Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Episodio 1 Dos Almas Despiertan — Parte 3
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4: Episodio 1: Dos Almas Despiertan — Parte 3 4: Episodio 1: Dos Almas Despiertan — Parte 3 Han pasado aproximadamente dos años desde que reencarnaron.
Sus piernas y caderas ya estaban bien firmes, y ahora ambos podían caminar erguidos sobre dos pies sin ayuda.
También habían empezado a hablar el idioma de este mundo con cierta fluidez.
Rudeus había decidido vivir en serio esta vez, y lo primero que hizo fue pensar qué debería hacer.
¿Qué era importante en su vida anterior?
Estudio, ejercicio y habilidades técnicas.
Como bebé, las cosas que uno puede hacer son pocas.
A lo mucho, enterrar la cara en el pecho de quien te carga por accidente.
Cuando se lo hacía a la sirvienta, Lilia ponía una cara de evidente disgusto.
Daiki lo miró con una cara de “No deberías de hacerlo”.
‘ Seguro que esta sirvienta odia a los niños.
’ Pensó Rudeus.
Rudeus pensó que el ejercicio podía esperar un poco, así que decidió empezar por aprender a leer, y tomó los libros de la casa.
El lenguaje es esencial.
En Japón, casi toda la población sabe leer y escribir, pero muchos son débiles en inglés, y eso los hace dudar a la hora de salir al extranjero.
El simple hecho de dominar un idioma extranjero se considera una habilidad en sí misma.
Daiki había llegado a la misma conclusión, aunque por razones diferentes.
En su vida anterior había sido políglota, y sabía que el lenguaje era poder.
Información.
Control.
Aquí no sería diferente.
Solo había cinco libros en la casa.
Tal vez porque los libros aquí eran caros, o porque ni Paul ni Zenith eran de leer mucho.
Probablemente ambas cosas.
Para Rudeus, que tenía miles de libros en su vida anterior, era algo difícil de creer.
Aunque, bueno…
todos eran novelas ligeras.
Daiki simplemente catalogó la información.
‘ Cinco libros.
Sociedad con baja tasa de alfabetización probable.
Libros como artículos de lujo.
Anotado.
’ Aun así, cinco libros eran suficientes para aprender a leer.
Desde entonces, se volvió común ver a los dos hermanos sentados juntos en la sala, cada uno con un libro en las manos.
Rudeus hojeaba las páginas con genuino interés, mientras Daiki simplemente…
absorbía la información.
El idioma de este mundo se parecía bastante al japonés en estructura gramatical, lo que facilitó el aprendizaje para ambos.
Aunque los caracteres eran completamente distintos, la lógica subyacente les resultaba familiar.
—Mira, querido.
Están leyendo juntos otra vez.
—dijo Zenith con ternura, observando a sus dos hijos desde la puerta.
—Son inseparables esos dos.
—respondió Paul con una sonrisa.
Aunque Daiki siempre es tan callado.
Rudy al menos balbucea de vez en cuando.
Era cierto.
Rudeus había comenzado a hablar algunas palabras sueltas, practicando el idioma.
Daiki, por otro lado, permanecía en silencio la mayor parte del tiempo, solo observando y escuchando.
‘ Todavía no.
Hablar demasiado bien llamaría la atención.
’ Pensaba Daiki cada vez que sentía el impulso de formar una oración completa.
Pero Rudeus había notado algo más.
Su hermano no solo leía los libros…
los memorizaba.
Daiki pasaba las páginas con una velocidad constante, sin detenerse, sin releer.
Como si cada palabra quedara grabada instantáneamente en su cerebro.
‘ Eso no es normal.
Ni siquiera para alguien reencarnado.
’ Rudeus intentó no pensar demasiado en ello.
Tenía sus propios planes.
‘ Definitivamente reencarnó.
Eso es obvio.
Pero…
¿quién era?
¿Por qué es tan diferente a mí?
’ Daiki sintió la mirada de Rudeus sobre él pero no levantó la vista del libro.
‘ Todavía no es el momento.
’ Había considerado la posibilidad de hablarle.
De confirmar sus sospechas mutuas.
Pero algo lo detenía.
Tal vez era cautela.
Tal vez era miedo de que, al admitir lo que eran, algo cambiaría irrevocablemente entre ellos.
‘ Y además…
’ Daiki pasó otra página.
