Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 40
- Inicio
- Todas las novelas
- Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
- Capítulo 40 - 40 Episodio 26 La Vida en la Aldea Doldia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: Episodio 26: La Vida en la Aldea Doldia 40: Episodio 26: La Vida en la Aldea Doldia 2 meses despues: Mi nombre es Rudeus Greyrat.
Yo era un hombre adulto en mi vida anterior, pero en mi vida actual, soy un niño bastante guapo de once años de edad.
Mi campo de especialización es la magia.
Puedo lanzar hechizos personalizados sin la necesidad de un encantamiento, un truco que me ha provisto de bastante reconocimiento.
Hace alrededor de un año y un més, fui teletransportado hacia un lugar amigable conocido como el Continente Demoniaco, gracias a un desastre mágico a gran escala.
Por desgracia, daba la casualidad de que el Continente Demoniaco estaba al otro lado del planeta de mi hogar natal, la Región de Fittoa del Reino de Asura.
Volver iba a requerir viajar a través de la mitad del mundo.
Rápidamente me convertí en un aventurero y comencé un largo, y difícil viaje de regreso a casa.
Desde entonces, han pasado trece meses.
Durante ese tiempo, atravesé el Continente Demoniaco…
y ahora, estoy encerrado junto a un hombre.
Él se veía como un aventurero.
Su ropa era negra, con protectores de cuero fijados en las uniones.
Por supuesto, él estaba desarmado.
Tenía patillas largas, con una cara de mono como Lupin el Tercero.
—¿Qué pasa, Novato?
¿Ves algo fuera de lugar?
—pregunté.
—N-no, no es exactamente como lo describiría.
—Él miraba hacia mí, claramente confundido.
De repente, se acercó un guardia con cara de pocos amigos.
—Joven…
¿Cual es su nombre?
Eso me desconcertó, desde que llegué aquí, hace unos dias, no me habían preguntado el nombre.
Me habló en idioma bestia, tenia suerte de haberlo estudiado.
—Rudeus…
—Dije sin más, la verdad no sabía que decirle.
¿Deberia contarle quien soy realmente?
—¿Rudeus?
—Luego pasó mi vista hacia mi cabello y mis ojos.
Luego miró hacia otro lado, donde estaban mis cosas.
—Oh….
¡¿Oh que?!
Despues de varios minutos de tensión, se acomodó y cambió su rostro.
No dijo nada, pero se fue.
En serio, ¿que le pasa a las bestias?
Siempre dejando las cosas sin más.
—Oye.
¿Qué hiciste para asustar al guardia?
¿Eres hijo del rey?—Dijo mi compañero de celda.
—No sé.
Solo tengo un bastón bonito.
El me miró.
—Estás desnudo, pero aun así actúas de forma engreída.
—Oye, Novato, es mejor que cuides tus palabras.
He estado aquí más tiempo que tú.
Eso significa que soy el amo de esta celda, tu superior.
Muestra algo de respeto —ordené.
—S-sí.
—¡Tu respuesta debería ser sí, señor!
—Sí, señor.
** Pasaron siete días desde que estoy en esta celda.
Podría haber escapado, pero hay más de diez pares de ojos vigilándome desde todos los ángulos.
Además…
solo tengo que esperar a que llegue Ruijerd.
Estaba tranquilo, hasta que el novato decidió hablar.
—Parece que hay mucho ruido afuera.
—¿En serio?
—Pregunté —Además, hace un poco de calor.
—Ahora que lo mencionas, es verdad.
Hoy hace un calor horrible —admití.
—Y…
¿no huele un poco a humo aquí adentro?
—Ahora que lo dices…
Tenía razón.
Una línea delgada de humo gris se filtraba por el aire.
Entraba tanto por la ventana como por la puerta principal.
—Novato, súbeme sobre tu hombro.
—Supongo que no tengo opción.
Vamos.
Geese me levantó sobre sus hombros y, desde la ligera ventaja que me daba la altura junto a la ventana, miré hacia afuera.
El bosque se estaba incendiando.
Decidimos aprovechar el caos para salir de la celda y recuperar mis cosas.
Había ayudado a matar a algunos, pero no podía quedarme allí mucho tiempo.
