Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 Episodio 21 Rostros reflejados
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33: Episodio 21: Rostros reflejados 33: Episodio 21: Rostros reflejados Me quedé observándola un segundo más de lo necesario…
la similitud era innegable, pero había diferencias clave.
Su postura era mucho más rígida, sus ojos más duros, su cabello tenía otra forma y no poseía esa gentileza que tenía mi madre.
[Viéndola bien…
Su parecido es innegable.
Además, considerando que Zenith era de Millis, no es descabellado pensar que se trate de su hermana.
¿No crees, Daiki?] (Yo creo que eso sería muy arriesgado…
No puedo simplemente decirle que soy hijo de Paul o de Zenith; sería peligroso…) [Ahí estás…
Exagerando de nuevo.
Dijiste lo mismo cuando pensabas que llegar a Millishion sería una tortura llena de discriminaciones, pero lo único que tuviste fue indiferencia y una recepcionista que te trató bien y te vio “tierno”.] (Yo creo que…) [Daiki, hermano…
eres increíble.
¿Tengo que recordártelo otra vez?
Dejaste impresionado a un chico arrogante, tienes como aliada a una chica increíble —Eris Boreas Greyrat— que te respeta más de lo que admite, y a un hermano leal que te quiere de verdad.
Incluso otro reencarnado, alguien que tuvo un pasado con hermanos terribles, te aceptó.] (Supongo…) [¡Deja de suponer y aceptalo de una vez!] Suspiré, rindiéndome ante la lógica de Ayam.
Al levantar la vista, me encontré de lleno con los ojos azules de la mujer.
Nos observaba con una mano apoyada en la cadera, esperando una explicación, pero sin una hostilidad abierta.
—Oye, chico.
Deja de mirarme como si fuera un fantasma…
—dijo—.
Además, ¿”mamá”?
No recuerdo haberte sacado de mí.
Soy Therese.
Therese Latreia —Disculpe la mirada.
Es solo que…
se parece mucho a mi madre…
Aunque usted lleva armadura y ella suele llevar un delantal….
Eso hizo que se confundiera un poco.
—Entiendo…
—murmuró.
Me miró un segundo más y luego giró hacia Cliff—.
¿Cliff?
¿Qué hace el nieto del Papa aquí?
Cliff se puso rígido, como una tabla.
—¿Acaso te has escapado de nuevo?
Su Santidad estará preocupado.
Y tú…
—se giró bruscamente hacia mí— ¿lo trajiste a su muerte?
¿Tienes idea del problema diplomático que causarías si le pasara algo a este chico?
Negué con la cabeza de inmediato.
Cliff no dijo ni una palabra, pero supe que el no debía estar aquí.
—No sabía nada del ataque.
Solo estábamos recolectando hierbas…
Y no lo “traje”; él habría venido de todas formas.
Ni siquiera sabía eso sobre Cliff.
Hizo un gesto negativo con la cabeza mientras bajaba la mirada.
—Niños jugando a ser héroes en territorio hostil…
Envainé mi espada con calma.
—No estábamos jugando —dije—.
Formamos un equipo, Brasón Carmesí, está registrado oficialmente y solo realizábamos una misión de recolección.
Nada más.
—Además…
—añadí—, si yo no hubiera estado allí, él habría sido atacado igual.
¿Qué diría el Papa si se enterara de que su poder —o mejor dicho, sus guardias— no pudieron protegerlo en lo que se supone es uno de los lugares más seguros?
No me gustaba hacer esto.
Manipular.
Pero en ese momento era eso o nada.
Era una línea delicada: quedar como un “héroe”, aunque manipulador, era mejor que quedar como un mercenario con un plan de años.
—Tienes agallas, chico.
Y una lengua afilada.
—Hizo enfasís en “afilada”—.
Y la habilidad para respaldar esas palabras….
—Pero —Cruzó sus brazos—, las palabras no bastan.
Necesito saber quién eres realmente.
Solo dije sin más.
—Me llamo Daiki.
Rango F.
Espadachín.
Y tengo diez años.
Inclinó la cabeza.
—Nombre completo, por favor.
—¿Es necesario?
Solo asintió.
