Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 43

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction
  4. Capítulo 43 - 43 Episodio 29 Familia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

43: Episodio 29: Familia 43: Episodio 29: Familia Mi nombre es Eris Boreas Greyrat, tengo casi 14 años, y desde el incidente he estado esperando este momento.

Porque, según Rudeus, había pasado un año y cinco meses desde el incidente, y ahora, tras caminar demasiado, tenía cerca al querido hermano mayor de cabello negro, mientras sostengo como una tonta la capa que le había comprado.

¿La querrá?

¿La aceptará?

Según Rudy, él ya tiene una; quizá…

No, primero debo verme bien…

¿verme bien?

—Eris…

Buenos días…

Te he estado observando un poco, ¿estás nerviosa?

—¿Qué?

Deja de decir tonterías, estoy perfectamente bien.

—Te has cepillado tres veces el mismo mechón…

Luego él se talló los ojos y se levantó.

—A él no le importará eso…

—¿Él…?

Tú dices que…

—Digo que mi hermano no es así.

Podrás llegar con hojas en la cabeza…

y le dará realmente igual, solamente quiere verte bien.

Solté el cepillo y me levanté.

Era verdad, no podía permitirme, como guerrera, preocuparme por cosas tan mundanas como el cepillado de un cabello.

Aun así…

—Oye, Rudy, ¿cuánto ha cambiado?

Es decir…

Él se rió, como siempre.

—Es cinco centímetros más alto que yo, aunque tiene el pelo un poco más largo que en la mansión, sigue siendo cuidado.

—¿C-cinco centímetros más alto que tú?

Eso quiere decir que…

Y luego añadió, sin responder: —Además, tiene brazos más grandes.

Cuando me abrazó, lo sentí.

¡Maldito Rudeus, él sabe lo que está haciendo!

Solo bufé y me puse los zapatos, ignorando las descripciones…

Por ahora, quería verlo por mí misma….

Quisiera que me abrace como lo hizo cuando me salvó del techo.

—Ah, y olvidé mencionar una cosa más —dijo Rudeus mientras se ajustaba la tunica.

Me detuve en seco, con la mano ya en el pomo de la puerta.

—¿Ahora qué?

Si vas a decir que tiene novia o algo así, te golpearé.

—No, no, nada de eso —agitó las manos defensivamente, aunque esa sonrisa no desaparecía—.

Es solo que…

bueno, su voz ha cambiado.

Ya sabes, la pubertad y todo eso.

Ahora tiene un tono mucho más grave.

Apreté la capa que tenía entre las manos con tanta fuerza que temí arrugarla para siempre.

—¡No me importa para nada su voz!

—grité, aunque mi mente ya estaba imaginando ese sonido—.

¡Vámonos de una vez!

Él se rió.

—Jeje…

La gran guerrera que recorrió el continente demoníaco está— No lo dejé terminar; le di lo que se merecía.

No hacía falta dar descripciones, él se lo buscó y se lo di con total gusto.

Cuando salimos, ya nos esperaba Rujierd en la entrada, como si supiera exactamente dónde estábamos y cuándo estaríamos…

Bueno, sí, lo sabe perfectamente.

—Hola, listo para conocer a tu hermano.

—Luego me miró—.

Esa capa…

finalmente podrás dársela.

—Soy buena cuidando cosas, ¿no crees?

Además, estoy un poco nerviosa.

Solo con Rujierd era yo misma, porque sabía que él era sabio y que entendería mi situación; después de todo, ha vivido por mucho tiempo….

Y no se burlaria de mí como hacia Rudeus.

—Sé que estás nerviosa.

A diferencia de Rudeus, a Daiki no lo viste por más de un año.

El solo acarició mi cabeza como solía hacer.

—El tiempo cambia a las personas, Eris.

Pero el vínculo que tienes con él es fuerte.

No temas.

Asentí.

Ruijerd siempre tenía las palabras justas.

El momento de paz duró poco.

Rudeus, que venía caminando frotándose la mejilla donde le había golpeado, decidió que no había aprendido la lección.

