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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Episodio 18 Aldea Doldia
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28: Episodio 18: Aldea Doldia 28: Episodio 18: Aldea Doldia Los esclavistas no habían sido la gran cosa.

Más bien, simples oportunistas.

En el momento en que cayó la cabeza de su integrante más fuerte, se convirtieron en escorias cobardes y temblorosas, con fintas horribles e imprecisas.

Sumado a un trabajo en equipo lamentable, esto fue demasiado facil.

Registré los cuerpos hasta encontrar la llave que abría la jaula.

Podría haber destrozado los barrotes con mi espada, pero hacerlo podria asustarla.

Aunque, después de verla morder sin dudar al hombre que intentó tocarla, sabía que eso no pasaría.

Miré con atención a la niña.

Ella me observaba con los ojos brillantes, una sonrisa abierta y la boca entreabierta, claramente fascinada.

[Ya te la ganaste, hermano.] ‘Silencio.

No me interesan esas cosas.’ Encontré la llave y abrí la puerta de la caravana.

—Todo está bien… Empecé a decir, pero no me dio tiempo a reaccionar.

Se lanzó hacia mí con los brazos extendidos.

Demasiada energía para alguien que había estado encerrada quién sabe cuánto tiempo.

sus labios estaban secos, indicaban que llevaba rato sin beber agua.

El suelo, además, estaba fangoso.

Podría haberla esquivado, empujado o simplemente resistido, pero fue una situación inesperada.

Supongo que debía haberlo previsto: después de salvar a alguien, la gratitud puede ser excesiva.

En mi vida pasada nadie hacía algo así… era la primera vez que me ocurría.

—¡Tú!

—me miró directamente, con una felicidad absurda considerando los cuerpos inertes a nuestro alrededor—.

¡Me ayudaste, nya!

—¿Eh…?

Solo estaba de paso, nada más.

Eso pareció entusiasmarla todavía más.

—Decidido.

Tú serás mi macho.

—…¿Qué?

Un segundo después, estaba olfateándome el cuello y el cabello con total satisfacción.

—¡Linia!

—rugió un hombre bestia en su idioma—.

¡Acabas de salir de una jaula!

—¡Cállate, papá!

¡Tú tardaste mucho, nya!

—le sacó la lengua y volvió a mirarme—.

Fuiste más rápido que papá.

Cortaste la cabeza fiuuu y luego ¡PUM!

¡Fue genial, nya!

Frotó su cabeza contra mi pecho como un gato, ronroneando con los ojos cerrados.

‘Esto debe ser una equivocación.’ [Yo lo veo bastante bien.] Suspiré y la aparté.

Ella me miró con los ojos bien abiertos mientras la movía sin esfuerzo.

—¿Miau?

—No es apropiado, Linia.

—¿Por qué?

Serás mi macho, de todas formas.

—¡Linia!

—Gritó el padre.

Ignoré por completo sus palabras y empecé a limpiar la espada cubierta de barro usando magia sin cántico.

‘Mala idea.’ ¿Acabo de usar magia sin cántico frente a un hombre que ya me miraba con desconfianza?

[…] ‘Mejor no digas nada.’ El hombre tomó a su hija del brazo y se apartó, creando distancia entre nosotros.

—¡Papá, no…!

Gruñó.

—Sabía que no eras un mediano… —desenvainó su espada—.

Eres un maldito humano.

Olfateó el aire.

—¿Qué?

No, no… Solo estaba de paso.

—Y encima hablas nuestra lengua… Como mediano tendría sentido.

En este continente también existía esa raza y hablaban el idioma bestia.

Pero que un humano lo hiciera, y que además dijera que “solo estaba de paso”, no era precisamente tranquilizador.

Después de todo, un líder esclavista de niñas bestia debía conocer el idioma para engañarlas.

El hombre presionó sus manos contra su boca.

‘¿…Qué intenta hacer?’ De pronto rugió.

—¡GRAAAAAAH!

El sonido fue ensordecedor, pero no me afectó.

Solo agité la cabeza para concentrarme y lo miré fijamente.

Retrocedió.

—Escucha.

No tengo intenciones de hacerle nada a tu hija.

Ni ahora ni nunca.

Solo estoy de paso.

Voy al Gran Árbol y luego seguiré la Ruta de la Espada Sagrada hasta el País Sagrado de Millis.

Son indicaciones que recibí de los elfos.

