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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Interludio Las misiones de rango E
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35: Interludio: Las misiones de rango E 35: Interludio: Las misiones de rango E Dejando de lado el tema de mi abuela, ya había pasado tres días desde que llegué a Millishion, y debía pensar en mi situación.

Techo, comida y acceso a ropa nueva, pero también a la biblioteca y a información.

Puede que encontrara algo sobre el incidente, o tal vez sobre qué fue exactamente lo que lo produjo.

¿Por qué específicamente en Roa?

¿Qué relación tenía eso?

O…

¿solo fue coincidencia?

No sabía cómo responder a esas preguntas, así que solo me quedaba investigar.

Aunque ahora estaba listo para otra cosa.

Tenía ropa nueva, la capa con capucha que me dio Cliff y mi espada en la cintura, sujeta con un cinturón nuevo, mucho más resistente.

Salí de mi cuarto, acomodándome la capa que me llegaba hasta los tobillos.

—¿Daiki?

¿Hijo?

—dijo mi tía.

Me la crucé al otro lado del pasillo, en dirección a la salida.

—Iré a subir de rango…

ya te conté sobre eso.

Ella se acercó y me acomodó el cuello.

—Ten cuidado, ¿sí?

Ya perdí a un familiar, no quiero perder a otro.

Me sonrojé un poco.

—S-sí, lo prometo.

Ella sonrió.

—Bien, pero…

cuando vuelvas, tu abuela quiere que empieces con tus clases.

Además, parece que, si todo sale bien, te enviará a la Universidad Mágica de Ranoa en unos años.

¿Universidad?

Roxy habló muy bien de ella.

—Está bien, gracias tía.

Ella besó mi frente y acomodó un mechón de mi frente.

Solo le devolví la sonrisa y salí a buscar a Cliff.

¿Estará esperando?, pensé.

Entré al gremio de aventureros y ahí estaba: Cliff, impaciente en una de las mesas, dibujando algo.

No levantó la vista, pero sabía que yo estaba ahí.

—Llegaste tarde.

Tres días tarde, subordinado.

Luego levantó la mirada.

—¿Qué te pasó?

Me miró de arriba abajo, supongo que se refiere a mi ropa de noble, mi cabello ordenado, con la cara suave y mis botas nuevas.

—Te ves…

aceptable.

Al menos no avergonzarás mi capa ni el logo.

—Tuve que hacer algunos ajustes para complacer a mi familia —respondí, tomando asiento frente a él—.

Digamos que mi abuela es un poco…

intensa con el código de vestimenta.

Él solo resopló, cerrando los ojos.

—Te entiendo.

Los viejos son insoportables con la imagen.

[¡Tú también eres insoportable con la imagen!] (Calma, Ayam…

Mientras más emociones expresas, más me canso.) [¡No hables tú, eres igual que él…

siempre diciéndote cosas..

cosas…!] Llevé mis manos hacia mi frente, sintiendo un dolor pulsante que recorría todo mi cuerpo.

Ayam estaba expresando enojo, hablaba más fuerte que de costumbre y eso solo hacía que me sintiera peor.

Cliff, tan observador, notó mi situación.

—No me digas que viniste enfermo…

—Pero fuera de eso, noté algo de preocupación.

[L-lo siento, Daiki, esto de las emociones es nuevo para mí…

yo…

yo…] Y guardó silencio; pude sentir que se escondió detrás de algún rincón de mi mente.

El dolor desapareció un poco, así que empecé a recitar un conjuro de magia de desintoxicación y luego uno de curación.

Aún así, la sensación seguía ahí.

—No te preocupes, estoy bien…

Solo que el desmayo por 48 horas y haber comido poco…

ahora me está pasando factura.

Cliff arqueó una ceja, escéptico, pero no presionó más.

Volvió su atención a los papeles frente a él, pasando de la preocupación fugaz a su habitual aire de superioridad.

No quise pensarlo demasiado, así que le hice caso.

Las misiones consistían en: Encontrar un gato que se perdió en el bosque hace un par semanas.

Recolectar 10 racimos de Hierba en una cueva al norte, un lugar peligroso debido a la aparición de monstruos que no deberían estar ahí.

Cazar cinco conejos de gran tamaño que estaban arrasando con la fauna local, lo que indicaba que no eran de la zona y que se trataba de una plaga.

Recuperar una carga que se había perdido de un comerciante.

Si las hacemos todas el mismo día, podremos subir a Rango E y aceptar misiones con mejor paga.

—¿Cuatro misiones en un día?

—pregunté, frotándome la sien—.

Es ambicioso.

—Es eficiente —corrigió Cliff—.

He trazado una ruta.