Me detuve justo cuando iba a cruzar el puente.
—Entonces…
jefe.
—¿Qué pasa?
—¿A qué lado vas a ayudar?
Miré la escena una vez más.
Otro guerrero de la gente bestia cayó.
Los humanos forzaban la entrada del edificio que ese guerrero había estado defendiendo.
Era obvio de qué lado estaba la justicia.
Pero ¿cuál era el mal para mí?
No tenía ni idea de quiénes eran esos humanos.
Dado que estaban secuestrando niños, lo más probable era que trabajaran con traficantes de esclavos o contrabandistas…
gente a la que yo les debía un favor.
Gracias a ellos, Ruijerd había podido cruzar el mar.
La gente bestia me había encerrado con cargos falsos.
No escucharon nada de lo que dije.
Me desnudaron, me arrojaron agua fría y luego me dejaron pudrirme en la celda.
Emocionalmente, mi impresión de ellos era pésima.
(No, Rudeus….
No seas un idiota, y menos ahora.
Daiki no podría mirarte a la cara si supiera que dejaste a niños en manos de gente así…) —Por supuesto que a la gente bestia, —dije finalmente.
—¡Jaja!
¡Así se habla!
—dijo Geese antes de sacar una espada del cadáver más cercano y tomar una postura—.
¡Muy bien, déjame el frente!
¡Puede que no sea muy bueno con una espada, pero al menos puedo ser un muro para protegerte!
Lo primero era apagar el incendio.
Usé Vendaval, un hechizo de agua de rango Avanzado.
Dejé fluir el maná hacia mi mano derecha y, poco a poco, el cielo comenzó a oscurecerse..
Ajusté cuidadosamente tanto el alcance como la intensidad; no sabía hasta dónde se había propagado el fuego, así que decidí cubrir la mayor área posible.
Manipulé las nubes tal como había aprendido a hacer cuando lanzaba Cumulonimbo.
Comprimí mi poder mágico hasta que formó una nube, y después hice a la nube más y más grande, sin dejar que cayera ni una sola gota de agua.
Nadie se dio cuenta de que yo estaba ahí de pie, con mis brazos levantados hacia el cielo.
Y gracias al humo negro, ellos tampoco notaron las nubes apareciendo sobre sus cabezas.
Cuando liberé la lluvia, el incendio cedió de golpe.
El bosque quedó empapado y las llamas se apagaron.
Los humanos entraron en pánico al verme conjurar, y los detuve uno por uno con hechizos de tierra, dejándolos fuera de combate.
No estaba solo: la gente bestia contraatacó con furia, guiándose por el olfato ahora que la lluvia limpiaba el aire.
Avanzamos juntos para rescatar a los niños.
La persecución nos llevó al bosque, donde me convertí en apoyo móvil, disparando Cañones de Piedra mientras los guerreros remataban.
Al final, encontramos al responsable: Gallus, el contrabandista que conocía.
Tenía a un niño como rehén y habló sin vergüenza de su plan para vender a los pequeños Doldia.
Entendí entonces que no había negociación posible.
Podía deber favores, pero eso no importaba.
Cuando se trata de niños, no hay excusas.
—Gallus-san…
lo siento, pero cuando rescato niños, mi nombre no es Domador de Perros Ruijerd.
Soy Ruijerd, de la tribu Superd.
Y Ruijerd nunca perdona a quienes venden niños como esclavos.
—Ja.
¿Así que a Dead End le gusta fingir que está del lado de la justicia?
No le di tiempo a reaccionar.
Mi hermano me lo había enseñado desde el momento en que comprendí la onda de choque: en combate, nunca esperes.
Impulsé mis pies con una onda de choque y lancé un Cañón de Piedra.
Gallus tuvo que bloquearlo con su espada.
En ese mismo instante ya estaba frente a él.
Volví a usar shockwave, empujándolo hacia atrás, lejos del niño.
Aproveché la apertura.
Tomé al niño en brazos y salí disparado en dirección opuesta.
En segundos estaba fuera de su alcance.
Me giré y se lo entregué a Gimbal, otro guerrero Doldia.
—¿Qué…?
