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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Interludio Magia curativa
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29: Interludio: Magia curativa 29: Interludio: Magia curativa Respecto a la lluvia, no duró tanto como esperaba.

No quise preguntar por qué, cuando se suponía que podía extenderse durante meses, pero con el paso de las semanas fue perdiendo fuerza.

Primero cayó de forma intermitente y, tras cuatro semanas en la aldea, finalmente cesó por completo.

Esto es lo que pasó durante ese tiempo: En cuanto a Linia, había mejorado de forma notable.

Pursena, una chica Adoldia que nunca se separaba de Linia, comenzó a frecuentar nuestros entrenamientos.

Al principio era tímida, pero poco a poco se fue acercando, especialmente interesada en la magia que utilicé durante una sesión con Gyes, el padre de Linia.

Él era el jefe guerrero de la tribu Dedoldia y, desde hacía unos días, insistía en que combatiéramos en serio.

Sin embargo, nuestro combate sería tal que pelear en las plataformas resultaba impráctico, así que decidimos dejarlo para después de las lluvias, justo antes de que partiera hacia Millishion.

—¡Daiki, enséñame el brillo verde!

—dijo Pursena, sacándome de mis pensamientos.

Movía su cola esponjosa de un lado a otro mientras inclinaba la cabeza, ofreciéndose sin palabras a que la acariciara.

Por pura costumbre, pasé la mano por su cabeza y detrás de las orejas.

Dejando de lado eso, hablaré sobre mi nombre: En mi vida pasada me llamaba Hikari, un nombre que significaba luz.

Ahora, elegí un nombre parecido, pero con un sentido distinto.

Daiki significa gran brillo y, a diferencia de la luz, un gran resplandor es algo que crece, se adapta y se expande.

‘Una estrella no existe solo por la luz que emite, sino por todo lo que es capaz de convertirse…’.

Y creo…

creo que soy capaz de convertirme en alguien mejor.

O tal vez ya lo soy.

Sea como sea, estaba feliz.

Feliz de haberla entrenado, de haber logrado que Gyes confiara en mí, de que el jefe no hubiera querido echarme antes de tiempo.

Cuando hablé sobre Ghislaine, todo había sido caótico al principio.

Me habías hablado tan mal de ella que no dudé en defenderla.

Con los días, las acusaciones se fueron apagando y se dieron cuenta de que no mentía.

No la mencionaban, ni parecía que la hubieran perdonado, pero al menos ya no me miraban como algo peligroso.

En especial Gyes.

Al ver cuánto había mejorado su hija gracias a mi entrenamiento y a los conocimientos que Ghislaine me había transmitido, estaba profundamente orgulloso de mí.

Él entendió que durante esas cuatro semanas yo podría haberlos matado, traicionado, vendido.

Tuve todas las oportunidades.

Y no hice nada de eso.

Si alguien al que consideras un enemigo tiene durante cuatro semanas la posibilidad de traicionar a tus hijas y tu confianza, y aun así no lo hace, entonces tal vez nunca fue un enemigo.

Solo era un niño de diez años que perdió a su hermano y a su familia.

Nada más.

—¿Daiki?

—dijo Linia, tan preocupada por mi momento de silencio que ni siquiera añadió el “nya”.

A pesar de haberme visto así muchas veces, aún parecía no acostumbrarse.

—Lo siento…

ya saben, me perdí en mis pensamientos otra vez.

Ambas asintieron sin decir nada.

—¿De qué estábamos hablando…?

Ah, sí.

Magia curativa.

¿Quieres aprenderla, Pursena?

Pursena abrió los ojos de par en par, su cola estaba rígida, antes de empezar a moverse de un lado a otro.

Asintió con fuerza, demasiado cerca de entusiasmarse de más.

—Bien, entonces te mostraré.

No te explicaré con palabras…

solo repite lo que diré, ¿está bien?

Puse mi mano sobre su cabeza y cerré los ojos.

—¡Que este poder divino sea como alimento satisfactorio, dando a quien ha perdido su fuerza la fortaleza para levantarse de nuevo!

Una luz verde brotó de mi mano y descendió sobre Pursena, moviendo lentamente su cabello mientras ella observaba, con los ojos brillantes, cómo el brillo caía desde mis dedos.

