Mushoku Tensei: Kodama to Koe - Un fanfiction - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Episodio 30 El inicio tras la despedida
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45: Episodio 30: El inicio tras la despedida 45: Episodio 30: El inicio tras la despedida La despedida con nuestro padre y Norn…
Había sido agridulce.
Sabía que dolería, que la vería llorando y rogándome que no me fuera.
Pero, aun así, no podía seguir quedándome Norn estaba más pálida de lo normal, con su espada que había llamado “Espadiki” en honor a mi nombre y a que era espadachín.
No podía simplemente irme sin decirle nada.
—Escucha, Norn…
Tu hermano mayor tiene que irse.
Ella abrazó mi pierna y me miró con ojos brillosos.
—¿Por qué te tienes que ir?
¿Fui una niña mala?
Acaricié su cabello, subiéndola a mis brazos.
—No.
Fuiste la mejor hermana.
Sí, a veces no me dejabas dormir, pero incluso en esos momentos era muy feliz.
Te voy a extrañar mucho, hermanita.
—P-pero…
¿por qué tienes que irte?
¿Es esa chica de ahí, no?
¿Me dejarás por ella?
Acaricié su cabello suavemente.
—En cierta manera, sí…
También es por ella; alguien tiene que cuidarla…
—¡Te escuché!
—dijo Eris bajando de la carreta.
Ella había insistido en comprar algunas almohadas para el viaje, lo cual acepté con gusto, pagándolas yo mismo.
Luego, volví a ver a mi hermana.
—Tu hermano mayor debe ir a rescatar a la princesa del castillo, ¿me esperarás?
—¿P-princesa?
Limpié sus lágrimas con mi dedo pulgar con la misma delicadeza con la que siempre lo hice cada vez que tenía pesadillas sobre aquel incidente.
—Sí, iré a buscar a madre…
¡y la rescataré del gran dragón!
Sus ojos brillaron de par en par.
—¿En serio?
¿Como en los cuentos que cuenta Emilia?
Asentí.
—Exactamente como en los cuentos.
Tu hermano mayor, junto a su escudero, prometemos traerla de vuelta.
Eris se adelantó.
—¡Y una escudera, no me olvides!
Norn se bajó de mis brazos al escucharla.
—Escudera bella…
—dijo Norn, abrazando ahora a Eris, quien inesperadamente se sonrojó, claramente no esperando esta muestra de afecto.
—Parece que te aceptó…
—dije entre susurros.
Pero luego…
apretó el abrazo.
—¡Si le haces algo a mi hermano mayor, no habrá sitio donde puedas esconderte!
Sonó exactamente como mamá cuando Paul llegaba tarde de su turno de trabajo.
Hasta Eris sintió esa amenaza.
—Vaya…
la pequeña resultó grande —bufó—.
Pero no te preocupes, por eso iré con él.
Para protegerlo de las tonterías que seguro es capaz de hacer.
—Gracias, joven Eris…
—Me miró y luego se sentó en la carreta nuevamente.
—Hijo…
hijos míos, vengan aquí un momento —dijo Paul.
Ambos nos acercamos.
—Daiki…
gracias por haberme devuelto la humanidad, gracias por no dejar que me caiga en la vida y…
y…
gracias por haber nacido —dijo entre lágrimas—.
Perdón si algún día llegué a dudar de ti, si eso te hizo sentir mal…
Lo tenía que interrumpir antes de que se rompiera.
—…Eso ya no importa.
Siempre fuiste un buen padre, y prometo honrar tu apellido y tu legado como espadachín…
Gracias por…
por haberme hecho fuerte, por no dudar en entrenarme, aun cuando madre se enojaba…
—Shh —me calló al instante—.
No digas nada, que voy a empezar a llorar.
Luego miró hacia Rudeus.
—Rudy…
mi segundo hijo, tan diferente de su hermano, pero igual de especial.
Cuando te veo, casi a los doce años, puedo decir que eres mucho mejor que yo a tu edad…
Yo era un terrible bastardo, pero tú te vas de casa para ir a buscar a tu madre, aun cuando no sabes dónde está.
Gracias por haber nacido, Rudy.
—Padre….
—Tragó saliva—.
Gracias por confiar en mí y decirme esas palabras, era lo único que necesitaba escuchar.
Luego, Paul extendió sus brazos y dijo: —¿No van a darle un último abrazo a su querido padre?
Nos acercamos y lo abrazamos.
Norn, también llorando, se acercó a nosotros y se unió.
—Maldición…
dije que no iba a llorar…
—rio Paul entre lágrimas—.
Escuchen, los dos.
No importa lo que pase allá afuera, recuerden esto: son hermanos.
Cuídense mutuamente.
Y cuando encuentren a Zenith…
Él nos miró por última vez.
—…díganle que la amo.
Que nunca dejé de amarla.
¿Entendido?
—¡Lo haremos, padre!
—dijimos al unísono.
Paul se limpió las lágrimas con el dorso de sus manos.
—Los quiero…
a los dos.
Más de lo que jamás podré expresar.
—Nosotros también, padre —respondí.
Norn nos abrazó fuerte.
—¡Yo también los quiero!
¡Vuelvan pronto!
—Lo haremos, hermanita —dijo Rudeus, acariciando su cabeza.
Me puse a su altura.
—Cuando vuelva, te enseñaré espada correctamente, ¿está bien?
Solo tienes que prometerme una cosa.
—¿Qué cosa, hermanito?
Acaricié su cabello.
—Cuida de nuestro padre, ¿está bien?
Suele ser algo…
bueno, torpe, y tú tienes más inteligencia…
—le susurré—.
No le digas eso, ¿sí?
—¡Te escuché, hijo!
—Pero se rió, como si ya esperara mi broma.
Norn soltó una risita, cubriendo su boca con sus pequeñas manos.
—¡Papá es torpe!
¡Daiki tiene razón!
—¡Oye!
¡Se supone que debes estar de mi lado!
—Paul la levantó en brazos, haciéndole cosquillas—.
¡Traidora!
—¡Para, para!
—decía ella entre risas.
Por un momento estaba triste por irme, pero por otro…
me encontraba feliz de ver a Norn así de alegre.
Voy a proteger esa sonrisa con mi vida si es necesario.
Paul la bajó y nos miró a ambos una vez más.
—Bien…
ya basta de sentimentalismos.
—Se aclaró la garganta—.
Eris.
Eris se tensó desde la carreta.
—¿S-sí?
—Cuida a mis hijos.
Especialmente al cabeza dura de Daiki.
—Yo puedo…
—intenté protestar.
—¡Lo haré!
—me interrumpió—.
Aunque no me lo pidieras…
igual lo haría.
Paul sonrió.
—Lo sé.
Por eso confío en ti.
—Papi…
¿Daiki y la señorita bonita se van a casar?
—Bueno, Norn…
—Paul se rascó la nuca—.
Eso es algo que…
—¡NO!
—gritamos los dos al mismo tiempo.
Norn parecía confundida.
—Pero hablan igual…
y se sonrojan igual.
Emilia dice que eso significa que las personas están enamoradas.
Solté una tos exagerada.
—Deberíamos ponernos en marcha…
para tomar ventaja.
Finalmente subí al carruaje.
Eris se movió para hacerme sitio en el cojín.
No me miró, pero dio unas palmaditas en el lugar a su lado.
—Tu familia es ruidosa —murmuró.
—Lo sé.
¿Te molesta?
Ella apretó los labios.
—No.
Es…
agradable.
Disfruté esta semana con ellos.
El carruaje comenzó a rodar hacia el Puerto Oeste.
Analizando los vectores, logré calcular nuestro tiempo de viaje con solo mirar el mapa…
No, es broma.
Esta vez, no quería pensar en eso.
Solo quería disfrutar del viaje.
Eris se inclinaba cada vez más cerca, usando la excusa de que “el carruaje daba muchos tumbos”.
No estaba siendo sutil, así que simplemente cedí y le ofrecí mi hombro.
Norn agitaba ambas manos frenéticamente, saltando para no perdernos de vista.
—¡VUELVAN PRONTO!
¡ESTARÉ ESPERANDO!
—Es una buena hermana —dijo Eris suavemente.
—La mejor —respondí, descansando mi cabeza contra la suya y dejándome perder en el momento.
Eris se puso rígida por un segundo, como un gato al ser acariciado.
Me preparé para un puñetazo, un grito, o el habitual “¡¿Qué crees que estás haciendo?!”.
Esperaba que se apartara o se cruzara de brazos, indignada…
Pero nunca ocurrió.
En cambio, se relajó.
—…Gracias, Joven Eris.
—Mmm…
¿por qué me das las gracias?
—preguntó, curiosa.
—Por ser mi apoyo en este momento.
Mi hermano está ahí también, por supuesto, pero tú eres igual de importante para mí.
Nunca dudes de eso.
Eris se quedó callada.
—…¿Igual de importante?
—repitió.
—Sí.
—¿Que tu hermano?
—Viví contigo tres años, y ahora estaremos juntos aún más tiempo.
Si sintiera algo diferente, sería un mentiroso.
Ella se acomodó contra mí.
—Tres años…
—murmuró—.
¿De verdad recuerdas cuánto tiempo ha pasado?
Asentí, sintiendo un ligero calor nervioso en el pecho.
De repente, se enderezó.
—…Tú también eres importante para mí.
Así que…
no vayas a hacer ninguna estupidez en este viaje.
—Entendido.
—Y no te mueras.
—No planeaba hacerlo.
—Bien.
—Me agarró el brazo con fuerza—.
Porque si te mueres, te mato.
—Eso es lógicamente imposible.
—¡Me importa un comino la lógica!
Desde el otro lado del carruaje, Rudeus cerró lentamente su libro.
—Se dan cuenta de que puedo escuchar todo, ¿verdad?
Eris le lanzó una mirada asesina.
—Solo decía…
—Volvió a su libro, pero no pudo ocultar esa sonrisita burlona; esa clase de mirada que dice todo sin pronunciar una sola palabra.
*** Pasaron un par de horas desde nuestra partida; los caballos eran rápidos, y Rujierd se encargaba de ellos.
‘Todo es tan bueno…
¿no crees, Ayam?’ […] ‘¿Eh?
¿Estás dormida?
No, eso sería imposible…’ Ahora que lo pienso, la última vez que me habló fue hace unas horas, cuando nos fuimos…
antes de que llegara nuestro padre y Norn como sorpresa para despedirse de nosotros.
Ayam, antes Análisis, se volvió conciencia tras la reencarnación, o tal vez una parte de mí.
Antes usaba mi cuerpo y podía controlarlo; incluso era capaz de saber lo que yo no sabía.
Ahora se convirtió en simple almacenamiento y “conversación”.
Antes era parte de mi alma; ahora está en mi lóbulo frontal, dentro de la corteza cerebral.
Es decir, es la zona que se encarga de las funciones ejecutivas (planificación, control, toma de decisiones) y, crucialmente, de la regulación de las emociones.
Ahora que estoy cargado de emociones —despedida, volver a estar con mi hermano, con Eris y la esperanza de encontrar al resto de mi familia—, ella se fue.
Quizá mi cerebro está sobrecargado, pero ahora mismo siento una paz mental que nunca antes tuve.
No, de cierta manera la extraño; ella me mantuvo cuerdo durante el Gran Bosque.
No puedo simplemente querer que se vaya.
Pero ahora, mientras Eris duerme sobre mi hombro en una posición incómoda, con un cuello que le dolerá después, solo me queda suspirar y aceptar la idea de que, por el momento, Ayam no está conmigo.
‘Gracias por todo, hermana.’ Con eso, usé un poco de magia curativa en Eris para que no despierte gritando y me permiti dormir, usando su cabeza como apoyo…
*** Ahora, que pasaron dos meses y finalmente llegamos al Puerto del Oeste, mi hermano decidió entrar a la aduana con la confianza de un Greyrat, seguido por Rujierd.
No quise entrar.
La verdad es que la diplomacia y esas cosas me daban igual; además, no quería robarle el crédito a mi hermano, que dijo ser un gran “negociador”, con todo lo que eso significaba.
Así que accedí sin más, ahorrándome presentaciones innecesarias.
Estaba en el patio trasero, entrenando un poco con mi espada, sintiendo la ausencia de Ayam más de lo que debería.
No me ha hablado ni una sola vez en estos meses, lo que puede significar algo.
Aun así, todavía sentía su presencia.
Suena raro, pero básicamente la sensación es como tener a alguien sentado en tu cerebro.
Eris salió, mirándome con atención, mientras sostenía su espada en la mano derecha.
—Esa espada…
Vi cómo la cuidabas durante el camino; incluso aunque no la usabas, la limpiabas cada mañana y cada noche.
—Lo hago porque fue un gran regalo.
Temphestalis me acompañó durante gran parte de mi viaje, y ahora honraré lo que Saorus me dio.
—Sabes, eres muy atento tú —dijo mientras movía las piernas frenéticamente desde donde estaba sentada.
—¿Cómo?
—Donde otros verían un simple regalo, o incluso un gran regalo, tú lo miras como si fuera algo divino, como una extensión de ti.
Eso dice mucho.
—Joven Eris…
Bueno, tienes razón.
No negaré eso.
Es más, te daré la razón porque dijiste una verdad fundamental…
tienes una hoja en tu cabello; bastante grande, si me lo preguntas.
—¡IDIOTA!
—gritó—.
¡¿PODRÍAS HABERLO DICHO ANTES DE QUE ME PUSIERA SENTIMENTAL?!
—Era un dato visual relevante…
—¡CÁLLATE!