—Dijo Gallus sorprendido.
Dejando eso de lado, la sonrisa que él tenía se había desvanecido ahora que sabía que no soy normal.
—Va, que más da…
—Gallus se tronó el cuello, recuperando su compostura—.
Que un niño se mueva rápido por “magia” no quiere decir nada.
Desenvainó su espada corta.
—Veamos si puedes esquivar esto.
La bestia sagrada llegó para apoyarme, aún así, recibió unos cuantos golpes.
Me lancé hacia el tomando una espada y empleando tecnicas que mi hermano me había enseñado.
No era perfecto, pero ahora tenia movilidad.
Gracias a eso, pude evitar que la Bestia Sagrada fuera atacada, frenando un ataque usando un muro de piedra.
Luego, sacó su espada inclustada en el muro y se lanzó hacia mi.
Casi, gracias a la onda de choque, y mi ojo demoniaco, podia igualar e incluso superar su velocidad explosiva.
—Jeje…
—Reí, aunque el sudor frío me bajaba por la espalda—.
Nada mal…
Pero mi hermano es más rápido que eso.
Gallus no perdió el tiempo.
Aprovechó mi aterrizaje para cargar de nuevo, buscando partirme en dos.
Usé Pantano.
Con eso, el suelo bajo los pies de Gallus se volvió movedizo.
Sus botas se hundieron, rompiendo su impulso.
Tropezó hacia adelante, perdiendo la fuerza de su ataque.
—¡Mierda!
—gruñó, tratando de sacar los pies.
Intenté aprovechar ese segundo para…
—Nada mal.
—En un segundo, Gallus había salido del pantano y se había lanzado hacia a mí.
Maldición, no había anticipado eso.
—¡Técnica original del Estilo del Dios del Norte: Bomba Lacrimógena!
En ese instante escuché la voz de Geese detrás de mí.
Algo pasó volando por encima de mi cabeza…
¿una bolsa negra?
La bolsa se estrelló de lleno contra el rostro de Gallus y explotó.
Una sustancia parecida a ceniza se dispersó en el aire.
Por un segundo pensé que había fallado.
Que no había servido de nada.
Pero no.
Aproveché ese instante exacto.
Debajo de mi capa, el hechizo que llevaba preparando desde antes se completó.
Activé la magia y una explosión brutal estalló en el espacio entre nosotros.
El impacto me lanzó hacia atrás a una velocidad absurda.
Durante una fracción de segundo, mi conciencia se apagó por completo.
El dolor recorrió todo mi cuerpo al mismo tiempo.
Apreté los dientes, forcé a mis músculos a responder y me obligué a retroceder, negándome a caer ahí.
Esta batalla aún no había terminado.
—¿Eh…?
Gallus ya estaba tendido sobre el suelo, boca arriba.
Su cuerpo ni siquiera se retorcía.
Y así fue como acabé con un plan que llevaba planeado desde hace tiempo.
*** Más tarde entendí que todo había sido un secuestro cuidadosamente planeado.
Una organización de contrabandistas había montado una operación a gran escala para robar a la Bestia Sagrada de los Doldia, aprovechando la cercanía de la temporada de lluvias.
Durante ese período, las aldeas estaban distraídas y los guerreros divididos, lo que hacía casi imposible una persecución efectiva.
Primero provocaron el caos: secuestros simultáneos de mujeres y niños en varios asentamientos.
Mientras los Doldia enviaban refuerzos para ayudar a otras tribus, su propia aldea quedaba vulnerable.
Entonces, las fuerzas de élite entraron en acción y lograron capturar tanto a la nieta del jefe como a la Bestia Sagrada.
Un golpe rápido y preciso.
Mientras yo permanecía encerrado en la celda durante una semana, Ruijerd actuó por su cuenta.
Usando la joya en su frente, localizó el barco de los contrabandistas antes de que zarpara.
Los derrotó casi por completo y rescató a unos cincuenta niños.
Sin embargo, eso provocó un conflicto político serio con el Puerto de Zant, ya que el ataque ocurrió justo antes de la temporada de lluvias y hubo intereses corruptos involucrados.