—Sí, sí, el vínculo es fuerte y bla, bla, bla…

Pero, Eris, hay otro detalle logístico que no has considerado….

—¡Callate!

—Lo interrumpí antes de que hiciera algo.

—Pero…

—Lo fulminé con la mirada—.

Bueno, no mencionaré nada más.

Luego de esa charla, caminamos hacia donde Rudeus dijo que estaria su hermano.

Era una pensión, bastante arreglada, donde entraban y salian algunas personas con papeles en las manos.

Eso es el “grupo de busquedas” que mencionó.

El lugar donde Daiki ha estado trabajando.

—Entraré primero, debo avisarle o seguro lo encuentran en alguna situación vergonzosa.

Luego de unos minutos, él regresó con una sonrisa y me invitó a entrar.

Maldición, creí haber estado preparada, pero estoy paralizada…

Rujierd puso una mano en mi hombro y me empujó hacia la entrada.

—Adelante, Eris.

Él te espera.

Entré con cierta cautela, mirando a los alrededores.

Había una niña de cabello rubio en un sofá, mirándome fijamente.

—Está en el patio.

Dice que un saludo cordial entre espadachines es en el campo de batalla.

Seguro que Daiki sabe de mis nervios.

Por eso hizo esto.

Peleando es como mejor puedo expresarme…

Sí, es propio de él.

La puerta se abrió y ahí estaba él, más alto de lo que lo recordaba, con una postura más seria y de espaldas.

Lo único que pude ver fue su espalda y su nuca.

Di varios pasos hasta quedar a la misma altura que él.

Él solo se giró, y por primera vez sentí un escalofrío intenso.

Esos ojos rojos, tan intensos, que alguna vez me vieron por primera vez; que nunca me juzgaron por cómo actuaba, sino por cómo era…

era él…

pero más guapo, digo…

más afilado.

El cabello ahora le queda mejor, maldición, mordí mi labio de forma descarada.

Antes, Daiki era un chico confiable, alguien fuerte…

pero ahora, de pie frente a mí, se sentía como…

un hombre.

Un guerrero completo.

Aunque fuera mas joven que yo.

—¿Joven Eris?

—preguntó.

Uuuf, menos mal, no lo noto, pensé.

Luego de eso, lo miré fijamente, queria ver cual era la diferencia entre este Daiki y el que conocía en la mansión.

—¡E-eh, ¿no sienten el ambiente pesado?!

—dijo Rudeus.

Aunque no fuera espadachín, era fácil percibir el instinto asesino de un espadachín o, en este caso, el de atacar sin pensarlo dos veces.

Sin dar aviso, me lancé hacia él, tomando una de las espadas de entrenamiento.

Para mi sorpresa, o quizá mi esperanza, él también se lanzó en la misma dirección, y cuando nuestras armas chocaron, fue el fin de este combate.

Quedé suspendida por unos segundos mientras mi espada hacía peso contra la suya y luego, en un movimiento fluido, agitó su espada y me terminó desarmando.

—Has crecido —dijo él, y una pequeña sonrisa, esa misma sonrisa que me dedicó en mi cumpleaños—.

Y te ves…

fuerte.

¿Fuerte…?

¿Yo…?

Él me había desarmado en un solo movimiento.

Era frustrante…

y a la vez, emocionante.

—Tú también —respondí, tratando de mantener la compostura, aunque no lo lograba—.

Más de lo que esperaba.

—Han pasado casi dos años —dijo él, deteniéndose frente a mí—.

Pensé que no volvería a verte.

—Idiota —solté sin pensar—.

¿Acaso creíste que me iría tan fácilmente?

Él rio.

—No.

Nunca lo creí.

¿Que deberia hacer?

No estoy preparada para estas cosas.

—Daiki….

Yo…

Antes de terminar, él extendió su mano y la posó sobre mi cabeza, revolviéndome el cabello como solía hacer antes.

—Bienvenida, Joven Eris.

Me sonrojé y miré hacia otro lado.

—¡Me vas a despeinar!