—Dame tu tarjeta de aventurero.
Suspiré.
No tenía caso seguir ocultándolo.
Si ella era realmente la hermana de mi madre, se enteraría tarde o temprano.
Y si no lo era, mentir sobre mi identidad teniendo una tarjeta oficial…
no era lo mejor.
Saqué mi tarjeta y se la entregué.
—Veamos…
Daiki…
¿Greyrat?
Asentí instintivamente.
—Jovencito…
¿Podrías decirme el nombre de tu madre?
—Es Zenith…
Zenith Greyrat.
—¿Y el nombre de tu padre?
Miré hacia Cliff.
Él estaba igual de confundido.
—Paul Greyrat.
—Ya veo…
—murmuró.
Luego, por alguna razón, se agachó y me abrazó.
—Señorit…
—No pude terminar.
—No puedo imaginar lo que has pasado…
—No solo me estaba abrazando, sino que también pasaba su mentón por mi cabello.
No era el más suave de los abrazos, gracias a la armadura que llevaba puesta.
¿El que no puede imaginar?
—¿Él te sacó de casa, verdad?
—preguntó—.
¿Por eso viniste a buscar a tu tía?
—No, solo— —¡Pobre chico!
—me interrumpió—.
No tienes que mentirle a tu tía.
Claro que puedes venir conmigo…
—Ese hombre…
ese desgraciado…
—murmuró ella, apretándome aún más contra su pecho—.
Abandonar a su propio hijo solo por no heredar sus rasgos…
¡Es imperdonable!
(Si intento explicarle lo de la Catástrofe de Maná ahora, con lo alterada que está, pensará que estoy delirando por el trauma del “abandono”.
O peor, me enviarán a un sanatorio de la Iglesia).
[Es mejor así, Daiki.
Deja que crea que Paul es el villano.
Es una historia más creíble para ellos que “una luz mágica nos envió a la otra punta del mundo”.
Además, te conviene tenerla de tu lado incondicionalmente.] (Tienes razón.
Aprovecharé el malentendido…
Lo siento, papá.
Vas a tener que cargar con la culpa un tiempo más).
—Es…
complicado.
Pero he sobrevivido.
Therese se separó lo suficiente para mirarme a la cara, aunque sus manos seguían aferradas a mis hombros .
—Eres fuerte.
Tienes la sangre de los Latreia, después de todo….
Escucha, Daiki.
Estoy en medio de una patrulla y no puedo llevarte conmigo ahora mismo, sería peligroso.
—No se preocupe, puedo esperarla…
Ella finalmente me soltó, poniendose el casco.
—De acuerdo.
Espérame frente al gremio.
En cuanto termine el reporte de esta zona, iré por ti.
No te muevas de ahí, ¿entendido?
Tu tía se encargará de todo: ropa, comida…
lo que necesites.
—Entendido.
Con un último asentimiento, Therese montó su caballo y se marchó.
—Tu familia…
es rara, cuanto menos.
Y tu padre debe ser un verdadero monstruo para que reaccione así.
¿De verdad te echó por tu apariencia?
Me froté la nuca.
Dejar que creyeran esa mentira era lo más seguro por ahora, pero me dejaba un mal sabor de boca.
—Es…
complicado, Cliff.
Digamos que no encajaba con lo que él esperaba.
—Ya veo…
—bajó la mirada mientras pateaba una piedra—.
Supongo que te juzgué mal.
Pensé que eras un plebeyo cualquiera, pero eres un noble desterrado que lucha por sobrevivir.
—Ahora entiendes por qué peleé por la hoja de papel en el tablón…
Tomé la cubeta.
—Ahora…
la ropa, Cliff.
—Pero…
¿no escuchaste a tu tía?
—Cliff me miró, confundido—.
Dijo que se encargaría de todo.
Ropa, comida…
prácticamente te adoptó hace cinco minutos.
—Bien, entonces la capa —propuse, levantando una ceja—.
¿Qué te parece?
—Hmph.
De acuerdo.
Una capa.
Pero no será cualquier trapo.
Si vas a llevar el nombre de “Blasón Carmesí” y vas a caminar a mi lado, tiene que ser una capa digna.
