Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 41
- Inicio
- Todas las novelas
- Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
- Capítulo 41 - 41 Episodio 27 El Intruso del Almacén
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
41: Episodio 27: El Intruso del Almacén.
41: Episodio 27: El Intruso del Almacén.
Durante este tiempo, he estado entrenando a mi padre, ya que no se encontraba en su mejor forma, y eso le sirvió para volverse más competente.
Seguía bebiendo algo de cerveza, como lo hacía en Buena Village, pero ahora con moderación.
—¡Bien, padre!
—dije, desviando un ataque que iba directo a mi hombro.
Respondí con una patada a su estómago y luego me lancé en un contraataque que terminó por dejarlo en el suelo.
Pero, a diferencia de otros combates, esta vez no había soltado su espada, lo que significaba que había mejorado en estos meses.
—Excelente.
Tu entrenamiento ha dado frutos —dijo mientras tomaba un trapo y se secaba el sudor del rostro—.
Debo admitir que la vida en Buena Village ha estado oxidando a tu padre.
Luego sonrió.
—Todavía recuerdo la cara que pusiste cuando descubriste que era posible cortar troncos gruesos con una simple espada de madera.
Después se sentó junto a Norn, que nos observaba con los ojos brillantes durante el combate.
En estos meses le había enseñado algunas demostraciones; aún no lo hacía por sí misma, pero sabía que pronto sería una gran espadachina.
Mi mente vagó hacia otros alumnos.
Sylphiette.
Ella también tenía un potencial enorme como espadachina.
A diferencia de mi hermano Rudeus, Sylphy sí podía emplear el refuerzo de maná correctamente.
Su cuerpo lo aceptaba de forma natural.
Lo único que le había faltado al principio era técnica pura, pulir los movimientos, entender el flujo del combate.
Pero gracias a mis entrenamientos iniciales y a que le pedí específicamente a Paul que la entrenara personalmente, estaba seguro de que habría alcanzado un nivel alto.
Flashback: Buena Village – Sylphiette 6 años —Bien, Sylphiette.
Primero: La postura es lo más importante —dije, corrigiendo suavemente la posición de sus pies con la punta de mi bota—.
No pienses en la espada solo como un objeto.
Imagina que es como la magia que ya conoces, pero canalizada a través de un peso físico en tus manos.
—El maná no solo se dispara hacia afuera, Sylphy.
También puedes usarlo para fortalecerte por dentro.
Debes mantener tu centro de gravedad bajo y firme, como si fueras un árbol con raíces profundas.
—¡Sí!
—exclamó ella—.
¡Lo intentaré, Hermano Daiki!
Cerró los ojos y frunció el ceño, concentrándose.
Tenía más entusiasmo y talento natural para el Refuerzo que mi propio hermano mellizo.
Rudy siempre lo intentaba, pero no lo conseguía.
—Muy bien —la animé—.
Ahora, da un paso y golpea.
Sin perder el equilibrio.
—¡Hah!
Sylphy dio un paso firme y lanzó un tajo vertical.
No fue perfecto, pero sentí como el aire respondió a su ataque.
Mucho más fuerte de lo que una niña de su tamaño debería ser capaz de hacer.
—Excelente —asentí—.
Tienes talento, Sylphy.
Si sigues así, algún día serás tú quien proteja a Rudy.
Ella se giró hacia mí, radiante, moviendo sus orejas con gran velocidad.
—¡Sí!
¡Voy a ser muy fuerte para proteger a Rudy y a ti también!
Fin del flashback Y hablando de Rudy…
Siempre he tenido una teoría sobre por qué mi hermano gemelo es incapaz de usarlo.
No es falta de talento, es física pura.
Rudeus es un tanque de maná lleno hasta el límite absoluto.
Su capacidad es tan inmensa, tan abrumadora, que ante la mínima presión interna adicional, su cuerpo sería capaz de explotar.
Por eso, creo que su cuerpo decide instintivamente no canalizar el maná hacia adentro.
Es un mecanismo de autoprotección para no terminar destruido desde dentro por su propio poder.
Aun así, su capacidad de proyección externa es monstruosa, y estoy seguro de que durante este tiempo habrá mejorado bastante en su magia.
—¡Hijo, hola!
¡Estamos aquí!
—dijo mi padre, sacándome de mis pensamientos.
Paul me miraba con una ceja alzada, claramente divertido.
—Sigues siendo igual de pensativo que siempre.
Todavía recuerdo cuando eras solo un bebé; te quedabas tan quieto y serio, metido en tus pensamientos, que no nos dábamos cuenta de que te habías hecho encima hasta que nos llegaba el olor.
Sentí un tic en el ojo y miré hacia alrededor, dandome cuenta de que no estabamos solo.
Estaban Emilia, Cliff y el grupo de mi padre.
—Padre….
—Dije, haciendo señas con mis ojos—.
No estamos solos.
Hay gente presente.
—¡Jajaja!
¡Vamos, Daiki!
Aquí todos somos familia o compañeros de armas.
¡Un poco de vergüenza infantil construye carácter!
Además, Cliff necesita saber que incluso el gran “Santo de la Espada” fue un bebé cagón alguna vez.
Suspiré, resignado.
Mi padre nunca cambiaría.
Pero al ver a Norn reírse en el regazo de Paul, supe que, a pesar de la vergüenza, estaba feliz de tenerlo de vuelta.
