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Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 Episode 28 Equipo Greyrat
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42: Episode 28: Equipo Greyrat 42: Episode 28: Equipo Greyrat Rudeus Greyrat Por un momento, juré haber visto un fantasma.

Fue apenas una sombra, demasiado rápida para procesarla.

Ya estaba preparado para lanzar un hechizo cuando escuché esa voz tan característica.

Un poco más grave, más definida…

pero inconfundible.

Era mi querido hermano mayor.

Ahí estaba, frente a mí, con ese aspecto típico de aventurero.

Nada que ver con la ropa de noble que solía usar en la mansión solo “por etiqueta”, incluso cuando se la pasaba entrenando como un maniático.

Y pensar que nuestro gran reencuentro sería así: el creyendo que era un esclavista raro que usaba ropa interior en la cabeza.

O sea, claramente alguien malo.

…

Y pervertido.

Aun así…

pensé que tardaría más en darse cuenta.

Pero claro, estamos hablando de mi hermano.

El mismo que identificó a Sylphy al instante, mientras que yo casi lo descubro de la forma más patosa posible.

—¡Rudy!

¡Hermano!

—gritó, envainando la espada de golpe, listo para recibirme—.

¡¿Qué demonios haces con ropa interior en la cabeza?!

Ah.

Lo había olvidado por completo.

Me la quité de inmediato y la volví a dejar dentro de una de las cajas donde la había encontrado.

…¿Es como ver un fantasma?

¿O como una ilusión erótica provocada por unas bragas?

—Daiki…

¿eres tú?

—dije torpemente, acercándome hacia la luz.

Él solo me miró.

Su expresión seria se quebró y dio paso a algo mucho más vivo, casi desesperado.

Durante todo este tiempo había imaginado a mi hermano más frío, más endurecido por el camino solitario…

y lo único que encontré fue— —Rudy….

menos mal estás aquí —dijo, rodeándome con un abrazo que nunca creí posible.

Mi hermano…

Mi hermano estaba llorando sobre mi hombro.

Eso fue suficiente para que yo hiciera lo mismo.

Tras tanto tiempo de desesperación, todo terminó al fin, dejando paso a un momento único.

Cuando por fin nos separamos del abrazo, tuve que alzar un poco la vista.

Mi hermano había crecido unos cinco centímetros más que yo.

…Maldición.

Ahora él era más alto que yo.

Y lo peor de todo: seguro que me lo recordaría en la cara.

—Estoy feliz de verte…

pero maldita sea, ahora eres más alto.

—Te dije que comieras más verduras, Rudy.

Mi hermano seguia siendo el mismo con el que había compartido mis mayores secretos.

El que siempre terminaba arreglando mis errores…

y al que yo, a mi manera, también ayudaba a arreglar los suyos, sobre todo cuando se trataba de tratar con otras personas.

Nada había cambiado de verdad.

Solo habíamos crecido.

—Bueno, dejemos esta cursilería o me va a dar un ataque de diabetes —dije en broma.

—Tienes razón…

¿tan cursis fuimos?

Solo asentí, limpiandome las lagrimas con mi manga.

—…

demasiado contacto físico masculino.

Si seguimos así, los dioses nos van a cobrar derechos de autor por plagiar un manga BL barato.

—¿BL?

—Ya sabes…

ese tipo de historias donde los hermanos se quieren demasiado….

—Rudy…

acabamos de sobrevivir al apocalipsis y lo primero que haces es…

eso.

—Es mi mecanismo de defensa.

Déjame ser.

Estaba a punto de reírme, pero recibí un golpe en la cabeza.

—Cállate, Rudy.

No me hagas arrepentirme de haberte encontrado —dijo.

Aun así, también se rió.

Luego se acomodó la espada en la cintura.

—Vamos.

Tengo que mostrarte a alguien…

bueno, a un par de personas.

Salimos del almacén, dejando el trabajo a los demás.

Todavía me miraban como si fuera un monstruo: después de todo, los había atacado, y ahora resultaba que yo era el hermano menor de la persona que estaba por encima de ellos.

En especial, aquella mujer con poca ropa me observaba con evidente desdén.

—Esa que te odia por usar sus bragas es Vierra —me explicó—.

Trátala con respeto.

No viste así porque quiera; lo hace para que no miren a Shierra.

—Eso es…

—¿Ineficiente?

—me interrumpió—.

Quise decírselo, pero parece que en este mundo cualquier cosa tiene sentido….

Además, no la culpo.

—¿Harías lo mismo por mí?

—pregunté, totalmente en serio.

—Eres incorregible.

—Un hermano mayor debe proteger a los menores.

Tú lo dijiste hace tiempo.

—No me hagas cortarte el pelo con mi espada.

—Lo tomaré como un sí.

—Dije con orgullo.

