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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Episodio 11 ¿Todo de Acuerdo al Plan
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18: Episodio 11: ¿Todo de Acuerdo al Plan?

18: Episodio 11: ¿Todo de Acuerdo al Plan?

El plan de mi hermano Rudeus consistía en una serie de pasos que, sinceramente, no evocaban una gran probabilidad de éxito.

Sin embargo, contra todo pronóstico, era lo único que tenían para que ella empezara a entender y le tuviera algo de respeto a Rudeus.

En cuanto a mi caso, entendí que en el apartado físico y verbal no tiene forma de ganar, así que supuse que ya tenía ganado ese aspecto.

Aun así, el falso secuestro era vital para reforzar la importancia de la magia, el estudio y la aritmética para poder vivir en este mundo.

Ahora mismo estábamos afuera, con Eris en el mercado.

Su plan era el siguiente: 1 — Ir a una tienda de ropa en la ciudad junto a la Joven Ama.

2 — Dejar que su naturaleza retorcida hiciera su trabajo y lograr que quisiera irse por su cuenta.

3 — Hacer que Ghislaine la escoltara como siempre y que luego, “accidentalmente”, apartara la mirada y permitiera que la Joven Ama escapara.

4 — Mi hermano la seguiría sin que ella lo notara.

5 — Ella se dejaría llevar por su interés en los aventureros y avanzaría hacia el borde de la ciudad.

6 — Hacer que alguien de la casa Greyrat apareciera.

7 — Hacer que los dejaran inconscientes a ambos, que los secuestraran y los encerraran en algún lugar de una ciudad cercana.

8 — Mi hermano usaría magia para montar un escape.

9 — Una vez que estuvieran libres, le diría que pensaba que estaban en una ciudad cercana.

10 — Usaría el dinero que escondió en su ropa interior para pagar un viaje en carro.

11 — Regresarían a salvo a casa y levantaría su quijada tan alto como pudiera mientras regañaba a la Joven Ama.

Antes de que el plan empezara, decidí hablarle.

—Rudeus, ¿estás seguro?

—Intenté sonar tranquilo—.

Puedo acompañarte, si hace falta.

—No, estaré bien —respondió Rudeus—.

Además, siento que es mejor que no vayas.

Así gano su respeto, que contigo creo que ya está eso resuelto.

—Bueno, cualquier cosa estaré atento —asentí—.

Ya sabes, una explosión y vendré enseguida.

Y así, Rudeus comenzó su plan.

— Regresé a la mansión lo más rápido posible, antes de que Eris se diera cuenta de que no estaba con ellos.

Al entrar, noté cómo una mujer alta, de cabello rojo como el de Eris, me miraba con evidente odio para luego esfumarse por los pasillos.

[Creo que te odia un poco] ‘¿Tú crees?

Yo creo que es más el simple hecho de ser un extraño en su casa.’ [Quizá sí, o tal vez no.

Quién sabe.] —Daiki —me llamó una voz en la lejanía.

Se trataba de Ghislaine.

—Sí, ¿Ghislaine-san?

—respondí al darme la vuelta.

—Solo Ghislaine —se cruzó de brazos—.

Me enseñarás a escribir y leer.

A cambio, te entrenaré.

¿Entendido?

—Sí, entendido.

Vamos afuera, ya tengo planeado algo para ti.

Ella sonrió y me siguió.

— En el patio trasero de la mansión había unas tablas de madera.

—Bien —agarré una tabla, eran grandes—.

Esto es un carácter, ¿sabes cuál es?

—Lo he visto muchas veces —respondió Ghislaine.

—Bueno, eso es porque se trata de un carácter básico que aparece en gran parte del idioma.

Ghislaine se notaba curiosa.

A pesar de ser una guerrera, estaba sentada con las piernas cruzadas y una mano en el mentón.

—Debes tallarlo en la madera con la misma precisión…

—tomé una espada— usando tu talento con la espada.

Ella me miró confundida.

—¿Una espada?

—preguntó Ghislaine, curiosa ante mi propuesta—.

Pensé en usar un pedazo de carbón.

—Sí.

Para aprender a escribir y leer es necesario saber usar las letras de forma instintiva.

Al principio sientes que lo haces muy rígido, pero con práctica entenderás lo fácil que es escribir.

