Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Episodio 16 Caminos separados
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26: Episodio 16: Caminos separados 26: Episodio 16: Caminos separados Esto es todo.
¿Por qué estoy diciendo estas cosas?
Hace un momento estaba hablando con un Dios, y ahora me encuentro vacío.
Mamá.
Lo siento.
No fui fuerte, y admito que me excedí con mis entrenamientos con Ghislaine.
Sé que dijiste que debía descansar, pero no podía permitírmelo si eso significaba no volverme más fuerte para protegerte.
Papá.
¿Fui fuerte?
¿Fui un buen hijo mayor?
Sé que no.
Desde mi nacimiento traje inseguridades, así que siempre traté de que eso fuera diferente ahora, pero mis pensamientos negativos pesan más que todo lo demás.
Lilia… Roxy… Sylphy… Eris… Y… Rudeus.
Lo siento mucho.
Como hermano mayor fallé.
Prometí estar a tu lado y justo ahora no lo estoy.
Sé que muchas veces no fui el más expresivo, pero siempre te quise como a un hermano.
Y no espero que estés bien, lo aseguro, porque tú mismo te encargaste de que confiara en tus habilidades.
“Qué fastidio.
Incluso en la vasta oscuridad, siento este dolor punzante en el corazón que me lleva a pensar mal de todo a mi alrededor.” Di un suspiro seco al pronunciar esas palabras en mi mente fragmentada.
¿Realmente morí?
¿Era tanto pedir que esto durara un poco más?
No…
no morí.
Solo…
Abrí los ojos y noté que estaba cayendo desde una altura considerable.
No estaba seguro de cuál era la altitud, pero caía en picada, con la espalda hacia el suelo, arrastrado por la inevitable gravedad.
Aun con todo eso, nada importaba.
Quizá ya era hora de aceptar que no fui lo suficientemente fuerte para proteger a quienes quiero.
¿Qué más podía hacer?
Hace un instante estaba riendo con ellos… y ahora estoy solo otra vez.
[Daiki… por favor, tienes que concentrarte.
Aún puedes sobrevivir…] “Quizá ya es hora de aceptar que mi vida nunca valió la pena, Análisis.” [Por favor, te lo pido… no quiero verte, no quiero—] “Silencio, Análisis.
¿Desde cuándo te preocupas por mí?
En mi vida pasada estabas ahí, pero nunca me diste buenos recuerdos, siempre datos fríos sobre lo que me rodeaba.” [¡Eso es…!
¡No podía hacer nada más!] “Lo siento.
Sé que quieres ayudarme, pero ya no quiero ser ayudado, Análisis.” [Puedes decirme Ayam… Ese es el nombre que elegí.] “¿Qué…?
¿Ayam?” Por un momento, dejé de pensar en la muerte.
[Hermano… por favor.
No quiero verte morir de nuevo.] Hermano.
Morir.
Familia.
¿De verdad llegué a pensar que morir era lo mejor?
¿Todavía arrastro esos pensamientos de mi vida pasada?
Sí, aún los conservo.
Pero ahora me di cuenta de que tengo una familia que me espera y un hermano que debe ser buscado.
No puedo permitirme romperme de nuevo.
Con determinación, di un giro rápido en el aire y logré vislumbrar el gran mar verde que se abría paso en mi visión.
Sujetaba mi espada con su funda; momentos antes colgaba de mi cintura, a punto de salirse, y ahora la protegía con mi vida.
Era el regalo de Sauros, después de todo.
Estaba cayendo desde una altura absurda.
Mi cuerpo estaba siendo reforzado con maná, pero debido a la presión del viento y a que caía en picada, mi ropa comenzaba a desgarrarse por todos lados.
El mar verde se convertía ahora en un bosque, y faltaba poco para tocar el suelo.
Vamos, piensa, Daiki, piensa… —¿…
Eh?
Distinguí a un grifo atacando a una especie de…
¿humanos?