Luego me llevó hacia una pensión que quedaba literalmente cerca del almacén.

No sabía a quién quería que conociera, pero la intriga que me provocaba era enorme.

Aun no podía creer que mi hermano estuviera frente a mí.

Dí un suspiro y entré.

—¡Padre!

—exclamó Daiki—.

¡La “carga” especial ha llegado!

¿Padre…?

¿Qué hace aquí…?

—¡RUDY!

—escuché literalmente su voz detrás de mi oído; parecía que se hubiera teletransportado allí, lo que me hizo dar un salto hacia atrás.

Me aclaré la garganta y traté de ponerme serio.

—Hola, pa— No pude terminar.

No porque me hubiera trabado, sino porque mi padre me había envuelto en un abrazo cálido y desesperado, como si soltarme implicara que saliera volando de nuevo —¡Lo sabía!

—gritaba, sacudiéndome de un lado a otro—.

¡Sabía que estabas bien!

Maldito seas, mocoso.

Fue gracias a tu hermano que pude mantenerme concentrado…

habría salido al mar para buscarte.

Me soltó solo lo suficiente para agarrarme por los hombros y escanearme de arriba abajo con orgullo.

—Esa túnica.

Ese báculo…

Pareces un mago veterano.

—Bueno…

he tenido un viaje largo —dije, sonriendo estúpidamente.

—¡Daiki!

¡Tenías razón!

—bramó Paul, señalándome—.

Dijiste que lo encontraríamos antes de si quiera salir de Millis.

—Te dije que tengo buena intuición para estas cosas, padre —respondió Daiki—.

Y también te dije que Rudy es duro de matar.

Paul nos rodeó a ambos con sus brazos, juntando nuestras cabezas.

—Mis dos hijos…

Juntos de nuevo….

—¿Papi?

¿Por qué gritas tanto?

Paul nos soltó y se acercó a Norn.

—Ese niño, al lado de tu hermano Daiki, el que tiene el cabello como el mío y mis ojos, es tu otro hermano mayor, Rudeus.

—¿El hermano mago?

¿El que vuela?

—Sí.

Ese es —dijo Paul, acariciando el cabello de Norn.

Me acerqué lentamente, mirándola fijamente.

Pensar que apenas tenía recuerdos de cuando era un bebé…

y ahora ya podía formar palabras.

Además, me había llamado “el hermano mago”.

Eso me llenó de ternura.

—Hola, Norn.

Soy Rudy.

Traje…

bueno, no traje nada, pero puedo hacer un pato de agua.

Luego Paul me miró y preguntó: —Oye, hijo…

¿de dónde vienes exactamente?

Daiki y yo estuvimos enviándote cartas por todos lados, ¿no llegó ninguna?

—Verás…

aparecí en el continente demoníaco, específicamente…

—¿Lo cruzaste tú solo?

—No.

Me acompañó una tormenta roja…

y Rujierd, un superd.

Entonces vi cómo mi hermano se tensó un poco, cambiando esa expresión de emoción por esa mirada analítica que solía usar.

—Eris…

y un superd, dijiste?

—respondió Daiki.

No era miedo por Rujierd, sino algo más, como si una sospecha comenzara a tomar forma.

Luego lo vi sacudirse la cabeza y ponerse serio.

Sabía exactamente lo que eso significaba.

—Hermano…

hay algo que debemos decirte, y es sobre el incidente que ocurrió en Roa.

—Cuando te pones así, das miedo…

—Aquel incidente mató a muchas personas —continuó Daiki—.

Y eso no es todo: también provocó que muchos fueran vendidos como esclavos.

No fue solo en la región de Roa; surgió en toda Fittoa, tras la luz.

Entonces…

todos en casa habían desaparecido…

—Eso significa que…

¿Sylphie también está desaparecida?

—Rudy, ¿estás más preocupado por esa niña que por tu propia madre?

—dijo Paul, frunciendo el ceño.

Pero Daiki lo frenó.

—Padre, calmate por favor.

Luego me miró, como esperando mi reacción.

—¿¡Qué!?

¿¡N-ni siquiera han encontrado a madre!?

—Así es.

Ni siquiera pude…—aclaró su garganta—.

Ni siquiera hemos podido encontrarla por ninguna parte.

Tampoco a Lilia…

—Es como si la tierra se la hubiera tragado —gruñó Paul, mirando el mapa con impotencia—.

Tengo dinero, tengo mi espada, estamos en una buena pensión…

pero me siento inútil sin saber dónde buscar.

Norn se acomodó en el regazo de mi hermano, demasiado abrumada después de todo, y pronto quedó profundamente dormida.

—¿Qué pasa con Fittoa?

Dijiste que hubo esclavos…

Daiki suspiró y se cruzó de brazos.

—La región de Fittoa ha dejado de existir políticamente.