—Bufé, acusandolo, pero nunca quité sus manos.

—Debes cuidar eso, hermano.

Ella se estuvo preparando para verte.

—¡RUDEUS!

—grité, girándome hacia él con el rostro ardiendo—.

¡¿Quién te preguntó eso?!

Rudeus retrocedió ante mi grito.

—¡Solo digo la verdad!

Estuviste arreglándote el cabello todo el camino hasta aquí.

Ese maldito…

¡Lo voy a matar!

—¿Es cierto eso?

—preguntó con un tono que no supe descifrar.

¿Se estaba burlando?

¿O era curiosidad?

No lo miré.

No podía.

—…Solo quería verme presentable —murmuré—.

No tiene nada de malo.

—No dije que lo tuviera.

—Como sea —dije, cruzándome de brazos—.

Tenemos mucho de qué hablar.

Y quiero una revancha después.

Él asintió.

—Lo que la Joven Eris desee.

Luego de la presentación, venia el regalo.

Lo que había estado cargando durante un año entero.

El apartó su mano.

—¡Rujierd, la capa!

—Dije dando un chasquido con mis dedos.

Rujierd se acercó y me entregó la capa cuidadosamente doblada.

—Toma —dije, extendiéndola hacia él sin mirarlo directamente—.

Es para ti.

Daiki la recibió.

Era una capa con capucha de buena calidad, resistente pero elegante, de color negro y con un logo de un cuervo.

—Eris, esto es…

—¡No la compré yo!

—solté rápidamente—.

Estaba en descuento y…

y fue idea de Rudeus.

Yo solo la cargué porque él es un debilucho.

—¿Eh?

Pero si tú fuiste quien— Le lancé una mirada asesina a Rudeus.

Daiki observó la capa por unos segundos más, luego la dobló con cuidado y la sostuvo contra su pecho.

Cuando levantó la mirada, sus ojos se clavaron directamente en los míos.

—Gracias, hermano —dijo, sin apartar la vista de mí ni un solo instante.

…

¡Lo sabía!

¡Sabía que mentía!

—¡D-deja de mirarme así!

—bufé, girándome bruscamente—.

¡Solo es una capa!

—Ahora póntela, no hagas que el esfuerzo de traerla sea en vano.

Daiki asintió y, sin decir nada, se colocó la capa sobre los hombros.

La tela caía sobre su espalda, complementando su figura.

Era de una talla perfecta.

Le quedaba mejor de lo que imaginé.

—¿Y bien?

—preguntó, extendiendo ligeramente los brazos—.

¿Cómo me veo?

—…Aceptable —murmuré, desviando la mirada.

—Vaya, viniendo de ti, eso es casi un cumplido —dijo Rudeus con tono burlón.

Daiki dio unos pasos hacia mí.

Se detuvo a poca distancia.

—La cuidaré bien…

con mi vida…

Gracias, joven Eris.

Luego Rudeus se acercó.

—Vaya…

Ahora eres como Guts.

—¿Guts?

—Ya sabes…

El espadachin negro, solamente te hace falta la espada gigante y algunas cicatrices.

—Una espada grande es ineficiente —dijo Daiki, negando con la cabeza—.

Prefiero velocidad y precisión.

—¿Guts?

¿Quién es ese?

—pregunté, mirando a Rudeus con confusión.

—Ah…

es solo un guerrero de una historia que leí —respondió Rudeus, rascándose la mejilla—.

Un tipo con una espada enorme que lucha contra demonios.

Muy dramático.

—Suena estúpido —bufé—.

¿Para qué cargar algo tan pesado?

—Exacto —asintió Daiki—.

Una espada debe ser una extensión del cuerpo, no un lastre.

—Aunque…

—Daiki tocó una pequeña cicatriz en su antebrazo— lo de las cicatrices ya lo tengo cubierto.

Fruncí el ceño, acercándome sin pensarlo y tomando su brazo para examinar la marca.

—¿Cuándo te hiciste esto?

—exigí saber.

—Hace unos meses.

Un encuentro desafortunado.