No lograba ver bien.
Tenía los ojos algo humedecidos por el viento.
Y entonces fue cuando lo vi.
El grifo se elevó en el cielo para intimidarlos.
Giré en el aire para disminuir un poco la velocidad y saqué mi espada.
La fuerza había sido tanta que la funda se había desgarrado.
Y, como una lanza caída del cielo, y usando Shockwave para redirigir mi trayectoria, el impacto llegó.
Fue tan fuerte que juraría que el grito del grifo se había escuchado por todo el bosque.
Después de eso, siguió la inercia: el grifo descendió a gran velocidad hacia el suelo.
Pensé que iba a explotar…
pero no lo hizo.
Menos mal; Habría sido desagradable.
—Uff, por poco me rompo las piernas…
—respiraba de forma agitada, aún con mi espada clavada en su lomo.
Espera…
¿Acabo de sobrevivir a una caída de esa magnitud montado en un grifo?
Miré hacia el grupo, por si entre ellos estaba mi hermano, y a mi alrededor, por si también había caído al suelo esperando lo peor, pero no encontré nada.
El grupo de personas en realidad eran elfos, que miraban con un rostro que no podía describir fácilmente.
¿Miedo?
¿Fascinación?
¿Gratitud?
Esta vez no estaba tan seguro.
Arranqué a Temphestalis del cuerpo inerte, obligándome a apartarme de inmediato por el chorro de sangre.
Todavía estaba aturdido, con la mente dando vueltas.
Y además…
¿qué hacía un grifo aquí?
Mirándolo bien, tenía cadenas en el cuello y en las patas, lo que significaba que no era parte de la naturaleza, sino que alguien lo había capturado hace tiempo.
Entre ellos había tres mujeres, cuatro hombres y cuatro niños.
¿Qué hacía una familia completa en este lugar del bosque?
—¿Están todos bien?
—lo dije como si fuera rutina, como si estas cosas pasaran todos los días, con un fin estoico que usaba para que no se asustaran de más.
Pero claro, eso solo lograba lo contrario: se encontraban fascinados.
Al no recibir respuesta, decidí hablar por ellos.
Tal vez veía en sus miradas un miedo incluso mayor que el que sentían por el grifo.
Después de todo, debía verme como un demonio caído del cielo.
[Deja de pensar eso, idiota…
solo están en shock] —Mmmm… —me rasqué la nuca y, cuando levanté la vista, noté que sus ojos estaban brillando.
—Joven… —habló el más alto de ahí, con un dejo de respeto.
—¿Qué pasó?
—Salvaste a mi familia.
Estamos en deuda contigo.
—Solo fue una casualidad.
¿Por qué agradecer?
—Entonces fue una buena casualidad, pero nos salvó.
Eso es lo que importa, ¿no?
No dije nada.
Todavía estaba pensando en mi hermano y en Eris.
—Puedes pedir lo que sea… Si es algo que podamos hacer, lo haremos.
Fue todo lo que dijo.
Esperaba miedo, rechazo… Por mi cabello negro y mis ojos rojos, con mi indiferencia y mi poder, no era precisamente la imagen más tranquilizadora del mundo.
—Sí, tengo una pregunta.
¿Vieron por casualidad a un joven de mi edad, de cabello castaño arenoso?
Seguramente iba acompañado por una chica de cabello rojo… —tenía un poco de esperanza ante la respuesta de los elfos; ellos conocían a la perfección este bosque y existía la posibilidad de que supieran algo.
Hitogami, el supuesto dios humano, me había asegurado que mi hermano había caído en el continente demoníaco y que un barco me esperaba para ser abordado, pero… todavía quería revisar cada rincón de este lugar, cubrir todo lo que pudiera.
Además, no poseía dinero para un barco ahora mismo.
—No, lo lamento… Suspiré.
Era obvia la respuesta, pero esperaba algo, al menos.
—No vimos a nadie así, pero el bosque es grande.