—Esto es magia curativa de nivel principiante.

Para usarla, lo único que necesitas es la intención de sanar…

y para eso, es necesario entender esto.

Tomé la espada y me hice un corte en el dedo índice.

Acerqué la mano hacia ella mientras la sangre comenzaba a salir.

—No es para asustarte.

Es para que entiendas.

Volví a cerrar los ojos, pero no dije el conjuro esta vez.

La luz verde envolvió mi dedo y la herida se cerró.

—La magia necesita un guía.

Tú debes ser ese intermediario.

Si no entiendes la herida, jamás podrás comprender la curación.

Me levanté y limpié la sangre con un trapo.

—Una vez que logres entenderlo, serás capaz de curar incluso sin encantamiento.

Tal vez escriba un libro algún día, donde deje por escrito lo fundamental y mis teorías sobre la magia curativa sin canto.

De todos modos, ver a Pursena intentando el hechizo mientras se enredaba con las palabras era una escena inesperadamente tierna.

[¿Te parece tierno…?

Eso es nuevo.] —¡Poder divino…!

—No, así no es.

Suspiró, moviendo las orejas.

—Mira, sígueme: “¡Que este poder divino…

—¡Que este poder divino sea como alimento satisfactorio…!

—repitió, apresurándose.

—Exacto, sigue: “dando a quien ha perdido…

—…Su…

su fuerza…

la fortaleza…

¿Cómo era?

—Para levantarse de nuevo.

—¡Eso!

Una luz verde parpadeó débilmente en su mano y desapareció al instante.

Pursena abrió un ojo, luego el otro, decepcionada.

—No salió…

—bajó su cola.

—Salió.

Solo que fue muy poco.

Eso significa que lo estás entendiendo, aunque todavía estés pensando demasiado en las palabras.

Linia, que observaba desde un lado, inclinó la cabeza.

—¿Entonces no importa equivocarse?

—Importa.

Decir las palabras correctas…

o, con el tiempo, reducirlas.

Tomé la espada de nuevo y me corté el dedo.

Esta vez el corte no fue profundo.

Si iba a usar magia curativa de nivel principiante, tenía que ser capaz de curar algo así.

Pursena abrió los ojos con alarma.

—No te preocupes por mí.

Soy un guerrero.

Un pequeño corte no me hará nada.

Puedo estar así bastante tiempo.

Extendí la mano hacia ella, dejando que la sangre cayera.

—Concéntrate…

No en mí, ni en si fallas.

Concéntrate en esto que no debería estar aquí…

y en devolverlo a como era antes.

Ella solo asintió, con las mejillas ligeramente rojas.

Durante la semana siguiente logró ejecutar con éxito la magia curativa de nivel principiante y empezar con una de nivel intermedio.

Aún se trababa un poco con el conjuro, no estaba acostumbrada a las palabras, pero aun así consiguió curarme el dedo varias veces sin fallar.

Cada sesión terminaba igual: exhausta, pero satisfecha.

Siempre que finalizaba el entrenamiento, corría directo a comer cantidades absurdas de carne.

Para mi sorpresa, siempre me ofrecía una parte, extendiéndola con una sonrisa orgullosa, como si compartirla fuera la prueba definitiva de que había hecho las cosas bien.

CRACK El sonido de las espadas de madera se había vuelto constante desde que estaba aquí, en gran parte porque Linia insistía en que también debía entrenarla.

¿Celos de Pursena?

No lo sabía, pero lo cierto es que cada día se mostraba más motivada.

Para mi sexta semana en la aldea, había mejorado notablemente sus fintas, aunque todavía tendía a dejarse llevar por el instinto.

Aun así, el progreso era claro.

Le faltaba mucho camino por recorrer, pero estaba avanzando.

Solo quedaba una semana más antes de partir.

Podría seguir mi viaje hacia la capital del País Sagrado de Millis…

y buscar información.

Eso sí, tendría que caminar muchísimo.

Rudeus Greyrat —Espérame aquí, Rudy —dijo ella, entrando a una especie de tienda de ropa.

¿Qué más podría necesitar?