Empezamos en la pradera, seguimos al camino, luego al bosque y terminamos en la cueva.

Es un circuito perfecto.

Si no nos retrasas con tus “mareos”, estaremos de vuelta antes del atardecer.

Se puso de pie, recogiendo su bastón.

—¿Puedes hacerlo, o prefieres volver a que tu tía te dé la sopa en la boca?

Sonreí, a pesar del dolor de cabeza.

—Vamos, Cliff.

No querría hacerte esperar más.

Y…

Espero no tener que salvarte esta vez…

—¡Ja!

En tus sueños.

Soy un genio, recuérdalo —bufó él—.

¡Andando!

El tiempo es oro y la gloria no espera a los lentos.

*** El itinerario de Cliff era, debo admitirlo, impecable.

A pesar de su actitud, tenía una mente aguda para la logística.

Primera Parada: Los Conejos Gigantes Llegamos al lugar donde se habían avistado las plagas.

No eran conejos normales; eran bestias del tamaño de un perro mediano, con incisivos que parecían dagas y una agresividad inusual.

Estaban destrozando las raíces de unos árboles frutales silvestres.

—Observa y aprende —dijo Cliff, apuntando su bastón.

—Cliff, espera, necesitamos los cuerpos intactos como pru…

¡BOOM!

Una explosión incineró a dos de los conejos al instante.

El problema fue que también incineró gran parte de la evidencia.

—…eba —terminé la frase.

Cliff se ajustó el cuello de la túnica.

—Dos menos.

Quedan tres.

¿Vas a moverte o tengo que hacerlo todo yo?

—Si los quemas a todos, no nos pagarán —le recordé, desenvainando mi espada.

Los tres conejos restantes, alertados por la explosión, cargaron contra nosotros con una velocidad sorprendente.

Sin embargo, para alguien acostumbrado a entrenar con Ghislaine, esto era cámara lenta.

Me deslicé hacia adelante.

Zas.

Zas.

Zas.

Usé el lado plano de la hoja para romperles el cuello.

Cayeron al suelo antes de que Cliff pudiera cargar su siguiente hechizo.

—Hmmpf.

Nada mal para un bruto —murmuró Cliff.

**** Segunda Parada: La Carga Perdida Encontramos la carreta volcada a un lado del camino.

El comerciante había huido, dejando atrás varias cajas pesadas.

—Soy un mago de élite —declaró Cliff, cruzándose de brazos y mirando las cajas de madera—.

Mis manos están hechas para trazar círculos mágicos complejos y sostener cetros de poder, no para el trabajo manual de un cargador.

—Entendido.

Terminé cargando cuatro cajas grandes, atadas a mi espalda con cuerdas, mientras Cliff caminaba delante, “vigilando el perímetro”.

El mercader tuvo suerte de que nadie lo hubiera robado; parecía que hoy el día estaba libre de bandidos.

Aún así, ¿qué podría haber pasado para que el dueño escapara?

**** Tercera Parada: El gato perdido Esta misión…

fue la más fácil.

Solo bastaba con seguir las indicaciones de cómo se veía el gato y analizar lo que le gustaba.

Cliff había ideado un plan para eso, así que ya había comprado la comida favorita.

Recorrimos el bosque durante una hora, hasta que escuchamos un maullido.

No era gran cosa, pero el gato, al haber estado semanas fuera, parecía haberse vuelto salvaje.

Se lanzó hacia mí intentando arañarme la cara, pero no lo logró.

Lo agarré por la nuca y empecé a bañarlo usando magia de agua.

El gato se retorcía en el agua tibia que había conjurado.

—¿Estás intentando ahogarlo o lavarlo?

—preguntó Cliff, mirándome con una mueca de asco mientras mantenía la comida a una distancia segura.

—Limpiarlo.

La dueña es una anciana rica del distrito residencial.

Si se lo devolvemos lleno de garrapatas y oliendo a tierra, no nos dará la recompensa completa.

Una vez que el agua salió limpia, disipé la esfera y, antes de que el gato pudiera caer al suelo y ensuciarse de nuevo, usé una ráfaga suave de magia de viento combinada con fuego para secarlo al instante.

El gato, ahora esponjoso y oliendo a limpio (bueno, a perro mojado limpio), cayó en mis brazos, aturdido.

Cliff aprovechó el momento y le puso la comida bajo su nariz.

El animal, vencido por el hambre y la limpieza, comenzó a comer vorazmente.

—Misión cumplida —dijo Cliff, cerrando la caja transportadora una vez que el gato entró por su cuenta persiguiendo la comida—.

Vámonos.

La cueva nos espera.

*** Cuarta Parada: Hierba Sombría El ambiente cambió drásticamente al llegar a la entrada de la cueva.

Cliff conjuró una esfera de fuego, iluminando las estalactitas.

Después de unos minutos en la cueva, yo hice lo mismo, para abarcar más.

—Eso fue…

¿magia sin conjuro?

Me puse un poco tenso.

—No…

solo lo dije en voz baja.

Para cuando quise explicar de más, sentí cómo toda la cueva comenzó a vibrar, y un sonido fuerte retumbó desde lo más profundo del lugar, donde la luz no llegaba.

Entonces lo noté: una estalactita se desprendió del techo.

Tuve que tomar la capa de Cliff y lanzarlo hacia atrás para que la evitara.

—¿Qué demonios fue eso?

—grité.

Y, como si nos hubiera escuchado, un monstruo enorme emergió de la oscuridad.

Parecía un reptil gigantesco que apenas cabía en la cueva.

Ya teníamos las hierbas, sí…

pero también teníamos esa cosa delante.

—¿De verdad esto es una misión de rango E?

—dijo Cliff, empezando a recitar un hechizo de fuego—.

Nos mandaron a una muerte segura…

Era el momento de usar la espada de la luz.

Puse ambas manos sobre la empuñadura de mi espada desenvainada y me lancé.

En un instante, el monstruo que aterrorizaba a Cliff se partió en dos pedazos perfectos.

Cuando Cliff reaccionó, me miró desde el otro lado: había atravesado al monstruo sin mancharme.

Lo único que quedaba era el corte humeante en la herida cauterizada del monstruo.

Cliff estaba boquiabierto, con el bastón a medio levantar y la llama de su hechizo desapareciendo.

Sus ojos iban de las dos mitades del reptil gigante, que ahora yacían inertes a mis lados, y a mí, que envainaba la espada con normalidad.

—Eso…

—balbuceó Cliff—.

Eso no fue un corte normal.

La herida está cauterizada.

No hay sangre.

Y te moviste más rápido de lo que mi ojo pudo seguir….

—Preguntas luego, quiero comer algo —le corté—.

Tú lleva la bolsa con las hierbas y el gato, yo llevaré las evidencias de los conejos y las cajas.

Misión cumplida, ¿no?

—¿”Misión cumplida”?

—repitió Cliff, saliendo de su estupor y mirándome como si estuviera loco—.

¡Acabas de cortar un ser gigante como si fuera un pedazo de queso y solo piensas en comer!

¡Eso fue una técnica de rango Santo!

¡Lo sé porque he leído sobre eso!

—Cliff.

Tengo hambre.

Y si no nos vamos ya, el olor a carne quemada atraerá a cosas peores que este lagarto.

Él pareció considerar eso, mirando la oscuridad de la cueva.

—…Bien.

Pero me debes una explicación detallada.

Y no creas que cargaré con el gato todo el camino; esa bestia me odia.

—El gato está en la caja, Cliff.

—Detalles.

Salimos de la cueva.

El regreso al distrito de aventureros fue rápido, ya que fue impulsado por el deseo de Cliff de alejarse de los monstruos y mi deseo de llegar antes de que la cena en la mansión se enfriara.

*** Para cuando llegamos al gremio, sentí la mirada de todos hacia nosotros.

Miré hacia atrás, y tenía sentido…

Llevaba arrastrando las cajas, entrando al gremio como si nada, mientras sostenía 5 cuernos…

bueno, 3 cuernos completos y 2 chamuscados.

Y Cliff llevaba una caja con un gato que maullaba como si lo estuvieran torturando y un saco lleno de hierbas que goteaba un líquido púrpura.

Éramos todo un espectáculo.

La recepcionista parpadeó varias veces, alternando la vista entre nosotros y el pequeño desastre que habíamos organizado frente a su mostrador.

—¿Cuatro misiones?

—preguntó.

Cliff se adelantó, sacudiéndose el polvo de la túnica y dejando la jaula sobre el mostrador.

—Por supuesto.

La eficiencia es la marca de un verdadero líder —declaró—.

Y mi subordinado…

bueno, digamos que sirve bien para la carga pesada.

Procese el ascenso a Rango E, por favor.

Y así, oficialmente nos convertimos en Rango E.

Salimos del gremio.

Cliff pesó su bolsa de monedas en la mano y luego me lanzó la mía.

—No estuvo mal —admitió, mirando hacia otro lado—.

Para ser un novato enfermo, te moviste bien.

—Gracias, Cliff.

Nos vemos mañana.

[Lo hiciste bien, Daiki.

Y…

gracias por no enfadarte conmigo.] (Somos un equipo, Ayam.

Tú, yo, y ahora el ególatra de Cliff.)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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