Todos los elfos agacharon la cabeza.
—Bueno, no importa —respiré hondo—.
¿Saben dónde hay civilización humana?
Tengo que buscar información sobre mi hermano, y ahí siempre se encuentra todo.
El señor asintió de inmediato.
—Te podemos llevar a nuestra casa, te damos ropa nueva… —comenzó a decir, pero ni siquiera hizo falta que terminara.
Noté cómo mis botas y mi camisa estaban por romperse—.
…comida, y las cosas que pidas.
Estamos en deuda, muchacho.
* * * * * * Rudeus Greyrat Cuando desperté, ya era de noche.
Podía escuchar el crujir de la madera ardiendo.
Parecía ser que estaba durmiendo junto a una fogata, a pesar de que no recuerdo haber hecho una, o incluso ir de campamento.
La última cosa que sí recordaba…
era el cielo cambiando abruptamente de colores, una ola de luz blanca envolviéndonos, y— Daiki.
Mi hermano estaba frente a nosotros cuando eso sucedió.
Esa luz lo tragó primero antes de alcanzarnos a Eris y a mí….
Cuando me senté, mi espalda comenzó a doler; había estado recostado directamente sobre el suelo.
Mis alrededores inmediatos eran un pedazo de tierra seca y agrietada.
Por lo que podía ver, apenas había algo de vegetación.
¿Acaso ni siquiera había insectos?
No escuchaba nada más que el sonido del fuego.
Era realmente silencioso aquí.
Sentía que cualquier ruido que hiciera sería tragado por el silencio total de la noche.
No podía recordar haber estado en un lugar como este antes; después de todo, el Reino de Asura estaba cubierto de campos y bosques.
¿Esa ola de luz blanca había provocado esto?
No, no.
De acuerdo a ese Dios Humano, yo había sido teletransportado.
Supongo que este era el Continente Demoniaco.
Una tierra completamente nueva y desconocida.
De alguna manera, esa luz me había enviado…
Esperen.
¿¡Qué hay de Daiki!?
¿¡Y Eris!?
El pánico se apoderó de mí.
Mi hermano.
¿Dónde estaba ?
Había sido tragado por esa luz primero.
¿Habría sido teletransportado al mismo lugar?
¿O acaso…?
Mi primer instinto fue ponerme de pie de un salto y empezar a buscarlos.
Pero justo cuando comenzaba a moverme…
vi a una chica durmiendo sobre el suelo a mi lado, con una mano sosteniendo mi ropa.
Su cabello rojo vívido era inconfundible.
Era Eris.
Eris Boreas Greyrat.
Mi espalda se relajó un poco.
Al menos ella estaba aquí, pero…
¿Dónde estaba Daiki?
Miré alrededor de la fogata con creciente desesperación, buscandolo.
Nada.
Solo oscuridad y las sombras danzantes del fuego.
Mi corazón se aceleró.
—¿¡Daiki!?
De inmediato, vi a alguien sentado cerca del fuego, a quien no había notado antes.
Corrí hacia allá con esperanza renovada, pensando que tal vez era mi hermano.
Pero no era el.
Era un hombre.
—¿Dónde está mi hermano?
Había un chico con cabello negro y ojos rojos.
Estaba con nosotros cuando la luz nos golpeó.
¿Lo vio?
¿Lo vio aquí?
—¿Tu hermano?
Solo encontré a ustedes dos aquí después de que cayeron del cielo.
Una chica humana y tú.
No había nadie más.
Mi mundo se tambaleo.
¿Solo nosotros dos?
¿Entonces dónde estaba Daiki?
Traté de calmarme, aunque la ansiedad me roía por dentro.
Quizá había sido transportado a otro lugar.
Quizá estaba en algún otro punto del Continente Demoniaco, esperando por nosotros como yo estaba esperando por él.
Pero mientras el hombre me explicaba dónde estábamos y qué había hecho, una parte de mí no dejaba de preocuparse.
