Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Interludio Sueños y Promesas bajo las Estrellas
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39: Interludio: Sueños y Promesas bajo las Estrellas 39: Interludio: Sueños y Promesas bajo las Estrellas Cuando llegué a la Residencia Latreia, creí que había entrado con sigilo.
Era algo tarde, y no queria justificarle de nuevo a mi abuela la razón de mi tardía.
Aún así, cuando entré a mi cuarto, noté que las velas estaban encendidas y que mi tia me estaba esperando en la cama, sentando con los brazos cruzados.
Mi reacción fue…
Nada, absolutamente nada, no sabía como hablarle.
Ella sabe que me tardé, claro, es mi tia pero tiene ese mismo instinto maternal que tenia mi madre.
Y verla con el rostro enojado, me hizo recordar inevitablemente a Zenith.
—Tía Therese…
—Siéntate, Daiki.
—Su voz no sonó enojada, sino suave, casi resignada.
Señaló la silla frente a ella.
Obedecí, sentándome con la espalda recta, aunque mi mente (y Ayam) calculaban las probabilidades.
Therese suspiró, y luego me miró con una ternura que me desarmó.
—No tienes que mentirme.
No a mí.
—Se inclinó hacia adelante—.
Sé que me mentiste el primer día.
Sé que Paul no te “echó” por tus ojos o tu cabello.
Sé que esa historia fue…
conveniente.
…
—¿Lo sabías?
—Daiki, soy Caballero de Millis.
Sé leer a la gente.
Y conozco a Paul.
Es un idiota, un mujeriego y un desastre impulsivo…
pero adoraba a Zenith.
Y nunca, jamás, habría echado a un hijo suyo por cómo se ve.
—Hizo una pausa—.
Además, vi cómo te pusiste cuando mencioné su nombre.
No había odio en tus ojos.
Había dolor.
Y preocupación.
—Entonces…
¿por qué?
—pregunté—.
¿Por qué seguiste el juego?
¿Por qué dejaste que le mintiera a la abuela?
Therese me acarició la mejilla.
—Porque conozco a mi madre.
—Susurró—.
Si hubieras llegado diciendo la verdad, diciendo que eras el hijo amado de Paul Greyrat…
Claire nunca te habría aceptado.
Te habría visto como una extensión de él.
Como el “error” de Zenith.
Te habría cerrado la puerta, o te habría tratado con frialdad.
Se levantó y caminó hacia la ventana.
—Necesitabas un refugio, Daiki.
Te vi…
tan pequeño, tan solo, con esa ropa sucia y esa espada demasiado grande para ti.
Y supe que necesitaba protegerte.
Y la única forma de que Claire te dejara entrar en su corazón era convirtiéndote en una víctima.
En alguien a quien ella pudiera “salvar” de la influencia de Paul.
Se giró hacia mí.
—Así que te seguí la corriente.
Dejé que creyeras que yo creía tu mentira.
Porque te quiero, Daiki.
Eres sangre de mi sangre.
Eres el hijo de mi hermana.
Y no iba a dejar que el orgullo de los Latreia te dejara en la calle.
Me quedé sin palabras.
Había pensado que yo era el manipulador, el estratega.
Pero Therese…
Therese había estado jugando su propio juego todo el tiempo.
Un juego para protegerme.
—Tía…
—Hace unos dias vino.
—Continuó—.
En la puerta.
Intentó entrar.
Gritaba tu nombre, el de tu hermano.
Y el de Zenith.
—Suspiró—.
Se veía terrible.
Pero está aquí.
—Estamos buscándolos.
—Admití, ya sin miedo—.
A mamá.
A Lilia.
A todos.
Él está liderando un grupo de búsqueda.
Yo…
yo los estoy financiando.
Con el dinero que gano y…
bueno, con lo que puedo conseguir aquí.
Therese asintió.
—Lo supuse.
Y está bien.
Mientras encuentres a Zenith…
usaré mi silencio como escudo.
Claire no se enterará de que ves a tu padre.
No se enterará de que le das dinero.
Se acercó y me abrazó como solía hacer.
—Pero prométeme algo, Daiki.
—Lo que sea.
—No te rompas.
—Me miró a los ojos—.
Estás cargando con el peso de dos familias.
El de los Greyrat y el de los Latreia.
Eres solo un niño.
Apóyate en mí también, ¿sí?
No solo en Paul.
Sentí un nudo en la garganta.
—Lo prometo, tía.
—Bien.
—Me soltó y me dio un beso en la frente—.
Ahora a dormir.
Mañana tienes que seguir siendo el nieto perfecto.
Y yo tengo que asegurarme de que los guardias de la puerta “olviden” mencionar al vagabundo ruidoso que vino hace unos dias.
Sonreí.
—Gracias, tía Therese.
—De nada, sobrino.
De nada.
Cuando salió y cerró la puerta, me dejé caer en la cama.
(No estaba solo.
Nunca lo estuve).
[Hasta a mí me sorprendió.
No esperaba esta resolución…
pero, considerando que es familia, está bien].
(Sí, Ayam.
Ella no es solo una aliada.
Es familia).
Cerré los ojos, sintiendo que, por primera vez, no tenía que cargar con todas las mentiras yo solo.
Therese estaba ahí, sosteniendo el otro lado del muro.
*** Habían pasado unas semanas desde el reencuentro con mi padre y, gracias a mi ayuda monetaria y al trabajo en equipo, logró obtener un apoyo mucho mejor del gremio.
Después de todo, ni el gremio ni la iglesia suelen ayudar a aventureros sin dinero.
Aun así, la información seguía siendo limitada; al menos ahora podíamos dar más oportunidades a la gente que rescatábamos.
Norn, como era habitual, había recuperado una luz que antes no tenía.
Siempre que me veía, me pedía que le leyera un libro sin soltarme ni un segundo.
Podría jurar que me había convertido en su rama y ella en una koala, con una fuerza que no debería tener una niña de su edad.
También me di cuenta de que Norn adoraba a Emilia, sobre todo por la forma en que le contaba historias de dragones e hidras.
Parecía que mi hermana menor había heredado esa inclinación de mi padre por la aventura, o al menos por la acción.
Porque un día me preguntó esto: —Hermanito mayor, ¿me vas a enseñar espadas?
Quiero hacer WHOOOSH —hizo el sonido inflando las mejillas.
Debo admitir que me pareció tierno—.
Como hace papá…
y como haces tú contra los monstruos.
—¿Whoosh?
—repetí, conteniendo una sonrisa mientras le limpiaba una mancha de mermelada de la mejilla—.
¿Estás segura de que quieres hacer eso?
Las espadas pesan mucho, Norn.
Y duelen si te golpeas el dedo gordo del pie.
Norn asintió con una seriedad casi ceremonial, de esas que solo los niños de cuatro años pueden tener cuando hablan de cosas “importantes”.
—¡Sí!
Papá dice que tú eres muy fuerte.
Y Emilia-neechan dice que los héroes de los cuentos siempre tienen espadas.
¡Yo quiero ser una heroína!
Miré a Emilia, que estaba sentada en la mesa de al lado revisando unos documentos.
Ella me devolvió una sonrisa culpable y se encogió de hombros.
—Lo siento —susurró—.
Le leí “La Princesa Caballero y el Dragón de Cristal”.
Puede que haya exagerado las partes de combate.
La miré con una sonrisa.
—Está bien, pequeña heroína.
—Levanté a Norn y la senté en mi rodilla—.
Pero primero tienes que comer tus verduras.
Los héroes no pueden levantar espadas si no tienen fuerza.
—¡Buh!
—Norn hizo una mueca, pero aceptó la cucharada de estofado que le ofrecí.
Paul entró en la sala común de la pensión en ese momento, sacudiéndose el polvo del camino.
—¿Entrenando a la nueva recluta?
—preguntó, besando la cabeza de Norn.
—Quiere aprender a hacer “Whoosh” —expliqué.
Paul soltó una carcajada.
—Esa es mi chica.
Quizás tengamos otra espadachina en la familia.
—Se sentó frente a nosotros.
Me puse serio.
—¿Alguna noticia?
Paul negó con la cabeza, tomando un sorbo de agua.
—Nada concreto sobre Zenith.
Pero hemos confirmado que Lilia no está en las listas de esclavos de la zona costera.
Eso es bueno.
Significa que probablemente esté en el interior, o quizás en otro reino.
—Es un avance —dije, tratando de ser optimista—.
Y sobre Rudy…
¿alguna respuesta a mis cartas?
—Aún no.
—Paul suspiró—.
Pero el correo tarda meses en llegar al Continente Demoniaco, y más aún en volver.
Paciencia, hijo.
Si están vivos, responderán.
Di un suspiro.
—Aunque tenga que esperar, haré lo que sea necesario.
** Esa noche, Norn me pidió que me quedara con ella.
Dijo que quería despertar conmigo a su lado, y aunque intenté negarme, me agarró de la ropa y no me dejó ir.
No tuve el corazón(ni la voluntad) para resistirme.
—Solo esta noche —dijo con los ojos cerrados—.
Quiero despertar y que estés aquí.
No quiero que sea un sueño otra vez.
Así que me quedé.
Me acomodé en la silla junto a su cama, pero tiró de mi mano hasta que me senté en el borde del colchón y luego se acurrucó contra mi costado.
(Claire va a estar furiosa mañana.
Therese tendrá que inventar una excusa muy buena).
[Da igual las consecuencias.
La prioridad es el bienestar emocional de tu hermana.] (Tienes razón, Ayam.
Tienes toda la razón.) Acaricié su cabello rubio, tan parecido al de mamá.
Norn murmuró algo en sueños y sonrió.
Mi mente vagó hacia el pasado.
Hacia esos días en Buena Village, antes de que el cielo se rompiera.
Días simples.
Días de entrenamiento, de risas y de una familia que, aunque imperfecta, estaba completa.
Flashback —¡Daiki!
¡Rudy!
¡Bajen de ese árbol ahora mismo!
Era Zenith, gritando desde una ventana.
Estábamos encima en la rama más alta del viejo roble que madre había estado cuidando, con Sylphiette entre nosotros.
Habíamos subido para “vigilar el perímetro” (idea mía) y para “buscar ingredientes raros” (idea de Rudy).
—¡Pero mamá, la vista es increíble!
—gritó Rudeus, colgando peligrosamente de una pierna—.
¡Puedo ver la casa de Sylph desde aquí!
—¡No me importa lo que veas!
¡Si se caen, se romperán el cuello!
—Zenith estaba con las manos en las caderas, era esa postura de “madre enojada nivel 5”.
Miré a Sylph.
Se veía un poco asustada por la altura, pero también emocionada.
—¿Bajamos?
—le pregunté.
—Sí…
creo que sí.
—Sylph asintió.
—Bien.
Rudy, deja de hacer el mono y baja.
—¡Aguafiestas!
—Rudeus se impulsó con un poco de magia de viento y aterrizó suavemente en el césped.
Ayudé a Sylph a bajar el último tramo.
Cuando tocamos el suelo, Zenith ya nos estaba esperando con los brazos cruzados…
y una bandeja de galletas.
—Castigados —dijo con seriedad fingida—.
Su castigo es comerse esto antes de la cena.
Rudeus y Sylph corrieron hacia las galletas.
Yo me quedé atrás un segundo, mirando a mi madre.
Ella me guiñó un ojo.
—Gracias por cuidarlos allá arriba, Daiki.
—Siempre, mamá.
Esa noche, hicimos una fogata en el jardín.
Paul asó carne (quemando la mitad, como siempre), Lilia trajo mantas, y nos sentamos todos juntos bajo las estrellas.
Rudeus estaba contando una historia exagerada sobre cómo había “luchado contra un dragón de agua” en el río —que en realidad era una rana grande—, y Norn, que apenas era un bebé en brazos de Zenith, lo miraba con total atención.
Aisha permanecía tranquila, como siempre, en los brazos de Lilia.
Éramos una familia completa.
—Y entonces…
—Rudeus hizo un gesto dramático— ¡ZAS!
¡Usé mi Cañón de Agua y lo mandé a volar!
—Mentiroso —dije, masticando un trozo de carne—.
Te resbalaste y te caíste al agua.
Sylph tuvo que sacarte.
—¡Detalles!
¡La esencia de la historia es la valentía!
Todos se rieron.
—Nunca cambien, chicos.
Nunca cambien —dijo Paul, con un poco de ceniza en el hombro.
Miré a mi familia: a Rudeus y Sylph discutiendo por la rana; a Zenith meciendo a Norn; a Paul riendo junto a Lilia.
También a Aisha, siempre tan tranquila, lo opuesto a Norn.
En ese momento pensé que nada podría romper aquello.
Que siempre estaríamos así, bajo las estrellas, a salvo.
Pero la vida tenía otros planes…
planes terribles.
Ahora, en el presente, ese recuerdo se desvaneció.
Norn seguía durmiendo, con una respiración tranquila y una leve sonrisa en el rostro.
Paul me había dicho que antes le costaba conciliar el sueño y que, cuando lo lograba, nunca descansaba cómoda.
—Aún no podemos volver a eso…
—susurré en la oscuridad—.
Pero podemos construir algo nuevo.
Algo que no pueda ser destruido.
La puerta de la habitación se abrió.
Paul asomó la cabeza.
—¿Dormida?
—Profundamente.
Paul entró y se sentó en la silla frente a mí.
—Gracias por quedarte, Daiki.
Ella…
te necesitaba.
—Yo también la necesitaba.
Nos quedamos en silencio un momento, padre e hijo, velando el sueño de la niña que nos unía.
—Rudy llegará —dijo Paul de repente—.
Lo siento en los huesos.
—Yo también.
—Miré por la ventana—.
Y cuando llegue…
estaremos listos.
Paul sonrió.
—Descansa, hijo.
Yo haré la guardia.
Cerré los ojos.
Por primera vez en todo este año, no soñé con fuego ni con caídas.
Soñé con una fogata en Buena Village, y con una promesa de que, algún día, volveríamos a encenderla.
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