—¿Desafortunado?

—apreté mi agarre—.

¿Con quién?

El solo me miró con calma.

—No era alguien como tal, solo era una araña en el Gran Bosque.

Luego, la puerta se abrió con fuerza.

—¡Suelta a mi hermano mayor!

—dijo la niña rubia, con las mejillas infladas y claramente molesta—.

¡No lo toques!

Daiki salió de mi agarre y se acercó a Norn, subiéndola a sus brazos.

—Norn, ella es Eris.

Eris, ella es Norn.

No se maten, por favor.

Al estar ella en sus brazos, me miró y me sacó la lengua.

Esa mocosa…

Me cae bien (pero la voy a aplastar).

Luego de eso, bajó con cuidado a Norn, que siguió mirándome mientras abrazaba su pierna.

Y se giró hacia Rujierd.

El solo se arrodilló frente a él.

—Guerrero Rujierd, mi hermano habló muy bien de ti…

Estoy totalmente complacido de que lo hayas traído de vuelta.

De guerrero a guerrero, tienes mi lealtad para toda la vida.

—Levanta la cabeza .

Tu hermano es fuerte…

él se protegió solo.

—No…

—negó con la cabeza—.

Quizá sea fuerte, pero sigue siendo mi hermano.

Cuidaste de él y de Eris como si fueran tu propia sangre, y ellos son mi vida.

Luego de eso se levantó…

Espera, ¿soy…

su vida?

¿Me incluyó junto a su hermano?

¿Desde cuándo pensaba eso de mí…?

—Bueno —dijo Daiki, sacudiéndose el polvo de las rodillas—.

Padre está por llegar y seguro que quiere conocer al Superd que ayudó a mi hermano.

Me sentí roja como un tomate y, aun así, lo seguí…

porque me dijo que era su vida y eso me hacía muy feliz.

—Daiki…

—Dijo una voz femenina entrando a la pensión—.

Olvidé dejarte unos libros para Norn….

Y la ví, una chica bastante bella sosteniendo un libro sobre su pecho.

Una muchacha que parecia más grande que yo…

—Emilia…

¿Recuerdas al hermano perdido del cual te hablé?

Bueno, te lo presento.

Rudeus se inclinó.

—Mucho gusto, joven Emilia…

Es un placer conocerla.

Me llamo Rudeus Greyrat.

Lo dijo con ese tono suyo, el de siempre, ese con el que intenta conquistar sin darse cuenta.

—El gusto es mío.

Daiki me habló muy bien de ti y de Eris, dijo que los extrañaba mucho.

¿Le dijo que me extrañaba?

—Y-yo soy Eris —dije, cruzándome de brazos, enderezando la espalda.

Entonces Daiki se acercó a Rudeus y le susurró algo al oído.

No pretendía escuchar, pero lo hice igual.

—No lo intentes —dijo en voz baja—.

Ella ama los libros.

En términos que tú entiendes, sus parámetros de romance están bloqueados permanentemente.

No es falta de interés: simplemente no procesa ese tipo de estímulo.

…Ese Daiki.

—¿Yo…?

¿Intentar algo?

Vamos, hermano mayor, qué poca estima tienes de mí…

—Rudy…

te conozco.

Estabas preparándole un hechizo de agua, no soy tonto.

Rudeus levantó los brazos.

—Bien, bien…

me pillaste in fraganti.

Lo hiciste perfecto, hermano.

—¿In fra qué?

—pregunté, trabándome con esa palabra.

—¿Pasó algo, chicos?

—dijo Emilia, claramente confundida.

—No le hagas caso a este par de tontos —le dije.

Así, con la risa de Rudeus y la calma de Daiki, finalmente me sentía completa otra vez.

Solo faltaba volver a casa, ver si mi abuelo estaba bien y…

y volverme más fuerte para poder decirle que lo amo.

“Ellos son mi vida.” Había dicho…

Me incluyó.

A mí.

La niña salvaje que apenas sabía controlar su temperamento.

Quizás…

quizás ya no estaba sola.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo