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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Episodio 1 Dos Almas Despiertan — Parte 2
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3: Episodio 1: Dos Almas Despiertan — Parte 2 3: Episodio 1: Dos Almas Despiertan — Parte 2 Habían transcurrido seis meses desde que ambos reencarnaron.

Escuchar las conversaciones de sus padres les había ayudado a comprenderlos mejor, aunque cada uno avanzaba a su propio ritmo.

Las notas de inglés de Rudeus en su vida pasada habían sido mediocres.

Nunca se le dieron bien los idiomas.

Pero ahora…

era diferente.

Quizás este nuevo cuerpo fuera excepcional.

O tal vez simplemente fuera por la edad: siendo tan joven, su memoria parecía absurdamente buena.

Como una esponja.

Daiki lo había entendido incluso antes.

En su vida anterior había sido políglota.

Ahora esa habilidad se combinaba con el cerebro virgen de un bebé, y el resultado era…

inquietante.

Aprendía demasiado rápido.

Tras seis meses escuchando a sus padres, ambos ya comprendían lo básico del idioma.

Y para entonces, ya eran capaces de gatear.

Poder moverse era maravilloso.

Jamás habían sentido tanta gratitud por el simple hecho de que sus cuerpos pudieran moverse.

—Si me descuido un segundo, se van por ahí enseguida…

—se quejaba Zenith, exhausta.

—¿Los dos?

—preguntó Paul con una risa nerviosa.

—Los dos.

Rudeus hacia la biblioteca, Daiki hacia la cocina.

No sé cuál es peor.

—Está bien que sean tan activos.

Cuando nacieron, ninguno lloraba y nos tenían preocupados.

—Paul intentó sonar tranquilizador.

—Todavía no lloran, ¿sabes?

—Murmuró Zenith.

Sus padres decían eso mientras los veían moverse por todos lados.

Claro, ya no estaban en una edad en la que lloran a gritos solo por tener hambre.

Aunque bueno, en cuanto al tema de abajo…

por más que intentaran aguantar, igual terminaban mojando el pañal, así que no se reprimían y lo soltaban sin más.

Aunque solo fuera gatear, poder desplazarse les había permitido entender muchas cosas.

Primero, esta casa era acomodada.

Un edificio de madera de dos plantas, con más de cinco habitaciones.

Además tenían contratada a una sirvienta.

Al principio Rudeus pensó que podría ser una tía suya, pero como su actitud hacia sus padres era sumamente respetuosa, concluyó que no era parte de la familia.

Daiki, por su parte, había notado algo extraño en su hermano desde hacía semanas.

La forma en que Rudeus se movía por la casa no era…

normal.

No para un bebé.

Había cierta deliberación en sus movimientos, cierta intención.

Y la manera en que miraba a Lilia, la sirvienta, o incluso a su propia madre…

Daiki conocía esa mirada.

Era la mirada de alguien mayor atrapado en un cuerpo pequeño.

‘¿Acaso él también…?’ pensó Daiki.

Rudeus había captado ocasionalmente la mirada penetrante de Daiki sobre él.

Su hermano gemelo era demasiado observador, demasiado quieto cuando debería estar explorando sin sentido como cualquier bebé.

Había algo incómodo en esos ojos.

Pero no podía estar seguro.

Tal vez solo estaba siendo paranoico.

La ubicación era rural.

Desde la ventana se veía un paisaje campestre apacible.

Las otras casas estaban muy dispersas; entre los campos de trigo solo se alcanzaban a distinguir dos o tres.

Esto era campo profundo.

No se veían postes eléctricos ni farolas.

Tal vez no hubiera una central eléctrica cerca.

Rudeus había escuchado que en el extranjero enterraban los cables eléctricos bajo tierra, pero entonces no tendría sentido que en esta casa no hubiera electricidad.

Esto ya era demasiado campo.

Para alguien como él, que vivió inmerso en la civilización, podía ser un poco duro.

Incluso si había renacido, al menos le gustaría poder usar una computadora.

Eso era lo que pensaba…

hasta cierta tarde.

Como no tenían nada que hacer, ambos decidieron mirar el paisaje campestre.

Como siempre, Rudeus se trepó a una silla y miró por la ventana.

Daiki lo siguió, subiéndose a su lado con una fluidez desconcertante, casi sin esfuerzo visible.

Rudeus lo observó de reojo.

‘¿Cómo demonios…?

Ese equilibrio no es normal.

Ni siquiera para mí.’ La forma en que Daiki había distribuido su peso, el control corporal…

era demasiado preciso para un bebé.

‘Definitivamente hay algo raro con él.’ Daiki notó la mirada de Rudeus y mantuvo su expresión neutra.

‘Ya sospecha’, pensó.

Compartieron un breve vistazo antes de volver la mirada hacia el exterior.

Y ahí fue cuando se llevaron una sorpresa.

Su padre estaba en el jardín, blandiendo una espada.

‘¿Eh?

