Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Episodio 12 La Danza del Combate
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19: Episodio 12: La Danza del Combate 19: Episodio 12: La Danza del Combate Era la noche después del incidente del secuestro.
[Tu hermano está raro.
Generalmente es activo, pero esta vez está decaído.] ‘Ya lo sé.
Ahora puedes callarte, ¿sí?’.
[¿Qué te pasa conmigo?
Siempre que te hablo, me quieres apartar.] ‘Porque cada vez que hablas me agotas, y no es metáfora…
literalmente haces que me sienta más cansado mentalmente, y eso es…’.
[Creo que simplemente no te acostumbras a que hable.
Pero tomando en cuenta tu decisión, y como tu ayudante, me quedaré en silencio manteniendo atención para alguna petición.] Suspiré, intentando mantener mi atención en otra cosa.
A pesar de aquel incidente del secuestro, Eris había insistido en querer combatir conmigo y, aunque no lograba pisarme los talones ni seguir mi juego de pies, no se rendía.
Por lo que vi, mi estilo la desorientaba bastante.
Ahora, en mi habitación contigua a la de Rudeus, noté cómo él estaba sentado, pensativo, mientras leía un libro.
Abrí la puerta y entré, casi asustándolo por ello.
—Piensas mucho, Rudy —no era una pregunta, era obvio lo que estaba haciendo.
Rudeus se llevó la mano al corazón.
—Ah, eres tú…
—suspiró levemente antes de levantarse—.
Estaba pensando en lo débil que me considero.
¿Él se acababa de considerar una persona débil?
—No es la magia, ¿verdad?
—pregunté—.
Sino en el apartado físico.
—Sí —Rudeus asintió—, es decir, si no fuera por ti o Ghislaine quizá habría muerto en ese momento…
y llegué a pensar después que no habrá otra oportunidad más.
Rudeus nunca había logrado usar refuerzo de maná, a pesar de que Sylphy sí pudo.
Eso lo hizo sentir impotente, y lo del secuestro terminó por despertar aquel sentimiento.
—Así que me estaba sintiendo débil —continuó Rudeus—.
No me digas nada, ¿sí?
Sé que es patético, solo…
Apoyé mi mano en su hombro.
—Si te hace sentir mejor —empecé a decir—, puedo enseñarte un nuevo método que encontré para tu condición de mago no aerodinámico.
—¿Mago no aerodinámico?
—Rudeus soltó una pequeña risa—.
Supongo que mis nalgas de niño de siete años ofrecen demasiada resistencia al viento.
Pero está bien, acepto el término.
Sonreí ante ello.
—Perfecto, nos vemos mañana en el patio entonces.
Y así fue como mi hermano empezó a sentirse mejor consigo mismo gracias a un nuevo método que encontré.
Un sistema capaz de emplear los principios de la espada, el movimiento y la agilidad sin necesidad de portar un arma, sino utilizando la magia en su lugar.
— Al día siguiente, mi hermano llegó al campo de entrenamiento.
No era más que el jardín de la mansión, pero eso no importaba ahora.
Él estaba completamente inspirado el día de hoy, así que quería aprovechar ese entusiasmo.
A pesar de eso, creo que también estaba agotado por la primera clase con Eris, pero lo disimulaba muy bien.
—Bien —comencé a decir—.
Ya sabes las fintas, los pasos, no es necesario enseñarte eso porque padre ya lo hizo, pero quiero darte un par de lecciones.
Le lancé una espada de madera para que la atrapara.
—Piensa rápido.
Cuando intentó hacerlo, usé una ráfaga de viento para desviarla.
—La primera lección que te doy es que nunca debes esperar a tus enemigos.
Anticipa tus movimientos e inicia.
No ganarás ni un combate sin iniciativa, y dado que no vas a ser un usuario del dios del agua, esperar a que te ataquen será ineficiente.
En ese caso, empieza antes de que el otro pueda empezar un plan para ganarte.
Por otro lado, Ghislaine estaba con sus tablas de madera tallando los caracteres y Eris la observaba con fascinación, intentando hacer lo mismo.
Para enfatizar mi punto, me lancé hacia él a toda velocidad sin tener nada en mis manos.
—¡Ah!
—grité para que estuviera atento.
Como lo había predicho, liberó una ráfaga de viento para alejarse y respondió con un ataque directo.
—Muy bien, pero noté que eso fue instintivo.
Es más, el segundo ataque nunca me habría dado aunque estuviera distraído —dije—.
Además, debes aprender a esquivar sin dejar grietas…
¿Qué harías si te hubiera agarrado en el aire?