*** Horas después, Cliff decidió marcharse, alegando que “tenía asuntos importantes que atender”.
Sin embargo, sabía que en realidad no podía soportar por mucho más tiempo el ambiente familiar que se respiraba en aquella pensión tan inusual.
Con el paso del tiempo, el lugar dejó de ser una estructura vieja y descuidada para adquirir una mejor presentación.
Incluso se fueron uniendo más personas al grupo de búsqueda: gente que también había perdido a su familia y decidió venir aquí.
Norn regresó de la calle radiante.
No sé qué se habría encontrado, pero tenía que haber sido algo monumental…
quizá un dragón gigante que le regaló oro, porque era la única explicación para verla tan emocionada.
O eso, o Emilia le había contado otra vez esa historia de la princesa guerrera que vence a todos los príncipes idiotas.
—¡Hermanito!
¡Adivina qué!
¡Adivina qué pasó cuando estaba afuera!
La subí a mi regazo y le ofrecí un sándwich.
—¿Qué pasó?
¿Fue algo bueno?
—le pregunté con una sonrisa.
—¡Sí!
¡Casi me caigo en la calle, pero un sujeto grande y pelón me ayudó!
¡Y después me dio esto!
¡Mira!
Con una sonrisa enorme, Norn me mostró una manzana roja y brillante entre sus manos.
En ese momento, Paul apareció en escena, observándonos.
—¿En serio?
Qué suerte tuviste —dijo—.
¿Le diste las gracias como una buena niña?
—¡Sí, papi!
¡Y cuando le di las gracias, el pelón me acarició la cabeza!
—¿Ah, sí?
—Paul rió suavemente—.
Entonces debió de ser una muy buena persona.
Pero no deberías llamarlo pelón, ¿de acuerdo?
Algunas personas son muy sensibles cuando se trata de su cabello.
Mientras hablaba, le acarició la cabeza a Norn.
Estos meses junto a mi hermana habían sido realmente divertidos.
Y si a alguien se le ocurriera hacerle algo…
Si alguien intentara borrar esa sonrisa o lastimarla…
—Daiki, ¿quieres?
—Norn me ofreció su manzana mordida, sacándome de mis pensamientos violentos.
Sonreí de nuevo.
—No, gracias, pequeña.
Es toda tuya.
Protegerla.
Eso era todo lo que tenía que hacer.
—¡Capitán, Daiki!
¡Tenemos problemas!
—¿Qué está pasando?
—preguntó Paul, poniéndose serio al instante.
—¡Los hombres que salieron a trabajar hoy fueron atacados!
¡Fue una emboscada!
—¿Qué?
¿En serio…?
—murmuré.
No necesitaba preguntar quiénes eran.
Obviamente eran esos aristócratas otra vez.
Esos malditos nobles corruptos de Millis que veían el Desastre de Mana no como una tragedia, sino como una oportunidad de negocio.
Habíamos explicado cientos de veces que esos “esclavos” que compraban eran residentes inocentes del Reino de Asura, víctimas de una catástrofe mágica.
Tenían familias.
Tenían derechos.
Pero ellos se negaban obstinadamente a entregarlos, aferrándose a sus recibos de compra como si fueran escudos morales.
Si no recordaba mal, precisamente hoy habíamos planeado una operación encubierta para “rescatar” a uno de esos esclavos en una de las mansiones del distrito noble.
Alguien nos había delatado….
O nos estaban esperando.
—Yo iré, padre.
Tú quédate con Norn.
Ella te necesita aquí.
—Daiki…
son peligrosos.
Tienen guardias privados.
—Yo soy más peligroso —respondí—.
Después de todo, soy rango Santo…
y he mejorado.
Además, soy más rápido.
Me di la vuelta.
—Tráeme el informe de situación cuando vuelva.
No fue una gran distancia.
Habían atacado el edificio contiguo —uno de los almacenes del Escuadrón de Búsqueda y Rescate, un lugar que usábamos para almacenar ropa y suministros para nuestro personal.
Si nuestros enemigos lo encontraron, teníamos un gran problema en nuestras manos.
Podríamos tener que cambiar nuestra base de operaciones.
—¡Daiki, menos mal!
¡Es muy fuerte!
—¿Es alguna clase de espadachín?
—No, es un mago —respondió, escondido detrás de una caja—.
Se ve como un niño, pero está ocultando su rostro…
¡Y para ser un maldito mago, se mueve demasiado rápido!
—¿Mago, niño y se mueve rapido?
[Mmmm…
Concuerda con todas las descripciones] Sacudí la cabeza, incrédulo.
No podía ser…
¿o sí?
Di un paso dentro del almacén con confianza.
—¡Ya llegué!
—grité—.
¡Siento haberlos hecho esperar!
El “intruso” se giró bruscamente hacia mí.
Estaba en una postura defensiva, listo para lanzar un hechizo.
Lo miré más de cerca.
Efectivamente, era un niño.
Había crecido, estaba más alto que la última vez que lo vi, pero ese cabello era inconfundible.
Sin embargo, lo que confirmaba su identidad más allá de toda duda no era su magia ni su postura…
era lo que llevaba en la cabeza.
Estaba usando un par de bragas blancas de mujer como máscara improvisada para ocultar su rostro.
Aun así, estaba lo bastante nervioso como para no saber cómo dirigirle la palabra.
Había pasado un año y cinco meses desde la última vez que lo había visto.
—¡Rudy, hermano!
—exclamé, envainando la espada de golpe y bajando la guardia—.
¡¿Qué demonios haces con ropa interior en la cabeza?!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com