Revelé lo necesario.

Demostré fuerza y no ataqué.

Dije todo y no pedí nada a cambio.

En retrospectiva, hice todo bien, porque ellos pueden oler las mentiras y las intenciones de una persona.

La pequeña niña, en cambio, parecía ajena a todo eso.

Aún me observaba con fascinación, meciendo su cola de lado a lado y relamiéndose los labios, ya que todavía no había bebido agua.

Era como si la sed pasara a segundo plano.

— Mmmm…

¿Elfos?

Sí, hueles a ellos.

Luego miró a su hija.

— Tiene sentido.

Intentaste salvar a mi hija.

No viniste por poder ni por botín, y definitivamente no hueles a degenerado como esa gente.

Los humanos sonríen fácil…

y muerden cuando uno se descuida.

No te confiaré mi espalda.

Pero hoy…

no serás mi enemigo.

— ¡Siii, nya!

Linia saltó de alegría.

Di un suspiro aliviado.

— No se preocupe.

Si hubiera querido hacerle daño a su hija, ya lo habría hecho.

¿No cree?

Y si esto fuera una trampa…

—señalé a nuestro alrededor—, ¿por qué no lo atacaron a usted?

¿Un humano solo en medio de la nada?

Eso no tiene sentido.

Aspiró y gruñó bajo.

— …Sigue hablando, humano.

— ¿Y por qué traicionaría a mi supuesto equipo?

No tiene sentido.

— Las palabras pueden ser afiladas…

pero tu olor no miente.

No hueles a cazador.

Ni a degenerado ni a alguien con intenciones malignas.

Hueles a lluvia, a acero.

Miró a Linia, que seguía observándome con ojos brillantes.

— …Ni a alguien que disfrute del miedo.

Finalmente soltó un gruñido largo.

— Si mientes, morirás antes de dar tres pasos —me miró a los ojos—.

Pero si dices la verdad…

entonces hiciste lo que un padre haría por su hija.

— Lo único que quería era salvarla.

Nada más.

Él miró hacia atrás, específicamente hacia Linia, y luego volvió a clavar sus ojos en mí.

— De alguna forma debo compensarte.

Pude haberlo hecho solo, pero el hombre que protege a mi hija es un hombre que recibe recompensa —hizo una breve pausa, olfateando una vez más—.

Incluso si todavía eres solo un niño.

Antes de poder decir algo, unas gotas cayeron sobre mi rostro y, de inmediato, como una explosión, la tormenta comenzó.

— Ya comenzaron las lluvias.

— ¿Qué pasa con eso?

— Las lluvias duran meses.

Aunque es raro, esta huele diferente.

¿Las lluvias duran meses?

Bueno, tiene sentido.

El hombre tomó a su hija y empezó a correr.

No me hizo señas ni nada, pero entendí por su mirada que debía seguirlo.

— Corres rápido para ser un humano…

Lo miré de reojo.

— No estoy corriendo…

aún.

Eso pareció descolocarlo.

— ¿Qué nivel de espada tienes?

— Soy…

Santo.

— ¿Santo…?

—el hombre frenó un momento, pero luego siguió.

Linia dejó de beber el agua de la lluvia y me miró directamente.

— ¡Mi macho es muy fuerte!

— Pasó media hora desde que empezamos a correr.

Poco a poco, la lluvia se intensificó y era cada vez más imposible transitar.

La aldea de los Bestias era similar a la de los Elfos.

Se extendía entre los árboles y su aspecto era más sencillo, más tribal.

No tenía la delicadeza ni la belleza de la otra, pero era más segura.

— ¡Oye!

‘¿Mmm?

Conozco esa voz…’ [¿Será…?

Imposible] — ¡Daiki!

¡Hoy te ganaré!

La supuesta Eris se veía transparente y tenía una sonrisa algo inusual en ella.

Inicialmente, cuando nos veíamos por la mañana, ella siempre me saludaba con espadas.

Ahora, en cambio, parecía demasiado…

sumisa.

[No es ella, está claro que es una ilusión, pero ¿de dónde proviene?] ‘Lo sé, Ayam.

Es obvio.’ [Solo decía, ¿tanto te afectó este recuerdo?] ‘….’ Al final, la causante era una oruga del tamaño de mi brazo, que se movía detrás de un árbol, moviéndose en ondas como una serpiente y elevándose hacia el cielo.