Además, una vez tengas un carbón fino, podrás escribir rápido sin siquiera pensarlo demasiado.

Y al aprender a escribir, aprendes a leer.

—Le entregué la tabla.

Le brillarón los ojos y comenzó con esa tarea.

— Para el final del día, Ghislaine había tallado unos cuantos caracteres y también le enseñé a empezar a leerlos.

Eso, sumado al entrenamiento físico, me permitió encontrar una forma de que aprendiera rápido usando sus mayores virtudes.

Eso se conoce como aprendizaje adaptado al talento natural.

—La aritmética es lo que usamos todos los días, aunque no lo notes.

Sirve para contar monedas, calcular encargos, saber cuántos enemigos tienes enfrente o cuánta comida necesitas para el viaje.

Sin números, vivirías adivinando… y adivinar suele salir caro.

Ghislaine me contó que había sido víctima de varias estafas a lo largo de su vida, así que aprender era totalmente necesario.

Bueno, dejando eso de lado, debía aprender con urgencia.

Agarré un pedazo de carbón y marqué el suelo.

—Si tienes diez monedas y gastas dos en comida, dos en leña para cocinarla y dos en alojamiento, ¿cuántas te quedan?

No respondió, empezó a enredarse con sus dedos —Olvida las monedas por un momento.

Volví a dibujar, esta vez círculos.

—Tienes diez raciones de comida —expliqué—.

Comes dos hoy, dos mañana y dos al día siguiente.

¿Cuántas te quedan para seguir viajando?

Ghislaine frunció el ceño.

Sus dedos empezaron a moverse con torpeza, contando una y otra vez.

—Compré diez…

—comenzó a decir—.

Al comer dos, nueve y ocho…

siete y seis…

cinco y cuatro…

Me miró con cuatro dedos levantados.

—¡Cuatro, me quedan cuatro!

—respondió, agitando su cola.

—Muy bien.

Pero eso es lo más fácil.

Llegará un punto en el que ni siquiera necesitarás usar los dedos.

El sol estaba a punto de esconderse después de hacer unos ejercicios básicos más.

Tenía las manos sobre mi cadera mientras miraba hacia el horizonte.

—Niño —me dijo Ghislaine, con una leve sonrisa—.

¿te crees listo ante mi entrenamiento?

—Sí, por supuesto.

Para eso vine —asentí—.

Ser entrenado por la Reina de la Espada es un honor que no todos se pueden permitir.

Ella sonrió.

—Me agrada que no seas como Paul —apoyó su mano en mi cabeza—.

Ahora, ve a descansar un poco.

Iré a vigilar en los exteriores.

Asentí y se retiró.

— Ya había pasado demasiado tiempo desde que mi hermano ejecutó ese plan.

[Dos días enteros sin volver, eso es…] No podía sentirme tranquilo al respecto.

A pesar de ser parte del plan, el hecho de no tener ninguna información acerca de su ejecución me hacía sentir inquieto.

Cada vez que intentaba cerrar los ojos, Análisis comenzaba a lanzarme datos sobre posibles fallos, riesgos y variables que podían haber salido mal…

y, por supuesto, no me mantenía tranquilo.

‘Cállate de una vez…’ [Si tarda, es que está en problemas…] ‘Él es un gran mago.

Puede lograrlo.

Confío en él.’ [Irónico eso.] ‘¿De qué hablas?’ [“Confiar” y “preocuparse” no deberían aplicar para la misma persona.] ‘Que no Analisis, el estará bien…

y punto final, callate, ¿si?’ [Aun así deberías ir a—] No le di tiempo a terminar.

Agarré la misma espada que mi padre me había regalado cuando cumplí cinco años y, sin pensarlo, salí corriendo para ir a buscar a mi hermano.

Corría por los tejados a toda velocidad.

¿Estaba exagerando?

Considerando el hecho de que mi hermano es poderoso como mago, quizá, pero esta vez no estaba solo y tenía que cuidar de una persona que tal vez no le siguiera el paso.

Esta vez soy lo bastante fuerte como para actuar, ¿no?

¡BOOOOOM!

Se escuchó una explosión seguida de una luz intensa.

“Una explosión” le había dicho, pero fue más allá con lo llamativo.

Ese era mi hermano, pensé, mientras llegaba al campo de batalla.

Caí del techo, cayendo frente a él.

—Rudeus —me di la vuelta para verlo—.