Lord Sauros…

fue ejecutado por el reino; fue usado como chivo expiatorio por el incidente —dijo, con una mezcla de enojo y tristeza.

Lo quería mucho más de lo que admitiría.

Luego miró su espada que estaba apoyada, la misma que le había regalado como si fuera chatarra y que terminó convirtiéndose en su compañera de viaje.

Luego continuó: —Naturalmente, robar un esclavo es ilegal, pero hay vacíos legales que nuestro escuadrón aprovechaba para liberar a muchos.

Cada persona rescatada quería volver a su tierra natal, y hoy habíamos salvado a ese niño llamado Somal, ese mismo que años antes acosaba a Sylphie.

Padre y su equipo habían escuchado los llantos de muchos ciudadanos de Fittoa y, como resultado, ganaron enemigos y enfrentaban presión constante.

Aun así, nuestro único objetivo era rescatar a las víctimas del desastre.

—Yo…

yo no estaba al tanto de todo esto.

Me siento culpable de haberme distraído con aventuras, bromas y travesuras, mientras tú y padre estaban desesperados buscando a nuestra familia…

Yo…

yo…

Pero luego sentí unas manos en mis hombros.

—Yo también me di cuenta tarde…

Recién al año, cuando encontré a nuestro padre, es que me di cuenta de la atrocidad de lo que significó aquel incidente.

Así que no estás solo en esto.

Aun así…

seguía con vida, y eso significaba que podía hacer las cosas bien.

Tenía que planear cuidadosamente la búsqueda de nuestra familia y de los ciudadanos perdidos de Fittoa.

Decidir si continuar al norte o explorar otro lugar.

Solo necesitaba pensar con calma, planear con cuidado y ponerme a trabajar.

—Bien, Rudy.

Ahora ve a descansar, que seguro estás muy cansado.

Yo me quedo vigilando a nuestro padre —dijo Daiki mientras sostenía a Norn y la llevaba a dormir.

Paul se acercó.

—No te sientas culpable.

Solo eres un niño, Rudy.

Saluda a Eris y al Superd; diles que estoy orgulloso de ellos por haberte protegido.

—Sí, padre…

lo haré.

*** Era temprano en la tarde para la hora que Ruijerd regresó a la habitación.

Sacó un pequeño sobre y comenzó a enseñármelo, viéndose un poco más feliz de lo usual.

También notó como lo miraba seriamente.

—Rudeus, ¿sucedió algo?

—Sí, pasaron muchas cosas.

Me recosté sobre la cama, tomándome un momento para procesar lo sucedido.

—Acabo de estar con mi hermano…

acabo de estar con él.

Ruijerd se levantó de golpe, soltando el sobre y dejándolo sobre una mesa.

—¿Hablas en serio?

¿Por qué no vino contigo?

Me recosté de lado, apoyándome sobre el codo y cruzando un pie sobre el otro, mientras miraba a Ruijerd.

—Digamos que se quedó porque no tenía dinero para pagar su lado del cuarto…

—Es decir, no pudo venir por otras obligaciones.

—Exactamente.

Suspiré.

—Eris me va a matar…

Rujierd asintió sin decir nada más, como era de costumbre en el.

—Cuéntame los detalles sobre tu hermano.

Describí todo desde el comienzo hasta el final, tan honestamente como pude (quitando las partes del BL).

Después de algún tiempo, él salió de la habitación tranquilamente.

Eris regresó esa noche.

—Hola, Eris.

—¡Hola, Rudeus!

¡Ya regresé!

Nunca adivinarás lo que….¿Por qué tienes esa cara de tonto?

Verdad, tuve esta cara desde que ví a mi hermano.

—M-me…

me c-crucé con mi hermano…

—dije, escondiéndome instintivamente detrás de una mesa.

Ella cerró los ojos por un segundo y luego me miró fijamente.

—¿Dónde está?

¿Por qué no vino contigo?

—¡S-se quedó porque tenía que cuidar a nuestra hermana!

—le lancé un libro en un intento desesperado de distraerla.

Mala idea.

Lo atrapó en el aire…

y lo rompió sin esfuerzo.

—¡Oye!

¡Ese lo había pagado!

La tormenta pasó tan rápido como había llegado.

Eris se dejó caer sobre la cama y se quedó mirando al techo.

—¿Ese idiota está aquí…

y no vino a verme?

—Técnicamente, fuiste tú la que se fue a una misión en lugar de ir a buscarlo…

—¡Cállate!

—me interrumpió—.

¡No puedo ir a verlo si ni siquiera era capaz de vencer a unos simples goblins!

Ahí estaba.

La clásica Eris.

No estaba molesta conmigo.

Estaba molesta con Daiki…

por no haber venido a verla.

Ay, hermanito….

Perdón por esa carga.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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