Lo pude haber hecho, pero me limité a esquivar.
—¿Responder con otro ataque?
—Respondió Rudeus.
—Quizá, pero habías lanzado un ataque directo que pude aprovechar para ir en contra de tu concentración.
Después de esto, el entrenamiento comenzó, y tras tres horas y dos minutos, finalmente decidí que era hora de tomar un pequeño descanso.
Ghislaine había terminado con sus tareas, Eris no se despegaba de su lado y nos miraban atentas.
Si era honesto, lo que más esperaba del día de hoy es que ella me entrenara, y no faltaba mucho para ello.
Volviendo al asunto del entrenamiento.
Mi hermano había aprendido a esquivar, sí, pero todavía dependía mucho de esquivas más abiertas cuando usaba la magia de viento para escabullirse.
Sin embargo, lo que necesitaba era un punto más concentrado si de verdad quería igualar lo que hace un refuerzo de maná.
Además, al moverse daba una pausa y luego lanzaba magia.
Ese solo punto bastaba para ganarle.
Quería cambiar eso, así que me acerqué.
—Piensas como un mago de artillería, Rudeus.
Te mueves, te quedas en un sitio y luego disparas.
Eso sirve si tienes un tanque delante, pero tú eres el tanque y el artillero a la vez…
Todo esto fue escuchado por Ghislaine y Eris.
—¿De qué hablan estos dos, Ghislaine?
—preguntó Eris.
—No lo sé.
“Tanque”…
no tengo ni idea —respondió Ghislaine.
—Mmm, son muy raros —terminó por concluir Eris.
Rudeus jadeó un poco y dijo: —Es…
difícil…
concentrarse en dos cosas…
—En ese caso, vamos a cambiar de estrategia —dije.
Me acerqué hacia uno de los árboles y apoyé la palma de mi mano en su corteza.
—Quiero que prestes atención, Rudeus —dejé de mirarlo y me concentré en mi objetivo.
Sin tomar impulso y sin mover el hombro, ejecuté un hechizo de viento llamado “onda de choque”.
Pero no lancé el hechizo hacia afuera, sino que lo detoné dentro de mi palma justo en el momento en que mis músculos se tensaron.
¡PUM!
El impacto hizo temblar el tronco completo, dejando una hendidura profunda donde mi mano había estado.
Rudeus abrió los ojos como platos.
—¿Refuerzo físico?
No…
Eso fue onda de choque —murmuró.
—Es propulsión —expliqué—.
No usé el viento para empujar el árbol, usé el viento para empujar mi mano hacia el árbol a una velocidad explosiva en una distancia cero.
Básicamente, debes juntar ambas técnicas: una para generar el impacto, la otra para protegerte del retroceso.
Estaba claro que necesitaba cubrir ambos lados, de lo contrario podría verse afectado por su propia magia.
Dentro de eso, si lograba completar lo que le dije, podría compensar su falta de refuerzo de maná.
Sumado a un increíble control de maná, nadie podría intimidarlo físicamente.
Limpié mi mano con mi ropa y me giré hacia él.
—Rudeus, tu cuerpo es lento pero tu magia es rápida.
Deja de usar la magia para atacar al enemigo y úsala para acelerar tu cuerpo.
—Microexplosiones…
—murmuró Rudeus—.
En los codos para golpear y en los talones para esquivar.
—Exacto.
—¡Déjame intentarlo!
Rudeus intentó lo mismo que había hecho, y aunque logró hacerlo bien porque era un excelente mago, eso no significaba que lo había hecho perfecto.
—Bien.
Ahora hazlo cien veces más antes de la cena —dije.
—¡¿Cien?!
—gritó Rudeus.
—¿Quieres sobrevivir a Eris mañana o no?
Además, es sencillo considerando tu maná…
En tus manos, codos, talones, piernas y caderas.
No me dijo nada, pero entendí que había aceptado.
Sin embargo, ahora se encontraba viendo cómo Eris sonreía mientras hablaba con Ghislaine.
Según Phillip, ella era junto a Edna una de las personas que quería, así que podía entender por qué estaba así.
—¿No puedes enseñarle, verdad?
—pregunté.
—Sí —respondió Rudeus.
—¿Se aburre?
—pregunté.
—Por supuesto.
Dice que solo quiere ser una aventurera y no le interesa nada más.
Insiste en querer ganarte, pero eso por ahora es imposible —respondió Rudeus.
Hubo un silencio corto.
—Iré a comer un poco, tengo mucha hambre —terminé por decir, dejando una de las espadas de madera con él y entrando a la mansión.
