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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Episodio 20 El chico arrogante
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32: Episodio 20: El chico arrogante 32: Episodio 20: El chico arrogante La conversación con ese sujeto no terminó ahí: —Pero verás, plebeyo —continuó, sin esperar mi respuesta—, acabo de unirme al gremio hoy mismo.

Es un trámite necesario para que el mundo reconozca mi genio.

Retiró su mano del papel, pero no se alejó.

—Bien por ti, pero yo necesito el dinero —dije mientras tomaba la hoja.

Intentó agarrarla, pero bastó con levantarla un poco para mantenerla fuera de su alcance.

Era arrogante, demasiado.

Con una actitud así, no duraría mucho en las afueras.

Aun así, seguía insistiendo, y sabía que aquello podía volverse eterno.

No tenía intención de perder el tiempo.

Por eso le propuse algo.

—Mencionaste que era una búsqueda vulgar.

¿Qué te parece una competencia?

Eso pareció levantarle el ánimo…

o quizá el ego.

A estas alturas, podían ser ambas cosas.

—¡Ja!

¡Acepto!

—exclamó—.

¡Prepárate para ser aplastado!

—Bien.

Será sencillo —continué, ignorando su entusiasmo—.

El que recolecte más, gana.

—Cliff —añadió enseguida, inflando el pecho—.

Recuerda bien ese nombre.

Levanté una ceja, pero no le di demasiada importancia.

Me acerqué al mostrador y marqué la misión.

Pregunté si podía hacerse de forma individual o, en su defecto, como una especie de competencia.

Para mi sorpresa, me lo negaron de inmediato.

La misión debía realizarse en grupo, sin excepción.

Suspiré y me giré hacia él.

—Cliff, ¿quieres formar un equipo?

Lo dije mostrando mi tarjeta en la mano.

—Piénsalo —continué—.

Ambos podríamos subir con una sola misión.

¿No te parece más conveniente?

Dio un largo suspiro.

—Bien….

Pero yo seré el líder del grupo.

Y tú cargarás las cosas —respondió.

Asentí.

—Me parece perfecto.

En ese caso, tendremos que ponernos un nombre como grupo.

[Por su apariencia y su actitud, estoy segura de que Cliff es un chico de la alta nobleza.

Tal vez fue malcriado o algo así…

pero me cae mal.] (Calma, Ayam.

Aún no lo conocemos bien.

Puede que nos sorprenda.) —”Cliff y los otros” es un excelente nombre, ¿no crees?

Suspiré.

—No.

Tiene que ser algo que genere más confianza.

—¿Y qué genera más confianza que mi nombre, plebeyo?

—Ambos estamos compitiendo por el mismo papel.

Estamos dentro del mismo sistema ahora…

aquí, el estatus social no sirve de nada.

Me quedé pensando un momento en el nombre.

No había que exagerar, pero tampoco elegir lo primero que se me ocurriera.

—¿Qué te parece…

mmm…

“Blasón Carmesí”?

Cliff parpadeó, procesando las palabras.

—¿Blasón Carmesí?

—repitió, saboreando el nombre.

—Exacto.

“Carmesí” por mis ojos, y “Blasón” por tu blasón de nobleza —expliqué—.

Suena como un escudo de armas, algo digno de un líder, ¿no?

Ni siquiera intentó ocultarlo.

Su expresión cambió de escepticismo a una clara satisfacción.

—Mmm…

suena noble.

Lo acepto —dijo al fin—, pero yo crearé el logo.

Un blasón requiere un diseño a la altura.

Antes de unirnos oficialmente como equipo, Cliff sacó una hoja de papel y un trozo de carbón fino.

Estaba empeñado en crear un diseño “único”, aunque no era realmente necesario.

Aun así, se lo tomó con total seriedad.

Tras unos minutos, había terminado el dibujo.

Representaba un cuervo y un grimorio.

El cuervo sostenía el grimorio abierto en pleno vuelo, rodeado por un patrón mágico que transmitía un mensaje bastante claro: todo el conocimiento residía allí…

y era sostenido por un tercero.

Era arrogante incluso en sus dibujos.