‘ ¿Qué le diría?
Hola, hermano.
Yo también reencarne ¿También recuerdas haber muerto?
’ No.
Era demasiado pronto.
Demasiado arriesgado.
Rudeus suspiró y volvió a abrir su libro.
‘ Da igual.
Primero aprenderé todo lo que pueda.
Luego veré qué hacer con…
él.
’ Solo tenían que memorizar vocabulario.
Y ya habían aprendido bastante del idioma hablado, lo cual ayudó.
Paul les había leído en voz alta algunos pasajes varias veces, así que memorizar palabras fue sencillo para ambos.
Tal vez también influía que estos cuerpos tenían muy buena memoria.
Para Rudeus, esto era una revelación.
Jamás imaginó que alguna vez pensaría que estudiar era divertido, pero si lo pensaba, aprender información de un MMORPG no era tan diferente.
¿Cómo no iba a disfrutarlo?
Para Daiki, era simplemente eficiencia.
Su cerebro procesaba y almacenaba información automáticamente.
Cada palabra, cada símbolo, cada patrón gramatical quedaba archivado instantáneamente.
‘ Idioma local: 87% dominado.
Vocabulario: expandiéndose.
Gramática: estructura simple, similar al japonés.
’ Una vez que supieron leer, los libros se volvieron interesantes.
Los libros que había en casa eran los siguientes: “Recorriendo el mundo” — Una guía con los nombres y características de los distintos países del mundo.
“Ecología y puntos débiles de los monstruos de Fittoa” — Un manual sobre las criaturas que aparecen en la región de Fittoa y cómo enfrentarlas.
“Libro de magia” — Un manual para magos, desde hechizos ofensivos de nivel principiante hasta avanzado.
“La leyenda de Perugius” — Un cuento moralizante sobre un invocador llamado Perugius que, junto a sus compañeros, luchó contra un dios demoníaco para salvar al mundo.
“Los tres espadachines y el laberinto” — Una novela de acción sobre tres genios espadachines de distintas escuelas que se adentran en un profundo laberinto.
Daiki había leído el Libro de magia tres veces.
No por necesidad—había memorizado cada palabra en la primera lectura—sino por algo más profundo.
‘ Magia.
Poder verificable.
Cuantificable.
Entrenable.
’ Conforme avanzaban en la lectura, ambos aprendieron varias cosas básicas: Solo existen tres grandes tipos de magia: Magia ofensiva — para atacar al enemigo.
Magia curativa — para sanar a otros.
Magia de invocación — para llamar o invocar algo.
Solo esas tres.
Tal cual.
Rudeus pensó que debería haber más variedades, pero según el libro, la magia se desarrolló históricamente en el contexto de la guerra, así que fuera del combate o la caza no se le había dado mucho uso.
Daiki procesó esta información con interés clínico.
‘ Sistema de magia limitado.
Desarrollo enfocado en aplicación bélica.
Potencial sin explotar: alto.
Posibles aplicaciones no bélicas: múltiples…
Estoy…
analizando mucho de nuevo ’ Para usar magia, se necesita maná.
Existen dos maneras de utilizarlo: Usar el maná almacenado dentro del propio cuerpo o extraerlo de objetos que lo contengan.
‘ Fascinante ’ pensó Rudeus.
‘ Es como tener MP en un RPG, pero real.
’ ‘ Sistema similar a conceptos de ki o chi, pero con base física verificable.
Interesante.
’ Analizó Daiki.
Existen dos métodos para activar la magia: Conjuros verbales (recitación) o círculos mágicos.
Antiguamente, los círculos mágicos eran lo más usados.
Los conjuros más simples tomaban de uno a dos minutos para recitarse, lo cual era inviable en combate.
Sin embargo, todo cambió cuando un mago logró reducir drásticamente el tiempo de los conjuros.
Consiguió que los más simples se pudieran lanzar en apenas cinco segundos, y desde entonces, la magia ofensiva se volvió dominada por la recitación.
Rudeus leyó esto con entusiasmo.
‘ ¡Cinco segundos!
Eso es manejable en combate.
Tendré que practicar mucho para reducir ese tiempo.
’ Daiki, sin embargo, se enfocó en otra cosa.
‘ Ambos son interfaces para canalizar maná.
La pregunta es…
¿son necesarios?
¿O simplemente son herramientas de enfoque mental?