¿Qué?

¿Qué está haciendo?’ Rudeus parpadeó, confundido.

‘¿Ese que anda agitando una espada a esa edad es mi padre?

¿Está atrapado en su síndrome del chuunibyou?’ Daiki observó la escena con los ojos entrecerrados.

Su padre blandía la espada con…

técnica real.

El agarre, la postura, el movimiento de cadera.

‘Eso no es un juego.

Sabe lo que está haciendo’, pensó Daiki con curiosidad.

‘Ah, mierda…’ Del susto, Rudeus se resbaló de la silla.

Sus manos torpes no lograron sostenerlo, y cayó de espaldas al suelo, con la nuca primero.

—¡Kyaa!!

Daiki reaccionó por instinto, estirando su pequeño brazo hacia su hermano, pero era demasiado tarde.

Su cuerpo de bebé no respondió con la velocidad que su mente exigía.

‘Maldición…’ En el momento del impacto, oyeron un grito.

Zenith había soltado la ropa que estaba tendiendo, con la mano sobre la boca y una expresión pálida mientras miraba la escena.

—¡¡¡¡¡Rudy!!!

¿¡Estás bien!?

Corrió hacia él desesperada y lo levantó en brazos.

Cuando sus miradas se cruzaron, su rostro se llenó de alivio y soltó un suspiro.

—…Uf, parece que estás bien.

‘Cuando uno se da un golpe en la cabeza, no conviene moverlo mucho, señora…’ Rudeus la regañó mentalmente.

Daiki los observaba desde la silla, con las manos todavía extendidas en un gesto frustrado.

‘Debí haberlo agarrado.

Este cuerpo…’ Miró a Rudeus siendo examinado por su madre.

‘¿Estará bien?’ Por lo nerviosa que se puso Zenith, Rudeus debió de haber caído bastante feo.

Y se pegó con la nuca.

‘Quizá me haya vuelto idiota.

Aunque tampoco sería tan diferente.’ Le latía la cabeza.

Aun así, intentó agarrarse de la silla, así que no cayó con demasiada fuerza.

Como su madre no parecía tan alterada, seguramente no estaba sangrando.

Probablemente solo se hizo un chichón.

Ella examinaba cuidadosamente su cabeza.

Tenía una expresión que decía: ‘si hay una herida, esto es grave’.

Finalmente, puso su mano sobre la cabeza de Rudeus y recitó: —Por si acaso…

Que el poder divino, alimento rico y fragante, otorgue fuerza a quien la ha perdido y lo haga levantarse de nuevo…

¡Healing!

Rudeus casi se atragantó de la risa.

‘Oye, oye, ¿esto en este país es lo equivalente al “Sana, sana, colita de rana”?

¿O es que mi madre también está infectada del chuunibyou, igual que mi padre, que anda agitando una espada?

¿Un guerrero y una clériga que se casaron?’ Daiki se quedó inmóvil en la silla, con los ojos bien abiertos.

‘No puede ser…’ …Pero no les dio tiempo a procesar.

Justo cuando la mano de Zenith brilló tenuemente, el dolor de Rudeus desapareció en un instante.

Daiki observó las manos de Zenith sobre el pequeño Rudeus.

La luz verde no era parte del espectáculo.

No había polvos mágicos escondidos en las mangas, ni trucos de ilusionista que él conociera.

Era magia de curación.

Real.

‘…¿Eh?’ —Listo, ahora estás bien.

Aun así, tu madre solía ser una aventurera bastante famosa, ¿sabes?

Zenith lo dijo con aire de orgullo.

Rudeus estaba totalmente confundido; Espada, guerrero, aventurera, healing, conjuro, clériga…

Esas palabras no paraban de dar vueltas en su cabeza.

‘¿Qué fue eso?

¿Qué hizo?’ Desde la silla, Daiki seguía procesando lo que acababa de presenciar.

La luz.

El brillo en la mano de su madre.

El dolor que desapareció instantáneamente del rostro de Rudeus.

Su mente analítica comenzó a fluir.

Desde que abrió los ojos en este cuerpo, había estado analizando las inconsistencias.

Una casa de dos plantas, varias habitaciones, una sirvienta…

pero sin electricidad.

Sin tecnología.

El idioma era completamente diferente.

Nada concordaba con ningún país que conociera.

Pero la magia era la prueba definitiva.

No estaba en su tierra.

—¿Qué pasó?

—Paul, al escuchar el grito de Zenith, asomó la cabeza por la ventana desde afuera.

Estaba sudado, probablemente de tanto agitar la espada.

—¡Escucha, querido!

¡Rudy se subió a una silla y estuvo a punto de hacerse un daño grave!

—Bueno, es sano que los niños sean así de activos —dijo Paul con tranquilidad.

Una madre un poco histérica, y un padre que se lo tomaba con calma.

Era una escena que se veía a menudo.

Pero esta vez, quizá por haberse caído Rudeus de espaldas, Zenith no cedió.