— Orugas de seda —mencionó el hombre bestia—.

Te dan pensamientos felices para atraparte y chuparte el maná.

No son peligrosas, y para nosotros, son inútiles.

Tenía sentido.

No puedes engañar a quienes se rigen por el olfato, menos a personas instintivas.

Mucho menos a mí, que conocía cómo era Eris y esto solo era una copia barata.

Lo miré por un momento y lo corté.

Al agacharme, noté cómo la oruga seguía moviéndose, luchando por sobrevivir mientras poco a poco comenzaba a morir.

Hasta que ya no se movió.

— Tienes fuerza de voluntad.

— No era ella.

No me estaría sonriendo así —murmuré, más para mí que para él—.

Ella siempre me atacaba cuando me veía.

Era nuestra forma de saludo.

De guerrero a guerrero.

‘Aunque, maldita sea, cómo deseaba que ese ataque fuera real.’ [¿La extrañas, verdad?] ‘Sí, más de lo que pensaba.

Su ruido me mantenía concentrado, enfocado, y me caía bien.

¿Qué crees que significa que ella aparezca?’ [Quizá algo en el fondo que desconoces, o como es la naturaleza, buscó el punto más débil de un ser humano: la libido] ‘No digas tonterías, Ayam’ — Basta de charlas.

Vamos a subir.

Asentí y subí con cautela.

Cuando subí esperaba lo peor, miradas de desprecio, de asco por tener a un humano cerca, pero lo único que encontré eran 20 pares de ojos de niñas que me miraban con curiosidad y de algunos adultos con interés.

— Chico, espera en esa choza, iré a hablar con el líder.

Me dejó completamente solo en una aldea con desconocidos.

Bueno, decir “solo” era subjetivo, ya que tenía a Linia en mis brazos.

— Linia, vamos, hay algo que debo hacer.

Ella, resignada, asintió y me soltó, aunque no dejó de mirarme mientras lo hacía.

Hasta que se perdió al cruzar el puente.

‘Solo espero que la lluvia acabe para poder irme cuanto antes’ Me senté en el centro de la choza y miré hacia afuera, donde la lluvia no paraba y parecía aumentar su intensidad.

Pasaron diez minutos desde entonces.

Durante mi estancia, las mismas niñas me miraban, entre ellas estaba Linia y al lado una con orejas de perro.

Se acercaron y se sentaron cerca, sin dejar de mirarme.

— ¡Huele muy bien para ser espadachín!

— ¿Me acerco y le hablo?

¿Querrá hacerlo?

— Huele bien.

Es guapo, y según Linia es muy fuerte.

Debe ser…

Murmuraban bajo.

Tal vez pensando que no entendía el Idioma Bestia.

— ¡Daiki será mi macho, nya!

—gritó Linia, pero todas la miraron con indiferencia.

Nadie había insinuado nada, pero ella lo anticipó—.

¡Así que no lo toquen!

“Esto es incómodo…” Con ganas de enterrar la cara en el suelo, me resigné y me dejé caer hacia atrás, quedando boca arriba.

Era la única forma de no verlas.

— Vayan, niñas.

Dejen en paz al humano.

Las colas se detuvieron poco a poco.

Algunas protestaron con pequeños gruñidos, pero obedecieron.

Una a una se fueron alejando.

El hombre se quedó de pie frente a mí, evaluándome sin apuro.

No había hostilidad en su postura, pero tampoco confianza.

— Hueles distinto a los demás humanos.

Me senté, mirándolo con calma.

— Ya me lo dijeron hoy.

Un leve bufido escapó de su nariz.

— No mientas aquí.

Esta es nuestra aldea.

Si has venido con malas intenciones, el bosque mismo te tragará.

Si no…

entonces quédate bajo techo.

La lluvia durará.

Y simplemente se fue.

Esa era mi recompensa: permitirme quedarme durante la lluvia.

Siendo honesto, estando aquí era mejor que ahí abajo, seguro hubiera intentado dormir en alguna rama.

Me asignaron una de las chozas vacías.

No era precisamente grande, pero sí eficiente para dormir y tener privacidad.

— ¿…Mmm?

Levanté la vista.

— ¡No dijiste tu nombre, nya!

— Daiki.

Linia parpadeó una vez…

y luego sonrió de oreja a oreja.

— ¡Daiki!

Suena fuerte, nya.