Mientras tanto, me dirigí hacia el mostrador donde estaba la recepcionista.

—Quieres formar un equipo, ¿verdad?

—¿Tan obvio fui?

Se rió suavemente antes de asentir.

—Un poco.

—Sí, quiero hacerlo —respondí—.

¿Podrías explicarme los detalles?

Asintió con educación y comenzó a explicarlo con calma, como si estuviera acostumbrada a repetir esas normas una y otra vez.

Me dijo que un grupo podía tener hasta siete miembros como máximo.

Para unirse, era necesario estar dentro de un rango respecto al líder del grupo, y toda solicitud debía contar tanto con la aprobación del líder como con la del propio gremio.

El líder del grupo tenía autoridad total sobre su equipo.

Podía decidir quién entraba y quién salía, incluso expulsar a un miembro en cualquier momento, sin necesidad de justificarlo ante el gremio.

En cuanto al rango, no se medía por el aventurero más fuerte, sino por el promedio de todos los integrantes.

Un grupo era tan competente como su eslabón medio, no como su mejor carta.

Era una forma bastante justa —y práctica— de evitar abusos.

Respecto al avance, todos los miembros recibían crédito completo por las misiones realizadas en grupo.

Eso permitía que aventureros con menos experiencia subieran más rápido si trabajaban junto a compañeros más fuertes.

Aun así, cada miembro conservaba la libertad de aceptar trabajos de manera individual sin afectar su pertenencia al grupo.

Para abandonar un equipo, bastaba con notificar al gremio.

No hacía falta la aprobación del líder, lo que garantizaba que nadie quedara atrapado en un grupo contra su voluntad.

También mencionó algo importante.

Si el líder de un grupo moría, el equipo se disolvía automáticamente.

No existía una transferencia directa de liderazgo.

Los miembros restantes podían reorganizarse y formar un nuevo grupo, pero tendrían que pasar nuevamente por el proceso estándar.

Por último, habló del sistema de clanes.

Dos o más grupos podían unirse para formar uno, creando organizaciones mayores.

Los clanes con buen desempeño podían acceder a recompensas especiales del gremio, desde bonificaciones económicas hasta trabajos exclusivos y reconocimiento oficial.

Escuché todo en silencio.

Era un sistema frío, eficiente…

y diseñado para aventureros, no para héroes románticos.

Escuchándolo todo, pensé que el sistema tenía fallos evidentes.

Demasiado poder en manos del líder, y demasiada facilidad para que un grupo se rompiera.

En ese caso, ¿será buena idea tener a Cliff como el lider?

Pero entonces recordé el emblema.

La forma en que Cliff había dibujado el cuervo y el grimorio.

La atención al detalle.

La pasión innecesaria para algo tan trivial como un logo.

Quizá no era solo ego.

Tal vez, una vez que aceptaba algo como propio, no le gustaba desecharlo.

Bueno…

quizá solo era otra forma de ego.

“Lo mío es mío”.

Dejando eso de lado, mi propuesta era inteligente.

Iba a sacar provecho de la situación.

Era un noble, así que podía facilitarme algunas cosas y, además, con esos aires de grandeza, estaba seguro de que aceptaría.

—Oye, Cliff, ¿qué te parece un reto?

El que llene la cubeta gana.

Así de simple.

—¿Y qué pasa si ganas?

—preguntó.

—Me darás una capa nueva y algo de ropa —dije—.

Para no parecer un vagabundo.

¿Trato?

Se tomó su tiempo para pensarlo.

Seguro estaba considerando algo como ¿darle mi ropa a un plebeyo?

—Eres muy audaz para ser un niño plebeyo —dijo—.

¿De verdad crees que podrías obtener ropa de esta calidad?

O eres muy tonto, o demasiado confiado.

¿Acaso no sabes quién soy?

Solo negué con la cabeza, con una calma que seguramente lo inquietó.

POV: Cliff Grimoire ¿Qué se cree este individuo?

Todo bien con formar un grupo, pero esto ya escapaba a toda lógica.

Además, seguramente pensaba que por ser un noble era un idiota o algo parecido.

Tch.

Qué típico.

Pero no.