Daiki era fuerte, pero incluso eso podría no ser suficiente en un mundo desconocido.
Y Eris…
ella estaría devastada cuando descubriera que Daiki no estaba aquí.
Mi intuición me decía que debía confiar en este Superd.
Que debía preguntar sobre mi hermano, investigar, y tal vez este hombre podría ayudarme a encontrarlo.
Mi preocupación era tanta que me dió igual tener a un Superd en frente mio.
—Necesito pedirle un favor.
Mi hermano mellizo estaba con nosotros.
Tenia el cabello negro, ojos de color rojos, aproximadamente de mi tamaño, es solo un poquito más alto….
¿Hay alguna forma en que podamos localizarlo?
¿Alguien más en la región que haya visto a un chico así?
El Superd me observó por un largo momento.
Algo en su mirada sugería que entendía la desesperación en mi voz.
—Descansa esta noche —dijo lentamente—.
Mañana, cuando salga el sol, buscaremos en los alrededores.
Si tu hermano estaba con ustedes, debe haber estado cerca.
Y si está vivo…
—El hombre hizo una pausa—.
Un guerrero Superd nunca abandona a quienes buscan ayuda.
Buscaremos a tu hermano.
Esas palabras me anclaron un poco, aunque la preocupación por mi hermano no me abandonaría en toda la noche…
y quizá en todo el camino.
Poco tiempo después, los ojos de Eris se abrieron de golpe.
—¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!
—Eris comenzó a temblar como un alma en pena, se cayó hacia atrás, y luego trató de ponerse de pie y correr.
Pero sus piernas cedieron y colapsó en el suelo—.
¡Nooooooooooo!
—¡No!
¡No, no, no!
¡Por favor, por favor, no!
¡Ghislaine!
¡Ghislaine, ayúdame!
¡Ghislaine!
¿¡Por qué no vienes!?
¡Noooo!
¡No quiero morir!
¡No quiero morir!
¡Lo siento!
¡Lo siento!
lo siento!
¡Rudeus, Siento haberte apartado!
Aaah…
ah…
¡Waaaaaah!
Acaso…
¿tal vez yo tenía la idea equivocada?
¿Toparse con un Superd literalmente era una cuestión de vida o muerte?
Miré hacia Ruijerd a causa del desconcierto.
—Esa es la reacción más común.
—dijo él.
—¿Así que yo soy quien se está comportando de forma extraña?
—Sí, estás actuando de forma bastante extraña.
Sin embargo…— —¿Sin embargo?
—No puedo decir que me molesta.
El rostro del hombre era la imagen de la soledad.
Me puse de pie y caminé hacia mi aterrada pupila.
Eris se retorcía más y más del miedo a medida que me acercaba.
—Vamos, todo está bien.
No hay nada que temer.
—Hic…
¡Por supuesto que sí!
¡E-ese hombre es un Superd!
—Pero ¿qué es tan aterrador de él?
—¡I-idiota!
¡Él es un Superd!
Ellos…
¡Ellos comen niños!
¡Se los comen vivos!
—Mm.
No creo que eso sea verdad.
Me di la vuelta hacia Ruijerd para confirmarlo, y él asintió sin pensarlo.
—No, nosotros no comemos niños.
—Eris, ¿escuchaste eso?
—P-pero…
¡Ellos son demonios!
¡Demonios!
—Sí, tienes razón en eso.
Pero afortunadamente él habla muy bien la lengua Humana.
En ese momento, ella comenzó a temblar de nuevo.
—E-encantada…
de conocerlo, s-señor.
Mi nombre es…
E-Eris Bo-Bo-Boreas…
¡Greyrat!
A pesar de todo, la chica aun así logró presentarse de forma educada.
Fue un poco cómico, especialmente luego de haberlo fulminado con la mirada.
—Eris Boboboreas Greyrat, ¿cierto?