Ya le había comprado un manto más que suficiente para resistir el sol, y además servía para ocultar su cabello y no llamar demasiado la atención.

En teoría, eso era todo.

Miré a Ruijerd.

Él permanecía inmóvil, con los brazos cruzados.

Seguro que esto para él era solo otro problema de niños…

Y probablemente lo era.

Los minutos pasaron… y pasaron.

Se sintieron eternos.

Las mujeres parecen tener un lugar sagrado dentro de las tiendas de ropa.

Debe ser una ley universal que se cumple en todos los mundos.

No importa cuántas veces reencarnes, eso no cambia.

Cuando al fin salió, llevaba un— —Eris…

¿qué acabas de comprar con mi…?

¡¿Compraste algo sin consultarme antes?!

Ella mostró lo que llevaba escondido: otro manto o capa con capucha.

Igual al suyo, pero negro, con el símbolo bordado de un cuervo de ojos rojos.

Viéndolo bien, entendí enseguida por qué lo eligió.

—No era necesario…

—comenté, masajeándome el puente de la nariz.

—¡Qué importa!

—Se cruzó de brazos—.

Él tiene ese problema todo el tiempo.

¡Si él puede soportarlo, yo también!

—¿Él…?

¿Te refieres a mi hermano?

Eris desvió la mirada.

No era común verla así, tan cuidadosa con sus palabras.

Luego volvió a mirarme, apretando el manto entre sus manos.

—Sí…

me refiero a él.

—¿Por qué?

¿Qué tiene que ver él con que compres eso?

Ella respiró hondo, como si lo que iba a decirle pesara más de lo normal.

—Lo compré…

para él…

por si…

por si lo encontramos.

Me quedé quieto.

—Quería tener algo listo.

Algo que pudiera darle si…

si aparece…

y…

y…

No quiero encontrarlo sin nada para ofrecerle.

En caso de encontrarlo, entregarle un manto o capa sería importante, no solo para ocultar su cabello y no llamar la atención, sino también porque necesitaba algo que le cubriera la cabeza.

Aunque, conociendo a mi hermano, sería capaz de caminar sobre fuego y decir algo que sonara “cool” sin siquiera intentarlo.

“Es ser eficiente, Rudy”, diría él.

También pude notar que Ruijerd estaba más inquieto de lo habitual desde que fuimos a la aldea de Roxy.

Parecía que no estaba realmente contento, aunque nos ayudara sin preguntar.

—Ruijerd.

¿Pasa algo?

Me miró con extrañeza.

Pude leer en su mirada que no debía insistir.

Bajó su lanza y la apoyó en el suelo.

—Sé que llevas el peso de no haber encontrado a mi hermano…

Lo había notado desde antes.

Seguramente pensaba que, al prometernos encontrarlo, esa sería su única responsabilidad.

Pero tenía otra misión: mientras nosotros nos ocupábamos de limpiar su raza, él se aseguraría de que llegáramos a casa.

No quería que se sintiera culpable.

Incluso si no encontraba a mi hermano en el continente demoníaco o no tenía pistas sobre alguien de cabello negro, quizá mi hermano hubiera llegado a otro continente.

Después de todo, no era algo imposible de imaginar.

—…También sé lo que se siente cargar con algo que sabes que no tienes, pero aun así intentas sostenerlo.

Mientras lo decía, podía sentir en mi interior ese familiar nudo de responsabilidad mezclado con impotencia, el mismo que había conocido tantas veces en mi vida pasada.

Y, de alguna forma, entendía que Ruijerd también lo llevaba.

Tengo la teoría de que Eris terminó a mi lado porque nos sostuvimos mutuamente, mientras que mi hermano no logró alcanzarnos.

Lo mismo pasó con Ghislaine, así que tal vez sea algo aleatorio.

—Si no lo encontramos aquí, puede que esté en otro lugar.

Eso no me deja tranquilo, pero al mismo tiempo me da esperanza de que aún podamos encontrarlo.

Pareció relajarlo un poco, pero sabía que “palabras bonitas” no iban a poder contra su honor.

Solo me quedó dar un suspiro y seguir avanzando.

—Lo encontraremos…

Sentí cómo el nudo en mi pecho se aflojaba un poco.