Yo era perfectamente capaz en lo que hacía…

y en lo que haré.

Más que capaz.

Negarme también implicaba otra cosa: sonaría como admitir, aunque fuera de forma indirecta, que no soy mejor que él.

Y eso no era aceptable.

Iba a decir algo cuando el tipejo me interrumpió.

—Bueno, no podrás ser el líder en ningún caso.

La misión ya fue aceptada por mí, así que puedo ir solo.

Además…

¿quién dijo que usaría ropa de tu calidad?

Solo vas a una tienda y me compras una capa con capucha y algo de ropa sencilla.

Su…

su argumento estaba bien fundamentado.

Maldición.

—Está bien, está bien.

Te concederé el honor de aceptar un reto conmigo…

pero no te quejes después.

Esto era absurdo.

¿Por qué demonios estaba haciéndole caso a un chico del que ni siquiera sabía de dónde había salido?

Tal vez venía del bosque inmundo o algún agujero igual de miserable.

Y aun así…

no podía quejarme.

Daiki no era como las otras personas.

No me adulaba, no me miraba hacia arriba, pero tampoco me trataba como si fuera un inútil.

Era como si hubiera dos personas dentro de él, o como si caminara justo en la línea entre el desprecio y la indiferencia.

Como si me evaluara constantemente.

¿Quién diablos era este tipo?

¿Y qué pretendía exactamente?

Podía ser un truco.

Probablemente lo era.

Nadie se muestra tan dispuesto sin esconder algo.

Pero negarme sería admitir que dudaba de mi propia superioridad.

Y eso era inaceptable.

—Si yo gano, aceptarás mis órdenes sin quejas.

—Me parece perfecto, Cliff.

No es equivalente a lo que te pedí, pero con eso me basta.

Esa calma…

Como si mi victoria fuera parte de su plan, no del mío.

POV Daiki Greyrat —Eh…

chicos, ¿van a formar el grupo o van a seguir hablando por horas?

—dijo la recepcionista—.

La fila ya se está formando, ¿saben?

Tenía razón.

Por un momento, me había olvidado de todo lo demás.

Me giré hacia Cliff y levanté ligeramente mi tarjeta, como recordatorio silencioso de que seguíamos en el mostrador y no en medio de algún duelo verbal sin sentido.

—Entonces —dije—, ¿equipo sí o no?

—Ya te dije que sí.

¿Eres sordo?

—respondió.

—Uno tiene que asegurarse —repliqué—.

No deja de ser un paso importante.

Pude ver su frustración.

No iba a poder ganarme.

No aún.

—¿Nombre del grupo?

—preguntó la recepcionista.

—Blasó— —¡Blasón Carmesí!

—me interrumpió de inmediato Cliff, casi gritándolo para asegurarse de que su voz fuera la definitiva.

La recepcionista parpadeó, sorprendida, pero luego sonrió levemente.

—”Blasón Carmesí”…

suena muy apropiado para alguien con tanta energía.

Hubo un segundo de silenció.

—Muy bien.

Bienvenidos, Crimson Sigil.

El grupo ya está registrado.

** Después de eso, nos dirigimos hacia las afueras de la capital, en el borde del bosque.

—Bien —dije—, tenemos estas dos cubetas.

Lo único que hay que hacer es llenarlas; el primero que la llene deberá sentarse en ese tronco de ahí.

¿Me expliqué bien?

Cliff soltó una breve risa, llevándose una mano al pecho.

—Perfectamente.

Qué desafío tan conveniente para ti.

Supongo que crees que así podrás seguirme el ritmo.

Tomó una de las cubetas y la sostuvo con una sola mano, sin esfuerzo aparente.

—No te preocupes —añadió—.

Trataré de no terminar demasiado rápido.

Sería humillante para ti perder tan pronto.

Se colocó en posición, mirándome de reojo.

—Cuando quieras.

¿Habían pasado diez minutos, quizá veinte?

No lo sabía.

Para ese punto, mi cubeta estaba a punto de llenarse.

Ya había reunido suficientes hierbas y, antes de que la hora llegara a su fin, ya estaba sentado sobre el tronco, esperando.

Di un suspiro y saqué un pan de mi bolsa.

Lo mordí despacio, disfrutando aunque ya estuviera un poco duro.

No me quejaba.

Después de todo, iba a conseguir ropa nueva y algo de dinero, así que seguro podría permitirme una posada.

Cliff apareció entre los arbustos, caminando con confianza, balanceándose ligeramente, con los ojos cerrados como si tarareara una canción silenciosa.

Me vio primero a mí, luego la cubeta, luego volvió a mirarme y después se perdió entre las plantas, de un lado a otro.

Ni siquiera estaba sudado, así que seguro se descolocó un poco al verme tan tranquilo.

Solo me miró, confundido.

—Yo…

¿Eh?

Antes de que pudiera decir algo, se escuchó un ruido entre los árboles.

Solté el pan de inmediato y giré la mirada hacia esa dirección.

[Daiki, ten cuidado.

Es un ataque inminente.

Vienen desde varios puntos.

Por el sonido de sus pasos no son muy grandes, tal vez alrededor de metro y medio.

No puedo precisarlo.

Tal vez sean muy silenciosos.] No tuve tiempo de pensar.

De entre los árboles surgieron varios humanos encapuchados.

Iban directo al cuello de Cliff.

Impulsé mi cuerpo desde donde estaba y me lancé sin dudarlo.

Mi espada chocó contra la suya en el último segundo, desviando el corte mientras me deslizaba hacia un costado.

Cliff ni siquiera había reaccionado a tiempo.

Era obvio que esta era la primera vez que lo atacaban de verdad.

—¿Qué quieren?

—dije.

No me respondieron.

Solo se quedaron quietos mientras sacaban sus espadas.

Desde atrás noté que había unos tres más.

Los miré de reojo, sin apartarme demasiado de los que tenía enfrente.

Los hombres reaccionaron al instante, pero…

fueron demasiado lentos.

Mi ataque preventivo fue la técnica de rango Avanzado del Estilo del Dios de la Espada llamada Espada Silenciosa —un movimiento mucho menos complejo que la Espada de Luz, pero igual de mortal.

Para cuando quisieron darse cuenta, dos de ellos ya estaban en el suelo, y los demás comenzaron a dudar.

Ni siquiera tenía que usar la Espada de la Luz; con técnicas de rango avanzado bastaba.

Y volví a lanzarme.

Mi hoja golpeó a uno de los hombres en el hombro.

Corté en un ángulo inclinado, desde su hombro hacia la cadera opuesta, abriéndolo por completo y matándolo al instante.

Aun así, las tres personas que estaban atrás parecían más fuertes.

Miré hacia mi costado: Cliff estaba estirando su bastón mientras sus piernas temblaban ligeramente.

Estaba asustado, eso era evidente.

Y aun así logró formar una fire ball de gran tamaño que arremetió contra ellos.

Aprovechando ese ataque, me lancé usando de nuevo la Espada Silenciosa, cercenando directamente los muslos del enemigo y golpeando la bola de fuego que Cliff había lanzado.

Los hombres simplemente cayeron al suelo, completamente derrotados.

—Bien…

—dije, agachándome a su altura.

Usé la espada como bastón, clavando la punta en la tierra, lo suficientemente cerca de sus piernas como para que entendiera el mensaje.

—Quiero que me digan quién los envió, por qué lo hicieron, qué buscan y dónde está.

No levanté la voz.

No era pregunta.

No hacía falta.

—Empiecen a hablar.

Nada.

No dijeron una sola palabra.

Pasaron diez minutos y seguían ahí, agachados, sin darme ningún tipo de respuesta.

Ni siquiera resoplaban.

A pesar de haberlos cortado…

¿será que no tienen cuerdas vocales?

—¡Alto!

¡Se ha avistado un ataque enemigo desde una de las torres!

La voz de una mujer sonó desde atrás de mí.

Venía acompañada por varios soldados.

No.

Estaba completamente sola.

Me giré un momento para ver quién era y…

—¿Mamá?

—¿Eh?

—respondió ella, quedándose paralizada.

No, no era mamá…

pero se parecía demasiado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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