Me gusta, nya.

— No sabes qué significa, ¿verdad?

—lo dije con un dejo de ironía.

— No…

nya —agachó la cabeza.

— Significa ‘gran brillo’ o ‘gran esplendor’, así que no estabas tan errada.

Eso pareció emocionarla de inmediato.

— ¡¿Ves?!

¡Lo sabía, nya!

—se acercó un paso más, señalándome con orgullo—.

¡Obvio que suena fuerte si significa algo así, nya!

¡Gran brillo, nya!

—se dio la vuelta—.

Eso quiere decir que estás destinado a cosas grandes, nya.

Y se fue, agitando la cola de un lado a otro, con las manos detrás de la espalda.

La misma niña que había mordido la mano del hombre que la capturó, ahora actuaba como alguien de su edad, tal como correspondía.

Pero también…

por primera vez desde que llegué a esta aldea, sentí que alguien hablaba de mí sin miedo.

La noche pasó enseguida y el aire fresco era algo que siempre me había gustado.

Cuando desperté, me entregaron ropa acorde al lugar: Pantalones cortos, resistentes, que me llegaban a las pantorrillas, pensados más que nada para moverse con facilidad entre ramas y plataformas.

La tela era gruesa, resistente, oscura y bien ajustada con una faja de tela en la cintura.

La camisa era simple, de manga larga, sin adornos, hecha del mismo material.

Cubría el torso por completo, pensada más para el clima y la movilidad que para presumir fuerza.

Miré afuera con esperanza, pero la lluvia seguía igual que ayer.

Suspiré mientras terminaba de cambiarme.

— Vamos, nya.

¡Tendrás que enseñarme, Daiki!

Linia me estaba esperando afuera, sosteniendo una espada de madera.

Ella me llevó hasta una choza grande.

Era un lugar de entrenamiento.

Linia vestía ropa ligera.

Un atuendo sencillo, ceñido al cuerpo, que dejaba sus brazos libres y no estorbaba al blandir la espada.

Aun así, había algo despreocupado en ella.

Sus orejas se movían levemente, curiosas, y la cola se balanceaba despacio detrás suyo mientras esperaba.

— Vamos, nya —dijo, señalando el centro con la espada de madera.

Quedaba claro que, quisiera o no, ese día no iba a limitarse solo a observar.

— ¿Estás segura…?

Me lanzó una espada.

Así comenzó el entrenamiento, que valía la pena porque me mantenía concentrado, mientras ayudo a alguien más a defenderse.

— ¡Aaaaah!

—Linia fue la primera en lanzarse.

Bloqueé su ataque y golpeé su pecho con la palma de mi mano.

Aprovechando su falta de aire, me adelanté invadiéndola por completo.

Tomé sus brazos y usé su propio peso para tirarla hacia el suelo.

En solo dos pasos, ya la tenía con ambas manos atrapadas.

— …¿Eh…?

— Caíste, perdiste, y si hubiera sido un combate real, ya habrías muerto.

— Primera lección —continué—.

No avises nunca en un combate.

— ¡Pero…!

— Avisaste con el cuerpo —continué sin responderle directamente.

— …¿Con el cuerpo?

— Las caderas demasiado abiertas.

El peso mal distribuido desde antes de moverte…

No solo gritaste con la boca, fue con todo el cuerpo.

— ¡Eso es injusto!

— Eso es combate real.

— Eres…

eres…

—murmuró bajo, y tras unos segundos, finalmente dejó de intentar salir y se desplomó, agotada.

La solté y me puse de pie, sacudiendo mis rodillas y mis manos.

Cuando me giré, el grupo de niñas estaba observando todo, pero sus ojos también se dirigían a Linia y luego a mí, en un ir y venir silencioso.

Una de ellas se había acercado, tenía orejas y cola esponjosa de perro.

Era una Adoldia.

No dijo nada.

Simplemente se agachó junto a Linia y la miró.

Linia levantó el pulgar y luego lo bajó, completamente agotada.

[Seré honesta contigo: lo hiciste muy bien] Y así fue como terminó mi viaje.

Por ahora, debía mantenerme en esta aldea sin saber cuánto tiempo permanecería aquí arriba, sin embargo, el entrenamiento con Linia era muy eficiente.

‘Gracias, supongo que tienes razón.

¿O tengo razón?

La verdad es que no sé quién eres todavía’

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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