Lo dejé solo con Ghislaine y Eris mientras iba directamente hacia la cocina.
—¿Cómo se llamaba ese postre que mencionó el chef?
—murmuré para mí.
Lo olvidé por completo y eso solo hizo que sonriera ampliamente.
Porque por primera vez me sentía más humano, olvidando cosas mundanas como el nombre de un postre.
…
Había pasado un mes desde que me convertí en el tutor de Ghislaine, alumno y también compañero de espadas de Eris.
—¡Toma!
—Eris me lanzó un ataque que esquivé y devolví con un golpe normal de espada—.
¡Ash, es inútil!
Por otro lado, mi hermano la tenía difícil con ella.
No le hacía caso cuando comenzó a darle lecciones.
Desaparecía tan pronto como era la hora de leer o la aritmética.
Solamente daba la cara cuando se trataba de esgrima, y eso debía cambiar.
La clase de magia era la única a la que ella le prestaba atención fielmente a Rudeus, y la primera vez que produjo una bola de fuego estuvo feliz y entusiasmada.
“Algún día voy a crear fuegos artificiales en el cielo tal y como lo hiciste tú” le había dicho mientras Rudeus apagaba las llamas.
Y aunque le advirtió, parece que no le hizo caso alguno, porque ella sonreía mientras veía las cortinas medio quemadas, satisfecha de sí misma.
Gracias a las ideas que Ghislaine le contó acerca de su vida como aventurera, cómo fue estafada y las desgracias que pasó, Eris empezó a tomar las lecciones de Rudeus más en serio.
Y eso sí, necesitó la aprobación de Ghislaine para haber tomado su decisión.
Un día llegué a los establos tras haberlo visto desde las lejanías.
—Joven ama, por favor, despierte.
Eris-san.
¡Es hora de divertirse con las aritméticas!
Rudeus estaba actuando de forma extraña mientras se acercaba hacia una Eris dormida.
Lo tomé del cuello de la ropa y lo arrastré hacia afuera.
—¿Qué estabas planeando, Rudeus?
—entrecerré mis ojos.
—¡Solo iba a evitar que pasara frío!
—respondió Rudeus.
—Bien, pero la próxima no quiero encontrarte en algo así, ¿entendido?
Asintió, completamente nervioso, mientras lo soltaba del agarre.
…
Había pasado medio año desde entonces.
Eris, quien pensamos que finalmente se había calmado en cuanto al trato con Rudeus, comenzó a regresar a sus actitudes violentas.
¿Por qué?
Era más que obvio, solo que me concentré tanto en mi propio entrenamiento y en ser el tutor de Ghislaine que no había notado la secuencia de tareas que llegó a tener Eris: Desayuno → Estudio → Almuerzo → Estudio → Refrigerio → Estudio → Cena → Tiempo libre.
No había profesor de historia, así que Phillip le enseñaba en su tiempo libre.
Rudeus y Edna tuvieron una reunión para discutir el problema del estrés acumulado de Eris.
Observaba desde lejos mientras mi hermano explicaba la situación.
El horario de Eris era brutal.
No había lugar para descanso.
Estudio, entrenamiento, estudio, y así todos los días.
Su irritabilidad había aumentado considerablemente y cualquiera podía notar que eventualmente estallaría.
La solución que Rudeus propuso fue simple pero efectiva.
Un día de descanso cada siete días.
En este mundo no existía el concepto de semana, pero el número siete tenía un significado especial, así que funcionaba.
Modales, esgrima, lectura, escritura, aritmética y magia….
Rudeus incluso sugirió combinar las lecciones de magia con ejercicios de aritmética mental, algo que a Eris le resultaba más fácil que sentarse frente a números en un papel.
Basicamente, siguiendo mi principio de entrenamiento como pasó con Ghislaine.
Edna aceptó sin problemas, aunque al principio le preocupó que reducir sus lecciones afectara su salario.
Rudeus la tranquilizó rápidamente, ya que Phillip había acordado mantener los pagos mensuales sin importar la cantidad de clases.
También acordaron reunirse el primer día de cada mes para evaluar el progreso y resolver cualquier problema que surgiera.
Y así fue como Rudeus consiguió su primer día libre.
Cuando llegó ese día, lo vi dirigirse hacia la salida de la mansión.
—Vamos, hermano —sugirió él, así que decidí seguirlo.
Sin embargo, ya nos esperaban.
Ghislaine y Eris estaban en la puerta, bloqueando la salida.
—¿A dónde creen que van?
—Eris se veía inquieta, tal vez porque era su primer día libre.