Se sacó la hoja y se lanzó hacia mí a una velocidad que no había demostrado antes.
Durante los campamentos que hacíamos, decidí entrenarla para que no se oxidara o se acostumbrara a la vida en las carretas.
Es más, siempre hacíamos carreras de resistencia junto a la carreta, lo cual ayudó a que mejorara su velocidad y poder de impacto.
Aun así, seguía guiándose por el instinto en la mayoría de los casos.
—¡A ver si tan atento!
Ella arremetió con un corte lateral y yo bloqueé usando “Desvío”.
No era necesario usar toda mi fuerza, sino aplicar lo que me había enseñado Roxy durante sus clases en Buena Village.
Hice un escudo de agua y la empujé hacia adelante.
Para cuando quiso darse cuenta, ya me había lanzado hacia ella y, en un movimiento rápido pero confuso, puse un dedo en su frente.
—Gané —dije sin más.
Eris se dejó caer en el suelo, respirando agitada, con el ceño fruncido y las mejillas ligeramente enrojecidas.
Me lanzó una mirada molesta, como si quisiera protestar, pero no tardó en desviar los ojos con un bufido.
—Tsk…
no cuenta.
Estabas serio desde el principio.
Aun así, una sonrisa torcida se le escapó, y sus ojos brillaban de esa forma que solo mostraba en la carreta durante la noche…
o después de que yo le ganara en combate.
—La próxima vez no te lo pondré tan fácil —añadió.
Sonreí, dándole la mano para que se levantara.
Esperaba rechazo, o que golpeara mi mano como solía hacer en la mansión, pero la tomó con fuerza y se puso de pie.
*** Despues de unos minutos, decidimos descansar y tomar algo de aire.
Ya que Eris insistió en seguir entrenando y yo insistí en que tenia ganas de darme una limpieza, con un sonrojo desvió la mirada y evitó más entrenamiento.
—¿Tu padre intentó levantar tu espada?
—Dijo mientras abrazaba sus piernas.
—Si…
Lo intentó.
—¿Y pudo?
Si diijste que parece conocer a la familia, entonces el debería poder…
—Si, aunque le advertí, dijo “Soy tu padre, claro que puedo levantarla mocoso” y cuando lo intentó…
bueno, digamos que se cayó de cara al suelo.
Eris soltó una carcajada.
—Si, es algo que el haria.
Rudeus, despues de un buen tiempo, finalmente salió con un brazo levantado sosteniendo cuatro pasajes.
—¡Adivinen qué!
¡Conseguí esto completamente gratis por mi…!
Y de detrás de él salió…
¿Therese?
—¿Daiki?
Rudeus, no me dijiste que estaba aquí…
Me hubieras dicho para presentarme más acorde —dijo, acomodándose el cabello mientras se acercaba con una sonrisa, claramente emocionada.
—¡Daiki, hijo, sobrino hermoso!
¡No sabía que habías venido con tu hermano!
Creí que te habías quedado en el palacio…
Ella, como siempre, me abrazó y no me dejó salir.
Podía hacerlo, pero no quería.
Me sonrojé inevitablemente ante esto.
—Tía, yo…
—Antes de que pudiera decir algo, tomó del brazo a un Rudeus desconcertado y juntó nuestras cabezas.
—¡Kyaaaaa!
¡Mírense, son tiernos…!
¡Tan diferentes y tan iguales!
¡Se sonrojan de la misma forma!
Después de intensas muestras de cariño, de las cuales fue Eris la encargada de que esto se calmara, llegó la noche y nuestra tía nos invitó a cenar.
El barco partía al día siguiente, así que debíamos prepararnos para eso.
Ella nos dio consejos, qué cosas evitar y, sobre todo, nos dio algunos recursos.
Ahora, al día siguiente, frente al barco que nos llevaría hacia el continente central, acomodé mi capa y me permití subir.
Therese nos saludó por última vez, y el barco comenzó a moverse.
—¿Listo, hermano?
—Rudeus me miró con una sonrisa.
—Siempre listo, Rudy —Luego miré a Eris—.
¿Y tú estás lista?
—Claro que lo estoy, idiotas.
Yo misma los cuidaré a ustedes dos.
Ella se cruzó de brazos.
—Así que no se me distraigan ni hagan tonterías.
Si algo sale mal, yo me encargo.
El viento movió su cabello.
No me miró directamente, pero dio un paso más cerca, lo suficiente como para que su hombro rozara el mío.
—Y…
—murmuró— alguien tiene que asegurarse de que regresen con vida.
—Eso espero, joven Eris.
Ella bufó, pero no se apartó.
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