedes aquí!

Luego lo miró de nuevo.

—Me llamo Sauros Boreas Greyrat, soy el señor feudal de la región de Fittoa.

Y soy el tío de tu padre.

Decidí levantarme y hacer el saludo correcto.

—Es un placer conocerlo, Sauros Boreas Greyrat-sama —intenté sonar lo más formal posible—.

Soy Daiki Greyrat, el hermano mayor de Rudeus —agaché la cabeza—.

Es un honor conocerlo y poder estar aquí.

Sauros parpadeó y, por primera vez, se quedó en silencio.

Luego pateó el suelo.

—¡Me agradas!

—luego miró a mi hermano—.

Deberías aprender de tu hermano mayor.

Volvió a verme.

—¿Dónde lo aprendiste?

—Le pedí a mi madre que me enseñara antes de venir aquí.

Vi necesario estudiar por mi propia cuenta para representar a nuestra familia.

Sauros dio un paso al frente.

Fue en ese momento que pude ver algo que me dejó paralizado unos segundos.

—¡Oh!

¡Tus ojos son como los míos!

—dio un grito—.

Eso es interesante.

—Sí…

—suspiré levemente—.

Parece que al final resulta que simplemente era atavismo.

—¡Hmgh!

¡Lo importante es que eres parte de la familia!

—luego miró mi cabello—.

Umm…

y tu cabello.

Negro como la noche.

No tengo explicación para eso, pero…

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Te hace ver noble.

Elegante.

Se giró hacia el mayordomo.

—¡Thomas!

¡Este es un verdadero Greyrat!

¡Mira cómo se presenta!

¡Mira su porte!

Luego regresó su atención hacia mí.

—¿Cuántos años tienes, muchacho?

—Siete, Sauros-sama.

—¿Siete?

—Sauros soltó una carcajada—.

¡A los siete años yo todavía me limpiaba los mocos en las cortinas!

¡Y tú ya tienes mejor postura que la mitad de los nobles que conozco!

Palmeó mi hombro.

—¡Bien!

¡Ambos están aceptados!

¡Aunque tú —me señaló directamente—, claramente necesitas enseñarle a tu hermano menor cómo comportarse apropiadamente!

—Con todo respeto, Sauros-sama —incliné la cabeza—.

Rudeus es un genio en magia.

Alcanzó el nivel Santo en magia de agua a los cinco años.

Sus talentos yacen en áreas diferentes a la etiqueta social.

—¿Santo?

¿A los cinco años?

—Sauros lo miró con nueva consideración—.

¿Es eso cierto, muchacho?

—S-sí, señor —respondió Rudeus.

—¡Hmm!

¡Entonces cada uno tiene sus fortalezas!

¡Bien, eso es aceptable!

Y así, el señor de la casa se dio la vuelta y salió de la habitación, con sus hombros rígidos y firmes.

Cuando la puerta se cerró, Rudeus suspiró y me miró directamente.

—¿Cuándo demonios estudiaste etiqueta?

—dijo Rudeus.

—Durante la semana antes de irnos, le pedí a mamá que me enseñara.

Como sabía que vendríamos a una mansión noble, pensé que prepararse era lo más adecuado, más considerando que soy tu hermano mayor.

—¿Y no pensaste en enseñarme?

—dijo Rudeus.

—Rudeus, te lo sugerí tres veces.

“Luego aprendo”, “para qué”, “me voy con Sylphy”…

Estabas tan concentrado en ella que nunca decidiste aprender.

Además, aprendí cuando salías siempre al árbol con ella.

—Está bien, está bien…

—Rudeus bajó los brazos—.

Es mi culpa.

—Aunque…

—continué—, no esperaba lo de los ojos.

—Siempre cargaste con eso, ¿verdad?

—preguntó Rudeus.

—En ambas vidas…

—empecé a hablar en japonés—, siempre creí que no pertenecía a ningún lado.

Incluso aquí, aunque sí sentía que nuestra madre me amaba.

Pensé que era una anomalía, pero al final es algo normal.

Así que estoy aliviado.

Por primera vez, sentí una carga liberada y una sonrisa se formó sin que la mandara.

—Es bueno, ¿no?

—dijo Rudeus—.

Tener una explicación.

—Sí.

Es…

bueno.

….

—¿Qué ocurre, Thomas?

Alguien apareció en la puerta: un hombre delgado con cabello castaño liso.

—Parece que mi padre está de buen humor.

¿Sucedió algo?

Al parecer, era el primo de Paul.

El mayordomo dijo: —Estos son los jóvenes amos.

Hace solo un momento, el señor los reconoció.

Parece que le agradó, Daiki-sama lo sorprendió.

—Jaja…

si ellos son la clase de personas que le agradan a mi padre…

—me miró directamente—.

¿Tal vez he escogido mal?

Se sentó en el sillón frente a nosotros.

—Es un placer conocerlo.

Mi nombre es Rudeus Greyrat —al igual que hace un momento, hizo una reverencia y bajó la cabeza.

—Ah, sí, y yo soy Phillip Boreas Greyrat.

Los nobles se saludan colocando su mano derecha en su pecho y bajando ligeramente la cabeza.

Debes haber enojado a mi padre con tu presentación incorrecta, ¿o me equivoco?

Hice la reverencia exactamente como la pedía.

—Es un placer conocerlo, mi nombre es Daiki Greyrat y espero no ser una molestia durante mi estadía.

—Ah…

—se notó nervioso—.

Ya veo por qué le agradaste a mi padre.

Ambos nos sentamos de nuevo en el sillón.

—¿Cuánto han escuchado?

—preguntó Phillip.

—Me dijeron que, si paso cinco años aquí educando a la joven ama, se me daría suficiente dinero para cubrir los costos para asistir a la Universidad de Magia —respondió Rudeus.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Ya veo —él llevó su mano a su mentón y miró hacia la mesa como si estuviera pensando—.

¿Les gustan las chicas?

—No tanto como a mi padre —respondió Rudeus.

—Mi enfoque principal por ahora es el entrenamiento.

Dado eso, no tengo interés romántico —dije.

[Eso dices ahora, quién sabe.

Dudo que puedas controlar tu cuerpo cuando seas adolescente.] Análisis últimamente está hablando más y analizando menos.

¿Qué le sucede?

Bueno, no siempre analizaba, simplemente servía como almacenamiento.

—¿De verdad?

Entonces estás contratado —dijo Phillip mirando a Rudeus.

Luego me miró a mí.

—Tú vas a enseñarle a Ghislaine, ¿verdad?

—Sí, mi trabajo sería ese, para poder pagar su entrenamiento.

—Ya veo, pero también estás contratado, ¿sabes?

En cualquier caso, si no lo hago, tal vez mi padre se enoje conmigo.

Tienen mucho por aprender.

¿Verdad, Ghislaine?

Ella asintió.

Luego Phillip se giró hacia nosotros.

—Ahora mismo, la única persona que le agrada a esa chica es Edna, su tutora de modales, y Ghislaine, su maestra de esgrima.

Ya he despedido a más de cinco personas.

Entre ellas estaba un hombre que enseñaba en la ciudad imperial.

Él estaba insinuando que solo porque alguien enseñara en la ciudad imperial no quería decir que fuera bueno en ello.

—¿Y cómo es eso relevante en si me gustan o no las chicas?

—preguntó Rudeus.

—No lo es.

Es solo que Paul era la clase de hombre que trabajaría tan duro como pudiera si era por una chica linda.

Así que supuse que tú probablemente eras igual —él se encogió de hombros.

Así que Paul tenía esa fama incluso lejos de la Aldea Buena, pensé.

—Seré honesto, no espero mucho de ustedes.

Simplemente supuse que, ya que son hijos de Paul, bien podría darles una oportunidad —dijo Phillip.

—Tiene razón, eso fue muy honesto —respondió Rudeus.

—¿Qué?

¿Quieres decir que tienes la confianza de lograrlo?

—preguntó Phillip.

—No lo sabré hasta que no la conozca —dijo Rudeus.

Rudeus procedió a explicar el plan del falso secuestro.

—Interesante…

¿Crees que funcionará?

—preguntó Phillip.

—Creo que tiene una mejor probabilidad de funcionar a que los adultos la obliguen —respondió Rudeus.

—¿Esto es algo que Paul te enseñó?

¿Como una de las formas para que una chica se enamore de ti?

—preguntó Phillip.