Nada de lana barata que pique.
Miré hacia los cuerpos y los heridos.
Eran tan irrelevantes que mi tía ni siquiera se había molestado en mirarlos dos veces, ni en ordenar primeros auxilios.
Para ella, solo eran amenazas neutralizadas.
Así que, al final, estuve compitiendo con el nieto del Papa.
Ya veo de dónde viene esa arrogancia.
Aun así, estoy seguro de que no bastará con palabras bonitas para cambiar su temperamento.
[Ese niño arrogante…
al menos cumplió el trato.] (Ayam…
si sigues hablándome, voy a terminar agotado.
Háblame por la noche, ¿está bien?) Silencio.
Lo siento, Ayam.
No puedo desmayarme ahora que tengo la oportunidad de conseguir una capa.
Además…
ya necesito un buen baño.
Levanté la vista y ví siluetas.
—Ahí vienen más soldados —dije, cubriéndome el sol con la mano para ver mejor.
Cuando bajé el brazo, Cliff ya había desaparecido de mi vista.
Supongo que no quería ser visto.
Tuvo suerte de que Therese fuera mi tía; de lo contrario, quién sabe qué habría pasado.
Cuando llegaron, fui el primero en hablar.
—Vine a recolectar hierbas.
Específicamente, Luna Azul y Lirio —continué, levantando la cubeta llena—.
Soy un aventurero de rango F.
Esta es mi primera misión como aventurero.
Hice una breve pausa antes de seguir.
—Estos individuos me atacaron.
No sé el motivo.
Si he de ser honesto, no dijeron una sola palabra.
Los soldados envainaron sus espadas.
—Y-ya veo…
entiendo.
—Uno de ellos recorrió la escena con la mirada: varios cadáveres en el suelo y hombres heridos en las piernas, incapaces siquiera de ponerse de pie—.
¿Fuiste tú quien los derrotó a todos?
—¿Eh?
¿Cómo podría?
Fue Therese Latreia.
—Claro…
—asintió de inmediato—.
Tenía una patrulla asignada a esta zona, tiene sentido.
Se enderezó.
—Aún así…
¿Como puedes estar tan tranquilo?
Estaba demasiado tranquilo.
No “tan” tranquilo…
pero lo suficiente como para empezar a cuestionarme a mí mismo.
Ningún niño de mi edad reaccionaría así ante una escena como esta.
Aun así, ellos también lo sabían, no era un niño normal.
Un niño aventurero solía significar una sola cosa: alguien que había perdido todo.
—Yo…
perdí a mi familia.
Desde entonces, no siento mucho las emociones.
Esa sola frase resumía toda mi vida pasada.
En cierto sentido, no estaba mintiendo.
No hizo más preguntas.
Me dió permiso para retirarme y me marché, aunque antes lancé una última mirada de reojo al lugar.
Hoy, más recuerdos de antes habían regresado.
A veces me preguntaba por qué los olvidaba…
y por qué volvían.
¿Era mi mente torturándome otra vez?
Por ahora, lo mejor era concentrarme en entregar la misión y obtener mi recompensa.
*** Ya había entregado la misión.
Ahora tenía la moneda de plata en mis manos, incapaz de asimilar que esa sería la primera que ganaba en territorio desconocido.
Eso solo podía significar una cosa: había hecho las cosas bien.
No sabía cuándo regresaría mi tía, así que simplemente me senté, mirando al suelo.
Desde que llegué a Millishion hacía unas horas, no había tenido ni un solo descanso y apenas había comido.
Aun así, no sabría decir si me sentía bien…
o fatal.
Porque seguía preocupado, pero también esperanzado.
Si algún día volvía a ver a mi hermano y a Eris, debía demostrar que las enseñanzas que les di no fueron solo palabras.
Si no las cumplía, les habría mentido…
y quizás eso podría cambiarles para mal.
[Daiki…] De repente, sentí un cansancio severo.
Ayam iba a hablar otra vez; parecía que no había podido contenerse ante mis pensamientos.
Pero antes de que pudiera reaccionar, todo el colapso acumulado del día finalmente alcanzó a mi cuerpo.
Y con el descanso, la oscuridad llegó.
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