Su primer día completo sin nada que hacer.
Era evidente que ella tenía curiosidad acerca de cuáles eran los planes de mi hermano para el día.
—Voy a hacer turismo por Roa —dijo Rudeus, haciendo una pose.
—¿Hacer…
turismo?
—preguntó Eris, confundida.
—Sí, planeamos comprar alguna que otra cosa —respondió Rudeus.
—Ah, en ese caso…
¡yo también voy!
—exclamó Eris.
—¡Muy bien, entonces en marcha!
—dijo Rudeus.
—¿¡De verdad!?
—Eris parecía sorprendida de que aceptara tan fácilmente.
—Ghislaine, tú también vienes, ¿cierto?
—preguntó Rudeus.
—Sí.
Es mi deber proteger a la joven ama —respondió Ghislaine.
Luego Eris me miró directamente.
—Más te vale no adelantarte, Daiki.
¡Estaré lista en un segundo!
¡Alphonse!
¡Alphonse!
—miré mientras Eris salió corriendo, avanzando de forma ruidosa por la mansión.
….
La Ciudadela de Roa era una de las ciudades más grandes de la Región de Fittoa.
Las murallas tenían siete u ocho metros de alto y envolvían la ciudad por completo.
No era un círculo perfecto, se torcía con el terreno, pero era impresionante.
Mientras caminábamos por el distrito comercial, Rudeus comenzó a tomar notas de los productos y sus precios.
Eris no entendía para qué servía comparar precios, y cuando Rudeus intentó explicarle con un ejemplo de reventa, ella se confundió con la aritmética.
Entramos a una librería.
Rudeus encontró el mismo diccionario de botánica que Zenith le había regalado, y se dio cuenta de lo costoso que era.
Diez monedas de oro.
Con un salario de dos monedas de plata al mes, imposible de pagar.
Además, el libro de curación avanzada debió costar mucho más, asi que no entendía como logró pagarlo…
o ya lo tenía?
No lo sé, se veia algo desgastado.
Eris ofreció comprarle un libro usando el dinero de su abuelo, pero Rudeus le explicó que no debía gastar dinero ajeno tan fácilmente.
Le habló sobre los salarios, sobre cómo Ghislaine ganaba más porque tenía experiencia y título, y cómo ella misma no tenía valor de mercado todavía.
Sorprendentemente, Eris pareció entenderlo.
De regreso a la mansión, el cielo estaba teñido de rojo y naranja.
Rudeus miró hacia arriba y vio algo flotando entre las nubes.
—Esa es la fortaleza flotante del Rey Dragón Acorazado Perugius —explicó Ghislaine.
Eris aprovechó para presumir sus conocimientos.
Le contó a Rudeus sobre Perugius, uno de los tres héroes que derrotaron al Dios Demonio Laplace hace cuatrocientos años.
Usó magia de invocación para controlar doce familiares y restauró una antigua fortaleza flotante llamada Martillo del Caos.
Aunque no logró destruir completamente al Dios Demonio, tuvo que sellarlo como último recurso.
El Reino de Asura lo honró nombrando la era actual en su honor.
Cuatrocientos años después, nadie sabía si Perugius seguía vivo o si el castillo simplemente flotaba sin rumbo.
…
.
.
.
.
.
Transcurrió otro año.
La educación de Eris progresaba sin problemas.
Su dominio de la espada era impresionante.
Avanzó al rango Intermedio antes de su décimo cumpleaños, lo que significaba que podía competir con un espadachín promedio.
Ghislaine dijo que, aunque solo tenía nueve años, podría alcanzar el rango Avanzado en algunos años más.
Nuestra joven ama era un genio.
En cuanto a mí, ya había alcanzado el nivel Avanzado a los siete años antes de llegar a la mansión.
Ahora seguía entrenando con Ghislaine para perfeccionar mi técnica.
En cuanto a lectura y escritura, Eris era funcional.
Ghislaine, quien había sido engañada numerosas veces por no saber leer, se esforzaba desesperadamente por aprender gracias a mi estilo de enseñanza, logrando mejores resultados.
Las lecciones de magia avanzaban a buen ritmo.
Eris había dominado casi todas las escuelas de magia aparte de la tierra.
Ghislaine solo podía lanzar hechizos de fuego.
Recientemente Rudeus las había hecho practicar conjuración silenciosa, pero los resultados fueron decepcionantes.
Sylphie lo había logrado fácilmente.
Él se preguntaba si era un problema de edad o si ella simplemente era especialmente hábil.
El décimo cumpleaños de Eris se acercaba.
Un día, mientras caminaba por los pasillos, escuché un grito.
—¡Ya basta!
—la puerta frente a mí se abrió de golpe y Eris salió volando.
Sus hombros estaban encorvados mientras corría por el pasillo a velocidad impresionante y desaparecía en la esquina.
Edna salió persiguiéndola.
—¡Joven ama!
—miró hacia ambos lados y suspiró cuando no vio rastros de Eris.
Entonces me notó.
Ella me ofreció una sonrisa débil.
—Buenos días, Daiki-sama.
—Buenos días —dije—.
¿Está…?
—Sí, agotada —respondió ella—.
Y siento que hayas visto esto.
—Ah, no te preocupes.
En ese caso, ¿cuál es el problema?
—Verá, últimamente le he estado enseñando a bailar, pero ella no logra hacerlo bien.
Ahora, cada vez que intento enseñarle, ella huye —respondió Edna.
—Mmm, creo que sé a qué se debe —dije.
Ella me miró interesada.
—Queda menos de un mes para su cumpleaños.
Si las cosas continúan así, ella se avergonzará a sí misma frente a sus invitados —mencionó Edna.
[Aunque ella ya es conocida por ser violenta, asi que no veo el problema.] —Este es su décimo cumpleaños.
Es especial.
Convertirse en un hazmerreír ese día es demasiado cruel, ¿no cree?
—ella mantuvo la vista sobre mí.
—Veré qué hago con eso, Edna-san —respondí.
…
Seguí el rastro que dejó Eris y la encontré en un establo golpeando un saco de heno con un palo.
—Hmph —Eris exhaló con una mirada de molestia en su rostro cuando me vio—.
Lárgate.
—Escuché que no puedes bailar muy bien…
ah Esquivé una patada.
—Joven Eris, sabes que eso no servirá conmigo —Hmph…
¿Qué quieres?
—preguntó ella.
—Edna dice que huyes —respondí.
—¡No huyo!
¡Es estúpido!
¡Bailar es para débiles!
¡Yo soy una espadachina!
—gritó Eris mientras me lanzaba un palo.
—El baile no es para débiles.
Es control, ritmo y anticipación —dije mientras esquivaba el palo.
—¿No vas a aprender a bailar, entonces?
—pregunté.
—No lo necesito, y tampoco bailaré en mi cumpleaños —sentenció Eris.
—¿Aunque quizá puedas mejorar?
—insistí.
—¿Por qué tengo que hacer algo en lo que no soy buena?
—se quejó ella, haciendo un puchero con sus labios.
Suspiré y miré hacia otra dirección.
—Cuando llegué por primera vez aquí, pensaba que no era bueno enseñando y que me aburriría —comencé a decir—.
Al final descubrí lo equivocado que estaba y el nuevo pasatiempo que había descubierto.
Ella me miró sin decirme nada.
—No digo que hagas algo que no te gusta —continué—.
¿Pero no crees que esto quizá pueda gustarte?
Edna no te enseña en base a lo que sabes.
Eres una guerrera de nivel Intermedio.
Ella pareció reconsiderarlo.
—¿Qué sugieres entonces?
—dijo finalmente, apoyándose en la pared.
—Atácame.
Intenta pisarme el pie.
Ahora.
—¿Qué…?
—Sí, el baile también puede ser un combate, ¿sabes?
Eris sonrió con malicia y se lanzó hacia adelante.
Me deslicé hacia atrás en un paso.
Ella ajustó y atacó de nuevo, y me moví hacia la izquierda en dos pasos.
Ella giró intentando barrerme, entonces atrapé su mano y giré con ella en el tercer paso.
Quedamos pecho con pecho y mi mano aún reposaba en su cintura.
—Eso fue un vals básico —le susurré—.
Movimiento, contramovimiento y giro.
Los ojos de Eris se abrieron de par en par.
—¿Eso fue bailar?
—preguntó sorprendida.
—Bailar es pelear con reglas, joven Eris.
Tu pareja es un oponente cooperativo.
Tienes que leer su intención y anticipar su giro.
Si puedes predecir mi espada, puedes predecir mis pies —expliqué.
La solté lentamente.
—Edna enseña a damas, pero tú eres una guerrera.
Eris miró sus pies y luego los míos.
—Enséñame.
Le ofrecí la mano con una sonrisa.
—¿Recuerdas cuando te hice girar el primer día que nos conocimos?
Creo que te pusiste roja.
—¡E-eso fue…!
—se atragantó con su orgullo—.
¡Da igual!
¡Te voy a superar!
Y así comenzaron sus lecciones de baile.
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