Parece que ustedes los humanos últimamente han estado colocándose algunos nombres bastante peculiares.
—¡No, no!
¡Es Eris Boreas Greyrat!
¡Solo tartamudeé un poco, eso es todo!
¿¡Qué tal si ahora tú te presentas!?
Un instante después de que terminó de gritarle, el rostro de Eris se puso un poco pálido.
Parece que ella por un segundo había olvidado a quién le estaba hablando.
—Por supuesto.
Mis disculpas.
Mi nombre es Ruijerd Superdia.
Cuando Ruijerd respondió tranquilamente, una expresión de alivio atravesó el rostro de Eris, para luego mostrar rápidamente una sonrisa confiada y engreída.
Parecía haber decidido retroactivamente que a ella no le asustaba ni un poco.
—¿Ves?
Él no es tan malo.
Puedes hacerte amigo de todos, siempre y cuando puedas comunicarte con ellos.
—¡Sip!
¡Tienes razón, Rudeus!
¡En serio, Madre es una gran mentirosa!
Eris entonces pareció recordar algo importante y sus ojos se abrieron como platos.
—¡Espera!
¿Y Daiki?
¿Dónde está Daiki?
—Su voz cambió de tono de repente, de jocosa a ansiosa—.
Él estaba justo delante de nosotros cuando la luz nos golpeó…
—Ruijerd solo nos encontró a nosotros —dije lentamente, viéndola procesar la información.
—No sé dónde está mi hermano…
El rostro de Eris palideció, y esta vez no fue de miedo hacia el Superd, sino de verdadera preocupación.
—¿Q-qué?
¿No está aquí?
¿Dónde…
dónde está?
¿Está en algún otro lado?
¿Está bien?
¿Está…
No terminó la frase, pero sabía lo que estaba pensando.
—Mañana lo buscaremos —le aseguré, aunque las dudas me atormentaban—.
Daiki es fuerte.
Tiene que estar en algún lugar por aquí.
Eris asintió, aunque pude ver claramente cómo le temblaban las manos.
Por primera vez desde que había despertado, su miedo no era por el Superd frente a nosotros, sino por aquello que desconocía…
y por mi hermano.
Ruijerd nos observó en silencio, su expresión imposible de descifrar.
Luego habló, con esa voz serena que no combinaba en absoluto con su apariencia temible: —Buscaremos a tu hermano mellizo mañana al amanecer.
Un guerrero Superd no abandona a quienes protege.
Si el chico estaba con ustedes, lo encontraremos.
Sus palabras deberían haberme aliviado, pero la noche se volvió incluso más larga después de eso.
Mi mente daba vueltas sin descanso alrededor de una sola pregunta: ¿Dónde estarás, hermano?
— Eris Boreas Greyrat Esto no podía ser cierto…
Daiki, me prometiste que no te alejarías.
Que siempre estarías conmigo.
Pero, al parecer, la vida tiene otros planes.
Aunque…
No.
No voy a rendirme por esto.
Sé que es una prueba, y puedo superarla.
Mi amor es más fuerte que este lugar miserable…
Ugh…
otra vez estoy diciendo esas cosas románticas.
Pero no puedo sacármelo de la cabeza.
¿Y si ahora mismo está luchando contra algún monstruo horrible?
¿Y si…
está pensando en mí?
Cuando me di cuenta, ya estaba enredando mis manos en mi cabello, dando vueltas como una tonta enamorada.
Pero no…
no podía quedarme quieta.
No cuando él seguía allá afuera, solo quién sabe dónde.
¿Qué estaría haciendo?
¿Estaría ileso?
¿Estaría…
sonriendo?
Sentí un calor extraño subir por mi cara.
—Tsk…
qué molesto…
—Murmuré, apretando los dientes.
—¿Pasó algo, Eris?
— dijo Rudeus.
—No pasó nada…
Mentí.
Porque sí estaba pasando.
Estaba pasando todo.
Te extraño, Daiki….
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