Tras duras negociaciones, el puerto cedió y compensó a la gente bestia, evitando una guerra.
Fue en medio de ese caos que Gallus intentó aprovecharse una vez más, atacando la aldea Doldia debilitada para secuestrar niños y quedarse con las ganancias.
Pero esta vez falló.
Su plan se vino abajo y terminó entregado a las autoridades.
Al final, los niños regresaron con sus familias y todo se resolvió.
Ese fue el “final feliz”…
aunque para mí significó pasar una semana olvidado en una celda, esperando a que Ruijerd regresara por mí.
*** Fuimos bienvenidos en la aldea Doldia como héroes por salvar a los niños y proteger la aldea del ataque de Gallus.
Querían que pasáramos la temporada de lluvias viviendo con ellos.
Ahora mismo estábamos en la casa de Gustav.
Era la más grande de la aldea, ubicada bastante por encima del suelo, entre las copas de los árboles.
Eris pareció recordar algo, ya que ella de pronto les mostró el anillo en su dedo.
—Por cierto…
¿alguno de ustedes conoce a Ghislaine?
Este anillo es suyo —dijo Eris.
Como no entendía la lengua del Dios Bestia, habló en idioma humano.
Entre todos los presentes, solo Gustav, Pursena, Gyes, Ruijerd y yo pudimos comprenderla.
—¿Ghislaine…?
—el gesto de Gyes se tensó al escuchar ese nombre—.
Espera un momento…
¿cómo dijiste que te llamabas, niña?
—¿Eh?
—respondió Eris Se puso de pie casi por reflejo y, en ese movimiento, algo cayó de su ropa.
Era una figura que había hecho en el camino, parece que ahí fue donde terminó…
Eris…
—Eso…
—murmuró Pursena, agarrandolo—se parece a…
—Es…
es mío —dijo Eris, dando un paso adelante—.
¡Devuélvemelo!
—Ese es…
¡¿Daiki?!
—Dijo Pursena, levantando sus orejas y cola.
Me quedé congelado.
Espera…
¡¿Lo conocen!?
—¡Es Daiki!
—Pursena saltó— ¡Ese pelo!
¡Esa belleza!
¡Esos ojos!
¡Es él!
—¿”Belleza”?
—repitió Eris—.
¿A qué te refieres con “belleza”?
Pursena parpadeó.
—Es lindo.
Daiki es lindo.
Nos curaba cuando nos lastimábamos.
Y olía bien.
—¡Es mío!¡No puedes decir que es lindo!
¡Solo yo puedo decir eso!
—¿Tuyo?
—Pursena movió sus orejas.
—Q-quiero decir…
él me debe un combate, no puede andar “curando a otras” y perdiendo el tiempo —balbuceó Eris, poniéndose roja—.
¡Es mi rival!
¡Mi saco de boxeo!
—¿Saco de boxeo?—Pursena ladeó la cabeza—.
Él nos dijo que te ganaba siempre.
Dijo que tenías “potencial pero te faltaba control”.
—¡¿QUÉ?!
—Eris desenfundó su espada de madera—.
¡¿Dijo eso?!
¡Ese…
ese…!
—También comentó que haces mucho ruido cuando hablas.
—añadió Pursena.
—¡¿YO NO HAGO ESO?!
—Mmm…
pero dijo que aun así los prefiere —continuó—.
Que tus gritos son mejores que ese vacío incómodo que deja el silencio.
Eris se detuvo en seco.
—¿…Dijo eso?
—Sí —confirmó, moviendo su cola—.
Dijo que el silencio le recordaba cosas malas.
Que tú eras…
ruidosa, pero real.
Que lo hacías sentir despierto….
y feliz.
Eris se llevó una mano al pecho, apretando la tela justo donde guardaba la figura.
—Ruidosa pero real…
Feliz…
—Y que le gustaba cuando bailaban.
Aunque le pisabas los pies al principio.
—¡Solo fue una vez!
—se defendió Eris automáticamente—.
¡Y luego aprendí!
¡Me dijo que era buena!
—Sí, dijo que aprendías rápido cuando te motivabas —añadió Pursena—.
Y que eras la única que podía seguirle el ritmo sin romperse.