’ Era una pregunta que el libro no respondía.
La cantidad de maná de una persona se define prácticamente al nacer.
Esto preocupó a Rudeus.
En un RPG típico, ganarías más puntos de magia al subir de nivel.
Pero aquí no era así.
Se decía que no cambiaba casi nada mientras uno crecía.
‘ Aunque el “casi” deja un pequeño margen de variación…
¿Qué pasará en mi caso?
’ El libro decía que la cantidad de maná era hereditaria.
Su madre podía usar magia curativa, así que tal vez podía tener ciertas expectativas.
Pero aun así le preocupaba.
‘ Aunque mis padres sean competentes, siento que mis genes no me van a ayudar mucho…
’ Tiempo después.
Por ahora, Rudeus decidió probar con el hechizo más sencillo.
En general, el libro de magia incluía tanto círculos mágicos como conjuros, pero al parecer lo más común era usar conjuros.
Como tampoco tenía con qué dibujar un círculo mágico, optó por practicar con la recitación.
Parece que, conforme el tamaño del hechizo aumenta, también lo hace la duración del conjuro, e incluso se vuelve necesario usar círculos mágicos en conjunto.
Pero para empezar, no debería haber problema.
Por cierto, se dice que los magos experimentados pueden lanzar hechizos sin necesidad de recitarlos.
Eso se llama “magia sin conjuro” o “conjuros abreviados”, algo así.
Rudeus esperó hasta que sus padres estuvieran ocupados.
Paul había salido a entrenar al jardín, y Zenith estaba en la cocina con Lilia preparando la cena.
Era el momento perfecto.
Se escabulló a una de las habitaciones vacías con el libro de magia en mano.
Cerró la puerta con cuidado y se posicionó en el centro de la habitación.
Lo que Rudeus no sabía era que Daiki lo había visto llevar el libro.
Y lo había seguido.
En su vida anterior, Daiki había desarrollado habilidades.
El movimiento silencioso era una de ellas.
Se detuvo justo afuera de la habitación, dejando la puerta apenas entreabierta.
Lo suficiente para observar sin ser visto.
Rudeus, ajeno a la presencia de su hermano, con el libro en una mano, extendió el brazo derecho, y empezó a leer en voz alta con su voz infantil.
—Que la gran bendición del agua acuda a tu llamado, que la clara corriente de un arroyo brote aquí y ahora…
¡Water Ball!
Daiki observaba con absoluta atención desde su posición.
Y entonces sucedió.
Una esfera de agua se formó de la nada.
Justo en la punta de los dedos de Rudeus.
Del tamaño de un puño.
Flotando.
—¡Ohh…!
Chapoteo.
El sonido del agua golpeando el suelo rompió el silencio.
La esfera había caído cuando Rudeus perdió la concentración.
Rudeus miraba la mancha húmeda en el suelo con una mezcla de emoción y decepción.
‘ En el libro decía que era un hechizo para lanzar una bola de agua, pero esta simplemente se desplomó.
¿Será que si pierdo la concentración el hechizo no se mantiene activo?
’ —Concéntrate…
concéntrate…
La sensación era como si reuniera sangre en la mano derecha.
Volvió a apuntar con la mano derecha, evocando la sensación de hace un momento y formando la imagen en su mente.
‘ No sé cuánta cantidad total de maná tengo, pero lo mejor será suponer que no puedo usarlo muchas veces.
Cada intento debe contar.
’ Primero formaba la imagen en su mente.
La repetía una y otra vez en su cabeza, y solo entonces la ponía en práctica.
Así era como practicaba combos en los juegos de pelea en su vida pasada.
“Suuu…
fuuu…” Tomó una profunda bocanada de aire.
Como si canalizara la sangre desde la punta de los pies y la cabeza hacia la mano derecha, empezó a concentrar la energía.
Y luego la soltó, como si la escupiera con la palma…
‘ Agua…
agua…
esfera de agua…
bola de agua…
gota de agua…
pantis con gotitas de agua…
’ ‘ Maldición, pensamientos impuros.
Otra vez desde el principio.
’ Daiki, desde su posición, observaba cada movimiento.
Rudeus reunió todo con fuerza.
—¡Haaaah!!
Y justo en ese instante, una esfera de agua se formó de nuevo.
—¿¡O-oh…
eh…!?
Chapoteo.
En el instante en que se sorprendió, la esfera de agua cayó sin más, como si nada.