—Mira, esta criatura ni siquiera ha cumplido un año desde que nació.

¡Deberías preocuparte más!

—Aun así…

los niños se fortalecen al caer y golpearse.

Y si se lastima, tú puedes curarlo cada vez, ¿no?

—Pero si un día se lastima tanto que no lo pueda curar…

—No te preocupes.

Paul dijo eso y entró a la casa.

Caminó hacia ellos y los abrazó a los tres: a Zenith con Rudeus en brazos, y extendió un brazo para atraer a Daiki, que seguía en la silla observando todo.

Daiki se dejó cargar sin resistirse.

‘Una familia’, pensó, sintiendo el calor del abrazo.

Era extraño.

Reconfortante.

Algo que había olvidado hace mucho tiempo.

La cara de Zenith se sonrojó.

—Cuando nacieron, me preocupaba que no lloraran…

Pero si son tan traviesos, entonces estarán bien…

Paul le dio un beso rápido a Zenith.

‘Oye, oye, qué forma de presumir, ustedes dos…’ pensó Rudeus.

Daiki apartó la mirada discretamente.

‘Demasiado empalagosos.’ Después, los dejaron en la habitación contigua para que durmieran, y se fueron al piso de arriba…

a hacerles un hermanito (o hermanita).

Aunque estuvieran en la planta de arriba, se escuchaba todo.

Rudeus se tapó mentalmente los oídos.

‘Parejita feliz de m…’ Daiki yacía despierto en su cuna, mirando el techo.

Los sonidos no lo perturbaban.

Era un contraste enorme con Rudeus, que parecía estar incómodo…

¿o era envidia?

‘Magia.’ ‘Magia.

Espadas.

Aventureros.

Tal vez aquí no sea tan anormal.’ En su vida pasada había dominado su cuerpo hasta límites inhumanos, había visto cosas que la mayoría consideraría imposibles.

Pero esto…

Era un alivio.

Junto a él, en la otra cuna, Rudeus también miraba el techo.

Desde ese momento, ambos comenzaron a prestar atención cuidadosamente a las conversaciones entre sus padres y la sirvienta.

Y entonces, se dieron cuenta de que había muchas palabras que no les eran familiares.

En especial, nombres de países, de territorios, de regiones…

Todos los nombres propios eran completamente desconocidos.

Para Rudeus, fue un proceso gradual de aceptación.

Las piezas encajaban una tras otra: la ausencia de tecnología, la magia real, los nombres extraños, el idioma desconocido.

‘Esto no es la Tierra.

Es otro mundo.

Un mundo de espadas y magia.’ Para Daiki, la confirmación llegó con la magia de curación de Zenith.

‘Reencarnación.

Otro mundo.

Magia verificable.’ Pero donde sus pensamientos divergían era en lo que significaba esta nueva oportunidad.

Rudeus, acostado en su cuna, miraba el techo con una mezcla de esperanza y determinación que no había sentido en décadas.

‘Si es en este mundo…

quizás yo también pueda lograrlo.’ En su vida anterior había sido un desperdicio.

Un fracaso total.

Pero ahora, con esta segunda oportunidad, en un mundo con reglas diferentes…

‘Tal vez pueda vivir como una persona normal.

Esforzarme como una persona normal.

Incluso si tropiezo, volver a levantarme y seguir avanzando.’ Los recuerdos de su muerte aún lo perseguían.

La impotencia.

La ira contra sí mismo por no haber hecho absolutamente nada con su vida.

Pero ahora tenía conocimiento, experiencia, y sobre todo…

‘Esta vez lo haré bien.

Esta vez seré diferente.’ En la cuna al lado, Daiki procesaba la situación con una perspectiva completamente distinta.

‘Otra vida.

Otro mundo.

Y esta habilidad todavía está aquí.’ Había deseado que desapareciera al renacer.

Esa capacidad de análisis sobrehumano que lo había distanciado de todos en su vida anterior.

Una máquina de cálculo en forma de persona.

Pero seguía ahí.

Más fuerte que nunca, combinada con el cerebro virgen de un bebé.

‘Quería ser normal.

Quería empezar de cero.

¿Aquí lo seré?

Con la magia en la ecuación, puede que así sea.’ Observó a Rudeus en la otra cuna.

Su hermano mellizo miraba el techo con una expresión que Daiki reconocía: esperanza.

La esperanza de alguien que cree que puede cambiar.

‘Él también reencarnó.

Eso es obvio.

La forma en que se mueve, cómo observa todo…

No es un bebé normal.’ Daiki había notado las miradas ocasionales de Rudeus hacia él.

Las sospechas eran mutuas.

Ambos sabían que el otro era…

diferente.

‘¿Debería…?’ ‘No.

Todavía no.’ Rudeus notó la inquietante tranquilidad de su hermano mayor, aunque por pocos minutos, técnicamente lo era.

No estaba seguro del todo, pero la probabilidad de que también sea un reencarnado era alta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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