Eris se quedó callada.
Bajó la mirada, y vi una pequeña sonrisa formarse en sus labios.
Una sonrisa que no era arrogante ni desafiante.
Era…
feliz.
Luego murmuró.
—Sabía que estabas vivo.
Nunca necesité confirmarlo.
Sí, tenía miedo…
miedo de perderte, pero nunca dejé de confiar en ti.
—Suspiró, aliviada por la noticia.
Aún así, ambos sabíamos que aún quedaba tiempo antes de volver a vernos, por la temporada de lluvia.
(Hermano…
no tienes idea de lo mucho que me tranquiliza saber que estás bien) —Gyes, ¿me dices dónde está mi hermano exactamente?
Me miró, atento a mi petición.
—Se fue por la carretera de la Espada Sagrada, hacia Millishion.
Millishion no quedaba lejos de aquí; era lo más cerca que jamás habíamos estado.
—Eso…
eso me alegra.
—Suspiré, sintiendo cómo todo el estrés acumulado durante el viaje se iba.
Sabía que estaría bien, pero confirmar que realmente no le había pasado nada malo era mucho mejor.
Eris se retiró, diciendo algo sobre “querer entrenar en secreto”, pero sabía que en realidad estaba llorando.
No la culpaba; yo también lo haría si no tuviera que mantenerme recto con el líder de la tribu.
También noté cómo Ruijerd se calmó al saber que mi hermano estaba cerca.
—Tu hermano es fuerte.
Espero que no me odie o algo así, por haber tardado tanto en llevarte.
—Ruijerd, ¿de qué estás hablando?
—Respondí—.
Mi hermano no mide el tiempo, mide los resultados.
Me trajiste a salvo.
Para él, eso es lo único que importa.
Te respetará porque hiciste lo que él no pudo hacer: estar ahí.
Él solo sonrió, calmándose.
—Ya quiero conocerlo.
Me hablaron tanto de él que tengo derecho a hacerlo.
Gyes se acercó y se sentó con nosotros.
—Daiki me venció sin siquiera usar toda su fuerza…
Pudo emplear sus habilidades de Santo, pero se limitó.
Hubo un silencio.
Uno de esos en los que no sabes qué decir, ni siquiera por dónde empezar.
El impacto de saber que mi hermano había estado aquí, que siguió adelante y tomó su propio camino…
todavía me dejaba paralizado.
—Le hablé mal de Ghislaine…
—Continuó Gyes—.
Él la defendió como si fuera su hermana, y entonces entendí que, en cierto sentido, lo era.
Gracias a ella logró volverse tan fuerte.
Me sentí un completo idiota; un niño de diez años me dio un sermón mucho mejor que yo.
Rompió por completo mi orgullo de guerrero.
Si el jefe guerrero no puede ganarle a un niño que ni siquiera lloró…
¿qué le espera a uno?
—Y entonces entendí que gracias a él, mi hija cambió…
Daiki logró enseñarle y entrenarla.
Ella se fue con la determinación de querer estar al nivel de tu hermano.
Luego Gyes dio un suspiro pesado.
—Lo siento, Rudeus, si te encerramos…
Si hubiera sabido, si hubiera prestado más atención a lo que decía Daiki, no habrías pasado por todo eso.
(Hermano mayor…
tienes un don para hacer cambiar a las personas.) Y así, solo quedaban unos meses para volver a ver a mi hermano.
¿Será que finalmente podré verlo?
¿Habrá crecido más que yo, y conseguido una chica linda?
En Millishion debe haber un montón…
Hermanito, espero que no hayas tenido que preocuparte demasiado por mí…
Bueno, un poquito sí, porque con Eris lo necesitaba.
*** [Diario de un Mago Aerodinamico: Tres Meses de Lluvia, Celos y Comparaciones] Han pasado tres meses.
Tres meses interminables en los que el cielo decidió convertir el Gran Bosque en una piscina olímpica gigante, obligándonos a vivir en las copas de los árboles como ardillas glorificadas.
Mientras mi querido hermano Daiki seguramente está disfrutando de sábanas secas y comida caliente en Millishion, nosotros nos quedamos aquí, atrapados en la Aldea Doldia.