A veces olvido que, aunque por dentro tengo más de cuarenta años, para él solo soy un niño asustado que perdió a su hermano.

Y en este momento eso es exactamente lo que necesito ser.

—Gracias, Rudeus.

Daiki Greyrat Después de siete semanas, era el momento de seguir mi camino.

Sin conocer su cultura, sin información ni un punto de partida al llegar, pero con pruebas suficientes del incidente.

Tal vez podría obtener algo de dinero por eso, conseguir algún que otro trabajo o incluso unirme al gremio de aventureros, que, según contó Ghislaine, ella integraba en Rango S junto a Paul y Zenith, además de otras tres personas más.

Gyes, Linia, Pursena…

toda la aldea parecía haber salido para despedirme.

Y, de repente, un… ¿perro gigante?

¿Desde cuándo estaba ahí?

Antes de que pudiera reaccionar, se lanzó hacia mí y me lamió todo el rostro, moviendo la cola con entusiasmo.

Tenía una fuerza increíble, pero resultaba sorprendentemente tierno.

Solo pude acariciar su cabeza y sus orejas, como hacía con Linia o Pursena, aunque no pude evitar notar las miradas extrañadas de todos, como si lo que estuviera haciendo fuera completamente inapropiado.

—¡Guau!

—Buen chico —dije.

Gyes tosió, y el perro retrocedió un poco, aunque seguía sacando la lengua y mirándome con curiosidad, como evaluando si yo era un buen amigo o solo alguien que necesitaba ser lamido un poco más.

—Chico, él no hace eso con cualquiera…

—se acercó—.

Solo… no lo toques así, es inapropiado.

Es la Bestia Sagrada.

Ten respeto.

—Entiendo, entiendo.

No lo volveré a hacer —retiré las manos, aunque el perro soltó un bufido decepcionado al perder los mimos.

Habíamos decidido medirnos en un duelo antes de mi partida.

Gyes, intrigado por mis habilidades, quería comprobar si realmente era tan fuerte como le había dicho.

Nos colocamos en posición.

En ese instante, para ambos, todo lo demás dejó de existir: el bosque, la gente, los animales…

incluso el suelo bajo nuestros pies desapareció de nuestra percepción.

—¡Guau!

—la Bestia Sagrada dio un aullido y fue el catalizador para que comenzara el combate.

Un whoosh cortó el aire.

Un zash marcó el cruce.

En un parpadeo, ya estábamos de espaldas, cada uno con la mano sobre la empuñadura.

Habíamos desenvainado, avanzado y chocado acero en un único movimiento fluido, casi invisible para cualquiera que no fuera espadachín.

Giré apenas el rostro.

La hoja de Gyes vibró tanto que, un segundo después, tuvo que soltarla, porque la energía cinética superó su agarre.

Por un destello, noté una pequeña sonrisa en el rostro de Gyes.

Pensé que se enfurecería…

o que se lamentaría.

Pero no.

Estaba orgulloso.

—Daiki…

nya…

Linia bajó la cabeza, su cola pasó de animada a caída y sus orejas también se desmoronaron.

—¿Tienes que irte…

de verdad?

Pursena estaba igual, con los ojos brillantes.

—No lloren porque me voy.

Mejor usen lo que les enseñé, y cuando nos volvamos a ver podré decir que estuve orgulloso de ustedes…

Bueno, ya lo estoy, pero saben a qué me refiero.

—¡C-cuando vuelva a verte, seré más fuerte, nya!

—Y cuando eso pase, yo prometo aprender todos los conjuros que me dijiste, los de avanzado.

Solo esos me quedan.

Luego de eso, veré si decido ir a la universidad…

Acaricié sus cabezas por última vez, y esta vez lo disfrutaron más que de costumbre.

—Por favor…

lo menos que quiero es que se estanquen porque me fui.

¿Puedo confiar en ustedes?

Ambas se miraron entre sí antes de asentir, sonrojadas.

Pursena me entregó un pedazo de carne.

—Para el viaje…

—Muchas gracias, de verdad.

Me ayudaron a tranquilizarme, aunque sea un poco…

realmente lo necesitaba.

Y así, me alejé de la aldea Doldia hacia la Ruta de la Espada Sagrada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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