¿Qué está pasando?

Él solo señaló con su mentón.

Al darme la vuelta, noté que Eris estaba siendo sostenida por un hombre.

En ese mismo instante entendí todo.

Flexioné mis rodillas y di un salto directamente hacia el hombre.

—¡Eh!

El hombre esperaba un corte directo, pero al mirar hacia abajo notó que ya no tenía a Eris en sus brazos.

En cambio, ella estaba en los míos, sosteniéndola con cuidado mientras me miraba.

—Eris, ¿está todo bien?

—pregunté de la mejor forma posible, intentando que me dijera todo—.

Si te golpearon o algo, puedes decírmelo.

No me respondió.

Todavía seguía abrumada por todo lo que había pasado, así que interpreté su silencio.

La bajé con cuidado lejos de todo.

—Tienen mucho que decirme —desenvainé la espada—, así que más les vale hablar o terminarán sin darse cuenta.

Uno de ellos se rió.

—Vamos, niño…

—empezó a decir un hombre calvo—.

¿Te crees superior por quitarnos a esa mocosa?

Él ya tenía una espada en la mano, y el otro, que parecía el más experimentado, estaba con los brazos cruzados, confiado.

—Y sobre eso —continuó el calvo—, ¿por qué no te unes a nosotros?

Todavía eres un mocoso, pero con el tiempo serás un gran añadido a nuestra causa.

—…¿Llaman a esto causa?

—apreté con fuerza los puños.

—Sí, ¿por qué no lo sería?

—mencionó el otro—.

Quiero decir, el bandido nos pagará bien y podremos alimentar a nuestra familia.

Podríamos compartir la recompensa si te unes.

Ambos son inteligentes, ¿no?

No le di tiempo a seguir hablando.

Me lancé con gran impulso, dejando un agujero en el suelo mientras usaba la Espada Larga del Silencio.

En menos de un segundo ya estaba rozando su cuello.

Sin embargo, el hombre se alarmó y terminó agachándose en medio del corte.

Aun así, le propiné un rodillazo directamente en el rostro del calvo.

—¡GRAAAGH!

Antes de que cayera al suelo, fui directo hacia su pecho y lo golpeé con el mango de la espada, estrellándolo contra el suelo.

—¿Me vas a decir para qué venden a las niñas?

—me agaché a su altura, clavando la espada cerca de sus dedos—.

Porque puedo estar así toda la noche, ¿sabes?

Además, si no quieres perder los dedos, más te vale ser rápido.

Nada.

Seguía callado, a pesar de haberlo amenazado.

Le sujeté los dedos y se los rompí de un golpe seco.

—¡Aaah!

¡Mis dedos!

¡Maldito demonio!

¡Mátalo!

¡Mátalo ya!

Ajeno a su orden, seguí mirándolo fijamente.

—¡Aaah!

El hombré lanzó su espada, lo que se conocia como estilo del Dios del Norte.

Rudeus intentó hacer algo, pero lo detuve con una seña.

Como había predicho, la espada se rompió en mil pedazos antes de tocarme.

En menos de un segundo, la cabeza del hombre rodó por el suelo.

Y detrás de mí, Ghislaine había aparecido.

Me giré para encarar al calvo.

—Y bien, ¿quién te contrató?

—Y-yo…

yo solo…

¡El mayordomo!

¡Fue el mayordomo de la familia Boreas!

Nos contrató…

dijo que un noble quería a la chica…

—¿A la chica?

¿Para qué un noble querría una chica?

—pregunté de forma fría.

—Para…

para hacerla suya…

Por favor, yo solo necesitaba el dinero.

Soy padre y tengo una familia con— Le pateé el rostro.

—¿Tienes una familia?

Interesante.

Pero esa chica que te querías llevar también tenía una.

Si de verdad tuvieras una hija, debes saber el terror que es que se la lleven.

¿Qué harías si yo mismo la vendiera?

Sabes que podría hacerlo, así que dime más información.

Empezó a contarme más detalles.

El “noble”, o quien fuera que fuese, quería comprar a Eris.

Quitarle todas las ganas de vivir.

Dejarla “hueca”, que solo sonriera o asintiera.

Básicamente, matarla en vida.

Y también… dejarla vacía, como yo también lo era.

—Hermano…

—dijo Rudeus—.