—No.

Mi padre no tiene que llegar tan lejos para ser popular con las mujeres —dijo Rudeus.

—Así que popular…

Pfff —Phillip comenzó a reír—.

Es verdad.

Él siempre ha sido popular.

No tiene que hacer nada y las chicas van directo hacia él.

—Cada persona con la que él me ha presentado ha sido una de sus amantes.

Incluso Ghislaine —comentó Rudeus.

—Sí, le tengo una envidia increíble —admitió Phillip.

—Estoy preocupado de que él incluso pueda poner sus manos sobre la amiga de la infancia que dejé en la Aldea Buena —dijo Rudeus.

Rudeus, hermano, ¿de verdad tenías que mencionar eso?

Al verlo congelado por la ansiedad, decidí hablar: —Aunque debería añadir que ese plan tiene riesgos —intervine.

—¿Qué riesgos?

—preguntó Phillip.

—Si se descubre que fue simulado, perderá toda confianza en nosotros.

Permanentemente.

Además, exponer a una niña noble a un peligro simulado podría tener ramificaciones políticas si otras familias se enteran —expliqué.

—Tienes razón.

Eres más cauteloso que tu hermano —observó Phillip.

—Alguien tiene que serlo —respondí.

Eso arrancó una risa de Phillip.

—Bueno, no llegaremos a ninguna parte si seguimos hablando.

Necesitan conocer a mi hija.

Vamos, los llevaré con ella —concluyó Phillip mientras se ponía de pie.

Y así, finalmente la conocí.

— La joven dama se veía arrogante.

Ella era dos años mayor que yo, tenía ojos rojos afilados, y su cabello, de un tono puro de carmesí, era ondulado.

—Es un placer conocerla.

Soy Rudeus Greyrat —dijo mi hermano.

—¡Hmph!

—ella le dio un vistazo y sus fosas nasales se ensancharon, tal como las de su abuelo.

Ella tenía sus brazos cruzados sobre su pecho mientras lo miraba hacia abajo, ya que era más alta que él—.

¿Qué significa esto?

¡Él es menor que yo!

¿Y se supone que va a enseñarme?

¡Dejen de bromear!

—No creo que la edad tenga algo que ver con eso.

—Dijo Rudeus, —¿¡Qué!?

¿¡Tienes algún problema conmigo!?

—su voz era tan fuerte que Rudeus movió su cabeza.

—Señorita, lo que estoy diciendo es que hay cosas que yo puedo hacer y que usted no —respondió Rudeus.

—¡Estás muy confiado!

¿¡Quién crees que soy!?

—gritó Ella.

—Usted es mi prima segunda, ¿cierto?

—preguntó Rudeus.

—¿Segunda…?

¿Qué diablos es eso?

—Significa que mi padre es el primo de su padre.

En otras palabras, usted es la nieta de mi tío abuelo.

—¿¡De qué estás hablando!?

¡No lo entiendo!

—Ha escuchado de Paul, ¿cierto?

—intentó Rudeus.

—¡Por supuesto que no!

—Ah, entiendo —dijo Rudeus.

Considerando como era mi hermano, estaba seguro que pensaba que esto seria como en los videojuegos, donde para entamblar una relación debes hablarle repetidamente.

Pero como era de esperarse, ella agitó su mano y lo abofoteó.

—¿Eh…?

¿Por qué me golpeó?

—preguntó Rudeus.

—¡Porque estás actuando demasiado presumido a pesar de que eres menor que yo!

—gritó Ella.

—Así que es eso —dijo Rudeus—.

Muy bien, entonces devolveré el gesto  —¡¿Hah?!

—exclamó ella.

[No puedo creer que lo hará…] “Déjalo, debe aprender esa lección” Respondí.

Y lo hizo.

Una bofetada débil, torpe, pero la hizo.

Lo que siguió fue predecible.

Ella lo montó, inmovilizando sus brazos con sus piernas, y comenzó a golpearlo sin piedad.

—¡Auch, ow, eso duele!

¡Espera, qué, no, detente!

No me moví.

Entonces vi el destello de maná.

Rudeus usó magia de viento para apartarse.

Rudeus huyó.

Lo observé correr por la puerta, con ella persiguiéndolo como un depredador cazando una presa.

Sus gritos se escuchaban por toda la habitación, junto con sus rugidos de cazadora.

Me quedé donde estaba.

Crucé los brazos.

Esperé.

—¿No harás nada?

—preguntó Phillip de repente.

—No, él debe aprender que las acciones traen consecuencias —respondí—.

Si haces algo, debes esperar el equivalente.

—¿Eres…?

¿Cruel?

No, esa no es la palabra —se llevó la mano a su mentón—.

Si lo protegieras siempre, él nunca aprendería y terminaría dependiendo de ti, ¿verdad?

—Exactamente —lo miré—.

Es decir, no es como si no me importara.

Él es un gran mago, Eris no lo matará y luego hablaré con él.

—Ya veo, entonces no estoy preocupado —concluyó Phillip.

— Ella volvió, satisfecha y sudorosa.

Tenía la expresión de un depredador después de una cacería exitosa.

[Interesante.] La violencia la calmaba, sí, pero solo por un rato.

A largo plazo, ese método no iba a sostenerla y se encontraría con alguien peor que nosotros.

Al mirarme detenidamente, su mirada cambió y se cruzó de brazos.

—Tú —me señaló con un dedo—.

¿Quién eres?

¿Cuándo apareciste?

—Ah, se me olvidó presentarme —hice una reverencia—.

Mi nombre es Daiki Greyrat y seremos compañeros espadachines.

—Cómo te…

—apretó sus dientes—.

¿Compañeros?

Ella agitó su mano e intentó darme una bofetada, pero solo se escuchó un fuerte PLAF.

No movió mi rostro en absoluto.

Permanecí quieto.

—¿Ya tienes suficiente?

—dije sin más.

A ella pareció no importarle.

Me volvió a señalar, esta vez con un dedo acusador.

—¿El mocoso llorón es tu hermano?

—Sí.

—¿¡Entonces por qué no lo ayudaste!?

—Porque cometió un error táctico —respondí con calma—.

Iniciar violencia física contra un oponente claramente superior, sin plan de victoria ni vía de escape, es un error crítico.

Necesitaba aprender la consecuencia.

—¿¡Cómo!?

¡¿Dejaste que lo golpeara solo para darle una lección!?

Mi tranquilidad pareció irritarla más que cualquier provocación directa.

—¡Eres un bastardo frío!

Decidí ignorarla, mirando hacia otro lado.

—¡Maldito bastardo frío, no me ignores!

Pateó el suelo.

—¡Entonces también necesitas aprender modales!

Levantó su mano para darme un puñetazo, pero atrapé su muñeca antes de que el golpe siquiera tomara forma.

Ella parpadeó.

—¿Qué…?

—La violencia no es apropiada —dije.

—¡Suéltame!

—Si promete calmarse.

—¡No prometo nada!

Al no tener vía de escape, decidió arremeter con la otra mano, pero la tomé igual de rápido.

Intentó patearme la espinilla.

Simplemente di un pequeño paso atrás.

—Te lo he dicho, la violencia no es…

—¡Cállate!

Intentó barrerme las piernas con un movimiento torpe y desesperado.

Salté por encima sin soltar sus muñecas y aterricé exactamente en el mismo lugar, soltandola de inmediato.

—¡QUÉDATE QUIETO!

—Estoy quieto.

—¡Aaaaaaaaah!

Corrió directamente hacia mí, lanzándose con todas sus fuerzas.

Di un paso al costado y tomé su muñeca, empujándola hacia el sofá, haciéndola sentar.

—¿De verdad quieres continuar con esto?

—pregunté.

Volvió a lanzarse hacia mí.

Otro paso lateral, otro intento fallido de su parte.

—¡Deja de moverte!

—Eso sería contrario a mi supervivencia.

Gruñó y cambió de táctica.

Empezó a perseguirme por toda la sala, intentando acorrarme ya sea en una esquina o contra los muebles.

Cada vez que se acercaba, yo me deslizaba hacia otro lado.

Cuando trataba de bloquearme el paso, ya había cambiado de dirección, y cuando intentaba darme un golpe, lo había desviado usando técnicas de aikido.

En un momento, usé su impulso y la lancé de nuevo al sofá.

Cayó de espaldas.

—Si sigues así, terminaré ganando por resistencia —comenté.

Saltó del sofá y lo intentó de nuevo.

Sus intentos de golpearme se volvieron cada vez más desesperados y descoordinados.

—¡Estate…

quieto…

maldito…!

Phillip observaba desde su asiento con una expresión cada vez más divertida.

—¡YA…!

—Ella tenía la respiración agitada—.

¡Basta!

¡Pelea en serio!

—Nunca fue una pelea esto  —¡AAAHHH!

Se lanzó hacia mí con todo lo que le quedaba.

Sin técnica, sin estrategia, solo furia pura.

Decidí terminar esto ahora.

Cuando su puño estaba a pocos centímetros de mi rostro, atrapé su muñeca y tomé su otra mano.

Y la hice girar como un trompo.

—¡¿Hah?!

La hice girar una vez.

—¿Qué…?

—no supo qué decir.

Mientras giraba, su confusión crecía, hasta que decidí plantar el pie.

La solté en el instante exacto.

La física hizo el resto.

Cayó sentada, enredada en sus propias extremidades.

Se quedó allí, mirándome con una expresión de absoluto shock.

—Como mencioné, la violencia no es apropiada.

Me giré hacia Philip, que intentaba ocultar la sonrisa.

—¿Dónde estarán nuestras habitaciones?

—Thomas te las mostrará —respondió, con un tono de diversión que apenas lograba disfrazar.

—Perfecto entonces… Me volví hacia ella una última vez.

—Que tenga buena noche.

—Tu-tu… tu… Entrecerré los ojos y salí.

— Las habitaciones que nos asignaron eran prácticamente un reflejo la una de la otra, unidas por una puerta lateral.

Escuché la puerta de Rudeus abrirse y cerrarse, luego sus pasos aproximarse hacia la puerta que conectaba nuestras habitaciones.

—Hermano, ¿estás ahí?

—Si.

Abrió la puerta, mostrando su rostro magullado.

Los golpes de Eris habían dejado marca, aunque nada serio.

—¿Necesitas ayuda?

—Estoy bien.

Solo golpeado.

Nada permanente… aunque mi orgullo va a tardar más en curarse que mi cuerpo.

—¿Aprendiste la lección?

—Lo sé, lo sé.

Fui un idiota devolviendo la bofetada.

Mi cerebro de adulto debería haberlo sabido… pero mi orgullo de niño de siete años ganó la pelea.

Me acerqué, dudando entre intervenir o dejar que aprendiera solo.

Ese equilibrio siempre era complicado con Rudeus.

—Puedo curarte mejor.

Sin conjuro.

Mi magia es más eficiente.

—Lo sé, hermano.

Pero quiero hacerlo yo… —Como quieras.

Tras terminar de curarse, se levantó de la cama.

—Hermano —dijo Rudeus.

—¿Sí?

—¿Qué pasó después de que… ya sabes… huí?

Me detuve un instante.

—Intentó golpearme.

Varias veces.

Al parecer, perseguirte no la calmó.

—¿Y?

No me digas que también te pegó a ti.

—No pudo tocarme.

La evadí hasta que se cansó.

Cuando decidió ir con todo, usé redirección de impulso.

Aikido… o, para ser exactos, estilo dios del agua.

—¿La hiciste caer?

—Primero la hice girar.

Tres veces.

Luego puse mi pie… y la física hizo el resto.

—Eso suena humillante.

—Era la idea.

Demostrar control sin violencia.

—¿Y funcionó?

—Difícil saberlo.

—¿Crees que intentará vengarse?

—Es probable.

La incógnita es si será impulsiva o reflexiva.

—Esto va a ser un largo cinco años.

—Probablemente —admití—.

Pero la rutina convierte los desafíos en ruido de fondo.

—Buenas noches, hermano.

Intenta no soñar con nobles violentas persiguiéndote.

—Buenas noches, Rudy.

Intenta no soñar con ángeles tetonas otra vez.

Me lo contaste durante todo el viaje.

—¡Hey, esos son buenos sueños!

Me permití reír en la oscuridad.

Eris no era como los demás niños que había observado.

Violenta, sí, pero no carente de lógica interna.

Su orgullo era excesivo, su temperamento inestable, pero no era tonta.

Solo estaba desalineada.

Sin la guía adecuada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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