“……Ah.” Daiki se interesó.
‘ No usó el conjuro esa vez.
’ Rudeus también lo había notado.
‘ ¿Eh…?
No hice el conjuro, ¿verdad?
¿Por qué salió entonces…?
’ Lo único que hizo fue imitar exactamente la sensación de cuando lanzó el hechizo antes.
‘ ¿Será que, si uno puede reproducir el flujo del maná, ya no necesita recitar nada?
’ ‘ Si se puede hacer tan fácilmente, ¿entonces para qué sirve recitar el conjuro?
’ Su mente trabajaba rápidamente, llegando a conclusiones.
Quizá el conjuro funcione como una automatización del hechizo.
Como un auto con transmisión manual versus uno automático.
—Recitar el conjuro activa automáticamente el hechizo.
Esa función tenía ventajas claras.
Era más fácil de enseñar.
Era más fácil de usar en combate.
—¡Oooh, tiene sentido!
—murmuró Rudeus para sí mismo—.
Eso quiere decir que…
yo no soy ‘común’.” Por un momento se dejó llevar por la emoción, pero entonces se detuvo.
‘ No, no…
Cálmate.
Tienes que mantener la cabeza fría.
En mi vida pasada, me dejé llevar por esa sensación y ya sabemos cómo terminó.
’ Era un principiante.
Un completo principiante con suerte.
Nada más.
—Entonces, vamos con otra…
Extendió la mano derecha hacia el frente, pero de repente sintió un cansancio extraño.
Como si algo pesado le oprimiera los hombros.
Una sensación de fatiga profunda.
‘ ¿Me quedé sin maná?
’ No podía ser.
¿Solo dos bolas de agua?
Eso era ridículo.
Quizá al ser principiante estaba perdiendo mucho maná innecesariamente.
Por si acaso, intentó lanzar una más.
Daiki vio cómo su hermano extendía el brazo temblorosamente.
Vio cómo una tercera esfera de agua comenzaba a formarse…
Y entonces Rudeus se desplomó.
Sus pequeñas piernas cedieron y cayó de costado al suelo con un golpe sordo.
Daiki reaccionó por instinto.
Abrió la puerta completamente y corrió hacia su hermano.
—¡Rudeus!
Se arrodilló junto a él, verificando su respiración.
Estaba vivo.
Solo inconsciente.
‘ Idiota.
Te excediste.
’ Daiki se sentó en el suelo, observando a su hermano inconsciente.
Por primera vez, había hablado en voz alta.
Miró sus propias manos.
Luego el libro de magia tirado junto a Rudeus.
‘ Él lo logró.
Magia sin conjuro a la segunda vez.
Y se desmayó después de tres intentos.
’ La curiosidad era abrumadora.
Daiki se levantó y recogió el libro.
Buscó la página del Water Ball.
Leyó el conjuro, memorizándolo perfectamente en una sola lectura.
‘ Solo una.
Para verificar.
’ Extendió su pequeña mano derecha hacia adelante.
Cerró los ojos.
Intentó sentir lo que Rudeus había descrito con sus gestos y expresiones.
Energía.
Maná.
Algo dentro de su cuerpo.
—Que la gran bendición del agua acuda a tu llamado, que la clara corriente de un arroyo brote aquí y ahora…
¡Water Ball!
Al principio, nada.
Pero entonces lo sintió.
No era como sangre concentrándose, como parecía ser para Rudeus.
Para Daiki era diferente.
Era como…
una corriente.
Una energía que fluía naturalmente por todo su cuerpo, constante y abundante.
Y una esfera de agua apareció.
Más grande que las de Rudeus.
Notablemente más estable.
Daiki abrió los ojos y observó la esfera con genuina fascinación.
La movió ligeramente, y el agua se movió con su mano, manteniéndose perfectamente formada.
‘ Funciona.
’ La dejó caer por la ventana.
Esperó sentir el cansancio que había visto en Rudeus.
Nada.
Se sentía completamente normal.
Como si no hubiera hecho nada en absoluto.
‘ ¿Por qué?
’ Extendió la mano de nuevo.
Esta vez sin conjuro, imitando lo que había visto hacer a Rudeus en su segundo intento.
Solo concentrándose en la sensación del flujo de energía, en la imagen del agua formándose.
Otra esfera apareció.
Igual de grande.
Igual de estable.
Sin cansancio.
Otra más.
Y otra.
Cinco.
Seis.
Siete.
Diez esferas de agua, una tras otra.
Daiki se detuvo, no por fatiga, sino por confusión.
Miró a su hermano todavía inconsciente en el suelo.
‘ Rudeus se desmayó después de tres.
Yo acabo de hacer diez y no siento nada.
’ ¿Era simplemente que tenía más capacidad de maná?
¿O había algo más?
La diferencia era demasiado grande para ser solo una cuestión de talento.
—Ay, Rudy, si te da sueño, primero tienes que ir al baño y luego meterte en la cama como corresponde, ¿sí?
Cuando Rudeus despertó, resultó que se había quedado dormido después del agotamiento de maná…
y así, terminó haciéndose pis en la cama.
‘ De hecho, pero qué poca cantidad de maná.
’ ‘ Haa…
qué desmoralizante…
Bueno, incluso con solo dos balas de agua, todo depende de cómo se usen.
Será mejor que al menos practique hasta poder lanzarlas al instante, en una situación de emergencia…
’ Daiki no había dicho nada esa noche.
Había observado en silencio mientras Zenith regañaba suavemente a Rudeus y cambiaba las sábanas.
Había visto la vergüenza en el rostro de su hermano, aunque Rudeus intentaba ocultarla.
‘ Diez esferas y no sentí nada.
¿Por qué Rudeus se desmayó con solo tres?
’ No tenía sentido.
Eran hermanos mellizos.
Compartían los mismos padres, los mismos genes.
La diferencia no debería ser tan abismal.
A menos que…
‘ A menos que seamos fundamentalmente diferentes.
’ Al día siguiente, Rudeus esperó hasta estar solo de nuevo.
Daiki, como siempre, lo observaba desde la distancia, pero esta vez Rudeus lo sabía.
Podía sentir esos ojos sobre él.
Sin conjuro esta vez.
Solo concentración.
La imagen del agua formándose.
El flujo del maná.
Una esfera apareció.
Luego otra.
Y otra.
Y otra.
Cuatro esferas de agua sin problemas.
Sintió el cansancio en la quinta.
‘ ¿Eh…?
’ Gracias a la experiencia de ayer, sabía que si lanzaba una más se desmayaría, así que decidió detenerme ahí.
Se quedó mirando las manchas húmedas en el suelo, procesando.
‘ Seis como máximo.
El doble que ayer.
’ ‘ ¿Por qué hoy pude hacer el doble que ayer?
’ ‘ Hoy lo hice todo sin conjuro, así que el uso o no uso de encantamientos no debería influir.
No lo sé.
Puede que mañana aumente otra vez.
’ Pasaron varios días.
Rudeus continuó practicando en secreto, siempre deteniéndose justo antes del colapso.
Y cada día, su capacidad aumentaba.
Once veces.
Luego veintiséis.
La progresión era clara.
‘ Definitivamente, aumentan en proporción a la cantidad usada.
’ ‘ ¡Malditos mentirosos…!
¿Qué es eso de que la cantidad total de maná se determina al nacer…?
’ El libro había mentido.
O al menos, no había contado toda la verdad.
—Bueno, supongo que esto significa que no hay que tragarse todo lo que dice un libro, ¿eh?
‘ Incluso en el otro mundo se decía que, si uno entrenaba durante el crecimiento, sus capacidades mejoraban drásticamente.
’ ‘ Este mundo habla de cosas como el maná y demás, pero la estructura corporal humana no debería ser distinta.
La base es la misma.
’ En ese caso, solo había una cosa que hacer: Entrenar todo lo posible antes de que termine su etapa de crecimiento.
Daiki había observado todo esto desde las sombras.
Y él también había estado practicando.
Pero no importaba cuántas veces usara magia, no sentía ningún cambio.
Su capacidad parecía…
constante.
Inmensa, pero estática.
‘ ¿Por qué?
’ Era una tarde cuando finalmente decidió que era momento de hablar.
Paul estaba entrenando.
Zenith en la cocina con Lilia.
Rudeus estaba en su habitación, leyendo el libro de magia como siempre.
Daiki entró sin hacer ruido y cerró la puerta tras él.
Rudeus levantó la vista, sorprendido.
Por primera vez en semanas, estaban completamente solos.
Sin adultos cerca.
Sin interrupciones.