Aunque, para ser justos, no fue tiempo perdido.
Por un lado, Ruijerd encontró a su alma gemela en el viejo Gustav.
Pasaron las noches bebiendo y quejándose de “la juventud de hoy en día”, compitiendo para ver quién tenía historias de guerra más sangrientas.
Gracias a que ayudamos a exterminar monstruos durante las lluvias, la gente bestia ha dejado de mirar a Ruijerd con terror y ha empezado a mirarlo con respeto.
Por otro lado, Eris hizo lo imposible: consiguió amigas.
Verla enseñando el idioma humano a Minitona y Tersena fue surrealista.
Pero mi vida social aquí fue…
complicada.
Y la sombra de mi hermano me persiguió cada día.
Todo empezó con Gyes, el Jefe Guerrero.
Ese hombre tiene una nariz prodigiosa para “oler la excitación”, y parece creer que soy una amenaza biológica para la virtud de su hija.
Un día, tras descubrirme “apreciando culturalmente” a las chicas cerca del río, me dio un sermón que hirió mi orgullo.
—Rudeus-sama —me dijo con la nariz arrugada—.
puedo oler su deseo desde aquí.
Es denso y vergonzoso.
Intenté excusarme, pero él me cortó con una comparación dolorosa: —Su hermano, Daiki…
él era diferente —gruñó Gyes con un tono de respeto que jamás usó conmigo—.
Cuando Daiki entrenaba con Linia, cuando estaba cerca de nuestras mujeres…
no había ni rastro de este olor en él.
Él olía a espada, a lluvia limpia y a concentración absoluta.
Por eso le permitía estar con mi hija sin supervisión.
Auch.
Al parecer, la estoica castidad de mi hermano puso el listón demasiado alto para un simple mortal adolescente como yo.
Pero lo peor no fue Gyes.
Fue Pursena.
—Cuando Linia y yo hacíamos las cosas bien en el entrenamiento, él nos acariciaba la cabeza —dijo, señalando sus orejas—.
Tenía manos grandes y cálidas.
Sabía hacerlo bien, justo detrás de las orejas.
Extraño eso.
Me quedé de piedra.
¡¿Qué?!
¡¿Mi hermano, se dedicaba a dar mimos en la cabeza a las princesas de la aldea?!
¡Y ellas lo disfrutaban!
Sentí una punzada de celos absurda.
No sé si estaba celoso de Daiki por poder tocar esas orejas esponjosas, o celoso de Pursena porque mi hermano nunca me acarició la cabeza a mí cuando hacía bien mis hechizos.
Probablemente ambas….
Solo espero que Eris no se entere.
—Supongo que Gyes tiene razón…
todos creen que soy un pervertido —murmuré, doblando una camisa con tristeza—.
Quizás debería vivir en una cueva.
Eris dejó de limpiar su espada y me miró con el ceño fruncido.
Para mi sorpresa, no se unió a las burlas.
—No digas tonterías —dijo bruscamente, cruzándose de brazos—.
Esos hombres bestia no saben nada.
Llevamos viajando juntos un año entero.
Dormimos en la misma tienda, comemos juntos…
Hizo una pausa.
—Conmigo nunca fuiste así, Rudy.
Siempre respetaste mi privacidad.
Nunca intentaste nada raro ni me miraste mal en todo este tiempo en el Continente Demoniaco.
Me quedé parpadeando, genuinamente conmovido.
Eris defendiendo mi honor.
Ella había notado que me esforzaba por ser un caballero.
Mi amada cuñada.
Iba a darle las gracias, pero entonces…
vi su cara.
Estaba tan seria, tan segura de mi integridad…
Mi instinto suicida y burlón se despertó.
No podía dejar pasar la oportunidad de verla nerviosa.
Sonreí con malicia.
—Ah, eso…
Bueno, tiene una explicación muy sencilla —dije con tono despreocupado.
Eris me miró confundida.
—¿Eh?
¿Qué explicación?
Me encogí de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo.
—Es que respeto a la mujer de mi hermano.
El silencio que siguió duró exactamente dos segundos.