¿Qué vas a…?

—Lo necesario.

Yo antes mataba.

En mi vida pasada, a cada criminal me encargaba de dejarlo sin vida.

Sin embargo, esta vez sería la primera vez que lo hacía estando plenamente consciente de mis acciones.

Además, si seguiré el camino de la espada, no será la única vez que tenga que matar.

Así que…

Levanté la espada y la balanceé hacia su cuello.

—Una escoria menos —envainé la espada—.

Ahora solo queda volver a casa.

Miré con seriedad el cuerpo de la persona que había asesinado.

Mi corazón latía con fuerza, pero no sentía arrepentimiento.

Se lo merecía, así que no había razón para sentirme de otra manera.

—Muy bien, niño —dijo Ghislaine—.

Ahora sabemos más sobre lo que pasó realmente.

Asentí y me acerqué a Rudeus.

Él estaba rígido, con la mirada perdida en el suelo, sin saber dónde mirar.

Era la primera vez que experimentaba la muerte humana en manos de otra persona, y su cuerpo simplemente se había negado a reaccionar.

—Hey, Rudeus —lo agité tomándolo de los hombros para obligarlo a estar de nuevo en la realidad—.

Mírame.

Después de unos segundos, sus ojos por fin se enfocaron.

—Yo…

ah…

—balbuceó Rudeus—.

Es decir…

—¿Temblar?

Lo estoy haciendo ahora —dije al escuchar mi propio corazón—.

Lo difícil no es eso, sino aceptar lo que viene después.

Y aquí, en este lugar, en este mundo, nada nos dará descanso.

—S-sí…

muchas gracias, hermano…

—No me lo agradezcas —lo interrumpí—.

Tú podrías haber terminado esto solo.

Estabas agotado.

Tenías que cuidar de otra persona.

Con ese peso encima, cualquiera habría flaqueado.

Con eso dicho, se puso de pie y seguimos el camino hacia la mansión.

…

Unas cuantas horas después, el sol estaba a punto de revelarse, e iba al frente a pesar de tener a Ghislaine de nuestro lado.

¿Por qué?

Me hacía sentir más calmado al estar alerta.

Al girarme, noté cómo Eris se estaba comportando de forma extraña.

—¿Pasó algo, joven Eris?

No me respondió, hasta que se acercó un poco y me miró directamente.

—¡Nada!

¡No me pasa nada!

—Ah, bueno —respondí a su grito.

Incliné la cabeza, noté cómo sujetaba su brazo con firmeza y decidí hacer algo al respecto.

—Te estás sujetando el brazo izquierdo —dije de repente.

—¡Solo es un rasguño, enano!

¡No necesito que un mocoso dos años menor que yo me diga si estoy herida o no!

—Nunca mencioné una herida.

Ella abrió la boca y no dijo nada.

—Los rasguños se infectan —continué—.

Y los que intentan hacerse los fuertes suelen morirse antes de pedir ayuda.

Rudeus miró a Eris.

—Eris-san, ¿qué hablamos de gritar?

Lo prometiste, nada de gritar hasta llegar a casa —mencionó Rudeus.

Ella gruñó y giró la cabeza.

[Comportamiento tsundere típico.] ‘¿De qué hablas?’ [Tu hermano Rudeus lo mencionó una vez en Buena Village.

Son chicas que actúan de forma agresiva, orgullosa o fría para ocultar lo que realmente sienten.

Suelen golpear primero y admitir después.] ‘…Ah, entiendo.’ [Y si lo dices en voz alta, probablemente te golpee.] ‘Tal vez.’ Me acerqué y tomé su brazo.

—¡Oye!

¡Suéltame, te dije que…!

—dijo ella.

Levanté la tela de su brazo y toqué directamente su herida con mi mano.

Esto era necesario, ya que la curación no es posible a distancia, es necesario el contacto directo.

Eris dio un leve suspiro que interpreté como dolor, porque no era una simple herida, y usé magia curativa para terminar con esto lo más rápido posible.

—¿…Qué…?

—empezó a decir ella—.

¿Qué demonios acabas de hacer?

Eris se quedó mirando su brazo cuando la solté.

—Curación avanzada —respondí.

—¡Te dije que no necesitaba ayuda!

—gritó Eris, olvidando de nuevo la promesa.

—Y yo decidí que sí la necesitabas.

—¡No tienes derecho a tocarme sin permiso!

Sostuve su mirada.

—Ayer tampoco tenías permiso para intentar romperme la cara doce veces seguidas…

Estamos a mano.

Abrió la boca.

La cerró.

La abrió otra vez.

Y simplemente gruñó.

—Cuando lleguemos a casa te pondrás una venda limpia aunque ya no la necesites —dije, empezando a caminar—.

Y la próxima vez avisas.

.

.

.

.

Cuando llegamos a la mansión, Eris se desplomó en el suelo, completamente exhausta.

Sus piernas debían haberse dado por vencidas ahora que sus nervios habían desaparecido.

Las sirvientas se volcaron ansiosamente alrededor de Eris.

Cuando se estiraron para ayudarla, ella apartó sus manos y se puso de pie por sí misma.

Sus piernas temblaban como las de un venado recién nacido, pero se paró de forma imponente, con los brazos cruzados sobre su pecho.

Tal vez había recuperado su espíritu ahora que estaba en casa.

Viéndola de esta forma, las sirvientas parecieron comprender que algo era extraño y se mantuvieron al margen.

La mirada de Eris se movió entre Rudeus y yo.

—¡Les concederé el privilegio especial de llamarme por mi nombre, Eris!

—¿Eh?

—Rudeus parpadeó.

—¡No cualquiera consigue eso, ¿bien?!

[Parece que lo entendió todo] ‘Silencio, que agotas bastante.’ —¡Muchas gracias, Eris-sama!

—dijo Rudeus.

—¡Deja las formalidades!

¡Solo llámame Eris!

—sentenció ella.

[Parece que finalmente lo comprendió.] ‘Silencio, hablar contigo me agota.

Literalmente’.

—¡Muchas gracias, Eris-sama!

—dijo Rudeus.

—¡Deja las formalidades!

¡Solo llámame Eris!

—sentenció ella.

Solo asentí.

—¿Y bien?

—exigió ella, mirándome—.

¿No vas a decir nada?

—Entendido, joven Eris —respondí.

—¿«Joven Eris»?

—preguntó ella confundida.

—Sí —confirmé.

—¡Te acabo de dar permiso para llamarme solo Eris!

—gritó ella.

—Y yo aprecio el gesto, pero «joven Eris» es más apropiado —repliqué.

—¡¿Apropiado?!

—Eris dio un paso amenazador, ignorando cómo sus piernas todavía temblaban—.

¡Rudeus va a llamarme Eris!

¡Ghislaine me llama Eris!

Decidí pensarlo un poco mientras ella seguía hablando.

—¡Mira!

—continuó Eris sin dejarme hablar—.

¡Esto es una orden!

¡Solo Eris!

¡Sin “joven”!

¡Sin formalidades!

¿¡Entendido!?

—No —respondí.

—¿¡Qué!?

—exclamó ella.

—Cuando seas capaz de derrotarme en combate —dije con calma—, reconsideraré los términos.

Los ojos de Eris se abrieron como platos ante mi propuesta.

—¿Lo dices en serio?

—Siempre hablo en serio —concluí.

Una sonrisa feroz comenzó a formarse en el rostro de Eris, a pesar de su agotamiento.

—Te voy…

a ganar…

—murmuró Eris, cerrando los ojos—.

Y entonces…

tendrás que…

llamarme Eris…

—Estaré esperando ese día —respondí en voz baja, pasándola cuidadosamente a las sirvientas.

—Asegúrense de que descanse —ordené a las sirvientas—.

Y revisen si tiene más heridas.

En ese caso, me llaman, ¿entendido?

Y así fue como Rudeus se convirtió en el tutor de Eris Boreas Greyrat y yo en su compañero de espadas.

*** NOMBRE: Eris B.

Greyrat.

OFICIO: Nieta del señor feudal de Fittoa.

PERSONALIDAD: Feroz.

LO QUE NO HACE: Escuchar lo que dicen las personas.

LECTURA/ESCRITURA: Puede escribir su propio nombre.

ARITMÉTICA: Puede sumar.

MAGIA: No le interesa.

ESGRIMA: Estilo del Dios de la Espada – Rango Principiante.

MODALES: Puede realizar el saludo estilo Boreas.

PERSONAS QUE A ELLA LE AGRADAN: Su abuelo, Ghislaine.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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