Fue Daiki quien habló primero.
Su voz era clara, sin rastro del balbuceo infantil que normalmente fingía frente a sus padres.
—Yo también lo intenté.
Rudeus se tensó inmediatamente.
‘ ¡Habla perfectamente!
’ —Después de que te desmayaras.
—continuó Daiki, con su tono neutral, casi clínico—.
Usé magia.
Diez veces.
No me cansé.
Rudeus lo miró con los ojos muy abiertos.
‘ ¿Diez veces?
¡¿Y no se cansó?!
’ —Tú te desmayaste con tres.
—dijo Daiki, observando la reacción de su hermano—.
¿Por qué?
—Yo…
—Rudeus tragó saliva.
‘ Habla como adulto.
Definitivamente reencarnó.
’ Finalmente encontró su voz.
—Mi…
mi maná se agotó.
Solo pude hacer tres antes de desmayarme.
—Ahora puedes hacer más.
—afirmó Daiki.
No era una pregunta.
—Sí.
Cada día aumenta.
Ayer fueron veintiséis.
Daiki procesó esa información.
—El mío no aumenta.
Rudeus parpadeó.
—¿Qué?
—He estado practicando también.
En secreto.
—Daiki levantó su mano y, sin conjuro, sin siquiera concentración visible, una esfera de agua apareció flotando sobre su palma—.
No importa cuántas veces lo haga.
No aumenta.
La esfera era perfecta.
Más grande que las de Rudeus.
Completamente estable.
Rudeus la observó con una mezcla de asombro y…
algo más.
¿Envidia?
¿Miedo?
—¿Cuántas…
cuántas puedes hacer?
Daiki dejó caer la esfera.
—No lo sé.
Me detuve en treinta.
No sentí nada.
El silencio que siguió fue denso.
—Escondí el libro.
—dijo Daiki de repente, cambiando de tema—.
Cuando te desmayaste.
Antes de que llegara mamá.
Sabía que querías mantenerlo en secreto.
Rudeus lo miró con sorpresa.
—¿Por qué…?
—Porque yo también tengo secretos.
Finalmente, Rudeus cerró el libro de magia y lo dejó a un lado.
—Tú…
también reencarnaste, ¿verdad?
—Las palabras salieron en perfecto japonés.
Era una apuesta arriesgada, un arma de doble filo.
Si su hermano también era un reencarnado, lo entendería de inmediato y confirmaría sus sospechas.
Pero si no lo era…
bueno, simplemente pensaría que estaba hablando en algún idioma extraño y lo olvidaría.
Era mejor eso que arriesgarse a decirlo en el idioma de este mundo, donde cualquiera podría comprender y eventualmente revelar su secreto a otros.
Daiki no respondió de inmediato.
Simplemente mantuvo esa mirada penetrante de ojos fija en su hermano.
—Sí.
Yo también.
Vivía en Tokio.
—Respondió en perfecto japonés.
Una sola palabra.
Pero fue suficiente.
Todo el muro de silencio y secretos que habían construido durante dos años se derrumbó con esa simple admisión.
—Yo también morí.
Desperté aquí.
Como tú.
Daiki asintió levemente.
—Lo sé.
Lo supe desde el principio.
La forma en que te mueves.
Cómo observas todo.
No eres un bebé normal.
—Tú tampoco.
—Rudeus soltó una risa nerviosa—.
Nunca vi a un bebé moverse con tanto sigilo.
O leer tan rápido.
O…
o hacer lo que sea que haces.
Permanecieron en silencio por un momento, procesando la enormidad de lo que acababan de admitir.
—¿Qué hacemos ahora?
—preguntó Rudeus finalmente.
—Seguir practicando.
Aprender.
Crecer.
—¿Juntos?
Daiki miró a su hermano mellizo.
A pesar de todo, a pesar de sus diferencias, eran familia.
Habían compartido el mismo vientre, el mismo nacimiento, los mismos dos años de vida.
—Juntos.
—confirmó Daiki, con una leve sonrisa.
Por primera vez desde que renació, algo parecido a una sonrisa genuina apareció brevemente en su rostro.
Rudeus sonrió también, aliviado.
Ya no estaba solo en esto.
—Pero.
—añadió Daiki—.
Frente a nuestros padres, seguimos siendo niños normales.
Nadie más debe saber.
—Estoy de acuerdo.
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