Luego, el rostro de Eris pasó de su color normal a un rojo tan intenso que podría haber competido con su propio cabello.
Sus ojos se abrieron de par en par y empezó a tartamudear, moviendo las manos sin sentido.
—¡¿Q-Q-Q…?!
—balbuceó, retrocediendo y tropezando—.
¡¿QUÉ DICES?!
¡YO NO SOY…!
¡ÉL NO ES…!
¡TÚ…!
¡RUDEUS!
—Es un código de hombres —continué, disfrutando del caos—.
No se toca lo que ya tiene dueño.
Daiki se enojaría.
—¡¡CÁLLATE!!
El golpe que recibí me mandó a volar contra la pared, pero valió la pena.
Finalmente, la lluvia se detuvo.
Mañana partimos hacia la Carretera de la Espada Sagrada.
Daiki, voy hacia allá.
Y cuando te encuentre, vamos a tener una larga charla sobre por qué tú eres el “hermano puro que da mimos” y yo soy el “pervertido”.
Y buena suerte con “tu mujer”, porque ahora mismo está echando humo por las orejas, murmurando tu nombre y golpeando un árbol para desahogar la vergüenza.
De nada.
*** La Carretera de la Espada Sagrada, una maravilla de la ingeniería creada por San Millis, libre de monstruos.
Los Doldia, en un gesto de generosidad, nos proveyeron de un carruaje y suministros.
Estábamos listos para partir hacia Millishion, la capital, cuando nuestro trío se convirtió inesperadamente en un cuarteto.
Geese, el hombre bestia con cara de mono que había compartido celda conmigo, se subió a nuestro carruaje con la confianza de quien posee el lugar.
—¡Hola, viejo!
¡Perfecto, yo también voy a Millis!
Resulta que Geese había estado haciendo amigos a mis espaldas.
Se había ganado a Eris y a las chicas bestia con historias, y había bebido con Ruijerd y Gustav, adaptándose camaleónicamente a cada grupo.
Era un manipulador experto, pero…
útil.
Especialmente en la cocina.
La comida de Geese era divina.
Transformaba simples conejos y hierbas en banquetes.
—¡Enséñame a cocinar!
—Exigió Eris un día, mientras Geese preparaba una sopa.
—Paso, —respondió él fríamente—.
Un espadachín solo debe preocuparse por luchar.
Geese tenía sus traumas con enseñar cocina (una historia triste sobre un grupo de aventureros roto por un romance culinario), pero yo sabía que la insistencia de Eris no era por amor al arte culinario.
La vi mirar hacia el horizonte, hacia donde supuestamente estaba Daiki.
“Si pudiera cocinar…
um…
bueno, ya lo sabes, ¿cierto?” había intentado explicar ella torpemente.
Ah, Eris.
Quieres impresionar a mi hermano cuando lleguemos a Millishion, ¿verdad?
Quieres llegar y decirle: “Mira, Daiki, no solo soy fuerte con la espada, también puedo hacerte una cena que no te mate.” Es un gesto adorablemente doméstico para alguien que suele resolver sus problemas a puñetazos.
Lástima que Geese, con su regla de “no enseñar a mujeres”, le cortó las alas a su fantasía romántica.
El viaje continuó sin incidentes (salvo por unas hemorroides que curé en secreto con magia, gracias a Dios por la magia curativa).
Encontramos un monumento a los “Siete Grandes Poderes”, una lista de los seres más fuertes del mundo que parecía sacada de un manga shonen, con muchos de sus miembros desaparecidos o sellados.
Ruijerd, nostálgico, nos dio una lección de historia sobre la Guerra de Laplace.
Cruzamos las Montañas del Wyrm Azul a través de la quebrada creada por la espada de San Millis.
En tres días, salimos del valle.
El País Sagrado de Millis se extendía frente a nosotros.
Finalmente, habíamos regresado a los dominios de la humanidad.
Mi corazón latía con fuerza.
Nos tomó un mes entero, pero…
Daiki, estamos a las puertas.
Espero que estés listo, porque traemos un Superd, una Tsundere con aspiraciones de chef frustrada, un mono cocinero y a tu hermano pervertido.
La reunión familiar va a ser interesante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com